7. I wanna be happy… I wanna be free
Déjame hacerte feliz
déjame iluminar tu mirada
No hay nada más triste que ver tus ojos apagados
No hay nada más triste que tu desconfianza
Aún así, seguiré pensando en ti
creyendo que algún día volverás...
Imaginando, soñando que tus caricias volverán a ser mías
sólo mías...
A la hora de almuerzo del día siguiente se formó una gran conmoción cuando a los celulares de todos llegaron fotos que mostraban la vida de Takeru en Inglaterra. Se le veía en fiestas de dudosa procedencia, con distintas mujeres, en peleas clandestinas e incluso, haciéndole bromas para nada divertidas a otros compañeros, que en casos más graves habían derivado al hospital.
Yamato fue de inmediato a hablar con su hermano cuando recibió las fotos, Taichi y Sora lo acompañaron de cerca en caso de que sucediera algo, ignorando sus problemas internos. Tras una breve llamada por teléfono, lo encontró a las afueras del recinto.
Takeru intentó poner la mejor cara de póker que tenía en el repertorio pero eso no engaño ni por un momento a su hermano. Lo conocía y sabía que estaba afectado por esas imágenes.
"Quiero escuchar la verdad, y sé que tú me la darás" – A Takeru se le formó un nudo en la garganta al ver la convicción con que Yamato decía aquello, estaba depositando toda su confianza en él, pese a que no lo merecía, su hermano estaba dispuesto a escucharlo antes de sucumbir a los rumores. Sintió cómo un pequeño peso se iba de sus hombros, aunque aún no podía estar del todo tranquilo.
Yamato se quedó muy quieto, esperando a que él diera el primer paso, no quería presionarlo y estaba dispuesto a aguardar el tiempo que fuera necesario. El menor ocultó el rostro entre sus manos, debatiéndose por hablar o callar, sin embargo, sabía muy bien que si dejaba correr esa oportunidad, jamás lograría superar el tema.
Dándose cuenta lo difícil que era para él, su enojo anterior por haberse enterado de su pasado de esa forma se disipó por completo – "Debo ser el idiota más grande del mundo" – le dijo mientras lo envolvía en un abrazo fraternal – "No es necesario que te sigas presionando si no puedes hablar, porque nadie cambia el hecho de que eres mi hermano y de que te quiero" – Taichi y Sora asintieron a cada palabra.
El nudo en su garganta cayó pesadamente hacia su estómago. No podía seguir preocupando a aquellos que de verdad lo querían. Decidió ignorar la voz de su interior, con fuerza lo hizo callar y dio resultado, en su mente vio que se empequeñecía y ocultaba dentro de una caja negra. Tenía la cabeza despejada como nunca.
Con un gesto de la mano, Takeru le indicó a Sora y Taichi que se acercarán, sentía que ellos merecían conocer su pasado, ya había callado demasiado tiempo y ellos no se lo merecían. Los tres mayores prestaron atención a cada una de las cosas que tenía que contar el menor, y él se los agradeció infinitamente.
~O~
Cuando llegué a Inglaterra, me sentía muy inseguro: no hablaba el idioma y no tenía amigos en los cuales apoyarme. Sé que Mamá hacía lo imposible por estar conmigo cuando podía, pero no era suficiente para mi yo de 8 años.
Mi primer día de clases fue bastante normal, luego de un tiempo logré hacer amigos pese a la diferencia de idiomas y aprendí a adaptarme a mi nuevo entorno. Además aún podía comunicarme con regularidad con todos a través del mail.
Sin embargo, al cumplir los 13 años las cosas se salieron un poco de control. Mamá recibió un ascenso y tuve que mudarme a la capital, lejos de los amigos que había hecho y con la comunicación cortada con ustedes debido a la falla en los aparatos de comunicación.
