CAPÍTULO 5
Sora se daba los últimos retoques frente al espejo intentando camuflajear la enrojecida piel de su nariz.
–Definitivamente tienes que dejar de hacer salidas dramáticas bajo la lluvia señorita Takenouchi– Se reprendió con su voz chistosa.
Se sentía realmente mal, cuerpo cortado, nariz congestionada, estornudos y todos los demás inconvenientes que traía consigo una gripe pescada con maña. Después de su cita con Joe había huido bajo la lluvia con solo su vestido puesto, envalentonada y tras su confesión le había parecido una buena idea retirarse al estilo Hollywood. Ahora tenía que afrontar las consecuencias: ir a la escuela como un zombie.
Caminaba por los pasillos apenas consciente, había terminado su ensayo de ciencias a las 3am, así que además de enferma estaba desvelada. Sintió el ya tan conocido brazo de su amigo que se posaba sobre su cintura.
–Buenos días– Susurró Taichi demasiado cerca del oído de la pelirroja.
El moreno esperó la protesta de la chica, pero ésta ni siquiera le había regresado el saludo, lo que era muy raro en ella.
Tal vez se ha enterado de que la vigilé en la cita que tuvo con Joe y ahora está molesta o peor aún decepcionada, y ¿Si no me vuelve a hablar de nuevo? – Ante sus pensamientos el moreno sintió un retortijón en el estómago, no soportaría su distanciamiento.
La tomó de la barbilla para poder observar su rostro, vio sus ojos húmedos y su nariz roja, ¿Había estado llorando?...
–¡Ashuu!
Un estornudo despejó el ataque de pánico que estaba por tener Tai, entonces se dio cuenta, Sora estaba resfriada. Su pelo estaba más despeinado que de costumbre, pero aún así se veía hermosa. Por su condición parecía estar más dócil pues no había protestado por su cercanía. Aprovechando la fase de su amiga el moreno se acercó más a ella hasta respirar su aliento, sentía que sus labios atraían los suyos como imán al metal. Ansiaba probar sus labios, esos que solo en sueños se atrevía a reclamar como suyos.
¡RIIING!
El sonido de la campana arruinó los planes de Tai e hizo soltar un suspiro de alivio por parte de Sora, que al verse inmiscuida en la situación no sabía cómo escaparse. Era cierto que Tai se portaba de lo más cariñoso y atento desde que regresó, además la pelirroja lo sorprendía mirándola constantemente, al principio creyó que era solo un juego de mal gusto, pero con el tiempo se fueron intensificando esas señales. Ella no sabía cómo lidiar con la situación ¿Podría ver a Tai como su pareja sentimental?, ¿Él la veía de esa forma? Suficiente había tenido con Joe y ¿ahora Tai?. Se zafó de su posesivo abrazo para ir a clase.
–¿Resfriada?
–Sí, estuve así todo el fin de semana.
–¿Y cómo fue la cita con Joe?
–Genial, es muy lindo, pero no creo que se vuelva a repetir.
El moreno esbozó una enorme sonrisa, eso era lo que necesitaba escuchar de los labios de Sora que no volvería a salir con Joe, que no era su novia y que seguía libre para él. Bueno eso nunca saldría de la boca de su amiga, pero él estaba dispuesto a ganarse su corazón a toda costa, lo sucedido el sábado pasado le había abierto los ojos, no quería perderla. La miró con cariño y la tomó de la mano.
–Vamos a clase–Dijo el moreno dirigiéndole una tierna sonrisa a su amiga.
Sora quedó petrificada con su tacto, sentía un montón de mariposas revoloteando por su estómago ¿Qué significaba eso? Tai siempre la tomaba de la mano y la abrazaba, no era nada nuevo. Pero esta vez se sentía diferente, o ¿Era ella quién lo sentía diferente? Su corazón se aceleró al instante y esa mano morena quemaba la suya mientras la jalaba en dirección al aula. Llegaron a la puerta del salón de clases, Tai volteó a verla y sintió la calidez de su mirada, esa calidez que la invadía de pies a cabeza. ¿Se estaba enamorando de su amigo o era un síntoma más de su enfermedad?
…
Yamato estaba sentado en la última banca de la última fila, como siempre, observando hacia el exterior y sin prestar la más mínima atención a la clase. Esa mañana se había propuesto buscar a Sora para que le aclarara su situación con Joe, aunque sabía que ella no le debía explicaciones pero realmente necesitaba saberlo, no había dormido nada desde el sábado y no pensaba más que en eso. La había estado esperando en la entrada y cuando al fin apareció Tai la acaparó por completo, incluso intentó besarla, y lo peor fue que Sora no hizo nada, hasta parecía afligida cuando el beso no se consumó.
Al recordarlo sintió ese vacío en el pecho, no podía hacer nada. Siempre supo que Sora estaría mejor con Tai, los dos son alegres, disfrutan de las mismas cosas, se conocen desde niños y debía admitirlo, se ven bien juntos. Solo era cuestión de tiempo para que se dieran cuenta de su amor.
–Yamato con Sanosuke– puso atención a la clase al escuchar su nombre– Esas son las parejas, el trabajo será entregado en viernes con todas las especificaciones que les mencioné, no habrá oportunidad de entregarlos después de la fecha límite, así que es mejor que empiecen esta misma tarde.
El rubio no tenía ni idea de lo que se trataba ese trabajo, pero lo habían puesto con el nerd de la clase, así que no tenía por qué preocuparse.
–¿Prefieres hacer el trabajo en tu casa o en la mía? –Dijo el pequeño castaño.
