Notas iniciales: Técnicamente ya aquí es casi la 1am del 23/12, así que técnicamente ya es hora de publicar c:
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Canción de Navidad
por Maye Malfter
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Cuatro entradas del blog
Cuando Sherlock dijo que comenzarían temprano a investigar el caso de la tienda de videos, John no se imaginó que "temprano" en verdad significaba "tan pronto el reloj marque las doce con un minuto".
Después de terminar el maratón de Bond y justo cuando el doctor se acomodaba en su colchón para dar por terminado el día, Sherlock irrumpió en su habitación pidiéndole que se vistiera e informándole que solo contaban con quince minutos para salir del departamento. John tardó un poco en procesar la información, y de mala gana se levantó y vistió de nuevo, enjugándose los ojos y prometiéndose a sí mismo que jamás volvería a confiar en la amabilidad de Sherlock.
John se lavó la cara con agua fría para espabilar, tomó su arma y siguió a Sherlock hasta el exterior, la fría brisa ayudándole a despertarse mientras la adrenalina comenzaba a correr por sus venas.
Tomaron un taxi que los dejó a un par de cuadras de la tienda, caminaron todo el trecho y se metieron al callejón que daba a la trastienda. Aparentemente el detective había memorizado el sistema de seguridad de la tienda durante su visita la tarde anterior, y justo a esa hora había una brecha que les permitiría hurgar en el lugar por treinta minutos sin ser detectados.
—Espera aquí —indicó el detective, para inmediatamente hacer uso de su altura y colarse por la escalera para incendios.
John no pudo evitar la sensación de que Sherlock lo dejaría fuera de todo lo interesante, como solía suceder, pero algunos minutos después, el detective abrió la puerta de la trastienda para dejarle pasar. El lugar estaba casi completamente a oscuras, salvo por la luz que emanaban las linternas de ambos hombres.
— ¿Qué estamos buscando exactamente? —Preguntó John en un susurro.
—Evidencia de que están traficando con droga —respondió el otro, también susurrando—. Paquetes, trazos, facturas. Cualquier cosa.
Y lo encontraron.
Resultó que la tienda sí era la tapadera de una red de distribución de cocaína, y transportaban la "mercancía" dentro de empaques vacíos de dvds. Sherlock telefoneó a Lestrade tan pronto salieron de nuevo al callejón y en menos de veinte minutos varias patrullas de policía llegaron al lugar para allanarlo y arrestar a los culpables.
— ¿Dentro de los empaques, dices? —Preguntaba Lestrade mientras escribía en una libreta— ¿Y mezclaban los empaques buenos con los que estaban llenos de droga?
—Exactamente —confirmó Sherlock, de pie junto al detective inspector, en la parte posterior de la tienda. Varios oficiales sacaban cajas y cajas de dvds mientras que el dueño del lugar les gritaba a todos desde dentro de uno de los autos de policía—. Toma una mentira y envuélvela en verdad para hacerla más agradable. Así mismo, toma un empaque lleno de droga y mételo debajo de una pila de empaques comunes. Nadie registraría todos los empaques a menos que supiera lo que está buscando, nadie sospecharía. La tapadera perfecta.
— ¿Y el hijo del dueño también está dentro?
—El hijo es el contacto, el dueño solo ofrece el medio.
— ¿Y qué hay del dependiente?
—Olvídalo, no está implicado.
— ¿Y tú cómo lo sabes? —Inquirió John, un tanto intrigado.
—El chico se sabe de memoria el horario de cada película de Bond que transmitirá cada canal de televisión existente, y se lo sabe con un mes de adelanto para poder programar su agenda y no perderse ninguna. Aparte de eso, me dijo que en cierto canal comenzaron a transmitir todas las películas de Bond, una cada noche, y que apenas van por el Bond de Pierce Brosnan. Que tuvo que renunciar al turno de la noche por ese motivo, y que igual él no hacía nada en las noches más que aburrirse porque el que recibía los pedidos siempre era el hijo del dueño. Puedes investigarlo, si quieres, pero en mi opinión el dependiente no es más que un fanboy que lamentablemente acaba de quedarse sin empleo.
John trató de disimular su asombro aclarándose la garganta y cruzando los brazos sobre el pecho. En verdad podía sacarse mucha información de alguien con el simple hecho de fingir que te gusta lo que a ese alguien le gusta.
—Está bien. Si no hay nada más que puedas decirme, creo que… Un segundo —Greg les hizo una señal para que esperaran y se sacó el teléfono celular del bolsillo. Lo puso sobre su oreja—. Lestrade… Ajá… Ajá… ¿Dónde? ¿Qué Gregson dice qué?... Ajá… Ajá. Intentaré convencerlo… No, no prometo nada… Yo iré en cuanto pueda… Ajá… Nos vemos. Adiós —El detective inspector se guardó el teléfono y la libreta, y por la expresión tanto de Sherlock como de Greg, John supo que no volvería a dormir en mucho tiempo.
