Bueno en este capítulo las cosas se ponen un poco hot (no olvidemos que los protagonistas son dos adolescentes con sus hormonas y todo eso).
Muchas gracias por sus reviews, que bueno que les agrade la historia, me animan a seguir escribiendo.
Y bueno contestando a Rafa Takenouchi, si esa imagen es de mi ídolo Audrey Herpburn en Breakfast at Tiffany's, amo esa pelí :3
Sin más las dejo con este tercer Capítulo.
Obviamente los personajes no son míos, pero la historia si.
Gracias por leer :)
ADVERTENCIA: Contiene escenas explícitas de actos sexuales.
CAPÍTULO 3
Yamato seguía pensativo en la cama, hacía más de tres horas que se había ido a dormir pero no podía conciliar el sueño. Fue un día pesado, lleno de emociones contradictorias. Le dolía que su reencuentro con Sora no saliera como tanto había soñado. Se sentía impotente, una parte de él le decía que seguía siendo esa chica dulce, que se preocupaba por los demás, esa buena amiga que le había brindado apoyo y comprensión cuando más lo necesitó. Quizás seguía siendo la misma, solo que el tiempo y la distancia habían hecho que el amor que sentía por él se disipara, mientras que en el rubio solo los había potencializado. Y el que ella no sintiera lo mismo por él no significaba que fuera mala, fría y despiadada. Aunque la manera en que actuó en la eliminatoria de tenis le había mostrado a Yamato una fase de Sora que no sabía que poseía. Después la vio salvar a ese pequeño, fue una acción que dejó en evidencia el gran corazón de Sora, corazón del cual el rubio ya no era dueño, o eso él pensaba. Entre tantas reflexiones el ojiazul quedo plácidamente dormido.
…
Era muy temprano para estar en la escuela, pero en casa no tenía nada más que hacer. Se sentó bajo un árbol a tocar su armónica. Dejó que la paz que le causaba el instrumento lo invadiera, necesitaba fuerzas para enfrentar un nuevo día después de lo acontecido el día anterior. Recargó su cabeza sobre el tronco del árbol y cerró los ojos para relajarse un rato.
El rechinido de la puerta de la cancha de frontenis lo trajo de vuelta a la realidad, preso por la curiosidad y la esperanza caminó hasta la cancha para descubrir que era la pelirroja quien acababa de entrar para practicar un rato. Sabia de lo competitiva que era, pero le sorprendía que a solo un día de ser aceptada en el club estuviera practicando tan temprano. Se acercó hasta la malla totalmente hechizado por la belleza de la tenista. Le encantaba ver la garra que tenía, lo mucho que se esforzaba para cumplir sus objetivos, ese entusiasmo que alguna vez le había contagiado a Yamato para que formara esa banda de rock que ahora era tan famosa.
La pelota había salido de la cancha, lo que hizo que Sora descubriera a su admirador. El rubio se sobresaltó al verse descubierto, pero se tranquilizó cuando la chica le sonrió dulcemente provocando en él una agradable ola de calor que le recorrió el cuerpo. Era la primera sonrisa auténtica que le había dedicado desde que regresó.
–Hola–Dijo la chica mientras salía de la cancha– ¿Qué haces tan temprano aquí?
–Emm… solo quería relajarme aquí antes de clase.
–¿Y te relaja observarme mientras practico? – Preguntó divertida la pelirroja.
–Si… e-es decir, no, bue-bueno yo… – titubeó el rubio causando que Sora soltara una risita discreta.
–Me gusta practicar en las mañanas, es cuando mi cuerpo tiene mejor condición– expresó la chica con media sonrisa en el rostro.
Esa afirmación de sora, aunada a las risas que le dedicaba le parecieron extremadamente sugerentes a Yamato.
–Tu cuerpo siempre está en excelentes condiciones– acertó el rubio. Sora la miró sorprendida pero con la sonrisa aún en su boca.
–Bueno, lo mismo puedo decir del tuyo– Dijo la pelirroja posando una mano sobre el fornido pecho de Yamato y acercándose un poco más al rubio.
Ante esas palabras y esa acción la excitación de Yamato se encendió en un segundo. La tenía tan cerca de él y su mano quemaba sobre su pecho, podía percibir el calor de su menudo cuerpo a solo centímetros del suyo. La vio a los ojos y se fundió en ese fuego que emanaban, que hechizaba. Luego la chica mordió su labio inferior. Definitivamente le deseaba, tanto como él a ella.
