¡Semanas! Lo sé, soy una persona horrible.
Han sido unas semanas horrorosas por motivos de salud y tiene pinta de que esto va a continuar así durante bastante tiempo. Gracias al cielo he conseguido avanzar bastante de los futuros capis y, a partir de ahora, si yo no puedo actualizar lo hará mi amada SMJ. Siempre tan servicial, la pobre. La tengo de criada xD
Siento muchísimo todo el retraso, pero ya estoy de nuevo por aquí y el fic no volverá a pararse por tanto tiempo ni muerta.
¡Nos leemos este domingo!
¡Os adoro!
Capi dedicado a mi pequeña percebe (ejem xD)
Siento muchísimo no haber podido actualizar para el día 12, pero igualmente te dedico un capi hoy, que es 17 ¡Feliz no cumpleaños!
Pfff... No, en serio: Feliz cumpleaños con mucho atraso, querida. Ya sabes: las personas retrasadas siempre vamos con atraso (?)
Y no olvido lo que te prometí, querida. Promesa ;)
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
..
*Rumiko No Haru: Sé que hace un mundo desde que me escribiste el review, así que siento en el alma contestarte tan tarde ¡te debo un café por eso! (?)
Muchas gracias a ti por pasarte a leerme y dejar un review. Me alegro mucho de que te guste lo que escribo, pese a que la mayoría son puras chifladuras de mi mente perturbada xD
Un abrazo enorme ¡y de nuevo perdona por la tardanza!
Magnus tiene muchas virtudes. La mayoría de ellas se aplican en el plano sexual, pero supongo que eso es algo normal teniendo en cuenta lo que él es ¿no? Sea como fuere, hay algo que lo pone terriblemente nervioso todas las mañanas.
—Me he pasado la última hora cocinando para que podamos desayunar juntos, ¿por qué no me haces caso y dejas los estúpidos libros que no paras de releer?
Miré con desgana el plato que se supone debía contener huevos revueltos y bacon, pero que lo único que mostraba era una amasijo de texturas para nada comestibles. Magnus tiene muchas virtudes, pero cocinar no es una de ellas.
—Vamos, criatura. —Odio cuando pone esa carita de súplica. Cuando era pequeño me enseñaron que los demonios son seres horribles y horrendos, ¿por qué entonces el demonio que tenía frente a mí tenía que ser tan perfecto? —Ven, déjame a mí.
Magnus tomó una porción de… eso en su tenedor y lo guió hasta mi boca. Tragué como pude aquella horrible mezcla de sabores intentando no plasmar el asco en mi cara. El íncubo pareció satisfecho, porque me cedió el tenedor y volvió a los fogones a seguir con lo que sea que estuviese cocinando. Sé que él se alimenta de otro tipo de cosas y no le es necesario en absoluto cocinar medianamente bien, pero tras ochocientos años supongo yo que algún rato libre para intentar aprender habrá tenido.
Tampoco es como si me estuviese quejando. A pesar de su sabor "único" y pese a que no sé ni qué se supone que estoy comiendo, es bonito ver que se preocupa por hacerme esto más fácil. Las últimas semanas estuvo muy pendiente de mí, y eso me produce cierta satisfacción que sé que no debería sentir. Debería darme igual lo que mi captor hiciese o dejase de hacer; debería preferir que él me dejase tranquilo a que pasase cada día conmigo. Pero...
..
Desde que encontré aquél extraño artilugio en una de las habitaciones que Magnus usa como trastero no he podido quitármelo de la cabeza. Él lo llama "estela" y asegura que se lo arrebató a un Cazador de Sombras asesino que trataba de hacer daño a unos hombres lobo. A mí toda esa historia me sigue pareciendo rara, sobre todo porque he leído lo suficiente como para saber que los Cazadores de Sombras nos protegen y no son seres crueles. A Magnus no le gusta que haga ese tipo de comentarios.
—¿Otra vez estudiando a esos estúpidos nefilim, criatura? —Susurró a mi espalda, sobresaltándome ¿cómo hace para ser tan sigiloso?
—Son interesantes.
—Son crueles, y asesinos. Una raza en decadencia, demasiado egocéntricos y narcisistas como para cumplir con el cometido que se les asignó. —Magnus pasó sus brazos por mi cuello, abrazándome desde atrás. —Deberías interesarte por seres más avanzados. Como yo.
Una risita se escapó de mis labios mientras Magnus me miró, ceñudo.
—¡Oh, vamos! ¿Qué más hay que saber de ti? Los demonios como tú sois de los más inferiores, ¿verdad? Os al- —Magnus había cortado cualquier tipo de contacto conmigo y me miraba con enfado. —Solo te digo lo que pienso, no me mires así.
—A veces deberías medir tus palabras, criatura. —Su mano me tomó del mentón con delicadeza, pero al mismo tiempo con la fuerza suficiente como para hacer que mi cuerpo se voltease hasta mirarlo cara a cara, quedando yo apoyando mis brazos sobre el respaldo del sillón donde estaba sentado. —Yo nunca haré nada que pueda propiciarte daño alguno, mas-
—No todos los de tu raza son como tú. —Completé. —Lo sé.
El íncubo me miró con curiosidad.
—¿Crees que soy débil? Por mantenerte aquí; por no matarte.
Guié con cierto temor mi mano hasta su rostro, pero en seguida tomé confianza y comencé a acariciar la tersa y suave piel de su mejilla.
—Creo que eres magnífico.
Aquello no hizo más que extender una enorme sonrisa por su rostro antes de que él me atrajese hacia su cuerpo y me besase con dulzura.
..
—He estado pensando en sacarte a dar una vuelta. —Ambos estábamos recostados en una de las enormes bañeras de Magnus. Esa que era lila con detalles dorados, para ser más exactos. —No puedo arriesgarme todavía a sacarte mucho tiempo de aquí, porque el Consejo no me ha dado permiso pero…
—¿De verdad? —Magnus, que había tenido su espalda apoyada en mi pecho mientras descansábamos tranquilamente, se dio la vuelta para mirarme con una enorme sonrisa.
—Solo unas pocas horas, lo mínimo posible, para que esos estúpidos demonios ancianos no se percaten, ¿Te apetece?
¿Apetecerme? ¿Poder rodearme de más gente y que el aire puro toque mi piel después de vete tú a saber cuántos meses ya?
