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Canción de Navidad
por Maye Malfter
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Seis semanas de rehabilitación
La mañana de navidad, John despertó temprano y con una extraña sensación de inquietud que ni siquiera él mismo sabía de donde venía. Simplemente estaba allí, omnipresente y etérea, envolviéndole como un tenue escalofrío mientras se desperezaba sobre su cama.
La reunión del día anterior había estado bastante interesante, y por qué no decirlo, bastante agradable también. Greg, Molly y la señora Hudson estuvieron allí, al igual que Mike y su esposa. Incluso Mycroft se dejó caer en el 221b y aunque se la pasó casi todo el rato pegado al teléfono arreglando dios sabía qué, había que reconocerle la intención. Sherlock tocó un par de melodías en el violín para todos los presentes y no insultó ni dedujo exageradamente a ninguno, lo cual viniendo de él era prácticamente el equivalente de haber sido un buen anfitrión.
Cerca de las diez treinta, los invitados partieron a sus respectivas casas y celebraciones privadas y Sherlock y John esperaron las campanadas de media noche sentados en sus respectivas butacas, frente a un acogedor fuego e intercambiando detalles de los cuatro casos del veintitrés. Sin duda podía decirse que había sido una excelente noche, entonces, ¿por qué la repentina aprensión?
Se sacudió las preocupaciones con presteza, decidiendo que pensar demasiado en ello no iba a llevarle a ningún lado. Se levantó por fin y salió de su habitación, bajó las escaleras y tras encontrar cerrada la puerta del salón, giró a su izquierda y entró directamente a la cocina. Sherlock le estaba esperando, de nuevo con té pero sin tostadas.
—Feliz navidad, John ¿Dormiste bien? —Saludó el detective mientras John entraba en la estancia. Sherlock puso el té directamente frente al doctor.
—Feliz navidad —respondió John, tomando la taza de té ofrecida con inesperada cotidianidad a la vez que intentaba no parecer sorprendido del repentino interés de Sherlock por sus hábitos de sueño. Decidió no pensar en eso tampoco—. Dormí bien, gracias. Aunque un poco intranquilo… ha de ser exceso de adrenalina estos días o algo.
—Uhmm —profirió Sherlock, dando una rápida mirada en dirección al salón, la cual John no supo cómo interpretar—. Igual y es un presentimiento… Escucha —dijo de repente, bajando la voz y rodeando la mesa para acercarse a él. Un aroma bastante agradable y fresco llegó a las fosas nasales del doctor, ¿una nueva colonia? Honestamente, no podría haber habido un momento menos apropiado para andar pensando en la colonia de Sherlock, pero dadas las circunstancias y las fechas, John se permitió ese pequeño gusto—, hay algo el salón que quiero que veas. Pero necesito que me prometas que no te irás hasta escuchar toda la historia.
John frunció el ceño, extrañado e intrigado a partes iguales— ¿Algo en el salón?
—Sip —confirmó el otro, girando a John por los hombros en dirección a la mencionada habitación—. Algo importante. Pero primero necesito que prometas no salir corriendo… ¿Confías en mí, John?
El doctor tragó con dificultad al escucharle, percibiendo cómo la inquietud de temprano se multiplicaba.
—P-por supuesto que confío en ti, Sherlock. Eso lo sabes —aseguró, lo más convincentemente que pudo—. Y prometo no correr —agregó con sinceridad—. Ahora dime qué hay en el salón —Pidió, mientras Sherlock comenzaba a guiarlo hacia adelante.
—Mi regalo de navidad —dijo el detective tan pronto alcanzaron la sala, y John apenas pudo contener el impulso de volver sobre sus pasos, subir a su habitación y no bajar hasta que el supuesto "regalo" de Sherlock dejara el departamento.
De pie cerca del sofá de tres plazas, estaba su hermana.
—Feliz navidad, John —le dijo la mujer, al tiempo que el sonido de una puerta cerrándose dio a entender que Sherlock había salido del departamento para darles privacidad.
— ¿Qué haces aquí, Harriet? —Preguntó cortante, la frustración y la rabia apoderándose rápidamente de él. Respiró un poco para intentar calmarse.
— ¿Qué no te alegra verme, hermanito? —Preguntó Harry de vuelta, con una media sonrisa que indicaba el tono ligero que la mujer trataba de darle a la conversación. Demás estaba decir que no estaba funcionando.
—No realmente… —Dijo John sin rodeos, haciendo que Harry se estremeciera un poco— No después de no saber nada de ti por casi tres meses. No después de haberme cansado de llamarte, de escribirte, de tumbar la puerta de tu casa a puñetazos para que abrieras y de prácticamente rogarte que recapacitaras, que volvieras a la rehabilitación ¿Acaso crees que puedes venir aquí después de tantos meses a saludarme como si nada? ¿Cómo si eso no hubiera pasado? ¿Cómo si todo fuera un malentendido?
—No sabes de lo que estás hablando —se defendió Harry a su vez, con la mirada fija en el doctor—. No tienes ni idea de lo difícil que es para mí todo esto. No poder controlar lo que quieres, lo que haces. Los impulsos, los temblores, las alucinaciones. Lo horrible que fue estar en ese lugar, sintiendo que todo era una grandísima pérdida de tiempo, porque ¿en qué cabeza cabe que yo pudiera dejar de beber? Yo ¡Una Watson! Los Watson no dejan los vicios. Estamos hechos de adicciones, es lo que somos, lo que nos mueve ¿Tienes idea de lo que se siente estar a solas con ese tipo de pensamientos durante cuatro semanas enteras? ¡Fue el infierno!
