8. No todo es lo que parece
Yamato llamó en varias ocasiones al castaño, pero éste no le contestaba. Pensaba juntarse con él a tomar algo, ya que había salido antes de una tocata con su banda y estaba seguro que su amigo estaría por terminar su jornada laboral en las canchas de fútbol. Ya que no podía darse el lujo de formar parte del club, al menos podía seguir ligado a su deporte favorito enseñándoles a niños más pequeños (pese a ser un simple ayudante, todos le tenían mucha estima y prestaban atención a sus consejos).
Miró la hora, eran las 8:00 PM, y si recordaba bien, el castaño salía a las 8:30, tenía tiempo de sobra para llegar allá y darle una sorpresa.
Mimi abrió la puerta de su casa para encontrarse con el rostro lastimero de la pelirroja al otro lado. No tuvo tiempo ni para invitarla a pasar cuando sintió los largos brazos de ella rodeándola – "¡No sé qué hacer…!" – Era demasiado extraño verla en ese estado, oh dios, había metido la pata hasta el fondo.
Taichi dejó caer la bolsa llena de pelotas cuando vio a su rubio amigo apoyado de un pilar, saludándolo con la mano, de esa forma que sólo Ishida Yamato sabía hacer: como toda una estrella de farándula que no quiere ser detectado por los paparazzi, si hasta usaba lentes oscuros pese a que ya era de noche.
Pero no era momento de pensar en eso, se limitó a saludarlo de vuelta, consciente de que no tendría escapatoria alguna, menos cuando el entrenador los despachó a todos a viva voz. Adiós a la excusa de que tenía aún cosas que hacer, por lo que era mejor que no lo esperara. Sólo faltaba que se pusiera a llover para amargarle el día. Y como Dios escucha a todos, las primeras gotas comenzaron a caer. Perfecto.
Tras contarle todos los sucesos en el gimnasio, Sora abrazó una vez más a la pelirosada, quien le dio palmaditas en la espalda. La pelirroja era una chica bastante fuerte y centrada, por eso era desconcertante verla así, todo por un hombre, todo debido a Yagami Taichi.
"Debe de pensar que soy la peor mujer del mundo. No 'llevo' ni un mes con Yamato y ya le estoy poniendo los cuernos" – se sonó con un pañuelo que Mimi le acercó.
"Sora, lo siento… si no hubieras seguido mi estúpida idea no estarías así" – lloriqueó Mimi sin poder contenerse. Paradójicamente, fue Sora quien terminó por consolarla diciéndole que ella era bastante grande y podía tomar sus propias decisiones, por lo cual, independiente de la autoría del engaño, ella había aceptado por su voluntad seguir el juego.
"No puedo seguir temiendo por una respuesta. Unas simples palabras. Debido a mi indecisión les he causado muchos problemas a ustedes, incluso he logrado que Taichi no se sienta un buen amigo… si llegara a distanciarse de Yamato por culpa de eso… ¡dios! ¡Que tonta he sido!"
La pelirosada tomó sus manos entre las suyas – "Mucha suerte, amiga"
Ella sonrió tiernamente – "Ojalá fuera tan sincera como tú, me habría ahorrado muchos problemas" – dijo antes de desplomarse en la cama rosada, Mimi la siguió al rato, resoplando.
"No desees cosas de las que puedas arrepentirte. Ser yo no es tan genial como parece" – La pelirroja rio ante su comentario. Mimi se relajó al escucharla.
"En caso de que suceda lo peor, ¿contaré contigo como paño de lágrimas?"
"¡Por supuesto que sí! ¡Hasta que te quedes más seca que una pasa!"
La pelirroja frunció el ceño – "No quiero quedar así"
"Entonces no pienses en un final triste" – reprendió la pelirosada, para luego agregar – "Y si el tarado de Taichi se hace el tonto, ¡nos vamos de parranda! ¡A olvidar las penas bailando hasta que los pies nos duelan!"
"Eso suena mejor"
Se acurrucaron sonriendo entre ellas. Mañana sería todo distinto, mañana daría el paso definitivo, si las cosas no terminaban con un 'vivieron felices para siempre', al menos podría comenzar a dar vuelta la página. Había muchos hombres en la tierra, y aunque ninguno le llegara a los talones a Yagami Taichi (tenía todo el derecho de creer eso, era una mujer enamorada hablando después de todo), dado el caso tendría que buscar el amor en otra parte.
Taichi había rechazado en un principio su oferta de ir a tomar algo, pero tras las insistencias del rubio, decidió seguirlo. En todo ese momento, el castaño le dedicaba monosílabos o simplemente gruñía a modo de respuesta. Se supone que él era el callado de los dos, no al revés.
Le dio un último sorbo a su vodka antes de hablar – "¿Qué te está molestando?" – soltó, odiaba andarse con rodeos.
