El segundo capítulo de mi primer fic. Espero que les guste.

Obviamente los personajes no son míos, pero la historia si.

Gracias por leer :)

CAPÍTULO 2

¡ARGHHH!... –Gritó la hermosa castaña de ojos miel que se encontraba en la puerta de la escuela viendo la entrada de esa chica y pasado completamente desapercibida– ¡¿Cómo se atreve esa zanahoria a robarme mi entrada perfecta?!– dijo entre dientes haciendo una rabieta propia de una pequeña de seis en lugar de una de dieciséis.

Y no era para menos, Mimi se había pasado dos semanas enteras planeando su primer día de clases después de las vacaciones. Sería su entrada triunfal hacia la educación media superior, quería que todos le mostraran esa atención que tenía ahora la pelirroja. Ella sabía a la perfección que debía entrar a la escuela faltando tres minutos para el timbre y así ser la última en pasar por la puerta poniendo en práctica todo lo que había aprendido en la escuela de modelaje. Incluso le había pedido al chofer que diera la vuelta a la manzana tres veces porque era muy temprano aún, y cuando se dirigía a tiempo, ese estúpido taxi le bloqueaba la entrada por lo que tuvo que dar seis pasos extras, y había llegado seis pasos tarde de esa entrada triunfal que tanto veía en esas películas de adolescentes americanas.

Tragándose su enojo y prometiéndose que se iba a vengar de la zanahoria, camino apurada hacia el encuentro de su novio, ese ojiazul con cabellos de oro que era un sueño, el perfecto adonis, alto y fornido. Además era el exitoso vocalista de la banda del momento. ¿Qué más podía pedir Mimi en un novio? Era perfecto para ella, que también era perfecta. Sabía que Yamato era su boleto de popularidad instantánea en la preparatoria, así que en cuanto la vieran con él se olvidarían de la pelirroja esa.

Vio a su príncipe bajando las escaleras desesperadamente. – Awwww me ha visto y viene a mi encuentro– pensó. Así que corrió como en cámara lenta al encuentro de su amado, visualizando que cuando se acercara éste la tomaría en brazos dándole vueltas en el aíre para después posar un dulce beso en sus labios. Y esa era mejor entrada que la de la pelirroja.

Al ver que el rubio corría tras esa chica (que en menos de cinco minutos se había convertido en su mayor dolor de cabeza) vio cómo su fantasía se rompía en mil pedazos cual espejo golpeado por un martillo. Cuando Yamato tomó el brazo de la chica, a Mimi se le abrieron más los ojos por la impresión y el coraje. Caminó presurosa para dejarle claro que ese era su novio y no debía de acercarse a él.

Al llegar a su encuentro la chica se había marchado dejando a Yamato como un zombie, con el pensamiento totalmente fuera de este planeta. Mimi lo tomó del brazo y lo guío hasta su salón.


Sora salió de la dirección con un croquis de la escuela y su horario de clases en la mano. Camino por los ahora desiertos pasillos hasta llegar al baño. Se miró en el espejo acomodándose la diadema.

–Y el premio a mejor actriz protagonista – dijo bromeando al espejo– es para…. Sora Takenouchi, por su papel en "Creíste que me jodiste la vida pero en realidad me chupa un huevo"… bueno es un nombre largo ya pensaré en uno mejor – terminó sonriéndole a su reflejo para salir del baño e ir a clases.

Tocó la puerta del aula de clase, que a los pocos segundos abrió su profesor. Sora le tendió un papel con sus datos y éste le indicó que se presentara.

–Hola soy… – empezó.

–¡SORA! – gritó eufórico Taichi al mismo tiempo que se paraba de su banca. Al darse cuenta de que su reacción había sido un tanto extraña tomó asiento rascándose la cabeza mientras se le escapaban unas sonrisillas nerviosas y un ligero rubor cubriera sus mejillas. No puedo creerlo Sora está aquí y vamos en la misma clase– pensó con una inevitable sonrisa en sus labios.

