¡Hola!, muchas gracias por seguir leyendo. En este capítulo Sora hace una confesión importante sobre su pasado D:
Espero que les guste.
Obviamente los personajes no son míos, pero la historia si.
Gracias por pasarse :)
CAPÍTULO 4
Había pasado un mes desde que Sora estaba de regreso. Un mes en el que Yamato volvía a estar rodeado en la oscuridad, se sentía peor que cuando la pelirroja lo abandonó. En ese entonces no sabía nada de ella, la tenía lejos y la deseaba cerca, pero ahora que la tenía cerca parecía estar más lejana que nunca. De verdad hubiera preferido que nunca regresara, quedarme con ese dulce recuerdo de mi tierna amiga, mi primer amor –Pensó mientras la veía de lejos en la cafetería, cosa que solía hacer muy seguido, se había convertido en su admirador secreto no podía permitirse más desde ese incidente en el callejón. Recordaba el dulce olor de su cuerpo, el calor que desprendía, esa cercanía que lo había hecho perder el control, pero también recordaba su hermoso rostro desencajado, las lágrimas en sus ojos y el temblor que se apoderó de su cuerpo totalmente horrorizada. Realmente se había comportado como un idiota, había dejado que sus más bajos instintos actuaran por él. Ahora no podía ni verla a la cara, la había buscado días después quería que le mostrara una sonrisa que lo reconfortara, que le hiciera saber que todo iba bien entre ellos y eso ya estaba olvidado. Pero no fue así, solo obtenía evasivas, parecía que ni siquiera podían estar en la misma habitación y no la culpaba, realmente la había jodido.
Ahora tenía que conformase con lo que tenía, ser un admirador lejano, hasta se había separado de sus amigos, no podía salir con ellos cuando Sora estaba presente y Sora siempre estaba presente, todos la querían. En especial Tai, que después de un mes de tener el camino libre parecía estar muy cerca de convertirse en pareja formal de la pelirroja, aunque no le era tan fácil pues eran muchos los que querían ganarse su afecto. Cosa que irritaba aún más al rubio pero que en parte lo tenía sin cuidado al parecer Sora no estaba interesada en nadie. De hecho se había enterado que había declinado todas sus invitaciones para la novatada y había decidido no acudir. Ese tipo de acciones le confirmaban al rubio de que su chica no era la princesa de hielo que aparentaba ser.
Un murmullo general hizo que Matt dejara de hundirse en sus pensamientos para ser consciente de lo que sucedía a su alrededor. Lo que vio lo dejó helado.
…
Sora desayunaba de lo más tranquila junto a Tai e Izzy. Ya se había acostumbrado la rutina de Odaiba, que era bastante más tranquila que la de New York pero que la disfrutaba más. En si no lo había pasado mal desde su regreso, solo ese incidente con Yamato que la había dejado totalmente confundida, pero no le gustaba pensar en eso, bloqueaba por completo su recuerdo distrayéndose con la escuela, el tenis y sus amigos, aunque el usar la camisa del chico como piyama no le ayudaba mucho.
–¿Cuál es el plan para el fin de semana? – Preguntó Tai que al fin se había separado de su plato.
–mmm… podemos ir al cine, hay una muy buena película de super héroes o al boliche. – Propuso Sora.
–No sé si sea buena idea el salir el próximo fin de semana, se han pronosticado fuertes lluvias. – Dijo el pelirrojo.
–Además el ensayo de Ciencias es para el lunes –Se lamentó el moreno– Y yo aún no he empezado.
–Tai, hace un mes que nos encargaron esa tarea, deberías de tenerla lista– Reprendió la pelirroja a su amigo.
–Disculpa señorita organización, yo tengo cosas más importantes que hacer…
–¿Cómo?...
–Como emmm…. como emmm…. Yoo… ehhh…– Dijo el moreno mientras se rascaba la cabeza en busca de ideas.
–Como ir a curiosear en las prácticas de tenis, porristas y de soccer femenil, o descubrir cuántos litros de helado puedes ingerir sin que se congele tu cerebro, o intentar tocar tu nariz con la lengua. – acertó Koushiro, recibiendo una mirada de desaprobación de parte de Taichi y provocando las risas de Sora.
