¡Hola de nuevo, querida/os mía/os!
Vengo por estos lares a avisar de que tengo un esguince en la muñeca derecha. Supuestamente no tendría que tocar el ordenador, pero yo soy así de rebelde (?)
Quería comentarlo por si veis que en las próximas semanas me retraso un poco en actualizar (cosa que trataré por todos lo medios de no hacer) y porque... bueno, por primera vez en mi vida no contestaré de forma extensa los mensajes y reviews.
Lo sé, es maravilloso que no tengáis que aguantar mis tonterías xD
Bueno, ¡a leer!
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
La frágil criatura se retorcía y gimoteaba bajo mi cuerpo mientras yo acariciaba sutilmente su cuerpo por encima de sus malditas y desastrosas prendas. Pero era complicado detenerme en aquel punto. MUY complicado ¿Cómo contenerme de tomar a ese magnífico humano al que me moría de ganas por poseer?
Acaricié con toda la delicadeza de la que fui capaz su delicado cuello y, sin siquiera pensarlo, y por puro instinto, mi mano se coló bajo su cabeza reposada en la almohada y la levanté unos centímetros hasta que su boca chocó con la mía. Delicioso. Alexander, esta frágil e insignificante criatura, es lo más delicioso que he probado jamás.
Justo cuando creía que no podía sentir más gozo que en aquel momento, los labios del humano comenzaron a moverse en sincronía con los míos mientras sus suspiros se hacían más y más frecuentes. Su respiración comenzó a acelerarse al mismo tiempo que a través de mis manos notaba cómo su cuerpo iba despertándose y su mente salía de su letargo.
—Buenos días, criatura.
Sus hermosos zafiros terminaron de abrirse mientras él me devolvía la mirada todavía con los ojos nublados por el sueño.
—¿Qué-?
Me dediqué a lamer la preciosa curvatura de su cuello hasta que finalmente sucedió lo que tenía que suceder. Que lo hubiese estado esperando no significa que su puñetazo doliese menos.
Alexander se escabulló con una rapidez y una agilidad bastante notables para un simple humano. Mi hermosa criatura se puso en pie y se paró frente a mí en una postura defensiva. Otra vez. ¿Se dará cuenta alguna vez de que no podría siquiera llegar a tocarme si no deseo que lo haga? Pobres seres inferiores y terriblemente estúpidos.
—¡¿Q-Qué hago yo aquí?!
—Viniste tú mismo a buscarme, ¿recuerdas? —Una sorpresa de la cual no me quejo en absoluto. —Y sabiendo qué soy y lo que hago... ¿Estabas desesperado por llamar mi atención, tal vez?
Las pálidas mejillas de Alexander se llenaron de color y abrió y cerró su boca varias veces intentando decir algo, lo que le otorgaba un aspecto terriblemente adorable Espera, ¿adorable? Los humanos no son adorables. Son atractivos, sexys, horriblemente espantosos… ¿pero adorables? "Adorable" no es una palabra válida en el vocabulario de los demonios de mi clase. Ni en la de los demonios en general, vamos.
—¿Me has…? —Desvié la vista de esos apetitosos, y todavía húmedos de mi propia saliva, labios y clavé mis ojos en los suyos. —¿Me has hecho algo?
—¿Hacerte algo? —Al fin me levanté de la cama y me acerqué a él lentamente, tratando de no asustar a mi huidiza presa. No fui capaz de despegar mis ojos de los suyos en ningún momento. —Nada de lo que me gustaría hacerte, créeme.
La mirada que él me devolvía revolvía mi interior de una forma indefinible y completamente nueva para mí, y eso me asustaba. Incluso Isabelle, que fue la primera en hacerse a la idea de lo que yo era y de lo que supondría haberme invocado, me miró con algo de temor y cautela durante las primeras horas. Pero él…
—¿Por qué no me temes, criatura? —Finalmente conseguí llegar a su altura y colocarme frente a él, que alzó ligeramente su rostro para no perder el contacto visual. No me había dado cuenta de que solo es unos centímetros más bajo que yo.
