Notas del capítulo: Tal parece que cambiamos de rating c; Al final las ñoñerías de costumbre :D
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Canción de Navidad
por Maye Malfter
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Doce campanadas
"John, no te vayas."
"Jamás, Sherlock. Nunca más."
Las palabras resonaron dentro del cerebro de John incluso antes de que hiciera consciencia de estar despertándose. Lejanas, sin cuerpo; como algo escuchado en un sueño.
Inhaló profundo y abrió los ojos con lentitud, frunciendo el ceño al percatarse de que no podía reconocer lo que veía. La pared era del color incorrecto, la mesa no era su mesa, la lámpara no era su lámpara y definitivamente su cama no era así de grande. La ligera presión sobre su estómago fue lo que le devolvió la memoria, recuerdos vívidos de la noche anterior llegando como un torrente, al tiempo que un pálido brazo de vellos claros se ceñía a su cintura.
Su cuerpo comenzó a despertar ahora, terminaciones nerviosas reconectándose, indicándole que no solo era un brazo rodeando su cintura, sino que también había un sólido cuerpo masculino pegado a su espalda, con el rostro hundido en su nuca.
La respiración de Sherlock era pausada y uniforme, su abrazo relajado, su temperatura corporal - generalmente notoria - apenas perceptible. Conclusión: Sherlock estaba dormido como un bebé.
John se sintió algo divertido ante la idea de haber amanecido con Sherlock por segunda vez en menos de una semana, aunque este despertar le parecía aún mejor que el que había tenido en el pasado. Sonrió para sí mismo y cerró los ojos de nuevo, decidido a dormir un poco más, pero apenas y le dio tiempo de entrar en la primera etapa del sueño cuando algo lo sacó bruscamente de allí, devolviéndolo al presente y haciéndole gemir por alguna razón que su cerebro medio dormido no acababa de procesar.
Abrió los ojos al instante y contuvo un nuevo gemido provocado por el cadencioso movimiento de largos dedos expertos que se habían colado dentro de su pantalón y ropa interior, haciéndose con una erección con la que John ni siquiera recordaba haber despertado.
Sherlock le sostenía por el abdomen, pegándolo hacia sí, mientras que la mano dentro de sus jeans masajeaba su miembro con determinación, haciendo presión en los puntos correctos y arrancando de él espasmos involuntarios. Los labios del otro hombre le besaban y mordisqueaban el cuello y los hombros sin tregua alguna, lo que aunado a la mano en su entrepierna le hacía sentir como si su cuerpo estuviera a punto de derretirse entre los brazos del detective consultor.
Unos instantes más y John dejó de reprimir los sonidos que salían de su garganta. Se recostó más hacia Sherlock, si es que eso era posible, cerró los ojos y se dejó llevar, consciente de que de seguir así el encuentro no iba a durar demasiado, pero no le importaba. Algo dentro de él le decía que esta no sería la última vez y John estaba dispuesto a escuchar a ese algo.
Después de varios minutos en los cuales las caricias de Sherlock fueron haciéndose más y más rápidas y apretadas, el doctor se percató de que el otro había dejado de mordisquearle la espalda y que ahora gemía contra hombro. Sherlock frotaba su aún enfundada erección de manera casi frenética contra a el muslo de John, quién se reprendió mentalmente por no haberse dado cuenta antes de que el detective probablemente también necesitaba algo de asistencia.
John tiró una mano hacia atrás, metiéndola como pudo entre Sherlock y su propio cuerpo. Cuando alcanzó la cremallera y comenzó a desabrochar el botón, Sherlock dejó de moverse por completo. John frunció el ceño.
— ¿Sherlock?
El detective no respondió, pero su respiración superficial y el ligero temblor de la mano sobre su abdomen fueron suficientes razones para que el médico sintiera ganas de sonreír como tonto. Continuó en su tarea sin decir nada y en un momento más pudo abrir el pantalón de Sherlock lo suficiente como para meter una mano por debajo de estos y de la ropa interior de seda. Tomó a Sherlock tan hábilmente como pudo considerando la posición y de inmediato fue recompensado por un inconfundible jadeo. Sonrió para sí mismo, masajeando la erección del detective de arriba a abajo y con ligeros giros de muñeca, presionando la punta con el pulgar de vez en cuando, lubricando con el líquido pre seminal todo lo que él alcanzaba a tocar.
Eventualmente, Sherlock volvió a prodigarle sus atenciones al miembro de John, imitando algunos de los movimientos que John estaba utilizando con él. Con cada segundo, los movimientos de ambos se iban acompasando, meciéndose como uno solo, como si lo que estaban haciendo no fuese solo estimulación manual sino algo más profundo, más allá de cualquier comprensión.
De un momento a otro, John sintió su orgasmo comenzar a formarse, llenándole de endorfinas y haciéndole girar el cuerpo de manera casi imposible para poder besar a Sherlock en los labios. El detective le correspondió con hambre, como si hubiera estado esperando ese beso durante todo el encuentro. Lenguas y labios encontrándose a pesar del semi caos de extremidades; saliva, calor, deseo. Sherlock.