La pregunta pilló por sorpresa a su interlocutor, quien se movió incómodo en su silla – "Yamato, creo que no deberíamos de seguir siendo amigos"
El rubio casi bota el vaso recién servido al escucharlo – "¿Qué estupideces estás diciendo?" – Dejó atrás todo signo de ira cuando se percató de lo triste que estaba su amigo, jugueteaba con su botella de cerveza, a la cual no le había dado ni un sorbo, tenía los hombros caídos y los ojos opacos – "¿Qué pasó?" – preguntó con más calma.
"Estuve a punto de hacerle cosas indecorosas a Sora" – confesó cerrando los ojos. Apretando la botella, que si no fuera porque era de vidrio grueso, se habría quebrado.
«¡Genial!» pensó en decir el rubio en un primer momento, pero entendía el por qué Taichi estaba así. Que mal amigo era, jamás se le pasó por la cabeza que el moreno podría llegar a ponerse de esa manera. Él no estaba acostumbrado a ser así de considerado.
"Te confieso que si hubiese sido yo, ni siquiera me habría detenido a pensar en ti antes de, uh, hacerle cosas indecorosas" – El castaño sonrió mirándolo fijamente – "¿Qué?" – espetó él visiblemente incómodo.
"Te conozco y sé que no serías capaz de hacerlo" – hizo el ademán de alegar pero su interlocutor le tapó la boca – "No gastes saliva. Sabes muy bien que eres pésimo mintiendo"
El ojiazul chasqueó la lengua – "Supongo que mi segunda opción de ser actor en caso de no triunfar como cantante queda descartada" – bromeó. Taichi por fin bebió de su botella, al seco.
"No es necesario que digas esas cosas para hacerme sentir mejor. Prometo que no volveré a acercarme a tu chica" – Tenía un pequeño rubor en las mejillas, él nunca había sido bueno con el alcohol.
Yamato prefirió callar. Pensando que lamentablemente, para algunas cosas, parecía ser un muy buen actor... por no decir mentiroso.
Tras dejar a un Taichi algo mareado en su departamento, el rubio se juntó con Mimi en un parque aledaño, la divisó a lo lejos, debajo de un faro. La pelirosada había salido sigilosamente tras corroborar que Sora dormía profundamente, por unos momentos dudó en dejarla al ver una lágrima traicionera bajar por sus mejillas. Yagami tendría que aceptar a su amiga aunque no quisiera, pensó por unos segundos, pese a saber de sobra que eso no ayudaría a nadie.
"Llegas tarde" – se quejó ella mientras se frotaba las manos. Llevaba tan solo un chal encima, no se le había pasado por la cabeza que podría hacer tanto frío.
El ojiazul se quitó la chaqueta y se la pasó por los hombros. Ella agarró la prenda para acomodársela, sonriendo ligeramente al sentir el calor y la fragancia de su ahora amigo.
"Espero que el plan de esta vez resulte mejor que el anterior. Si no, aunque seas tú, no pienso seguir ayudando. No quiero hacerle más daño a mi mejor amigo"
Ella bajó los hombros apenada – "Yo tampoco. Sora está en mi casa, no me ha echado la culpa ni nada… siendo que merecía que hasta me golpeara"
Él se compadeció un poco, la tomó del mentón para levantar su rostro – "Sé, y ella también debe saberlo, que lo hiciste con la mejor de las intenciones. No sigas culpándote" – le dedicó una pequeña sonrisa, de esas que sólo compartía con sus seres más cercanos.
Mimi le sonrió de vuelta con las mejillas ligeramente arreboladas – "En verdad, me gane la lotería al conocerte. Lástima que como pareja no funcionamos tan bien" – bajo la vista nuevamente, reprendiéndose mentalmente por sacar el tema.
El silencio prosiguió, más que nada porque sus dos protagonistas tenían los labios sellados. El contacto fue sorpresivo, inesperado pero infinitamente tierno.
La pelirosada se dejó llevar por las sensaciones que el tacto de los labios de él le producía. Pequeñas descargas que calentaban su cuerpo pese al frío de la noche. Perdió la noción del tiempo, no le importó si su padre o su hermano volvían a casa y no la encontraban.
Se separaron lentamente, con la boca aún entre abierta. Los ojos de ambos brillantes, anhelantes, aunque también inseguros, e incluso algo tristes. ¿No se estarían equivocando? ¿No estarían confundiendo las cosas? Tal vez se arrepentirían más adelante, pero por mientras, decidieron en silencio que no se cuestionarían más, al menos no ahora.
Mimi levantó los talones para volver a tocar esos labios que alguna vez le pertenecieron a ella, sólo a ella.
Esa mañana, aunque todavía no arreglaba las cosas con Hikari, le pareció distinta pero vista desde un lado más positivo. Cuando iba caminando por los pasillos del colegio, divisó a lo lejos la dorada cabellera de su más reciente amistad. Parecía estar muy concentrada hablando con unas compañeras, así que se acercó sigilosamente para sorprenderla.
