¿Alguna vez os ha pasado que queréis escribir mucho pero las palabras no os salen? Pues a mí me pasa justo lo contrario. He tenido que parar de escribir porque no tenía tiempo ¡pero ni siquiera he llegado a escribir la mitad de lo que tenía planeado! Seguro que cuando tenga tiempo de sobra mi imaginación se va de vacaciones… pfff…
La semana que viene seguramente actualizaré unos días antes de lo normal, aunque no es seguro. En fin, ¡Hasta entonces!
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
..
*Rumiko No Haru: ouch, ¡eso fue super tierno! ¡Me encanta hacer llorar a la gente! Ejem, quiero decir...
Comprendo ese sentimiento de vergüenza al darte cuenta de que estás comportándote como una loca frente a la gente al estar leyendo algo que te gusta, así que me siento muy feliz de que mi fic te haga parecer loca. Supongo (?)
Como verás no sé dar las gracias de forma normal. No sé hacer nada de forma normal, para qué engañarnos xD
Muchas gracias por tu adorable comentario, querida ¡Un abrazo purpurinoso super fuerte! :D
Los humanos son criaturas frágiles y monótonas de las que uno se aburre casi al segundo de haberlas conocido. Son alimento y placer, a fin de cuentas. Pasear por una gran ciudad para uno de los míos es como visitar un zoológico de extrañas criaturas para poder elegir a tu favorita de la semana. Pensándolo detenidamente las ciudades son más bien como enormes mataderos.
Hay algunos humanos que dan más juego y son difíciles de conquistar, por lo que tienes diversión durante unas cuantas horas o incluso, en los mejores casos, días. Al menos así es para la mayoría de los íncubos y los súcubos. Al menos así era para mí.
La última semana ha sido extraña de un modo terriblemente…humano. Nunca pensé que la rutina que dicta la vida de estos seres pudiera ser lo que yo siempre había necesitado para alcanzar lo que él llama "felicidad". Él. Mi hermosa criatura.
—Buenos días. —Ronroneé cuando me percaté de que sus ojos comenzaban a moverse bajo sus párpados.
Mi criatura abrió un único ojo y me miró de forma vaga antes de volver a cerrarlo y ocultar su cabeza bajo el edredón.
—¿Por qué tú nunca duermes? —Preguntó con una voz pastosa que llegó difuminada a través de las capas de tela.
—Prefiero verte dormir a ti. —Los seres como yo no necesitamos dormir, así que el sueño es algo así como un hobby para nosotros; algo que hacer cuando estamos aburridos y demasiado perezosos. Es curioso recordar los momentos de mi vida como humano y percatarme de que por aquel entonces sí era una necesidad vital. —¿Has dormido bien?
Dado que mi criatura parecía no querer salir de su pequeño nidito, yo mismo seguí su ejemplo y me metí con él bajo las prendas de cama. Alexander me miró con sus preciosos ojos adormilados antes de darme un lindo beso en la nariz. Joder, ¿por qué solo puedo estar con él de este modo los fines de semana? Odio la maldita universidad que me roba horas a su lado.
—Creo que voy a tener que comprar una cama más grande si vas a seguir quedándote aquí.
No es que yo no lo hubiese pensado antes, ciertamente. Me gusta que en su cama haya poco espacio para así poder estar más pegados, pero se vuelve muy agobiante cuando tratamos de descansar al mismo tiempo.
—No pienso irme a ningún lado. —Le contesté mientras apartaba un pequeño mechón que se había metido en su boca mientras hablaba.
Mi criatura sonrió con dulzura antes de que la puerta de su habitación se abriese con violencia y él pegase un brinco por el susto.
—¡Izzy! —La reprendió mientras se incorporaba.
—Dejad de hacer guarrerías y levantaos de una vez a arreglaros. —Oh, mierda. Se me había olvidado por completo. —Voy a ir a recoger a Simon a su casa y Max dice que quiere acompañarme porque va a prestarle algunos tebeos de esos chinos que leen ellos. Haz el favor de levantarte y atender a Jem y Will, que acaban de llegar.
Alexander la miró con cara de asesino en serie al tiempo que le lanzaba su almohada en dirección a la cara de su hermana. La magnífica Isabelle cerró la puerta justo a tiempo y se marchó silbando alguna de las pegadizas canciones a las que me había viciado a mí también.