–En tu casa– contestó pensando que si se reunían en su casa tendría que limpiar.
–Muy bien, después de clases vamos a la biblioteca y de ahí vamos a mi casa.
El rubio asintió para volverse a perder en la ventana, Sora y Tai salían de su clase, tomados de la mano, ella lucía feliz y eso lo hacía sentirse desdichado, era feliz con él, ahora tenía que aceptarlo. Su mejor amigo y el amor de su vida, tenía que mantenerse al margen, ella era lo que más quería y él siempre estaba cuando lo necesitaba. Solo le quedaba resignarse y tratar de ser feliz por ellos.
…
A la salida los dos estudiantes se dirigieron a la biblioteca, buscaron su material necesario por los pasillos, bueno solo el castaño buscaba, Yamato se limitaba a seguirlo y ayudarlo a alcanzar los libros que estaban muy alto. Consiguieron lo que necesitaban y se pusieron en marcha hacia la casa de Sanosuke.
Mientras iban avanzando, a Matt le parecían conocidas esas calles, estaban cerca de la casa de Sora. Llegaron a su casa y su compañero lo dirigió hasta su habitación.
–Ponte cómodo, voy por algo para comer– Dijo el castaño.
La recámara del chico tenía las paredes adornadas con posters de galaxias, asteroides y sistemas planetarios. Al rubio siempre le habían gustado esas cosas, le gustaba admirar la noche, ver las estrellas, identificar constelaciones y planetas, le parecía fascinante. Vio un telescopio al lado de la ventana e inmediatamente se dispuso a observar a través del artefacto. Distinguió la habitación de una chica, con las paredes en turquesa claro y los muebles blancos, había flores por todos lados, una inmaculada cama blanca llena de cojines en colores pastel y un poster de Audrey Hepburn adornaba la pared. Así que este chiquillo se dedica a espiar a su vecina– pensó divertido.
Vio como la puerta de aquella habitación se abría y entraba la dueña, la pelirroja de sus sueños caminaba con pasos lentos, arrojó su mochila y se tiró en la cama. Yamato podía sentir como la furia se apoderaba de su cuerpo, ese pervertido espiaba a su chica, cerró los puños tan fuerte que se hizo daño, le pareció algo enfermo observar a Sora en la intimidad de su habitación. Estaba a punto de romper el aparato pero pudo más su curiosidad, volvió a asomarse a través del telescopio, Sora estaba sentada en su cama, deshizo su coleta, dejando su hermoso pelo al aire. Se puso de pie y empezó a desvestirse, ese maldito de Sanosuke tenía mucha suerte, vivía atrás de la casa de Sora, tenía un telescopio y ella se desvestía con las cortinas abiertas. Observó cómo cada una de las prendas de la chica caían al suelo hasta quedar solamente en ropa interior, se perdió en la perfección de sus curvas y en su cremosa piel bronceada que contrastaba con el blanco de sus prendas, quedó hipnotizado por la gracia de sus movimientos, era más bella de lo que había imaginado, el temblor se apoderó del cuerpo del chico, la boca la tenía seca y su entrepierna crecía ante esa vista tan espectacular. La chica tomó un vestido floreado de su armario, se vistió rápidamente dejando cubierta su anatomía, pero el calor de Yamato no se disipaba.
–Solo había galletas y jugo– dijo el castaño entrando con una bandeja con los alimentos.
El rubio se alejó rápidamente del aparato para no ser descubierto.
–¿Ha llegado Sora? – preguntó el su compañero acercándose al telescopio– jo, se ha vestido ya– terminó decepcionado.
Yamato no podía creer lo que escuchaba, ¿Ese tarado observaba a Sora mientras se cambiaba todos los días? Sentía unas enormes ganas de estrangularlo, él no tenía derecho a regocijarse con el cuerpo de su amiga. Lo tomó del cuello de la camisa y aprovechando su estatura y fuerza lo levantó contra la pared.
–Eres un pervertido, escúchame bien, es la última vez que haces eso, si me entero de que la sigues espiando te meteré ese telescopio por donde mejor te quepa, ¿Entendido?
El pequeño solo alcanzó a asentir ante la amenaza de su compañero.
–Bien, vamos a terminar con esto. – Dijo el ojiazul dejando caer al suelo a Sanosuke.
Ambos se sentaron en el escritorio, el más chico tomó los libros y empezó a leer rápidamente, quería acabar con eso lo más pronto posible para que su compañero se marchara. Por su parte Yamato solo observaba hacia la ventana de Sora, alcanzaba a verla por entre las ramas de los árboles, estaba sentada en el escritorio tratando de hacer sus deberes, aunque parecía que no lo estaba logrando, apoyó un codo en el mueble para recargar su rostro aburrida, empezó a dormitar, lo que provocó las risas de su admirador. Se talló los ojos, soltó un bostezo pesado y se dejó caer sobre el escritorio dándose por vencida.
–¿Dónde está el baño? – Preguntó el rubio.
–Escaleras abajo, a un lado de la cocina.
Se puso de pie inmediatamente para salir de la habitación, haciendo que su compañero de trabajo soltara un suspiro de alivio. Bajo las escaleras dirigiéndose a la cocina, una vez allí notó a través de la puerta el enorme árbol del patio trasero. Fue hacia afuera y comprobó lo que sospechaba, ese árbol chocaba con el que se encontraba en el patio de la casa de Sora, sin pensarlo dos veces lo escaló con facilidad, se apoyó en sus gruesas ramas hasta rebasar la altura de los muros que separaban ambas residencias.