Al ver que venía, sus amigas se pusieron nerviosas, y despidiéndose rápidamente se fueron. Catherine no comprendió hasta que vio la cara de Takeru, se volteó rápidamente pero él alcanzó a notar el moretón que tenía en el pómulo derecho y que no pasaba para nada desapercibido pese al maquillaje. También reparó en la venda en su ojo izquierdo y el yeso en el brazo derecho. No tuvo oportunidad de preguntarle qué había sucedido pues la rubia se alejó nada más verlo.
Los rumores de que Takaishi había sido quien dejó a Catherine de esa forma se esparcieron como la peste. Lugar por donde pasaba él se llenaba de murmullos incesantes, los alumnos se movían inquietos dejándole el paso libre; de vez en cuando empujaban a alguien para que chocara con el rubio. Las supuestas víctimas se colocaban de inmediato de rodillas y suplicaban por su vida. Por lo general los ignoraba, no estaba dispuesto a darles un espectáculo; aunque había días donde la sangre le hervía y las ganas de golpear a alguien lo consumían. En esas condiciones recordaba un conjuro mágico que le había enseñado Alice: "¡Que se vaya la rabia y que venga la alegría! Más que las palabras en sí, lo que calmaban al muchacho era recordar el baile extraño que hacía su antigüa compañera, sin quitar su cara de póker, cuando realizaba el extraño conjuro. Siempre, sin falta, lograban sacarle una buena carcajada. Últimamente la recordaba mucho más que antes, porque su imagen ya no le producía dolor, no, a ella no le hubiera gustado eso.
«No dejes que se apodere de tu mente»
¿Alice? Pensó mirando a su alrededor. Negó levemente, su mente le estaba jugando una mala pasada.
«Tienes que ser fuerte, ¿o acaso eres un gallina, Takaishi? ¿Dejarás que otros decidan por ti?»
Alice… Eran recuerdos, las mismas palabras que le dijo una vez hace mucho tiempo, cuando todavía no tomaba conciencia del mal que estaba haciendo. Ella le abrió los ojos, y aún hoy una parte de su existencia le volvía a rememorar la promesa de antaño. Perdóname… pese a todo, había vuelto a ser consumido por ese lado desconocido, oscuro. Causándole daño a la persona a la que menos habría querido lastimar.
Si hubieras estado a mi lado, las cosas habrían sido diferentes. Pero no era posible revivir a los muertos.
«No estás solo»
¿Se estaría volviendo loco? Quizás tendría que ir a pedir hora con un psiquiatra. Sonrió suavemente. Aunque estés en el cielo, ¿sigues preocupada por mí?
«Porque eres un idiota»
Sonrió aún más amplio. No podía refutarle aquello, sus acciones del último tiempo dejaban mucho que desear. Era hora de enmendar sus errores.
Taichi y Sora miraban a Yamato extrañados e incluso alarmados. El rubio los había citado por separado a la bodega del gimnasio. Al tener reunidos a los protagonistas, cerró la puerta para sorpresa de los recién llegados. Había chequeado con antelación los horarios de ese día: no tendrían molestias por un buen tiempo, el necesario para aclarar un embrollo que no debería de haberse formado.
"¿Qué pretendes?" – para evitar que la voz no le temblara, habló en un tono disgustado, casi enojado que no pretendía utilizar. Calló al instante al notar que la pelirroja bajaba los hombros. Se fijo entonces en las posiciones de cada uno: el trío de oro en un rincón, lo más lejos unos de otros. Quiso reír, pero ni eso podía hacer. Se sentía seco.
Yamato le dio la espalda al castaño, para dirigirse hacia donde estaba la pelirroja, quien lo interrogó con la mirada. Se limitó a pedirle que confiera en él en un susurro antes de tirarla sobre las colchonetas, colocándose encima pero sin tocarla, sólo rozándola. Sora se quedó de piedra sin saber cómo reaccionar.
Taichi sintió que su respiración se aceleraba, la sangre se golpeaba en sus sienes imposibilitando todo tipo de pensamiento racional. Apretó los puños intentando contenerse.
Yamato giró el rostro para enfrentar al castaño – "¿Estás seguro de que no te importa que haga esto?"
"¿Qué clase de broma es esta?" – la voz le salió increíblemente ronca. Y aunque su cuerpo vibraba de rabia, no hizo ademán alguno por moverse de su sitio.
Al ver que el castaño no reaccionaba, Yamato se pegó aún más al cuerpo de la pelirroja, provocando que ella moviera las piernas incómoda, sin fijarse que la falda se deslizaba peligrosamente. No pudo evitar que su rostro se tiñera de rojo al sentir el aliento del rubio acariciarle el cuello. ¿Sería otra de las alocadas ideas de Mimi? Ayer se durmió temprano por lo que no tenía idea alguna sobre la escapada de la pelirosada. Sólo podía decir que esa mañana, ella había estado más animada de lo habitual.
"Asumiré que no te importa lo que haga con ella" – le dijo antes de comenzar a besarla con insistencia, sin la menor delicadeza.
