Este capi iba a ser el más corto de todos, según lo que tenía planeado, pero al final es el más extenso que he escrito para este fic. Parece que mi cerebro se divierte llevándome la contraria y dándome más tarea de la necesaria cuando sabe que estoy ocupada.
xD
No me gusta dedicar capis porque no pienso que dedicar algo de mis fics sea algo bueno, pero tenía que hacer esto:
A mi amore, por soportar mis tonterías y aguantar que sea la última a la que conteste los mensajes.
Bueno, en realidad eso es culpa tuya. Ejem xD
Te amo, linda mía.
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
¡Os adoro!
Cuando abrí los ojos la mañana que se cumplía el primer mes de mi cautiverio, Magnus me estaba mirando fijamente, para variar. Los primeros días me había resultado horripilante y no hacía más que acrecentar mis ansias de salir corriendo; ahora me resultaría raro despertarme y que sus extraños e hipnotizantes ojos no fueran lo primero que veo por las mañanas. Las mañanas que él está, al menos.
—Buenos días, criatura. —Murmuró contra mi oído mientras frotaba cariñosamente su mejilla contra la mía. —¿Has dormido bien?
Siempre me pregunto por qué sigue preguntándome lo mismo cada mañana si nunca me da la ocasión de responder.
—Te estaré esperando en la cocina. —Dijo antes de darme un rápido beso en los labios y bajarse de un salto de la cama. —Hoy tenemos visita.
Magnus ocultó su desnudez cubriéndose con un batín de seda que siempre tenía cerca de la cama y desapareció por la puerta del dormitorio. Miré durante unos segundos el techo, rezando para que las "visitas" no fueran de nuevo los horripilantes miembros del Consejo en busca de más respuestas a sus absurdas e interminables preguntas. Finalmente me puse en pie y me dirigí hacia la ducha, dispuesto a enfrentarme a otro día de mi nueva vida.
Nuestras visitantes resultaron ser Theresa Gray (aunque ella me pidió que la llamase "Tessa") y Catarina Loss. Ambas eran Candidatas que habían conseguido eludir a su destino y que habían conseguido vivir una vida normal antes de su muerte. Yo también podría haberlo hecho si Jem hubiese conseguido mantenerme a salvo durante unos años más; podría haber tenido la aburrida y predecible vida que siempre quise si mis hermanos y sus amigos no hubiesen decidido que era divertido jugar a invocar demonios. Ahora ni siquiera mi vida me pertenece.
—¿Por qué lo hacía? Protegerme, quiero decir.
Magnus, que había estado muy entretenido pasando los dedos entre los mechones de mi cabello mientras tarareaba alguna canción, me miró a los ojos con la duda claramente marcada en sus facciones.
—¿Te refieres a James? —Preguntó mientras arrugaba el entrecejo.
—Sí.
—No lo sé. No sé cómo se las apañaba para evitar lanzarse sobre ti cada vez que te veía. —Magnus tiró de mí hasta que consiguió situarme sobre él, ambos acostados sobre su cama. —Pero por otro lado…
Él se quedó callado, sus brillantes ojos mirándome con detenimiento.
—¿Por otro lado qué? —Una amplia sonrisa se extendió por su rostro.
—Nada. No es nada. —Me respondió antes de tomarme por la nuca y unir nuestros labios.
Cuando sus amigas se marcharon, Magnus me guió de nuevo al dormitorio. Mi vida actual se reducía a si él estaba o no en casa. Cuando Magnus estaba aquí, él simplemente se encerraba conmigo en su habitación y hacía con mi cuerpo lo que quería; Cuando él no estaba (y había veces en las que incluso tardaba varios días en aparecer), me dedicaba a buscar libros en su biblioteca y a tratar de aprender por mi cuenta a entender su idioma. Lo cierto es que no sé cuál de las dos opciones es la que más me gusta. No quiero que él siga tratándome como si yo fuese un muñeco, pero odio cuando él se olvida de mi presencia y no viene a verme. Es muy confuso.