—Mucho. —Le respondí antes de besarle.
Magnus me separó de él a los pocos segundos, mirándome con enfado.
—Ve a vestirte y prepararte antes de que cambie de idea y ocupemos el día de hoy en tareas más…digamos… placenteras. —Culminó pegándome una suave pero sonora nalgada.
Solté un pequeño gemido y sentí, avergonzado, cómo mi rostro se volvía completamente carmesí mientras Magnus me miraba con fascinación.
—O sales de aquí antes de cinco segundos o no respondo de mis actos y te quedas sin tu salida al mundo humano.
Me levanté lo más aprisa que pude de la bañera y salí poniendo todo mi empeño en no resbalarme por toda la superficie empañada de vapor. Alcancé una de las toallas que había por ahí encima y estuve a punto de salir por la puerta, pero un pequeño acto instintivo me retuvo. Me incliné sobre Magnus, que todavía estaba en remojo y me miraba con diversión, y deposité un suave beso en sus labios.
—Gracias. —Susurré mientras me separaba de él.
Me dirigí hacia la puerta con el corazón latiéndome con fuerza.
Siempre me ha parecido que las personas que sucumben a una reacción psicológica como es el síndrome de Estocolmo son débiles e idiotas. Está claro que no puede salir nada bueno de ahí; está claro que no es más que un engaño de la mente. Giré la vista una última vez y mis ojos se toparon con los de Magnus, que me miraba con una sonrisa preciosa. Sentí mi corazón incrementar todavía más su ritmo, pero me negué a admitirlo
Yo no soy débil, yo sé cómo me siento y él no es más que un demonio que ha destrozado mi vida por un simple capricho estúpido e infantil. Le odio. Le odio y debo salir de aquí cuanto antes.
..
No entiendo muy bien eso de "trasportarse" de un lugar a otro. Por lo que había leído, los demonios, brujos y Cazadores de Sombras podían moverse a través de Portales que ellos mismos creaban. Magnus simplemente me había sujetado con fuerza de la cintura e inmediatamente después no encontrábamos en las inmediaciones del horrible Puente de Brooklyn. ¿Nueva York? ¿En serio? ¿En su desquiciada mente no podía darse cuenta de que estar aquí podría hacerme daño? Aunque claro, ¿desde cuándo a él le importa una mierda lo que yo pueda sentir?
—Siempre me ha gustado Brooklyn, —Comenta mientras me toma del brazo y me insta a caminar. — sobre todo en los viejos tiempos. Ahora las cosas están más normalizadas, pero no hace demasiados años por aquí solo vivían inmigrantes que-
La gente iba y venía atareada en sus quehaceres. Nunca antes me había percatado de lo que mi hermano pequeño denominaba "el estrés de la gran ciudad", pero ahora, después de pasar bastante tiempo fuera, coincido con Max en que tanto ruido y tanta persona yendo a toda prisa de aquí para allá es desquiciante.
Magnus tiraba de mí sin cuidado alguno; mientras él esquivaba con gracia a los transeúntes, a mí, a su espalda, me tocaba chocarme con la práctica totalidad de ellos mientras murmuraba disculpas una y otra vez. Acabo de recordar por qué no me gustaba salir de casa y solo lo hacía cuando era necesario: no soporto las aglomeraciones de gente.
..
Aunque, supuestamente, si habíamos salido de su dimensión demoníaca (o como demonios se llame) era para que yo pudiese despejarme, el único que parecía divertirse era él. Me guiaba con precisión de tienda en tienda mientras yo me ocupaba de decirle qué le quedaba "magnífico" y qué no le hacía destacar lo suficiente y, una vez efectuadas las compras, me tocaba llevar los paquetes y bolsas. Tampoco me respondió ni una sola vez cuando le preguntaba de dónde sacaba el dinero ¿Los demonios tienen algún tipo de empleo? No recuerdo haber leído nada sobre ello en la biblioteca. Tendré que investigar cuando… mierda.
Para cuando recuerdo lo que realmente he venido a hacer aquí ya he perdido prácticamente toda la tarde.
Nos hemos detenido en un cafetería a tomar algo, ya que Magnus asegura que debe mantenerme con fuerza ¿Se cree que soy su mascota, acaso? Ahora entiendo la línea de pensamiento de los vegetarianos que se meten con las grandes empresas por cebar a un animal para luego alimentarse de él. Sentirme un trozo de alimento gigante es repugnante, por mucho que él finja que significo algo más. Odio cómo me hace sentir.
Magnus está en la barra pidiendo algo mientras yo me acomodo en una de las mesas y voy dejando sus innumerables compras, que han conseguido acalambrar mis brazos, sobre las sillas cercanas para así poder mantenerlas vigiladas. Magnus gira la cabeza en ese instante y me lanza un guiño antes de volver su vista al frente y seguir coqueteando con el precioso camarero que parece sacado de una pasarela de modelos. Seguramente él será su próxima "comida", después de todo ha seguido saliendo. Yo solo soy… ¿Qué soy yo? ¿Su postre? ¿Esa pequeña porción que solo te tomas después de las comidas si no te has saciado lo suficientes? La simple idea me repugna. Yo me repugno.
Por un momento pienso en Magnus y en la cara de tristeza tan descorazonadora que muestra cuando algo le resulta doloroso. Pero entonces el camarero le tiende una tarjeta. Su número para que puedan quedar, seguramente. ¿Qué estoy haciendo? Es un demonio, solo finge cuando está conmigo para mantenerme sujeto.
Magnus se acercó a mí con una sonrisa enorme.
—En seguida vuelvo, criatura. —Dijo mientras dejaba un café frente a mí y se marchaba, desapareciendo por la puerta de empleados junto a aquel muchacho.
Debe de ser divertido jugar conmigo.
..