–Continúe – ordenó el hombre cano.

–Soy Sora Takenouchi, me acabo de mudar de New York –continuó Sora mientras se escuchaba un OHHH! De sorpresa entre sus compañeros.

–Muy bien, tome asiento– Dijo el profesor.

Sora volteó a ver los lugares disponibles y se encontró con Taichi en una esquina haciéndole señas para que se sentara al lado de él. Sora lo pensó un rato, no era parte del plan socializar con sus examigos, pero Tai parecía tan emocionado con esa radiante sonrisa. Después de todo él no había tenido la culpa de nada, solo había sido un testigo de lo acontecido, o tal vez ni lo había notado, era muy distraído.

Lo había decidido a él si lo recordaría.

Devolviéndole la sonrisa al chico caminó hasta el lugar que le indicaba ante las miradas curiosas de sus compañeros que habían encontrado un buen chisme para la hora del almuerzo.

–Hola Sora, ¡Qué gusto volver a verte! – susurró.

–Hola– dijo la chica con una sincera sonrisa.

–Tenemos que planear qué hacer esta tarde, y las próximas tardes, y el fin de semana – continuó el chico aún con esa sonrisa en el rostro– tenemos que recuperar el tiempo perdido.

Sora asintió conmovida por lo que dijo su amigo. Su mejor amigo. Parecía como si no hubiera pasado nada, como si solo se hubiera ido un fin de semana. Tai no estaba enfadado, ni parecía que le fuera a reprochar algo.

–¡Yagami! – Bufó el profesor, haciendo que los amigos le prestaran atención.

La clase continuó con los dos amigos mirándose por momentos para dedicarse tiernas sonrisas. Tai incrédulo aun de tener de vuelta a su mejor amiga y Sora realmente feliz por poder contar con la amistad de su amigo.

El timbre sonó indicando el inicio del descanso. Sora guardó sus cosas y se puso de pie siendo sorprendida por la enorme mano del moreno que agarraba firmemente su cintura para acercarla a su cuerpo, la rodeo con ambos brazos en un asfixiante pero cariñoso abrazo.

–Te he echado de menos, – Susurró en el oído de su amiga– me da mucho gusto que estés de regreso. Te quiero mucho.

–Yo también te quiero mucho Tai– contestó Sora con lágrimas en los ojos, conmovida por el cariño incondicional de su amigo al tiempo que se dejaba envolver más en ese afectuoso abrazo y lo respondía con todas sus fuerzas.

La pareja caminaba por los nuevamente abarrotados pasillos del colegio. Tai le hablaba a Sora sobre los nuevos lugares que tenía que conocer, entre ellos una nueva cancha se soccer que aseguraba le encantaría a la chica, le hablaba de los clubs de la escuela, de los profesores, de las materias. Sora lo veía confundida realmente parecía que no había pasado nada, como si esos tres años fuera de Odaiba hubieran puesto en pausa su relación y con su regreso volvían a estar en play.

–¿No me vas a reclamar nada? – Se atrevió por fin a preguntar la pelirroja.

–¿De qué? –dijo Taichi sorprendido.

–Pues ya sabes, por no contestarte las llamadas ni los mails, por romper nuestra promesa – Dijo mientras bajaba la mirada al piso.

El chico se plantó frente a su amiga tomándola de los hombros haciendo que sus ojos chocolate se toparan con los rubíes de Sora.

–Sora, no tengo nada que reprocharte, sé que algo muy fuerte debió haber pasado para que te alejaras de mi así y espero me tengas la suficiente confianza para contármelo algún día. Solo quiero recuperar el tiempo perdido.

Esta vez fue la muchacha quien se colgó del cuello de su amigo para darle un tierno abrazo. Sabía que Taichi no la lastimaría, se sentía protegida en sus brazos. Para los demás esa escena era el encuentro de dos enamorados que no podían dejar de demostrarse su cariño. La pareja soltó su abrazo con una sonrisa en sus rostros para continuar caminando rumbo a la cafetería, cuando se escuchó un murmullo general y todos en el patio voltearon hacia la misma dirección.

