¡Hola! Un gusto volver a saludarlas después de muucho.

Sorry por tardarme tanto en actualizar (me abducieron o algo así :S) pero ya me puse la pilas para actualizar más pronto y aclarar el rumbo de la historia.

En este capítulo hay más drama pero no tanto como en el pasado, (me encanta el drama) xD

Un beso x

CAPÍTULO 7

Tai la tomó de la cintura para dirigirla a la salida. Entre empujones lograron escapar, el frío aire de a noche le ayudó a recomponerse un poco. Caminaron hasta la entrada del estacionamiento y esperaron mientras les traían el coche. Sora se recargó sobre la pared, cerró los ojos e intentó despejar su cabeza y sobre todo evitó llorar. Después de un rato abrió los ojos, Tai la observaba acongojado con la preocupación reflejada en el rostro.

–¿Estás bien? –Preguntó el moreno.

Los ojos de la pelirroja ardían por las lágrimas no derramadas y el nudo en la garganta no la dejó hablar, aunque tampoco tenía mucho que decir.

Tai la tomó entre sus brazos tratando de darle consuelo. La muchacha hundió su rostro en el pecho de su novio ya sin poder evitar las lágrimas. Lloró como la hacía en la infancia, tratando de apagar el fuego de sus emociones que la consumía por dentro. El chico le acariciaba la espalda y el pelo para reconfortarla. Sora de separó de él para mirarlo a los ojos, veía tristeza en sus ojos, ella hubiera esperado que estuviera enojado después de haber correspondido al beso de Matt, pero no, solo parecía triste lo que era peor que lidiar con su furia. En lugar de dejarla sola con su lío, había ido tras ella para apoyarla. Una ola de culpabilidad se le sumó a las otras emociones que ya la invadían, Tai siempre está ahí, siempre ha estado ahí y estaba segura de que siempre sería así. Era a él a quien debía amar.

–Lo-lo siento –Dijo entre sollozos.

–No, no tienes por qué disculparte –Contesto Tai con incredulidad –Tú no eres culpable de nada, es Yamato, debí habérmelo esperado era el concierto de Matt, supongo que no le gustó que le robara un poco de cámara.

Sora reflexionó las palabras del chico, ¿Sería eso?, ¿La había besado solo para que Tai no le robara la atención?

–En todo caso soy yo quien debo disculparme por haberte puesto en esa incómoda situación, pero s que no podía aguantar más, desde que salimos de tu casa le había estado dando vueltas al asunto, y bueno como alargaron el concierto, tuve que hacerlo así.

La muchacha sonrió conmovida y lo besó, el contacto fue dulce, lleno de ternura, con lentitud disfrutando del roce de sus labios hasta que fueron interrumpidos por el valet parking.

–No voy a dejar que Yamato arruine la mejor noche de mi vida. –Dijo el moreno guiñándole el ojo.

Llegaron a la casa de la chica, Tai la escoltó hasta la entrada en donde tuvieron una sesión de besos un poco más intensos. Sora pensó que sería fácil acostumbrarse a ser novia de su amigo, después de todo lo único diferente era el contacto físico, ahora eran un poco más libres de explorarse mutuamente. Pero por más besos y caricias que su novio le daba no lograba borrar el beso del rubio. La pelirroja sentía que su espalda ardía ahí donde las manos de Yamato la habían recorrido. Pensar en el rubio cuando besaba a Tai la hacía sentir culpable nuevamente, ¿Sería así siempre?

Se separó de su novio perdiéndose en su mirar, lo ojos chocolate estaban brillantes, parecía estar a punto de llorar, su rostro lucía sonrojado, su manos temblaban y su respiración estaba acelerada. Ella nunca lo había visto así, parecía tan vulnerable, como si pudiera romperlo ahí mismo, se parecía a ella cuando estaba enamorada de Yamato, pero no sería cruel, ella cuidaría de del corazón de Tai. Sabía lo débil que era una persona enamorada, así que aceptaría el amor que su amigo le ofrecía y con el tiempo quizás lograría corresponderlo.

–Te amo – Dijo el moreno.

Pero Sora no podía contestarle lo mismo, no todavía. Se limitó a besarlo nuevamente.

–Buenas noches, que tengas dulces sueños.

–Ahora será difícil que los sueños superen la realidad –Le dijo el muchacho abrazándola una última vez para despedirse.