Taichi apretó sus puños al punto de sacarse sangre, pero no le importó – "Hagan lo que quieran, yo me voy" – pese a lo dicho, no se movió ni un poco porque no había tenido efecto en la pareja. Yamato siguió devorando la boca de la pelirroja, y no solo eso. Sus manos viajaron por el cuerpo de ella, quien sólo en esos momentos pareció recuperar la consciencia.
Sora hizo el intento de empujar al rubio, pero él tenía más fuerza, mucho más fuerza que ella. El castaño seguía en su puesto, extrañado por la actitud de la pelirroja, inseguro acerca de qué acción tomar, airado hasta decir basta porque no le agradaba en lo más mínimo ver que otro, independiente que ese otro fuera su mejor amigo, tocaba a sus anchas el cuerpo de la mujer que amaba.
Taichi dejó escapar un bufido ante la verdad que se abría ante sus ojos, una verdad a la cual se había resistido sin proponérselo. Sin embargo, no era tiempo para ponerse a cavilar, menos al ver que la pelirroja comenzaba a pedirle a Yamato que parara cuando sus labios por fin se separaron, pero éste no detuvo su baile, focalizando su atención en un nuevo punto: el cuello.
El castaño respiró hondo, y sintiéndolo mucho por el ojiazul, atravesó el gimnasio en tres pasos. Lo suficientes para quitar al rubio de encima de su chica al agarrarlo de la camisa con una fuerza inusitada, producto de unos celos que no pensaba controlar. Sin previo aviso, le asestó el puñetazo de su vida en pleno rostro, provocando que él cayera al suelo. No contento con ello, se tiró encima de él para seguir golpeándolo. Yamato había pensado en un principio dejarlo descargarse, ¡pero! Su temperamento no le permitió seguir esa opción. Así que los dos iniciaron una de esas peleas tan comunes en ellos de niños.
"¡No la escuchaste! ¡Te dijo que pararas!" – Levantó el brazo para golpearlo, pero él logró detenerlo, y con ello tomar el control, era su turno de estar arriba.
"¡No me vengas a dar sermones! ¡Eres tú el idiota que no se da cuenta de lo que pasa a tu alrededor!" – Le devolvió con creces el puñetazo inicial.
Taichi consiguió esquivar otro al ladear el rostro, asió el cuello de su camisa para acercar su rostro y darle un cabezazo. El rubio se agarró la frente adolorido, por lo que el castaño aprovechó de quitarlo de en medio para lanzarse otra vez encima de él. Comenzaron a forcejear mientras rodaban por el piso, golpeándose de vez en cuando con algunos implementos. Sora los seguía de cerca, rogándoles que pararan pero éstos parecían haber perdido momentáneamente la audición.
"¡Esto no se trata de mí! ¡La estabas forzando!"
"¡Por supuesto que si se trata de ti, descerebrado! ¡No sabes los problemas que me ha dado tu estúpidez!"
"¡No entiendo nada de lo que estás diciendo! ¡Oye!" – se quejó al recibir un balón de fútbol en pleno rostro. El rubio también tuvo su parte: una de voleibol.
Harta de verlos revolcarse en el suelo y que no la escucharan. Sora decidió adoptar medidas poco ortodoxas.
"¡Si siguen con su estúpida pelea, les tiro esto!" – amenazó airada con dos bolas de bowling en ambas manos, sujetándolas con algo de dificultad pues eran las más pesadas. Los aludidos se separaron de inmediato, colocándose de rodillas en actitud de disculpa.
"Sora, no deberías defender a un pervertido" – alegó Taichi mirando de soslayo al rubio.
"No soy ningún pervertido, y tampoco necesito que me defiendan. Puedo hacerte morder el polvo con una sola mano" – espetó el rubio mirándolo amenazadoramente.
El castaño soltó una risotada – "Sí claro, será mejor decir tú y cuántos más" – se acercó con el puño en el suelo, mirándolo a los ojos de forma desafiante – "Tu cara bonita ya empieza a hincharse, dulcinea. Los golpes de este" – se tocó el pecho – "Un hombre de verdad, no pueden compararse con los brazos languiduchos de una nena. Será mejor que llames a Mimi para que te haga lo-que-sea-que-las-mujeres-hacen con las uñas, digo, no querrás que se te estropeen" – lanzó mordaz.
Yamato escuchó todo haciendo acopio de su serenidad, pero a cada palabra, la vena en su sien se acrecentaba más y más hasta estallar. Lo mataba, aunque fuera su amigo, su compañero del alma, lo mataba.
Sora observó el incipiente enojo que nublaba la visión del rubio, sino hacia algo pronto, no tendría forma alguna de detenerlos. Con el propósito de infundir más miedo trepó el cajón que usaban para saltar, debido a que aún no soltaba las dos bolas tuvo un par de dificultades extras. Los otros presentes salieron de su discusión (Yamato ya agarraba a Taichi por las solapas de su camisa) al darse cuenta de la locura que estaba haciendo la pelirroja.