Durante mucho rato no hago más que correr entre las calles. Me choco contra varias personas y otras tantas me miran con enfado, pero no me importa. Doy gracias silenciosamente al pesado del profesor Starkweather por haber insistido tanto en hacer carreras de resistencia en sus clases de Educación Física. Para cuando al fin me detengo sigo estando demasiado lejos de casa, pero solo a dos manzanas de una parada de metro. Gracias al cielo que se me ocurrió esconder de la vista de Magnus toda mi documentación y el poco dinero que llevaba en la cartera el día en el que él…
Nunca me había gustado que Jace y Clary se fuesen a vivir juntos siendo tan jóvenes. Jace y yo siempre habíamos sido como hermanos y que se fuera de casa fue un gran mazazo para mí, pese a que a Izzy pareció no importa le demasiado. Desde pequeños habíamos sido solo nosotros: Isabelle, Jace y yo, pero luego empezaron a venir sus amigos, familiares… Me gusta mucho Jem, y Cecily me parece adorable pese a su cabezonería; pero no me gustan los cambios. Nunca sabes si un cambio va a ser a mejor o a peor, y la espera hasta saberlo se convierte en interminable.
La parejita de oro vive en un barrio tranquilo, en un casa acogedora donde todo es terriblemente aburrido, según Jace. Ojalá yo hubiese podido tener la oportunidad de tener una vida así. No. Todavía puedo. Sé que puedo. Lejos.
Le dedico una última mirada a la exquisitamente decorada puerta de entrada (obra de Clary, como no) y me dispongo a darme la vuelta para despedirme de todo cuando alguien choca de bruces contra mí.
—¡Imbécil! —Sisea. —¡Me has manchado el vestido nuevo! ¿Tienes idea de lo caro que me costó? ¿Dónde narices estabas mirando para no percatarte de mi espléndida persona?
Sigue igual que siempre. Supuse que después de tanto tiempo sin verla podría decir algo como "está más alta" o "ha adelgazado", pero sigue siendo la misma Izzy de siempre. Puede que para mí haya sido un tiempo eterno, pero solo han sido unos meses, a fin de cuentas.
—¿Tengo monos en la cara? Sé que soy preciosa, pero tampoco me gusta que un pirado se me quede mirando sin decir una palabra ni- ¡eh! ¡idiota! ¿Estás escuchando lo que te digo? —No creí que fuese así. No creí que en realidad dolería tanto. Me preparé para ello. Lo sé desde hace tiempo. Las lágrimas comienzan a salir sin que yo pueda evitarlo, cegándome. —Oye, tampoco pretendía… ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda? Puedo llamar a tu familia o-
Tengo que salir de aquí.
..
Me costó muchísimo matricularme en esta universidad. Mis padres se negaron a pagarla porque yo no había escogido los estudios elitistas que ellos deseaban para mí. Tuve que trabajar durante un año para poder pagar las tasas. Nunca me arrepentí de ello. Era una universidad normal, alejada de los internados de prestigio a los que había ido hasta cumplir los dieciocho. Incluso esto, mis estudios; Magnus me lo había arrebatado todo por un simple capricho. Porque ¿cómo decía él? "pelo negro y ojos azules es mi combinación favorita". Toda mi vida a la mierda por culpa de mis estúpidos ojos.
—¿Alec? ¿Alexander Lightwood?—Giré la cabeza, asombrado. —¡Sí! ¡Eres tú! Dios santo, ¿dónde te habías metido todos estos meses?
Sebastian Verlac se arrojó sobre mí y me dio un fuerte abrazo. Éramos compañeros de clase y puede que incluso lo llegase a considerar mi amigo, pero hasta ahora no me había dado cuenta de lo mucho que le había echado de menos.
—Seb. —Susurré al tiempo que le devolvía el abrazo. —¡Seb! —Repetí con más ánimo mientras comenzaba a reírme. Sebastian se separó y me miró con sorpresa, pero en seguida volvió a abrazarme mientras él también reía. —¡Me recuerdas! ¡Tú te acuerdas de mí!
Ésta vez Sebastian se separó de forma definitiva, mirándome con curiosidad pero sin perder la sonrisa.
—¿Cómo iba a olvidarte?
¿Podría ser? ¿Podría entonces él ayudarme? Alguien que me recordaba… Si yo le contaba todo lo ocurrido… Si él me creía… Podría alejarme de aquí y empezar de cero. Solo tendría que-
—Criatura.
La euforia que me embriagó mientras corría por las calles de mi ciudad, la nostalgia cuando vi la casa de mi hermano, el dolor cuando mi propia hermana no me reconoció, la felicidad cuando Sebastian sí lo hizo… Con una simple palabra él me lo quitó todo. Él siempre me lo arrebata todo.
Cerré los ojos con fuerza, tratando de ignorar la realidad.
—¿Alec, estás bien? —Noté la cálida mano de Sebastian rodeando mi muñeca y abrí los ojos para encontrarme con sus orbes negras mirándome con preocupación. —Parece que estés a punto de vomitar.
—Seb, yo-
—Criatura: aléjate de él. Ahora.
Una orden. El hijo de puta me había dado una orden sabiendo que debo cumplir todo lo que él me mande.
Lo miré con odio mientras me colocaba a su lado, alejándome de Seb.
—Nos vamos a casa, criatura. Ya.
Sebastian fijó su mirada en Magnus e intentó acercarse para interponerse entre nosotros. Ahora lamento no haber pasado más tiempo con Sebastian cuando podía. Es una gran persona, y un amigo estupendo. Fui un estúpido.
Magnus tan solo hizo un pequeño gesto con la mano y el rostro de Sebastian se quedó pétreo durante unos segundos. Acto seguido, su cara volvió a la normalidad y nos miró a ambos con una expresión entre el asombro y la curiosidad.
—¿Puedo ayudarles en algo?
Magnus mostraba una sonrisita de triunfo mientras se balanceaba en sus propios pies. Yo sabía que era inútil y que él volvería a encontrarme; sabía que ya no tenía ningún lugar donde ponerme a salvo. Pero, pese a todo, corrí.
..
Por mucho que traté de hacer encajar la llave en la cerradura ésta no entró. Puede que en estos meses Isabelle haya vuelto a perder las llaves de casa y tuviese que cambiar la cerradura. Otra vez. Es una irresponsable y una desorganizada. Y yo echo esas cosas terriblemente en falta.
No me resulta demasiado complicado forzar la puerta hasta abrirla, total ¿cuánto tardará Magnus en venir a por su mascota perdida? Para cuando Isabelle venga a casa y crea que le han robado yo ya no estaré por aquí.