–Bueno entonces lo que sea que hagamos el fin de semana Tai no estará invitado por no haber terminado el ensayo aún. –Finalizó la única chica sobre la mesa.
La pelirroja siguió con su comida pensando en esa tarea de Ciencias que no había acabado y de la cual no recordaría la fecha de entrega de no ser por Tai. Luego escuchó un murmullo general en la cafetería, Sora conocía bien ese ruidillo de gente cotilleando puesto que ella lo había causado varias veces. Decidió ignóralo porque sabía que era muy probable que el motivo de esa reacción fuera la pareja de enamorados más popular de instituto. Los murmullos cesaron haciendo que la chica alzara la vista.
A lo lejos se veía un enorme arreglo floral, como los que hacía su madre, y un montón de globos con piernas que se paseaba por entre las mesas. Le parecía muy tierno que un chico se tomara esas molestias por su enamorada. El dulce muchacho paró justo enfrente de la pelirroja, haciendo qué esta tuviera un mini infarto al corazón, ¿Era ella a quien iban dirigidas esas flores?
–Emm..yo-yo.. t-tu… qui- qui-qui….–intentó decir el arreglo floral con piernas, ante las miradas de los curiosos. –¿Quieres salir conmigo? .
Sora estaba realmente sorprendida, no imaginaba quien podía ese chico que se tomaba tantas molestias solo para pedirle una cita. La chica volteo a su alrededor, toda la cafetería estaba en silencio atentos a su respuesta. Volteó a ver a Tai que le lanzaba una mirada de desaprobación al chico y a Yamato que lo veía atento pero severo. Sin más sonrió y aceptó la preposición, después de todo había sido un acto muy valiente y dulce por parte del muchacho.
–Bueno me encantaría, solo que me gustaría saber quién eres.
–Soy yo…– dijo Joe mientras hacía los globos a un lado.
Sora estaba realmente sorprendida, jamás pensó que su amigo la viera de esa manera. Su padre le hablaba maravillas de ese chico, le decía que era un buen partido pero ella nunca había considerado ni siquiera el hecho de salir con él y bueno ya había aceptado su propuesta.
Por su parte el moreno estaba que echaba fuego, no podía creer que el empollón de Joe le estuviera pidiendo una cita a Sora antes que él. Tanto era su enojo que no se dio cuenta de que había aplastado su caja de jugo desparramando el líquido por la mesa.
–Bueno Joe, ¿Qué te parece el sábado por la noche? – preguntó Sora con una amable sonrisa en el rostro.
–Perfecto. –dijo del chico feliz de que su plan salió a la perfección, al fin tendría esa cita con la chica de sus sueños.
La semana paso sin inconvenientes. Tai había intentado sin éxito que su amiga cancelara esa cita. Y es que le aterraba que algo más pasara entre su mejor amiga y Joe. Más le había sorprendido que Sora propusiera el sábado en la noche como fecha para su cita, todo el mundo sabía que si era sábado en la noche entonces era algo serio.
Yamato seguía hundido en su depresión había sido testigo de cómo invitaban a salir a Sora y cómo ella aceptaba. ¿Realmente era tan difícil hacer eso? Él podía hacerlo plantarse en medio de la cafetería con un montón de flores haciendo que todos prestaran atención y así Sora no pudiera rechazarlo, aunque si hubiera querido Sora hubiera rechazado a Joe, pero no lo hizo. ¿A quién engañaba? Su relación con ella estaba perdida, ahora solo lo veía como ese casi violador que la atacó en un callejón.
–Matty– la dulce voz de su novia lo sacó de su ensimismamiento– ¿Qué haremos el sábado? – preguntó Mimi mientras acariciaba el cuello de la camisa del chico.
–Nada, tengo cosas que hacer, así que no podremos vernos.
–¿Otra vez?... No hemos salido en más de un mes. Estoy muy aburrida, vamos a cenar o a algún bar… No. ¡Ya se! A bailar. ¡Vamooos Matty!. Tengo semanas sin salir. – terminó con un puchero.
–Te he dicho que si tienes ganas salgas tu sola, no es necesario que vayamos a todos lados juntos– dijo el rubio retirándose de la mesa dejando a la castaña triste y pensativa.
