¡Holap!
Me gustaría recodar que tengo la mano... eh... fastidiada, así que lamento que el capi, los pm y todo lo que escribo en general sea más corto de lo normal.

Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.

..

*k590: Si sigues alabándome de tal manera voy a acabar creyéndomelo *-*
Síp; Jem y Willy Wonka serán pareja. Aunque no saldrán mucho precisamente porque solo escribo Malec y ellos serán una pareja secundaria. Pero bueno, ¡ya los veremos un poco más adelante! :D
Un abrazo, querida ¡Gracias por tus lindas palabras!


Era cálido. Y cómodo. Hacía mucho tiempo que no dormía tan bien. Cuando el sueño se disipó obligué a mis párpados a no abrirse, queriendo retener durante más tiempo la tranquilidad que se había adueñado de mí.

Cuando al fin me digné a lo irremediable y abrí mis ojos, mi vista no fue capaz de adaptarse a la imperturbable oscuridad. ¿Dónde estoy? No es mi cama, ni tampoco la de mi hermana o el sofá-cama que uso cuando me quedo en casa de Jace y Clary. Tampoco se trata del viejo colchón de la habitación de invitados de Will, eso seguro. Mis pupilas al fin se adaptan a la luz y observo que me encuentro en una habitación amplia pero escasamente amueblada. Aunque lo cierto es que yo a duras penas distingo bultos entre tantas sombras.

Intento ponerme en pie para tratar de averiguar dónde demonios estoy y por qué no recuerdo cómo he llagado aquí, pero mis piernas fallan y vuelvo a caer sentado en la cama.

¿Cómo he llegado aquí? No entiendo nada. Espera: Will. Me quedé a dormir en casa de Will porque no me apetecía inmiscuirme en ninguno de los alocados planes de los chiflados de mis hermanos y sus influenciables amigos. Will se tuvo que marchar porque había quedado con Jem, yo tuve que ir a buscar un libro que necesitaba para la universidad y luego… Luego llegué a casa y me encontré con el que probablemente fuese el último ligue de Isabelle. Él se acercó a mí. Se acercó y…

Mi cabeza martillea de forma terrible mientras yo me lamento una y otra vez por no haber intentado seguir durmiendo un poco más. Vuelvo a intentar levantarme y de nuevo mis piernas fallan, por lo que me doy por vencido y vuelvo a acostarme bocarriba hasta que se me pase éste estúpido mareo ¿Por qué estoy tan débil? Quizá me emborraché. Nunca lo he hecho, pero quizá de algún modo… Jace dice que cuando tiene resaca se siente débil y desorientado. Me llevo las manos a los oídos para intentar acallar los malditos pitidos que amenazan con volverme loco.

Tengo que salir de aquí.

Necesito ir a estudiar para los exámenes del mes que viene y empezar a preparar el trabajo que tendré que presentar a final de semestre. Y Max. Max vendrá dentro de unas semanas a pasar unos días con nosotros y…

Tengo que salir de aquí.

..

Esta vez, tras haber caído dormido de nuevo por puro agotamiento, me negué a abrir los ojos por un motivo muy distinto. Había alguien a mi lado; alguien me estaba acariciando el muslo suavemente pero con firmeza y notaba el aliento de otra persona sobre mi nuca. No supe qué hacer o cómo reaccionar, no por lo menos hasta que dicha persona lamió la zona baja de mi cuello y mi brazo se movió por instinto hasta clavarle un codazo en el estómago.

Me apresuré a incorporarme, pero de nuevo la habitación comenzó a dar vueltas a mi alrededor y tuve que usar todo mi empeño en no caer. Si él se acercaba no sería capaz de defenderme, estaba claro. Pero él no se acercó. La luz, de un hipnotizante color azul, brillaba tenuemente desde las extrañas lámparas que simulaban pequeñas llamaradas. Casi parecía pequeños fuegos fatuos de verdad.

—Estás débil, ¿no es así? —Me preguntó él. —¿Por qué no vuelves a la cama conmigo, criatura?

¿Criatura? Eso me suena. Él… Él es… No lo sé. No puedo recordarlo.

Es un hombre joven, más o menos de mi edad, piel acaramelada, ojos rasgados perfilados de negro… Incluso se nota que es más alto que yo pese a que sigue sentado en la cama.

—Ven a la cama, criatura. Ahora. —¿Una orden? ¿Me está dando órdenes? Sus ojos, decorados por unas lentillas de gato que seguramente se le haya olvidado quitar tras la fiesta de halloween de la noche anterior, siguen clavadas en mí en todo momento.