—¿Hay algo en concreto que desees hacer hoy, criatura? —Me preguntó mientras se deshacía de mi ropa.
"Quiero volver a mi antigua vida, solo eso. Quiero ver a mi familia." Quise gritarle.
—Lo que tú desees. —Dije en su lugar.
Él simplemente sonrío mientras acariciaba mis pómulos con delicadeza.
—Siempre eres tan complaciente…
Quiero odiarte. De verdad que quiero hacerlo.
..
Cuando me desperté, él no estaba. Hacía ya nueve días que no aparecía por su casa, así que tampoco fue una gran sorpresa. Me duché, me vestí y bajé a desayunar. Después, tal y como había estado haciendo los últimos días, me dirigí a la enorme biblioteca que había medio escondida en uno de los pasillos secundarios y me dispuse a seguir leyendo. Había dado por imposible el maldito idioma de los demonios prácticamente enseguida de empezar a leerlo, no obstante, había algunos libros escritos en un idioma antiguo y que yo desconocía que, por algún motivo que todavía no había podido preguntarle a Magnus debido a su ausencia, yo podía leer a la perfección. Los textos hablaban sobre los Cazadores de Sombras. Sus ritos y costumbres, los diferentes tipos de runas, sus leyendas, los Instrumentos Mortales… Su cultura era muy interesante y muy rica en detalles.
Llamaron a la puerta unas tres horas más tarde. Los demonios no son seres demasiado sociables, o por lo menos yo no había presenciado ningún tipo de contacto entre Magnus y otros de su misma raza, así que no me costó demasiado saber quiénes eran.
—Buenos días, Alexander. —Me saludó Tessa mientras la dejaba pasar.
A veces venía Tessa, y otras era Catarina la que me visitaba. Los Puros pueden tener una relación de amistad con los demonios, después de todo. Bueno: eso si los demonios pueden siquiera saber qué es la amistad.
—Catarina quería venir conmigo, pero me temo que ha tenido que ir a hacer un recado de última hora para el que la han llamado. Me ha dicho que se pasará por aquí si consigue acabar deprisa. —Tessa se dirigió hacia la biblioteca sin necesidad de que yo tuviese que decirle nada. Ella me conocía, al fin y al cabo, y sabía a qué dedico mi tiempo. —Aunque ya sabes cómo es: no se irá de allí hasta saber que todo se ha hecho a la perfección.
Ambas eran inmejorables personas, pese a ese aire de indiferencia que las rodeaba. "Nada de sentimientos" me había explicado Magnus, pero al parecer los Puros lo único que no pueden sentir realmente es el amor o el odio.
—Estábamos preocupadas. Hoy hacen ya dos meses y… —¿Dos meses ya? Me había resignado a mi destino y ya ni siquiera contaba los días que pasaban, pero nunca imaginé que hubiese pasado tanto tiempo. —¿Cómo estás?
—Bien. —Le respondí.
"Bien" era la respuesta que yo había adoptado para todo. La vida en este lugar es más fácil de llevar cuando no trato de llevarle la contraria a Magnus, así que me he acostumbrado. Tessa me miró con desconfianza, pero no dijo nada.
Había escuchado con anterioridad su nombre. No en una conversación formal, aunque sí que salía mucho a relucir cuando Will y Jem se enfadaban. Will solía recriminarle a Jem que él siguiese enamorado de Tessa incluso cuando ambos estaban juntos. Nunca había querido meterme por medio, así que no entendía muy bien de qué iba la historia. Aunque, por aquella época, tampoco sabía qué era Jem.
Tessa me contó que ella se había topado con Jem cuando era una adolescente, en la época victoriana de Inglaterra. Ella había viajado a Londres en busca de su hermano Nathaniel, que había desaparecido, y Jem fue la primera persona en ser amable con ella tras su desembarco. Le había parecido un ser etéreo, de otro mundo, pero igualmente ella se había ido enamorando de su blanca fragilidad. Aunque, como descubrió más tarde, Jem no era el ángel que aparentaba ser.
