¡Hola! Al fin puedo actualizar la historia. Debo confesar que soy más bien una persona nocturna, así que cada que publico me desvelo horrible TT-TT pero bueno una disculpa por la tardanza.
En este capítulo intenté desatar algunos nudos pues se acerca el final de la historia.
Espero que les guste :)
La alarma sonó como todos los días, pero ella había estado despierta toda la noche, no pudo dejar de pensar en el comportamiento de Yamato la noche anterior, por su cabeza rondaba una y otra vez la imagen del chico con sus ojos cristalizados por las lágrimas, ¿En realidad estaba sufriendo tanto por ella? Se repetía a sí misma que ella había llorado más en un intento por aliviar su culpa. Cuando regresó a Japón deseaba hacerlo llorar por lo menos la mitad de las lágrimas que ella había derramado, pero ahora todo había cambiado y no quería hacerle el mismo daño que él le causó.
Se levantó sin ganas y se miró al espejo, notó entonces que la foto del día de su declaración estaba descubierta, le gustaba admirarla de vez en cuando a pesar de los malos recuerdos que le traían, se observó pensando ¿Qué le había ocurrido a esa tierna pareja?, ¿Dónde quedó esa dulce chica?, de lo que no tenía duda era del amor que aún sentía por él a pesar de tanto daño, pero ¿Sería capaz de perdonarlo?
Las clases le pasaron de noche, no se dio cuenta en qué momento terminó su horario ni cuándo había ido a desayunar, estaba como muerta en vida, totalmente distraída dándole vueltas una y otra vez a lo que ocurrió, a todo lo que había ocurrido desde que regresó a Japón. Se dirigía hacia el entrenamiento de tenis cuando una alta y esbelta figura apareció, dirigió su mirada hacia él mientras le sonreía cautelosa pero él no respondió, parecía estar viendo más allá, cuando estuvieron suficientemente cerca extendió la mano para entregarle la ficha roja de detención sellada.
— No olvides entregarla antes de las tres.
—Gracias, ni siquiera lo recordaba, ¿Cómo la sellaste?—preguntó Sora.
—No importa, no te entretengo más. —Dijo el rubio dejándola helada.
A Sora la tomó por sorpresa su actitud, un día era sexy y coqueto, luego parecía sincero y ahora se comportaba como si no le importara, eso la dejó aún más confundida.
…
La pelirroja se disponía a marcharse después del entrenamiento cuando la mano de Tai se posó sobre su hombro.
— ¿Lista para hacer nuestra tarea de historia?
— ¿Qué tarea?
— La tarea en la que estamos en equipo.
— ¿Tú y yo?
— Si, ¿No lo recuerdas?
—Eh, si claro. Vamos a mi casa.
— Nop, esta vez en mi casa.
…
Pasaron la tarde en la habitación del chico, Sora seguía distante y él intentaba a toda costa hacerla hablar, pero parecía imposible. Harto de la situación arrojó los libros, le arrebató su cuaderno y lápiz para sentarse a la orilla de la cama junto con ella.
— ¿Qué sucede? — Preguntó asombrada.
—Sucede que te quiero de vuelta, quiero hablar contigo.
— Pero si hemos hablado todo el día.
— ¿Hemos? Yo he hablado, además no sólo me refiero al día de hoy, quiero que vuelas a ser… tú.
— ¿A qué te refieres?, sigo siendo la misma. — Contestó la chica riéndose sin ganas.
–Sora, te quiero, y necesito que seas sincera conmigo, sé que algo pasó entre tú y Yamato. Tal vez pienses que esto no es de mi incumbencia, pero noto el daño que te hizo, lo cambiada que estás, sé que el hecho de que muestres siempre una sonrisa no significa que seas feliz. Quiero ayudarte a ser como antes, quiero seguir siendo tu confidente, sabes que puedes confiar en mí, y nada de lo que me digas va a cambiar lo que siento por ti.