El chico poso sus enormes manos en la menuda cintura de Sora atrayéndola más hacía su cuerpo. Se embriagó en su aroma, en su calor. Pudo notar el sonrojo en las mejillas de la pelirroja e inevitablemente la acarició, para después adueñarse de sus labios en un rápido beso.
–Yo también te amo– le susurró el rubio al oído. Por fin después de tres años podía devolverle el "Te amo" sintiendo como un gran peso se desprendía de su cuerpo.
Sora lo tomó del cuello y se puso de puntitas para alcanzar sus labios. Los dos enamorados se fundieron en un tierno beso que poco a poco se hizo más apasionado. Tuvieron que parar para tomar aire.
La pelirroja se recargó sobre la malla de metal y Yamato poso sus manos sobre la misma a los lados de la cabeza de la chica, dejándola aprisionada, sin escapatoria. Los dos respiraron agitadamente mientras trataban que se disipara el mareo que les había provocado las emociones tan fuertes. El rubio se agachó para volver a besar a Sora aferrándose fuerte a los alambres. Su beso era cada vez más apasionado, tanto que los pantalones le empezaban a quedar chicos. En un rápido movimiento tomó a la chica de la cintura levantándola del suelo, Sora rodeo las caderas de Matt con sus piernas y se abrazó a su cuello sin separar sus labios ni un segundo. Su contacto se volvió cada vez más húmedo aumentando el calor en sus cuerpos. Sora empezó a mordisquear la oreja del rubio, que perdió la poca razón que le quedaba, la necesitaba aún más cerca, necesitaba estar dentro de ella. Subió la falda blanca e hizo a un lado la ropa interior de la chica. Se desabrochó rápidamente el pantalón y bajó sus boxers dejando al descubierto su miembro. Se abrió camino entre las piernas de la pelirroja que se aferraba a la malla metálica. De repente sintió un líquido helado que le mojó la cabeza y el pecho.
–¡YAMATOOOOOO! El despertador lleva media hora sonando. ¡Levántate de una buena vez! –gritó desesperado el padre del rubio.
El hecho de darse cuenta de que todo fue un sueño lo dejó más frío que la cubeta de agua que le lanzó su padre. Había sido tan real, había estado a punto de consumar su amor por Sora, le había contestado por fin a su confesión. Pero todo fue un sueño. Sin más se levantó para darse una ducha y continuar con sus actividades cotidianas.
Sora entró a la escuela un poco más temprano que el día anterior, pero eso no evitó que las miradas la siguieran. Decidió ignorar a los curiosos y dirigirse rápidamente a su salón de clase. Tai estaba sentado en la última banca de la última fila terminando el trabajo de historia. La pelirroja tomó lugar delante de él.
–¡Buen día! – exclamó la ojos carmín con una sonrisa en el rostro.
–¡Hola Sora! – contestó el chico al saludo, notando lo hermosa que lucía su amiga con el pelo recogido y adornado con un moño rojo– ves por qué insistía tanto en que dejaras de usar gorros– dijo mientras acomodaba un mechón de su cabello detrás de la oreja de Sora– tu pelo es muy bonito.
La chica bajó la mirada avergonzada – Tai, ¿Quieres dejar de hacer esos comentarios por favor?
–Lo siento, no sabía que te molestaran– Contestó el moreno con una sonrisa.
–Ok. ¿Puedo ayudarte con algo? –dijo Sora al notar que su amigo aún no terminaba sus deberes.
–Casi acabo– respondió Tai mientras volvía al trabajo– pero si quieres puedes pasarme la tarea de matemáticas, no tuve tiempo de terminarla.
–Descuida, dame tu cuaderno, la hago por ti.
Mimi sabía que no podría hacer su entrada del sueño con ese parche en la nariz, así que bajo rápidamente del coche ocultando su rostro entre su pelo. Para su desgracia esa mañana estaba recibiendo esa atención que tanto había querido el día anterior y es que toda la escuela sabía ahora lo sucedido durante la eliminatoria de novatas. Podía ver las miradas curiosas y burlonas sobre ella. Definitivamente la Takenouchi estaba convirtiendo su vida en una pesadilla, como si no fuera suficiente con lo que le había hecho durante la infancia. Odiaba como todos la preferían a ella, todos hacían lo que la pelirroja decía y por supuesto los chicos no dejaban de seguirla y ella tenía que conformarse con platicar con Izzy que solo la ignoraba sentado delante de su computadora.
