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Canción de Navidad
por Maye Malfter
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Siete episodios de Doctor Who
— ¿Me pasas las palomitas, John? —Preguntó Sherlock, con medio cuerpo virtualmente encima del doctor y acomodando la manta sobre sus piernas y las del otro hombre.
John estiró el brazo libre hasta agarrar las palomitas y las puso al alcance de Sherlock, lo que se tradujo en colocar el envase prácticamente sobre su regazo.
—Gracias —dijo el detective, acomodándose más cerca de John sin despegar la mirada de la televisión. John soltó un suspiro resignado, resolviendo dejar de preguntarse de una vez y por todas cómo es que ese día de las cajas se había vuelto tan raro.
Todo comenzó a media mañana, la hora en la que Sherlock apareció en el departamento después de pasarse toda la noche fuera haciendo dios sabría qué. John le saludó desde la cocina mientras leía el periódico y desayunaba, y Sherlock se sentó frente a él después de dejar su abrigo y su bufanda en el perchero.
El detective lucía bastante bien para alguien que había pasado toda la noche en la calle, y John no pudo evitar sentir un dejo de irritación al darse cuenta de que incluso parecía recién bañado y afeitado. Se sacudió el pensamiento, pasando la página que aún no acababa de leer.
— ¿Buena velada? —Preguntó, sin levantar la vista del periódico.
—Para nada —respondió el otro, sirviéndose té y bizcochos de la bandeja que la señora Hudson tan amablemente había subido—. Aburrida e interminable. Pero necesaria.
— ¿Necesaria? —Inquirió John, alzando la vista un poco y sintiéndose ligeramente menos tenso, por alguna razón.
—En extremo —indicó Sherlock con dramatismo, y John no pudo evitar sonreír—. Necesitaba pagar mi deuda con Mycroft antes de que pasara más tiempo. No me gusta deberle nada si puedo evitarlo.
— ¿Estuviste en casa de Mycroft? —Volvió a preguntar el doctor, abandonando finalmente la falsa lectura de su periódico.
—Estuve en casa de mis padres, de hecho. Pero Mycroft también estaba ahí, es por eso que me quedé anoche, madre estaba tan complacida de tenernos a los dos reunidos para navidad que fue imposible decirle que no cuando nos pidió que durmiéramos allá.
—Oh… —Profirió John. Esa respuesta no se la esperaba— No sabía que tuvieras una deuda reciente con tu hermano —comentó como quien no quiere la cosa— ¿Tiene algo que ver con un caso? —Sherlock dejó de masticar al escucharle. Sorbió un poco de té y negó con la cabeza—Algo que ver con tus padres, entonces —insistió John, dejándose ganar por la curiosidad. Sherlock negó de nuevo, mirándole de manera rara. Demasiado intensa. Como si quisiera leerle la mente. John se alejó instintivamente en su silla—. Lo-lo siento… Es privado, ¿no es así? Lo lamento. Igual no es de mi-
—Fue un favor —respondió el detective con suavidad, sin apartar la mirada de John ni un segundo—. Mycroft arregló todo el papeleo para ingresar a tu hermana en el centro de rehabilitación lo más pronto posible, y arregló también que la aceptaran en el programa intensivo de seis semanas. De hecho, cuando Harry salió de aquí, uno de sus autos ya la estaba esperando. Según Mycroft ya está completamente instalada y podrás visitarla en un par de semanas.
John se le quedó mirando sin saber qué decir, pues ¿qué podía decir ante eso?
Desde que su hermana lo mencionó el día anterior, y por la actitud de Sherlock antes de llevarlo con ella, John sospechaba que de alguna manera su amigo había tenido algo que ver con la repentina decisión de Harry de cambiar su vida. Se acomodó en su silla.
—Sherlock yo… —Comenzó, aclarándose la garganta para encontrar las palabras— La verdad es que no sé qué decir-
—No tienes que decir nada —le atajó Sherlock con gesto serio, e hizo algo para lo que el doctor en verdad no estaba preparado: Posó sus manos sobre las de él. John tuvo que hacer un gran esfuerzo para no dejar de respirar—. Sé cuánto te preocupas por tu hermana y, aunque la mayoría de las veces no entiendo esa clase de sentimentalismo, últimamente he comprendido muchas cosas que antes no entendía. Y si para ti es importante y estaba en mis manos hacer algo al respecto, pues ¿por qué no?
Los ojos de Sherlock seguían fijos sobre John, quién ahora si estaba muy seguro de no estar respirando, y tan inesperadamente como comenzó, el momento se había terminado. Sherlock se levantó de la silla y anunció que iría a ponerse algo más cómodo. John sólo alcanzó a asentir.
Cinco minutos después, el detective salió de su habitación anunciando que en la BBC one darían un maratón de Doctor Who que le prometió a su padre que vería, y que John estaba invitado a acompañarle si quería. John decidió que esta también era una de esas cosas en las que era mejor no pensar - últimamente tenía muchas de esas - y preparó palomitas mientras Sherlock encendía la tele y acomodaba el sofá.
Para cuando John entró en el salón, palomitas en mano, el sofá de tres plazas se había convertido en una especie de nido acolchado, en el que el detective había acomodado probablemente todas las almohadas del departamento para hacerlo completamente confortable. Y en el centro de ese capullo almohadillado estaba Sherlock, en pantalón de pijamas, camiseta y con una manta arropándole las piernas.
Sherlock sonrió como un niño al verle llegar con las palomitas, y tan pronto John tomó asiento a su lado, el presentador de la BBC anunció el comienzo del maratón de episodios del Noveno Doctor. A lo largo de los episodios, Sherlock comentaba que los personajes eran aburridos y que la trama era sosa e ilógica, pero el pequeño brillo en sus ojos cada vez que el Doctor desentrañaba el misterio de turno le decía a John todo lo que tenía que saber. El programa le encantaba, pero era demasiado orgulloso para admitirlo.
Y de un momento a otro, sin saber muy bien como habían terminado en esa situación, John terminó sirviéndole de cojín a Sherlock. Primero muy tímidamente, pero después de varias horas seguidas de apenas pararse del sofá, el detective terminó básicamente recostado por completo en el pecho del John. Y siendo sinceros, a ninguno de los dos parecía importarle demasiado.
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*El Día de las cajas (Boxing day) es una festividad celebrada principalmente en las islas británicas y otras naciones que pertenecieron al Imperio Británico. Se suele celebrar el 26 de diciembre, y durante la fecha se promueve la realización de donaciones y regalos a los pobres.
Notas finales: Y para compensar por el angst del capi pasado ¡Fluff super subido de azúcar! Díganme si esos dos no son un amor de malvavisco. Yo misma sonreí como tonta escribiendo esto, así que espero que todos sonrían como tontos al triple al leerlo \o/
Como ya se deben haber dado cuenta las trenzas de zapatos y los gatos que leen este fanfic, me está costando un poco ponerme al día con los capítulos antes de que termine el año (qué es cuando se terminan los 12 días del fic), peeeero ¡no os preocupéis! Aunque me lleve más de lo previsto, y aunque pase de año, este fic se termina porque se termina.
Por cierto, muchas gracias a los que se toman el tiempo de comentar. Me alegran mucho los días. Abrazos a todos.
Maye.
