¡Hola!
La semana pasada comenté que hoy diría si podría seguir un ritmo semanal a la hora de actualizar, y de momento me alegra decir que sí que podré. Igualmente las clases acaban de comenzar y todavía no está muy claro, pero por lo menos durante unas cuantas semanas podré hacerlo.
En fin, ¡Nos leemos la semana que viene!

Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.


—¿Qué quería tu hermana?

Alec, que miraba la pantalla de su teléfono móvil con el ceño fruncido, levantó la vista y la clavó en la del primo de su hermano.

—¿Puedes acercarme hasta mi casa? Creo que la han vuelto a liar.


Magnus miraba alternativamente a una y otra morena intentando concentrarse en la dura decisión que tenía por delante.

—Clary, Izzy y mi prima están fuera de toda decisión. Como vuelvas siquiera a insinuar que-

La de ojos oscuros era mucho más de su tipo; una chica descarada, con un excelente estilo de la moda y un brillo malicioso en la mirada. Pero la otra, pese a parecer mucho más descuidada a la hora de atender su aspecto, tenía los ojos azules. Pelo negro y ojos azules era su combinación favorita desde hacía por lo menos cinco siglos.

—¿Y pretendes que sea yo? El tinte te afecta al cerebro, imbécil.

—Eres el único soltero, idiota desconsiderado. Y soy rubio natural, sólo para que conste.

Y luego estaba el olor. Aquel olor. ¿Dónde demonios estaría el humano al que pertenecía? ¡¿Y POR QUÉ NO LO TENÍA YA EN SUS MANOS?!

—Pues también podrías hacerlo tú, que no sé yo por qué no te ofreces cuando eres el que se niega a barajar las posibilidades de las demás.

—¿Pretendes que deje que aquel —Dijo señalando al demonio. —súcubo infernal —Magnus rodó los ojos. Aquel humano era realmente ignorante e insufrible. —toque a mi hermana, mi prima o mi novia? ¿Eres retrasado?

—¿Tú ves que tenga tetas? Los súcubos son los demonios sexuales hembra, idiota.

El íncubo de rasgos asiáticos volvió a prestar atención a las dos preciosidades frente a él, que parecían ávidas de conocimiento. Él, sin embargo, estaba necesitado de otro tipo de cosa.

Maldito fuese aquel olor. Maldito e irresistible.

Como al día siguiente no hubiese aparecido el humano al que pertenecía…

—¿Hay muchos como tú? —¿Como él? ¡Él era el magnífico Magnus Bane! Claro que no había nadie como él. —¿Tienes familia?

—Nosotros no tenemos familia. No como las vuestras, al menos.

No existía algo como un papá íncubo y una mamá súcubo felices y contentos criando a su retoño.

—¿No tenéis padres? ¿Y de dónde salís? —Preguntó la curiosa…eh… ¿Isabella?

—Fuimos humanos una vez.

Ambas le miraron con la boca y los ojos abiertos como platos.

—¿Un humano puede transformarse en un demonio?

—No hay que generalizar. Yo hablaba de los súcubos e íncubos, pero hay infinidad de razas de demonios y cada una tiene sus costumbres, características, jerarquías…

—Bueno, que sí, que vale ¡pero tú sí fuiste humano! —Alzó la voz la joven de ojos oscuros. Aunque tampoco es que eso ayudase a acallar el ruido de los gritos que se estaban pegando los otros dos —¿Yo podría ser como tú? ¿Mantenerme joven eternamente simplemente a cambio de alimentarme cada cierto tiempo de la energía vital de otro mediante el sexo? ¡Sería como si me tocase la lotería!

—No es tan sencillo. Solo determinados humanos pueden llegar a transformarse.

—¿Qué tipo de humanos? —Preguntó la de ojos azules.

—Pues aquellos que nosotros denominamos "Candidatos". Verás-

El ruido de un fuerte portazo sobresaltó a Magnus y sus dos acompañantes. ¿Pero qué demonios…?

—¡Y ahora va y se marcha enfadada!

—¿Y te extraña? —La morena nº1 se levantó del sillón y se dirigió hasta el rubio y el castaño y les pegó sendas collejas a ambos —Sois unos imbéciles y no comprendo ni cómo os soporta.