—Ayer fui a hablar con Jem. Quería traerte noticias de tus hermanos. —Ella había estado trayéndome noticias de mi familia siempre que le era posible. No sé si hubiese podido aguantar estos meses sin ella y sin los cuidados agobiantes de Catarina. —Alec, tengo que contarte algo importante.
Jem, que contra todo pronóstico había acabado igualmente enamorado de la castaña, se negó a transformarla en una de los suyos y la escondió de los ojos del resto de su especie hasta que ella estuvo a salvo. El Consejo lo descubrió, por supuesto, pero dejó pasar la falta a cambio de que Jem no volviese a acercarse a Tessa mientras que ella continuase siendo humana y de que nunca volviese a hacer algo así. Y se arriesgó de nuevo. Por mí. Quizá fuese porque soy amigo de Will desde que ambos somos unos críos y no quería decepcionar a la persona a la que amaba ahora. O quizá yo le caía bien, quién sabe. Pero aquel extraño demonio que podía amar me ocultó de la vista de sus congéneres y me permitió vivir durante unos años extra cerca de mi familia, y yo siempre le estaría agradecido por ello.
—Alec. —Volvió a llamarme Tessa. Al fin me digné a hacerle caso, pese a seguir temeroso sobre lo que tuviera que decirme. —Tienes que comprender que lo único que Magnus quería era protegerte del Consejo. Él no tenía otra opción. —¿Qué has hecho ahora? ¿Cómo puedes hundir mi vida todavía más? —No le odies, Alec.
..
Cuando Magnus llegó, al amanecer del día siguiente, yo todavía me encontraba hecho un ovillo en mi sillón favorito de la biblioteca.
—Criatura. —Me llamó mientras se acercaba a mí con cautela. —¿Estás bien?
Me negué a alzar mi rostro hacia él. Ya no estaba llorando, pues mis lágrimas se habían agotado hacía muchas horas, pero todavía sentía mis mejillas húmedas y pegajosas y mis ojos estaban hinchados.
—¿Qué has hecho? —Le pregunté cuando al fin él llegó junto a mí y alzó mi rostro para que yo lo mirase a los ojos. —¿Cómo has podido?
—¿Quién te ha- ...? Tessa, ¿verdad? —Su mirada se ensombreció mientras noté cómo su mano temblaba de rabia. —¿O quizás ha sido Catarina? No pienso permitir que se vuelvan a acercar a ti. ¡Debería habértelo explicado yo! ¡Ninguna de ellas tenía el mínimo derecho a decirte nada!
Lo miré con perplejidad. ¿Qué importaba quién me lo dijese? ¿Qué podía importar cuando él había destrozado toda mi vida y la había hecho pedazos?
—Jem… Él…
—¿Mis hermanos están bien? ¿Ha pasado algo? —La incertidumbre me estaba matando. ¿Y si alguno había tenido un accidente? ¿Y si no podía volver a verlos jamás?
—Todos están bien. Ellos… Simplemente…
—Tessa, por favor.
—No tenía otra opción. No sé lo que ellas te habrán dicho, pero te juro que era lo único que podía hacer para que el Consejo no decidiese eliminarte del mapa. Había demasiada gente involucrada, mucha gente buscándote. —Magnus acercó su mano a mi mejilla, dispuesto a acariciarla, pero yo me aparté lo más rápido que pude y él apenas llegó a rozarme. —¿No comprendes que lo he hecho por ti?
—Jem no se acuerda de ti, Alec. Ninguno de ellos te recuerda. —Tessa se tomó una pausa y me miró con preocupación. —Has desaparecido de sus vidas.
—Te odio. —Le siseé antes de salir de allí hecho una furia.
..
