¡Hola!

El capítulo que os disponéis a leer os puede resultar tremendamente conocido y absolutamente raro, pero aconsejo leerlo entero.
Comentaré esto en las notas finales xD

Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.

..

acny-aye: ¡Holaaa! Gracias por tomarte la molestia de leer el fic y dejar un comentario. De verdad ¡Muchas gracias!
Espero que no te líes demasiado con este capi xD
¡Un abrazo enorme!


—¿Qué quería tu hermana?

Alec, que miraba la pantalla de su móvil con el ceño fruncido, levantó la vista y la clavó en la del primo de su hermano.

—Nada. —Le respondió mientras volvía a guardar el teléfono en su bolsillo. —No quería nada ¿Preparo yo el desayuno?


Magnus miraba alternativamente a una y otra morena intentando concentrarse en la dura decisión que tenía por delante.

—Clary, Izzy y mi prima están fuera de toda decisión. Como vuelvas siquiera a insinuar que-

La de ojos oscuros era mucho más de su tipo; una chica descarada, con un excelente estilo de la moda y un brillo malicioso en la mirada. Pero la otra, pese a parecer mucho más descuidada a la hora de atender su aspecto, tenía los ojos azules. Pelo negro y ojos azules era su combinación favorita desde hacía por lo menos cinco siglos.

—¿Y pretendes que sea yo? El tinte te afecta al cerebro, imbécil.

—Eres el único soltero, idiota desconsiderado. Y soy rubio natural, sólo para que conste.

Y luego estaba el olor. Aquel olor. ¿Dónde demonios estaría el humano al que pertenecía? ¡¿Y POR QUÉ NO LO TENÍA YA EN SUS MANOS?!

—Pues también podrías hacerlo tú, que no sé yo por qué no te ofreces cuando eres el que se niega a barajar las posibilidades de las demás.

—¿Pretendes que deje que aquel —Dijo señalando al demonio. —súcubo infernal —Magnus rodó los ojos. Aquel humano era realmente ignorante e insufrible. —toque a mi hermana, mi prima o mi novia? ¿Eres retrasado?

—¿Tú ves que tenga tetas? Los súcubos son los demonios sexuales hembra, idiota.

El íncubo de rasgos asiáticos volvió a prestar atención a las dos preciosidades frente a él, que parecían ávidas de conocimiento. Él, sin embargo, estaba necesitado de otro tipo de cosa.

Maldito fuese aquel olor. Maldito e irresistible.

Como al día siguiente no hubiese aparecido el humano al que pertenecía…

—¿Hay muchos como tú? —¿Como él? ¡Él era el magnífico Magnus Bane! Claro que no había nadie como él. —¿Tienes familia?

—Nosotros no tenemos familia. No como las vuestras, al menos.

No existía algo como un papá íncubo y una mamá súcubo felices y contentos criando a su retoño.

—¿No tenéis padres? ¿Y de dónde salís? —Preguntó la curiosa…eh… ¿Isabella?

—Fuimos humanos una vez.

Ambas le miraron con la boca y los ojos abiertos como platos.

—¿Un humano puede transformarse en un demonio?

—No hay que generalizar. Yo hablaba de los súcubos e íncubos, pero hay infinidad de razas de demonios y cada una tiene sus costumbres, características, jerarquías…

—Bueno, que sí, que vale ¡pero tú sí fuiste humano! —Alzó la voz la joven de ojos oscuros. Aunque tampoco es que eso ayudase a acallar el ruido de los gritos que se estaban pegando los otros dos —¿Yo podría ser como tú? ¿Mantenerme joven eternamente simplemente a cambio de alimentarme cada cierto tiempo de la energía vital de otro mediante el sexo? ¡Sería como si me tocase la lotería!

—No es tan sencillo. Solo determinados humanos pueden llegar a transformarse.

—¿Qué tipo de humanos? —Preguntó la de ojos azules.

—Pues aquellos que nosotros denominamos "Candidatos". Verás-

El ruido de un fuerte portazo sobresaltó a Magnus y sus dos acompañantes. ¿Pero qué demonios…?

—¡Y ahora va y se marcha enfadada!