Se acercó al árbol vecino y de un pequeño salto estaba en la casa de su amada. Se arrastró por las ramas, sin importarle las raspaduras que se llevaba, hasta contemplarla a través de la ventana. Ahí estaba ella, tan cerca, pero estaba seguro de que no podía verlo gracias a las abundantes hojas. Todo su esfuerzo había valido la pena, la tenía a unos metros, descansaba sobre sus cuadernos, totalmente agotada, su rostro lucía en completa calma, respiraba profundo soltando un agudo ronquido, lucía adorable, tan indefensa. Se empezó a acercar más a la ventana de la chica, la tenía a solo medio metro de distancia, si estiraba su brazo podría acariciar su sonrojada mejilla, bajo dos dedos lentamente y la acarició con suavidad, su piel era tan tersa como el durazno, llena de calidez, recordaba la dulzura que poseían sus labios, paseó su dedo por esos rosados pétalos que tenía por boca rememorando su dulce sabor. Deseaba besarla, con un poco de esfuerzo lograría sellar sus labios, aunque sería una maniobra muy peligrosa por la que la recompensa valía la pena.
Apoyó sus brazos sobre el marco de la ventana empujando su torso hacía adelante, cegado por su anhelo ignoró el peligro en el que estaba. Con las piernas sobre la rama y medio cuerpo dentro de la habitación se acercó al rostro de la pelirroja, la observó con detenimiento, sus espesas pestañas, su nariz fina y rojiza, sus mejillas sonrojadas enmarcadas por sus rebeldes cabellos. Esa cercanía lo tenía hiperventilando con fuerza, su corazón rebotaba rápidamente haciéndolo olvidar el cansancio de sus brazos que sostenía todo el peso de su cuerpo. Bajó más hasta sentir sobre sus labios el soplido de la respiración de la chica, giró su rostro para acabar con la poca distancia para consumar su ansiado beso. Cerró los ojos para disfrutar aún más del roce de sus suaves labios con los suyos que apenas los tocaban cuando una melodía lo interrumpió.
El móvil de Sora sonó, haciendo que ésta despertara, levantó la vista observando a Yamato aún con el letargo del sueño encima, el rubio casi pierde el equilibrio por el susto y se aferró al tronco con sus largas piernas, se echó hacía atrás llevándose un fuerte golpe con el marco de la ventana en la cabeza, lo que lo dejó un tanto mareado, pero preso del miedo se apresuró a arrastrarse hacia atrás para quedar completamente oculto entre las ramas. La pelirroja talló sus ojos y lo buscó con la mirada, asomó medio cuerpo por la ventana tratando de confirmar lo que había visto, pero el insistente timbre de su teléfono no la dejo seguir indagando. Se sentó todavía con la confusión en su rostro a contestar la llamada.
Al verla distraída Matt pudo al fin respirar.
–¿Diga? –Respondió Sora al teléfono– ah Tai… –dijo pintando una sonrisa bobalicona que advirtió a Yamato– estaba terminando los deberes… si estoy bien, no hace falta que vengas hasta acá… es solo un resfriado, mañana estaré mejor, no te preocupes…
El rubio no podía soportar más de esa plática, Tai estaba decidido a joderle cada situación con Sora. Detestaba que la hermosa risa de la pelirroja fuera provocada por él. Le lastimaba demasiado que su amigo fuera mejor que él hasta para ganarse el amor de su chica.
Regresó a la habitación de Sanosuke, el chico ya tenía más de la mitad del trabajo avanzado, realmente era rápido.
–¿En qué puedo ayudar? – Preguntó Matt.
–Ya casi está, pero podrías buscar algunas imágenes en google.
Siguió las indicaciones dadas, pero seguía pensando en ella. Se puso de pie hasta llegar al telescopio y volvió a observarla, seguía con el teléfono en la mano, hablaba animada soltando carcajadas cada tanto, se tiró en la cama jugueteando nerviosa con un mechón de su pelo, se veía radiante, se veía feliz y toda esa felicidad era causada por Tai. Le dolía, pero no podía dejar de ver como la iba perdiendo poco a poco, soportando esa tortura, ese castigo autoimpuesto por haber sido tan cobarde.
…
Sora colgó el teléfono después de hablar con Kari por dos horas, la pequeña le hablaba de sus sentimientos por Takeru, que eran los mismos que ella alguna vez sintió por Yamato. Escucharla le había hecho recordar esos gratos momentos cuando estaba total y perdidamente enamorada de su amigo, aunque este no le correspondía, más bien era frío, distante además podía tener a la chica que quisiera, lo que la dejaba sin posibilidades. Pero T.K. era diferente a su hermano, muy diferente, él podía hacer muy feliz a Kari, hacían una bonita pareja.
Tomó una ducha para despejarse, luego siguió con sus deberes hasta quedarse dormida sobre el escritorio.
…
A la mañana siguiente sonó su despertador, seguía sintiéndose mal, aunque ahora se le sumaba un malestar en el cuello por haber dormido en una posición tan incómoda. Se ducho rápidamente e hizo lo mejor que pudo por mejorar su aspecto.
Salió de su casa y se topó con Tai recargado sobre la cerca con los ojos cerrados. Verlo ahí tan temprano le enterneció, él no era de los que se levantaban a esa hora, además vivía al otro lado de la ciudad, por lo que debió levantarse muy temprano para llegar hasta su casa.
–Hola–lo saludó.
El moreno abrió los ojos y le regaló una de sus tan preciadas sonrisas. Sora le devolvió el gesto, lo tomó de la mano y caminaron hacía la escuela.
–¿Te sientes mejor?
–Un poco, es sólo que el cuello me está matando– Contestó la pelirroja moviendo su cabeza tratando de sosegar el dolor.