Sora subió a su habitación, ahí donde por lo general dejaba salir todas sus emociones. Sentía que si no se amarraba de la cama podría salir volando por la ventana, luego recordó que lo que la hacía sentir tan ligera era el beso de Yamato, lo que le hizo sentir el peso de una enorme piedra sobre su pecho. Lo pensó por un momento, solo se dejaría recordar esa noche el maravilloso contacto de los labios de Matt, el roce de su cuerpo contra el suyo, el embriagante aroma de su piel, su cabello suave como seda, sus manos grandes, firmes y expertas que la recorrían con desesperación. No resistió el impulso de dormir sólo con la camisa del chico puesta, que esa noche parecía oler más a él. Se olvidó de sus preocupaciones desahogando las secuelas del apasionado beso del rubio para después caer presa de un sueño profundo.

Yamato debería de estar en el after party de su último concierto, en lugar de eso estaba recostado sobre el sofá del camerino, es que en realidad no tenía nada que celebrar. O tal vez si, su beso. No sabía cómo él, que siempre tenía tanto autocontrol para dar esa impresión de chico cool, había perdido la cabeza de ese modo. Su plan había marchado a la perfección, le había reservado el mejor lugar a Sora para poder cantarle, cada canción iba dedicada a ella y estaba seguro de que por medio de la música se podía expresar mejor que con palabras y dio resultado, vio el brillo en los ojos de la muchacha, su sonrisa que aunque parecía querer retenerla, simplemente se le escapaba de los labios. Al final convenció a la banda de que tocaran esa última canción a manera de disculpa para ella, pudo ver la confusión en el rostro de la pelirroja, la veía a ella y no a la princesa superficial que pretendía ser, estuvo a punto de declararle su amor frente a todas esas personas, pero esa vez no fue su cobardía la que se lo impidió, quería expresarle todo lo que sentía, pero en un momento íntimo, un momento que fuera solo de los dos, además sabía que a diferencia de su novia a Sora le gustaba ser discreta. Así que decidió retirarse del escenario lo más pronto posible para poder abordarla a solas, esperando que el efecto de sus canciones no se desvaneciera pronto.

Pero como siempre Tai estaba ahí para arruinarle los planes, la declaración lo tomó por sorpresa, y el beso lo impacto aún más. Nunca había sentido tanta rabia, y no, el enojo no iba dirigido hacia el moreno, estaba enfadado con ella y su estúpida costumbre de anteponer los sentimientos de los demás a los suyos, sabía que no se negaría a ser la novia de Tai sólo para no herirlo y menos si eso implicaba la humillación pública de su amigo.

Con el coraje nublándole la mente, arrojó su preciada guitarra y los obligó a romper su contacto. La tenía tan cerca que no pudo frenar su deseo de besarla, se fundió en su calor, pero era tan suave y delicada que por un momento pensó que podría romperla con la efusividad de su abrazo. Quería decirle tantas cosas, tantos motivos por los que no podía ser la novia de Tai, aunque principalmente quería decirle de frente cuánto la amaba. Pero no podía parar de besarla, tenerla cerca era la más grande emoción que había sentido y que ella respondiera su beso con la misma pasión le confirmaba que el sentimiento era recíproco. Luego lo jaló del pelo y pequeños jadeos ahogados salían de su boca para hacer eco en la suya, provocando un cosquilleo de excitación en el vientre bajo de Yamato. Al separarse pudo ver en el cristalino fuego de sus ojos que ella también lo amaba, pero lo había propinado una fuerte cachetada de la que aún tenía una palpitante marca. Después un tanto aturdido intento ir tras ella, y claro Tai lo siguió, pero la horda de paparazzis le impidió llegar hasta Sora, el moreno la alcanzó y se fue con ella.

Estaba confundido, solo esa mujer podía llevarlo a la más grande gloria y segundos después destrozarlo sin piedad, sin embargo para él el golpe que recibió fue solo físico, pues en la mirada de la chica brillaba la emoción del beso, así que el dolor no era significativo. Aun así tenía que idear un plan para lograr que Sora dejara de negarse el amor que sentía por él, era ilógico saber que si ella también lo quería no estuviera a su lado, no estaba realmente seguro de qué era lo que la hacía actuar así, pero lo que si sabía era que un orgullo herido a veces llegaba ser más fuerte que el amor, sobre todo si no estaba segura de lo que sentía. Pero él se encargaría de que aceptara sus verdaderos sentimientos, lo intentaría una y otra vez, en eso Sora era muy afortunada pues Matt no sabía darse por vencido.