—No lo sé. —Alexander ladeó su cabeza ligeramente y parte de su descuidado y excesivamente largo flequillo tapó sus ojos. Me sorprendí a mí mismo teniendo que usar toda la fuerza de voluntad que me quedaba para evitar que mi mano tomase esos suaves cabellos y los apartase. —Sé que no me harás daño.
Bueno…
—En eso debo darte la razón. —Guié una mano y la coloqué sobre su cintura, tanteando el terreno. Sus ojos brillaron con más fuerza a través de esa cortina de ébano y su boca hizo una pequeña mueca, pero no trató de apartarse. Perfecto. —Cuando estoy cerca de ti en lo último en lo que pienso es en hacerte daño.
—¿A qué te refieres?
Sentí una enorme sonrisa extenderse por mi rostro mientras atraía su cuerpo hasta hacerlo chocar contra el mío y colocaba mi otra mano en su mejilla.
—Déjame demostrártelo. —Susurré contra sus labios.
Los demonios sexuales como yo tenemos todo el tiempo del mundo a nuestra disposición y, precisamente por eso, somos muy pacientes y nos tomamos las cosas con calma. Pero en serio, James, o me entero de una maldita vez de por qué te obcecas tanto en proteger a Alexander u os mando a ti y a tus estúpidos sermones de vuelta a nuestro plano.
—Aléjate de él. —Dijo con calma el moreno que había entrado en la habitación junto a James.
Alexander, que se había sobresaltado al escuchar el estruendo que había provocado la puerta del dormitorio al ser abierta con violencia y chocar contra la pared de detrás, al fin despertó del adormecimiento en el que yo le había sumido y por primera vez me miró con ésa mirada de horror que yo hubiese deseado que nunca apareciese en sus ojos.
James se colocó entre mi criatura y yo, manteniéndolo tras su espalda mientras Alexander parpadeaba repetidas veces sin acabar de comprender lo que pasaba.
—Creí haberte dicho que no te acercases a él.
Ni siquiera me molesté en desviar mi vista hacia mi peliblanco congénere.
Te odio, James.
..
Las discusiones entre el grupito de humanos, que no había hecho más que aumentar gracias a la aparición de mi criatura y el santurrón de James y su bocazas acompañante, se habían vuelto completamente tediosas y aburridas ¿Así es como se entretienen los humanos normalmente? Alguien debería enseñarles que con el sexo te evitas muchos disgustos y se disfruta mucho más que gritándose los unos a los otros. Y además no hacen más que darle vueltas una y otra vez al mismo temita que habían estado tratando el día anterior.
Mis ojos no se desviaron en ningún momento de Alexander, que miraba y escuchaba la conversación del resto con mucha atención y sin intervenir en ningún momento ¿Qué se está pasando por tu cabeza, criatura?
Lo cierto es que a ninguno de ellos parecía haberle sentado demasiado bien saber que James era un ser como yo. Cecily, sobre todo, parecía cabreadísima con su hermano, el moreno de ojos azules. Estoy seguro de que hace unos días me hubiese encantado tener a ambos hermanos "cerca", pero después de estar a solas con Alexander… Su olor todavía obnubilaba mi mente y me hacía desear en todo momento acariciar su nívea piel.
—¡Eres un monstruo, como él! —Le gritó el rubito de las narices a James.
Me molesta por la parte que me toca; pero Jem se lo merece, por pesado.
—¡No te atrevas a hablarle así! —Le gritó el hermano de Cecily. Paso de aprenderme su nombre. En cuanto tome a Alexander no pienso volver a acercarme a cuarenta kilómetros a la redonda de ninguno de ellos.
Sherry, que al igual que Alexander había estado muy callado en la última media hora, fue el encargado de sacarlos de su estúpida conversación.
—¿Y por qué a Alec? —Todos, incluido yo, nos giramos hacia él. —Quiero decir, —Continuó, algo más cohibido. —¿por qué Jem está tan empeñado en que Magnus no toque a Alec? ¿No debería protegernos a todos? O a ninguno, en todo caso.