John apuró los movimientos de su mano y Sherlock hizo lo mismo. Sin dejar de besarse. Sin parar para respirar. Segundos después, John sintió a Sherlock derramarse sobre su mano y pulsar contra su piel, al tiempo que su propio orgasmo lo hacía embestir inconscientemente hacia el puño cerrado en torno a su miembro.
Pasaron un par de minutos antes de que John comenzara a reaccionar, el post orgasmo dejándolo algo atolondrado. Sintió a Sherlock moverse detrás de él y apenas alcanzó sacar la mano de los pantalones de su compañero antes de que este saliera de la cama y de la habitación. Momentos después, Sherlock regresó, lanzándole a la cara algo hecho de tela, mientras se trepaba de nuevo en el colchón.
John se descubrió el rostro y dio un respingo involuntario al sentir algo húmedo contra la piel de su abdomen. Abrió los ojos y miró hacia abajo para encontrar a Sherlock de rodillas a su lado, limpiando los restos de sus actividades previas tanto de su abdomen y pubis como de su mano y antebrazo. Llevaba puestos unos pantalones de pijama limpios y John se fijó en que lo que le había lanzado era un par de sus propios shorts de dormir.
Sherlock terminó con su tarea y salió de nuevo, momento que John aprovechó para cambiarse. Estaba volviendo a quedarse dormido cuando sintió al detective trepar a la cama y acurrucarse en su pecho. Sonrió y le rodeó con los brazos, besando sus rizos como siempre había querido hacerlo.
—Buen día, John.
—Buenos días.
— ¿Dormiste bien?
—Muy bien. Aunque me gustó más el despertar.
Sherlock rió por lo bajo ante esto y se acurrucó aún más contra el pecho del médico. John se acomodó debajo de él, ambos encajando tan perfectamente que el rubio no pudo evitar verlo como alguna clase de señal. Se reprendió mentalmente por pensar tal tontería.
El reloj en la mesita anunciaba que eran cerca de las diez y media, pero se sentía tan bien estar así que John comenzó a considerar la posibilidad de pasarse toda la víspera de año nuevo en pijamas y con el único detective consultor del mundo abrazado a él cual oso koala. Pensándolo bien, no era una idea tan descabellada.
Se quedaron así un buen rato, John contemplando el vacío y sintiendo el cálido peso de Sherlock contra su pecho. Cuando el sueño amenazó con apoderarse de él nuevamente, algo al borde de su conciencia lo hizo regresar: el recuerdo de unas palabras dichas antes de caer rendidos la noche anterior, palabras a las que John no lograba encontrarle sentido todavía.
— ¿Sherlock? —Murmuró, doblando un poco el cuello en un intento por ver al detective a la cara.
— ¿Uhm? —Preguntó Sherlock de vuelta, subiendo el rostro hacia él y mirándole por entre sus largas y oscuras pestañas. Parecía estar completamente despierto y alerta, aunque un poco despeinado.
—Anoche, antes de quedarnos dormidos… —John hizo una pausa, sin saber exactamente qué preguntar. Decidió que lo simple era lo mejor— ¿Por qué me pediste que no me fuera? ¿De dónde salió eso?
John sintió a Sherlock ponerse rígido e incluso le pareció que dejó de respirar por unos segundos antes de soltar un sonoro suspiro. El detective se levantó de su pecho y se sentó a su lado, mirándole desde arriba.
— ¿Recuerdas el caso de las gemelas Clark, de hace algunos días? —Preguntó, con gesto serio.
—Por supuesto.
¿Y cómo olvidarlo? Las gemelas Gretta y Grace Clark, de ocho años, fueron secuestradas durante un paseo al parque a comienzos de diciembre. Luego de tres largas semanas y gracias a la ayuda de Sherlock y John, Lestrade encontró a las niñas en manos de Luke West, ex convicto de Pentonville al cual el padre de las pequeñas - abogado acusador - había ayudado a encarcelar por tráfico de menores.
— ¿Recuerdas qué pasó antes de conseguir el mensaje de Grace en la ventana? ¿Por qué llegaste con Lestrade antes que yo?
John frunció el ceño, tratando de recordar. Se sentó también.
—Discutimos aquí en casa, me fui a caminar y luego encontraron a Gretta en esa cabaña abandonada. Creo que estabas siendo intransigente y testarudo, mucho más de lo normal.
—Dijiste que era un "egomaníaco con la cabeza metida dentro de mi propio trasero".
John contuvo una risa— Palabras más, palabras menos… ¿Qué tiene que ver eso con lo que me pediste?
Sherlock no respondió, se limitó a mirarle a los ojos tan intensamente como si pretendiera hurgar en su alma. Y al fin John recordó.
—Te dije… te dije que me iría —susurró—. Que ya no soportaba vivir así.
—Dijiste que estaba demasiado inmerso en mi propia cabeza como para darme cuenta de que los demás también querían encontrar a las niñas.
—Yo-
—Tenías razón, John. Toda la razón.
— ¿La tenía?