–¿Hermano? –Takeru irrumpió en el camerino.

–¿Qué pasa? –Contestó sonriente.

–Iba a preguntar si estabas bien pero…– Lo observó levantando un ceja extrañado– al parecer lo estás. O eres masoquista, o te estás volviendo loco.

Matt soltó la risa ante el comentario de su hermano menor.

–Ambas cosas, pero así es el amor.

–Sé que normalmente yo suelo ser el positivo y tú el que siempre ve el lado malo, pero en esta ocasión me parece que no hay lado bueno, es decir, solo sucedieron cosas malas.

–¿Cosas malas?

–A ver… Mimi está furiosa, Sora tu crush y Tai tu mejor amigo de la infancia son novios, tu manager está enfadado por haber cambiado la última canción del concierto y causado ese escándalo, y además aún llevas la marca de la cachetada de Sora, tiene buena mano ¿eh?

–Tiene bueno todo–Dijo poniéndose de pie para mirarse al espejo comprobando que la marca seguía ahí, lo que provocó que su sonrisa se ensanchara. –¿Qué esperabas? Es tenista.

–¿Por qué estás tan de buen humor?, ¿No te parecen acaso suficientes razones para estar un poquito preocupado?

–Bla, bla, bla, cosas malas, bla, bla. Creo que estás pasando por alto lo más importante, Sora me besó.

–¿Te besó? Tú la besaste y luego te golpeo.

–Pero entre eso, ella me devolvió el beso y ¡Qué beso!. Amo a esa mujer con todo y sus contradicciones.

–No quiero ser aguafiestas, pero ahora es novia de Tai. Y ¿Qué pasa con Mimi?

–Lo de Mimi tengo que arreglarlo cuanto antes, no se merecía eso. Y Tai bueno me tiene sin cuidado. –Terminó pensativo.

–Sabía que nunca habías dejado de pensar en ella, me da gusto que te sientas así, pero ¿Qué hay de ella?, ¿Crees que siente algo?

–Lo hace, y si no lo hace, lo hará.

–Me gustaría tener un poco de tu seguridad.

–No te preocupes Kari siente lo mismo, solo necesita que des el primer paso, no dejes que sea ella la que lo de, sino esperará que tú hagas todo lo demás.

–No sé si seas el más apto para dar consejos de amor.

–Tal vez no, pero si la quieres no la dejes ir– volvió a acariciar la marca de su rostro. –Espero que dure varios días.

–Ok, eso es un poco enfermizo.

–Se llama amor–Dijo el mayor guiñándole el ojo.

Takeru rodó los ojos con exasperación.

–Será mejor que salgas a la fiesta, hay un montón de fans decepcionadas por que no estás.

Yamato dejo de admirar la evidencia del golpe y salió acompañado de su hermano.

14 llamadas perdidas.

Sora leyó en la pantalla de su móvil la insistencia de Misao. Podía adivinar lo que quería, enterarse de todo el chisme de primera mano. La ignoró como lo venía haciendo desde hace más de dos horas, no pensaba pararse a pesar de que pasaba del mediodía. No estaba de humor tenía resaca emocional intensa, que básicamente presentaba los mismos síntomas que la convencional, solo que se le sumaba una enorme sensación de vacío en el pecho. Escuchó gruñir a su estómago y supo que el vacío también había llegado hasta ahí. Se levantó perezosa para bajar a desayunar sin importarle que vestía la camisa de Yamato pues los domingos por la mañana su madre se ocupaba así que tenía el día libre para pensar aunque aún no sabía si eso era bueno o malo.

La pelirroja podía tener muchas cualidades, pero el cocinar definitivamente no era su fuerte por lo que empezaba a extrañar la compañía de Toshiko. Decidió que un tazón de cereal sería suficiente para calmar su hambre o tal vez dos. Se sentó a la mesa y vio el periódico, temerosa lo volteó para poder observar los titulares. Como se lo temía en la sección de espectáculos estaba esa foto de su beso con Matt, la observó a detalle y notó que era más que evidente su necesidad de estar cerca del chico, los dos cuerpos se entrelazaban con anhelo, ella prendida de su cuello y él sosteniéndola por la cintura. La siguiente foto era del momento en que lo había abofeteado, gesto que perdía toda credibilidad al observar la primera imagen. Suspiró profundo tratando de aliviar la opresión de su pecho, podría engañar a cualquiera, incluso a sí misma, pero a Matt ya no le podía ocultar lo que sentía, tenía que dejar en claro que deseaba olvidarlo, que simplemente lo suyo no podría ser, ahora menos que Tai era su novio.