—Porque Alec es un Candidato. —Respondió James con simpleza.
Uy
Cecily e Isabelle giraron la cabeza hacia mí como movidas por un resorte, mientras que el resto seguía mirando al peliblanco a la espera de alguna explicación que en verdad explicase algo.
—Un Candidato es un humano con opciones a convertirse en íncubo o súcubo, respectivamente.
—Con MUCHAS opciones. —Murmuró el Jace en versión moreno.
James le pegó un codazo.
—Espera, ¿Cómo que muchas opciones? —Preguntó Jace mientras se acercaba todavía más a Alexander en el sofá, como tratando de protegerlo simplemente con su presencia. —¿De qué opciones hablas?
—Pues muy fácil: —Soltó el pelinegro antes de que James pudiese impedírselo. —Que si éste —Dijo señalándome de forma despectiva —o cualquiera de su especie se acuesta con tu hermano ¡pluf! Alec pasará a ser otro bichito devorador de energía vital.
—¿Perdón?
Jace parecía anonadado y tenía una cara de asombro solo superada por la de su pelirroja acompañante, sentada al otro lado de Alexander.
—¿Y qué posibilidades hay de que uno de los vuestros encuentre a alguien como Alec? —Se dirigió Clarissa a James.
Había estado tan pendiente de las reacciones del resto de la tropa que ni siquiera me había fijado en él. Alexander miraba hacia sus pies de forma distraída mientras retorcía un mechón de su cabello entre los dedos.
—Su olor nos atrae como polillas hacia la luz.
Alexander alzó al fin su rostro y me miró con una expresión que yo no supe reconocer. Las variaciones de emociones de los humanos son innumerables y, sinceramente, yo básicamente solo me había esforzado en memorizar y reconocer aquellas que iban asociadas a las relaciones carnales.
—¿Y tú por qué has estado protegiendo a mi hermano? —Preguntó Isabelle. —¿Acaso a ti no te afecta su olor a… lo que sea que huela?
—Claro que me atrae, pero-
Alexander no se quedó a escuchar la respuesta de Jem. Simplemente se puso en pie y se marchó por el pasillo, alejándose de mi vista.
—Ni se te ocurra seguirle. —Me siseó James, adivinando lo que yo pretendía hacer.
Realmente le odio.
..
Cuando terminó la eterna discusión, casi dos horas después, y por fin se marchó Jace, el último rezagado, me dirigí a la que por algún motivo ya consideraba mi habitación. Cuán grande y grata fue mi sorpresa al abrir la puerta y encontrarme al dueño de mis pensamientos sentado en la cama leyendo un libro. Alexander dobló el borde de una de las páginas del desgastado volumen y lo cerró, dejándolo a su lado en la cama.
—¿Qué leías? —Sus ojos me miraron atentamente mientras yo cerraba la puerta a mi espalda lo más aprisa posible como acto reflejo, tratando de evitar que su maravillosa fragancia se escapase.
—¿De verdad te importa? —Aparté el libro a un lado para poder ocupar yo su lugar.
—La verdad es que no. —Alexander se removió en su sitio, pero no se apartó de mi lado. —Lo que realmente quiero saber es por qué estás aquí. —Por fin, tras horas de espera, volví a acariciar la piel de su mejilla, que se puso colorada bajo mi tacto. —¿Acaso eres como tu hermana y quieres vivir para siempre?
—¿Mi hermana te dijo eso? —Preguntó. —¿Ser inmortal? No, la verdad es que no. Debe ser triste vivir para siempre viendo morir a todos.
¿Triste? ¿Gozar de todo el tiempo del mundo para disfrutar le parece triste? Vería morir a miles de millones de humanos con tal de vivir solo un año más.
Bajé mi mano hasta su cuello y aparté hacia un lado su camiseta, dejando al descubierto los chupetones que yo mismo le había hecho la noche anterior a lo largo de la clavícula.