Mis amigos me habían animado diciéndome que no me costaría hacer nuevas amistades, por lo que enfrenté mi primer día de clases en el nuevo colegio con optimismo, además, mamá investigó muy bien antes de inscribirme, estaba contentísima porque era una institución de renombre, hogar de muchas figuras de éxito. Sin embargo, al ingresar, supe que no todo era tan genial como lo pintaban, allí había una especie de jerarquía en la cual, el nuevo siempre estaba por debajo de todos.
Pasé un semestre horrible lleno de maltratos de todo tipo, fui víctima de vejaciones que ningún ser humano merece sufrir y las cuales, prefiero olvidar… Los profesores hacían oídos sordos a las "travesuras" (si es que podían llamarse de esa forma) de los alumnos, aludiendo que era una especie de entrenamiento para la vida real. No tenía amigos, nadie quería acercarse. Ah, mentira, hubo alguien que me prestó su mano, era el "antiguo nuevo", pensé ingenuamente que él comprendería mis penurias, pero ahí no puedes confiar en nadie, me había hecho creer que no todo era tan terrible sólo para burlarse de mí, traicionarme y ganarse la confianza de las mismas personas que lo hicieron sufrir. Me sentí como un verdadero idiota.
Sora hizo el amague de tocarle la mano para reconfortarlo, pero paró en seco. La mandíbula tensa, los puños apretados, los ojos encendidos de Takeru daban cuenta que cualquier caricia sólo lo haría sentir peor. No era el momento.
Sin embargo, eso no era lo más terrible, lo peor venía en la hora del juicio…
Se detuvo unos segundos para tomar aire, para detener el temblor de sus labios al recordar tales episodios.
El primer viernes de cada mes, encerraban a los 5 alumnos de más baja categoría en una vivienda abandonada, nunca era la misma. Sólo aquel que conseguía todos los aretes con la insignia del colegio, se salvaba de ser enjuiciado, estaba permitido arrancarle la oreja a tu contrincante para hacerte con el objeto, podías usar cualquier medio para lograrlo: seducir, golpear, alianzas, chantaje, drogas, etc, lo único que prohibían era el uso de armas de fuego. El límite era hasta la salida del sol al otro día para cumplir con su objetivo, si no había ganadores, los castigos eran todavía más severos. No podías rehusarte a participar.
Todo aquel que pasaba por el "juicio" nunca volvía a ser el mismo, perdían la cordura, algunos terminaban suicidándose después de 2 o 3 juegos, otros se ponían muy violentos en sus casas o pasaban todo el tiempo asustados, eso sí, en horario de clases las reglas eran claras: guardar la compostura, hacer como si nada sucediera, actuar como los alumnos ejemplares que eran. Si no, tu propia familia podía pagar por cualquier error.
Como el nuevo de turno me tocó, bueno, me obligaron a participar. Los otros cuatro ya tenían algo de experiencia, no tardaron en ir a buscarme porque pensaron que era el más débil. Me topé cara a cara con el antiguo, y descubrí en ese momento lo cruel que pueden volverse las personas dadas las circunstancias, más aún cuando uno decide dejar de luchar, dejar de creer que las cosas podían solucionarse porque todo ser humano tiene bondad en su corazón. Aprendí que eso que me habían enseñado de pequeño, era una gran mentira. Disfruté al hacerlo sufrir y me di cuenta que ya no había vuelta atrás…
Takeru alzó la vista, y rió de buena gana tapándose los ojos con una mano para que no se dieran cuenta de lo vacíos que estaban. Aún así, los tres mayores temblaron ligeramente al ver la sonrisa despectiva, casi macabra, que se dibujaba en su rostro, era extraño, sobre todo para Yamato, descubrir que él tenía ese tipo de expresiones.
Por primera vez en mi vida conocí lo que era el odio, puede sonar irónico, pero gracias a él salí adelante y no perdí la cordura. Era hora de poner a todos y cada uno de los que se habían reído de mí en su lugar. Entré a su juego de matonaje y de a poco comencé a subir escalas. De un momento a otro ya ni siquiera me reconocía, había aprendido a usar todo tipo de trucos sucios y me deleitaba con el sufrimiento ajeno, era mi venganza, mi dulce venganza.