Hacía mucho tiempo que Yamato no se comportaba de esa forma tan cortante y grosera con ella, para ser más precisos desde que Sora se fue. Le había costado mucho sacarlo de aquella depresión, hacía lo que podía, lo que él le permitía, pero con el tiempo y la insistencia logró que saliera de ese aislamiento. Luego poco a poco lo fue conquistando aunque sentía que nunca podría llegar hasta el fondo de su corazón que tenía tan herméticamente cerrado para todos, ese era su consuelo no era la única excluida del interior de su novio.
...
Por fin era sábado. Sora se preparaba para su extraña cita. Joe le había dicho que irían a "The Oven" un lugar elegante pero casual, así que eligió un sencillo pero bonito vestido rojo corte princesa que le llegaba a medio muslo pero lo que le parecía más lindo era el escote cuadrado en espalda que terminaba con un coqueto moño. Se recogió su cabello para dejar al descubierto el escote, calzó sus zapatillas de plataforma (tenía que verse alta al lado del peliazul) y tomó su bolso negro de satín que combinaba con sus zapatos. Su maquillaje como siempre era sencillo resaltado sus labios con lipstick rojo como su vestido. Realmente se había puesto muy linda para ver a Joe, no era por alguna razón en especial simplemente hacía mucho que no salía a una cita. Le daría una oportunidad el chico que era tan aclamado por su padre.
El timbre sonó y la pelirroja bajo rápidamente, ella no era de las que les gustaba dejar esperando a los chicos, le parecía muy descortés.
Joe estaba hecho un manojo de nervios. Jamás imaginó que Sora aceptaría su invitación de hecho jamás imaginó que podría invitarla a salir. Era la chica más linda que conocía, muy tierna, madura, responsable, inteligente y bueno él sabía que tenía la aprobación del señor Takenouchi para salir con su hija debido a las múltiples ocasiones en que el jefe de su hermano se lo había insinuado. La chica siempre le había gustado pero desde su regreso a New York había quedado completamente prendado de ella.
Se abrió la puerta y la contempló. Le parecía que nunca había estado más bella, con ese hermoso vestido rojo y su eterna sonrisa en el rostro, lucía encantadora. Escaneó a su amiga de arriba abajo estancándose en sus piernas, esas de las que nunca podía quitar su vista en las prácticas de tenis, ahora podía ver un poco más gracias al corto vestido. Era mucho más de lo que esperaba.
En un arbusto frente a la casa de Sora…
Yamato había cancelado una presentación con la banda por una terrible diarrea, aunque en realidad quería saber cómo sería la cita de Joe y Sora. Los celos lo estaban matando lo hacían hacer cosas que nunca hubiera pensado, como cancelar ese concierto tan importante o esconderse dentro un arbusto como lo estaba haciendo justo ahora. Si sus fans lo vieran en esas condiciones realmente se decepcionarían de él. El arbusto se movió asustando al rubio que creyó que lo habían descubierto, pero solo vio una mata de pelo oscuro que pensó sería un gato así que no le tomó importancia.
–¡Ahhh…! – Soltó en un suspiro (que le pareció tenía eco) al ver a la chica de sus sueños más hermosa que nunca con ese vestido rojo, se veía radiante.
–¡Maldito Joe! – masculló al pensar lo afortunado que era el tipo al tener una cita con Sora.
–¡Estúpido Joe! – Dijo una voz proveniente del otro lado del arbusto.
Ambos chicos movieron las ramas hasta encontrarse.
–¿Qué haces aquí? – Preguntó el rubio.
–No, ¿Qué haces tú aquí? – preguntó Tai.
–Tenía que asegurarme de que Joe no se propasara con Sora– Soltaron ambos al mismo tiempo, para después dirigir la vista de nuevo a su objetivo.
...
La expresión de Sora cambió de la alegría a la preocupación al darse cuenta de que su elegantemente vestido amigo había entrado en una especie de trance.
–Joe ¿Todo bien?
–S-s-sí. T-t-te ves m-muy bien– Alcanzó a decir entre sus nervios.
–Gracias, ¿son para mí? – Dijo señalando el bello ramo de tulipanes que llevaba el chico.
–Sí, son tuyas.
Sora las tomó y las puso sobre la mesa de la entrada. Al girarse dejo ver a Joe la sensual parte trasera de su vestido, provocando el sonrojo del chico que nunca había visto esa parte del cuerpo de su amiga. Sintió unas ganas enormes de tocar la suave piel de su espalda, pero se contuvo ante todo era un caballero y sabía respetar a las mujeres.