Tai paró de andar para colocarse detrás de Sora, poso sus manos sobre el cuello de su amiga dándole un suave masaje. El tacto de Tai estremeció a la pelirroja, sus latidos eran tan enérgicos que temía que su amigo se percatara de ellos, su cuerpo se tensó, sentía su cálida respiración detrás de su oreja causando que miles de escalofríos recorrieran su cuerpo.
–¿Mejor o quieres que continué? – La voz de Tai sonaba diferente, era un susurro lascivo que hacía que Sora perdiera la razón. Era definitivo, sus sentimientos por su mejor amigo estaban cambiando.
–Me siento mejor, gracias– Dijo en voz baja para volver a caminar, quería alejarse de ese cuerpo que la envolvía con su calor.
El moreno la alcanzó en unos cuantos pasos para tomarla de la mano, acción que incomodaba cada vez más a su amiga que no sabía interpretar esos sentimientos que la invadían de repente. Es sólo por la enfermedad, las medicinas te hacen alucinar- Se repitió una y otra vez en busca de consuelo.
Caminaron hasta la escuela en silencio, hundidos en sus pensamientos. Taichi tenía su plan bien trazado, quería a Sora como novia, quería que se pusiera linda para él, llevarla a cenar que le contara sus secretos, que llorara un su hombro, que supiera que la amaba y que ella le correspondiera. Ese era su más grande anhelo y no permitiría que nadie se interpusiera entre su amiga y él. Lo había descubierto, la amaba y sabía que para ella él era más que un amigo, pero aún menos que un amor, algo que se encargaría de cambiar.
…
Sora se encontraba almorzando con Misao sobre una de la mesas del patio. Misao era lo más cercano a una amiga que tenía en el instituto. Era simpática pero sabía que no podía confiar mucho en ella, a pesar de que le mostraba su fidelidad, Sora no dejaba de pensar que su amistad era solo por conveniencia. La escuchaba parlotear sobre ropa de moda y no paraba de pedirle consejos. Aunque la mente de la pelirroja se encontraba muy lejos reviviendo esos extraños sentimientos que se apoderaron de ella esa mañana, esos que la habían hecho alejarse un poco de su amigo para tratar de pensar con tranquilidad. Tranquilidad que su compañera de tenis había interrumpido.
–Fue muy dulce lo que hiciste por Joe.
–¿mmm…?– reaccionó la pelirroja que por primera vez estaba interesada en lo que su interlocutora decía.
–Esa especie de "Caridad" al aceptar al chico, ahora lo has puesto en el mapa, son muchas las chicas que quieren una cita con él. Pero cuéntame, ¿Qué sucedió? – termino la pelinegra con un destellante brillo en sus verdes ojos.
–No fue ninguna "Caridad", Joe es mi amigo y realmente disfruté mucho de esa cita, es un chico muy dulce y cualquiera debería de sentirse dichosa a su lado– Contestó con un semblante serio– pero yo no estoy para salir con alguien en estos momentos, la escuela y el tenis me absorben demasiado.
–Lo siento, no quería hacerte enfadar. Se nota a leguas que es un buen chico…
Un silencio bastante incómodo se apoderó de esa banca en el patio lo que permitió a Sora volver a pensar con tranquilidad, dejando de lado el enojo causado por su compañera. Joe es realmente un buen chico, en otras circunstancias no dudaría en aceptar su propuesta, solo que no tengo tiempo de pensar en chicos.- justo después de pensar en su excusa el recuerdo de Tai llegó a su mente, ¿Qué no había hecho eso precisamente, darse un tiempo para pensar en un chico?
–Te vi el domingo en el mall– rompió el silencio la ojiverde con su radiante sonrisa– ibas de tienda en tienda, te llamé varias veces, pero no me escuchaste.
–Oh si, lo siento, estaba un poco exasperada buscando un libro que necesito leer, pero por más librerías que visito no logro encontrarlo.
–¿Es alguno de la escuela?
–No es una novela, en realidad es una saga de una escritora Neoyorquina muy famosa, obviamente allá sus libros se publican con rapidez, pero acá no lo he podido encontrar… ¡Puff, es tan frustrante!
–Debe ser muy bueno. – dijo Misao con una expresión de extrañeza.
–Lo es, se llama "Gemidos de la noche"… – al ver la expresión de asombro de su acompañante se vio en la necesidad de explicarse– sé que suena sugerente, pero no es de "ese" tipo, o por lo menos "eso" no es el tema principal, es una apasionante historia sobre un amor que surge entre dos mejores amigos de la infancia, en medio de un apocalipsis zombie. – al recordar la trama de la historia se preguntó qué haría si se encontrase en una situación similar con Tai.
–¿Zombies?... debe ser interesante.
–Sí que lo es, te prestaré el libro para que te envicies y así tener con quien compartir mi frustración.
Ambas chicas rieron y continuaron hablando de ropa, Sora había bloqueado a Taichi por un momento de su mente y se concentró en su compañera, que tal vez podría convertirse en una buena amiga después de todo a las dos les gustaba la moda, el tenis y se encargaría de que compartiera su gusto por los libros.
…
Sanosuke escribía nervioso las últimas páginas del ensayo, la presencia de Yamato no hacía más que atrasarlo. El día anterior había retirado el telescopio de la ventana para que el rubio supiera que ya no espiaba a su adorable vecina, pero esa tarde al llegar le había pedido enfadado que volviera a colocar el artefacto para que él pudiera verla.