El sonido de su teléfono la sacó de su trance. Era Misao, esta vez contestó.

–¿Sora?, ¿Estas bien? –Preguntó la chica. –Me he tratado de comunicar contigo desde que me enteré de lo que sucedió, pero…

–Si, estoy bien– interrumpió Sora– si buscas el chisme en el periódico lo puedes encontrar, es más hasta hay un poco más de falsa información para que hagas correr el rumor por la escuela.

Hubo un corto silencio. –¿Por qué no puedes aceptar que los demás nos preocupamos por ti?, Yo quería saber si estabas bien, si necesitabas hablar, pero al parecer no necesitas de nadie, como siempre. No te preocupes no te molestaré más. Me interesas Sora, como amiga no por conveniencia, pero si poco te importa la amistad que te puedo ofrecer, entonces no hay problema, no te puedo obligar a que te agrade.

–Misao, lo siento yo…–paró al escuchar el tono que indicaba el fin de la llamada.

Suspiró resignada, últimamente nada de lo que hacía le salía bien, solo se dedicaba a herir a quienes la querían y se preocupaban por ella.

El resto de la tarde se la pasó tirada sobre la cama, leyendo, viendo televisión y más que nada evitando a su novio. Ahora con el pensamiento un poco más frío le parecía extraño que tuvieran una relación romántica, cuando era niña pensaba que se casaría con Tai porque él no la juzgaba cuando se comportaba como niño, era agradable y cuidaba de ella, pero al crecer su perspectiva cambió, ahora sabe que el amor romántico lo complica todo, y tanto puede unir, como puede separar a las personas y no soportaría separase de su mejor amigo.

Al día siguiente Sora llegó sin sus ganas habituales a la escuela. Conforme pasaba el tiempo un nudo enorme se formaba en su estómago, no le importaban las personas que al verla se burlaban o secreteaban con su acompañante, a esas alturas la opinión de los demás era la menos relevante. Se sentó en el lugar de siempre a esperar a su ahora formalmente novio.

Después de un rato escuchó las risas ahogadas a su alrededor, Tai había llegado. Que se burlaran de ella la tenía sin cuidado, pero que su novio fuera ridiculizado por algo que ella hizo la hacía sentir fatal. Sin embargo el moreno apareció con su radiante sonrisa de siempre.

–¡Buenos días cariño! –La saludó, ella respondió con una sonrisa. –Te extrañé ayer, solo un día sin verte y me haces falta. – Le dijo besándola suavemente en los labios.

Sus palabras eran pinchazos en el pecho para Sora que se sentía culpable por pasarse el día anterior pensando en su situación con Yamato.

El resto de la mañana la pasó intentando ignorar las burlas y bromas pesadas que les dirigían a ambos, y aunque Tai parecía estar de lo más normal, Sora notaba como se crispaba cuando le hacían recordar el incidente. Entraron a la cafetería y vio una inconfundible mata rubia en la mesa donde habitualmente comían. Se tensó al instante e intentó retroceder, pero el moreno la detuvo.

–No pasa nada si estamos juntos. –Le dijo dedicándole esa sonrisa que en otros tiempos la hacía sentir reconfortada.

Caminaron hasta llegar a la mesa, se sentaron en sus lugares tratando de ignorar a los curiosos que no los perdían de vista. Sora evitó a toda costa dirigir su vista hacia Yamato, pero tratándose de él sus resistencias eran cada vez más débiles, así que observó detenidamente. El rubio platicaba animadamente con Koushiro sobre unos programas de computadora, parecía normal, parecía el de antes, parecía él. La ignoraba, como si ni siquiera hubiera notado su presencia en la mesa y eso la intrigó más. Matt volteó a verla dedicándole una casi imperceptible sonrisa, luego giró su rostro para mostrarle la enrojecida marca de la bofetada que le había dado. Sora se estremeció al verla, no solo porque no recordaba haberle golpeado tan fuerte, sino que era la evidencia más tangible de aquel beso, al observar su reacción la sonrisa del rubio se ensanchó, provocando que el corazón de la pelirroja diera un brinco, que como siempre intentó reprimir. El chico siguió con su conversación asegurándose de que su marca, que lucía con orgullo como si fuese una medalla ganadora, fuera apreciada por Sora. Ella pensó que la torturaba cruelmente al lucir tan soberbio ese moretón que le hacía recordar el beso ya de por sí difícil de olvidar.