Empecé a frecuentar barrios que sabía no eran los mejores para un niño de 14. Me peleaba contra todo el que se interpusiera en mi camino y con ello lograba subir más posiciones, hasta que logré con ayuda de unos conocidos (jamás los trataría de amigos) una especie de Coup d'état. Tenía bajo mi poder la vida de miles de alumnos e incluso la de los profesores.
Cegado por el odio y la venganza comencé a repetir los mismos actos que repudiaba de niño, los mismos a los cuales yo fui víctima. Si no hubiera sido por ella, por Alice, aún hoy estaría atrapado en ese mundo.
Por primera vez las facciones del rubio demostraron un cariño y paz infinita. Sora se atrevió a tocarlo al fin, a demostrarle su apoyo, a decirle mediante una caricia que no todo estaba perdido. El Takeru que ellos conocían seguía ahí presente.
Ella era la nueva de paso, un objetivo más del sistema del colegio. Sin embargo, luchó en contra de éste, con todas sus fuerzas. Su sinceridad y perseverancia calaron muy hondo dentro de mí. Ella me infundo nuevas esperanzas, confío en mí y vio a través de la coraza que había formado para defenderme. Poco a poco se ganó mi confianza y tras prometerle que no volvería jamás a sucumbir ante el Takeru oscuro, juntos comenzamos a cambiar al colegio desde adentro, al principio fue muy difícil pero tras convencer a todos que íbamos en serio lo conseguimos, ya que muchos de ellos, hace tiempo que querían que las cosas fueran diferentes. Todo fue gracias a ella...
~O~
Al terminar su relato, Yamato pasó el brazo por los hombros de su hermano en un semi-abrazo, le dio palmadas felicitándolo por haber, finalmente, luchado y logrado cambiar.
"¿Has podido seguir en contacto con ella?" – preguntó Sora recordando que aún hoy en día era bastante difícil mantener conversaciones largas internacionalmente.
Takeru negó tristemente mientras sentía que el corazón se le encogía – "Ella murió 4 meses antes de que yo viajara. Tenía una enfermedad terminal, quizás por eso podía ver la vida de otra forma" – Sora se disculpó por su torpeza, Takeru tomó su mano en señal de que no importaba.
"¿Qué haremos con las fotos?" – recordó Taichi.
El menor se encogió de hombros – "Me basta con que las personas que aprecio sepan mi verdad" – dijo mientras les dedicaba una sonrisa sincera. Esta vez fue Sora quien lo envolvió en un abrazo, Taichi y Yamato le siguieron después. Takeru se sentía a gusto ahí, bajo esos brazos. Incluso se dio el tiempo de bromear alegando que lo estaban ahorcando, logrando que el abrazo se hiciera más fuerte aún. Por primera vez en mucho tiempo, la molesta vocecita no hizo aparición.
Aunque Hikari no quería ver esas fotos, una vocecita en su cabeza termino por hacerla ceder. Al momento siguiente se encontraba observando las imágenes una y otra vez, sobre todo aquellas en donde el rubio cometía matonaje a otros alumnos. Miyako se percató de eso y le apartó el celular.
"Hikari, no te dejes llevar por esas fotos. Puede que Takeru haya tenido un pasado turbio, sin embargo, el que conocemos no es así, seguramente ya cambió"
"Hace sólo unos meses que lo conocemos, en realidad, no sabemos nada de él"
Miyako ahogó un respingo – "Amiga, te desconozco"
La castaña recorrió con los dedos los garabatos que un día su amigo había dibujado para molestarla, sin poder contener la risa, se había burlado cuando él le había confesado que se trataba de Taichi, Ken y Daisuke jugando fútbol, Miyako, Sora y Wallace apoyándolos, al otro lado estaba él encestando y Hikari animándolo.
Recostó la cabeza sobre la mesa y sonrió con melancolía al ver las figuras con cuerpo de palitos – "Créeme que yo también me desconozco" – murmuró, más para sí misma.
