¡Hola! Bueno en este Capítulo las cosas se tornan un poco dramáticas, espero que no demasiado :S, igual háganme saber lo que opinan.

Muchas gracias por todos sus reviews, son muy lindas todas al tomarse el tiempo de leerme y dejarme sus impresiones.

Muchos besos y buenas vibras para todas.

Obviamente los personajes no son míos, pero la historia si.

Gracias por leer :)

CAPÍTULO 6

Sora regresó de su salida con Misao, se sentó en su cama pensativa, a pesar de que había conocido a chico bastante lindo y agradable en aquel café en realidad no le llamaba la atención, hasta le había dado un número falso para que no la llamara. No entendía qué era lo que estaba mal con ella, tenía la oportunidad de salir con alguien y siempre la arruinaba. Es que simplemente no encontraba a nadie atractivo o interesante, lo que la frustraba un poco, estaba convencida de que si lograba salir con alguien sería más fácil olvidar a Yamato y bueno también todo ese asunto con Tai.

Estaba cansada después de un día tan ajetreado, lanzó un bostezo y se dirigió en automático hacia su vestidor, estuvo a punto de tomar de nuevo la camisa de Matt como piyama, pero se contuvo, últimamente la usaba muy seguido lo que la hacía soñar aún más con él, por más que lo intentara al parecer su subconsciente se encargaba de recordarle sus sentimientos por el rubio. Se puso su camisón de seda verde menta e intento dormir sin pensar demasiado en Yamato.

Al día siguiente caminó hasta la escuela sola, Tai no había estado esperándola como de costumbre, a pesar de la preocupación que le causaba no pudo evitar sentirse aliviada, cada vez era más difícil estar a solas con su mejor amigo. Llegó a la escuela saludando a quienes conocía, pero no había señal del moreno. Se dirigía a su primera clase, inglés, lo que no era ningún problema después de vivir en América durante tres años. Soplaba un ligero viento frío que alborotaba sus cabellos y alzaba ligeramente su falda, se distrajo tratando de que no se levantara de más.

A pesar de su distracción pudo sentir algún tipo de campo magnético que la hizo parar abruptamente, alzó la vista y lo vio, parado frente a ella a no más de dos metros se encontraba Yamato, viéndola fijamente con esa media sonrisa de autosuficiencia que tanto odiaba y que lo hacía lucir jodidamente sexy. Sora no pudo ocultar su asombro, su cuerpo se tensó y abrió ligeramente los ojos, en todo el tiempo que llevaba de regreso en Japón era la primera vez que Matt la veía de esa forma, como si supiera algo que ella no, como si pudiera leer su mente. Y cual animal asechando a su presa, el rubio parecía oler el miedo de la pelirroja, su sonrisa se ensanchó y sus ojos parecían divertidos, definitivamente le gustaba tener el poder.

Sora no pudo mantener su mirada por más tiempo, trató de recomponerse y seguir con su camino, pero Yamato le bloqueo el paso haciéndola topar contra su pecho, ante el cálido tacto de su cercanía la muchacha dio un pequeño salto hacia atrás. ¿Dónde estaba ese Matt que la evitaba? Ese muchacho un tanto inseguro que bajaba la vista avergonzado. Ahora podía ver ante ella al chico de antes, sus mismos ojos tan azules, su sonrisa torcida y su expresión burlona. El aire alrededor de ellos parecía haberse vuelto más espeso, tanto que hasta le costaba respirar. ¿Dónde está Tai cuando lo necesito? No voy a dejar que me intimide, soy yo quien tiene el control–pensó

–Con permiso – dijo en un quedo susurro.

Dio un paso al costado intentando evadirlo, pero el rubio era persistente y volvió a bloquearle el camino, ante la cercanía de su cuerpo Sora dio torpe paso hacia atrás que la hizo tropezar, estuvo a punto de caer de no ser por los ágiles reflejos del chico que tomó por la cintura y la sostuvo firmemente. El tacto de Matt le provocó que la pelirroja se sonrojara a la vez que un montón de nerviosas mariposas revolotearon en su interior, su respiración se aceleró aún más y parecía que su corazón quería escapar por la garganta. Era consciente de cada una de las partes donde sus cuerpos se rozaban, los dedos firmes sobre su cintura, el antebrazo que quemaba su espalda, los montículos de sus senos que tocaban su pecho al respirar, y la rodilla del muchacho entre sus muslos. Yamato río bajo y el sonido de su voz la hizo estremecer. ¿Se estaba burlando de ella?, eso era indignante. Tomó fuerzas e intento recuperar la compostura, se deshizo de su abrazó para alejarse lo más pronto posible, dio unos cuantos pasos intentando lucir íntegra y soberbia como siempre, pero sus temblorosas piernas fallaron y casi la hacen caer frente al rubio, quien volvió a reír. Avergonzada más que desconcertada echó a correr hacia los baños.

Entró golpeando la puerta y arrojando su bolso, se sostuvo sobre el lavamanos aún con el temblor en el cuerpo, se vio en el espejo notando el rojo de su cara debido, primero a la cercanía de Matt y después por el terrible ridículo que acababa de hacer. Tenía una expresión de horror en el rostro causada por esa extraña situación que hasta ahora solo se había presentado en sus peores pesadillas y no habían sido tan malas como en la realidad.

–¡Estúpida! – gritó a su reflejo encolerizada por haber sido tan débil y haber permitido a Yamato cruzar su coraza, de todos a los que iban dedicadas sus barreras, él era el menos indicado para tumbarlas. –¡Idiota! – se volvió a insultar golpeando fuertemente el espejo, que por suerte no se rompió.

–¿Sora? –Preguntó una débil voz desde uno de los cubículos.

La pelirroja se volteó asustada, ahora había hecho el ridículo frente alguien más.

–¿Quién es? –Preguntó con un poco más dureza de la que esperaba.