—¿Y te extraña? —La morena nº1 se levantó del sillón y se dirigió hasta el rubio y el castaño y les pegó sendas collejas a ambos —Sois unos imbéciles y no comprendo ni cómo os soporta.

—Ni yo sé por qué te soporta Gabriel a ti —Murmuró Jace, ganándose otra colleja.

Magnus no podía aguantar más. Hacía tiempo que no pasaba tanto tiempo entre mortales, y de verdad que trataba de pasárselo bien y disfrutar de la experiencia todo lo posible, pero ése olor…

—¿Y por qué no salimos a la calle a dar una vuelta? —Lejos. Todo lo lejos que fuese posible de la tentación que amenazaba con desquiciarle.

—¿Dar una vuelta? —Preguntaron Míster Creído y el Capitán Friki al unísono. Magnus se asombró al darse cuenta de que por una vez habían coincidido en algo. A ellos también pareció sorprenderles.

—¡Eso es fantástico! —Exclamó emocionada la morena nº2 —¡Vayámonos de compras!

¿Compras?

...

Isabelle es una humana magnífica. Divertida, enérgica, con una habilidad impresionante para encontrar excelentes prendas de ropa en cualquier tienda… Hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien y disfrutaba tanto sin sexo de por medio. Lamentablemente había comenzado a pensar en Isabelle como en una amiga y su atractivo de "ese tipo" había desaparecido. Bueno: Cecily tampoco estaba mal. Nada mal, a decir verdad.

Y luego estaban los otros dos, que seguían discutiendo mientras los seguían de tienda en tienda. Ahora que la pelirroja había desaparecido parecía ser la ojiazul la encargada de intentar mantener la paz. Magnus sintió tanta lástima por ella que casi renuncia a las horas de compras con Isabelle. Casi.

—¿Isabelle?

La aludida se giró al reconocer la voz que la llamaba. Mierda. Se le había olvidado que Will iba a recoger a Cecily a su casa.

—¿Dónde está mi hermana? Le dije que la recogería en tu casa. Maldita mocosa insoportable…

Will no era precisamente el tipo de persona con el que solía ir Isabelle. En un principio podía parecer divertido y alocado, al igual que Jace, pero luego resultaba ser un mocoso cursi y sensible enamorado de la poesía. Menuda decepción se llevó en su momento. Era muy guapo.

—No soy la niñera de Cecily. Ya es bastante mayorcita, ¿no crees?

Magnus miró con curiosidad al recién llegado. Pelo negro y ojos azules, al igual que su hermana. No estaría mal decir ahora que, si ambas partes llegaban a un acuerdo, el íncubo podría alimentarse de otro humano que no fuese el propio Invocador.

—Magnus Bane, encantado —Le tendió la mano el íncubo.

El ojiazul lo miró durante unos segundos antes de caer en la cuenta de qué era lo que le había estado mosqueando desde hacía rato. Will ignoró deliberadamente la mano que el otro le tendía y sacó su móvil del bolsillo de su chaqueta.

—¡Mierda! —Se quejó cuando el contestador de su casa saltó por tercera vez. Alec tampoco le contestaba al móvil —Isabelle, no dejes que esa cosa toque a tu hermano.

Magnus rió para sus adentros. ¡Oh!, era un entendido. Interesante…

Un momento, ¿de qué conocía él al Candidato? De repente a Magnus aquel humano ya no le parecía tan atractivo. El Candidato era suyo. Si aquel simple humano se atrevía a tocarlo…

—¿A Alec? —La pelinegra los miró a ambos con escepticismo. —¿Acaso fue a Magnus a quien tú invocaste? —Will la miró con la sorpresa claramente reflejada en su rostro. —Deberías saber que tu hermana os escucha a ti y a tu novio a escondidas.

—No compares a Jem con el resto de esos monstruos.

¿Jem? ¿James Carstairs?

Magnus no entendía nada.

—¿Jem es un demonio? —La joven Isabelle mostraba una cara de confusión muy similar a la del demonio, cosa que a Magnus le encantó. Al menos no era él el único que se había perdido.