Sentía rabia e impotencia, porque había tenido que ver a través de fotos el pasado del rubio. Habría deseado enterarse de su boca de esos recuerdos pese a que eran dolorosos. Comprendía que estaba siendo injusta con él, pues ella tampoco había abierto la boca. Pero la rabia la embargaba y no la dejaba respirar. ¿Qué le estaba sucediendo? Ella no era así, no quería ser así.
"No culpo a Hikari por sentirse decepcionada" – Miyako se sobresaltó al escuchar a Wallace, ¿en qué momento había llegado a situarse a su lado? – "Puede que detrás de esa sonrisa angelical haya un demonio"
"¡No deberías decir eso de Takeru!" – Replicó Miyako molesta – "Él nunca se ha portado mal con nosotros hasta el momento"
"Tú lo has dicho, 'hasta el momento'. No sabemos qué podría llegar a hacer o… ¿Acaso te olvidas quién fue el que dejó a Daisuke en ese estado?" – Sonrío al ver que ella enmudecía – "Tampoco debemos olvidar los incidentes que han afectado a Hikari últimamente. Disculpa, pero si he de ser sincero no quiero que nadie más siga causándole daño" – miró enternecido a la menor quien le devolvió una débil sonrisa – "Puede que sea cruel decir esto pero pienso que no debemos descartar la posibilidad de que Takeru esté detrás, después de todo, aunque ahora se muestre diferente, hay hábitos que no se quitan por mucho que se intente" – su voz denotaba tal tristeza que Miyako se sintió incapaz de refutar lo que él decía.
Tras despedirse de lo mayores, Takeru se dirigió a su lugar favorito, la azotea del sector sur. Le gustaba sentir la brisa en el rostro, adivinar las formas que tenían las nubes, y la tibieza de los rayos del sol acariciarle. Cuando estaba en Inglaterra también solía ir a un lugar similar para escapar un poco del ambiente hostil, era la única parte junto con su hogar en donde podía sentirse realmente relajado, donde podía olvidar ese 'yo' que detestaba y reencontrarse con el antiguo, el niño que sonreía ingenuamente a todo e intentaba verle el lado optimista a las cosas, el que jamás perdía la esperanza de que todo siempre tenía solución.
"¿Soñando despierto?"
Alice… pensó al verla, fue ahí donde la conoció, donde ella descubrió a su verdadero yo. Le dedico una sonrisa llena de cariño que produjo un violento sonrojo en la francesa, quien tuvo que respirar hondo un par de veces para no perder la cordura.
"¡Tierra llamando a Takeruuuu~~!"
El aludido pestañeo un poco y rió avergonzado – "Perdón, estaba recordando a alguien"
Catherine se sentó al lado de él y contempló el vasto cielo azul – "¿No estás preocupado por lo de las fotos?"
Takeru empezó a juguetear con sus dedos – "Te mentiría si te dijera que el tema no me afecta, que por un momento pensé que me quedaba solo nuevamente" – la tristeza en sus ojos provocaron un sentimiento de culpa en ella, desvió la mirada con el corazón acongojado. Él ni se percató de su súbito cambio de ánimo y continuó – "Pero mi hermano, Taichi y Sora creyeron en mí. Se dieron el tiempo de escucharme sin interrumpir, sin juzgar. Eso ya es más que suficiente" – le dedicó una sonrisa sincera, levemente apenado pero luego amplia, irradiaba luz.
'Luz…', Catherine se obligó a volver a la realidad, ella no merecía siquiera ver esa sonrisa.
"Takeru…" – tomó sus manos entre las suyas a modo de rezo – "Espero, espero de corazón que puedas ser muy feliz"
El rubio se le quedó mirando perplejo; soltó una carcajada limpia y sin maldad, la miró y le revolvió el cabello pese a sus protestas – "Que extraña eres"
Al final, se dejó contagiar de su alegría, sólo esa vez. Sin saberlo, ella también estaba sonriendo de corazón.