–Soy yo, –Contestó Misao saliendo temerosa– ¿estás bien?

Sora asintió sintiéndose aliviada de que su compañera fue la que presencio su ataque de ira, sabía que aunque la ojiverde fuera una chismosa de primera, en lo que se trataba de ella solía ser discreta y respetuosa.

–Sí, solo empecé mal mi día.

–¿Quieres hablar?

Sora vaciló durante un segundo, por más confianza que le tenía a su compañera no podía contarle acerca del rubio, sabía cómo iría todo, Misao haciendo de celestina y Yamato burlándose de ella.

–No.

–Está bien. –Dijo Misao, quien ya se había acostumbrado a la negativa de su amiga a contarle sobre lo que le pasaba.

Sora necesito más de una hora para recuperarse del atentado de Yamato, le había dado mil y una vueltas tratando de encontrar el motivo de su comportamiento tan repentino que la había agarrado con la guardia baja. Durante todo ese tiempo Misao la acompañó con su habitual parloteo que por momentos llegaba a distraerla, hasta que se sintió lo suficientemente segura de no desmayarse si se lo volvía a encontrar. Su compañera era muy buena para ayudarle con sus problemas de autoconfianza.

Entró tarde a la tercera clase e inmediatamente se topó con la preocupada mirada chocolate de su amigo. Caminó presurosa para sentarse a su lado. Apenas llegó a su banca, Tai deslizó un papelito encima, esa era su manera de comunicarse en clase después del castigo que le pusieron al chico por haberle dado una muy entusiasmada bienvenida a su amiga.

T: ¿Qué pasó?

S: Se me hizo un poco tarde.

T: Te vi en la entrada, pero no llegaste al salón…

S: Se me hizo un poco tarde platicando con Misao.

T: ¿Con Misao?, ¿Desde cuándo son tan amigas como para volarse clases juntas?

S: ¿Es esto un intento de escena de celos?, si es así no tienes de que preocuparte, sigues siendo el primero en la lista para pintarme las uñas mientras cotilleamos.

T: ¬¬

S: Cosas de chicas.

T: Sora…

S: ¡¿QUÉ?!

T: Luces tan linda hoy que voy a mirarte todo el día.

S: ¡Ash!

La corta conversación terminó entre risas, Tai tenía ese poder sobre Sora, hacerla sentir bien sin saber siquiera que lo necesitaba.

La hora del descanso llegó. La pelirroja había olvidado casi por completo su trágica mañana, ese era el efecto Yagami, siempre la hacía pasar un buen rato, todo en él significaba seguridad, risas y familiaridad, un lugar donde podía ser ella misma casi en su totalidad. Tal vez no era tan mala idea intentar salir con él en plan romántico.

Se sentaron en la mesa de siempre, Koushiro y Joe ya estaban ahí, Sora los saludó y Joe se sonrojó como siempre que la veía después de lo sucedido en su cita. Esa era la otra cara de la moneda, el distanciamiento de un apreciado amigo por haber intentado algo más, eso y el otro ejemplo fatídico con Yamato. ¿Qué no podía conseguir una persona con la que salir que estuviera fuera de sus círculos sociales más cercanos?, ¿Y si era Koushiro el chico que le regaló el libro?, ¿Quién sería el siguiente Takeru?

La presencia del rubio en la mesa la hizo deshacerse de sus pensamientos, ¿Qué hacía ahí?, y sobre todo ¿Por qué seguía sonriendo de esa forma?. Sora contuvo sus ganas de estrellarle la bandeja sobre el rostro y se dispuso a comer sin ver más allá de su plato.

–El fin de semana será la última presentación de los "Teen wolves" –rompió el silencio Matt– Será en "Raw", están todos invitados, especialmente tu Sora, después de todo eres en parte culpable de la creación del grupo. –Terminó sonriendo.

La aludida alzó la vista, la sonrisa que le dedicaba Yamato parecía ser sincera y no había dejo de burla en sus palabras. Parecía que venía en son de paz. Pero la chica no sabía cómo responder a la invitación.

–Lo siento mucho, pero no creo poder ir, tengo cosas mejores que hacer–Contestó fríamente bajando la mirada. Notó la sorpresa de sus compañeros ante la rudeza de sus palabras, no era la cordial Sora que conocían.

Pero el intento de alejar la simpatía de Matt falló, el chico río divertido y continuó con su desayuno. Todos comieron en silencio sin más ruido que el que causaban las envolturas de sus alimentos, nadie se atrevía a hablar. Sora seguía molesta, podía sentir como esos ojos azules la escudriñaban detalladamente, era incómodo acostumbrarse a la presencia de Matt en la mesa, pero que no dejara de mirarla con tanto interés lo hacía insoportable. Enfadada soltó los cubiertos y levantó la vista hacia el rubio.

–¿Sucede algo? –Preguntó indignada.

–No lo sé, dime tú, ¿Sucede algo? – dijo el chico alzando una ceja hacia las temblorosas manos de la pelirroja que no se había percatado de su reacción, al darse cuenta cerro sus manos en puños.

La chica le dirigió una mirada furiosa, mientras él terminaba de comer su pudding.

–Deberías reconsiderar mi invitación, no es el mismo grupo de antes, aunque no lo creas hemos mejorado en este tiempo. La música es buena y las letras, bueno digamos que son un poco más profundas– Dijo la última palabra lamiendo sugerentemente la cuchara para quitar el resto del postre.

La acción hizo que Sora se sonrojara al instante y evitara la mirada del chico. Tai que había se había percatado de la reacción de su amiga la tomó de la mano, ésta respondió al gesto entrelazando los dedos con el muchacho. Hecho que borro por completo la sonrisa seductora de Yamato. Sora sonrió triunfante pensando que ese era un juego de dos que ella sabía jugar muy bien.

–Entonces iremos, ¿no Tai?

–Por supuesto–Contestó el moreno acariciando el dorso de su mano con el pulgar.