Sora sintió como sus rodillas se le doblaban y un ligero mareo la hizo perder el equilibrio al ver a Yamato con una chica castaña colgada de sus brazos. La atractiva pareja paseaba dándose tiernos besos ante la sorpresa de sus espectadores que nunca habían visto al músico dando muestras de cariño en público. Algunas chicas se giraban dramáticamente para no presenciar esa escena que les rompía el corazón, otras más maldecían para sus adentros mientras sus mirandas cuan víboras observaban a detalle a la novia de Yamato buscándole alguna imperfección, aunque por más que trataban no había ninguna que saltara a la vista.

Por su parte la pelirroja sabía que se tenía que enfrentar su prueba de fuego, si podía soportar eso, el resto del plan saldría a la perfección. Se aferró fuerte al brazo de Tai y parpadeó varias veces rápidamente para evitar que sus humedecidos soltaran alguna lágrima, cubrió su corazón en esa coraza de hierro mientras veía como la melosa pareja se acercaba.

–¡Taiiiiiii! – gritó Mimi con su voz chillona haciendo que los pocos que no se habían percatado de su presencia lo hicieran.

–Hola Mimi– contestó el moreno.

–Me encanta esta escuela sobre todo porque puedo estar entre clases con Matty– dijo mientras posaba su posesiva mano sobre el pecho del muchacho.

Yamato solo veía fijamente a Sora que parecía estar divertida observando atenta y con su brazo entrelazado al de Tai. ¿Qué a él si lo recordaba?

–Ah Yamato, parece que tenías razón, Sora ha regresado– dijo el moreno al notar la vista del rubio sobre la chica que tenía colgada del brazo.

–¡Hola! – dijo con una amable sonrisa.

–¿Me haz recordado? – contestó Yamato con extrema seriedad, causando que los presentes borraran la sonrisa de sus rostros y le miraran extrañados.

–Taichi me estuvo hablando de ti, estas un poco cambiado. Eres el chico de la armónica ¿no?

Un nudo en la garganta se le formó al rubio ante esas palabras. En realidad lo recordaba solo porque Tai le habló de él y además le llamaba "El chico de la armónica" eso era más que un insulto. Él que todos estos años la había soñado a diario, que buscaba alguna manera de comunicarse con ella, que deseaba verla a toda costa, tenerla con él.

–Qué bueno que me recuerdes– contestó con sarcasmo.

–¿Quién es ella? – preguntó Mimi, que no soportaba el ser ignorada.

–Es Sora, nuestra Sora está de regreso – dijo Taichi abrazándola con un brazo y depositando un efusivo beso en la sien de la pelirroja.

Por supuesto que ese gesto no fue del agrado de Yamato.

–Será tu Sora– afirmó retirándose del lugar dejando a todos perplejos.

–Qué gusto que estés de vuelta– dijo hipócritamente la castaña para después salir tras su novio.

Sora soltó un suspiro de alivio, lo había logrado, sabía que era un triunfo más para su plan, pero no se sintió tan bien como lo había pensado.


En la cafetería Mimi y Yamato seguían con su show de enamorados cursis. Por lo que Sora le pidió a Tai que almorzaran en una de las bancas del patio.

–Hay un equipo de futbol femenil muy bueno… ha ganado varias copas… claro que no tanto como las del equipo masculino… pero contigo en el equipo seguro que ganan más– contó el moreno mientras comía terminando con una sonrisa.

–Tai no creo que el futbol sea lo mío ahora – contestó Sora.

–¿Por qué? – preguntó Tai aun con la sorpresa reflejada en el rostro.

–Bueno en el colegio donde estudiaba en New York no había equipo de soccer, así que me decidí por el tenis y ¿sabes? Me parece que es mi deporte favorito. – respondió la pelirroja.