No tardé demasiado tiempo en tranquilizarme. La noche anterior me había embargado la tristeza, y la tristeza es un sentimiento difícil de superar. La ira que me había cegado cuando lo vi frente a mí soltándome sus estúpidas excusas, sin embargo, es algo que no puedo retener demasiado. No soy capaz de estar enfadado durante mucho tiempo, no con las personas que me importan.
—Alexander. —Me llamó él desde la puerta del dormitorio. Magnus se acercó con precaución hasta la cama, donde yo estaba sentado, pero no trató de llegar hasta mí. —Sabes que lo he hecho porque quería protegerte.
No contesté. Lo cierto es que no creo que sea necesario. Entender por qué lo hizo no hace que sea más sencillo de asimilar.
—Tú… —Magnus agachó la vista, mirando sus uñas cubiertas de purpurina como si fuesen la cosa más interesante del mundo. Al fin alzó sus ojos y los clavó en los míos. —¿De verdad me odias?
—No te odio, —Le respondí con total sinceridad. —aunque detesto no poder hacerlo.
Él finalmente pareció lo suficientemente seguro de que yo no volvería huir como para acercarse hasta mí. Sus delgados brazos me rodearon en un fuerte abrazo cuando él se sentó junto a mí.
—Perdóname. —Susurró tiernamente mientras sus manos comenzaban a acariciar mi espalda con cariño. Ni siquiera me había dado cuenta de que estoy llorando otra vez. —Perdóname.
..
..
No fue algo fácil de asimilar. A veces me encontraba pensando en ello mientras seguía con mi lectura de "Academia de Cazadores de Sombras" y me tocaba volver a releer las páginas anteriores para retomar el hilo. Supongo que mi cabeza no podía aceptar tan fácilmente que mi familia y mis amigos ya no se acordasen de mí.
Magnus no se había vuelto a marchar. La alimentación de los de su especie parecía ir haciéndose menos necesaria conforme cumplían años. Según los cánones de los demonios como él, Magnus era fuerte, pero aún demasiado joven, por lo que normalmente salía para encontrar a algún humano con el que tener sexo cada siete u ocho días. Recuerdo que las primeras veces, cuando se dio cuenta de que por mucho que él y yo nos acostásemos no podía saciarse, Magnus me echaba la culpa a mí por estar débil. Él decidió que no podía alimentarse solo de mí, así que yo tuve que aceptar que él saliese a buscar a otros. Antes no me dolía; si él salía yo dispondría de más tiempo libre para estar a solas. Ahora duele cada vez más. Estoy celoso y ni siquiera comprendo por qué.
—Cuidado, está caliente. —Me avisó mientras depositaba el café que me había traído sobre la mesita y se sentaba en el sillón junto a mí, reposando su cabeza en mi hombro.
Había estado haciendo lo mismo durante los últimos cuatro días, desde que llegó. Y siempre, tras estar un rato mirándome leer, acababa diciendo exactamente lo mismo:
—¿No te aburre estar leyendo sobre lo mismo todo el día?
—No tengo nada más que hacer. —Le respondí yo. Como cada día.
Esta vez, sin embargo, él dijo algo que nunca había esperado oír.
—Voy a llevarte de viaje. —Doblé la esquina superior de libro para recordar por dónde iba y lo dejé sobre la mesa, junto a mi café. Magnus esperó a que yo volviese a sentarme apoyándome en el respaldo del sofá y se acostó colocando su cabeza sobre mi regazo, sus largas piernas colgando del borde del mueble. —¿Dónde querrías ir?
—¿Es algún tipo de broma? —El demonio alargó su brazo hasta mi cuello y comenzó a trazar espirales con su dedo, jugueteando.
—Cuando las cosas se calmen con el Consejo te llevaré donde tú quieras. —Dijo con una gran sonrisa.
Una sonrisa floreció en mi rostro sin que yo pudiese evitarlo mientras lo miraba con gratitud, pero desapareció tan pronto como recordé que el lugar donde yo querría ir, las personas a las que yo querría visitar, me habían sido arrebatadas.