—¿Quién eres? —¿Qué quieres? ¿Qué hago aquí? ¿Cómo he llegado? ¿Dónde están mis hermanos? Hay demasiadas preguntas que necesito que me responda. Y la cabeza sigue doliéndome como el infierno, ¡maldita sea!

—¿Cómo? —¿Eh? El joven, que pese a que sigo intentado negarlo, es el hombre más atractivo que he visto nunca, se ha puesto en pie y se acerca a mí mirándome con curiosidad. Parece Max cuando lo llevamos al zoo y se pone a mirar a los pingüinos. —¿Cómo eres capaz de resistirte a mí?

—¿Perdona?

—¿No sientes una tentación irrefrenable de tener sexo conmigo? —Esto ya es cachondeo. No puede estar preguntándome algo así en serio. —Deberías estar desesperado ahora mismo. No lo entiendo.

Yo sí que no entiendo a qué demonios estás jugando.

—¿Dónde estoy? ¿Y por qu-? ¡Ey! —Le gruñí cuando traspasó la distancia prudencial de seguridad. —No te acerques más.

Él se frenó en seco y me miró incluso con más estupefacción que antes.

Duérmete.

¿Qué?

Duerme.

..

—¿Alec?

Al abrir de nuevo los ojos seguía encontrándome en el mismo lugar. Mierda. Esperaba haberlo soñado.

—Alec.

Desvié la vista hacia la persona que me llamaba. Esa voz…

—Jem. —¿Qué hace él aquí? ¿A él también lo ha cogido el tío desquiciado de antes? —¡Jem! ¡Jem, tenemos que salir de aquí! Hay un chico que… ¿Jem?

—Lo siento tanto, Alec… —¿Sentirlo? —Debimos habértelo dicho y no intentar protegerte por nuestra cuenta. Si lo hubieses sabido tal vez…

—Jem, ¿de qué me estás hablando?

—Perdóname.

—¿Perdonarte por qué?

..

No entiendo.

No sé qué es esto.

Es una pesadilla.

Solo estoy soñando.

Despierta, Alec.

¡Despierta!

..

..

Su casa no está mal. Es enorme, y todos los días posteriores a mi llegada me los he pasado visitando e intentando reconocer las diferentes estancias. Hay muchas habitaciones llenas de ropa (sobre todo las más cercanas a su dormitorio principal) y otras tantas llenas de aparatos de uso sexual que en su mayoría no sé ni para qué tipo de parafilias extravagantes se utilizan. Tampoco tengo ningún interés en saberlo, la verdad. No hay demasiados libros, pero sí cómics de superhéroes. No están mal para entretenerse, y además me recuerdan a Max.

En eso estaba, inmerso en la lectura de un cómic de Spider-Man, cuando él llegó aquel día.

—Criatura. —Me llamó. Sigo sin saber el porqué de ése apodo. Mi nombre le encanta, o eso dice, pero no me llama por él. No a no ser que estemos en la cama. —¿Me has echado de menos?

Hoy es el día. Jem ha intentado prepararme para ello. Él dice que Magnus no es un demonio cruel y, sinceramente, después de cómo me ha tratado las últimas semanas yo le creo; pero yo no debería estar aquí. No es justo. Estos sucesos ocurren en la ficción, no en la vida real. Y, además: de entre todas las personas, ¿por qué yo? Solo quiero volver a mi vida normal y aburrida de siempre. Quiero ver a mi familia.

—¿Ya lo han hecho? —A través del rabillo de mi ojo pude ver cómo la sonrisa desaparecía de su cara.

..

—Criatura, ¡ya has despertado! —Exclamó mientras entraba a la habitación con una enorme sonrisa.

Jem se puso frente a mí a una velocidad sobrehumana y me escondió tras él como una madre tratando de proteger a su cría.

—No le toques. —Siseó entonces el de ojos felinos.

James miró hacia mí y ambos fijamos la vista en su mano izquierda, que había apoyado en mi hombro para impedir que yo me moviese. Mi peliblanco amigo retiró poco a poco la mano mientras la sonrisa volvía a aparecer en el rostro del recién llegado.

—¿Has dormido bien? He tenido que hechizarte porque parecías muy cansado y quería qu-

—Basta, Magnus. —¿Magnus? ¿Cómo sabe Jem su nombre? —¿No te das cuenta de que lo estamos asustando?

No estoy asustado: estoy furioso. ¿Es esto alguna especia de secuestro? Jem y yo somos amigos desde que él comenzó a salir con Will hace unos años. Él sabe más que de sobra que mi familia tiene dinero.