–Bueno, los espero ahí el sábado. –Dijo Yamato levantándose de la mesa.

Esta vez fue punto a favor de la pelirroja, aunque el rubio salió bien librado.

El resto del día Sora intentó evadir a Yamato, quien no le quitaba el ojo de encima pero no se había vuelto a acercar a ella. Por si las dudas no se había separado de Tai, algo que evidentemente fastidiaba a su acosador.

La hora del entrenamiento llegó, y para mala suerte de la chica los entrenamientos de tenis y soccer se efectuaban al mismo tiempo, por lo que no tendría al moreno custodiándola. Tal y como se lo temía Matt estaba en las gradas semi-recostado con aire despreocupado, su solo presencia causaba que las demás chicas estuvieran nerviosas y emocionadas, no todos los días, pensaban ellas, el vocalista de la sensación del momento acudía al entrenamiento de tenis, sobretodo porque su novia era porrista y según los chismes él nunca se paseaba durante los entrenamientos de las porristas. El parloteo de las chicas sobre el por qué o quién el rubio estaba ahí terminó hartando a Sora, que estuvo a punto de gritarles que él estaba ahí solo para verla a ella, aunque eso era muy inconveniente por lo que tuvo que tragarse sus ¿Celos?

El entrenamiento comenzó, ese día parecía que todas estaban un tanto menos certeras, todas a excepción de la pelirroja que había logrado olvidarse de su admirador en las gradas y estaba haciendo su mejor esfuerzo descargando la rabia que le causaba el acontecimiento de esa mañana.

–Vaya, vaya, este día sí que se han levantado con el pie izquierdo señoritas. –Gritó el entrenador– estoy cansado de verlas hacer el ridículo frente a Yamato Ishida. –Dijo señalando al chico, causando el sonrojo y risas nerviosas de las chicas mientras Sora ponía rodaba los ojos con hastío– si eso les causa un simple chico, no quiero imaginarme lo que harán durante el campeonato. Takenouchi, mi chica de hierro ve a la cancha te enfrentarás a Nagami que parece estar cada vez más acostumbrada a ser tu segundera.

Sora sonrió al entrenador a quien se había ganado a base de esfuerzo para enmendar su error del primer día, aunque seguía sin agradarle su actitud, sobre todo cuando la comparaba cruelmente con Misao.

Las chicas se dirigieron a la cancha, la pelirroja buscó la mirada de su compañera y le dedicó una sonrisa nerviosa, pero la ojiverde no se la devolvió, pudo ver en su rostro que el comentario la había herido, podría dejarla ganar, solo para elevar su orgullo pero eso significaría perder frente a Yamato lo que era inconcebible.

–¡Sora! –Gritó el rubio lo que provocó que la piel de la chica se erizara. Volteó a verlo furiosa y notó que ahora estaba unas gradas más abajo para observarla de cerca. Matt la saludó con dos dedos como lo hacían los marineros, ese era su saludo secreto de cuando eran niños, en ese entonces era una señal para mostrar su apoyo y cariño por el otro. La nostalgia de esos tiempos golpeó a Sora provocando que sus ojos se humedecieran al recordar todas las ocasiones en las que ese simple gesto la había hecho sentir mejor, querida y apoyada por su amigo.

–¡Oh decepción! –Se burló el entrenador– ¿vieron chicas?, ustedes preocupándose por él, cuando vino a ver a Sora. No lo culpo es el mejor elemento que tenemos.

El encuentro comenzó, la pelirroja había perdido toda la seguridad y confianza que tenía al principio del entrenamiento, una cosa era el shock del contacto físico que había utilizado el rubio en la mañana, pero muy distinto y mucho más fuerte era golpe emocional que le había dado al recordar sus mejores tiempos, eso era sin duda lo que la había desestabilizado causando que perdiera el primer set contra Misao.

–¿Qué pasó tú también Sora?, no me hagas decepcionarme–Dijo el entrenador.

Sora se sacudió de sus recuerdos para centrarse en la clave de su éxito como tenista, utilizar sus emociones, generalmente rabia e impotencia, para canalizarlas hacia el juego. Todo a su alrededor se borró, solo estaban ella, su raqueta y la pelota. Devolvía cada golpe con precisión y fuerza, sintiendo como con cada golpe la opresión en su pecho disminuía. Estaba enfadada, más consigo misma que con Yamato, ella fue quien echó todo a perder, ella fue quien confundió las atenciones de su amigo con amor y después pidió que el amor fuera recíproco, cuando lo que él sentía solo era amistad. Buscó la pelota para golpearla de nuevo, pero ésta no regresó, había ganado el segundo set. Se alejó a tomar agua y secarse el sudor entonces se dio cuenta de que las lágrimas corrían libremente por sus mejillas, las secó rápidamente esperando que nadie se percatara, pero al dirigir su vista a su contrincante ésta le dedicó una mirada preocupada que le preguntaba cómo estaba. La pelirroja solo negó y le hizo una seña para que continuara.

El encuentro siguió. Misao se había dado cuenta de que ese partido significaba algo más para Sora que solo un entrenamiento, había leído en sus ojos que quería que diera el máximo, que la venciera si era necesario, el motivo, como todo lo que tenía que ver con la pelirroja, era un misterio, pero si ella se lo pedía daría hasta lo imposible para vencerla. La consideraba su amiga, aunque sabía bien que ella no, y la quería a pesar del laberinto que ponía entre ellas. Los gritos de la pelirroja le parecían por momentos lamentos aunque cada golpe parecía llenarla de energía, mientras que a Misao la drenaba de la misma, como un vampiro alimentándose de su víctima, sus extremidades empezaron a sentirse pesadas, sus movimientos eran cada vez más lentos y el pecho le ardía por la falta de aire. Sin poder más quedó en medio camino para alcanzar la bola y se desplomó de rodillas contra la grava. Sora había ganado una vez más, como siempre.