—¿A qué has venido, entonces? —Me forcé a mí mismo a alejar mi mano de él y me levanté de la cama, comenzando a dar vueltas por la habitación. Pero es muy difícil aguantar la tentación cuando toda la habitación huele a él. Ahora no me parece tan mala idea dejar la puerta abierta para que esto se aireé.
—No lo sé. —Murmuró de forma casi inaudible. —La verdad es que no lo sé. —Reafirmó antes de levantarse e irse.
No lo entiendo.
..
Mi tercer día en la casa de mis Invocadores amaneció de forma extraña. De forma extraña más que nada porque Alexander entró en la habitación dando un portazo sobre las seis de la mañana. Y porque no tengo hambre.
¿Por qué todavía no tengo hambre?
—¡¿Habéis decidido que vas a alimentarte de mi hermana?! —Rugió mientras se acercaba a mi cama y me tomaba con fuerza de la camisa hasta lograr incorporarme. —¡¿Cómo has podido aceptar algo así?!
Juro que no entiendo la obsesión de los humanos de protegerse los unos a los otros. Ni la de James, aunque no sea humano.
—Si te soy sincero al único al que quiero tener ahora mismo es a ti. —Y ahora más que nunca. Maldita sea, ¿cuándo se enfurece su aroma se triplica o algo así? —Pero las cosas no son así. Ellos han decidido que sea tu hermana porque es la única soltera o yo qué sé y-
—¡¿Y eso qué importa?! —¿Es normal estar tan arrebatadoramente hermoso cuando uno está enojado? —¿No dice Jem que para ti soy irresistible? ¡Pues tómame a mí! Pero como te atrevas siquiera a acercarte a Izzy…
—No es tan sencillo, criatura. —Su agarre se aflojó, pero su mirada seguía siendo tan lacerante como el acero. —Fueron ellos los que me invocaron y ellos son los que deben decidir con quién acabaré el Contrato. Son las leyes establecidas por nuestro Consejo, criatura. Yo no puedo-
—¿Consejo? ¿Contrato? ¡Ni siquiera sé de qué me estás hablando! Yo solo te advierto que como le pongas un solo dedo en la mano a mi hermana no vivirás para contarlo.
Idiota…
—¿Crees de verdad que si fuese yo el que eligiese no te habría escogido a ti?
Sin tener que usar ni una décima parte de mi fuerza, conseguí girar las tornas y apresé a mi hermosa presa entre el colchón y mi cuerpo. En cuanto nuestras pieles hicieron contacto no pude hacer más que soltar un gemido de satisfacción. Gemido que, para mi sorpresa, Alexander secundó.
—¿Es esto normal? —Susurró mientras yo colaba mi mano bajo su deshilachado suéter. Increíble. ¿Por qué alguien con un cuerpo tan glorioso lo escondería bajo ropa tan espantosa?
—¿Qué es "esto"?
—Sentirme tan vulnerable cuando tú me tocas. —Me separé levemente de él y lo miré a los ojos. —Me excito con tu simple contacto.
Puede que "adorable" no sea una palabra típica de mi raza, pero no encuentro otro término para describir al ser que tengo bajo mi cuerpo.
—¿Cómo si no crees que conseguimos que todos nuestros objetivos caigan a nuestros pies? —Aunque contigo es difícil, criatura. Llevo todo el día intentando que caigas bajo mi influjo y solo ahora, tocándote directamente, he conseguido que caigas en él. Normalmente mi sola presencia es suficiente. —Ventajas, ¿no crees?
—¿Por eso no recuerdo nada desde ayer por la noche? ¿Qué me hiciste?
—Tocarte. —Le dije mientras atrapaba uno de sus pezones entre mis dedos y lo apretaba ligeramente. Su cuerpo se arqueó contra el mío y yo aproveché para lamer sus labios con deleite. —Besarte.
Alexander gemía y se retorcía entre mis brazos de forma deliciosa. Si solo pudiese tomarlo ahora… Si ésas estúpidas leyes no existieran podría tenerlo ahora mismo.