—He dejado que entres aquí solo para que comprobases su salud, James. No te voy a permitir que me digas cómo hacer las cosas en mi propia casa.

Quizá todo esto está planeado para pedir un rescate. Pero, si es así, ¿por qué se arriesgaría Jem a que yo viese su rostro? Le conozco desde hace años.

—¡Le has secuestrado!

—Es lo que hace nuestra raza, James. Que tú te dediques a jugar con los humanos y a intentar mezclarte entre ellos no significa que todos hagamos lo mismo. —Jem iba a replicar, pero el otro lo cortó. —Da gracias a que no he avisado a nuestro Consejo de que has estado escondiendo a un Candidato así por las buenas.

—Por favor, Magnus: suéltalo. Cuando el próximo Candidato se presente te juro que te ayudaré a que seas tú quien se haga con él. Pero no a Alec, Magnus.

Magnus clavó entonces sus ojos en mí y recorrió mi cuerpo con una mirada hambrienta. Solo entonces me di cuenta de que estoy desnudo. ¡¿Qué demonios hago desnudo?!

—No puedo hacerlo, James. Él debe ser mío.

Jem, que normalmente era la imagen misma de la serenidad, parecía agotado y al borde de un ataque de nervios.

—Sus hermanos se han percatado de su desaparición. Saben que eres tú quien lo tiene. —La voz de Jem, que había sonado indecisa segundos atrás, de repente se volvió firme y segura. —Saben que antes de poder tocar siquiera a Alec debes alimentarte de uno de ellos para que el Contrato se cumpla, y ninguno de ellos se prestará a hacerlo si no sueltas antes a Alec. Morirás de hambre.

No lo entiendo. No entiendo nada de lo que están diciendo.

Jem, sácame de aquí.

—¿Crees que no había pensado en eso? No soy idiota, James. —Entonces él volvió a dirigir su mirada hacia mí, que lo miré con todo el odio que fui capaz de reunir. —Ellos le aman. —Continuó sin apartar sus ojos de los míos. —Harán lo que sea si amenazo con matarlo.

..

—Sí. —Su mano derecha, cuyos dedos estaban repletos de anillos de diferentes formas y colores, agarró mi rostro con delicadeza y lo alzó hasta que nuestras miradas hicieron contacto. —Le ha costado, pero finalmente Jace ha aceptado. Por tu bien.

Desvié mi vista hacia la chimenea, que chisporroteaba llamas azules. Todo el fuego en este lugar es azul. Cosas de demonios, tal vez.

—Ahora solo falta tu "sí" y todo quedará zanjado.

—¿Y si me niego a hacerlo? —Su mano se tensó y durante unos segundos pude sentir cómo temblaba, aunque no tardó demasiado en tranquilizarse. Supongo que no seré el primer niño idiota que intenta resistirse. Siendo un demonio de casi mil años de antigüedad sospecho que no habrá demasiadas cosas que no te hayan sucedido alguna vez.

—Ya hemos hablado de esto, criatura. Voy a mantenerte aquí, pase lo que pase. —Depositó un suave beso sobre mi frente antes de tirar de mí y lograr incorporarme del sillón donde estaba sentado sin el más mínimo esfuerzo. Cuando me cobijó en un fuerte abrazo deseé por un momento que todo fuese diferente y que ambos fuésemos personas normales. —No puedo dejarte ir ahora que te tengo, ¿entiendes?

No. No entiendo nada. No entiendo por qué ser un Candidato es algo tan especial ni por qué a Jem parecía no afectarle mientras que Magnus parece no tener otra cosa en la cabeza.

—Di que sí, criatura. Acepta y te juro que nunca serás infeliz mientras estés conmigo. —¿Y cuánto será eso? Yo envejeceré, mientras que él se mantendrá joven y hermoso para siempre; ¿cuánto tardará en cansarse?

Pero no tengo otra opción; no cuando él me está tocando y puede controlar mis emociones. Ahora puedo controlar mejor la influencia que tiene sobre mí, pero sigue siendo difícil resistirse. Y, total: ¿por qué debería hacerlo? Nunca saldré de aquí.

—Lo haré. —Susurré tratando de no pensar demasiado en ello. No significa nada. Es solo sexo.

Magnus me apretó con más fuerza contra él antes de empujarme sin ninguna delicadeza sobre el sillón.

—Esto va a dolerte, criatura —Sus manos, que a simple vista parecían tan delicadas, rasgaron mi camisa sin esfuerzo alguno. Intenté pegarle un manotazo por puro instinto, pero él detuvo mi mano a tiempo. —El dolor no durará mucho, Alexander, y gracias a esto podré tenerte a mi lado más tiempo.