La pelirroja se apoyó sobre sus rodillas jadeando hondo para recuperar el aliento. Todo en la cancha de tenis estaba silencioso, ni siquiera el entrenador hablaba y hasta Yamato pareció volverse invisible. Se acercó a su amiga que estaba hincada en el suelo, la ayudó a levantarse y le dio un abrazo agradecida, aunque no podía sacar lo que sentía por medio de palabras el tenis la ayudaba a desahogarse y su compañera era su cómplice en eso. Escuchó a lo lejos que el entrenador las despedía y todas se alejaron del lugar, entonces rompió el abrazo y caminaron juntas hasta los vestidores.

Sora no quería seguir en la escuela, había sido un día agotador, de los que te gastan mental y emocionalmente por lo que quería irse a casa lo más pronto posible. Solo cogió sus cosas y se dispuso a marcharse. Como si no fuera suficiente Yamato la esperaba a la salida recargado sobre un árbol, al verla sonrió y se acercó a paso firme. Cansada, como estaba, no hizo ningún intento por evitarle, si quería algo de ella ese era el momento para tomarlo, tomar lo que quedaba de ella. Horrorizada esperó a su encuentro, estaba lista para que le diera el tiro de gracia. Pero ¿Cómo reaccionaría? Con solo mirarla sentía que se podía quebrar ahí mismo y gritar que lo seguía amando y cada día era una tortura, que cuando estuvo en New York era fácil pues no tenía que verle todos los días, pero que su regreso a Japón verlo casi a diario y saber que la brecha era cada vez más grande la hacía sentir miserable.

Justo cuando el rubio estaba a punto de llegar Mimi apareció salvando a Sora.

–¡Matty! –Dijo la castaña con su melosa voz abrazando a su novio.

–Hola Mimi–Contestó el chico sin poder ocultar su decepción.

–Siento que hace años que no te veo, he pensado mucho en ti–Recriminó la muchacha, poniendo cara de puchero.

Sora estaba a punto de marcharse, si estar cerca de Yamato era un calvario, estar cerca de esos dos era insoportable, pero la mirada de Matt la atrapó.

–Yo pienso en ti todo el tiempo, –Dijo mirando a Sora a los ojos dedicándole sus palabras a pesar de seguir abrazado a su novia– desde que me dijiste que me amabas no dejo de pensar en ti, me haz robado el alma, te veo en todas partes, te sueño todas las noches, a veces quiero olvidarte pero me doy cuenta de que necesito de ti para poder vivir… y si me lo permites tengo que decirte que me encanta como te queda ese uniforme–Terminó observando a la pelirroja de arriba abajo.

La vista de la pelirroja se nublo ante las palabras de Yamato, pero ¿En realidad eran dirigidas a ella? Si era así, ¿Por qué se lo decía mientras abrazaba a otra?

–¡Awwwww!, siempre eres tan lindo, por eso te amo tanto. –Soltó Mimi para después besar a su novio.

Sora bajó la mirada derrotada, no podía más, pero tampoco quería echar a llorar ahí enfrente de quien debería odiar. La rabia la invadió una vez más, siempre era mejor estar enojada a estar triste, tomó aire, secó sus rebeldes lágrimas, se irguió sintiendo como se levantaban sus barreras nuevamente y caminó con paso seguro a lado de la pareja, siendo consciente de la mirada atónita de Matt, pero ¿Qué quería el rubio, que corriera a sus brazos después de su supuesta declaración?

Yamato se sentía destrozado, una vez más era Sora la que salía airosa de la situación y él quedaba como tonto. Lo peor de todo es que tuvo que decirle a Mimi lo que tanto quería expresarle a la pelirroja, pero no había salida, tenía que decírselo en el momento, sino se volvería a acobardar como siempre. Y claro la llegada de su novia había impedido que su declaración fuera fallida y tal vez ahora Sora lo odiara más, no era de hombres dirigirle palabras a una chica mientras tenía en sus brazos a otra. Ese había sido una evidencia más de su cobardía, cualquier otro chico hubiera terminado su relación antes de intentar empezar una nueva, pero en su caso y a su defensa tenía semanas, meses que ni siquiera se acordaba de su novia.

Caminaba hacia casa pensando en la manera menos hiriente de cortar con Mimi, ella era una buena chica y la quería, él le tenía cariño y compartían cosas muy importantes, como su primera vez, aunque ninguno de los dos recordaba mucho cómo había sido.

–¡Hey! –Un brazo lo tocó por el hombro sacándolo de su ensimismamiento. –¿Cómo estás?

Era Taichi, lo que lo sorprendió había pasado mucho tiempo desde la última vez que hablaron.

–Estoy, que es lo que importa. –Contestó desganado.

Tai río sin ganas ante su respuesta. –¿Qué es eso?, ¿Una nueva fase de depresión?, de seguro es porque se desintegra la banda ¿no?, no te culpo yo también extrañaría todas esa fans.

–¿Qué quieres? –Preguntó mezquino, no estaba de humor para soportar a Tai y su costumbre se contestar sus propias preguntas.

–¡Vaya!, veo que realmente no estás de buen humor. Yo tampoco quiero estar aquí, pero tengo que hacerlo por Sora.

Ante la mención de la chica el chico se tensó y cerró los puños.

–¿Qué tiene que ver Sora con tus preguntas estúpidas?

–Nada, pero yo tengo que ver con todo lo que le sucede a Sora–Dijo dedicándole una media sonrisa.

–¿Y?...

–Y quiero que la dejes en paz.

Yamato soltó una sonora carcajada.

–¿Y qué es precisamente lo que he estado haciendo para perturbar su tranquilidad?

–No te hagas el tonto, solo estás jugando con ella, pero Matt sino te has dado cuenta ella ya no es la misma niña de la que te burlaste algún día y no puedes evocar el pasado para intentar confundirla.

¿Jugando con ella? Las palabras encolerizaron al rubio.