–Te traje tu bebida favorita amor. –Interrumpió Taichi sus pensamientos.

–Gracias– Atinó a decir secamente aún contrariada por su recuerdo.

Tai la tomó por la cintura para acercarla más a él, empezó a besarle el cuello y morderle el lóbulo de la oreja de manera desagradable, ella se tensó el instante alejándose de su novio no sin antes ver la reacción de Yamato, quien le dedicaba una mirada sombría al moreno. Siguió comiendo sin levantar la vista. No tenía ganas de jugar a ser novia de Tai, no cuando Matt la miraba, después de todo ya no podía fingir ante él que le era indiferente.

–Esta tarde pasaré por ti, veremos la película que tanto quieres ver, luego podemos pasar por el centro comercial a...

Sora dejó de escuchar el parloteo de su novio en un ridículo intento de provocar los celos del rubio, estaba segura de que eso no serviría de nada. Se giró y volvió a mirarlo, él la observaba divertido.

–A-bu-rri-do. –Articuló el rubio en silencio, provocando la sonrisa de ella.

Matt formó una bola con el envoltorio de sus galletas y la lanzó directo a la frente del moreno haciéndolo callar. Todos en la mesa los miraron sorprendidos.

–¿Podrías contarle tus planes más tarde?, arruinas mi almuerzo.

–¡Ja! ¿No será que no soportas que salga con ella?

–Me tiene sin cuidado.

–Tanto que arruinaste mi declaración con tu beso.

Las palabras de Tai dejaron helada a la pelirroja.

–Tú fuiste quien arruinó mi concierto.

Sora sintió un pinchazo de dolor, ¿Se trataba solo de eso, de su concierto?

–Por supuesto, todo es sobre ti siempre, todo es sobre tratar de vencerme ¿cierto?

–Deja de ser tan infantil. –Dijo Yamato arrojándole un proyectil de puré de papa al moreno. – no es una competencia.

Tai respondió lanzándole un trozo de pastel que cayó sobre la rubia y bien cuidada cabellera de su oponente. Sora observaba todo incrédula, ¿Cómo había terminado todo en eso?

–¡Basta! – Gritó la pelirroja poniéndose de pie solo para interceptar un proyectil de espagueti que cayó sobre su cara.

Con la paciencia agotada tomó su pudín y lo lanzó con demasiada fuerza aterrizando sobre la nuca de un chico de la mesa de al lado, provocando el silencio sepulcral de toda la cafetería. Ahí de pie con la cara llena de puré de tomate sintió el peso de todas las miradas sobre ella, todos la observaban con incredulidad, era la primera vez que perdía así la compostura y mostraba un comportamiento no apto para una señorita de su categoría, sin duda de a poco iba perdiendo esa imagen de chica perfecta que tanto le había costado proyectar.

El rechinido de la silla del chico con la nuca enchocolatada llamó su atención, moriría de vergüenza en cuanto se girara a reclamarle, pero él solo caminó hacia la salida en silencio. Sora suspiró aliviada mientras se dejaba caer en la silla.

– ¿Es en serio chicos? – Habló en cuanto el silencio desapareció– ¿acaso seguimos siendo unos niños? No es divertido jugar con la comida…

–En eso estoy más que de acuerdo señorita– la voz de la monitora la interrumpió– claro que no es divertido jugar con la comida, sobre todo cuando hay mucha gente muriendo de hambre.

–Lo-lo- lo siento, no pensé que…

–Por supuesto que no pensó, pero para eso hay soluciones, esta tarde tendrá mucho tiempo para pensar en la sala de detención– dijo entregándole una ficha roja– si mañana no encuentro la ficha sellada considérese fuera de la escuela.

–Ella no fue la culpable– habló el rubio poniéndose de pie– fui yo quien empezó todo.