Un largo silencio se propago por la habitación del chico, Sora estaba aturdida, no pensaba que su novio le pidiera algo así, no estaba segura de que fuera una buena idea, ya había separado bastante a Yamato y Taichi desde que se formalizó su relación con el moreno o incluso desde antes, y sus intenciones no eran esas, sabía que si le contaba eso que la había partido en pedacitos, Tai jamás volvería a ser amigo de Yamato. No es que el rubio fuera malo, de hecho había sido muy buen amigo, solo que a ella le tocó vivir con una parte de él que le hizo daño.
–¿Sora?... –Preguntó Tai expectante.
Sora se acomodó sobre la cama tomando las manos de su novio entre las suyas.
–Tai, mira, lo que me pasó con Yamato fue una experiencia muy desagradable y que tuvo un gran impacto en lo que soy ahora, pero no me arrepiento de haberlo vivido, después de todo nadie está exento al dolor y en parte creo que me hizo más fuerte. Te voy a contar todo lo que pasó, pero quiero que seas consciente de que el daño me lo hice yo misma, por ser tan ingenua e inocente, por crearme una historia de amor donde solo había cariño. No quiero que lo odies, porque ni siquiera yo lo hago, ya no.
El moreno asintió observando la sinceridad en los ojos de su amiga, dispuesto a escuchar y comprender.
–Bueno todo comenzó un año después de mudarme a New York, estaba realmente sola, mi padre trabajaba todo el día, mi madre tenía compromisos sociales con las esposas de los compañeros de mi padre y el tiempo que estaban en casa todo lo que hacían era pelear, recriminarse tonterías hasta terminar gritándose el uno al otro y claro yo ni siquiera existía. Tampoco era capaz de hacer amigos en ese colegio elitista, mis compañeros me molestaban por cosas tan insignificantes como el no vestir ropa de marca o no acudir a ciertos eventos. – Sora sacudió su cabeza como queriéndose librar de esos recuerdos– Mi única compañera era la ciudad, salir, siempre había nuevos lugares a los que ir, aunque sola no los disfrutaba igual, fue entretenido los primeros meses, pero después tanta soledad me empezó a afectar, necesitaba a alguien que se preocupara por mí, los necesitaba a ustedes, los extrañaba mucho y siempre los tuve presentes. Llegó un momento en que vivía de libros y tus correos electrónicos para sentirme acompañada.
Tai sonrió dulcemente al recordar esos correos que también lo hacían sentirse mejor.
– ¿Por qué no lo decías?, ¿Por qué no me contaste cómo te sentías? – preguntó el chico preocupado.
–No lo sé, a veces quería, pero me hacía sentir débil, una llorona. – dijo encogiéndose de hombros.
–Sora tú puedes ser todo menos una llorona– dijo Tai, acercándose a ella y abrazándola desde atrás, hasta quedar los dos acostados en los brazos del otro.– Continúa –pidió el moreno besándola dulcemente en los labios.
–Shuu era el único que parecía estar remotamente interesado en mí, tal vez mi padre se lo pedía, pero él se dio cuenta de que no estaba muy alegre que digamos. Un día llegó muy entusiasmado a dejarme una carta de Japón, era de Matt, decía que me extrañaba que quería verme, que tenía poco tiempo por las presentaciones de la banda y la escuela, pero que aun así había podido hacer un espacio en su agenda para vernos ese fin de semana. Me puse tan feliz, jamás pensé que él se tomara el tiempo de siquiera escribirme y me estaba pidiendo una cita, al otro lado del mundo por cierto, pero era una cita. Sin pensarlo le pedía ayuda a Shuu para que me cubriera y le hiciera creer a mis padres que había ido a un viaje de la escuela, si es que notaban mi ausencia. Ese viernes viajé a Japón estaba tan feliz que ni pude dormir, todo lo que podía hacer era sonreír hasta sentía que la cara se me entumecía. El sábado por la mañana llegué al hotel donde me había citado, desempaqué lo poco que llevaba y me di cuenta de que no tenía nada decente que vestir, tenía pensado verlos a ustedes, pero decidí salir a buscar un vestido y algún regalo para Yamato, me tomó todo el día y apenas regresé para mi cita. Me arreglé, o hice lo mejor que pude y bajé al restaurant del hotel, el lugar era muy elegante, y aunque era la primera vez que llevaba un vestido definitivamente me sentía fuera de lugar. Lo