–¿Y en qué supones que la estoy confundiendo?

–No le voy a dar más vueltas, Yo la quiero, la amo, desde mucho antes de que llegaras a nuestras vidas, de cierta forma tengo derecho de antigüedad sobre ella…

–¿Derecho de antigüedad? No creo que le agrade que te refieras a ella como a un objeto. –Interrumpió.

–Nosotros estamos destinados a estar juntos, –Continuó Tai ignorando el comentario de su amigo–Puede que años atrás se haya impresionado con todo ese rollo de tu banda, la fama y la popularidad, pero ahora que es una mujer de mundo, tus trucos bobos no funcionarán, sino velo ahora, ella está conmigo, confía en mí y a ti ni te dirige la palabra.

–Si estás tan seguro de que te ama, ¿Por qué tienes que venir a amenazarme?

–Nunca dije que me amara–Dijo el moreno con una sonrisa melancólica en el rostro–Pero llegará a hacerlo y no quiero que tú la incomodes. Sora es mía y siempre lo será. Sólo recuérdalo bien a ella no la podrás tener, ¿Crees que no he visto cómo la miras?, ¿Crees que no sé lo que hacías en casa de Sanosuke?, pervertido. Nunca podrás disfrutar de su cuerpo como yo lo he hecho, nunca podrás escuchar cómo susurra tu nombre mientras la llevas al climax, ni probarás la dulzura de sus labios o lo apasionada que puede llegar a ser en la cama…

Fue suficiente. Yamato golpeó a Tai en la mandíbula enviándolo al suelo, para después tomarlo del cuello de la camisa y levantarlo contra la pared, lo que le resultó fácil debido a los músculos que había desarrollado como requerimiento del manager de la banda, aunque era la primera vez que los usaba con un fin que no fuera estético y notaba que podían llegar a ser muy útiles.

–Y así es como dices amarla, ni siquiera la respetas, lo que hagan en la intimidad me tiene sin cuidado. Pero lo que si te tengo que decir es que yo también la amo, y pienso ceder, voy a luchar para recuperarla y que sea ella quien decida.

Tai soltó una desganada risa que provocó que la herida de su labio sangrara.

–¿Qué nos pasó?, ¿Cuándo fue el día que dejamos de pelear por tonterías para hacernos daño de verdad?. La he amado desde que la conocí, Kari siempre ha querido que me case con ella, hasta mi madre quiere nietos pelirrojos. De haber sabido que se enamoraría de ti, jamás le hubiera dejado que te invitara a jugar aquella tarde. –Suspiró– Lamento que esto terminara así, pero es más que obvio que nuestra amistad ya no existe. Ahora estamos en guerra.

Yamato lo soltó reflexionando sus palabras observando cómo se marchaba.

–Mucha suerte el sábado–Dijo tristemente y se despidió con su saludo secreto de la infancia.

Sora había pasado todo el día pensando si acudir o no a la última presentación de la banda de Matt. Había optado por ir pues en eso había quedado con Tai. Además se había convencido de que su coraza sentimental estaba bien cimentada después del acto tan bajo que había hecho el rubio.

Había elegido vestir para la ocasión unos pantalones de cuero ajustado y un top negro que se moldeaba a su figura resaltando sus curvas. Vistió sus botas de tacón más alto y moldeó su pelo en ondas suaves. Por ser un evento de noche resaltó sus ojos en negro dejando sus labios solo con un poco de brillo. Se veía mayor, lo que era un requisito para entrar al bar, le parecía extraño que en un lugar para adultos se presentara la sensación adolescente del momento, pero bueno mentir sobre su edad era algo que había aprendido muy bien en New york.

–Sora, Tai está aquí. –La llamó su madre desde el piso de abajo.

La pelirroja se sacudió el pelo para darle ese look sexy/salvaje, tomó su clutch dorada que combinaba con su joyería y bajó al encuentro de su cita.

Por la expresión que tenía Tai mientras la veía bajar las escaleras supo que había elegido el atuendo adecuado. Se acercó a él y lo miró expectante.

–Y bien–Dijo encogiéndose de hombros– ¿Qué opinas?

El moreno abrió y cerró la boca varias veces como si estuviera a punto de hablar pero no hallara las palabras indicadas. La recorrió con la vista una vez más y la chica giró para que él no perdiera detalle de su outfit, haciendo que se sonrojara pues no era a la ropa precisamente a lo que le estaba prestando atención.

–¡Wow! –Atinó a decir.

–¿Wow?, ¿solo wow?

–¡Wow, wow, wow, wow, wow!

–Esas ni siquiera son palabras–Dijo la pelirroja entrecerrando los ojos.

–Pues es que no hay palabras. Te ves… preciosa, más que de costumbre.

Sora sonrió a su amigo, lo abrazó y posó sus manos en sus hombros para estirarse a besarle la mejilla porque a pesar de sus plataformas el moreno seguía siendo más alto. El chico la tomó por la cintura encerrándola en un fuerte abrazo. Los ojos rubí se toparon con los chocolate y pudo ver el deseo en la mirada del muchacho que viajaba de sus ojos a sus labios intermitentemente. Una mano morena viajó por su espina dorsal haciéndola estremecer para tomar la parte trasera de su cuello y después hundirse en su melena. Bajó su rostro para acercarse al de ella hasta hacerla respirar el mismo aire y provocando que los labios de la pelirroja cosquillearan por la anticipación.

–No lleguen muy tarde– Dijo Toshiko entrando a la estancia y parando sorprendida.

–No, no, mamá, yo te aviso si es que duermo fuera.

Tai abrió los ojos por la impresión que le causo el comentario de Sora, si no iba a dormir en su casa ¿En dónde?.

–Bueno entonces que la pasen bien. –Se despidió la madre de Sora, sin mostrarse molesta por lo dicho por su hija.