Estaba cansada de esa chica, aunque sabía que tenía algo que ella nunca podría tener, tenía a Yamato como novio. Esa era su mayor satisfacción, le había robado al chico de sus sueños.
La castaña se sentó junto al pelirrojo que como siempre estaba ensimismado en su ordenador portátil.
–¿Qué sucede? – preguntó Koushiro.
–¿No me digas que no te has enterado? –Contestó Mimi con hastío.
–Lo del golpe en la nariz si, una tal Misao ha puesto al tanto a toda la escuela– dijo el pelirrojo sin despegar la vista de la pantalla– Pero no me refiero a eso, te ves irritable.
–¿Cómo no iba a estar enfadada con esa pelos de zanahoria? ¡Pufff! Solo ha regresado a joderme la existencia. – Contestó con furia la castaña.
–Tal vez solo fue un accidente.
–Clarooooo, ponte de su lado, como siempre todos le dan la razón, ¿Por qué tenía que venir la bola directo a mi hermosa cara?, de seguro fue un ataque de celos, siempre me ha tenido envidia pero lo que no puede soportar es que yo tenga el amor de Yamato– concluyó encolerizada.
–Bueno, entonces tiene muy buena puntería. – Atinó a decir Izzy, con muy poco tacto.
–¡ASH! – exclamó Mimi cubriéndose el rostro con el libro.
La mañana continuó sin percances. Yamato observaba con celos como Tai se pasaba todo el tiempo con Sora, le llevaba los libros, no dejaba de sonreírle y le lanzaba cumplidos a la menor provocación. Maldito destino no está de mi lado, ¿Por qué tenían que estar en el mismo grupo?- Pensó el rubio golpeando la banca.
Tai tenía todo el camino libre para llegar hasta el corazón de Sora, pero él no se lo iba a dejar fácil, aunque no sabía si realmente valía la pena luchar por ella, estaba muy cambiada, por lo menos hacia él. Con el rubio se volvía fría, lo miraba con altiveza, podía notar que no era sincera. ¿Era eso lo que quería Yamato?, ¿Una relación con una dama de hierro que no mostraba sus sentimientos? Ya tenía suficiente con sí mismo.
La campana sonó para iniciar el descanso, Matt tomó sus cosas y se dirigió a la mesa de la cafetería donde siempre almorzaba con sus amigos. En el camino se topó con Mimi que inmediatamente se colgó de su brazo.
–No te vi en la mañana cariño– Dijo la castaña con voz melosa y lo suficientemente alto para que los que los rodeaban escucharan.
–Se me hizo tarde– Contesto seco Yamato– ¿Cómo sigue tu golpe?
–No es nada, pero estaría mejor si me dieras una sesión de besos como la de ayer– respondió Mimi con un ligero gemido.
–No es momento– Concluyó Matt, dejando perpleja a su novia.
Llegaron a su mesa donde ya los esperaba Koushiro. Tomaron asiento aunque esta vez más separados, Mimi sabía que debía alejarse a tiempo cuando su novio no estaba de humor.
–¡Hola chicos! – Saludó Taichi con los brazos en la nuca y su brillante sonrisa. Venía acompañado de Sora, que desde que había llegado no se despegaba del moreno.
–Hola…–Contestaron los de la mesa un poco apáticos, por diferentes razones. Detalle que no se le escapó a la pelirroja, quien bien sabía que era por su presencia. Al ver a Mimi con ese parche en la nariz había sentido un poco de culpa, que se disipó cuando la castaña posó una mano en la rodilla de su novio. Sora desvió la vista para toparse con el pelirrojo, estaba muy cambiado desde la última vez que lo vio. Parecía un poco más alto que ella pero aún tenía esa cara de niño
–¿Koushiro? – preguntó Sora, haciendo que el chico la volteara a ver.
–¡Sora! – Contestó el pelirrojo poniéndose de pie– No sabía que estabas de vuelta– dijo saludándole de mano.
Sora le dedicó una sonrisa y lo observó detenidamente efectivamente era más alto que ella. Aún recordaba a ese pequeño niño que parecía tan frágil pero en realidad era muy independiente, le parecía el mismo solo que un poco más alto. Sin poder evitarlo le dio un cariñoso abrazo que sonrojó al chico al instante. Normalmente él no aceptaba ese tipo de cercanía pero ese abrazó lo hacía sentir bien.
Ante el gesto de la pelirroja la pareja de novios soltó un bufido. Mimi porque veía como ahora era Izzy el que caía ante la ojos carmín y Yamato de frustración al ver que todos podían recibir sus abrazos y sonrisas, todos excepto él.