"Sora, baja de ahí, ese cajón está ma-" – Yamato no alcanzó a terminar cuando la aludida se tambaleó peligrosamente. La madera rechinó, y de un momento a otro, la estructura se desmoronó con la pelirroja aún en su cima. Antes de que Ishida pudiera dar dos pasos, Taichi ya estaba debajo con los brazos abiertos, listo para recibirla. No se movió de su sitio pese a ser golpeado por algunos cajones. Finalmente, la pelirroja cayó en sus brazos, sorprendida y apenada.
"¿Estás bien?" – preguntó al instante.
El castaño sonrió para tranquilizarla, aunque un hilillo de sangre salía de su cabeza – "Mejor dicho, ¿Estás bien tú?"
Sora asintió de inmediato – "No es momento de preocuparse por mí, ¡estás sangrando!"
"Esto no es nada. He sufrido peores accidentes" – intentó tranquilizarla regalándole una sonrisa.
Yamato decidió que ya no tenía nada más que hacer ahí. Sigilosamente salió del gimnasio, dejándoles la puerta abierta mientras ellos dos seguían en su mundo, en un mundo donde sólo ellos existían.
Ajena a todo, hace días que Hikari estaba desesperada buscando algo que, para ella, era mucho más importante que su propia vida. Era un pequeño baúl lleno de recuerdos en forma de fotografías impresas y archivadas en pequeños CDs. Necesita encontrarlo, ya le había preguntado a medio mundo pero nadie le daba una respuesta satisfactoria, hasta que oyó a una niña decir que el otro día vio a un joven de bonito pelo amarillo cargando una cajita de tono rosa pálido bastante particular. La descripción calzaba perfectamente con lo que estaba buscando, por lo que no esperó para preguntarle todos los detalles, le importaba muy poco saltarse las clases con tal de encontrarlo.
Dobló por una esquina y llegó al árbol que la niña le había indicado, con exasperación comenzó a cavar con las manos vacías sin importarle que en el proceso se quebrara una uña o dos. Luego de unos minutos de hurgar en varios rincones del árbol se topo con una superficie sólida, ¡Era su baúl!
Expectante lo sacó con premura y tras cerciorarse que era lo que estaba buscando lo abrazó. Ahí estaba toda su vida, todo lo que para ella era importante en forma de fotos. No le gustaba admitirlo pero tras la muerte de sus padres agarró una manía por guardar cada suceso en la lente de su cámara; se sentía segura de que con ello no olvidaría a todas las personas que habían sido importantes en su vida, gracias a ese registro podría observar el rostro de sus padres sin preocuparse de que algún día pasarían a hundirse en lo profundo de sus recuerdos, que algún día ya no podría acordarse por sí sola de cómo eran.
Abrió el baúl ya más tranquila pero se encontró con que ésta estaba vacía. Adentro tenía una nota que la castaña arrugó con odio tras leerla. Decía: "Si quieres recuperar eso que has perdido, ve al antiguo Salón de Música".
Sin preocuparse de que la vieran merodeando por el colegio en horario de clases, la menor corrió con todo lo que podía hasta llegar al edificio abandonado. Jamás había estado ahí, tenía un aspecto lúgubre y daba la sensación de que en cualquier momento se iría abajo. Tragó saliva, no era el momento de sentir miedo.
Con pasos inseguros se adentró en el edificio, tanteo el terreno y finalmente pudo encontrar el aula del salón de música. Un frío viento se colaba por las ventanas rotas que la hizo estremecerse, el lugar estaba totalmente desordenado con sillas y mesas repartidas en el suelo.
Como en ese sector si llegaban los rayos del sol, no le costó mucho movilizarse adentro. Observó cada rincón con detenimiento a ver si algo llamaba su atención. Estaba a punto de rendirse cuando reparo en el piano, era el único objeto que permanecía impecable, sin siquiera una sola telaraña o mota de polvo. ¿Cómo no había pensado en ese lugar?
Caminó con paso cauteloso hasta el enorme instrumento de un negro inmaculado. Levantó la tapa que cubría las teclas y pasó la mano por ellas, se fijo que en algunas no se produjo sonido alguno. Dio la vuelta y tras pasar saliva por la garganta ya seca, abrió la tapa que cubría la caja de resonancia. Se tapó la boca sintiendo nauseas por el hedor de la carne descompuesta, adentro estaba lleno de cadáveres de ratones.
Tuvo que tomar aire varias veces para atreverse finalmente a tomar una caja de zapatos que había en la mitad. Lo abrió todavía recuperándose y descubrió con horror que adentro estaban sus más preciados tesoros hechos tiras: las fotos habían sido recudidas a confeti y los Cds estaban todo rayados. Podría recuperar algunas imágenes pero las más importantes, esas en donde aparecían sus progenitores, su familia completa, ya no volverían; apenas había abierto la caja, el viento se encargó de darle el punto final al llevárselas.
Le faltaba el aire, le costaba respirar en demasía. Miro a su alrededor buscando culpables, ¿quién? ¿Quién demonios se había atrevido a destruir su tesoro? ¿¡Quién!? ¡Maldita sea!