Yamato llevaba más de una hora observándola en su "estado natural" sin esa careta de superficialidad. Veía como se despojaba de su ropa para ponerse más cómoda, al igual que la tarde anterior logro ver la ropa interior que vestía, un coordinado semitransparente turquesa que resaltaba su bronceada piel, adoraba la lencería de sora, pero su favorita hasta ahora era ese coordinado rojo que pudo ver a través de sus prendas mojadas aquel glorioso y horroroso día. Pocos segundos le duró el gusto, pues Sora se puso unos diminutos shorts y una camiseta pegada a su cuerpo para seguir con sus actividades.
El pequeño castaño observaba a su compañero babear por esa chica, si supiera que la tarde del sábado se la paso cambiando de vestido una y otra vez, paseándose en ropa interior y que al final se había despojado de su sujetador dejando sus hermosos senos a la vista por un largo tiempo hasta que se puso ese vestido rojo. El solo recordar la imagen de Sora desnuda le provocó una hemorragia nasal. Decidió apartar esa imagen de su mente y volvió a pensar en Matt, él era por mucho el chico más popular de la escuela, es más de todo Odaiba, definitivamente no tenía necesidad de espiar a la chica que le gustaba, eso era más del estilo de un tímido empollón que no podía cruzar palabra con cualquier chica. Pero el rubio podía tener a quien quisiera. Si fuera él me dejaría de niñerías e iría a buscarla para hacerla mía como tantas veces he soñado-Pensó.
–¿Por qué no la vas a buscar?
La voz de su compañero sacó a Yamato de su trance, hasta ahora no era consciente de nada más que no fuera lo que sucedía en esa recámara.
–Emm…– no sabía que contestarle, la verdad era que no la buscaba porque era un cobarde, además la había atacado en un callejón y la seguía a todo lugar a donde iba, era un enfermo acosador. Eso de seguro haría que lo llevaran preso.
–Estoy seguro de que si se lo dices ella estará de lo más encantada, eres Yamato Ishida, no un chico como yo que su única esperanza de ver a una chica tan hermosa como ella desnuda es espiándola. –Dijo tapándose la boca al descubrir que había hablado de más.
–No es tan sencillo como parece.
Se volvió a perder dentro de la habitación de la chica, vio cómo se abrigaba tomaba sus cosas y se marchaba. Con eso terminaba su sesión de acosador.
…
A Sora le habían diagnosticado reposo total el resto de la semana, aunque le parecía una exageración, solo faltaría un día y eso debido a la insistencia de su madre. Se despertó a las 10am ya con eso se sentía mejor. Pensaba en lo que haría el resto del día sin poder salir de la cama, sería ideal tener ese libro que tanto ansiaba leer, sería una buena forma de pasar el tiempo.
–Sora cariño, ¿Puedo pasar? –Preguntó suavemente Toshiko antes de abrir la puerta para pasar con el desayuno sobre una bandeja.
–Buenos días mamá, muchas gracias– Dijo al ver las tostadas que su madre puso sobre el buró.
–¿Te sientes mejor?
–Mucho mejor, creo que fue por todas las horas que dormí.
–Eso es bueno, necesitas descanso, siempre tienes cosas que hacer, la escuela, los entrenamientos, sin contar cuando te desvelas leyendo. Debes de cuidarte más. – Sora solo asintió ante el regaño de su madre. – Tai se ha pasado esta mañana, estaba muy preocupado y te trajo sopa, ¿quieres que la caliente?
–¿Crees que Tai la hizo? – preguntó un poco asustada.
–No, dijo que su madre la preparó– Contestó su madre divertida.
–Entonces si quiero.
–Bien, la caliento y te la subo antes de irme al trabajo, desayuna por lo pronto.
Sora comió sus alimentos y tomó sus medicinas para después caer en un profundo sueño.
…
El insistente timbre de la puerta la despertó. ¿Quién se atrevía a tocar tan insistente a esas horas de la mañana?, observó el reloj y se dio cuenta de que ya era medio día. Se levantó con pereza, se puso la bata de seda para cubrir el corto camisón. Bajó las escaleras lentamente un poco mareada por los medicamentos, abrió la puerta lentamente hasta toparse con un joven mensajero que sobre su brazo cargaba una caja.
–Buenos días, busco a Sora Takenouchi– Dijo leyendo las hojas de su tableta.
–Soy yo.
–Le traigo su paquete.
Sora salió hasta la reja de su casa donde aguardaba paciente el mensajero. El chico se sorprendió por las atrevidas prendas de la pelirroja que dejaban poco a la imaginación a pesar de estar cubierta por la bata. Al ver que su clienta era tan bella le dedicó una seductora sonrisa, Sora se sonrojó por el gesto del muchacho que en realidad era bastante atractivo, pero se olvidó por completo de él al tener esa caja en sus manos. Firmó la entrega y regreso a su habitación. Tal vez papá lo envió- Pensó esperanzada. Pero por más que buscaba no había ningún dato sobre el remitente. Sin más abrió el paquete.
Dentro se encontraba ese libro que quería leer hace más de un mes, estaba emocionada pues ansiaba continuar con la historia. La intriga la consumía hasta que recordó esa plática con Misao, tenía que llamarla para agradecerle el gesto. Tomó su móvil mando un mensaje de texto.
S: Muchas gracias por el libro Misao 12:23
M: ¿Qué libro? ._. 12:23
S: Me ha llegado por paquetería la novela de la que te hablé, ¿la enviaste tú? 12:25
M: Nop, la verdad ni siquiera lo recordaba :S 12:27
La respuesta de Misao la dejó intrigada, no le había dicho a nadie más sobre eso. Muchos sospechosos cruzaron su mente, entre ellos Shuu, Joe, Tai o hasta su madre, aunque en realidad ninguno sabía de ese objeto tan preciado. Decidió ignorar el hecho y mejor disfrutar de la lectura, ya aparecería esa persona que le mandó el libro.