El inconfundible jaleo que montaban Simon y Jace al discutir llegó a oídos de Magnus segundos antes de que los tres aparecieran por la esquina de la tienda de accesorios que él acababa de visitar junto a Isabelle. Cuando el resto llegó a su altura, ambos ojiazules se quedaron mirando fijamente hasta que Cecily soltó un profundo suspiro de derrota.

—No te atrevas a tocar a Alec. —Se dirigió Will al demonio antes de tomar del brazo a una hastiada Cecily y arrastrarla con él hacia la salida.

Magnus los miró marcharse con atención mientras Isabelle le miraba a él con curiosidad. ¿Qué hacía James jugueteando con un humano? ¿Acaso se volvería a repetir lo ocurrido con Theresa? ¿Y por qué aquel humano ponía tanto ahínco en proteger a Alexander? ¿Tendría algún tipo de lío con él?

—¿Magnus?

El íncubo clavó sus gatunos ojos sobre la pelinegra y la miró detenidamente.

¿Qué tendría aquel Alexander?


Jem estaba a punto de llegar al lugar de encuentro que habían acordado cuando Will casi se chocó de bruces con él.

—Creía que habías dicho que no habías encontrado a tu hermana en casa de los Lightwood y-… —Jem se quedó en silencio al ver la cara de preocupación de su humano. —¿Ha pasado algo?

—Creo que todos tus esfuerzos no han servido de nada.

Jem no entendió lo que el otro quería decir hasta que a su olfato llegó el olor impregnado en la ropa de Will y, sobre todo, de Cecily.

—¿La curiosidad por los de mi raza os viene de serie a todos los humanos o es cosa de tu familia? —Preguntó el peliblanco mientras iban camino al coche, unos pasos por delante de la más joven. —¿Sabes su nombre?

—Magnus Bane. —Mierda. —¿Le conoces?

—Sí, le conozco, ¿conoce él la existencia de Alec?

—Creo que sí, pero no estoy seguro.

Mierda.


Básicamente el trayecto en taxi se resumía es discusiones e insultos entre lo que a Magnus le parecían los seres humanos más insoportables que había conocido en sus ochocientos años de vida.

—Divertido, ¿eh? —Comentó Isabelle cuando al fin llegaron al portal del edificio en el que había pasado la noche.

—¿Siempre son así? —La pelinegra comenzó a rebuscar en su bolso mientras Simon y Jace parecían estar comenzando una nueva discusión por ver quién de los dos pagaba al conductor.

—La mayoría de las veces. En otras ocasiones Alec se une a la absurda discusión tratando de defender a Jace y Clary se une para defender a Simon. —Por fin la humana sacó un manojo de llaves y le tendió una en concreto a Magnus —Somos un grupito muy divertido.

—Sí, ya lo veo.


—¿Te encuentras bien? —Le preguntó Isabelle mientras acariciaba con sus dedos la herida que el rubio teñido de las narices le había provocado en el labio.

—Me ha pillado desprevenido. —Refunfuñó Simon mientras intentaba ignorar el cosquilleo que se expandía por su cuerpo desde el punto en que sus pieles hacían contacto. —Yo podría haberle devuelto el golpe perfectamente.

—Claro, claro…

Cuando su disputa había pasado a las manos, Isabelle había llamado a Clary para avisarla de lo que estaban haciendo y al parecer ella se había enfadado mucho. O eso había dicho la chica Lightwood para que Jace saliera corriendo a casa de su novia para intentar arreglar las cosas, pues resultaba que, cuando el rubio se había marchado, ella había confesado que ni siquiera había llegado a marcar el número de la pelirroja. A Simon no le extrañaba en absoluto que Isabelle y aquel demonio al que habían invocado sin quererlo se llevasen tan bien.

—¿No me crees capaz? —En ese momento el quinto taxi de la mañana pasó de largo y ambos suspiraron con pesadez. Sobre todo Simon, ya que Isabelle retiró su pálida mano. —Podría vencer a tu hermano en una pelea perfectamente.

—¿Cómo? ¿Tirando daditos como en esas cosas a las que juegas con Clary?

—Ni siquiera a Dragones y mazmorras podemos jugar ya… —Y todo por culpa del estúpido Herondale.