–¡Oh vamos!, ¿En serio crees que puede haber un deporte más emocionante que el futbol? Es decir, es un deporte de estrategia, es apasionante, se tiene que trabajar en equipo para lograr marcar… –Empezó el moreno.

–Claro que si Tai, pero el tenis tiene lo suyo, te exige toda tu concentración y necesitas una excelente condición física…–interrumpió la pelirroja.

–¡Buf! Solo es un deporte para andar en falditas blancas y golpear una pelotita, un juego de niñas– Expresó restándole importancia a lo que decía su amiga.

–¿Y qué crees que soy yo? – contestó molesta Sora entornando los ojos.

Ante la pregunta Tai observó detenidamente a Sora (aunque no le había podido quitar la vista de encima en toda la mañana por lo incrédulo que se encontraba al tenerla de vuelta) no había notado la belleza que ahora poseía su amiga. Tal vez era su cabello que ahora llevaba largo, siempre le había gustado su color y en diversas ocasiones le había pedido que dejara de usar gorros para poder contemplarlo, lo que había sido motivo de varias peleas. Ahora lo tenía despejado, largo y brillaba hermoso bajo el sol mientras el viento lo despeinaba.

– ¿Qué vez? – inquirió Sora menos molesta y un poco incómoda por la mirada atenta de su amigo sobre ella.

Tai no contestó, se limitó a seguir admirando la belleza de ese pelo de fuego. Estaba embelesado, su pelo parecía ser muy suave, ante ese pensamiento no pudo evitar llevar una mano hasta la bella cabellera de Sora. Tomó entre sus dedos un mechón deslizándolos por todo lo largo, parando en las puntas para llevárselo a su nariz y poder apreciar su aroma mientras cerraba los ojos para disfrutar de ese olor a coco y orquídeas.

Ante ese acto, que a Sora le pareció extremadamente íntimo, la pelirroja quedo hecha un tomate. El carmín de su rostro combinaba con sus ojos y pelo.

–¿Qué pasa? – preguntó confusa olvidando el motivo de su enojo.

Pero el moreno siguió sin contestar. Bajó la vista hacia el busto de Sora que estaba muy desarrollado, sin duda antes de partir a New York la pelirroja no tenía esos atributos. Decidió apartar la vista del cuerpo de Sora notando que cierto "amigo" se empezaba a emocionar. Se acercó más a su amiga posando una mano sobre la mejilla colorada de la chica. Tenía un rostro precioso, ese mismo rostro de cuando niña solo que un poco más afilado, sus ojos carmín iluminaban como soles y esos labios rosas que ahora eran presos de los dientes de la chica que los mordía nerviosa. Lucía adorable, bella. Aunque no la podía clasificar en la categoría de niñas, Sora era toda una mujer.

–Eres hermosa– contestó por fin el chico.

Como si fuera posible Sora se puso más roja aún y apartó su vista de la acosadora mirada de su compañero.

–Practicaré tenis– dijo nerviosa para cambiar de tema.

–Ya quiero verte en la prueba – señaló Tai.

–¿La prueba? ¿Qué prueba? – preguntó Sora.

–La prueba de las novatas – continuó Tai–, todos los años montones de chicas de nuevo ingreso que quieren entrar al club de tenis tienen que enfrentarse entre sí.

–¿Y eso? ¿Por qué no dejan que todas las que quieren practicar el deporte entren al club? – dijo Sora indignada, le parecía injusto que no dejaran que las chicas pertenecieran al club.

–Sí que estás cambiada Sora, hasta una pequeña competición con novatas te da miedo, ¿Dónde quedo ese espíritu competitivo? – dijo el moreno tratando de provocar a su amiga.

–Por supuesto que no le tengo miedo a nadie, verás cómo les pateo el trasero a todas esas niñatas– dijo molesta.

–Eso quiero verlo– contestó entre risas aumentando el enojo de su amiga.

El timbre sonó y se dispusieron a ir a clases.