…
Yamato y Sanosuke habían terminado el trabajo faltando 3 días para la entrega, pero aún así el rubio insistió en visitar la casa de su compañero para su sesión con el telescopio. Espiar a Sora se había convertido en una adicción, no podía dejar de hacerlo, todos los días se despertaba con eso en mente, la observaba de lejos, faltaba a clases para verla en los entrenamientos de tenis, la esperaba en la cafetería sino llegaba salía a buscarla en los jardines. Sus tardes eran gloriosas, podía observarla en su habitación haciendo cualquier cosa, siendo ella solamente no esa chica superficial, fría y falsa que se topaba en la escuela. Y al llegar a casa se tumbaba sobre la cama cerraba los ojos e inmediatamente aparecía la hermosa sonrisa de Sora.
Como cualquier adicto la ausencia de su droga lo ponía de malas, esa mañana la había esperado en la puerta como siempre lo hacía, últimamente había llegado acompañada de Tai, pero el día de hoy no apareció. Se había enterado de que la pelirroja no acudiría por su enfermedad. Conforme avanzaba el día más ansioso se ponía definitivamente estaba perdiendo la cabeza, esas horas sin saber de ella lo tenían trastornado. Su única esperanza de verla estaba en ese chico al que había amenazado por hacer lo que justamente hacía él ahora.
Suspiró aliviado al verla recostada en su cama leyendo ese libro que le compró por internet. Se había enterado de la afición de Sora ayer que accidentalmente terminó espiándola detrás de un arbusto, esa vez no lo tenía planeado. La pelirroja no estaba almorzando con Tai en la cafetería como era su costumbre, así que Matt salió a buscarla, la encontró sola sobre una banca, era el escenario perfecto para hablar con ella después de más de un mes de no cruzar palabra. Se armó de valor decidido a confesarle a Sora su amor, hablar las cosas de frente y aclararlo todo. Faltando solo un par de pasos para llegar a su objetivo la compañera de tenis de su chica la abordó emocionada, arruinando así su plan. Para no verse descubierto se ocultó en el arbusto e inevitablemente escuchó su plática, al principio hablaban de cosas triviales sin importancia, pero cuando Misao preguntó por la vida sentimental de su amiga estuvo más atento para no perder detalle, la escuchó afirmar que no tenía tiempo para pensar en chicos, lo que lo dejó aliviado tal vez esa era la razón por lo que aún no era novia de Taichi. Justo después de eso habló del libro que tanto le gustaba. Le pareció que la trama era tan poco Sora, y después recordó los comics de acción que leían juntos en la secundaria. Así fue como desesperado corrió a casa para cumplir con el deseo de su amiga, lo pidió por internet con un costo extra por entrega inmediata ya se las arreglaría con su padre cuando descubriera los cargos a su tarjeta de crédito.
Verla tan absorta en ese libro le hacía sentir que valió la pena su esfuerzo para conseguirlo. La observó leyendo durante toda la tarde, cambiando de posición cada cierto tiempo, mordiéndose el labio angustiada, carcajeándose por momentos, gritando contra la almohada, y sonriendo dulcemente. Amaba esa sonrisa y esta vez él era el causante, aunque indirectamente, pero se sentía dueño de esa felicidad. Sora cerró el libro soltando un último grito contra el cojín. Yamato río ante esa acción y siguió observando.
La chica se puso de pie, estirándose para desentumirse un poco y dejando salir un enorme bostezo. Caminó hacía el vestidor y entró al baño, poco después salió vestida con una camisa blanca de hombre que le quedaba bastante holgada y apenas le cubría el trasero. En una primera instancia a Yamato le pareció que se veía de lo más sensual, pero después calló en cuenta: si Sora vestía una camisa de hombre, alguien se la tuvo que haber dado para cubrir su desnudez y como no había en su casa ningún hombre esa camisa solo podía pertenecer a alguien… Taichi.
Sintió un enorme nudo en el estómago que subió hasta la garganta amenazando con salir en forma de lágrimas. Lágrimas de coraje, lágrimas de impotencia, lágrimas de tristeza. Sora y Tai habían intimado, después de todo sabía que el moreno era el único chico que la visitaba, además la madre de Sora le tenía la suficiente confianza como para dejarlos solos en casa. Eso hacían desde que eran pequeños y a su regreso no había cambiado. Volvió a asomarse por el telescopio para comprobar lo que vio, Sora acariciaba y olía la prenda añorando a su dueño, luego de soltar un suspiro pesado apagó las luces y se metió a la cama. Yamato se retiró del artefacto. Realmente soy un masoquista, me gusta hacerme sufrir– pensó.
…
Sora amaneció de buenas, totalmente recuperada de su enfermedad y al día con su novela favorita todo pintaba muy bien, aunque seguía pensando en la persona que le mandó ese libro, tenía que ser alguien muy cercano a ella, realmente observador para darse cuenta de su afición.
Salió de la cama para dirigirse a la ducha, se deshizo de su preciada piyama esa camisa que alguna vez fue de Yamato, y que ahora apenas olía a él. Se metió en la ducha pensando en el rubio, por primera vez en mucho tiempo se permitía pensar un poco en él, no sabía por qué seguía teniendo esa necesidad de vestir esa prenda que la hacía recordar su cercanía, después de todo lo mejor era mantener las distancias y así evitar accidentes como los del callejón. Le sorprendía lo pronto que Matt se había dado por vencido con respecto a ella, siempre pensó que él intentaría buscarla luchar por ella, pero simplemente se había conformado, lo que le mostraba que no era tan importante para él. Le parecía increíble que tantos años de amistad se fueran a la basura, ella misma había tenido la culpa, si no hubiera confesado sus sentimientos seguirían siendo amigos, sabía que era una apuesta riesgosa, todo o nada, simplemente perdió y ya nada volvió a ser lo mismo entre los dos.