— ¿¡Y crees que no lo sé!? —Exclamó John irritado, gesticulando y alzando las manos en señal de frustración— ¡Yo también soy un Watson, maldita sea! Sabes de mi problema de juego, de mi adicción a la adrenalina, ¡de mis malditas tendencias autodestructivas! Lo sabes todo, ¿y aun así piensas que no te entiendo? Te dije… No… Te rogué que me llamaras cuando te sintieras así. Que no importaba la hora, que yo estaba aquí para ti ¿Y sabes cuantas veces recibí llamadas de ese lugar? ¡Dos! Una cuando tu consejera me avisó que ya te habías instalado y la otra para avisarme que te habías largado ¿Tienes idea de cómo me sentí cuando dejaste de responder mis llamadas? ¿Alguna jodida idea de lo mucho que me costó darme por vencido? ¿De lo mucho que me costó rendirme contigo? Porque eso fue lo que pasó en aquel momento, Harry. Yo me rendí contigo. Me cansé de tratar de cambiarte. Me harté de creer en tus promesas ¡Me cansé! Y ahora vienes a mi casa, en navidad ¿A qué? ¿A beberte todo mi whisky? ¿A pedirme dinero para ir a emborracharte en algún bar de mala muerte? ¿A ver qué tanto tienes que insistir para que yo vuelva a caer en tu juego?
—Yo…
— ¿Tú qué? ¿Viniste a hacer nuevas promesas que no intentarás cumplir? Porque si a eso viniste, eres libre de salir por esa puerta y no regresar nunca m-
— ¡Vine a pedirte otra oportunidad, John, con un demonio!
— ¿Qu-?
La pregunta de John murió antes de comenzar, sorprendido como estaba de lo que su hermana acababa de gritarle. Harriet continuó.
—Lo he estado pensando, ¿sí? Y… ¡y tienes toda la razón! Tú y ese… ese hombre tienen toda la razón. No soy más que un remedo de persona, escondiéndome detrás de una botella en vez de enfrentar mis problemas. Huyendo de ti, que eres el único que siempre ha tratado de ayudarme… Pero ya no quiero hacerlo más. Ya no quiero seguir siendo así, y aunque no me guste la idea, tal vez… tal vez la rehabilitación me ayude a cambiar. O al menos es un comienzo.
John no daba crédito a sus oídos ¿Acaso había escuchado bien? ¿Acaso Harriet Jane Watson, su hermana, acababa de decirle que quería volver a la rehabilitación? ¿Qué quería cambiar? No… Esto no podía ser…
— ¿John? —Preguntó Harry, acercándose a él con cautela, sólo unos pasos— John, dime algo.
— ¿Qué te hace pensar que voy a creerte esta vez? —Espetó John sin poder contenerse— Ya otras veces has dicho que terminarás el programa y siempre es mentira-
— ¡Esta vez es diferente, John! De verdad… —le interrumpió la mujer, acercándose varios pasos más hacia él, quedando virtualmente al alcance de su mano. La voz de Harry comenzó a quebrarse al decir eso, aunque se notaba que estaba intentando controlarse. John sintió algo apretarse dentro de su pecho— Esta vez no eres tú el que me obliga a prometerlo. Esta vez soy yo la que quiere internarse. Soy yo la que quiere cambiar. Quiero cambiar, John. Quiero dejar esto atrás…
—Pero antes… ¿Cómo esperas que te crea, Harry? ¿Cómo-?
—Por favor, hermanito… —le pidió Harriet, con lágrimas en los ojos. El nudo en el pecho de John haciéndose cada vez más asfixiante— Por favor, confía en mí.
Y eso fue todo lo que John necesitó para abandonar su postura intransigente, cediendo ante el impulso que lo asaltó desde el mismo momento en el que Harry se acercó a él.
El doctor la envolvió en un apretado abrazo, uno como hacía mucho tiempo que no se daban. Tan fuerte como cuando volvían a verse luego de cada festividad que los obligaban estar separados; tan fuerte como aquella vez que John tuvo que defenderla de los abusones que se burlaban de ella en la secundaria porque le gustaban las niñas; tan fuerte como cuando sus padres se divorciaron; tan fuerte como cuando ambos murieron en ese accidente de auto; tan fuerte como no había abrazado a su hermana en muchos años.
Y, ¡dios! como había necesitado ese abrazo.
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Notas finales: ¡Volví! Y esta vez traje algo más largo que un drabble, así que ¡hey! ¿Qué más dan unos días de atraso, no?
Y hablando del capítulo, les quiero comentar que la Harry Watson de mi canon mental (y de este fanon) es la hermosa Alex Kingston. Solo a modo de referencia, y por si querían ponerle rostro a los diálogos.
Y hablando de diálogos ¡Juro que no sé de donde salió todo ese angst! D: Estoy tan sorprendida como ustedes, pero bueno, así es la inspiración ¿no es verdad?
En fin, que espero que hayan pasado lindas festividades. Y espero traer más capis a este fic muy muy pronto. Por ahora ¿comentarios? :)