Por fin un taxi vacío hizo caso a las señas de la morena y se paró frente a ellos. Isabelle le ayudó a levantarse del bordillo donde ambos habían estado sentados conversando y ambos se subieron a la parte trasera del vehículo.

—No seas así, Simon. —¿Que no fuese así? Seguramente ahora estarían juntos y felices. —Algún día tú también encontrarás a alguien.

Isabelle se inclinó hacia el asiento delantero para indicarle la dirección al conductor mientras éste arrancaba el taxi. En ese momento, por la ventanilla del lado en el que estaba situada la muchacha, Simon vio a Alec pasar por la acera y llegar hasta el portal de su edificio. Era extraño, pero Simon tenía la vaga sensación de que se olvidaba de algo importante que le había mencionado Isabelle…


Alec se entretenía jugando con los hilos sueltos de su deshilachada bufanda mientras caminaba por las calles contemplando el ruidoso tráfico de Nueva York. Siempre había querido vivir en algún sitio más tranquilo, menos agobiante; pero cuando Isabelle y Jace decidieron que querían quedarse en la Gran Manzana mientras sus padres se trasladaban a su pueblo de procedencia… A veces, como aquel día en concreto, Alec estaba un pelín cansado de ser la niñera de sus hermanos. Hasta las narices, mejor dicho.

Cuando habían terminado de desayunar, Will recordó de repente que había quedado con su "amigo" Jem para ir a comer junto a Cecily a algún sitio de Brooklyn. Alec, a su vez, había recordado con sobresalto que tenía que comprar un libro de apoyo para una de sus clases de la universidad. Y pensar que William podría haberlo acercado hasta su casa cuando fue a buscar a Cecily…

No estaba muy orgulloso de sí mismo por haber dejado a sus hermanos a solas la noche anterior sabiendo que seguramente se les ocurriría una idea descabellada para llevar a cabo, pero después de la semana llena de quebraderos de cabeza que le habían dado… Incluso Alexander Ligthwood necesitaba de vez en cuando descansar un poco de tanto problema. Solo esperaba que sus hermanos no hubiesen decidido quemar el piso de Simon como parte su "plan de diversión para la noche de los muertos". Cosa que, por otro lado, no le extrañaría mucho teniendo en cuenta la cantidad ingente de velas que Isabelle le había pedido a Cecily que comprara.

Alexander no se preocupó de su móvil hasta que se dio cuenta de que ni éste ni sus llaves estaban en su bolsillo. Lo que le faltaba ya para tener una mañana completita después de no haber podido dormir en toda la noche por culpa del chalado compañero de piso de Will y de haber tenido que ir a cinco librerías distintas en busca del puñetero libro solo para encontrar que estaba agotado en todas ellas. Desde luego su día no podía ir a peor.


Magnus observaba con curiosidad la habitación del Candidato. Era algo sosa, llena de libros y papeles con apuntes por todas las superficies disponibles; el armario estaba casi vacío, solo lleno de trapos y más trapos de ropa sosa y anodina; y, por supuesto, ni una sola foto, como no podía ser de otra manera. Y no era el único lugar en el que había buscado una dichosa imagen de aquel Alexander, ¡No había cesado de buscarlas por toda la casa! Pero al parecer al, contrario que a su hermana, al Candidato no le gustaba demasiado ser inmortalizado. El íncubo ya se creía enloquecer entre la incertidumbre de no saber cómo sería su próxima presa y el maldito telefonillo, que no había parado de sonar en un buen rato.

En ese momento fue cuando le llegó el olor. Todo a su alrededor se desdibujó y por un momento perdió completamente la noción sobre su propia identidad. La fragancia se fue haciendo más y más fuerte conforme el chico se fue acercando y Magnus prácticamente podía sentir al ascensor ascendiendo hasta el ático donde él se encontraba.

Al fin…¡Al fin estaba allí!


No había sido difícil que Madame Dorothea, su extraña y excéntrica vecina del bajo, le abriese la puerta tras estar tocando como loco el timbre de su casa durante al menos diez minutos. Ahora solo tendría que esperar vete tú a saber cuántas horas a que su hermana volviese, ya que tampoco tenía su móvil y no podía ni volver a casa de Will porque él ya que no estaba. Todo genial y estupe-

Alec miró la puerta entreabierta de su casa con horror. ¿Y si habían robado? ¿Y si le habían hecho daño a su hermana? ¿Cómo podría vivir con el cargo de conciencia de haber ignorado las evidentes señales de peligro?