El resto del día continuó sin ningún percance, Sora evitando encontrarse con la cursi parejita, Tai emocionado con su amiga, Yamato con una amargura que no le cabía en el cuerpo y Mimi convencida que al pasearse por ahí del brazo del chico más popular de la escuela la había convertido en la chica más popular borrando la entrada de Sora.

La castaña meditaba sobre su día mientras se dirigía al club de tenis, a ella en realidad le iba más el de porristas, pero según sus más acertadas fuentes, el club de tenis era el considerado más sexy por los chicos del instituto debido a los gritos y gemiditos que soltaban esas chicas en minifalda. Mientras caminaba recordó el comportamiento de su novio le parecía increíble que se mostrara dispuesto a dar ese tipo de espectáculo frente a sus compañeros, él siempre era frío, hasta en la intimidad. Es más a la ojimiel le costaba que el rubio le tomara la mano frente a los paparazzi a pesar de ser pareja formal desde hace dos años.

Como me gustaría que ahora mismo llegara una parvada de paparazzi para bañarnos con sus flashes mientras nos besamos– pensó la chica soltando un suspiro pesado.

Llegó hasta los vestidores, todos los lockers estaban abiertos y tenían un banco pequeño enfrente donde descansaban los inmaculados uniformes de tenis que las novatas habían encargado con anterioridad. Buscó su casillero tomando su uniforme, checó que la talla fuera la adecuada y se dispuso a ir a los vestidores, al girarse se dio cuenta de que el uniforme del locker vecino era el de Sora, gracias a la placa que decía el nombre de su dueña.

Pff lo que me faltaba, esa zorra en el club de tenis– sonrió para sí misma ante la macabra idea que cruzaba su mente. Volteó a ver el uniforme de su vecina del lado contrario y notó que era una talla menor que la de ella, después volvió al uniforme de Sora que era una talla más grande que la de Mimi. La castaña cambio presurosa las prendas arrancando las etiquetas que mostraban la talla. Brincó dando palmaditas al ver que su travesura estaba hecha. Salió rápidamente para cambiarse de ropa, sonriendo al imaginar a Sora acongojada por no poder entrar al club más sexy (según los chicos) debido a que era una gorda que no cabía en su uniforme.

Sora corría desesperada, se le había hecho tarde para el entrenamiento de tenis, todo por la culpa de Tai y ese tartamudo de Joe, no recordaba que el peliazul tuviera tanto problema para pronunciar cualquier palabra. Llegó a los casilleros del club muy agitada, encontró rápido su casillero pues era el único que aún tenía el uniforme al frente. Viendo que no tenía tiempo para dirigirse a los vestidores, se cambió enfrente de su casillero, sintió un poco ajustadas las prendas, pero no tenía tiempo para entretenerse. Rápidamente se recogió el pelo en una coleta alta, cambio su calzado y salió disparada hacia las canchas de tenis. Le costaba caminar con esa falda tan ajustada que le impedía abrir bien las piernas, pero llego a tiempo al lugar.

El club de tenis estaba compuesto por dos canchas, una de entrenamiento y otra para los encuentros de los torneos, esta última tenía gradas en un costado y estaba rodeada por una cerca de metal. Mimi veía fascinada como las gradas estaban llenas de chicos y algunas muchachas curiosas. Pudo ver a Yamato acompañado de Tai y Joe quienes esperaban ansiosos. Al ver que el entrenador se acercaba sonrío victoriosa pues Sora no había llegado su plan había salido a la perfección. De repente unos gritos y chiflidos la sacaron de sus pensamientos.

Sora entraba a las canchas con paso firme haciendo que su pelo y sus ajustados atributos saltaran con ritmo, cosa que no pasó desapercibida por los jóvenes presentes en las gradas que empezaron a gritar piropos, mandar besos sonoros y chiflarle a la pelirroja que parecía una pornstar con ese uniforme blanco embarrado a su curvilíneo cuerpo. Sora saludó a sus amigos en las gradas que la veían con la boca abierta, había notado como Joe hasta empezaba a babear.