—¿No te hace ilusión? —Me preguntó. Su sonrisa había desaparecido pocos segundos después que la mía.
—Sí, claro. —Intenté volver a estar feliz, pero fue en vano. —Me gusta Viena. O Nueva Zelanda.
Magnus me miró con tristeza, asintiendo lentamente.
—Te llevaré a ambos lugares. Te llevaré a cualquier sitio, criatura.
Yo solo quiero volver a casa.
..
Magnus se marchó para volver a alimentarse a la mañana siguiente. Me levanté de la cama en cuanto lo escuché levantarse, pero aun así no fui lo suficientemente rápido como para poder alcanzarle antes de que él abriese la puerta y se marchase. La misma puerta que yo no puedo traspasar y que me mantiene aquí encerrado.
Pero él me llevará de viaje, me lo ha dicho; podré salir de aquí. Intento pensar únicamente en eso para poder mantener la cordura, pero constantemente me llegan a la mente dos simples y desgarradoras verdades: "mi familia ya no está buscándome porque ni siquiera pueden echarme de menos" y "Magnus ahora mismo está ahí afuera, buscando a alguien que pueda saciar su apetito sexual como yo no puedo hacerlo". No va a ser un buen día.
—¿Criatura? —Llamó él mientras tocaba a la puerta. Sé que puede sentir en cada momento dónde me encuentro, así que supongo que debo estar agradecido por que al menos me dé la posibilidad de negarme a hablar con él.
Salí de mi relajante ducha de agua helada envolviendo una toalla en mi cintura mientras trataba de secar mi cabello lo máximo posible con otra. Solo han pasado dos horas desde que él se ha marchado, ¿tan rápido lo ha conseguido esta vez? Magnus me explicó que él prefiere juguetear un buen rato con su presa, para no hacerlo todo tan fácil y aburrido ¿Acaso hoy no encontró a nadie que le supusiera un reto y se conformó con algo más sencillo?
—¿Qué ocurre? —Le pregunte mientras abría la puerta y lo dejaba pasar.
Su rostro, una máscara de preocupación y angustia, se quedó completamente blanco cuando me miró, escaneando varias veces mi cuerpo como quien mira bien la mercancía de la tienda antes de comprarla. Odio cuando hace eso.
—No lo entiendo. —Murmuró en una voz tan baja que estoy prácticamente seguro de que ni siquiera él era consciente de haber dicho nada. —Me has excitado. —Dijo mientras me miraba con incredulidad. Estoy prácticamente seguro de que yo le miré con la misma expresión de sorpresa. —Estoy duro.
Si antes no le estaba mirando con cara de idiota, estoy seguro de que ahora sí lo hacía. ¿No se supone que él me mantiene aquí precisamente por eso, porque mi cuerpo le atrae?
—¿Te encuentras bien?
..
..
Catarina revisaba la herida de mi muñeca cono ojo experto mientras Tessa, en la cocina, preparaba algo de beber para los tres.
—¿Cuánto tiempo hace que te la hiciste?
—Tres semanas, creo. —Había estado cortando las verduras para prepararme algo de comer cuando el cuchillo se me resbaló y acabé haciéndome un pequeño corte en la parte superior de la muñeca. Era tan superficial que casi ni había sangrado.
—¿Tres semanas? ¿Estás seguro? —Yo simplemente asentí, sin comprender su línea de razonamiento. —Algo tan pequeño debería haber cicatrizado en unos pocos días.
—No quieres ningún tipo de edulcorante en el café, ¿verdad, Alec? —Interrumpió Tessa.
—No, gracias.
Catarina me dirigió una última mirada preocupada antes de tomar su taza de té verde y ponerse a mirar fijamente el estrafalario reloj que Magnus tenía sobre la chimenea, algo que ella hacía cada vez que se abstraía por completo de la realidad.