—Ni yo sé por qué te soporta Gabriel a ti —Murmuró Jace, ganándose otra colleja.

Magnus no podía aguantar más. Hacía tiempo que no pasaba tanto tiempo entre mortales, y de verdad que trataba de pasárselo bien y disfrutar de la experiencia todo lo posible, pero ése olor…

—¿Y por qué no salimos a la calle a dar una vuelta? —Lejos. Todo lo lejos que fuese posible de la tentación que amenazaba con desquiciarle.

—¿Dar una vuelta? —Preguntaron Míster Creído y el Capitán Friki al unísono. Magnus se asombró al darse cuenta de que por una vez habían coincidido en algo. A ellos también pareció sorprenderles.

—¡Eso es fantástico! —Exclamó emocionada la morena nº2 —¡Vayámonos de compras!

¿Compras?

...

Isabelle es una humana magnífica. Divertida, enérgica, con una habilidad impresionante para encontrar excelentes prendas de ropa en cualquier tienda… Hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien y disfrutaba tanto sin sexo de por medio. Lamentablemente había comenzado a pensar en Isabelle como en una amiga y su atractivo de "ese tipo" había desaparecido. Bueno: Cecily tampoco estaba mal. Nada mal, a decir verdad.

Y luego estaban los otros dos, que seguían discutiendo mientras los seguían de tienda en tienda. Ahora que la pelirroja había desaparecido parecía ser la ojiazul la encargada de intentar mantener la paz. Magnus sintió tanta lástima por ella que casi renuncia a las horas de compras con Isabelle. Casi.

—¿Magnus?

El aludido se giró pensando que alguno de sus Invocadores quería tocarle las narices haciéndole más preguntitas. El íncubo comenzaba a pensar que quizá fuese buena idea contarles de una vez que no hacía falta que fuese ninguno de ellos quien se acostase con él y que podrían llegar a un acuerdo. Para que se callasen, más que nada.

Imposible.

—¿James?

¿Qué demonios estaba haciendo otro íncubo rondando por un centro comercial de Nueva York?


Alec y Will llegaron al piso que compartían el primero e Isabelle poco después de que el resto del grupo se hubiese marchado.

—¿Dónde está mi hermana? Le dije que la recogería aquí. Maldita mocosa insoportable…

Alec se encogió de hombros y se echó sobre su cama. Maldita la hora en la que se le había ocurrido ir a dormir a casa de Will sabiendo que tendría que dormir en la habitación contigua a la de Henry. Aquel inventor chalado se pasaba toda la noche haciendo ruidos y provocando pequeñas explosiones que, pese a ser inofensivas, hacían mucho ruido.

—¿Si vuelve por aquí puedes decirle que coja un taxi y se encuentre con Jem y conmigo donde acordamos? Ya llego tarde.

Alec le dedicó un gesto afirmativo con la mano antes de cerrar definitivamente los ojos y rendirse al sueño. No hay nada como dormir en tu propia cama.


—¿Le conoces? —Le preguntó Isabelle a James.

¿Ella le conocía a él?

—Isabelle, ¿qué has hecho?

Magnus sabía que había alguien detrás de aquello. Un Candidato era difícil de esconder durante demasiado tiempo y, ciertamente, no parecía que la persona que vivía en aquella casa tuviese quince años. No, al menos, por lo que había entendido al oír refunfuñar a Isabelle sobre él. Su hermano. Alexander.

—Alexander —Pronunció el moreno sin poder evitarlo. Hasta su nombre dejaba un regusto exquisito en el paladar.

James, que había estado interrogando a Isabelle, clavó sus normalmente amables ojos en el otro íncubo.

—Ve a buscar a Cecily —Ordenó a la morena.

Isabelle parecía querer replicar algo, pero, tras mirar durante unos segundos a James a los ojos, volvió sobre sus pasos y se marchó con la cabeza bien alta.

—¿Qué has hecho?

—¿Yo? —Preguntó Magnus fingiéndose indignado. —¿Quién es el que ha estado escondiendo a un Candidato a los ojos del resto de nuestra raza? Muy mal, James: las cosas no son así, y lo sabes.