El entrenador, un joven alto de piel blanca y pelo negro que no pasaba de los veinticinco años, observó a la pelirroja que causaba todo ese alboroto. Sabía que todos los años llegaba una chiquilla con la intensión de llamar la atención de los chicos luciendo el uniforme más entallado de lo que era y montando escenitas como aquella.

Sora llegó y tomó lugar en la hilera de muchachas candidatas a ser parte del club de tenis. El entrenador lanzó una mirada furiosa a los chicos sobre las gradas, haciendo que éstos callaran al instante.

–Veo que este año tenemos muchas candidatas– dijo el imponente joven dirigiéndose a las chicas– siempre es así, el primer día está lleno de pseudo-aficionadas al deporte que solo viene a buscar eso–afirmó señalando a los muchachos embobados que observaban a las chicas –Pero solo algunas, solo las mejores logran quedarse en el club– ¡Tu rojita! – dijó dirigiéndose a Sora, lo cual fue de total desagrado de la chica– como fuiste la última en llegar y además causaste un alboroto serás la primera en irte– Sora abrió los ojos ante la afirmación realmente enfadada se dirigió hacia el centro de la cancha tomando una raqueta y la pelota.

–Bien, ¿Quién será la más apta para vencerla? Aunque no parece muy difícil.

Este nuevo comentario aumentó la furia de la pelirroja que lo único que quería era vencer a la que le pusieran enfrente para callarle la boca al entrenador.

–Tu – dijo el entrenador topándose con una chica que tenía un uniforme más holgado que lo habitual.

El encuentro inició con los primeros puntos a favor de Sora, por lo que todos los jóvenes presentes aumentaban sus gritos. Sin embargo la oponente de la pelirroja era dura, lanzó una bola inalcanzable que empató el resultado. Al siguiente lance se encontraron las dos jóvenes con un vaivén de la pelota, ninguna de las dos cedía era punto para set, el punto definitivo. Sora se veía parcialmente inmovilizada por la ajustada falda, así que sin importarle el público presente y cegada por su competitividad, se levantó la falda en un rápido movimiento dejando sus torneados y bronceados muslos al descubierto, robándole así el aliento a los presentes.

Yamato ignoraba la escena con enojo, no le gustaba que Sora fuera el centro de todos esos chiflidos y piropos. Por su parte él no quería ni verla, le había impactado bastante ese uniforme blanco que sabía bien se apoderaría de sus sueños más perversos. Al escuchar un ahogo general de la tribuna no pudo evitar voltear a ver el partido de tenis, Sora tenía la mini falda recorrida hasta donde terminaban sus muslos y comenzaba la curva de sus nalgas. Sin duda era una escena muy estimulante, corría de un lado a otro sudando a chorros y lanzando gemidos que hacían eco en sus pantalones. Como adolescente que era las hormonas lo dominaban al observar a la pelirroja en esas condiciones: húmeda, cansada, jadeante. Se paró de su asiento hasta llegar a la malla de alambre que separaba las gradas con las canchas, ahora que la veía de cerca notó lo sonrojadas que estaban sus mejillas. Se quedó mirándola con deseo y admiración.

La acción del rubio desconcentro a la pelirroja que tropezó y estuvo a punto de caer, pero alcanzó a rescatar la pelota. ¿Qué pretende Yamato viniendo hasta acá?... ¿Intimidarme?... pues no le voy a dar el gusto. – pensó Sora anteponiéndose a la situación, tenía que ganar el juego.

–¡Vamos Sora! – la apoyó el rubio al ver que su amiga estaba trastabillando.

Sora se sorprendió por escuchar esa voz que le empezaba a dar ánimos. De cierta forma hizo que se sintiera con más fuerzas para terminar el encuentro que se había alargado a 30 minutos de intenso esfuerzo físico. Golpeó la pelota con fuerza, su contrincante corrió para alcanzar la bola, pero terminó tropezando dándole la victoria a la pelirroja. Al verse ganadora una radiante sonrisa de satisfacción cubrió su rostro.