¿Estaría dispuesta a perder a Tai cuando era lo único que le quedaba? No. Tenía que pensársela bien antes de dar ese fatídico paso. Salió de la ducha sin siquiera un ápice de la alegría con la que se había levantado.
…
Yamato no había tenido ánimo de espiar a Sora, ni siquiera de levantarse de la cama, faltar a la escuela un día no hacía daño, es más así le sería más fácil no acercarse a la pelirroja y se evitaría ese dolor en el pecho cada vez que veía la sonrisa que Tai le causaba. Se había pasado el día tirado en la cama creando hipótesis de cómo había llegado esa camisa a casa de Sora y sobre todo quién era el dueño. Estaba cansando del asunto por lo que salió a dar un paseo.
Sin darse cuenta se fue acercando hacía la casa de la pelirroja, observó que a esa hora ella ya estaría en su habitación. Necesitaba verla, solo así podría sentir un poco de vida. Sin más de dirigió a la casa del pequeño Sanosuke. Tocó el timbre un par de veces hasta que su compañero atendió.
–¿Yamato? – preguntó el castaño con la sorpresa en el rosto–¿Qué haces aquí? El trabajo ya lo he entregado.
El rubio no contestó, sólo se limitó bajar la mirada avergonzado. Entonces su compañero comprendió.
–Pasa. Sora ha llegado ya.
El rubor cubrió el rostro de Yamato, se sentía realmente patético, recurriendo a su compañero para poder ver a Sora. Subió hasta la habitación y tomó el telescopio. Sora iba de un lado a otro buscando sus pertenencias y las guardaba en su bolso, llevaba un vestido floreado que contrastaba con una chaqueta de cuero, su hermosa cabellera estaba suelta casi de manera salvaje. Se veía preciosa, aunque a ojos de Yamato siempre era así.
Pudo verla solo por unos minutos y salió de su habitación.
–Ha quedado con Misao– dijo Sanosuke– Me lo ha dicho esta tarde. – Explicó para evitar el enojo del rubio.
Pero el enojo no se presentó, en su lugar una idea brilló en la mente del chico. Cuando las chicas salen por ahí, suelen tardarse, así que había tiempo suficiente para entrar en la habitación de Sora y simplemente hurgar por ahí. Salió al patio y trepó al árbol con rapidez, una vez sobre las ramas del árbol de la casa de Sora, era fácil moverse hasta su ventana, como lo había hecho antes. De un brinco estaba en la habitación de la pelirroja.
Por todos lados había evidencias de la personalidad de la chica que tanto amaba, sus libros, sus raquetas, las flores naturales que esparcían ese olor tan característico de ella. Observó las fotos sobre el tocador, en muchas de las cuales estaba Tai, y claro en ninguna estaba él, incluso había una donde solo estaba el moreno con su boba sonrisa. La arrancó con furia rompiéndola en pedacitos guardando los restos en su pantalón para no dejar rastro.
Después se fijó en la foto que ocultaba la que acababa de destruir. Era una imagen de aquel día en el que Sora le confesó lo que sentía, ese día en donde los sentimientos lo abofetearon tan duro que quedó aturdido y no supo cómo reaccionar. En esa fotografía estaban él y Sora, no la Sora de hoy sino la Sora de antes, avergonzada, con ese rubor tan adorable en el rostro, nerviosa por su cercanía y sus ojos brillantes y tímidos. Por otro lado ese Yamato era seguro, fanfarrón y orgulloso, tanto que su amor propio no le dejaba darse cuenta de los sentimientos de su amiga, estaba demasiado cegado por el éxito de su grupo, por el montón de chicas que los seguían, ignorando por completo a Sora. Ahora los papeles habían cambiado, él era en tímido no correspondido y ella podía tener el mundo a sus pies. De nuevo esa sensación de pesadez se apoderó de su pecho, dolor mezclado con arrepentimiento y la total seguridad de que era un idiota.
Se giró hacía la cama de Sora y se dejó caer en ella aspirando el olor a coco y orquídeas tan característico de la pelirroja. Tomó la almohada en un fuerte abrazo, como lo habría hecho con Sora si ella se lo permitiese. Hundió su rostro en cojín embriagándose con su aroma, recordando el último día que la tuvo entre sus brazos. A lo lejos escuchó pasos que subían por las escaleras. Sora– pensó y de un brinco corrió hacía el vestidor que unía la habitación con el baño. Abrió la puerta del armario colándose dentro para no ser descubierto. Vio por entre las rendijas de madera a las dos chicas que entraron a la recámara.
–Sora lo siento tanto, a veces soy tan boba– Dijo Misao.
–Descuida. Solo que nos vamos a retrasar un poco, tengo que lavar mi cabello para quitar la malteada.
–¡Soy tan tonta! – chilló la ojiverde fastidiada– eso nos quitará tiempo de conversación.
–No tiene por qué– dijo Sora acercándose al vestidor, haciendo que Yamato aguantara la respiración– cuéntame tu teoría sobre el libro que recibí.
–Bueno, es super obvio que tienes un admirador secreto. – Sora sonrío ante la afirmación de su amiga. – Y bueno no son pocos tus pretendientes. ¿A qué es super tierno tener a un chico siguiéndote la huella todo el día?