–No, el culpable fui yo– Dijo Tai, que no pensaba dejar que alguien más se hiciera pasar por héroe.

–Muy bien, hay lugar suficiente para los tres en la sala de castigos. – dijo entregándoles las fichas.

El panorama era totalmente desalentador para la pelirroja, tendría que pasar la tarde encerrada con Tai y Yamato, si tan solo se hubieran quedado callados, hubiera disfrutado de una tranquila tarde haciendo sus deberes, y de paso se libraba de salir con su novio. Solo esperaba salir con vida de esa situación.

Después de clases terminaron en la sala de castigos. La pequeña habitación estaba vacía a excepción de ellos, Sora tomó asiento en la primera fila, dejando que los dos chicos se sentaran a sus costados. Sentados en silencio el tiempo parecía correr realmente lento mientras esperaban al monitor del turno vespertino, por suerte la señorita Akimoto no trabajaba de tiempo completo, sino la tortura sería aún peor.

–Buenas tardes, Soy Kojima, su monitor de castigo– dijo el joven delgaducho y de enormes gafas que entraba inseguro al salón– bu-bueno, de acuerdo con esto tienen que registrarse en este diario para… para… emm, no estoy seguro, pero… Anoten su nombre por favor– dijo terminando con una amigable sonrisa.

Sora dejó que los chicos se adelantaran y firmaran primero, cuando llegó su turno notó que Yamato no había escrito su nombre, no supo sus motivos pero sin dudarlo lo imitó y anotó un nombre falso y volvió a su lugar.

–Bueno, yo sé que son jóvenes y en ocasiones les gusta sentirse rebeldes pero no hay que olvidar seguir las normas, ¿Quieren contarme por qué están aquí?...Bueno– prosiguió el ver que no había respuesta alguna– siéntanse libres de hablar durante las siguientes 4 horas.

Apenas treinta minutos pasaron y la pelirroja estaba a punto de morir de desesperación, treinta minutos de intentos fallidos de Tai para causar lo celos del rubio, treinta minutos de respuestas sarcásticas, treinta minutos de tortura emocional.

–Tengo sed– anunció el rubio.

–Puff y nos tenemos que dar cuenta de todo lo que te sucede– Contestó Tai.

–Profesor, tengo sed, ¿Puedo ir a tomar agua?

–No se puede salir durante el castigo.

–¿Entonces será su culpa si muero deshidratado?

–Para eso hacen falta días.

–¡Tengo que satisfacer mis necesidades fisiológicas básicas!, ¡¿Qué clase de escuela es esta?! Tendré que demandarlo por violar mis derechos…

–¡Está bien, está bien, está bien!, iré por un poco de agua.

Yamato esperó que los pasos dejaran de sonar en el pasillo para levantarse y abrir cautelosamente la puerta. Sora sonrió adivinando su plan y se puso de pie dispuesta a seguirlo, el moreno no dudó en hacer lo mismo.

–Así que, ¿ahora eres fugitiva de la ley? –Preguntó el rubio.

–Algo así– contestó Sora sorprendiéndose por la facilidad del chico para hacerla sonreír de esa manera tan boba.

Llegaron a la barda que rodeaba el perímetro de la escuela, una perfecta oportunidad para que los dos chicos volvieran a competir. Tai quien los seguía unos pasos atrás se adelantó y se pescó de la enredadera con un ágil movimiento estaba casi a punto de cruzar el muro. Yamato al ver tal demostración de habilidad física no se quiso quedar atrás. Corrió con fuerza apoyando una de sus largas piernas sobre la pared para darse impulso levantándose casi hasta alcanzar al moreno, estiró su brazo pero solo alcanzó a tomar una frágil rama que se rompió al instante. Un ruido sordo anunció su inminente caída hacía la humillación.

El dolor en su trasero le avisaba que quedaría una marca segura, pero las carcajadas lo hacían sentir peor, su rostro estaba tan rojo como seguramente estaba su parte posterior. Se recompuso del aturdimiento y entonces descubrió que la risa solo era del moreno.

Por supuesto– pensó– Sora no se burlaría de mí debe de estar preocupada, ¿Y si me aprovecho un poco de la situación?

Alzó la vista y la encontró apoyada de otro lado de la puerta de metal, mirando la escena con aburrimiento.

–Una fuga suele ser ágil y silenciosa, ¿cierto?, que hacen los dos perdiendo el tiempo. – dijo la pelirroja girándose para seguir su camino.