El moreno guío a la pelirroja hasta el auto, no sin antes apreciar la parte posterior de su amiga. Le abrió la puerta del coche y reconoció que, aunque el auto no era en sí una carcacha, no parecía estar a la altura de su cita. La próxima vez pediría el coche de su tío, porque estaba seguro de que habría una próxima vez.

El camino al local fue ameno, como cada momento que compartía con su amiga. Sora era elegante, sofisticada, divertida y de buen corazón por mencionar algunas de las cualidades que Tai le atañía. Era perfecta y se sentía dichoso a su lado, pero quería, necesitaba ser más que su mejor amigo. Sabía de los miedos e inseguridades de la muchacha causados, cómo no, por Yamato. Debía demostrarle que él era diferente, confiable y no le haría daño. También sabía que ella aún lo amaba, lo notaba por la forma en que se tensaba en su presencia, pero tenía el consuelo de ser buscado por la pelirroja para apoyarse en él, usualmente tomaba fuerte su mano y él siempre estaba ahí para brindarle su firme agarre.

Llegaron al lugar, donde había una larga fila a la entrada, el valet parking se llevó el coche y Sora se encaminó hacia la entrada, seguida por un aturdido Tai. Dieron sus nombres en la entrada y los dejaron pasar sin problemas. Entraron al bar que se encontraba en el segundo piso siendo cegados por un ataque de flashes paparazzi, la pelirroja tenía cierto adiestramiento en cuando a paparazzi y fotos inconvenientes se refería, se giró y comprobó la expresión de sorpresa del moreno.

–Relájate–le habló al oído–No querrás salir con cara de espanto en las fotos–Dijo levantando la barbilla del chico para hacerle cerrar la boca.

El lugar no era muy grande, pues se trataba de un evento exclusivo y no de un concierto masivo como los que regularmente hacían. El interior era acogedor con paneles de caoba y suelo oscuro, en un extremo se encontraba la barra también de caoba, y al frente estaba el escenario, que era bajo para dar la sensación de intimidad con el público y estaba enmarcado por una cortina negra. Alrededor del local había asientos de cuero empotrados, en la parte trasera estaba la zona lounge y al centro unas cuantas mesitas altas que eran el mejor lugar para apreciar el espectáculo. De las paredes colgaban retratos en blanco y negro de grades músicos de rock: Jimmy Hendrix, Freddie Mercury, The Beatles, entre otros. Todo era negro y caoba, combinación que lucía sobria, elegante, al mismo tiempo que casual y moderna. Sora se alegró de que su vestimenta fuera acorde al lugar. Ambos jóvenes posaron para las cámaras, siendo principalmente ella el centro de la atención, algo a lo que estaba por demás acostumbrada.

Mientras buscaban dónde sentarse, los abordó una joven rubia que vestía de negro, muy bonita y elegante pensó Sora.

–Buenas noches– Dijo la rubia con una sonrisa–¿Me pueden dar sus nombres por favor?

La pelirroja vaciló un momento, pero al ver que su acompañante seguía observando impresionado el lugar contestó a la muchacha.

–Somos Sora Takenouchi y Tai Yagami.

–¡Ahh!, con que tú eres Sora–Dijo la chica mientras la observaba interesada. –Hay un lugar reservado especialmente para ti, síganme.

La pelirroja frunció el ceño pero accedió a seguir a la chica, pasaron la zona lounge, el lugar donde a Sora le hubiera gustado sentarse, y caminaron hasta las mesitas altas en el centro, justo enfrente del escenario había sobre una de las mesas una tarjeta con su nombre, desde ahí estaba a solo unos cuantos pasos del escenario. La demás gente los observaba recelosos por el privilegiando lugar que tenían, aunque a ella le parecía de lo más incómodo.

–Este lugar es impresionante–Dijo al fin Tai.

–Nah, he estado en lugares mejores. –Se burló la chica– aunque debo admitir que este tiene mucho estilo.

–Y veo que Matt te quiere en primera fila para inspirarse. –Farfulló entre dientes el moreno.

–¿Qué quieres decir con eso? –Preguntó ella mirándolo extrañada.

–Quiero decir que tu belleza resulta inspiradora–Contestó acariciando un mechón de pelo rojo.

Sora sonrió. El silencio se hizo presente en la mesa pues Tai seguía observando el lugar anonadado, la chica por su parte se concentró en la música de fondo, sonaban los grandes éxitos de los "Teen Wolves", eran canciones que ella conocía muy bien pues había estado presente cuando las compusieron, así que luchó contra su impulso de cantarlas y seguir la tonada con el pie.

Por encima de la música escuchó unos gritos agudos provenientes de la entrada, se giró y vio a Mimi discutiendo con la chica rubia, quien parecía estar comunicándose con alguien a través del audífono en su oreja. La castaña se dirigió furiosa hacia la mesa donde se encontraban Tai y Sora, mientras la muchacha intentaba detenerla.

–¡ESE! –Gritó histérica–¡ESE ES MI LUGAR! –Señaló el asiento de la pelirroja.

Sora pensó que Mimi no podía estar más fuera de lugar, llevaba un vestido con muchas lentejuelas rosas o pocas lentejuelas rosas considerando la escasa tela que apenas la cubría, bueno el vestido era todo lentejuelas rosas. Su muy pronunciado escote y la falda excesivamente corta, aunque bueno, Mimi tenía el cuerpo y la edad para salir airosa en ese tipo de vestuario.

–No hay problema–Dijo la pelirroja poniéndose de pie–puedes tomar el lugar.

–¡No, no, no, no, no!, No por favor no abandone su lugar. –Dijo la rubia.

–Puedo sentarme en el lounge, creo que ahí estaré más cómoda.

–No lo haga por favor, sino se queda aquí puedo perder mi trabajo. –Suplicó la muchacha.

La pelirroja se sentó ante las protestas de Mimi.

–Yo soy la novia de Yamato Ishida, y quiero ese lugar–Exigió.