Los jóvenes se sentaron a comer en silencio, se podía sentir la tensión que había. Lo que provocó que Sora tomara su bandeja y se pusiera de pie. Tai la tomo de la mano e hizo que tomara asiento nuevamente.
–Este año será el año de los Lobos– dijo el moreno refiriéndose al su equipo de soccer y rompiendo el incómodo silencio– venimos mejor preparados, definitivamente la copa será nuestra…
Taichí siguió con su parloteo haciendo que los presentes se olvidaran de lo que había pasado y hasta los hizo soltar una que otra carcajada gracias a sus ocurrencias. Eso era lo que sus amigos apreciaban en él, esa capacidad de mantener al grupo unido.
A la salida de clases el grupo había quedado de verse en el parque de la esquina. Estaban sentados en silencio esperando a que Hikari llegara. La pequeña Yagami le había pedido a su hermano que salieran juntos esa tarde para poder ver a Sora de nuevo y platicar de sus tres emocionantes años en New York.
–¡Sora! – Gritó efusiva la menuda castaña que se acercaba corriendo seguida de su inseparable amigo Takeru. A la pelirroja le enterneció ver a esos pequeños juntos, esos de los que había cuidado cuando era niños y ahora eran todos unos pubertos. Hikari lucía hermosa con su cabello hasta los hombros y su sonrisa resplandeciente. Por su parte el rubio había crecido bastante, de hecho era más alto que Sora pero aún tenía esos rasgos infantiles que lo hacían lucir tan adorable. Formaban una pareja muy linda.
–¡wow! Estas hermosa Kari– dijo Sora abrazando a la castaña.
–Tú también luces muy bonita Sora– regresó el cumplido la pequeña– New York te sentó de maravilla.
–Y tú eres todo un galán– Se dirigió Sora al rubio, quien la abrazó con fuerza levantándola un poco del suelo– Y eres mucho más fuerte– terminó la pelirroja.
–Estás muy guapa Sora, cuando quieras puedes ir a cuidarme a mi casa como cuando era pequeño– bromeó Takeru, dejando a su amiga sobre el suelo para después besarla en la mejilla.
Yamato puso los ojos en blanco ante la atrevida acción de su hermano. Ahora hasta Takeru puede tocarla y no solo eso, también coquetea con ella y la besa– pensó.
–Con razón no dejas de ser la musa de Matt– concluyó T.K. haciendo que todos se sorprendieran ante tal afirmación, más aún Mimi. Yamato le dirigió una mirada de desaprobación a su hermano.
Será mejor que nos vayamos– acertó a decir Tai restándole importancia al imprudente comentario del menor de los rubios.
El grupo de amigos caminó rumbo a la cafetería más cercana. Sora y Hikari se ponían al día sobre lo que les había pasado en esos tres años distanciadas. Sora le hablaba a la pequeña sobre su vida en Manhattan, el glamour de New York, las fiestas a las que acudía, las magníficas tiendas donde se gastaba la generosa mesada de su padre, la Quinta Avenida, Chanel, Louis Vuitton, Versace, Tiffany's, Nine West… Los maravillosos bares a los que podía entrar aun siendo menor de edad, Cain, Cielo, Nest…Los lugares, los conciertos, los eventos y Los chicos.
La plática de las jóvenes no pasó desapercibida para Yamato que jamás pensó que Sora pudiera ser tan materialista y superficial. Mimi también iba muy atenta a la charla, ella sabía de lo que la pelirroja hablaba pues había vivido un año en New York, en donde se había topado con su amiga y la había ignorado por completo, de haber sabido que tenía tan buenos contactos como para colarse en esos bares, no lo habría hecho.
En el camino pasaron por una cancha de futbol un poco descuidada.
–¿Qué tal si nos echamos una cascarita? –Dijo Tai sacando su balón de la mochila.
–Me parece buena idea– contestó Takeru entrando a la cancha.
–Yo también juego– Dijo Kari siguiendo al rubio.
–Me vendría bien un poco de ejercicio– Respondió Joe.
–No tengo la ropa adecuada– afirmó Sora señalando su uniforme escolar.
–¡Oh vamos chica glamour! – Se burló el moreno para provocar a su amiga– ¿Cuándo ha sido ese un impedimento?
–Ok, pero yo elijo primero–Condicionó la pelirroja.
Koushiro hizo un gesto de indiferencia con los hombros y se unió a sus compañeros. A la pareja de novios no les quedó de otra más que sumarse al partido.