esperé sentada una, dos, tres horas o más, no lo sé dejé de ver el reloj a las 9pm, la gente me veía con lastima, otros más con burla, eso era lo de menos. Nunca llegó, como el lugar estaba a reventar el mesero me pidió que me cambiara a la barra, pero preferí marcharme, era obvio que no iba a llegar y ni siquiera me había llamado al móvil. Subí a mi habitación más preocupada que triste, no podía creer que me dejara plantada, ese no era Yamato, él no hacía esas cosas, lo llamé varias veces pero no respondía. A la media noche dejé de intentar, había sido un día muy pesado física y emocionalmente, me metí al baño a lavarme los dientes para dormir y regresar al siguiente día a New York. Me lavé la cara y estaba a punto de regresar a la cama, cuando la puerta de la habitación se abrió de golpe, escuché su voz y mi corazón brincó emocionado, pensé que no me había dejado plantada, que estaba bien solo se había retrasado y después escuche la voz de ella. Extrañada me asomé desde el baño y los vi besarse. Mimí se veía preciosa con un hermoso vestido, su cabello perfecto y calzaba con gracia sus tacones, a pesar de ser menor que yo, ella ya lucía como una mujer, me miré al espejo para comprobar que yo seguía siendo una niña boba y sin gracia. Seguí observando oculta, Yamato la tomaba por la cintura y la besaba tan intensamente que hizo que me sonrojara, luego empezaron a despojarse de su ropa y yo ya no pude ver más, pero tampoco podía salir de ahí sin que notaran mi presencia, así que solo me oculté cobardemente en el baño, sé que soy un tonta debí haber salido y enfrentarlos, pero estaba tan impresionada y dolida que apenas podía pensar hasta me costaba respirar. Había hecho todo eso, viajar desde lejos, recorrer las tiendas para buscar un vestido, ¡un vestido Tai! – exclamó alzando las manos con enfado– luego ir de un lado a otro para encontrar un regalo, aguantar las burlas en el restaurant, preocuparme por él, todo para terminar llorando en un baño. Después los ruidos del otro lado de la puerta se fueron haciendo más fuertes, más íntimos, yo estaba sentada sobre la tina totalmente petrificada. Escuché a Mimi hablar de protección, dijo algo sobre el baño, segundos después oí los pasos de Yamato que se dirigía al baño, me tiré dentro de la bañera y aguanté la respiración para no ser descubierta. Él entró cantando, hurgó en los cajones y salió poco después. El resto de la noche me la pase cubriéndome los oídos para no escuchar sus gritos de placer ni sus declaraciones de amor mutuo. Lloré, lloré hasta que me quedé dormida ahí dentro de la tina. Cuando me di cuenta de que había amanecido me levante cautelosa, caminé por la habitación eludiendo las prendas que regaron, ellos estaban abrazados entre las sábanas, aún dormían. Recogí mi bolso y el estúpido oso de peluche que le había comprado, salí de la habitación determinada a no volver a ser la tonta de antes.
El coraje y la sorpresa tomaron preso a Tai, ¿Cómo podía Sora pedirle que no lo odiara si había herido a quien más amaba?
–Eso fue muy cruel, Yamato es in idiota, no merecía que hicieras eso, no merece que le hables, ni merece que me pidas que no lo odie.
–Tai, eso fue hace mucho, sufrí en silencio, y después ya no sentí nada, fue como si mi capacidad de amar se hubiera apagado, como si no pudiera confiar en nadie más.
–Me tienes a mí, sabes que yo nunca te haría daño– dijo Tai frotando los brazos de Sora, que aunque no lo demostraba, sabía que necesitaba esa caricia de consuelo– No merece que lo perdones, él te quito una parte de ti, no merece que lo sigas amando.
Sora sintió de golpe un enorme nudo en la garganta que amenazaba con asfixiarla, ¿Era tan obvio que hasta Tai se daba cuenta? Si era difícil para ella aceptar que aún lo amaba, resultaba aún peor escuchar la verdad de los labios de alguien más, sobre todo de quien se supone debería de amar. Trató de sostener las lágrimas pero el escozor en sus ojos no se lo permitió, e inevitablemente una a una resbalaron por sus mejillas, tan calientes y amargas como los sentimientos que la invadían. Giró su rostro, pero inmediatamente la mano de él la hizo encararlo, sus ojos chocolate estaban cristalinos e interrogantes.