En ningún momento pude imaginar que Magnus llegaría tan pronto. Abrió la puerta de un portazo, asustándonos a los tres, e inmediatamente sus ojos se centraron en mí. Es más, estoy casi al cien por cien seguro de que ni tan siquiera se percató de la presencia de sus dos amigas.
—Ven aquí. —Me gruñó antes de venir hacia mí a toda velocidad. De reojo pude ver la cara de sorpresa de Catarina y escuché cómo Tessa soltaba un gritito horrorizado, pero yo solo tenía ojos para la cara enfurecida de Magnus. Nunca le había visto así.
Sus manos me tomaron con fuerza de las caderas, alzando mi cuerpo de forma tan imprevista que si no llega a ser porque él me sujetaba me hubiese desnucado contra la mesita de cristal. Sus labios buscaron los míos de forma urgente, su lengua colándose en mi boca y dominándome a su gusto. Una de sus manos se coló bajo mi suéter mientras la otra, que seguía bien sujeta a mi cadera, hacía que mi cuerpo se pegase más al suyo. Me había pillado tan desprevenido que no fui capaz de reaccionar hasta que Magnus comenzó a frotar sobre la ropa su entrepierna contra la mía y Tessa volvió a lanzar un gritito.
Empujé a Magnus con fuerza, cosa que al parecer lo pilló desprevenido, ya que trastabilló unos cuantos pasos hacia atrás antes de recuperar el equilibrio.
—¡Magnus! —Le recriminé. Noté mi cara enrojecer, pero aún no tenía muy claro de si era por rabia o vergüenza. O por una combinación explosiva de ambas.
Fue entonces cuando él se percató de Tessa, que no paraba de murmurar cosas mientras miraba fijamente el reloj que anteriormente había estado mirando Catarina. Y después su mirada viajó hasta la peliblanca, que alternaba su mirada entre ambos con una curiosidad y una indiferencia tétricas. A veces me ponía los pelos de punta.
—Márchate al dormitorio y no salgas hasta que yo te lo diga, criatura.
—Pero-
—¡Ahora! —Me gritó Magnus. Él nunca me había gritado.
Lo miré con odio antes de marcharme tal y como él me había pedido. Realmente desearía poder odiarle.
..
Durante los siguientes quince minutos estuve deambulando de un lado a otro en el dormitorio, pero finalmente mi paciencia se fue al traste y me decidí a encararle de una vez por todas. Puede que mi cuerpo le pertenezca, pero de momento yo todavía soy el dueño de mi mente.
Salí del dormitorio y me dirigí escaleras abajo, aunque nunca llegué a pisar el suelo del rellano. Sus voces me llegaban nítidamente gracias al abovedado techo sobre la sala de estar.
—No me trates como a un crío, Catarina ¡tú mismo lo has visto! ¡Mi cuerpo ha reaccionado con él! —Escuché gritar a un enfurecido Magnus.
—A mí no me alces la voz. —Escuché la tranquila voz de Catarina.
—Pero no lo comprendo, ¿a qué viene tanto alboroto? —Intervino Tessa. —No has podido tener una erección con aquella chica, ¿y qué? Quizás intentabas forzar las cosas y-
—¿Forzar las cosas? Soy un íncubo, Tessa: no fuerzo nada. Si mi cuerpo tiene hambre tendré una erección para alimentarme del humano que sea ¡No seas ridícula!
—Te he dicho que no alces la voz.
—Ha sido una vez. No tienes que sacar las cosas de quicio.
—¡No es la primera vez! ¡Llevo así algún tiempo! —Magnus alzaba la voz, pero se notaba que no estaba cabreado con ninguna de las dos mujeres. Quizá solo se odiase a sí mismo. —Solo he podido alimentarme de él durante semanas, ¿entiendes? ¡Y él no me satisface lo suficiente como para mantenerme fuerte! ¿Cómo pretendes que siga viviendo así?