Yamato sonrío y se fue lejos, tenía suficiente material para atormentarse durante varias noches.

–Bien, Takenouchi dentro. Tanaka fuera– dijo el entrenador mientras Sora saludaba a la chica que acababa de vencer.

Sora bajó su falda y fue a descansar a las bancas. Seguía consternada por las palabras de aliento de Yamato pero sobre todo de cómo ese gesto la había hecho ganar, ¿Qué ese chico siempre sabía lo que necesitaba Sora?

Los enfrentamientos continuaron, aunque ninguno tan intenso como el primero. Al final solo quedaron 6 chicas, aunque solo había lugar para cinco. El entrenador preparó un último encuentro entre las dos chicas creía menos aptas, Sora y Mimi. A pesar de la gran actuación de la pelirroja el haber llegado tarde y causado tanto revuelo le había costado la confianza del entrenador. La victoria de Mimi había sido totalmente circunstancial, la chica a la que se enfrentó se convirtió en un manojo de nervios al sentir las miradas de los chicos en las gradas, esa era la función del público durante ese mini-torneo, descubrir quién podía concentrarse y soportar la presión.

El enfrentamiento final había comenzado, después de hora y media de entrenamiento pero a pesar del tiempo que llevaba de comenzado la eliminatoria nadie se movía de sus lugares tenían que saber el desenlace del encuentro.

En cuanto Sora y Mimi pisaron la cancha en las gradas se escuchaban los gritos de apoyo. Era el duelo más sexy pues se enfrentaban las dos novatas favoritas del público. Por un lado Mimi, con su piel de porcelana, su rostro de muñeca enmarcado por una hermosa y larga cabellera castaña, tan delicada como princesa poseedora de un delgado y alargado cuerpo. Por otro Sora con piel ligeramente tostada por el sol, su pelo rojizo como fuego combinando con el carmín de sus ojos y su cuerpo con más curvas. Ahora todos los espectadores estaban sobre la malla para no perder detalle.

Mimi hizo el saque soltando un sonoro y agudo gemido totalmente fingido. Sora respondió al ataque rápidamente llevándose el primer punto. Era el turno de sacar de Sora que estaba cansada y quería acabar pronto, por lo que golpeo la pelota con todas sus fuerzas, la pelota viajó como rayo hasta estrellarse justo en la nariz de la castaña que no había tenido tiempo ni de reaccionar por la velocidad a la que se acercó.

La castaña cayó ante la mirada de preocupación de sus amigos y la burla de los demás chicos de las gradas que coreaban el nombre de la ganadora. A pesar de la ruda acción que no era parte del comportamiento "normal" de la ganadora, esa victoria le supo a gloria y no sintió ni un ápice de arrepentimiento, sabía que estaba mal, pero el dolor físico que le había provocado a su compañera no era nada comparado con dolor emocional que Mimi le hacía sentir.

–Takenouchi, dentro, muy a mi pesar, pero eres buena– dijo el entrenador con una sonrisa que alertó a la pelirroja.

–Gracias, supongo – respondió Sora.

La chica de cabellos de fuego disfrutó de esa satisfacción que le daba el haber vencido a Mimi de una manera tan contundente y algo humillante para su contrincante que aún se encontraba en el suelo, más por la vergüenza que por el dolor, y era atendida por Joe y Yamato. El rubio miró como Sora era cargada en hombros por Tai para festejar la victoria y se convenció que esa chica no podía ser la dulce pelirroja de la que se enamoró. Esta Sora era fría, superficial y podía llegar a ser muy cruel.