–¿Nos vamos?
–Claro– contestó mientras caminaban hacia la salida de su casa.
Cuando cruzaban el jardín delantero empezó a caer una suave brisa que arreció en segundos, por suerte Joe fue precavido y llevaba con él un paraguas. Hizo una seña a la chica para que aguardara e intentó abrir el artefacto pero éste estaba atascado, por más que presionaba son todas sus fuerzas no podía abrirlo, encima la lluvia era cada vez más fuerte y Sora se mojaba (aunque eso no era tan malo, aún tenía sueños sucios con la imagen de la pelirroja empapada y llena de barro).
–¿Necesitas ayuda? – preguntó la pelirroja al ver el apuro de su amigo y acercándose para ayudarlo.
–Noo, lo tengo to-todo controlado.
En ese momento el botón cedió abriendo el paraguas de repente golpeando a Sora en el ojo. El chico vio todo como en cámara lenta, su hermosa cita acercándose a ayudar con su generosidad de siempre, luego el maldito botón que por fin había funcionado abriendo de golpe el paraguas provocando que una de las orillas golpeara a la chica en el ojo. La observaba preocupado por haberla dañado.
…
Mientras los espías en el arbusto no habían evitado reír ante la torpeza del muchacho estaban seguros de que Sora regresaría a su casa teniendo el pretexto perfecto para cancelar la cita.
…
–¡Auch! – exclamó la pelirroja.
–¿Estás bien Sora? – Preguntó Joe angustiado, preocupado y mucho más nervioso por haber cagado su cita cuando apenas empezaba.
–Emmm… si estoy bien, solo fue un pequeño golpe no te preocupes– dijo Sora con su ojo lloroso y entrecerrado.
El peliazul se acercó a la chica tomando su hermoso rostro entre sus enormes manos y abajo su cabeza a la altura de la de ella haciendo que los chicos del arbusto se encolerizaran al pensar que la besaría dando por terminada la cita. Pero el muchacho solo inspeccionaba el ojo de Sora para asegurarse de que no tenía algún daño.
La pelirroja sonrió para calmar la preocupación de su amigo.
–Vámonos.
–S-si–Joe no podía creer que Sora quisiera seguir con la cita después de ese aparatoso accidente, creía que lo dejaría ahí parado por haber sido tan descuidado y torpe.
La pareja abordó el taxi que los esperaba para llevarlos a su destino.
…
Yamato quedó estupefacto con la reacción de Sora que siempre anteponía los sentimientos de los demás a los suyos. Vio cómo se marchaban en ese vehículo y luego fue consciente de que se perdería el resto de la velada si no se apuraba a seguirlos, hizo un amague de ponerse de pie, pero Tai lo paró.
–Van a "The Oven".
–¿Cómo lo sabes?
–Bueno la escuche hablar con Misao en las duchas… digo en... en… en las canchas de tenis– se descubrió el moreno causando un gran enojo en Matt que lo tiro al suelo y se subió sobre él.
–Así que eres un maldito pervertido, ¿Por qué la espías en las duchas?
–No espío a nadie, solo fue un accidente…
Al escuchar los gritos y quejidos provenientes de su jardín la dueña de la casa salió a buscar el motivo de su causa encontrándose con dos jóvenes que se revolcaban uno sobre el otro en un efusivo abrazo.
–¡Hey muchachos calientes vayan a hacer sus cosas a un motel, dejen mi jardín en paz! – Gritó provocando el sonrojo y nerviosismo de los chicos que salieron del jardín lo más rápido posible.
…
Sora y Joe llegaron a "The Oven" donde el muchacho había conseguido una reservación de último momento. El lugar se encontraba frente al mar por lo que tenía una hermosa vista del Puente Rainbow y del Tokio nocturno, más desde la mesa en la tercera planta en donde cenarían. El chico había gastado gran parte de sus ahorros en esta cita, lo que le parecía una exageración a Sora pero que apreciaba tantas atenciones.
El amable mesero los llevo hasta su mesa sin poder evitar el voltear a ver la espalda de la chica que atraía miradas, lo que provocó que Joe posara una mano sobre la piel desnuda de Sora quien se estremeció por el posesivo tacto. Se sentaron uno frente a otro dándose un tiempo para observar por los cristales hacia la maravillosa vista.