Wallace sintió su celular vibrar pero hizo caso omiso de él, sabía perfectamente que se trataba de una llamada de su hermana recordándole que debía tomar su medicamento. Resopló fastidiado mientras terminaba de tragar la última cápsula en el baño de hombres. Se mojó el rostro aguantando el dolor que le producía el efecto secundario de sus pastillas, respiró hondo cuando ya no sintió nada. Detestaba que ella estuviera siempre encima de él.
[...]
Al otro lado de la línea, Mimi cortó la llamada resignada. Aunque sabía que Wallace odiaba eso, no podía evitar preocuparse, quizás como una forma de llenar el vacío de su madre ausente… Se dio fuertes palmadas a cada lado del rostro, ¡Smile! ¡Smile! La Mimi que conocía no se dejaba deprimir por esas cosas. Sonrió al espejo del baño y tras gritarse un último ¡Ánimo! Salió a encontrarse con Yamato, quien había logrado escaparse y dejar a sus amigos solos.
Se supone que los encargados de llevar los implementos al gimnasio para la hora de educación física eran los cuatro: Yamato, Taichi, Sora y Mimi. No obstante, solo ellos dos se habían presentado, de la pelirosada no tenían idea, por otro lado el rubio los había dejado solos sin aviso alguno mientras caminaban por el pasillo.
"¿Cómo van las cosas entre tú y Yamato?" – preguntó intentando sonar lo más casual posible.
Sora estuvo a punto de dejar caer algunos balones, se encogió de hombros a modo de respuesta mientras dirigía su atención a unas cajas en la parte alta de la estantería – "¿Cómo van las cosas entre tú y Mimi?"
Taichi dejó lo que estaba haciendo para mirarla inquisidoramente – "Supongo que tan bien como entre tú y Yamato" – espetó, acercándose al ver que ella no podía alcanzar el objeto que buscaba.
Demasiado cerca, podía oler perfectamente su perfume – "Ah, pues qué bien" – contestó secamente antes de alejar el brazo de él de la caja, y ponerse aún más en cuclillas para moverla. Lamentablemente, su acción fue demasiado brusca y provocó que ésta cayera esparciendo todo su contenido en el suelo. El castaño alcanzó a tomarla del brazo evitando que un sin fin de paletas la golpeara, tropezaron en el camino con un par de pelotas de pin-pon y terminaron desplomándose en unas colchonetas vecinas. Él encima de ella.
"¿Estás bien?" – preguntó él tocándose la nuca.
"Sí" – contestó ella en un murmullo con el rostro acalorado, el cabello revuelto y la falda algo más arriba de lo usual. Taichi sintió su pulso acelerarse, más aún cuando ella comenzó a tocarle el torso por sobre la ropa (no pudo evitar pensar lo mucho que le estorbaba la camisa) hasta llegar a los pectorales, luego por el cuello de la camisa, tomándolo de la solapa de ésta lo acercó, quedando sus rostros a milímetros de distancia. ¿Qué le estaba sucediendo? Daba lo mismo, no podía parar.
El castaño le acaricio el rostro con la yema de los dedos, quedándose detenido en sus labios, se dio el lujo de recorrerlos, apreciando lo sedosos que estaban. Consciente de que la respiración de ambos cambiaba, colocó el pulgar dentro de su boca preguntándose si la textura de su lengua también sería así de suave. Ah… ella gimió sin querer ante su caricia, un grito bajo, casi imperceptible, si no fuera por lo cerca que estaban no lo habría notado. Sin embargo, eso bastó para encender el corazón dormido de su amante. Porque sí, en esos momentos era precisamente eso, sólo un amante.
Sora no podía creer cómo algo tan simple como sus dedos acariciando su boca, su lengua, despertaban hasta sus más bajos instintos. Si no seguía juraba que se volvería loca, añoraba de una forma casi enfermiza el contacto de su cuerpo con el suyo. Acercó el rostro una vez más, dispuesto a besarlo y acabar con esa agonía. No obstante, él apartó la vista. Sólo ahí pudo pensar con claridad, observó sus ojos, los cuales no portaban el brillo de siempre, parecían algo apagados, tristes.