Pero podría hacerlo… podría forzar a cualquiera de sus hermanos a que aceptase que fuese Alexander el que cumpliese con mi Contrato y entonces yo…
..
Sus ojos azules se abrieron con lentitud. Primero algunos parpadeos perezosos, después sus párpados comenzaron a aletear con rapidez y finalmente sus ojos se quedaron clavados en el techo antes de buscar por toda la habitación hasta encontrarme sentado en la pequeña cómoda que había frente a la ventana.
—Tu hermana se ha marchado hará una hora. —Le dije antes de que él pudiese comenzar a gritarme otra vez. —Volverá por la tarde.
—¿Has hablado con ella? —Volvió a ponerse a la defensiva mientras se levantaba y se dirigía a una puerta situada a la derecha del gran armario ropero. Puerta de la que yo ni siquiera me había percatado y que parecía llevar a un aseo privado. Mira tú. —¿Le has hecho algo?
Me asomé por la puerta que él acababa de atravesar y vi cómo mi criatura se lavaba la cara, frotándola vigorosamente.
—Se te pasará en un rato. No te preocupes.
Alexander alzó la vista y me miró a través del espejo.
—¿Pasarme?
—Ése adormecimiento que sientes ahora mismo. Tu cuerpo está cansado por estar demasiado tiempo conmigo.
Yo no lo sabía. Nunca lo había pensado siquiera. Cuando un humano me atrae lo que hago es seducirlo para llevármelo a la cama y alimentarme de su energía vital hasta saciarme. Tocar a alguien… tocar a un humano sin llegar hasta el final…Nunca creí que por el simple hecho de tocar su piel pudiese saciar hasta tal punto mi apetito.
—¿Tus besos me atontan?
—Esa es una manera muy acertada y simple de definirlo, pero sí.
Alexander se separó del lavabo y se balanceó de forma bastante notoria mientras intentaba llegar hasta la puerta. Hasta que, finalmente, tuvo que apoyarse definitivamente en la pared para no caer al suelo. Sus piernas parecían débiles y temí que en cualquier momento pudiese perder el conocimiento.
—¿Tú me has hecho esto? —No debería. Alimentarse una única vez de un humano no debería dejarlo tan débil; y mucho menos si no he llegado hasta el final, como es el caso de Alexander. —No vuelvas a acercarte a mí.
—No puedo hacer eso, criatura. —Alexander me miró con furia y trató de apartarse cuando yo me acerqué a él, pero fue demasiado lento. Lo aferré de la cintura para evitar que volviera a desestabilizarse y lo fui guiando hacía la cómoda donde yo mismo había estado sentado. —Sentirme atraído por ti es algo que no puedo evitar.
Es algo primitivo. Es algo que me vuelve loco y amenaza con desquiciar mi mente si no consigo tener su cuerpo de una vez por todas. Pero él es diferente a los demás. Maldita sea, ahora entiendo a James.
—Pues inténtalo. —Insistió. —Aléjate de mí y entonces mi olor no te afectará.
—Eso sería contraproducente para ti, ¿no crees?
—¿A qué te refieres? —Me preguntó con la duda claramente marcada en sus ojos.
No entiendo a Isabelle. Ella estaba allí ayer por la noche; ella estaba presente cuando James explicó todo lo que concierne a los Candidatos. Ella sabe lo que le pasará a su hermano si él y yo tenemos sexo.
—Tú hermana ha accedido a que tú ocupes su lugar.
Alexander se quedó en shock mientras yo guiaba mis manos a ambos lados de su cara y acariciaba sus marcados pómulos. Si todos los Candidatos son tan perfectos como él tendré que esforzarme en encontrar al próximo antes de que se me adelanten.
—Puedes ocupar el lugar de tu hermana, criatura. —Volví a repetirle al ver su nula capacidad de reacción.
—No puedo hacerlo. —Al fin reaccionó mientras negaba repetidas veces con la cabeza. —Yo… No puedo hacer algo así. No puedo.