–Lo amas– afirmó él en un débil susurro lleno de dolor.
Y ella no podía negarlo, no salían las palabras cuando las emociones la sobrepasaban, creía estar en un lugar seguro, al lado de quien la quería sin condiciones, creía estar convencida de que ya no quería a Yamato, de que no lo necesitaba. Pensaba que nadie se percataba de sus sentimientos, pero había subestimado a Taichi, él tal vez la conocía mejor de lo que ella se conocía a sí misma, tanto que había sabido leer más allá de sus ojos.
Tai sintió como algo se rompió dentro de su pecho, aunque lo sabía tenía la esperanza de que Sora siquiera lo negara, que lo tratara como su novio, su pareja formal, uno no acepta que ama a alguien más frente a su pareja. Pero, ¿Qué era mejor, su sinceridad y confianza o esa sonrisa fingida que siempre que se la veía lo hacía sentir mal? Observó su rostro sonrojado surcado por sus lentas y pesadas lágrimas que no paraban de brotar. Lucía tan vulnerable, al descubierto pero era ella, esta vez no estaba contenida, no llevaba puesta su coraza que la separaba de quienes creía podían herirla. Sora confiaba en él, y él no iba a herirla.
Apretó su abrazo enterrando su rostro en su cuello mientras paseaba sus manos por su larga cabellera roja. Se quedó ahí aspirando su aroma, sintiendo bajo él el ritmo pesado de su respiración entrecortada, embriagándose en el calor de su cuerpo. Se separó un poco para mirarla a los ojos.
–Te amo Sora, creo que siempre te he amado, y tú lo sabes.
–Y-yo, yo no quiero hacerlo ¿sabes?, me refiero a que no quiero amarlo– dijo la pelirroja apenas pronunciando esa última palabra que tanto la aterraba. – quiero olvidarme de él, realmente lo he intentado porque sé que no le importo y además me ha hecho daño.
Una punzada en el pecho latió en el chico, Sora siempre evadía sus "Te amo", tal vez pensando que lo decía más no lo sentía en realidad, pero no era así, realmente la amaba. Algo en sus palabras encendió la alarma, Tai sabía perfectamente que Sora no le era indiferente a Yamato sino todo lo contrario, él también la amaba, pero de eso ella no se enteraría.
–Él es un idiota, vive en su burbuja narcisista, lo único que le interesa es coleccionar chicas, en todos estos años ha salido con muchas. Cuando regresaste te volviste en esa chica inalcanzable, porque tu no caíste a sus pies como las otras, y eso para él es un reto, un trofeo que quiere ganar, la apuesta aumentó cuando nos hicimos novios. No soporta ver que yo gano, nunca lo ha hecho. Solo está obsesionado porque le heriste el ego. –Terminó Tai asqueado de sus palabras, era caer muy bajo hablar mal de su amigo pero no permitiría que le quitara lo que más amaba.
Sora quedó impresionada, nunca había escuchado a Tai referirse así de Yamato, había cierta desesperación en sus palabras que le hacían creer que eran verdad, después de todo él era su mejor amigo y lo conocía mejor que nadie. También era el mejor amigo de la pelirroja y nunca le mentía.
–Déjame amarte, – dijo Tai al ver que la chica no respondía– déjame hacerte olvidar, dame una oportunidad, date una oportunidad de amar a alguien que daría todo por ti, que jamás te lastimaría, alguien que te ama en secreto desde hace varios años y que está cansado de ser la sombra de Yamato, que está cansado de tener que recoger las migajas de tu corazón.
–No digas eso– contestó Sora presa otra vez de las lágrimas– siempre has tenido mi cariño y mi amor…
–Lo sé, pero no de la forma que quiero, de la forma en que lo amas a él. –interrumpió el moreno.