—Mocosa insoportable… —Refunfuñó mientras bajaba ambos pies al suelo y se ponía en pie para acto seguido dirigirse al armario.
Miré su increíblemente sexy culo desnudo durante unos segundos antes de desviar la vista con hastío. ¿Por qué narices tenían que venir los estúpidos mocosos a fastidiarme mi perfecto domingo de estar todo el día en la cama haciendo gemir a mi criatura?
..
No me gusta cuando James se lleva a mi criatura para hablar a solas (cosa que hacen demasiado a menudo últimamente), aunque lo que menos me gusta es que me eche a patadas cuando intento acercarme a escuchar. Ni siquiera puedo usar mi magia para intentar saber de lo que hablan, pues el maldito peliblanco sigue siendo más poderoso que yo y me frena cada vez que lo intento. Le odio.
Alexander no deja de mirarme de reojo. Ayer por la noche el pequeño Maxwell volvió a quedarse a dormir y mi criatura se negó a hacer cualquier cosa con su hermano pequeño en casa. Supongo que él, cansado como estaba de otra agotadora semana de exámenes en la universidad, tampoco se acordaba de que James se presentaría aquí, con el consiguiente debilitamiento en mi cuerpo que ello supone. Claro, como James puede tener sexo con su maldito humano cuando le venga en gana… Realmente le odio.
El egocéntrico rubio y el egocéntrico pelinegro están discutiendo por algo justo a mi lado, lo que no ayuda a que mi humor mejore. Al parecer el hermano de mi criatura tendría que haberse encargado de ir comprar la comida, pero no lo ha hecho y ahora no se ponen de acuerdo para ver cuál de los dos mueve su estúpido trasero hasta el restaurante. Y hablando de traseros… Mi preciosa criatura se ha apoyado sobre la encimera de la cocina en una postura que amenaza con volverme loco. Joder, tiene el culo más apetecible que he visto en años.
Mi criatura ha vuelto a mirarme, esta vez con la preocupación marcada en sus hipnotizantes ojos. Mi hambre no hace más que crecer y el estúpido de James me debilita por momentos. No sé si me molesta más estar tan débil o que mi criatura se preocupe tanto por mí. Aunque su preocupación podría ser una ventaja si consigo impulsarlo solo un poquito más.
No he tenido que hacer demasiado; simplemente he pensado en todo lo que le haría en la cama (y en lugares que no son la cama) si él fuese un humano normal y mi hambre ha aumentado hasta el punto de volverse insoportable. Alexander no ha necesitado más para coger a su hermano y al humano de James y, literalmente, empujarles por la puerta de entrada. James me ha lanzado una mirada de advertencia y ha dicho algo como que los ayudaría a traer las cosas. O algo parecido, ni idea. En cuanto la puerta se ha cerrado Alexander ha venido hacia mí, ayudándome a alzarme del sofá y guiándome hasta su habitación.
—Lo siento. —Repite una y otra vez mientras atravesamos el pasillo.
No me gusta estar débil y me gusta mucho menos que mi criatura tenga esa cara de tristeza y culpabilidad tan desgarradora; pero tengo que admitir que es inmensamente gratificante saber que me elige a mí por encima de sus secretas charlas con James y de pasar el rato con el chico de oro.
..
—¿Alec? —Lo llamó Jace a través de la puerta.
Mi criatura gimió cuando mordí juguetonamente su cuello mientras apretaba con más fuerza de la necesaria sus glúteos. Habían vuelto demasiado pronto. Yo a duras penas había conseguido quitarle el horrendo suéter a mi ojiazul, que respiraba con dificultad todavía sentado sobre mí.
—Ignórale. —Me pidió mientras hacía presión sobre mi cabeza para que volviese a besarle.
—¡Alec! —Volvió a llamar. —Ya han llegado todos. Dejad de follar como animales en celo y salid a comer.
Gruñí con frustración mientras bajaba a Alexander de mi regazo. Si no fuera su hermano… El único motivo por el que aún no he matado a ése maldito rubito de la forma más cruel y dolorosa posible es porque sé que mi criatura se enfadaría conmigo si llego a hacerlo. Debería estar agradecido porque mi humano lo tenga en tan alta estima, el muy subnormal.