Yamato se dirigía a su casa después del día tan pesado que había tenido. Había llevado a Mimi a la enfermería para que le atendieran el golpe de la nariz que no paso de una leve hemorragia, aunque para lo que necesitaría más tiempo de recuperación era para la humillación que sufrió. Joe se había ofrecido para llevarla a casa así Matt se quedó más tranquilo para ir a descansar a su departamento, no quería pasar tiempo a solas con Mimi, no después de haberse comportado como una dulce pareja de enamorados. Ni siquiera sabía porque había actuado de esa manera, pensó que así Sora se mostraría interesada en él, pero no solo los había ignorado sino que parecía feliz de verlos juntos. Tal vez había fantaseado demasiado con Sora, con la relación que deseaba tener con ella. Era cierto que él nunca la hubiese visto como más que una amiga, pero al descubrir los supuestos sentimientos que la pelirroja tenía por él, le había hecho ver las cosas de otra manera, esa chica era la única que lo conocía a la perfección, que sabía lo que necesitaba, la única que podía interpretar su mirada, además era muy linda y él realmente la quería.

Ahora es demasiado tarde, tuve mi oportunidad y la cagué, tanto tiempo que la tuve como amiga sin ser capaz de darme cuenta de todo este amor que sentía por ella – pensó mientras se dirigía a su casa.

Una cuadra después de la escuela se encontró con la pelirroja, llevaba el uniforme del colegio y volteaba de un lado a otro buscando algo o a alguien. ¿Dónde quedo Tai? Al fin la soltó del brazo – pensó Matt mientras seguía observando a la chica.

Sora llevaba casi media hora esperando por un Taxi, jamás pensó que en Odaiba tardaran tanto en pasar esos transportes, ya se había acostumbrado al rápido ritmo neoyorquino en donde un Taxi tardaba a lo mucho diez minutos. Al observar el cielo nublado que amenazaba con caer, decidió ir caminando a casa. Tai se lo había ofrecido media hora antes, pero ella le aseguró que un taxi pasaría pronto y así llegaría más temprano a casa, además no quería quitarle más tiempo a su amigo que tenía tarea extra de Historia por pasarse la clase platicando con Sora, ya le había parecido injusto que solo él recibiera el castigo, pero Tai se echó toda la culpa, así que lo mínimo que podía hacer era no entretenerlo más.

Caminar no era tan malo, de hecho le gustaba es solo que se le había quedado esa mala costumbre de viajar a todos lados en Taxi. Pasaba por un hermoso parque que la hizo recordar sus años de niña, jugando al futbol, peleando con Taichi, corriendo a más no poder, la vida era simple cuando era solo una niña llena de barro que no ocultaba nada, que amaba sin condiciones ni reservas. Solía ser feliz, por lo menos tuvo una buena infancia.

El sonido de una pelota botando la sacó de sus recuerdos, vio como el juguete se dirigía hacia la carretera seguida por un pequeño de no más de tres años. La pelota rodó hasta mitad de la calle por la que ahora pasaba un Taxi a gran velocidad. Sora tiró sus cosas al suelo corriendo lo más rápido que pudo para interceptar al pequeño que iba tras su bola. La pelirroja alcanzó a tomar al niño entre sus brazos antes de que tuviera un desenlace fatal como la pelota que ahora era solo un pedazo de plástico aplastado. Abrazó al pequeño que lloraba por su pelota, se buscó en sus bolsillos y encontró una paleta, al verla el niño dejo de llorar y sonrió hacia esa linda extraña que lo había puesto salvo.

– ¡Mi bebé! – gritó una joven señora que se acercó a Sora para tomar a su retoño en sus brazos – Muchas gracias, fue solo un segundo, no sé qué hubiera pasado si no…

–Descuide – interrumpió dulcemente la pelirroja –, ahora está a salvo. Es un bebé muy hermoso.

–Muchas gracias, gracias de verdad –dijo la madre y se despidió de Sora junto con el pequeño que hacía una seña de adiós con sus manitas, gesto que enterneció a la pelirroja. Que después de despedirse se dirigió a su casa, sin saber que un espía la cuidaba muy de cerca.