El salón y la cocina están prácticamente igual que siempre. Más sucios y desordenados, tal vez; pero sigue siendo mi casa. Mi hogar. Recorro los pasillos con lentitud a sabiendas de que jamás volveré a estar por aquí. Voy a la habitación de Max, primero. Él debió pasar aquí las vacaciones de navidad, pues había papel de regalo en la papelera que nadie se había dignado a recoger. La habitación de Izzy estaba igual, o no; su habitual desorden me impedía ver si algo había cambiado. Supongo que lo peor fue entrar a mi habitación y darme cuenta de que ya no era mía. Star Wars, Juego de Tronos, El Seños de los Anillos… Y pensar que siempre había ignorado a Jace cuando decía que Isabelle y Simon acabarían juntos…
..
—Criatura.
Ni siquiera giré la cabeza.
Cuando Isabelle y yo decidimos que la casa familiar era demasiado grande para solo nosotros dos y buscamos un piso, tuvimos muy claro que queríamos que tuviese las habitaciones suficientes como para que nuestros hermanos pudieran hospedarse aquí siempre que lo necesitaran. La habitación de invitados era algo sosa y estaba bastante vacía, pero tampoco consideramos nunca que hubiese que hacer nada en ella cuando su uso era casi inexistente.
—Criatura. —Volvió a llamar.
Sentí la cama hundirse a la altura en la que él se había sentado. Un colchón demasiado blando en mi opinión, aunque Isabelle siempre decía que así es como normalmente los prefiere la gente.
—Alexander. —Su mano tomó con delicadeza mi rostro, haciendo que yo lo mirase. —Perdóname.
Una risita escapó de mis labios mientras desviaba la vista hacia una pequeña grieta en la esquina superior del techo.
—Criatura, por favor. —Sus labios buscaron los míos con ansia pero, por primera vez en mucho tiempo, solo sentí asco por su contacto. —No. No me mires así, por favor.
—Te odio. —Le siseé.
Magnus contuvo el aliento durante unos segundos y mostró una expresión de puro dolor que a duras penas duró unas milésimas. Ni siquiera sé si fue cosa de mi desesperado y enfermo subconsciente.
—No llores. Por favor, mi criatura. —Susurró mientras acunaba mi rostro. —No me gusta verte llorar.
—No estoy llorando. —Gemí al tiempo que él me acurrucaba entre sus brazos.
¿Por qué no puedo odiarle? Quiero hacerlo, ¡joder! ¡Lo que más deseo es odiar a este ser repugnante que me ha quitado todo! Quiero odiarle.
Magnus volvió a decirme algo. Él no paró de hablarme, pero mis sollozos ahogaron cualquier sonido hasta que conseguí quedarme dormido.
..
Cuando desperté ya era bien entrada la noche. Ni Isabelle ni Simon había vuelto por aquí. Bueno, supongo que el hecho de que sea sábado tendrá algo que ver.
Magnus sigue durmiendo a mi lado. Cuando duerme es cuando a mí me parece más hermoso; tan tranquilo, pacífico… Cuando está dormido no puede hacerme daño.
— Yo nunca haré nada que pueda propiciarte daño alguno.
No todo el dolor que puedes hacerle a una persona es físico. Las heridas que llevas por dentro son las menos perceptibles pero las más dolorosas.
Sus hipnotizantes ojos se abrieron de pronto, mirándome fijamente como un búho. Magnus se incorporó levemente sobre su codo y comenzó a inspeccionarme con detenimiento.
—¿Estás mejor? —¿Mejor? —No debiste salir corriendo así. Te dije que me esperaras ¡TE DIJE QUE ME ESPERARAS!
Ni siquiera fui consciente de mi mano hasta milésimas después, cuando el daño ya estaba hecho. Magnus guió su propia mano hasta su mejilla mientras me miraba atónito.
—¿Qué has-?
—¡Yo no soy tu mascota! —Le grité. Magnus me miró con cara de aturdimiento, confundido. —¡No puedes simplemente decirme "haz esto" o "haz lo otro" y esperar a que yo lo hago solo porque sí!
Magnus intentó acercar su mano a mi cara, pero yo se la aparté de un manotazo. Imperturbable, él levantó la mano de nuevo y comenzó a limpiar las lágrimas que caían por mis mejillas.
—¿Eso es lo que te molesta?
—¿¡A ti qué te parece!? —Imbécil. Idiota.
Su rostro se volvió pensativo mientras me miraba fijamente.
—¡No me mires como si yo fuese un juguete! —Volví a chillarle, histérico. Ni yo mismo sé qué me pasa.
Por su rostro se extendió una sonrisa triste antes de que moviese su cuerpo y se colocase sobre mí. Yo lo continué mirando con rabia mientras él seguía acariciando mi rostro con la mano que no utilizaba para sujetarse en el colchón.
—¿Qué más?
—¿Q-Qué?
—¿Qué más te duele? —Dijo antes de besar con ternura mi mejilla. —¿Qué más puedo hacer por ti? No te daré órdenes, Alexander. Y ni mucho menos pienses que eres mi mascota o un simple juguete. —Un sonrojo se extendió por mi cara mientras él me miraba fijamente. —Dime qué más hacer para hacerte feliz.
Cerré los ojos con fuerza mientras las lágrimas caían con mayor frecuencia. Magnus se apresuró a recogerlas mientras mi mente gritaba contradicciones. Debería decírselo. Tengo que decirle ahora que me deje libre. Que deshaga todo lo que ha hecho.
—No vuelvas a irte. —Sollocé. Magnus separó su rostro del mío y me miró sin comprender. —¿No tienes suficiente conmigo? ¿Por qué no puedo ser suficiente para ti?
Él tardó unos segundos en reaccionar para acto seguido estallar en carcajadas.
—¿Eso te molesta? —Preguntó sin dejar de reír.
Lo sabía. Es un demonio y yo solo soy…
Le pegué en el estómago el golpe más fuerte que pude acertar debido a mi posición y aproveché que él se cayó hacia atrás para incorporarme y dirigirme hacia la puerta. Cuando coloqué mi mano sobre el pomo, la suya me detuvo, agarrándome con fuerza. Magnus apoyó su pecho contra mi espalda, reposando su cabeza en mi hombro.
—Perdóname. No sé cómo tratarte. Esto es nuevo para mí y no sé qué hacer para mantenerte feliz.
Ambos nos quedamos callados durante unos minutos, yo ni tan siquiera me atrevía a respirar con demasiada fuerza.