Volví a subir las escaleras con todo el sigilo que fui capaz. Una sonrisa se extendió por mi rostro mientras el eco de los gritos seguía resonando en mi cabeza ¿Ahora él no puede alimentarse de otros? Me encerré en la habitación esperando a que Magnus viniese en mi busca pero, al transcurrir dos horas sin que él apareciese, no pude más y fui a buscarle por mi cuenta.
..
Magnus, sentado en el interior de la bañera de hidromasaje, parecía agotado. Su cabello, normalmente lleno de colores y brillos, caía lacio y empapado sobre sus hombros; y su mirada, libre de cualquier maquillaje, estaba fija en el agua llena de espuma que le cubría hasta el pecho.
Este baño es mi preferido de los diecisiete que Magnus tiene en su casa. Quizá porque es el único que no es de miles de colores y que no está lleno de purpurina y brillos artificiales. Este baño es simple y llanamente azul.
—¿Me permites? —Él no dijo ni hizo nada, así que yo tomé la botella de gel con olor a sándalo de su mano y comencé a frotar su cabello con delicadeza para lavarlo. Al contrario que otras veces, él ni siquiera parecía percatarse de lo que yo hacía. —¿Quieres que me marche?
Magnus siguió sin decir nada, pero su mano salió disparada en dirección a mi muñeca y la sujetó con fuerza. Yo seguí a lo mío y por fin conseguí que su cabello estuviese libre de restos de gomina. Después me dedique a coger el mango de la ducha y a aclarar de espuma su pelo.
—¿Necesitas que te ayude también a lavarte el resto? —Pregunté en tono de broma. Y, de nuevo, él no alzó la vista y no dijo nada.
Magnus no sabía que yo había estado escuchando la conversación que habían estado manteniendo, y yo tampoco tengo ningunas ganas de decírselo pese a que mi interior grita de alegría al saber que él no puede acercarse a otros. Supongo que ahora solo puedo hacer algo por él. O por mí.
Me alejé de él, su mano soltando mi muñeca con desgana y abatimiento. No tardé demasiado en librarme de mis amplias prendas.
—Magnus. —Susurré en su oído. Su cuerpo se tensó mientras yo me sentaba a horcajadas sobre él, provocando pequeñas ondas sobre la superficie del agua.
—¿Qué haces? —Me preguntó con incredulidad, al fin mirándome a los ojos.
Durante un segundo mi impulso fue levantarme y marcharme por donde había venido, pues está claro que esto no es lo mío y solo estoy haciendo el ridículo. Pero luego recordé por qué había decidido lanzarme: si consigo que él tenga suficiente conmigo, si consigo que él esté satisfecho… No necesitará ir a buscar a otros, ¿verdad? Quizás así consiga librarme del dolor que siento cada vez que se marcha.
—¿Quieres que me marche? —Repetí, aunque esta vez mirándole con suplica.
—Criatura… —Me llamó, su voz cargada de deseo y… algo que no pude reconocer.
—Llámame por mi nombre. —Le supliqué mientras me colocaba más cómodamente sobre él. No sabía de dónde había salido aquello, pero realmente necesitaba escuchar mi nombre saliendo de sus labios. —Llámame. —Repetí.
Él estaba excitado. Por mí. Mi cuerpo lo había conseguido de nuevo. Comencé a mecer mis caderas con suavidad, provocando un exquisito roce entre ambas erecciones. Las manos de Magnus se movieron con rapidez y me apretaron las nalgas con quizás más fuerza de la necesaria, provocando que un sonoro gemido escapase de mi boca al chocar mi cuerpo con el suyo.
—Alexander. —Gimió mientras una de sus manos acariciaba mis caderas con suavidad y la otra seguía masajeando con fuerza mis glúteos. Delicioso.
—Otra vez. —Le pedí.