Sora se incorporó y subió al cuerpo del muchacho hasta quedar de rodillas sobre su regazo, posando sus manos en sus hombros bajó el rostro hasta tomar presos sus labios, y lo besó con esa desesperada frustración que la estaba volviendo loca, jaló de sus labios con firmeza y profundizó el beso en busca de la humedad de su saliva, quería encontrar en su boca el mismo adictivo néctar que tenía la del rubio. Se separó un poco tomando aire.
–Hazme olvidarlo, –Dijo observando la sorpresa en el rostro del chico– hazme olvidar– terminó en un susurro para volver a besarlo.
Sus manos viajaron sobre el pecho del muchacho marcado con sus jóvenes músculos, podía escucharlo suspirar y gemir entre besos, acarició la parte trasera de su cuello con su mano hasta encontrarse con su pelo castaño tirando fuerte de él. Sintió las grandes y cálidas manos del chico acariciar sus muslos con suavidad, erizándole la piel.
La habitación estaba bañada con los últimos rayos del atardecer que aumentaban la temperatura de los dos adolescentes. Pronto la ropa les empezó a estorbar, Sora necesitaba sentir el calor de su cuerpo frotándose con el suyo, se levantó un poco para quitarle la playera y volvió a pasar sus dedos sobre los surcos de los abdominales del muchacho, se tomó un momento para observarlo, su piel tenía ese tono moreno uniforme y brillaba bajo la capa de sudor, sus hombros anchos y sus brazos fuertes evidenciaban que poco quedaba de aquel delgado niño con el que solía jugar, ahora ambos eran mayores y sabían jugar a otras cosas, más placenteras y más peligrosas.
Se inclinó de nuevo sobre el pecho de Tai que la envolvió en sus brazos atrayéndola aún más a él, sus manos viajaron por su espalda y cintura haciendo que un agradable cosquilleo se apoderara de su bajo vientre. Separó el beso para seguir explorando su piel con sus labios, acarició la línea de su mandíbula bajando lentamente por su cuello hasta llegar a sus pectorales llenándolos de sonoros besos, probando su salado sudor. Sora posó sus manos sobre el botón sus jeans dispuesta a descubrirlo pero fue interrumpida por las manos del muchacho.
— ¿Qué sucede? —Preguntó sorprendida.
—No puedo, creo que no estoy listo para esto… es decir, siempre lo he querido, pero no de esta forma. No quiero llenar el vacío de Matt, quiero que estemos juntos hasta que sientas algo por mí, algo más que cariño.
—Está bien— Dijo Sora comprendiendo a lo que se refería.
— Creo que sería mejor que te marches, yo terminaré el trabajo.
La chica solo asintió preocupada por su repentino comportamiento, tomó sus cosas para marcharse.
— ¿Quieres que te acompañe a tu casa?
— No es necesario, te veo mañana.
…
Yamato contuvo sus ganas de seguirle los pasos a la pelirroja para terminar con un asunto importante, necesitaba terminar su relación con Mimi. No sería fácil, pero no podía continuar así con ella, esta vez era definitivo. La citó en un parque más bien alejado de la ciudad, para que ella pudiese gritar todo lo que quisiera sin obligarlo a quedarse con ella por más tiempo, tal como había pasado la última vez.
— ¿Matty? — Dijo la castaña con una mezcla de dulzura y tristeza en su voz— ¿Por qué me citaste aquí?
—Quiero hablar.
— ¡No, no otra vez!
— Mimi por favor, no podemos seguir así.
— Sé que para ti no soy nada, pero no puedes solo usarme y tirarme como pañuelo sucio. ¡¿Por qué no piensas en lo que yo siento?!
— Son las mismas palabras que usaste la última vez, pero esta vez la respuesta es diferente. Claro que pienso en ti, creo que no mereces estar con alguien que no te quiere de esa manera, alguien que solo podrá hacerte daño, ¿O acaso haz sido feliz conmigo? Me refiero a nuestra relación, no solo a la fama y la popularidad…
— Yo siempre he sido dichosa a tu lado, sin importar si me tomas en cuenta o no. Eres un chico maravilloso, tal vez demasiado maravilloso como para merecerte. Yo solo anhelaba que me pudieras querer tan solo un poco, que me sonrieras con cariño, que me besaras con dulzura, que conversáramos más, pero, cuando estamos a solas eres solo un bloque de hielo. ¿Por qué nunca me pudiste amar… o querer siquiera?