Los jóvenes dejaron sus pertenencias en las pequeñas gradas. Sora se deshizo del saco, bajó sus calcetas hasta los tobillos y dobló las magas de su blusa para estar más cómoda. Los demás también modificaron su uniforme para poder moverse con más libertad.
Después de elegir, los dos equipos saltaron a la cancha. El equipo de Sora estaba compuesto por Tai, koushiro y Mimi, mientras que el de Yamato lo conformaban Takeru, Hikari (a quien insistía T.k. que eligiera) y Joe. El equipo de la pelirroja tenía una formación más ofensiva con Mimi en la portería, Izzy de defensa y en la delantera el dúo maravilla: Tai y la capitana Sora. Por su parte el equipo del rubio tenía que ser defensivo, con Joe en la portería, Hikari y Takeru que intentarían detener a los experimentados delanteros del equipo contrario y Yamato el capitán que haría de defensa, delantero, banda de contención y lo que fuera necesario para vencer a los contarios.
El encuentro comenzó y como era de esperarse el equipo de la pelirroja fue el primero en anotar además lo había hecho con mucha facilidad. Sora no había perdido el toqué a pesar de todos los años que tenía sin jugar al soccer.
En un saque de portería Joe se había puesto nervioso por la presencia de la ojos de rubí, así que perdió el balón que Tai tomó para convertirlo en el segundo gol.
–¡Joe!, ¿Para quién juegas? – Gritó el capitán de su equipo exasperado por los dos tantos marcados en tan poco tiempo.
El juego siguió, Takeru se coló por la banda derecha y dio un pase perfecto para Matt que gracias a su altura pudo conectar dejando el balón en el fondo de la portería, balón que Mimi ni se había molestado en perseguir.
Con saque en corto, Tai condujo el esférico por la cancha, al llegar al lado contrario dio pase a Sora que se abrió paso entre los defensas, haciendo que chocaran entre sí provocando el sonrojo de la joven pareja. Aprovechando ese descuido, la pelirroja pateó el balón hacia la portería haciendo que pasara entre las temblorosas piernas del larguirucho portero. Con el pretexto del gol el moreno tomó a la anotadora de la cintura y la giró en el aire, haciendo que su corta falda se levantara mostrando su ropa interior. Ante la maravillosa vista que tenía, Joe se puso como tomate y Yamato se enfadó por la cercanía de los dos delanteros, ignorando lo que mostraba Sora debajo de la falda, que en otras condiciones lo habría puesto más rojo que Joe.
El ojiazul se dirigió a las gradas para tomar agua y se quitó su camisa sudada aventándola hacia cualquier lado. Las féminas se sonrojaron al ver el marcado torso de Yamato sobre la delgada tela de su playera interior. El rubio regresó a la cancha decidido a no dejar que hicieran otra anotación.
El encuentro continuó, como siempre Tai se hacía rápidamente del balón, Sora corría paralela a él en el otro extremo de la cancha. El moreno buscó conectar con la pelirroja, pero el balón se topó con la rubia cabeza de Yamato, bloqueando el paso. Taichi recuperó el esférico y buscó de nuevo a su compañera.
–¡Hey tortolos ayuden a marcar! – Ordenó Matt a T.K. y Kari que se habían distraído platicando.
Los jóvenes acudieron al llamado de su capitán dificultando la labor del moreno. Por su parte Yamato tenía marcaje personal sobre la pelirroja, lo cual no era fácil por lo rápida y escurridiza que era. Sora buscaba a Tai para que le lanzara el pase pero lo único que podía ver era la musculosa espalda del rubio que tenía enfrente, podía incluso sentir el calor que emanaba de su cuerpo lo que causó que la respiración de la chica se agitara (cosa que media hora de juego no había logrado).
Tai logró por fin zafarse de los dos hostigosos defensas lanzando un pase perfecto. Ahora era responsabilidad de Sora golpear la pelota. Anteponiéndose al nerviosismo que le causaba la cercanía de Matt brincó lo más alto que pudo, posando sus manos sobre los anchos y marcados hombros del rubio para tomar impulso. Gracias a esa sucia acción, pues está en contra del reglamento, Sora logró conectar con el balón girando el cuello con fuerza, marcando así el cuarto gol a su favor.