—Claro que sí —Sherlock se acercó más a él, quedando sus rostros apenas a un palmo de distancia. John tuvo que contener un jadeo al reparar en lo jodidamente hermoso que era ese hombre incluso recién levantado—. Corrían los días y mis métodos parecían no funcionar en absoluto, todo lo que podía pensar era en cuan infructuosa estaba resultando mi intervención en el caso, en cómo hasta mis mejores ideas estaban siendo burladas por un burdo criminal.
—No contabas con que West fuese un ex aprendiz de Moriarty —intervino John—. Nadie lo sabía.
—Lo sé. Pero igual me cegué. No escuchaba nada que no saliera de mi propia boca. De haberte prestado atención tal vez hubiéramos encontrado a las gemelas mucho antes. De no ser por ti quizás… Sin ti ese hombre pudo haber-
Sherlock dejó de hablar y desvió la mirada. John se acercó un poco más, buscando los ojos del otro.
—Oye, oye, oye… —murmuró, sonriendo ligeramente en un intento de suavizar las cosas— No pasó nada. Las encontramos a tiempo. Todo salió bien.
—No gracias a mí.
—Sherlock-
—También dijiste que no apreciaba lo que hacías por mí —le interrumpió el detective—. Que quizás estaría mejor sin ti. Eso no es cierto, John. Jamás podría estar mejor sin ti.
John parpadeó varias veces, tratando de recordar toda la discusión, y repentinamente una idea cruzó su mente.
— ¿Es por eso que has estado actuando tan raro todos estos días? —Preguntó, mientras el extraño comportamiento del consultor por fin cobraba sentido— ¿Tratabas de hacer que no me fuera?
—Yo…
—Oh, por dios, Sherlock ¿En serio? No me digas que esto… que lo que pasó… ¡Dios! —Exclamó John, con los ojos como platos y algo parecido al pánico trepando por su pecho ¿Acaso todo fue para retenerle? ¿Acaso…?
—John, ¡John! —Le llamó Sherlock mientras le tomaba de las manos y le impedía levantarse de la cama. John ni siquiera era consciente de haber tratado de levantarse. Se obligó a mirarle a los ojos— Intentaba hacerte ver lo muy valioso que es tu aporte para mí y para mi trabajo, sí. También lo mucho que me gusta que seas mi compañero de piso.
—Entonces-
—Pero —le atajó el detective— yo jamás planee esto —dijo en tono tranquilo, sincero—. Mi intención era que te sintieras apreciado. El besuqueo y el sexo sólo fueron un excelente agregado.
Y John tuvo que reír ante eso, el pánico disminuyéndose considerablemente a cada segundo que pasaba. Todo estaba bien, Sherlock estaba bien, él estaba bien. Estaban bien.
—Está bien —dijo finalmente—. Todo está bien.
John se inclinó para besar a Sherlock y este le besó de vuelta de una manera tan natural que parecía que hubieran estado haciéndolo por años.
Volvieron a tener sexo esa mañana, esta vez de forma más calmada, explorándose mutuamente como siempre habían querido hacerlo pero nunca se habían atrevido, bebiendo de cada detalle, memorizando cada centímetro de piel.
El último día de diciembre se les hizo demasiado corto, entre salir de la habitación apenas lo suficiente para no morir de inanición y descubrirse el uno al otro de todas las maneras posibles. Y cuando doce campanadas anunciaron la llegada de un nuevo año ninguno de los dos habitantes del 221b de la calle Baker les prestó mucha atención, demasiado entretenidos en su tarea de adorarse hasta la saciedad, unidos por completo, en cuerpo, alma y corazón.
Fin~
Notas finales: Primero que nada, siento la tardanza. Segundo que nada, en verdad no la siento XD Cosas pasan, la vida cambia, la gente evoluciona, y como esta servidora es una fiel creyente de eso de que hay que vivir para poder escribir, pues me fui a vivir por un ratito para poder traerles el lindo final de nuestro fic navideño a pocas semanas de que sea pascua :v
Quiero agradecer por aquí a todas aquellas personitas que me acompañaron durante este viaje lleno de fluff y chucherías. Quisiera ponerme a nombrarlos como se debe, pero sé que probablemente olvidaré algún nombre así que prefiero generalizar, extender mis brazos de hobbit y abarcarlos a todos y cada uno en un caluroso abrazo online. Gracias infinitas a todos los que se tomaron el tiempo de comentar, pues los comentarios son el alimento y combustible de un ficker (en serio, de eso vivo, ñamñam~) y gracias también a los que no comentan pero dejan kudos y follows y todas esas cositas lindas. Y por supuesto un muy especial saludillo a todos aquellos que llegaron luego de que este pedacito de mi corazón estuvo completamente publicado. Besos sonoros para todos.
Honestamente espero que hayan disfrutado tanto leyendo este fic como yo disfruté escribiéndolo, sobre todo considerando que está es la primera vez que escribo +18 de mis niños consultores así que Yey, me! Un nuevo abrazo, y nos leemos en la siguiente historia.
Maye.