Los dos chicos se sonrojaron ante la ridícula situación que acababan de protagonizar y se dispusieron a seguirla.

–¿Cómo sabías que la puerta estaba abierta? – preguntó el rubio que aún se sacudía el polvo de sus pantalones.

–Es día de basura.

–Pudiste avisarnos. –Dijo el muchacho poniendo un puchero mientras señalaba su trasero, haciéndola reír.

–¿Y perderme de semejante demostración de macho alfa líder de la manada? –Contestó con un coqueto guiño, que alborotó el corazón del chico. – Además ustedes nunca me escuchan cuando pelean.

Tai los alcanzó y los tres caminaron en silencio durante varias cuadras hasta que un grito ahogado los hizo correr.

–¡Alto ahí! – El joven profesor los seguía exhausto.

Corrieron lo más rápido que podían, Tai tomó la mano de Sora y la hizo correr más veloz tratando de dejar atrás a Yamato, pero la chica lo jaló también. Durante la persecución la pelirroja tuvo la sensación de que volvían a ser niños, jugando, con el pelo en el rostro alborotado por el viento, el pecho ardiendo de cansancio pero el corazón latiendo contento. La nostálgica sensación provocó que estallara en risas, carcajadas de gozo a las que los chicos se unieron.

Continuaron corriendo a pesar de haber perdido varias calles atrás a su persecutor. Llegaron hasta una esquina por donde un camión de pasajeros estaba a punto de pasar, fue entonces cuando Sora se paró y jaló ambas manos para detener a los muchachos. Los tres rieron un rato más si soltarse las manos, luego ella se dio cuenta la mano de Tai era cálida y confortable mientras que la de Yamato la llenaba de una extraña energía, era consciente de cada centímetro donde su piel se tocaba y ese calor la hacía sentir incómoda, alarmada, alerta, sin duda era peligroso estar a su lado. No tuvo el valor para mirarlo a los ojos, soltó a ambos chicos y subió al autobús.

….

Esa tarde se distrajo con tareas y trabajos, terminó todo lo que tenía pendiente de la escuela y apenas eran las 7pm, era muy pronto como para irse a dormir, además los pensamientos no dejaban de atormentarla, pensó en salir a correr un rato, agotar su energía para no tener que pensar más.

–Sora, cariño…–tocaron a su puerta.

–Adelante mamá.

–Cariño, se me olvido por completo recordarte que la cena de caridad es esta noche, por suerte tienes tu vestido verde aún sin estrenar ¿verdad?, solo tenemos una hora para estar listas, puedes traer a Tai– Dijo su madre paseando por la habitación y poniendo sobre la cama la ropa y calzado que debería usar. Salió cerrando la puerta dejando a su hija sin derecho a réplica.

–Llamar a Tai hubiera sido perfecto si no fuera ahora mi novio– Dijo para sí misma mientras observaba el vestido tendido en su cama.

Una hora más tarde Sora y su madre bajaban del auto y se encaminaban al elegante recinto de la cena de caridad, aunque al principio odiaba esas cosas había aprendido a tomarles el gusto, buenos vinos sin necesidad de carnet de identificación, música en vivo, mujeres refinadas y hombres atractivos, bailes de salón, le daba la impresión de estar en otra época. Se sentaron a la mesa, ya más cómoda observó el salón, pisos lustrosos de mármol, paredes blancas con elegantes vectores en color perla y molduras doradas y un hermoso candelabro de cristal en el centro de la habitación, sin duda eso era más interesante que quedarse tumbada en casa.

Después de un rato accedió a bailar con el hijo de un empresario, luego el sobrino de alguien más ambos con plática aburrida y más tiesos que un tronco. Tuvo que retirarse al tocador para evitar que la volvieran a sacar a bailar otra vez, aprovechó para acomodarse su vestido verde esmeralda, una prenda que ella misma confeccionó cuando estaba en New York, se acomodó el cabello y retocó su maquillaje antes de salir otra vez.

–¡Cariño! –La llamó dulcemente su madre– te presento al dueño de…– ignoró el resto de la presentación, sabía que para su madre esos eventos eran el mejor lugar para encontrarle novio. Hastiada se limitó a saludar y sonreír, igual sabía que no volvería a ver a esos extraños.