–Realmente extrañaba Japón– Rompió Sora con el silencio que empezaba a resultar incómodo– New York es hermoso, pero el ritmo de vida es muy pesado, siento que allá envejecí diez años en lugar de tres–Terminó pintando una sonrisa en el rostro.
–Bueno, lo cierto es que estás muy cambiada–Dijo Joe inspeccionándola. – Estás más linda y más madura. Me da la impresión de que queda poco de esa antigua Sora, y francamente no sé si sea algo bueno o malo.
Sora lo miró sorprendida no había hablado con nadie de su cambio, no era un tema que deseara tratar.
–Sí, pasaron ciertas cosas que me hicieron cambiar, que me mostraron cómo es la vida en realidad– Confesó mientras su mirada llena de nostalgia se perdía observando los coches que cruzaban el puente. –No puedo volver a ser la de antes.
–Me gustas, me gusta esta Sora– Dijo el chico tomándola de la mano y dedicándole una tierna sonrisa que ella le devolvió.
…
–Buenas tardes ¿Tienen reservación? –Preguntó el chico en la entrada del local.
La pareja de jóvenes se miraron nerviosos ante la pregunta.
–So-somos los Na-Nakamura– Atinó a decir el rubio deseando que la suerte estuviera de su lado.
–¡Ohhhh los Nakamura! Adelante los guío.
Los chicos se sonrieron en señal de victoria, había sido muy fácil colarse, ahora solo quedaba encontrar la mesa de los tórtolos Iban inspeccionando a las parejas de enamorados hasta que dieron con ellos sentados frente a la enorme ventana, abrieron los ojos como platos al verlos tomados de la mano y dirigiéndose una mirada íntima. Jamás pensaron que su amigo, normalmente nada ágil con las chicas, estuviera en esa situación con la pelirroja más deseada del instituto.
En una arranque de celos e ira Tai se dirigía hacia la mesa, no soportaba la idea de verlos juntos como pareja. El rubio lo tomó del hombro para evitar que siguiera su camino, pues sabía que si Sora los descubría ahí no les volvería a dirigir la palabra. Se sentaron en su mesa que estaba a dos de la de sus amigos, lo bastante cerca como para no perder detalle, pero no lo suficientemente cerca para escuchar lo que se murmuraban tan secretamente.
Yamato se perdió observándola de nuevo, deseaba en demasía ser Joe en estos momentos, tenerla tan cerca, conversar, tomarla de la mano, verla a los ojos. Ella lucía feliz, sus ojos resplandecían en una dulce mirada de esas de las que solía ser el dueño. La nostalgia, lo invadió no entendía porque se hacía eso, porque se torturaba viendo cómo la perdía.
…
La cena continuó amena, los silencios eran incómodos pero ya no tan largos, hablaban de cualquier cosa, Joe conversaba sobre la escuela de medicina y sus materias, Sora sobre su idea de estudiar diseño de modas pues la estancia en New York le había abierto los ojos a ese arte que tanto le gustaba.
–Bueno yo creo que serías una excelente diseñadora, vistes muy bien y tienes mucha clase. Aunque no me lo esperaba, siempre pensé que serías futbolista profesional.
–Hehe… pues digamos que de cierta forma el estilo siempre estuvo en mí, solo que ahora más refinado– dijo bromeando– después de todo mi madre es una gran artista algo tenía que heredar de ella.
–Podrías hacer tu línea de gorros– Soltó el chico provocando la risa de Sora.
–Definitivamente haré una línea de gorros, aún guardo esos que usaba cuando niña tal vez lo vuelva hacer.
–De cualquier manera siempre me pareciste hermosa– Dijo el peliazul sonrojado– te extrañé.
Esto último dejó a Sora pensativa y seria, le parecía que con Joe podía ser abierta, de cualquier forma él le había demostrado que la apreciaba tal y cómo era.
–Lo siento mucho, siento mucho no haber llamado, pero es que estaba en un mal momento– murmuró volviéndose a perder en el paisaje de Tokio.
–No te preocupes, no tienes por qué pedir disculpas, ahora estás aquí que es lo que importa.