James apretó los puños con fuerza y por primera vez Magnus tuvo miedo de él. James era uno de los antiguos, pero también era el íncubo más amable y más "humano" que había conocido nunca.

—Alec es buena persona, Magnus Bane. Aléjate de él.

—No puedes esconder a un Candidato. Son las reglas.

—¿Crees que eso me importa?

No. Claro que no le importaba. Al fin y al cabo fue James el que salvó a aquella muchacha, Tessa. Pero aquella vez El Consejo se lo dejó pasar debido a su influencia, y Magnus sabía que, incluso entre los demonios, las reglas eran sagradas. Si James volvía a traicionar a su raza…

—Te matarán, James.

El inconfundible jaleo que montaban Simon y Jace al discutir llegó a oídos de Magnus segundos antes de que los cuatro aparecieran por la esquina de la tienda de accesorios que acababan de visitar.

—No te atrevas a tocarle. —Dijo el peliblanco antes de tomar del brazo a una sorprendida Cecily y arrastrarla con él hacia la salida.

Magnus los miró marcharse con atención mientras Isabelle le miraba con curiosidad. James no era así normalmente, ¿por qué tanto ahínco en proteger a Alexander cuando parecía claro que no pensaba alimentarse de él? ¿Se habría vuelto James a enamorar de otro humano?

—¿Magnus?

El íncubo clavó sus gatunos ojos sobre la pelinegra y la miró con atención. Quizá fuese eso. A Magnus no le importaría tener que defender a un humano como Isabelle, ¿sería su hermano igual a ella y por eso había despertado el instinto protector del otro demonio?


Will estaba a punto de entrar al centro comercial cuando casi se choca de bruces con aquel al que buscaba. O con aquellos, más bien.

—¿La has recogido tú? —Preguntó al ver a Jem agarrando con fuerza la muñeca de su hermana y prácticamente arrastrándola con él. —¿Ha pasado algo?

Jem se relajó completamente al ver a Will y por fin soltó a una ceñuda Cecily.

—Vamos a casa. Tenemos que hablar sobre tu hermana, tus primos, y lo que hicieron ayer por la noche.

El ojiazul rezó al Ángel mentalmente para que su hermana no hubiese hecho la idiotez que él estaba sospechando.

—¿La curiosidad por los de mi raza os viene de serie a todos los humanos o es cosa de tu familia? —Le preguntó Jem mientras iban camino al coche, unos pasos por delante de su hermana.

Mierda.

Will había aprendido demasiado en el último año sobre los demonios sexuales como para siquiera pensar en la remota posibilidad de que todo volviese a la normalidad después de algo así.

—¿Va a por Alec? —Jem asintió con seriedad.

Mierda.


Básicamente el trayecto en taxi se resumía es discusiones e insultos entre lo que a Magnus le parecían los seres humanos más insoportables que había conocido en sus ochocientos años de vida.

—Divertido, ¿eh? —Comentó Isabelle cuando al fin llegaron al portal del edificio en el que había pasado la noche.

—¿Siempre son así? —La pelinegra comenzó a rebuscar en su bolso mientras Simon y Jace parecían estar comenzando una nueva discusión por ver quién de los dos pagaba al conductor.

—La mayoría de las veces. En otras ocasiones Alec se une a la absurda discusión tratando de defender a Jace y Clary se une para defender a Simon. —Por fin la humana sacó un manojo de llaves y le tendió una en concreto a Magnus —Somos un grupito muy divertido.

—Sí, ya lo veo.


—¿Isabelle? —Resonó la voz de la pelirroja a través del teléfono. —¿Dónde te habías metido? Llevo media hora intentando contactar contigo y no me cogéis ninguno el teléfono.

—¿Con Jace y Simon en el coche? Ni siquiera era capaz de oír mis propios pensamientos. Como para escuchar el móvil... ¿Por qué demonios te has ido?

—Cállate y escúchame —Apremió Clary. —Es por tu hermano. Está en peligro.

—¿Max? —Jace seguro que no. Simon y él parecían muy ocupados ahora mismo.

—Alec —¿Alec? ¿Se habría perdido en la biblioteca? ¿O quizás había sacado "solo" un notable alto en otro examen? —Acaba de llamarme Cecily. Tenéis problemas.