—¿Izzy? —Preguntó con indecisión mientras empujaba la puerta y entraba en el salón. —¡Izz!

Un robo no parecía posible teniendo en cuenta que todo estaba en perfecto estado. Ahora Alec se inclinaba más por la opción de matar a su hermana por descuidada e irresponsable.


—¿Izzy? —Escuchó una hermosa vocecita venir desde la puerta de entrada.

Magnus dejó a un lado la vieja camiseta que había encontrado bajo la almohada (y que había estado olisqueando como un drogadicto en busca de su preciada heroína) y se encaminó hacia el lugar donde hallaría aquello que algún otro de su especie le había estado negando. Porque sí, ahora estaba seguro: alguien había estado ocultando a Alexander ¿Pero quién? ¿Y por qué? Cualquier súcubo o íncubo hubiese hecho suyo a aquel humano para poder hacerse más poderoso.

—¡Izz!

Alexander tenía una voz que sonaba como música para sus oídos. Ojalá pudiese escuchar esos gritos pero de otro modo… En su cama. Bajo su cuerpo. Aquel humano gimiendo su nombre y rogándole por más mientras él-…

Magnus sonrió al pensar que no tardaría demasiado en tenerlo tal y como quería. Y entonces sería tan poderoso que podría compararse a los miembros del Consejo y nadie volvería a cuestionarle. Y si encima el Candidato era tan hermoso como el ser que tenía ante sí…

—¿Alexander?

El muchacho, de exquisita piel pálida y oscuro cabello negro, giró su preciosa carita hacia él y clavó su espectaculares ojos azules en los suyos.

—¿Quién eres tú?

Decían que todos los Candidatos eran hermosos, sí (¿cómo no iba a serlo un futuro ser que se alimentaría gracias a su aspecto?), pero él…

O quizás a Magnus le parecía tan hermoso porque nunca antes se había encontrado con uno de su tipo. Puede que su atrayente aroma estuviese obnubilando su mente. El muchacho le devolvió una mirada desafiante mientras adoptaba una postura defensiva. Como si eso pudiese proteger a una criatura tan frágil de un demonio.

No; Magnus lo hubiese encontrado hermoso incluso si no hubiese sido un Candidato.

—¿Quién. Demonios. Eres. Tú? —Magnus sonrió con diversión ante la ironía de la pregunta.

—Tu dueño. —El humano lo miró con la sorpresa perfectamente reflejada en sus transparentes ojazos.

—¿Perdón?

El íncubo se acercó con lentitud hacia Alexander, que parecía estar debatiéndose entre seguir haciéndose el duro y quedarse donde estaba o salir corriendo y alejarse de aquel ser que le provocaba emociones que no alcanzaba siquiera a comprender.

Magnus aprovechó el momento de duda del humano para acorralarlo contra la puerta y presionar ese perfecto cuerpo contra el suyo. Alec reaccionó con sorpresa y se aferró con fuerza a la camisa del más alto por acto instintivo. Sus ojos volvieron a encontrarse y Magnus gimió sin poder evitarlo al sentir cada parte de la anatomía del contrario rozando su propio cuerpo. Sus labios se acercaron a la los del todavía sorprendido muchacho sin poder evitarlo. Ese olor… Esos ojos… Esa boca…

—Mío.


No, no se me ha ido la olla más de lo normal xD
La idea original de este fic trata precisamente de esto. ¿Recordáis que comenté que habría 12 capis + prólogo + epílogo? Pues de esos 12 capítulos, la mitad serán "A" y la otra mitad "B". Sé que si comparamos estos dos capis puede parecer que será lioso, pero puedo asegurar que a partir del capi 2 la trama cambia totalmente y las dos realidades se distancian del todo.

No quiero enrollarme por aquí, así que, si tenéis alguna duda: escribidme un mensaje privado y os lo aclararé.
Igualmente todo quedará claro en los próximos capítulos, pero bueno xD

Nos leemos ;)