Joe deseaba que Sora se abriera con ella, nunca habían sido tan buenos amigos, pero él sabía mucho de ella gracias a la relación que tenía su hermano con el padre de la pelirroja. Al verla seria y pensativa decidió hablar sobre eso que la tenía tan cambiada.
–Sé lo de tus padres, lo siento mucho.
Sora asintió y suspiró–Al fin de cuentas nunca fuimos una familia unida, pero pensamos que en una nueva ciudad, con el nuevo trabajo de mi padre todo podía cambiar, vivíamos juntos pero era como vivir con extraños, las peleas, los reproches, la tensión, dejamos todo aquí en Japón para perder lo que nunca fuimos, una familia. Encima tenía que acudir a ese colegio lleno de chiquillas superficiales que se empeñaban a hacerme la vida imposible, y…–paró mordiéndose el labio para no nombrar lo que más daño le había hecho y lo seguía haciendo.
Al ver la expresión de Sora y sus ojos a punto de desbordarse en lágrimas el chico se puso de pie al costado de la silla de ella, se agachó un poco para abrazarla. Sora se fundió en ese abrazo y lloró en el hombro de su amigo como nunca lo había hecho, tenía años guardándose todo lo que le pasaba, no tenía a nadie de confianza y esa noche, ese chico parecía ser el adecuado.
…
Presenciar esa escena había dejado a los espías sin palabras, Sora lloraba desconsolada sobre el hombro de Joe. Tai se sentía traicionado, él sabía que su mejor amiga algo le guardaba, algo que la hacía sufrir, pero estaba seguro de que terminaría abriéndose con él, y ahora lo hacía con Joe cuando se supone era él su mejor amigo. A Yamato lo que lo tenía afligido era ver el dolor reflejado en el carmín de esos ojos que tanto amaba, no sabía lo que le había pasado en New York, pero se sentía culpable por no haber estado para protegerla.
–Señor Nakamura, está todo listo ¿Quiere que empecemos?
–Em… Si claro– Contestó el rubio que seguía atento a lo que ocurría en aquella mesa.
La luces se apagaron minutos después dejando a todos los presentes confundidos, inmediatamente llegaron los meseros con un enorme pastel en forma de corazón y lo llevaron a la mesa de los que se supone eran los Nakamura.
El pastel con las velas encendidas dejó ver los rostros sorprendidos de los muchachos de la mesa, pero fue aún mayor la sorpresa al ver la leyenda escrita en el postre. Un "Te quieres casar conmigo" estaba claramente escrito. Los meseros observaban a la tierna pareja de enamorados esperando que la preposición saliera de los labios del rubio.
–Emmm…– Empezó Matt que aunque no podía ver más allá de lo que iluminaba el pastel sabía que las miradas de los presentes estaban sobre él– Bueno, tu ¿Quieres casarte conmigo?... –terminó haciendo que el atento público soltara un "Awwww" al unísono. Solo deseaba que Sora no lo pudiera ver.
–Por supuesto que sí amor– Soltó Tai nervioso.
Al presenciar la escena tan tierna, el público empezó a corear el clásico "Beso, beso, beso…" que pintó de rojo los rostros de los jóvenes. Ambos se miraron nerviosos, y fue Tai quien se acercó hasta la mejilla de su amigo para depositar el tan aclamado beso. Los presentes aplaudieron y las luces se encendieron nuevamente. La tierna pareja recién comprometida buscó con la mirada a sus amigos pero su mesa estaba vacía, suspiraron de alivio porque no fueron testigos de su pasaje romántico. Luego cayeron en cuenta de que si no los alcanzaban no podrían saber el desenlace de la cita.
Corrieron escaleras abajo, era una suerte que esos Nakamura hubieran dejado todo pagado con anticipación. Salieron observando para todos lados, pero no había ni rastro de la pareja. Caminaron desanimados bajo la lluvia que era ahora más fuerte.
–Genial idea nombrar a los Nakamura. –Bufó Tai
–¿Tenías una mejor opción?
–Pudiste haber cancelado la sorpresa.
–Claro, como llevaba semanas planeando cómo pedirte matrimonio– Dijo sarcástico el rubio.
Cuando pasaban por el parque Tai se detuvo súbitamente, sobre el puente del lago estaban Sora y Joe bajo el enorme paraguas. Los señaló y ambos corrieron a buscar un buen lugar para seguirlos espiando.