Al sentir las cálidas y delicadas manos de la chica Yamato se congeló. Olvidándose por completo del juego, se concentró en el tacto de la piel de Sora sobre su piel. Pudo sentir el roce de sus senos en su espalda mientras se deslizaba hacia arriba, dejándolo con la boca seca. Los dos cayeron al pasto. Matt podía sentir la respiración profunda y agitada de Sora en su oído que le movía sus cabellos dorados y hacía que una corriente eléctrica le recorriera el cuerpo, cosa que se notó en la pálida piel erizada del chico. Era totalmente consciente del menudo y cliente cuerpo de la pelirroja sobre él. De la pierna derecha de la chica que chocaba con sus muslos, pero sobre todo era sentía el calor de sus blandos pechos por la delgada tela de su camiseta y las prendas de la chica.
Sora notó cómo la piel del rubio se erizaba y sonrió satisfecha pues sabía que ella lo había causado. Observó a detalle el cuello del chico, luego sus hombros y ese sensual músculo entre ambas partes que le pedía a gritos que lo mordiera. Desvió la mirada al cuello nuevamente, después a la oreja que le provocaba ganas de pasarle lentamente su húmeda lengua. Hipnotizada por los encantos del cuerpo de Matt, la pelirroja fue acercando sus labios al objetivo de su lengua. Se detuvo abruptamente cuando el rubio giró el rostro quedando a pocos centímetros del de ella. Sus miradas se encontraron aumentando el nervio y la excitación de los muchachos. La chica rompió con el contacto visual para después incorporarse paseando lenta y deliberadamente sus manos por la fuerte espalda del chico. Acción que, para sorpresa de ambos, hizo que el rubio soltara un sonoro gemido, que cortó al instante al darse cuenta de que salía de su boca. Una vez de pie la pelirroja le tendió la mano a Yamato para ayudarlo a pararse. El rubio titubeó temiendo que la excitación en sus pantalones fuera muy notoria. Finalmente acepto la ayuda y suspiró aliviado al ver que traía sus pantalones más grandes, así podía ocultar lo que ocurrió mientras estuvo en el suelo.
–¡GOOOOOOOOOOL! – Gritó el moreno corriendo con los brazos al aire.
En ese momento las oscuras nubes empezaron a caer. Haciendo que los chicos se desanimaran y se dispusieran a marcharse.
–Esperen tenemos que terminarlo– Dijo Matt interrumpiendo el paso de sus compañeros– no podemos dejar que ganen tan fácilmente, solo son unas gotas de agua.
–¿Así que quieres que te anotemos más goles? –Contestó Tai de forma burlona.
Los jóvenes regresaron a sus puestos. Para continuar con el juego, aunque no tan animados.
Esta vez con un pase de Takeru, Matt llegó hasta la portería contraria tirando a gol. Mimi solo volteó la mirada al balón mientras se intentaba tapar de la lluvia que le arruinaría el peinado.
La lluvia arreció causando que las dos castañas se refugiaran en el techo de las gradas. Con un elemento menos por equipo siguieron jugando. A Sora poco le importó que su pelo se mojara, al igual que sus ropas que ahora estaban empapadas, dejando ver su sujetador rojo, que Tai pensaba combinaba con su moño. Aunque la pelirroja ni se percató de eso.
Los chicos siguieron con el encuentro, que cada vez era más difícil de seguir debido al pasto mojado. Olvidándose por completo del glamour la pelirroja se barrió para alcanzar el balón y dar pase para gol que convirtió Taichi. Ese fue el último gol del juego, pues la lluvia ya no permitía a los chicos seguir jugando.
Fue entonces cuando Sora se dio cuenta de su estado, estaba mojaba, llena de barro y se le trasparentaba la ropa interior, por lo que sus compañeros de juego, incluidos el despistado de Koushiro y el ya no tan inocente Takeru, no le quitaban la vista de encima. La chica se puso de pie con la cara tan roja como su sujetador. Corrió a las gradas y una vez a salvo de la lluvia exprimió sus prendas lo más que pudo, volteó hacia su bolso sobre el cual descansaba la camisa de Yamato. Sin saber por qué guardó la prenda rápidamente en su maletín.
Los chicos se sentaron en las gradas a esperar que la lluvia parara. Sora avergonzada por su estado se colgó el bolso y se despidió de sus amigos que descansaban aburridos.
–Sora ¿A dónde vas? – Preguntó sorprendida la pequeña castaña.
–A casa, no puedo seguir perdiendo el tiempo aquí.
–Pero te vas a mojar–Observó Taichi.
–¡Pff!… No puedo estar más mojada– contestó la pelirroja alzando los brazos.