—Alexander —Gimió contra mis labios mientras dos de sus dedos se enterraban en mí sin aviso alguno. Mi boca comenzó a soltar gemidos y mi espalda se arqueó, pero Magnus me tomó de la nuca para evitar que me alejara de él. —Alexander.
Uní nuestras bocas con ansia, llevando mis brazos a su cuello para poder profundizar más el beso. Mis caderas, que yo era completamente incapaz de controlar a estas alturas, comenzaron a moverse con más ímpetu mientras sus ahora tres dedos se movían de dentro hacia fuera con rapidez.
—Más. —Repítelo más. Llámame. Solo a mí. Soy yo con quien estás ahora. —Más.
Magnus gruñó antes de alzarme con fuerza, provocando que una gran cantidad del agua cayese por los bordes y mojase el suelo. No podría haberme importado menos.
Y entonces él se detuvo. Su miembro rozaba con dolorosa precisión mi entrada, desquiciándome.
—Alexander. —Volvió a su susurrar contra mis labios mientras acariciaba mi rostro. Separé una de mis manos de su hombro y la alcé, entrelazándola con la suya mientras él continuaba rozando mi piel con suavidad. —Mío.
Magnus hizo bajar mi cuerpo con una velocidad y una fuerza inhumanas, haciendo que soltase un grito que ni yo mismo sabía si era por el dolor o por el placer. Él tampoco me dio tiempo para averiguarlo. Sus manos aferraban con fuerza a mis muslos mientras mi cuerpo se alzaba de nuevo para volver a bajar con fuerza.
—Más. —Rogué.
Ahora sé con total seguridad que nunca seré capaz de odiarle.
..
—Has escuchado lo que estaba diciendo antes. —Susurró contra mi pelo mientras me abrazaba con fuerza. Por algún motivo mi cuerpo se encontraba terriblemente débil, así que Magnus me había llevado hasta su cama y ahora ambos estábamos tumbados sobre ella. —Creí haberte dicho que te quedases en el dormitorio.
—Lo siento. Estaba enfadado contigo y necesitaba gritarte. —El cuerpo de Magnus vibró con su risa.
—Tú siempre estás enfadado conmigo.
—Ahora no lo estoy. —Dije antes de depositar un pequeño beso sobre su pecho, justo a la altura de su corazón.
Magnus se puso tenso durante unos segundos y creí haber dicho algo malo hasta que se incorporó con rapidez y atrajo su rostro al mío para besarme. Fue un beso húmedo y absolutamente delicioso que dejó a mi agotado cuerpo con ganas de más. Pero entonces él se alejó y volvió a colocarse en la posición de antes, instándome a imitarle.
—No decías en serio lo de no dejar que Catarina y Tessa me visiten, ¿verdad?
—¿Eso también lo has escuchado? —Farfulló. —No quiero que pases más tiempo con ellas que conmigo. No es natural.
¿Natural?
—Tú casi nunca estás. —Protesté. —Si ellas no vinieran aquí de vez en cuando me habría vuelto loco hace tiempo.
Su rostro se contrajo en una mueca y supe que prácticamente me lo había ganado.
—No me las arrebates a ellas también. —Añadí para terminar de convencerle. —No me alejes de ellas como me alejaste de mi familia.
Una máscara de dolor transformó su rostro de forma tan fugaz que creí habérmelo imaginado.
—¿Serás feliz si dejo que vengan?
—Sí.
—¿Y serás tan complaciente como hoy si lo hago? —Ronroneó.
—Te lo juro.
Él suspiró con alegría, mientras acariciaba mi cabello.
—Duerme un rato, criatura. —Me instó. —En unas horas volveré a disfrutar de ti.
Alcé mi rostro y lo besé con deseo.
—¿Y por qué no ahora? —Gemí contra su boca.
Magnus me miró con sorpresa antes de que una siniestra sonrisa se extendiera por su rostro.
—Ahora sí que no pienso dejarte marchar nunca, criatura. Serás siempre mío.
¡Hasta este domingo! :D