..

—¡Lo convertirás en un demonio! ¿No te das cuenta de que no podrás mantenerlo a tu lado? Es puro egoísmo. Libéralo.

—Debe de haber un modo de hacer que él no se transforme. Y tú lo sabes.

—No hay ningún modo seguro de-

—Hellen lo consiguió. Evitó que Aline se convirtiera en súcubo y se quedó con ella. —El rostro de Jem se volvió incluso más pálido de lo habitual mientras me miraba con horror. —Tú las ayudaste, James. Dime cómo mantener a mi criatura a mi lado.

—Sabes cómo acabó aquello, Magnus. Sabes lo que pasó con ellas. —Magnus hizo un gesto con la mano como queriendo quitarle importancia al asunto, cosa que enfureció a Jem. —Llevo desde que Alec cumplió los quince años protegiéndole. No pienso permitir que tú acabes con él ¡devuélveselo a su familia!

..

Magnus posó una mano sobre mi pecho e hizo presión para lograr acostarme sobre la mullida superficie y mantenerme inmovilizado. En su otra mano sujeta una especie de herramienta de cristal alargada y cilíndrica que él aprieta a la altura de mi corazón.

—Aguanta, mi criatura. Pronto solo sentirás placer.

..

—Si lo hago tal y como dices no se transformará aunque yo lo tome, ¿verdad?

—No. —¿Transformarme? —Pero podría ser peligroso para-

—Sí, sí. Vale, vale.

..

—Criatura. —Escuché cómo me llamaba.

Mientras me despertaba, la neblina del sueño y el estupor que produce el mismo fueron desapareciendo y un escozor agudo me atravesó el pecho. Arde. Mi pecho arde.

—Criatura. —Volvió a llamarme.

Enfoqué mis ojos en los suyos y extendí mi mano hacia él, que de inmediato la tomó entre las suyas y se la llevó a los labios para besarla.

—Duele. —Le dije como pude. Mi garganta está seca y siento la lengua pastosa y adormilada.

Magnus me miró con preocupación mientras se colocaba sobre mi cuerpo. Estábamos en su cama. ¿Cómo me ha traído hasta aquí?

—Se pasará. —Me susurró mientras acariciaba la zona adolorida. Su mano se iluminó con un resplandor azul e inmediatamente el dolor comenzó a calmarse mientras él seguía en contacto con mi piel. —¿Mejor?

—Gracias. —Él me sonrió ampliamente antes de tomarme de la nuca y subirme hasta su altura. Nuestras bocas chocaron y su excitante sabor obnubiló mi mente.

—Ahora ya no tengo que detenerme. Lo sabes, ¿no? —Pasé una de mis manos por su pecho, acariciándolo. Es tan perfecto… ¿Por qué no puedes ser humano? ¿Por qué esto debe ser así? —Criatura…

Enredé mi otra mano en su cabello y tironeé de él hasta que el beso se hizo más profundo. Noté una sonrisa adueñarse de su boca mientras sus manos se dirigían a mis caderas e iban descendiendo mientras acariciaba mis muslos desnudos con urgencia.

—No tienes ni idea de lo que he tenido que sufrir al no poder tomarte antes. —Yo solo gemí en respuesta mientras él apretaba mis glúteos con fuerza. —Tantas veces tocando tu cuerpo sin poder hacerte mío… Sin poder llegar hasta el final…

Mi mente es un caos que solo busca placer y más placer. Magnus y más Magnus.

—Magnus. —Gemí contra su boca.

Ahora mismo una única y absoluta certeza ocupa mi mente y me libera y atrapa a la vez: yo mismo he renunciado a la única libertad que me quedaba. Una certeza que Magnus no tardó en confirmarme.

—Ya eres mío.


Este capi en un principio iba a ser más largo, pero por algún motivo, cuando intentaba escribir más cosas, me daba un ataque de nervios y acababa apagando el ordenador. Creo que mi doctor se equivocó de medicación y en lugar de darme tranquilizantes me dio "idiotizantes". Estoy de un tonto...
Aunque lo cierto es que, pese a ser más corto, contiene bastante más información que el anterior. Mmm...

Supongo que a estas alturas ya habréis visto en qué dirección se desarrollarán ambas realidades, así que...

¡Hasta la semana que viene!

Recordad que os adoro mucho y os ruego disculpéis mi idiotez de esta semana.
Culpad a mi mano.
Y a mi médico. Sobre todo culpad a mi médico xDD