—Gregson tiene un caso complicado y está perdido, como de costumbre —señaló Sherlock antes de que Lestrade pudiera decir nada.
—Doble homicidio —confirmó Lestrade—, sin arma homicida a la vista, sin testigos y con la puerta cerrada desde dentro. El personal de la casa está de vacaciones por navidad y todos tienen coartadas convincentes. Gregson está que se tira de los cabellos ¿Puedes ir a echar un vistazo?
— ¿También quiere que vayas? —Preguntó el consultor.
—Te lo dije, está desesperado. Pero yo tengo que terminar aquí antes de poder ir a algún otro lado ¿Irás?
Sherlock miró a John en ese momento, y John sintió un extraño tirón en la boca del estómago. El brillo en los ojos del detective lo hacía ver varios años más joven, la perspectiva de un nuevo misterio sacando lo mejor de él. Sin embargo, el doctor militar no estaba preparado para lo que venía a continuación.
— ¿Estás muy cansado, John? —Le preguntó— Podemos decirle que no a Gregson. No es tan importante.
John agradeció que su rostro le permitiera no quedarse con la boca abierta ante el comentario. Greg no tuvo tanta suerte.
—N-no… Por supuesto que no, Sherlock. Estoy bien. Más que bien. Gracias por la preocupación —Sherlock asintió una vez y se giró de nuevo hacia Greg, mientras John sentía sus orejas arder de manera instantánea.
— ¿Dónde está la escena del crimen?
Después de eso todo se volvió un borrón de acción tras acción, sin siquiera un minuto para parar a descansar, lo cual era bueno considerando que a la mañana siguiente John llevaría un día entero sin dormir.
Resolvieron el caso esa misma madrugada, pues los del Scotland habían tenido todo frente a las narices y no lo habían sabido identificar, palabras del propio Sherlock. El asesino era el mayordomo, en el salón, con vasos de vino envenenados, y tenía de cómplice a la mucama. Ambos querían el dinero de los Berkeley.
El detective Dimmock se apareció en la casa del mayordomo luego de que Gregson hiciera el arresto, trayéndole a Sherlock un caso de un gran zafiro robado, y después de consultarlo con John, ambos partieron rumbo al nuevo acertijo. Ya era media mañana.
Este caso les tomó más tiempo que el anterior, descubriendo apenas a media tarde que no había sido el guardia de seguridad, como Dimmock pensaba, ni alguno de los socios, como John había sugerido en algún momento, sino uno de los de la compañía de cámaras de seguridad, específicamente el encargado de mirar las cámaras de la joyería durante todo el día. El tipo tenía más de dos años viendo los ires y venires del establecimiento a través de las cámaras y conocía todos los puntos ciegos y claves de acceso al dedillo.
Después de arrestar al hombre y ya cuando John pensaba que al fin podría descansar, Lestrade les llamó de nuevo. Aparentemente, alguien vaciado la cuenta de banco de un importante empresario amigo de Greg, y ni el banco ni el propio tipo sabían cómo había ocurrido.
— ¿Qué ningún criminal toma vacaciones de navidad? —Comentó John por lo bajo de camino al nuevo rompecabezas, y fue muchas horas después que Sherlock logró recuperar el dinero perdido. Había sido el ex esposo del señor Sanderson, en complicidad con uno de los trabajadores del tan prestigioso banco.
Fue ya pasadas las dos de la madrugada del siguiente día que Sherlock y John pudieron regresar al 221b, y el doctor militar tuvo que hacer gala de toda su fuerza de voluntad para no echarse a dormir en las escaleras que conducían a la sala. Una vez arriba, John colgó su chaqueta y soltó un gran bostezo.
—Ya no tenemos que salir por hoy, ¿verdad? Estoy muerto —dijo hacia Sherlock, que se había quitado el abrigo y ahora lo colgaba junto a la chaqueta de John.
—No lo creo —respondió este—. Acabamos de resolver más casos en un día de los que resuelven los Yarders en un mes completo. Me parece que eso los mantendrá alejados por un tiempo.
John volvió a bostezar— Pues más les vale. A este ritmo, mantener el blog actualizado será una pesadilla.
—Al menos ahora tienes cuatro historias nuevas que contar —señaló Sherlock, con lo que a John le pareció una sonrisa. Aunque el doctor no estaba muy seguro, con la vista un poco nublada debido al sueño—. Unas que espero redactes sin tanto romanticismo.
John rió sonoramente, sin poderlo evitar— Buenas noches, Sherlock —dijo al final, sonriéndole a modo de despedida y girándose para ir a su habitación.
—Buenas noches, John —escuchó detrás de él.
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Notas finales: Créanme, sé perfectamente que este capítulo no es ni por asomo un drabble. Peeeeeero no creo que ninguno se queje demasiado, ¿o sí? Aunque yo que ustedes no me acostumbraría demasiado a la longitud ¡Hasta mañana!