—¿Por qué borraste la memoria de Sebastian? Él no tenía nada que ver con todo esto.
Magnus no contestó. Se quedó callado mientras los dedos de su mano se entrelazaban con los míos sobre el pomo.
—Tú le abrazaste. Sonreías. —Sentí su cuerpo tensarse mientras apretaba más mi mano. —A mí me costó muchísimo que sonrieses para mí. Y nunca me has sonreído así, tan…
—Feliz.
Magnus soltó mi mano con lentitud y, con delicadeza, me tomó de la cintura y me hizo girar hasta que quedamos frente a frente.
—No quería que fueses feliz al verle a él. Quiero que seas feliz cuando me veas a mí, criatura. Quiero ser el que te haga feliz. —Una solitaria lágrima descendió por su mejilla ¿los demonios pueden-? —Quiero una de esas sonrisas, Alexander. Necesito que tú me sonrías así.
—Los esclavos no pueden sonreír, Magnus. Sus sonrisas están huecas y son falsas.
—Tú no eres mi-
—Sí, lo soy. No lo niegues, porque tú lo sabes. —Soy ése perrito que vio en la tienda de mascotas y le pareció tan mono pero al que al final cogió asco porque a través del cristal era mucho más bonito. —Eso que tú sentiste cuando me viste con Sebastian es lo que siento yo cada vez que te vas. Siento que me estás matando, Magnus.
Magnus contuvo el aliento mientras más lágrimas caían por sus ojos. Magnus apretó sus brazos alrededor de mis hombros, abrazándome con fuerza mientras repetía una y otra vez palabras que yo no alcanzaba a comprender. Y allí me encontraba yo; perdido, solo y consolando a un demonio cuya revoltosa mascota le había salido demasiado rebelde y no hacía más que molestarle.
—Nunca más. —Dijo entonces. Separé mi cuerpo del suyo y lo miré a los ojos, buscando respuestas a mis preguntas. —Nunca más me alimentaré de otro que no seas tú. Es raro… y… no sé cómo hacerlo. Para nosotros alimentarnos de humanos es lo natural y… yo…
Me erguí lo suficiente para poder depositar un casto beso en sus labios. Se me hace raro encontrar a alguien más alto que yo, así que el simple gesto me descoloca. A Magnus también parece haberle sorprendido. El íncubo me mira fijamente antes de que una enorme sonrisa se extienda por su cara.
—Nunca más tocaré otros labios que no sean los tuyos, mi preciosidad. —Coloqué mis manos en su estrecha cintura, acercando lo más posible su cuerpo al mío. Él, por su parte, apoyó su frente contra la mía. —Solo me alimentaré de tu glorioso cuerpo, mi perfecto humano. —Magnus lamió con parsimonia mi labio, haciendo que por puro instinto mi boca se abriese buscando más. —Tengo hambre, mi criatura.
—Tómame. —Gemí desesperado mientras mis manos desabrochan sus ajustados pantalones.
Magnus gruñó con fuerza antes de chocar su boca con la mía. La saliva se escurría por mi mentón, y en este punto yo era incapaz de saber si era mía suya o-
—Nghh… —Mordí mi labio inferior con fuerza para ahorrarme la vergüenza de gritar como una colegiala en celo simplemente porque él estuviese acariciando mi recién liberada erección.
—Gime, criatura. Quiero escucharte. Quiero escuchar cuánto disfrutas al ser mío. —Mío. Escuchar algo así no debería excitarme de la manera en que lo hace.
No era consciente de nada. No sabía por qué mi mente ya no era capaz siquiera de concebir la idea de huir de él. No sabía por qué confiaba en él, un demonio que en un principio ni siquiera debía existir. Tampoco debería haber dejado que me desnudase y me tendiese sobre la cama de una casa que ya ni siquiera es mía
Lancé un pequeño grito cuando Magnus acertó en mi próstata.
—Más fuerte —Sollocé. Magnus gruñó como una fiera salvaje antes voltearme hasta dejarme sobre mi costado y de agarrar con fuerza mi muslo hasta alzar mi pierna. —Oh, Dios. —Lloriqueé mientras sentía cómo moría de placer con cada profunda embestida.
—"Dios" no tiene nada que ver en esto, criatura. Solo yo podré hacerte sentir de tal forma, ¿me oyes? —La fuerza y rapidez de sus acometidas aumentó, provocando que me tuviese que aferrar a él para no resbalarme. Tan profundo… —¿Lo entiendes? Solo conmigo, bebé.
Algo húmedo cayó por mi mejilla. Traté de ignorarlo y me centré en el enorme placer que me hacía perder la cabeza, pero cuando volvió a repetirse miré a Magnus. Por sus ojos cerrados por el placer caían lágrimas que acababan mojando mi mejilla y mi nuca.
—Magnus. —Lo llamé como pude. De nuevo una fuerte embestida me distrajo, inundándome en el placer. —¡Magnus!
Mierda. Ni siquiera yo era capaz de diferenciar mis llamadas de mis gemidos. Alargué mi brazo como medianamente pude y lo tomé de la nuca, tratando de acercarlo lo más posible a mí. Él disminuyó el ritmo de la penetración, lo que aclaró bastante mi mente, y entreabrió sus ojos humedecidos para mirarme con,,, no… los demonios no pueden… Es solo lo que yo deseo ver.
—Mi Alec… —Susurró mientras se acercaba más a mí, su boca rozando la mía. —No vuelvas a marcharte. No vuelvas a huir de mí. No- —Su voz se quebró mientras yo sentía cómo mi corazón se deshacía. —No vuelvas a dejarme solo.
—Nunca. —Le susurré antes de unir nuestros labios. Mis caderas comenzaron a moverse buscando un movimiento que Magnus pronto se encargó de otorgarme, volviendo a llenar de nuevo mi interior con su enorme miembro. —Más fuerte.
Magnus me tomó con fuerza de la cintura y profundizó hasta un punto insoportablemente placentero sus embestidas mientras yo solo podía deshacerme en gemidos que acababan atrapados en su boca.
..
Entre la neblina del sueño creí escuchar cómo Magnus me hablaba, pero era incapaz de distinguir las palabras. Además, su voz solo formaba parte de mis sueños. Él nunca podría decir ésas dos palabras. No puede.
..