"¿Taichi…?" – habló con la voz irremediablemente ronca producto de la excitación que aún luchaba por permanecer en cada parte de ella. Sin recibir respuesta de su lado, adivinando la batalla que se desarrollaba en su mente, le tocó suavemente el brazo, él se apartó de inmediato, como si quemara. No pudo evitar entristecerse por su reacción, se incorporó lentamente mientras se arreglaba la ropa. El castaño hizo lo mismo, poniéndose de espaldas.
"Perdóname. Esto no volverá a repetirse" – No había palabras que pudieran expresar lo mal que se sentía. Siempre creyó en el lazo que los unía a él y a Yamato, como si fueran hermanos de sangre. Aún así, había estado a punto de traicionar la confianza de quien pensaba, era su mejor amigo… no merecía ser llamado así.
Sora no tuvo tiempo para replicar, Taichi se alejó del lugar corriendo. Tampoco era que tuviera las fuerzas necesarias para salir detrás de él. Dios… les había dicho a los demás que haría lo posible por ayudarlo a superar la pérdida de sus padres, sin embargo, había hecho todo lo contrario. Pese a lo mucho que odiaba verlo triste, más cuando la pena era tal que perdía el brillo en sus ojos, era precisamente esa mirada la que había logrado provocar por actuar sin pensar, sólo movida por sus propios caprichos. Se acomodó en la colchoneta una vez más en posición fetal, deseando poder volver el tiempo atrás.
Cerró los ojos, con la vaga esperanza de que así, todos sus problemas desaparecieran. Ojalá fuera tan fácil.
Al entrar al salón, todos se quedaron callados mirándolo con miedo, Takeru ni se inmutó ante su actitud, simplemente fue hasta su asiento y pasó el resto de la hora mirando a la ventana.
A la salida, Catherine se dirigió al sector abandonado del colegio con paso firme. Al abrir la puerta de la antigua sala de música, se encontró con él sentado sobre una mesa, mirando fijamente a la ventana.
"¿Fuiste tú quien eliminó las fotos de todos los celulares del colegio?" – preguntó con frialdad sin mirarla.
La francesa se agarró la falda intentando reunir fuerzas – "Sí, fui yo" – su voz sonó fuerte y clara, cosa que nunca le pasaba cuando él tenía esa mirada airada.
Se produjo un estruendo enorme que la sobresaltó. Él se había vuelto loco botando sillas y mesas de una patada, gritándole que su estúpida acción no haría que las personas se olvidaran de los hechos. Ella no se movió de su posición, debía de mantenerse firme, ya lo tenía decidido.
"Creo que ya es suficiente, Wallace…"
Continuará…
Notas notas nootas ¡Hola! ¡Hoolaaa! =D Si quedaron con gusto a poco, los invito a leer una historia cortita que escribí hace tiempo, piensen que ustedes son el/la protagonista ^^:
universitariauc . blogspot . com / 2012 / 05 / historia-propia-primer-fic-o-escrito . html
Sólo le eliminan los espacios y deberían poder verla =) Ojalá me dejen algún comentario a ver si les gustó ;) No es necesario tener cuenta en blogger ^^
Sora y Tai son unos calientes... *chan* *chan* malvadas hormonas que revolotean, aplaudamos al castaño porque supo dominarse. Pobre, se está sintiendo terrible porque cree que está traicionando a Yamato D: ¡Los líos de falda son de los peores! Menos mal nunca me ha gustado la misma persona que mis amigas =S
¡Gente linda que me dejó comentarios! ^O^ Hay unos anónimos por ahí que me dijeron que les encantaría hablar de ese grupo que me gusta a mí, pero no dejan nada para contactarse...! XD Bueno, si quieren me dejan un comentario en mi blog, lo empecé hace bien poco :) y si tienen uno, nos seguimos mutuamente, aunque aún no sé cómo funciona eso º.º
¡Nos leemos!