–Eso tú crees…–Dijo sugerentemente Yamato, con media sonrisa en el rostro. Provocando que su novia le diera un codazo en las costillas.
Sora lo miró con la boca abierta. –Hasta mañana– Se despidió dando la vuelta.
Segundos después Matt fue detrás de la pelirroja, ante la disconformidad de su novia, que no pudo hacer nada para detenerlo por temor a arruinar sus zapatos de marca.
Sora podía sentir que alguien la seguía desde hace tres calles, estaba alerta por si querían atacarla.
–Te acompaño a tu casa –le susurró sensualmente el rubio al oído mientras la rodeaba por detrás. Acción que hizo que la pelirroja temblara como gelatina.
La arrastró hacia un callejón y la acorraló contra la pared. La tenía justo donde la quería. Intentó besarla, pero la chica se hizo a un lado. Él realmente detestaba que fuera tan escurridiza. La tomó de la cintura y la pego al muro de ladrillos. Volvió a acercar su rostro al de la chica que esta vez utilizó las manos para impedir que se acercara más. Exasperado y cegado por el deseo de probar esos dulces labios la aprisionó más firmemente colocando sus rodillas sobre los muslos de ella, tomándole las manos con las suyas y posándolas contra la pared. Su corazón palpitaba al mismo ritmo que su entrepierna. Pegó su cuerpo al de la muchacha que no dejaba de forcejear.
–Voy a hacer algo que deseo hacer desde hace tres años– le dijo el rubio haciendo que Sora se quedara petrificada.
Bajó su rostro hasta que quedara a la altura del de la chica, para perderse en esos hermosos rubíes. Acercó su nariz al delicado cuello de la pelirroja y cerró los ojos para apreciar su aroma haciendo que un apenas audible gemido saliera de la garganta de la muchacha. Ansioso por el deseo lamió el tembloroso cuello de la pelirroja. Se dirigió a sus labios, pero besó el aire cuando la chica giró el rostro. Sonrió ante la terquedad de Sora. Tomó con una de sus manos las muñecas de la muchacha y las posó sobre su cabeza. Con su mano libre le sujetó la barbilla. La observó ahora que la tenía completamente sometida.
–Estas preciosa– Dijo mientras bajaba la vista al cuerpo mojado y sucio de la chica– Te va mucho más el barro que el maquillaje– concluyó mientras lamía lentamente la comisura derecha de los labios de Sora para retirar los restos de fango de su rostro.
La pelirroja sentía que el corazón se le salía por la garganta. Las palabras y sobre todo las acciones de Yamato la tenían dominada. Su cuerpo excitado luchaba contra su mente que no quería que el rubio causara esos efectos. Sabía que no debía hundirse en su mirada, o sería su perdición. Cerró con fuerza los ojos al sentirlo más de cerca y por fin sus labios hicieron contacto con los suyos pero solo los rozó suavemente.
–Mírame a los ojos– le ordenó el rubio. Mandato que la chica cumplió muy a su pesar.
Al notar ese brillo de deseo en la mirada de Sora, el chico tomó sus labios en un húmedo y pasional beso, lleno de todo ese deseo que el rubio guardó durante esos tres largos años. Sus labios recorrían los de la pelirroja desesperadamente logrando que un jadeo ahogado saliera de la garganta de la chica, lo que hizo que la excitación de Yamato aumentara. La haría suya en ese mismo callejón. Mordió sus labios para obligarla a abrir la boca y así poder introducir su lengua y juguetear con la de ella. Se iba perdiendo cada vez más atrapado en la caliente humedad de su boca, pero tuvo que parar el beso debido a la falta de aliento.
La pelirroja podía sentir un bulto sobre su vientre que la hizo despabilarse del mareo que le dejo el intenso beso y aprovecho que el rubio había bajado la guardia para escabullirse de entre sus brazos. Como pudo movió sus temblorosas piernas para alejarse corriendo del lugar dejando escurrir algunas lágrimas de frustración.
Yamato quedó helado cuando vio a Sora correr con los ojos llorosos. El Ojiazul de verdad creía que ella lo disfrutaba tanto como él.
–¡Carajo! Ahora la asustaste– Masculló golpeando el muro donde hace solo segundos se encontraba la chica.
Había llegado a su casa agitada, y no precisamente por la corretiza que tuvo que dar, subió las escaleras con un último suspiro. Aun sentía en sus labios inflamados el cosquilleo que le causo ese beso a la fuerza que le arrebató Yamato, al recordarlo su respiración se agitó aún más y el calor le subió hasta las mejillas, recordó que había dejado una botella de agua en su bolso, lo abrió presurosa para acabar con la calentura que se apoderaba de su cuerpo.