Cuando desperté me encontraba de nuevo en nuestra cama. Su cama, quiero decir. Magnus, para no variar sus costumbres, me miraba fijamente mientras acariciaba mi rostro.
—¿Has dorm-?
—Sí. —Le interrumpí antes de besarle.
Magnus sonrió dentro del beso mientras acariciaba sutilmente la piel desnuda de mi cadera, provocándome una sensación placentera.
—Vamos a la ducha, criatura. —Dijo mientras se levantaba y tiraba de mí hasta ponerme en pie para acto seguido comenzar a empujarme hacia la puerta. —Hueles a sexo y, como no consiga quitarte ese olor, no voy a poder aguantar sin volver a estar en tu interior.
Valga decir que ni siquiera pudo contenerse hasta llegar al cuarto de baño.
..
Hice girar la estela entre mis dedos unas cuantas veces mientras miraba cómo Magnus se peleaba con la sartén del desayuno. Tendré que añadir a mi lista de parafilias raras de cojones "que me parezca sexy ver cómo un demonio hace huevos fritos", justo por debajo de "me excita sobremanera hacerlo en el cuarto de baño porque ahí dentro todo el aire huele como él" y por delante de él "cuando él está muy excitado y sus manos se iluminan con llamas azules me excito tanto que no puedo aguantar sin correrme, incluso si no me toca". Yo antes no era así, ¿qué demonios me pasa?
—¡Listo! —Exclamó Magnus de forma triunfal antes de que un plato se estrellase contra la mesa justo frente a mí. Mira, no está mal: nada quemado, esta vez.
—Gracias. —Le sonreí por inercia.
Magnus se puso tenso al instante, arrebatándome con delicadeza el tenedor con comida que estaba a punto de llevar a mi boca.
—Criatura, —Dijo con duda en la voz. — no vuelvas a sonreír si no sientes de verdad que debes hacerlo. —Él mismo guió el tenedor hasta mi boca, que yo abrí para saborear la comida. Nada mal. —No eres mi mascota, Alexander.
Magnus continuó alimentándome, mirando con fascinación mientras ya vaciaba poco a poco el plato.
—Tú me alimentas a mí, —Contestó cuando yo le pregunté que por qué estaba haciendo aquello. —me parece justo ser yo quien te alimente a ti.
Sentí el sonrojo acudir a mi cara, pero me aseguré a mí mismo que era porque Magnus había echado demasiado picante como condimento.
Cuando hube terminado de comer, Magnus me limpió la boca con una servilleta antes de dedicarme una gran sonrisa y marcharse alegremente hacia la cocina, donde se puso manos a la obra para limpiar los platos y cachivaches sucios. No sé si la escena me resultó rara por el hecho de que él podía hacer esas cosas con su magia, o porque ver a un demonio con un delantal rosa con volantitos es muy perturbador.
Dejé a Magnus con sus cosas y me dirigí hacia la biblioteca a seguir investigando. Poco quedaba ya sobre los Hijos de Raziel que no hubiese leído con anterioridad, pero era una buena forma de entretenerme.
—Ayer me encontré con Jem. —Dijo Magnus. Me pegó tal susto que casi me caigo de las escaleras en las que estaba encaramado. —Justo a la puerta de la universidad.
Magnus me ayudó a bajar de lo alto los tomos que quería y después ambos nos dirigimos a mi lugar favorito. Como siempre que estábamos aquí, él se acostó con la cabeza apoyada en mi regazo.
—Estaba con ése humano suyo, el insoportable. —Will era un poco plasta, pero no era mal tío… cuando lo conocías. —Estuvimos hablando de cosas por encima y de algún modo salió a relucir el nombre de Gabriel Lightwood, el novio de una de las chicas presentes en mi Invocación.
¿Novio? Vaya, así que formalizaron lo suyo…
»Pregunté sobre los Lightwood y descubrí algo bastante curioso, ¿sabes? Creo que al fin comprendo por qué el Consejo pone tantas pegas con haberte puesto el Sello de posesión. Tu familia desciende de un gran linaje de Cazadores de Sombras. Puede que de ahí venga tu afición a leer sobre ellos, quién sabe.
—¿Mis padres eran-?
—No. No tiene por qué. Puede que tu tatarabuelo decidiera abandonar a los nefilim y escondiese la verdad a sus futuros descendientes. O quizás lo echaron por cometer algún crimen. Recuerdo a un tal Benedict Lightwood que no era muy buena pieza. —Comentó pensativo.
—Y yo, ¿Qué soy?
—Si hubieses sido un nefilim iniciado nunca podrías haber sido un Candidato, va contra las normas. Puede que hubieses podido convertirte en Cazador de Sombras, no lo sé. —¿Yo? ¿En Cazador de Sombras? No sería capaz de matar a un solo demonio, con lo débil que soy. —Te lo he dicho como curiosidad, no le des más vueltas.
Eso es fácil de decir pero…
—¿Magnus?
—Debí suponer que no te callarías. —Dijo tratando de sonar enfadado mientras rodaba los ojos. Su tierna sonrisa lo delataba. —¿Qué te carcome tu alocada cabeza de humano?
—¿Qué hubiese pasado si yo fuese una nefilim y las cosas se hubiesen dado como correspondía? Quiero decir: Si yo fuera una nefilim y un Candidato al mismo tiempo y un íncubo o súcubo hubiese tomado mi…bueno, ¿qué hubiese pasado?
—No le des más vueltas a eso, criatura. Gracias a esto —Dijo acariciando la piel desnuda donde estaba el Sello que él mismo colocó sobre mi corazón hace meses. — tú nunca tendrás que transformarte en íncubo. No debes preocuparte por nada.
..
Me lo prometió. Prometió que no se iría, pero se ha vuelto a ir.
Esta mañana, al despertar, Magnus no estaba en casa. Seguramente ha aprovechado y en cuanto me dormí se fue en busca de otra persona que lo alimente. Soy un imbécil por haber creído que él… Dios, soy un completo idiota. Ni siquiera un día. Ni un mísero día ha tardado.
Cuando él vuelve, tres horas después, yo me niego siquiera a moverme de la cama, donde me acurruqué horas atrás al ver mi escaso ánimo para hacer nada.
—Criatura. —Me llamó. Vete a la mierda, Magnus. —¿Criatura?
Magnus se arrodilla en el lado de mi cama, pero yo me niego a abrir mis ojos.