—Tú no tendrías que hacer nada. —Él se revolvió, intentando alejar mis manos de su rostro. —Acuérdate de lo que ha sucedido antes. Tú cuerpo reaccionará de forma instintiva en busca del placer que yo te proporcionaré y-
—No puedo. —Volvió a repetir con la respiración más agitada.
No vas a marcharte, criatura. Ahora ya casi te tengo y no voy a permitir que sea otro de los míos el que disfrute de tu glorioso cuerpo. Ni que te transformes en un Puro, tal y como James quería.
—¿Dejaras que sea tu hermana la que tenga relaciones con un ser como yo? ¿Con un demonio?
El amor es curioso. Consigue que lo humanos lleguen a tomar decisiones que de otro modo jamás tomarían. Y Alexander ama con todo su ser a sus hermanos. Lo he visto.
—¿Te alejarás de ellos para siempre? No puedo estar seguro de que una vez que tu contrato haya finalizado no volverás aquí y harás daño a mi familia.
Yo ni siquiera recuerdo lo que era amar. Sé que la amaba a ella, a Camille; pero no recuerdo qué es lo que sentía. El amor no tiene cabida en un mundo como el mío.
—Tienes mi palabra, criatura. —Después de todo sois tú y el poder que conseguiré tras hacerme contigo lo que verdaderamente me importa. —No volveré a acercarme a ninguno de los tuyos.
Alexander parecía seguir dudando. Mierda, ¿tanto le cuesta simplemente aceptar? Incluso entre la belleza característica de los demonios sexuales yo soy de lo mejorcito.
—Criatura, ¿acaso no te atrae la idea de disfrutar más de la vida? Tendrás tiempo más que de sobra para hacer todo lo que siempre has querido.
—A cambio de tener que tener que acostarme con cientos de personas para poder alimentarme, ¿no? No puedo hacerlo. Yo…
"Yo tampoco quiero que lo hagas" me sorprendí a mí mismo deseando. No puedo; no quiero que nadie más pueda tocar su cuerpo. Imágenes de Alexander siendo toqueteado por otros humanos me vinieron a la mente y la furia creció dentro de mí. Él no puede hacerlo. Yo no permitiré que lo haga.
—Vale. Entendido. —Me acostaré con Isabelle y el Contrato quedará finalizado. Y entonces volveré y ayudaré a James a protegerle para que nadie pueda percatarse de él. Nadie puede tocarle salvo yo.
—Lo haré. —Dijo él entonces. —Pero aléjate de mi familia.
No. Ahora no.
Cerré los ojos con fuerza tratando de ignorar lo que él había dicho, pero era imposible: cada célula de mi cuerpo podía sentir que el Contrato ya estaba firmado. Tendrás que convertirte en uno de los míos, criatura.
Una risa histérica se escapó de mis labios. No lo entiendo, no lo entiendo, ¡no lo entiendo! ¿Por qué ahora de repente no quiero tocarle? El deseo me está comiendo por dentro y él el ser más magnífico que he visto nunca.
—¿Estás bien? —Me preguntó mientras colocaba su cálida mano en mi mentón y me obligaba a alzar el rostro.
Me ha tocado. Es la primera vez que él me toca por propia voluntad. Y sus ojos… esos ojos que me miran con preocupación.
No lo entiendo.
—¿Magnus?
Pero el contrato ha sido firmado y no hay vuelta atrás, criatura.
—Ya eres mío.
Quería dedicar este capi a Agatha Scarleet, mi algodón esponjoso, porque...
Bah, ella sabe por qué.
Gracias por lo que hiciste por mí esta semana, querida ;)
Y también, como punto y final a las notas de autor que no debería de estar haciendo debido a mi condición (xD), quería recomendar a todas las personas que leyeron mi anterior fic el cómic que MERRY WEATHER H hizo sobre el primer encuentro de Alec y Magnus y, por otro lado, el fic "Fugitivos del Amor" de ILSLy.
(Ambos links están al final de mi perfil)
Gracias a ambas por hacerme unos regalos tan hermosos. Sois absolutamente... indescriptibles.
¡Nos leemos la semana que viene!