–Mire señorita esta zona solo está autorizada para las personas de la disquera, celebridades y la señorita Takenouchi, así como su acompañante y si no atiende las ordenes me veré obligada a llamar a seguridad.

–¡ARGH! – fue lo único que atinó a decir la castaña para después marcharse encolerizada.

Sora trataba de ocultar su rostro de las miradas curiosas y los flashes de la prensa amarillista cuando sintió la mano del moreno sobre la suya, ella la tomó y la apretó con fuerza, sintiéndose un poco más tranquila, los dos se miraron como los cómplices que eran, como esas veces cuando eran niños y lograban salirse con la suya después de una travesura. Se acercó a él sin poder evitar el impulso de besar su mejilla.

El lugar se fue llenando poco a poco hasta quedar rodeados de hombres en traje, mujeres elegantes y personajes, de los cuales no se podía definir el sexo a simple vista, vestidos con excéntricos trajes. Personas de la disquera, celebridades y la señorita Takenouchi– recordó Sora. Entre tanta exuberancia ahora sí que se sentía fuera de lugar, tal vez Mimi encajaba mejor ahí ahora. Observó a su acompañante que parecía estar mucho más incómodo que ella, no lo culpaba sus ropas casuales y su sencillez se perdía entre tan exagerado glamour. Pero él brillaba por su sonrisa y por ser su incondicional amigo.

Las luces se apagaron y el concierto comenzó con la música de la guitarra del rubio, una única luz se dirigió al escenario mostrando la figura del vocalista que estaba de espaldas vistiendo todo de negro y su inconfundible chaqueta de cuero. El chico se giró y caminó hacia el micrófono observando a su público, por un momento pareció sorprendido de ver ahí a la pelirroja, pero después le sonrió encantadoramente, las comisuras de los labios de Sora se alzaron formando una enorme y sincera sonrisa que su dueña reprimió al darse cuenta. La voz de Matt resonó por el recinto logrando estremecer a la pelirroja y a un montón de fans.

Sora disfrutó del concierto tratando de no externarlo mucho, pero por un momento logró ser una chica sin preocupaciones, embelesada por la presentación del chico que tanto le gustaba, se perdió en las letras de las canciones que desconocía, tarareo discreta las que sí y disfrutó de las miradas y sonrisas que Yamato le dedicaba. Al cabo de una hora y media vino el descanso intermedio. Ella seguía un tanto alterada y tensa, por lo que le pidió a Tai que le trajera un trago, un Cosmopolitan, solo para relajarse un poco. El moreno accedió encantado y se retiró de la mesa dejándola sola.

La pelirroja se arrepintió de haberle pedido a Tai ese favor cuando vio que el rubio saltaba de un brinco del escenario y se dirigía a su mesa.

–Me da gusto que no hayas encontrado algo mejor que hacer hoy–le dijo sonriendo–¿Te gusta el lugar?

Sora asintió con los ojos muy abiertos un poco asustada de la cercanía del muchacho.

–Las nuevas canciones, ¿Te gustaron? –Preguntó acercándose más a ella recargando uno de sus brazos en la mesa y el otro en el respaldo de la silla de la chica.

Sora volvió a asentir.

–¿Viniste con Tai cierto?

Otro asentimiento.

–¿Buscas a Tai para que te rescate de mí? –Preguntó al ver que la pelirroja volteaba hacia la barra.

Y si, Sora volvió a asentir evitando sus ojos azules, Yamato la tomó por la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos.

–No te preocupes, no te haré nada, no hasta que quieras e incluso necesites que lo haga. –Dijo con una media sonrisa perversa en su rostro para después retirarse entre la multitud.

La chica expulsó el aire que estaba reteniendo, puso sus brazos sobre la mesa y dejó caer su cabeza en el hueco que éstos formaron, con el eco de las palabras de Matt aún en su cabeza. Hasta que quieras e incluso necesites que lo haga.

Tai estaba formado en la fila para llegar a la barra, supuso que las bebidas gratis causaban esa euforia en el público. En su camino a la barra se había topado con Mimi quien intentó seducirlo, le ofreció dinero y hasta lo amenazó de muerte si no le cedía su lugar junto a Sora, pero obviamente no la iba a dejar sola el resto del concierto, no después de ver el brillo en su mirada al verlo o los suspiros que se le escapaban, las mismas señales de hace tres años atrás.

Casi era su turno de pedir, pero fue bloqueado por una melena rubia y desordenada, claro era su concierto de despedida, tenían que mimar al vocalista.

–¿Qué toma Sora? –Le preguntó

–Un Martini Cosmopolitan.

Lo atendieron rápido y le dio la bebida a Tai.

–¿Cómo va todo con Sora?

–Muy bien en realidad, estoy seguro de que pronto accederá a ser mi novia.

Yamato rio divertido.

– ¿Tú crees? Yo no la veo tan convencida.

–Lo está, además ¿Quién se interpone, tú con tu novia psicótica?

Matt negó con la cabeza– Hoy voy a terminar con ella, después de todo no creo que siga interesada en mí en cuanto todo esto se acabe y vuelva a ser un desconocido, entonces no habrá nada que me impida estar con Sora.

El rubio se alejó entre la multitud y subió al escenario.

El concierto continuó como la primera parte, Sora estaba cada vez más liada, sin duda las canciones le recordaban esos viejos tiempos en los que había estado enamorada perdidamente de uno de sus mejores amigos, totalmente confundida, desorientada y sin la más mínima idea de qué hacer, aunque eso no había cambiado mucho.

Se terminó la última canción, se despidieron del público y se disponían a marcharse, la pelirroja se puso de pie para regresar a casa, tomó la mano de Tai y empezaron a caminar.

–¡Esperen! –Gritó Matt en el micrófono. –Hay una última canción que nos gustaría tocar.

Sora volteó atónita como todos los demás y regresó a su lugar a pesar de que Tai la jalaba hacia la salida.