Vete a la mierda. Vete a la mierda.
—Mierda, ¿estás enfermo? —Con la inusual fuerza que a mí sigue sorprendiéndome, Magnus me toma entre sus brazos antes de volver a sentarse en la cama conmigo en su regazo. Miro su rostro lleno de preocupación mientras él me observa detenidamente, en busca de una enfermedad inexistente. —No estás…¿Qué ocurre, entonces?
—Prometiste que no te irías. —Le gruño.
Magnus me apretó con fuerza entre sus brazos, asfixiándome.
—Lo sé, perdona. —¿Perdonarte? Y una mierda. —Debiste asustarte al despertar solo; pero el Consejo me llamó con urgencia. Y tengo que aclarar esto, criatura. Cuando antes se aclare todo contigo antes podré sacarte de aquí durante más tiempo. De viaje, ¿recuerdas?
—¿Estabas con el Consejo?
—¿En qué otro lugar iba a estar? —Susurró mientras guiaba mi cara hacia la suya.
Yo me adelanté a él, estampando mi boca contra la suya de forma desesperada. Magnus se quedó inmóvil a causa de la sorpresa, pero no tardó demasiado en corresponderme mientras acariciaba todo mi cuerpo con ansia.
—Tan perfecto… —Murmuraba una y otra vez mientras dejaba pequeños chupetones allá por donde alcanzaba.
Ahora mismo no tengo muy claro cuál de los dos es el demonio que necesita sexo para poder vivir.
..
—No vuelvas a irte sin avisarme. —Le pedí.
Magnus, que parecía muy entretenido jugando con mi cabello, me miró con curiosidad.
—¿Es otra de las cosas que debo hacer para que seas feliz?
—Sí. —Le dije.
—Pareces más feliz, ahora. —Dijo mientras acariciaba mi rostro. —¿Podrás llegar a ser feliz conmigo, verdad?
No. Eres mi opresor. Eres quien me ha arrebatado todo y me mantiene enjaulado. Pero…
Acaricié su pecho desnudo de forma distraída hasta que él tomó mi mano entre la suya y la llevó a sus labios para besarla.
—Sí. —Susurré. Y, para mi horror, no era mentira.
Magnus me sonrió ampliamente antes de besarme.
—¿Cómo te transformarte en íncubo? —Le pregunté casi por inercia. Llevaba tiempo queriendo saberlo, y al estar tan relajados me pareció el momento propicio.
Magnus, sin embargo, se puso tenso al instante.
—¿Para qué quieres saberlo? —Preguntó de forma cortante. —No es algo que deba importarle a alguien como tú.
"¿Alguien como yo?" Miré a Magnus con odio y me apresuré a levantarme de la cama a toda prisa. Claro. "Alguien como yo". La mascota no tiene derecho a saber nada de la vida de su amo.
—Alec… —Me llamó él. —Lo siento.
"Lo siento" otra vez. Estoy hasta las narices de esto.
—¡Vete a la mierda! —Le grité antes de pegar un portazo.
..
Supongo que estar junto a él me había obnubilado. Solo ahora, casi dos días después, me estoy dando cuenta de lo horrible de toda la situación en conjunto. Ya tenía claro que mi familia no sabía ni quién era, pero encontrarme con mi hermana fue un mazazo demasiado duro ¿Y Sebastian? Justo cuando pensaba que alguien podría ayudarme a salir de esto va Magnus y lo borra de la lista. Por no hablar de Magnus, que cada vez me confunde más.
No sé qué hacer. Voy a acabar volviéndome loco.
..
—Se llamaba Camille. —Dijo.
Yo me había atrincherado en mi amado sillón de la biblioteca, y lo cierto es que esperaba quedarme a dormir aquí.
—Me alegro.
—Criatura…
—Vete. —Dije sin ánimos. No tengo ganas ni siquiera de partirle la cara, tal y como se merece. —Largo.
Magnus suspiró, pero se quedó donde estaba, apoyado en la puerta.
—Me enamoré de ella. Mi primer y único amor, supongo. —Magnus lanzó otro largo suspiro mientras comenzaba a acercarse a mí con paso vacilante. —Me engañó para que la amase y así transformarme. Te hace más fuerte, ¿sabes? Si el Candidato al que transformas está enamorado, el súcubo obtiene más poder.
»En realidad es como una cadena. Los humanos que son vírgenes, los que usan la Invocación, los que se enamoran de nosotros… Y luego están los Candidatos. Cada uno de esos factores hacen que el humano del que nos alimentamos sea más poderoso.
Otro suspiró abandonó sus labios.
—Criatura… —Magnus alargó su mano hacia mí, pero yo me aparté mientras lo miraba, desafiante. —¿Tienes idea de lo poderoso que hubiese podido ser si te hubiese Convertido? Eras un Candidato que firmó el Contrato de Innovación. Eso son dos de cuatro, criatura. Y los dos más relevantes. Podría-
—Tres. —Lo interrumpí.
Magnus me miró con sorpresa.
—¿Qué?
—Tres de cuatro. —Puntualicé. —Yo era virgen.
Magnus me miró fijamente, como en estado de shock.
—¿T-Tú…? —Reaccionó al fin. —¿Tú eras…? No, es imposible. Me lo habrías dicho… Tú… Un ser tan hermoso como tú… Es imposible que siguieses virgen a tu edad.
—Tengo veintitrés, no cuarenta. —Me defendí.
—Eso no es… Los humanos soléis… ¿Por qué tú nunca…?
—¿Tuve sexo? Porque era idiota. No es como si creyese en eso del amor verdadero y estuviese esperando a la persona con la que esperaba pasar el resto de mi vida. —Dije negando con la cabeza mientras me pasaba los dedos entre los mechones de cabello. —Pero supongo que esperaba que al menos fuera algo… No sé. Que yo le gustase a esa persona, ¿entiendes? Todas las personas que se me acercaban lo hacían solo por mi físico y, bueno —Proseguí soltando una carcajada sin humor. — al menos quería estar con una persona a la que le gustase algo más de mí a parte de mis ojos.
—Yo…
—Sé por qué te quedaste conmigo, Magnus. Pelo negro y ojos azules, ¿no? No te creas ni por asomo que eres el primero que se acerca a mí por algo así. Tú simplemente contabas con ventaja. Por lo de ser un demonio todopoderoso y eso.