Vacio la caja sin importarle esparcir más su contenido y lo halló, una nota escrita con recortes de diario la incitaba a ir a la banca que estaba enfrente del famoso árbol de la escuela si quería descubrir quién estaba detrás. De antaño, el árbol fue famoso porque, aunque hoy en día permanecía marchito y sin vida, hubo un tiempo en que había sido conocido por dar las flores más bellas y elegantes de la isla. Sin embargo, hace un año que ya no florecía.
"¡Dios! ¿Por qué son tan brutos?" – alegó Mimi al ver el rostro de Yamato, tenía moretones y algunos cortes.
"Pero valió la pena" – sonrió, para luego quejarse. La pelirosada bufó molesta antes de empezar a echarle un ungüento que había traído de su casa, esperaba que se fueran a las manos, pero no pensó que las cosas se irían hasta esos extremos.
"Eres un tonto, sesupone que tenías que guardar la compostura" – regañó mientras esparcía la crema por el cachete morado.
"Creo que un beso sería mucho más efectivo" – soltó mirándola a los ojos, sin atisbo de burla en ellos.
Mimi se sonrojó violentamente mientras bajaba la vista, aún no estaba del todo segura de su relación, la que ni siquiera tenía nombre. Yamato le asió el brazo, lo suficientemente fuerte para acercarla, lo suficientemente despacio para no dañarla. Sus labios volvieron a encontrarse, provocando las mismas descargas de antaño, logrando que la piel se le erizara.
Ella cerró los ojos dejándose llevar, una vez más. No había nada malo en eso, o al menos quería convencerse. Se separaron, sin embargo, fue solo por una fracción de tiempo porque al minuto siguiente, era ella la que anhelaba volver a sentirse enamorada.
"¿Está bien… Está bien que sólo me deje llevar? ¿No volveremos a lastimarnos?" – preguntó al fin, deseando que ella no fuera la única que se sentía así de insegura, así de vulnerable.
Yamato acarició su cabello, pegando su frente a la de ella, la miró a los ojos – "Tampoco estoy muy seguro de lo que estamos haciendo… no sé si sea correcto, no sé si las cosas saldrán bien, puede que incluso vuelva a hacerte llorar porque soy un estúpido insensible pero me gustaría intentarlo, una vez más" – Mimi rió ligeramente con un poco de tristeza ante el descalificativo que había usado, era el mismo que ella utilizó el día en que terminaron.
"Tengo miedo… pero también quiero intentarlo" – confesó dejándose embriagar por su calor, con la esperanza de poder agarrar ese pedacito de felicidad que tan esquivo era con ella.
Sintió los labios de él rozarle la frente, la punta de la nariz y luego la boca. Se miraron largamente con los ojos entornados, preguntándose si aquello no era un error, deseando que por esta vez, las cosas resultaran.
Takeru pasó nervioso por sus manos la pequeña nota sonrosada que le había dejado Hikari en el locker, al menos tenía su firma. En ella le decía que debían de hablar, que ya no soportaba que estuvieran enojados y que quería escuchar su versión de los hechos Lo había citado enfrente de ese feo trozo de madera que alguna vez fue llamado "árbol". No le daba para nada buena espina pero decidió callar sus protestas, no quería pelear con ella por algo tan irrelevante.
Su vista quedó fija en un montículo de tierra removida, recordó de pronto cuando Hikari y él eran solo unos niños.
Tras percatarse que Yamato no estaba y que había dejado la puerta abierta, Sora decidió quedarse con Taichi a curar sus heridas, por suerte al interior del gimnasio había un botiquín de primeros auxilios.
Estuvieron en silencio varios minutos mientras la pelirroja le aplicaba una loción para deshinchar los golpes dentro de lo posible. El castaño se limitaba a observarla, por primera vez, se dio el tiempo de mirarla detenidamente. ¿Por qué había sido tan ciego? Era una pregunta que rondaba su cabeza hace varios días, quizás se debía a que eran amigos desde hace mucho tiempo, quizás porque pensaba que el cariño que le tenía no era de 'esa clase', en verdad ya daba lo mismo, ahora lo importante era otra cosa…
"También te hiciste daño al caer, pasa" – le quitó los implementos del botiquín sin esperar a que ella respondiera. Tomó su brazo con delicadeza para empezar a curar un rasguñón que tenía en el antebrazo, del cual ni siquiera se había percatado. Sus movimientos eran algo torpe pero exhalaban delicadeza, como si estuviera tocando un cristal que en cualquier momento pudiera romperse.
Sora suavizo la mirada, dios… amaba a ese hombre más de lo que jamás amó a nadie. ¿En qué momento se le había pasado por la cabeza dejarlo ir? ¿En qué momento había pensado que podría olvidarse de él? En verdad siempre lo supo, la respuesta era clara: a Yagami Taichi lo tenía incrustado en lo profundo de su corazón, sí, podría haber encontrado el amor en otros lados, pero ésos nunca llegarían a ser ni la sombra de lo que sentía por ese castaño de cabellos rebeldes. Me has hechizado, porque sí, tanto amor no podía ser real.