…
Sora seguía con los ojos enrojecidos por las lágrimas, su caballerosa cita le había dado su saco al salir para protegerla del frío y la lluvia. Ambos observaban en silencio como las gotas de lluvia rebotaban en el agua del lago.
–Mi madre se cansó de la situación y regresamos a Odaiba con la esperanza de que mi padre recapacitara y viniera tras nosotras. Pero bueno ya pasó un mes y medio…
–Tranquila– la abrazó el muchacho con un brazo.
–Gracias por escucharme Joe, nadie más sabe sobre esto, no tenía con quien desahogarme.
Los dos jóvenes permanecieron en silencio abrazados, pero este silencio no era incómodo sino reconfortante.
…
Ver a la pareja abrazados de esa forma tan confidente hizo que los jóvenes detrás de la jardinera pusieran una seria expresión en el rostro. No les gustaba para nada lo que veían, parecía que un lazo, del que no se habían percatado antes, unía a sus amigos.
…
–Sora, es un poco tarde ¿Quieres que te lleve a casa?
–No es necesario, caminaré solo son unas cuantas calles.
–¿Estas segura?
–Sí, quiero estar sola.
–Está bien… quería preguntarte algo.
Los ojos carmín se fijaron en el chico incitándolo a que siguiera.
–Tu-tu quisieras…
–Genial volvió el chico tartamudo–Pensó Sora.
–¿Quieresserminovia? –Soltó el Joe con un rápido grito.
Sora la abrió los ojos como platos, no pensó que su compañero le pidiera eso en la primera cita, realmente subestimaba al muchacho. Ahora la nerviosa era ella ¿Cómo decirle que no está lista para una relación sin herir sus sentimientos?
…
Tai y Yamato observaban la declaración de Joe con asombro. De la boca de aquel alto chico habían salido las palabras que tanto les costaba a ellos decirle a la pelirroja. Ahora estaban en ascuas pues no podían escuchar la respuesta de la chica.
…
–Emm… T-Tu… Yo- Yo– genial ahora la tartamuda soy yo. – pensó.
–Joe, eres un chico muy dulce, te considero un gran amigo y después de esta noche creo que podemos confiar más en nosotros. Pero…–hizo una pausa dramática– No creo que pueda salir con el hermano de mi primera vez…
Esas palabras rebotaron en la mente del muchacho una y otra vez Hermano de mi primera vez… hermano de mi primera vez… hermano de mi primera vez...
Sora vio la atónita expresión de su amigo y supo que tenía que marcharse ya. Se acercó al chico, se colgó de sus hombros y se puso de puntitas para alcanzar sus labios pero a pesar de los 15 cm de tacón que llevaba no pudo alcanzar su objetivo. El chico seguía ensimismado sin darse cuenta siquiera que la chica de sus sueños intentaba darle ese beso que él tanto anhelaba.
La pelirroja se quitó el saco y lo colocó en los hombros de su dueño, jaló la corbata del chico para que bajara el rostro y rodeando su cuello se acercó para darle un tierno beso. Ante esta acción los dos espías se quedaron sin aire.
La chica se alejó sin importarle que la lluvia arruinara su aspecto.
Joe la observó sin poder mover un solo músculo, sorprendido, confundido y acalorado por el beso. Volvió a repasar las palabras de Sora… hermano de mi primera vez…¿Shuu? – pensó.
…
Yamato llegó a su apartamento totalmente agotado, había sido una tarde muy pesada tanto física como emocionalmente. Se despojó de sus ropas mojadas y se dio una ducha. Su mente no paraba de recordar lo que vio, Sora hermosa ante la puerta de su casa, luego tomada de la mano de Joe, después las amargas lágrimas que resbalaban por su rostro, el abrazo en el parque, la confesión de su amigo y el beso de Sora, ¿Era eso un sí?, ¿Se los toparía por los pasillos haciéndose mimos?, no estaba seguro pues vio como la chica dejaba a Joe sobre el puente para marcharse entre la lluvia. Sus dudas lo consumían pero eso lo tenía que descubrir el lunes en el colegio, por lo pronto solo quería dormir y soñar con esa nueva imagen de Sora en su vestido rojo mojado.