Abrió la puerta de la casa con lentitud, tratando de no hacer ruido.

Él estaba aquí. El olor se había intensificado de forma drástica y todo su cuerpo había reaccionado al deseo desde que había entrado en el portal del edificio. Ni siquiera fue capaz de percatarse de que se cruzó con otras dos personas en el ascensor mientras ascendía al ático.

Estaba aquí, estaba aquí, estaba aquí.


—¡¿Y tú le has dado las llaves de casa?! —Gritó Jace.

—¡¿Y yo qué sabía?! —Le devolvió los gritos su hermana. —Él parecía muy normal. Tiene que haber un error.

—¿Error? ¿Acaso no recuerdas que esa cosa salió por arte de magia de un circulito que nosotros dibujamos en el suelo? —Jace sabía que no solo era culpa de Isabelle, pero no podía pararse a pensar en que estaba siendo injusto. No con Alec en peligro. —¡Es un demonio, por el Ángel!

"A Alec no. A Alec no" se repetía en su mente una y otra vez.


Era hermoso.

Todos los Candidatos lo eran, sí (¿cómo no iba a serlo un futuro ser que se alimentaría gracias a su aspecto?), pero él…

O quizás a Magnus le parecía tan hermoso porque nunca antes se había encontrado con uno de su tipo. Puede que su atrayente aroma estuviese obnubilando su mente. El muchacho se removió en sueños y soltó un pequeño ronquido que revolvió todavía más su ya desordenado cabello. No; Magnus lo hubiese encontrado hermoso incluso si no hubiese sido un Candidato.

El ruido de la madera el crujir con violencia estalló en sus oídos, pero él ignoró cualquier cosa que no fuera el ser que tenía delante. Estaba a punto de alcanzarlo. Solo dos pasos más y podría acariciar ese hermoso rostro que parecía cincelado por los estúpidos bichitos alados de Dios.

—Hijo de puta —Siseó alguien a su oído antes de que lo agarrasen con fuerza y tirasen de él hacia atrás, en dirección a la puerta.

El ajetreo por fin pareció despertar al pelinegro, que abrió los ojos con sobresalto.

Azules.

—Joder… —Gimió el íncubo antes de que el rubito y el castaño lo terminasen de sacar de allí.


—Un demonio.

—Sí.

—Del infierno.

—Sí.

—De uno de ellos, en realidad. —Interrumpió la conversación Cecily, que había llegado treinta minutos atrás junto con Clary —Mi hermano y Jem estaban hablando de muchos infiernos con diferentes clases de demonios. Hay algunos que incluso-

Alexander alzó la mano para acallar a la morena. No podía ser. Era imposible. Maldita sea… ¿Cómo se le había podido pasar siquiera por la cabeza que dejar a sus hermanos solos era una buena idea? Había depositado demasiadas esperanzas en el buen juicio de Clary y Simon, estaba claro.

—¿Me estás diciendo que el hombre que habéis encerrado en el cuarto de invitados es un demonio al que vosotros habéis invocado?

—Sí. —Volvió a repetir Jace.

Alexander se levantó de su asiento y comenzó a pasear de un lado para otro como un animal enjaulado. Los demonios y los ángeles son simples mitos. La existencia de dichos seres es completamente imposible… ¿verdad?

—¿Es una especie de broma?

—No. —Respondió Jace con cansancio. Alec se lo había preguntado por lo menos trece veces en la última hora.

—Vale.

El ojiazul al fin se detuvo y volvió a sentarse frente a Jace.

—¿Qué tenemos que hacer para sacarlo de aquí?

—Eso ya estaría solucionado si me hubiesen dejado a mí desde el principio. —Refunfuñó Isabelle.

—¡Izzy! —La reprendió el rubio.

—Jace —Volvió a llamar su atención. El de ojos dorados clavó de nuevo sus ojos en los de su hermano y mejor amigo. —¿Cómo. Nos. Libramos. De. Esa. Cosa?

—Pues…


Llevaban ya varias horas discutiendo, aunque los gritos no habían comenzado hasta hacía unos escasos cuarenta minutos. El humano-… No… Alexander. Alexander tenía carácter y muy mal genio, al parecer. Y era muy sobreprotector con sus hermanos, a los que no paraba de sermonear a voz de grito mientras los otros dos intentaban defenderse del mismo modo.