No podía seguir mintiéndole, precisamente por él, no podía seguir con esa farsa. Ignorando los latidos de su corazón, posó sus dedos en el brazo del moreno para llamar su atención. Acompañando a la pelirroja en el sentimiento, Taichi se detuvo, sin poder evitar que las manos le temblaran ligeramente.
"Lo siento. Por mi culpa tú y Yamato se pelearon"
El castaño rio de buena gana – "Todo buen amigo se pelea de vez en cuando, hace que la relación sea más amena" – le dijo restándole importancia. Comenzaba a entender las acciones del ojiazul, prometió que en uno de esos días le invitaría a tomar algo por su infinita paciencia para con él.
La pelirroja negó levemente – "Utilicé a Yamato para sacarte celos, no somos novios ni nada" – confesó, moviéndose incómodamente en el suelo del gimnasio, esperando impacientemente por su respuesta.
Taichi sintió que un rubor le cubría las mejillas, desvio la mirada ligeramente a un rincón en el techo. No esperaba que ella fuera así de sincera, y si él seguía sus pasos, la verdad es que escucharla decir aquello había provocado que su corazón saltara, literalmente, de felicidad. Se paseó el dorso de la mano por debajo de la nariz, a ver si con eso lograba ocultar en parte su nerviosismo y el rojo de su rostro.
El ánimo de Sora bajaba a medida que no oía respuesta alguna provenir del castaño. Armándose de valor, levantó la vista para verlo directamente a los ojos. Sus miradas se encontraron, y eso fue suficiente para que una descarga recorriera el cuerpo de los dos, apartaron el rostro, sintiéndose más nerviosos que antes.
Silencio. Si seguían así, se haría de noche.
Sin estar muy seguro de qué hacía, Taichi estiró su mano para ofrecérsela a la pelirroja. Ella pegó un pequeño salto al verlo y lo miró extrañada.
"Ya que está todo aclarado. Supongo que podemos hacer las pases" – volvió a ofrecerle la mano. ¡Por la…! Pese a sus 18 años, no tenía idea de cómo debía de confesarse a una chica, y lo peor de todo es que estaba consciente de que acababa de desechar la mejor oportunidad que tenía para ser sincero con la pelirroja. Quería golpearse, tirarse por un puente y desaparecer de la faz de la tierra, no podía ser tan idiota… no podía pero lo estaba siendo en esos mismos instantes.
Comprendiendo que ya habían dado un gran paso. Sora aceptó el apretón de manos que el castaño le ofrecía, los brazos subieron y bajaron incontables veces hasta quedar estáticos en el aire.
"Uh… Taichi, ¿cuándo me soltaras la mano?" – En verdad no quería soltársela, pero una parte de ella quería ver su reacción ante la pregunta. No se arrepintió de su elección cuando vio que el moreno soltaba su mano torpemente con las mejillas arreboladas y diciendo un montón de incoherencias a modo de respuesta.
"Te dije que no me gusta que seas tan cariñoso en el colegio" – replicaba molesta Makino Ruki, ahora Lee, mientras caminaba por los pasillos que conectaban los edificios de los de menor curso con los mayores. Guardando la distancia prudente para no perderla, la seguía su marido, Lee Jenrya.
El moreno rió – "¿Desde cuándo eres tan obediente?"
Ella lo golpeó en el brazo sin delicadeza alguna. Lejos de enojarse, aprovechó que ella miraba en otra dirección para tomarle la mano. Observó cómo se ruborizaba, y aún sin mirarlo, entrelazó sus manos.
Unas estudiantes de último año pasaron detrás de ellos conversando. Como Ruki tenía buen oído, no le costó mucho escuchar lo que decían. Comentaban que no podían creer que el guapo profesor encargado del club de artes marciales estuviera casado con 'esa'. Ella gruñó por lo bajo, agarró al hombre que le pertenecía por el brazo y apoyo su cabeza, procurando estar lo más pegada posible. Él se limitó a sonreír mientras sentía una gotita caer por su sien.
Ella en cambio, se deleitó escuchando el grito de rabia que soltaban las chiquillas entrometidas. Sonrió de lado y con el triunfo plagado en la cara. Fue entonces cuando Lee pellizco su nariz para su sorpresa. Estaba a punto de protestar cuando sintió sus labios sobre los suyos, cerró los ojos.
Cuando Hikari vio a Takeru sentado en la banca recordó de pronto que la niña le había dicho que un joven de bonito cabello amarillo tenía su caja.
Se quedó quieta intentando procesar lo que veía, ¿había sido él? ¿Por qué? ¿A tanto llegaba el repudio que sentía hacia ella? Sintió que una vez más le faltaba el aire pero se obligó a avanzar. Hasta quedar enfrente de él.