– Eso suena atemorizante, ¿un acosador?. Solo de pensarlo me dan escalofríos.
–¡Oh vamos! ¿No te sientes ni un poquito halagada?
–La verdad no, preferiría que se mostrara, que fuera valiente. Después de todo no muerdo, bueno a menos que me lo pida. – Terminó Sora con una sonrisa pícara.
Escucharla decir eso hizo que Yamato se sintiera más perdido, definitivamente lo que estaba haciendo no era del agrado de la pelirroja, de hecho a él tampoco le gustaba, no se reconocía, no sabía qué hacer, a dónde ir, simplemente no se podía alejar porque entonces se quedaría sin vida, pero tampoco se podía acercar, era demasiado riesgoso. Por lo pronto tenía que concentrarse en no ser descubierto.
Sora caminó hasta el armario donde se encontraba el rubio e intentó abrir la puerta, forcejeó varias veces pensando que estaba atascada, pero en realidad era su acosador quien la sujetaba fuerte para no ser descubierto. La mirada de la chica se tornó interrogante pues esa puerta nunca se trababa, empujó un poco asomándose por las rendijas provocando que la sangre del chico se le fuera hasta los pies.
–Ay pero no puedes pedir que el tímido de Koushiro se te declaré así como así.
–¡¿Qué?! – exclamó Sora incrédula casi aterrorizada olvidándose de sus sospechas. Yamato respiró aliviado, nunca pensó que la bocona de Misao lo salvaría de una situación así.
–Es super obvio, él es tímido, son amigos, a él le gustan los libros, a ti te gustan los libros, eres linda y él es tímido– dijo Misao enlistando las razones con sus dedos.
–Eso ya lo dijiste. – contestó Sora con hastío– Misao no le gusto a Koushiro, ok. No quiero que falsos rumores se esparzan en la escuela.
–Cierto, eso provocaría que cierto capitán del equipo de Soccer se molestara.
–Cambiemos de tema– dijo Sora poniendo los ojos en blanco realmente molesta.
La pelirroja volvió al vestidor.
–Sora, ponte tu vestido azul, el del otro día. ¿Recuerdas cómo te veía el chico del café?
La aludida sonrió recordando ese muchacho, y se dirigió al armario de enfrente, lejos de aquel donde se encontraba oculto su acosador para buscar la prenda sugerida. Una vez más Misao había salvado a Yamato.
–¿Puedo poner un poco de música? – preguntó la ojiverde.
–Claro– gritó Sora saliendo del armario. –Voy a necesitar un poco de privacidad aquí– dijo cerrando la puerta del vestidor.
La pelirroja se quitó la chaqueta aventándola hacia un pequeño banco. Empezó a bailar con la melodía de Smooth Operator que Misao había puesto. Bailó frente al espejo que se encontraba detrás de la puerta, cantándole a su reflejo mientras se despojaba de sus prendas de manera sensual sin saber que el show que estaba dando tenía a Yamato como espectador.
El rubio se estaba quedado sin aire, si antes ya estaba sudando por el nervio y el calor en ese espacio reducido, ahora lo hacía en serio, su ropa estaba totalmente empapada, su corazón acelerado y la excitación era cada vez más evidente. El vértigo que sentía por casi ser descubierto aunado a la vista que tenía a unos pocos metros lo tenían al borde. Sora se dirigió a la ducha para poder lavarse el pelo por lo que Yamato pudo tomarse un respiro, si seguía así se desmayaría ahí mismo.
La pelirroja regresó al vestidor a los pocos minutos envuelta en una toalla. Tomó su vestido y tiró la toalla para poder vestirse. Aunque fueron solo segundos Yamato grabó en su mente el cuerpo desnudo de Sora, quedando impactado por la perfección de sus curvas y esos rincones que hasta ahora solo había imaginado, pensando que su imaginación se había quedado corta comparándola con la realidad.
La chica salió del vestidor dejando respirar un poco al muy alterado rubio, escuchó el parloteó de las muchachas por unos minutos más, hasta que la música paró y amabas salieron. Viéndose a salvo soltó un suspiro sonoro dejándose caer en la pared, alzó la vista y vio la camisa blanca con la que había dormido Sora la noche anterior, la camisa de Tai. En un impulso de celos la jaló del gancho y la observó con despreció, entonces se dio cuenta de que el primer botón de la prenda estaba mal cosido con un hilo rojo bastante contrastante, inspeccionó la camisa con cuidado encontrando una rasgadura en una de las mangas que le despejó sus dudas, esa camisa era la suya. Pensó que la había perdido en esa cancha de futbol, jamás imaginó que terminaría en el closet de Sora, mucho menos que ella la utilizara para dormir y la abrazara de esa forma. Un halo de luz brilló en su interior llenándolo de esperanza, Sora aún lo quería.
Salió de su escondite con una enorme sonrisa, observando la prenda una vez más solo para estar seguro, al olerla se dio cuenta de que olía más a Sora que a él, así que se quitó la camisa que vestía y la cambio por la otra, después de todo las dos eran iguales, a excepción del hilo rojo, por lo que arrancó el primer botón. Acomodó la prenda en el armario y checó que todo estuviera en su lugar. Una vez seguro se dirigió a la ventana para salir, se detuvo cuando vio las bragas rojas de Sora sobre su cama, sin pensarlo dos veces se las guardó en el bolsillo trasero de su pantalón. Si ella tiene algo de mí, es justo que me lleve esto– pensó con una lasciva sonrisa en su rostro.