Además de tener un rostro precioso, Alexander tenía una voz que sonaba como música para sus oídos. Ojalá pudiese escuchar esos gritos pero de otro modo… En su cama. Bajo su cuerpo. El ojiazul gimiendo su nombre y rogándole por más mientras él-…

"Basta, Basta, Basta" Se repitió mentalmente a sí mismo tratando de serenarse. Si dejaba que su hambre lo dominase acabaría echando todo a perder. Tenía que aguantar para saber por qué James se arriesgaba tanto por un simple mocoso que, pese a ser endiabladamente hermoso, no era más que un simple humano.

...

Hacía un buen rato que la casa estaba en completo silencio. Los humanos no parecían haber llegado a ninguna conclusión entre ellos, y eso comenzaba a desquiciarle. Bastante tenía ya con utilizar toda su fuerza de voluntad para no irrumpir en la habitación del ojiazul y hacerlo suyo, ahora encima no quería tener que añadir a la ecuación el hambre voraz que le poseería si no se alimentaba en las siguientes veintiocho horas. ¿Le odiaría Alexander si forzaba a alguno de sus amigos o familiares a tener sexo con él?

"¿Y eso qué me importa?" se preguntó a sí mismo. A nadie le preocupa lo que un tomate pueda sentir mientras se lo come, ¿Por qué debería importarle a él lo que pensase su futuro alimento?

De repente el olor se hizo mucho más intenso.

Magnus se incorporó hasta quedarse sentado al borde de la cama mientras la manivela de la puerta bajaba y ésta se abría con lentitud y en silencio. El dueño de sus pensamientos y más profundos deseos entró en la habitación y cerró la puerta tras él.

Demonio y humano se quedaron mirando fijamente a los ojos durante unos minutos. El primero con sus felinos ojos cargados de deseo, el segundo con sus zafiros repletos de odio hacia aquel que pretendía hacer lo que quisiese con las personas a las que más amaba.

—Lárgate de aquí. —Habló por fin el ojiazul, despertando a Magnus de su ensimismamiento. —Aléjate de mi familia.

El íncubo se puso en pie y se acercó con lentitud hacia Alexander, que parecía estar debatiéndose entre seguir haciéndose el duro y quedarse donde estaba o salir corriendo y alejarse de aquel ser que le provocaba emociones que no alcanzaba siquiera a comprender.

Magnus aprovechó el momento de duda del humano para acorralarlo contra la puerta y presionar ese perfecto cuerpo contra el suyo. Alec reaccionó con sorpresa y se aferró con fuerza a la camisa del más alto por acto instintivo. Sus ojos volvieron a encontrarse y Magnus gimió sin poder evitarlo al sentir cada parte de la anatomía del contrario rozando su propio cuerpo. Sus labios se acercaron a la los del todavía sorprendido muchacho sin poder evitarlo. Ese olor… Esos ojos… Esa boca…

—Mío.


Las personas que ya me hayáis leído con anterioridad lo sabréis, pero yo soy muuuuy pesada. Y, como soy muy pesada, voy a comentar una de mis típicas paranoias de persona desequilibrada.
Estoy muy mosqueada. Hace varias semanas me llegó un mensaje privado en el que me decían de malas maneras (En serio: podéis decirme lo que queráis, pero siempre con educación) que "mi fic (10 meses, 10 años) no podía clasificarse como T porque tenía mucho sexo de por medio". ¿En serio? ¿De verdad a alguien le parece que un lemon sin ningún tipo de parafilia ni demasiado explícito como son los que hago yo debe clasificarse de otro modo?
Sé cómo es la política de fanfiction, pero es que me parece absurdo clasificar para mayores de edad algo que contiene algo tan natural como es el sexo. Puede que sea porque donde me he criado no se esconden las cosas como suelen hacer en muchos sitios, no sé.
Bah, el caso es que he tenido que cambiarlo (me sentía mal al no hacerlo porque podría molestar a alguien) y estoy mosqueada.
Supongo que también cambiaré la de este fic.
Pfff...