— Creo que mi corazón ya estaba ocupado cuando llegaste a mi vida, intenté… de verdad intenté olvidarla y corresponderte como se debía, pero esto me sobre pasa, es mucho más fuerte que yo.
— ¡Me entregué a ti! —Dijo la chica entre lágrimas— Pero sé que eso no te importa, siempre fui honesta contigo, no entiendo ¿Qué me hace falta?, ¿Qué necesito hacer para que me quieras?
—Te quiero, como mi amiga, como esa dulce y divertida amiga, por eso es que estoy haciendo esto, porque me importas y no quiero hacerte sufrir más. Necesitas alguien que te quiera, porque yo no puedo hacerlo.
— ¡Matty por favor! — Lloriqueó la castaña tirándose a sus pies.
— Tus lágrimas no me conmueven, ahora sé que te hago más daño si continuamos con esto, no me busques por favor, no pienses en mí. Solo espero que me puedas perdonar. — Dijo para marcharse sin voltear a ver a la desdichada chica hincada sobre la tierra hecha un mar de lágrimas.
…
Yamato caminó hasta la ciudad, necesitaba pensar y una caminata siempre le ayudaba a despejar la mente. Ya había oscurecido cuando se dio cuenta de que sus pasos lo habían guiado hacia dónde su corazón quería estar. Necesitaba verla, la había evitado en la escuela después de haber llorado en su hombro, le apenaba verse tan débil e indefenso a su lado, pero la notó un tanto contrariada lo que lo consoló un poco.
Checó su reloj para comprobar que eran más de las 12:00 am, y entró cauteloso al patio de la casa de Sora esperando que ambas inquilinas estuvieran dormidas, trepó el árbol ágilmente para posarse en su rama favorita y la vio, la vio convertida en un ovillo entre las sábanas. Deseaba ansiosamente entrar recostarse a su lado y dormir en paz por una sola vez entre sus brazos, pero sabía que era imposible.
La observó cuidadosamente, notó como sus hombros se movían irregularmente, el celular de la chica sonó haciéndola girar, la luz de la pantalla iluminó su rostro, la vista lo hizo estremecerse. El hermoso rostro de la chica estaba contraído en una expresión de tristeza que le partió el corazón, ahora quería más que nunca abrazarla, consolarla, cuidar de ella contra todo lo que pudiera dañarla y hacerla llorar de tal manera, entonces vio el trozo de tela blanco que sostenía entre sus brazos, su camisa. Sintió una punzada en el pecho ¿Era él el que la hacía sufrir tanto?
…
Se miró en el espejo y casi no se reconocía, intentó sonreír pero al parecer había olvidado como hacerlo. Su rostro estaba hinchado, su pelo enmarañado, sus ojos apagados, estuvo tentada a regresar a la cama a seguir llorando por el resto del día, pero solo de pensarlo se sentía enferma. No podía quedarse tumbada solo por un problema con chicos, tenía cosas más importantes que hacer, se convenció a sí misma. Se duchó y se arregló, pero por más maquillaje que usó su rostro seguía luciendo triste, al fin se resignó a ir en esas condiciones a la escuela.
Caminó con pesadez por los pasillos, era consciente de las miradas extrañadas que la seguían, pero ya no le importaban. Llegó a su casillero para tomar sus útiles al abrirlo una nota amarilla calló volando lentamente hasta sus pies. Abrió la nota y leyó:
"A veces me convenzo de que es mejor olvidarte,
que nunca serás mía, que no quieres serlo,
que ya eres de alguien más,
pero luego me ves y esa sonrisa se escapa de tus labios,
y yo soy adicto a esa sonrisa.
PD. Aun no me he rendido"
Y de pronto recordó como sonreír.
¿Ustedes perdonarían a Yamato?, ¿Creen que Mimi se quede tranquila y deje ir a Matt?
Muchas gracias por leer.
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