Takeru miraba el piso pensando bien cómo la saludaría, qué le diría, en fin, un montón de cosas. No se percató que tenía compañía hasta que sintió que alguien le pegaba una cachetada. Sujetándose la mejilla dolorida encaró a su atacante. Se quedó de piedra cuando vio a la castaña, enfrente de él y con la mano alzada, también sonrosada por el duro golpe.
Lo miraba triste, no, más que triste parecía decepcionada, dolida. Eso lo indignó.
"¿Qué demonios te sucede?" – mala elección de palabras, pero él también estaba molesto, se sentía estafado.
"¿Y aún tienes el descaro de preguntármelo?" – apretó los puños con fuerza, estaba deshecha pero se obligó a no apartar la vista, pese a sentirse más frágil que nunca.
"No entiendo qué de-mo-ni-os te sucede. Vine aquí con la mejor de las intenciones y me tratas así"
La castaña río pero su risa sonó opaca, sin vida. Empezó a golpearlo en el pecho mientras le gritaba que lo odiaba, que bien podría morirse y dejarla en paz, que ella no se iba a quedar callada y que no le tenía miedo.
Takeru a duras penas se denfedía de la lluvia de golpes, no porque no pudiera, sino porque no lograba asimilar la situación.
"Eres un mentiroso, un poca cosa. ¿Te divierte hacer sufrir a la gente? ¿Ah? ¿Te gusta?"
"Para, ¡para!" – la tomo por las muñecas, ella se alejó dando un par de pasos hacia atrás.
"Así es como funcionan las cosas para ti, ¿No? Si algo no sale como quieres recurres a la violencia"
"Lo dices como si tú fueras mejor que yo, yo no soy el que anda desconfiando de todos. No sé de qué me estás culpando pero yo no he sido"
"¡Para de mentir! ¡Te vieron!" – lo apuntó temblorosa, una parte de ella quería creerle, pero la otra la incitaba a dudar,…a vengarse.
El rubio paso su mano por su cabello exasperado, estaba perdiendo la poca calma que le quedaba – "Estoy hasta la coronilla con tu paranoia; bien, lo intente, de verdad que intente que esto funcionara. Pensé que podríamos arreglar las cosas pero veo que tú no tienes intención alguna de creer en mí. Espero que algún día te des cuenta de los errores que estás cometiendo, que logres confiar algún día en alguien, o sino terminarás sola, completamente sola y amargada".
En otra oportunidad le hubiera contestado, pero se sentía mentalmente agotada, sin fuerzas para seguir discutiendo por algo que ya no valía la pena, hasta las piernas le comenzaban a flaquear. Odiaba estar así, era como darle la razón a cuando le decía que era débil, que siempre necesitaba la ayuda de otros. ¿Por qué? ¿Por qué las cosas habían terminado así? Sintió un nudo en la garganta, la cabeza comenzó a darle vueltas, ya no le importaba nada, simplemente se dejó caer al suelo de rodillas. El dolor no la dejaba y sentía frío, mucho frío. Lo sabía, volvería a aquel lugar pero ya no tenía fuerzas para resistirse. Incluso, podría ser lo mejor.
Takeru se había dado vuelta tras el último descargo, se golpeó mentalmente una y otra vez; ¿¡cómo podía ser tan imbécil!? Una vez más soltó cosas que no sentía ni pensaba, él sabía que Hikari era una chica fuerte pero la situación lo sobrepasaba. Estaba dispuesto a marcharse cuando oyó que ella se desplomaba. Se volteó de inmediato y vislumbró con horror que la figura de la castaña comenzaba a desaparecer. Gritó su nombre pero era en vano, ella permanecía de rodillas agarrándose la cabeza con una mueca de dolor terrible.
¡Argh! Al diablo con lo que le decía la cabeza. Corrió hasta ella y le tomó el brazo. Luego ya no supo más, cayó en una oscuridad que jamás hubiera imaginado que existía.
Ruki se separó del moreno al sentir una punzada en la sien. De inmediato abrió la ventana del pasillo y aunque ya era demasiado tarde, gritó el nombre de los dos jóvenes que acababan de desaparecer. El peor de sus presagios se hizo realidad y ella por estar pendiente de otras cosas no pudo notar que ellos habían estado ahí, enfrente de ese árbol maldito, seguramente discutiendo.
La castaña miró a su marido con una expresión de 'te lo dije' plasmada por toda la cara – "Y… ¿sigues pensando que las cosas no podían ponerse peor?"
Lee se golpeó la frente, en ese tipo de circunstancias, detestaba cuando la castaña tenía la razón. Estaban contra la espada y la pared, no les quedaba de otra que pedir ayuda.
Continuará…
Notas ultra rápidas: Recuperé mi computador y los archivos... son las 1.28 AM y mañana tengo U, así que nos vemos... muchas gracias a los que han tenido paciencia con este fic.
Luego, no puedo evitar mencionar que en algunas partes de la pelea entre Tai y Yama... pensé mal, pensé muy mal JUASS XD
Muchos besos y abrazos, esperando que no me odien y aún tengan ganas de dejar un review
ahora si me despido!