—Criatura.
—Me voy a dormir.
—Alexander.
—Buenas noches. —Me despedí.
..
Fueron pasando los días. Magnus no se acercaba a mí, pero tampoco me dejaba nunca a solas. Se sentaba a una distancia lo suficientemente alejada como para no estorbarme y se dedicaba a hacer sus cosas mientras yo hacía las mías, pero a menudo lo pillaba mirándome con anhelo. Sé que debe tener hambre y sé que estoy siendo egoísta, pero no puedo hacerlo.
No estoy enfadado con él. Ahora le entiendo, o por lo menos he tratado de entender la línea de razonamiento de los de su raza. Supongo que estaba enfadado con él porque parece tan humano que se me olvida que no lo es. No… Simplemente estoy enfadado conmigo mismo por las desastrosas ideas que se han ido sucediendo en mi mente. Por esos estúpidos sentimientos y esa estúpida esperanza de que quizá pudiese ocurrir algo bueno dentro de la mierda de vida que tengo ahora.
Después de horas intentando memorizar distintos tipos de demonios y cómo matarlos finalmente desistí y me levanté de mi asiento hecho una furia. A este paso voy a acabar volviéndome loco.
Magnus no estaba por aquí. Alguien había llegado hace un buen rato y estaba atendiéndole. O puede que al final se haya cansado de mis estupideces y de mis ideas descabelladas y se haya marchado para alimentarse de otro. Por mi culpa. Otro motivo que añadir a la lista para odiarme.
Entré en la ducha y dejé que el agua helada alejase cualquier tipo de pensamiento de mi cabeza. Fue Jace quien me enseñó a hacerlo. Nada mejor que un frío infernal que te da dolor de cabeza para alejar los pensamientos que te carcomen el cerebro.
Cuando salí, sin embargo, Magnus estaba esperándome mientras se miraba al espejo de forma distraída. Me hubiese matado debido al susto y al respectivo tropiezo de no ser porque él me sujetó y me atrajo contra sí. Era cálido, como siempre.
Dejé que él me secase con delicadeza y lentitud. No dijo nada. Esperando que yo le pidiese perdón, supongo. Los últimos días me he informado más sobre su raza y sé que los demonios como él, pese a ser menos "crueles" y mucho más "humanos", no son precisamente sociables. A su extraña manera sé que ha hecho todo lo posible para que yo estuviese cómodo aquí, pese a que el motivo por el que me trajo fuese asquerosamente egoísta y me alejas de…No. Alec, para. Tengo que pensar en el futuro y no en aquello que ya he perdido para siempre.
—Hace días que no te pones gomina. —Comenté intentando sonar casual.
—A ti te gusta más cuando lo llevo sin nada. —Dijo sin dejar de frotar mi pelo tratando de no darme ni un solo tirón.
—Magnus. —Lo llamé mientras sujetaba su mano y le arrebataba la toalla. —Sé que el otro día no fui demasiado simpático. Nunca lo soy, en realidad. No se me da bien eso de hacer amigos y… Solo quería que supieses que agradezco que estés intentando hacer todo esto más fácil para mí.
Él me miró fijamente antes de desviar la mirada con ¿vergüenza?
—¿Magnus?
—Siento lo que hice con aquel chico. El Consejo no me había ordenado que lo hiciera y él podría haber seguido recordándote; hubieses podido seguir teniendo a alguien ahí fuera. Solo quería que me mirases… que fueses feliz.
—Soy feliz contigo, también. —Magnus alzó la vista de golpe, mirándome con la esperanza reflejada en sus felinos ojos. —La mayoría de las veces, por lo menos. No me gusta pelear contigo.
Magnus acercó su mano con temor, pero yo adelanté la mía hasta tomar la suya y apretarla contra mi mejilla. El demonio me tocó con tanta dulzura que creí que me derretiría.
—Odio cuando te enfadas conmigo. Eres… eres lo único real que tengo, lo único que de verdad me importa conservar.
Me acerqué lentamente a él, sopesando lo que de verdad deseaba, lo que estaba bien. Magnus no se movió ni un ápice, dejándome escoger. Deposité un suave beso en sus labios antes de apartarme.
—Dulce. —Susurró.
Junté de nuevo nuestros labios, y esta vez Magnus sí se movió, enredando sus dedos en mi pelo y tirando de mí para estar más cerca.
—No quería que él te alejase de mí, criatura. No me odies por ello.
—No lo hago. —Respondí mientras me sentaba en su regazo.
Magnus gimió mientras acariciaba mi abdomen con devoción, como si llevase años deseándolo.
—Él lo hacía, lo pude ver. Y eso me ponía enfermo. Tenía miedo. —Le miré con curiosidad, sin comprender qué quería decir. Una de mis manos seguía acariciando su espalda mientras la otra estaba firmemente agarrada en su cadera. —A aquel humano le gustabas de esa forma, lo vi. —¿Yo? ¿Gustarle a Sebastian? —Y luego, cuando dijiste que habías estado esperando por algo así durante tiempo…
—Está bien. —Susurré mientras depositaba húmedos besos a lo largo de su hermoso cuello. —Ahora no importa.
—Quería que fueras feliz.
Finalmente me rendí al ver su nula colaboración, alejándome de él.
—¿Quieres hacerme feliz? —Magnus asintió lentamente, mirándome con curiosidad. —Tengo hambre ¿me preparas un sándwich?
Magnus parpadeó varias veces, mirándome con el ceño fruncido. Estoy prácticamente seguro que abrió la boca para preguntarme si le estaba tomando el pelo, pero mi estómago gruñó escandalosamente en ese momento y lo hizo callar.
—Prométeme que no volverás a hacer nada así sin consultarme. —Le dije, esta vez con seriedad.
Magnus asintió antes de darme un cariñoso beso en la frente.
—Pero hay algo que no te puedo prometer, criatura: —Añadió mientras me ayudaba a incorporarme y nos dirigíamos a la cocina. — si alguien se acerca a ti y sé que corres peligro no me detendré. No pienso permitir que nadie trate de alejar de mí lo que es mío.
Capi con 20.000 faltas, pero si me ponía a revisarlo a fondo no llegaba a colgarlo hoy ¡lo siento también por eso!
¡Graaaacias por vuestra paciencia!