Pero no contaba con lo que se encontraría al abrir su bolso, la camisa de Yamato estaba ahí inundando con su embriagador aroma las pertenencias de la pelirroja. Sora tomó la prenda en sus manos e inevitablemente aspiro su aroma haciendo que sus sentidos se encontraran más alerta, volvió a aspirar pero esta vez con más profundidad dejó que el olor del rubio la invadiera, que entrara en su ser sintiendo un hormigueo que viajo por todo su cuerpo estancándose en su centro, lo que le hizo cerrar las piernas por instinto, se dejó caer en la cama mientras olía y acariciaba la camisa blanca, ese objeto del deseo.
Posó una de sus delicadas manos sobre su sexo por encima de la falda y su ropa interior ese tacto la hizo estremecer. Tomó una de las mangas y empezó a friccionarla sobre su sexo por debajo de la falda pero con la ropa interior aún puesta, cerró los ojos para dejarse llevar más por su fantasía, imaginaba que era el dueño de esa camisa quien la acariciaba tan deseoso y desesperado, rememoraba ese beso, ese contacto de sus labios húmedos, casi podía ver al rubio sobre ella sobándole el sexo, poseyendo descontroladamente sus labios. Se llevó una mano a su boca pellizcando suavemente sus rosados labios simulando las mordidas que hace apenas unos minutos le había propinado el chico. Su traviesa mano viajó por su cuello, llagando al lóbulo de su oreja que jaló suavemente haciéndose gemir levemente. Las caricias siguieron descendiendo por su escote desabrochando lentamente uno a uno los botones, rozó la curva de su seno derecho y bajó un poco su sujetador para dejar al descubierto su endurecido pezón, lo aprisionó con sus dedos dejando que una nueva ola de sensaciones la inundara, le nublara la vista, la alejara de la realidad.
Pronto sintió la necesidad de estar más en contacto con la prenda así que se incorporó un poco y se despojó de sus húmedas ropas, volvió a recostarse sobre la cama abrazando la camisa restregando su cuerpo con la tela de algodón, esa misma tela que había estado en contacto con la piel del ojiazul que le quitaba el sueño. Sentía como un fuego líquido le brotaba desde el vientre e inundaba su sexo. Después de todo Yamato tenía razón, podía estar aún más mojada.
Introdujo un dedo dentro de sí haciéndolo girar lentamente, sin prisa otro dedo acompañó al anterior. Arqueó la espalda, comenzó a ondear sus caderas con un ritmo suave y constante mientras exploraba ansiosa su interior, su mano libre se posó sobre sus senos apretujándolos bruscamente jugando con sus, ahora muy sensibles pezones. El ritmo de sus caderas fue aumentando junto con su excitación, el sudor brotaba por cada poro haciendo que perezosas gotas rodaran por su cuerpo desnudo.
El calor en su habitación era asfixiante, solo se escuchaban sus suspiros entrecortados y el rechinido ligero del colchón. Pronto sus gemidos subieron de volumen y el ritmo de sus caderas se hizo cada vez más rápido, un líquido más caliente broto desde sus entrañas, le costaba respirar sumergida en ese torbellino de placenteras sensaciones, soltó sus senos para tomar su dulce y rosado botón de placer entre sus dedos lo masajeo suavemente, luego con más intensidad formando círculos cerrados ejerciendo cada vez más presión, sentía que llegaba, estaba muy cerca. De un momento a otro sus músculos se tensaron para después hacer estallar su entrepierna en una dulce sensación que recorrió todo su cuerpo. Cerró los ojos para poder disfrutar aún más, abrazó la camisa con sus brazos y piernas recostándose de costado mientras esperaba que sus latidos se tranquilizaran y su respiración volviera a la normalidad.
Ya un poco más relajada se puso a pensar en lo que había hecho, se sentía enfadada consigo misma, tanto que no pudo evitar que las lágrimas salieran. Se odiaba por haber sido tan débil, por haber dejado que el rubio protagonizara su fantasía, esa fantasía que la había dado el mejor orgasmo de su vida hasta ahora. Suspiró frustrada arrojando la camisa al suelo y se dirigió a la ducha para calmar su todavía muy excitado cuerpo.
Al salir de la ducha vio la prenda de Yamato sobre el suelo, la tomó y la guardo en su armario, a partir de ese día esa prenda se convirtió en su piyama favorita.