–Le decía a tu madre que deberías concederle una pieza a mi sobrino, creo que es de tu edad, pero se la ha pasado refunfuñando toda la noche, tal vez eso lo ponga de mejor humor. –Dijo el señor mientras llamaba a su sobrino.

Sora asintió con una sonrisa, daba igual un tronco más. Dio un paso para tomar la mano del chico, pero el tacón de su sandalia se atoró con su vestido, aún con la vista hacia abajo tomó la mano e inmediatamente un escalofrío la recorrió –No es posible– pensó.

Alzó la vista solo para toparse con esos ojos azules, mientras una sofocada carcajada se le escapaba. No podía creer su mala suerte, o… ¿era buena?

–Un gusto señorita Takenouchi, es para mí un placer que me conceda esta pieza.

–El gusto es mío– respondió dejándose arrastrar hasta la pista de baile.

En cuanto llegaron al centro de la pista Strangers in the night de Frank Sinatra se dejaba escuchar. Yamato la tomó con seguridad y se empezó a mecer moviéndola con él. A la pelirroja le sorprendió su habilidad para el baile, aunque fuera un género que jamás hubiera relacionado con él, su agilidad en la pista le decía que era poco menos que un experto en baile.

Se dejó guiar por él y bailaron en silencio, mirándose ocasionalmente, pero de una forma más relajada, no tan intensa, más divertida, gozando del momento. Se sentía precisamente como dos extraños, apenas conociéndose, preguntándose si podrían encontrar el amor. No pudieron evitar reír mientras sonaban los últimos acordes, la situación era tan surrealista que por un momento Sora tuvo la sensación de que Tai saldría por debajo de una mesa o detrás de una cortina. La canción terminó muy pronto para su pesar. Rompieron contacto y caminaron lentamente hacia el jardín.

–Definitivamente es el destino– rompió el rubio el agradable silencio.

–No creo en el destino, ¿No será que estás espiándome? –Dijo Sora provocando el sonrojo del chico al recordar sus días de stalker.

–¡Ja!... no te des tanta importancia, mi tío me obliga a asistir a este tipo de eventos desde que soy una "celebridad".

–Jamás pensé que supieras bailar ese tipo de música. – dijo ella observando el cielo estrellado, sintiéndose aún relajada.

–Lo mismo digo de ti, te conocí llena de barro y solíamos jugar a las luchitas… definitivamente las cosas han cambiado. Después de todo pareciera que nunca terminas de conocer a alguien.

Esta última frase le sonó a reproche, pero decidió ignorarla, era la primera plática agradable y madura que tenían, no quería arruinarla. Luego de una pausa llena de suspiros decidió hablar:

–¿Qué haremos mañana para sellar la tarjeta de castigo?

–No lo sé, fue mi idea fugarnos, a ti te toca el resto.

–Si no la sellamos estaremos en apuros. No quiero afectar mis calificaciones.

Matt dejó escapar una risa, le parecía absurdo que hablaran de eso cuando había cosas más importantes que aclarar, sobre todo ahora que estaban a solas. Pero decidió no presionarla, así que se guardó sus preguntas y reprimió sus ganas de mostrarle la marca en su mejilla.

Hablaron y rieron por ratos, preguntándose banalidades, pretendiendo no conocerse, y conociéndose de nuevo. Hasta que la madre de Sora los interrumpió, era hora de irse.

–Sólo vamos a bailar una última vez– solicitó el rubio.

Entraron a mitad de otra canción de Sinatra (nada mejor para enamorarse) y después una música más lenta comenzó a sonar acompañada por la voz de Michael Bublé, provocando una risa burlona en el chico.

Matt la tomó por la cintura y la acercó a él para cantarle al oído.

" You'll never find, as long as you live

Someone who loves you tender like I do"

Sora solo cerró los ojos, mientras la angustia la invadía, y escucho con atención la letra mientras seguían bailando lentamente.

"And You´ll never find, it´ll take the end of all time
Someone to understand you like I do"

"And you'll never find

Another love like mine

Someone who needs you like I do"

El chico paró de bailar y apretó fuertemente su rostro contra el hombro de ella. Unos casi imperceptibles espasmos y la humedad contra su piel le hicieron saber que estaba llorando. Repentinamente la soltó dándose la vuelta para alejarse entre la gente mientras la música seguía sonando…

…" You're gonna miss my love"