–Es un cover de una banda que nos ha inspirado, Still Loving You de Scorpions.

Empezó el sonido de la guitarra, y la aterciopelada voz de Yamato llenó el recinto, mientras le cantaba única y exclusivamente a su chica, a la pelirroja. Sora conocía bien la canción pero al ser el rubio quien se la cantaba le daba un significado totalmente distinto, ahora sentía que podía entender la letra que parecía haber sido escrita para demostrar los sentimientos de Matt.

"Your pride has built a wall, so strong, That I can't get through"

De pronto el aire le faltaba, y un temblor se apoderó de su cuerpo, tuvo que morderse el labio para evitar echarse a llorar.

"Try, baby try, To trust in my love again"

¿Podría hacerlo?, ¿Podría volver a confiar? Yamato parecía sentir la canción, la interpretaba para ella mientras la observaba con ojos tristes, distantes y ¿arrepentidos?, Sora cerró los ojos incapaz de seguir soportando esa mirada que se le clavaba como dagas en el pecho. Dejó salir solo unas cuantas lágrimas tratando de recomponerse.

La canción terminó y ella todavía seguía en shock, mientras Matt la miraba expectante. ¿Qué quería que hiciera?. El rubio suspiró, agradeció a la audiencia y fue al fondo del escenario para desconectar su guitarra.

Sora sintió que algo la jaló hacia el escenario, cuando fue consciente estaba rodeada de luces que le impedían ver más allá de sus lágrimas.

–Buenas noches–Reconoció el sonido de la voz de Tai en el micrófono. –Yo solo soy un muchacho enamorado que esta noche quiere declararle su amor a su amiga de la infancia, la mejor mujer del mundo, quien me haría muy feliz si aceptara ser mi novia formalmente.

Un enorme silencio se apoderó del lugar, Sora había escuchado la voz de Tai pero fue como si la hubiese escuchado a través del agua, con un eco distante que la hacía pensar que estaba muy lejos de lo que ahí sucedía. Pero no era así, estaba de pie frente al público que esperaba su respuesta hacia la declaración de amor de su mejor amigo, su único amigo. Era una situación difícil, sabía que tarde o temprano se presentaría pero jamás imaginó que sería de esa forma. Observó el rostro preocupado de su amigo que le dedicó una nerviosa sonrisa, recordó todo lo que había vivido juntos, esa complicidad que no compartía con nadie más y decidió.

–Si–Dijo en un leve susurro acercándose a él para besarlo.

El moreno acunó su rostro entre sus manos y al fin pudo probar sus labios. Tomó sus labios suavemente saboreando de su dulce sabor que le hacía querer más. Sora cerró los ojos para disfrutar de las sensaciones que la invadían, Tai sabía a casa, al lugar al que pertenecía, a familiaridad, a esas tardes de verano jugando futbol bajo el sol. A pesar de ser su primer beso, lo conocía tan bien que podía sentir sus cálidos labios como suyos. Se empezó a perder en la ternura del beso, olvidándose por completo de lo que ocurría a su alrededor.

Algo. No. Alguien la jaló del brazo para hacerla romper el beso, una mano firme se posó sobre su cintura y otra más se hundió en su pelo. Mientras unos suaves labios tomaban presos los suyos en un beso delicado, cuidadoso pero lleno de desesperación, de una potencial pasión. Era él, Yamato, reconoció al instante su olor al fresco limón de su jabón y cuero. A diferencia del beso de Tai, el del rubio le hacía correr fuego por las venas, hacía que sus piernas se volvieran líquido y hubiera caído si no fuera por los fuertes brazos que la sostenían. La lengua cálida de él invadió su boca, haciéndola gemir de placer mientras el beso se profundizaba. Saboreó en sus labios todas las palabras no dichas, las caricias contenidas y las miradas reprimidas. Jugueteó con su lengua, explorando y conociendo cada rincón de su boca, su saliva era un néctar embriagante que solo aumentaba su deseo, paseo sus manos de su pecho a sus hombros y después a su pelo para jalarlo más cerca, él reaccionó a su agarre tomándola más fuerte por la cintura y acariciando su espalada, ella se arqueó para presionarse aún más contra la dureza de su cuerpo. Se sentía flotando en el vacío ese beso podía elevarla al cielo o hundirla en el infierno, pero ahora no importaba nada, más que la necesidad de su calor frotándose con el suyo. Tuvo que parar para evitar desmayase por la falta de aire, se topó con la mirada azul cristalina del rubio, azul como el mar del caribe, un azul cálido si es que era posible. El sonido de sus corazones y respiraciones estaban sincronizados y llenaban el espacio entre los dos. Poco a poco Sora fue volviendo en sí y fue consciente de los murmullos a su alrededor. Lo miró horrorizada mientras él le sonreía, se separó de su cuerpo y volteó a su alrededor, a pesar de sentir que todo se movía a su alrededor durante el beso, seguía estando en el mismo lugar, frente a toda esa gente y frente a Tai, su novio que la miraba con los ojos y boca bien abiertos en una expresión de dolor. Volvió a fijarse en el rubio quien la miraba confundido, dio un paso hacia él y le dio una fuerte bofetada.

Escuchó el asombro de la gente del público y bajó rápidamente las escaleras, tratando de no llorar, en el camino a la salida se topó con Mimi quien la miraba incrédula y aterrorizada. Apresuró el paso e intentó pasar entre el mar de flashes que la iluminaban, estaba aturdida, completamente perdida y a punto de echar a llorar ahí mismo, lo había arruinado todo con Tai y también con Yamato ahora no tenía a nadie. Se giró tapándose el rostro sintiendo las lágrimas golpeando duro contra sus ojos y garganta, luego una mano cálida se posó sobre su hombro, ahí estaba Tai su incondicional escudero.


Pfff cómo me moja Yamato :$ tenía que decirlo xD

XOX