Ya había aferrado el pomo de la puerta con la mano cuando sentí sus cálidas manos colarse por el borde inferior de mi camisa y comenzar a acariciar mi pecho.
—Tienes que irte a comer. —Logré articular reuniendo toda mi fuerza de voluntad.
Mi criatura pegó su cuerpo al mío mientras apartaba con delicadeza mi cabello hacia un lado y comenzaba a repartir húmedos besos por mi nuca.
—Criatura. —Gemí mientras apoyaba mi pecho contra la puerta, recargándome en ella, cuando él comenzó a juguetear con mis pezones.
El placer me cegaba mientras mi pequeño comenzaba a mover sus caderas, haciendo que yo soltase un sonoro gemido cuando noté lo excitado que estaba. Su erección, de un tamaño más que notable, se restregaba sobre la ropa contra mi culo de forma en absoluto sutil.
—Primero tengo que darte de comer a ti. —Susurró contra mi oído mientras lo lamía con parsimonia, provocando oleadas de placer que se extendían por todo mi cuerpo necesitado de él. —Tengo que cuidar a mi demonio.
Mi demonio.
Ni siquiera fui consciente de cómo mi cuerpo se giraba con rapidez hasta encarar a mi criatura, que, pese a parecer sobresaltado en un principio, no dudó en corresponder al apasionado beso que yo inicié.
—Vas a ser mi perdición. —Jadeé.
Alexander soltó una risita mientras enterraba su cabeza en mi cuello y sus manos se dirigían al broche de mis vaqueros.
..
—No me gusta que me ignoren. —Me recriminó el rubito cuando entré en la cocina, donde su novia, la pequeña pelirroja, y él estaban cogiendo las bebidas. —Lo menos que podrías haber hecho es contestar.
—Estaba ocupado. —Le dije dedicándole una sonrisa.
—Pues que hubiese contestado mi hermano. —Siguió buscando pelea mientras me entregaba las botellas que supuestamente tendría que llevar él.
Lo único útil que ha hecho éste mocoso en su vida es Invocarme para que yo pudiese encontrar a mi criatura.
—Tu hermano tenía la boca llena en ese momento. —Ronroneé con voz seductora. —Tú ya me entiendes.
Clarissa pegó un gritito mientras soltaba de golpe la cubitera, esparciendo pequeños trozos de hielo por todo el suelo. Jace, por su parte, abrió los ojos de forma desmesurada y miró a su hermano, que acababa de entrar por la puerta atraído por el ruido.
—¿Qué ha pasado aquí? —Preguntó cuando Clary lo miró con la cara toda colorada antes de salir corriendo hacia el salón.
..
La comida ha sido un poco más extraña de lo normal. Por una parte estaban el pequeño Max y Seamus hablando de esos muñequitos raros de ojos enormes mientras Isabelle los miraba con cara de aburrimiento extremo. Eso siempre era igual. En el otro lado, no obstante, Clary se negaba a levantar su vista del plato mientras yo no hacía más que lanzar miradas preocupadas a mi criatura, que me miraba con odio mientras su hermano no cesaba de burlarse de él con pullitas sobre el sexo. James alternaba miradas de hastío hacía mí y miradas afectuosas con el pelinegro narcisista, que parecía muy divertido mirando toda la escena en general. No me gusta cuando se reúne tanta gente.
—Voy a matarte. —Me siseó Alexander cuando Jonathan lanzó la enésima broma de mal gusto.
Con lo bien que iban las cosas hasta hace tan solo media hora…
..
Sam, Isabelle, Clarissa y Max se han metido en la habitación de la pelinegra a ver algún tipo de película. Sigo sin comprender cómo puede ser que mi criatura no se dé cuenta de la tensión que hay entre Santiago y su hermana, cuando es obvio que alguien como Isabelle Lightwood no iría a ver una película de dibujitos si no tuviese algún otro motivo oculto para hacerlo.
El resto nos hemos quedado en el salón. Yo me hubiese ido con mi criatura a su habitación para seguir "jugando", pero tengo que contenerme porque James está cada vez más pesadito con el tema de que un día se me irá de las manos. El muy idiota todavía no comprende que de querer haber Convertido a mi ojiazul ya lo hubiese hecho.
El timbre sonó justo cuando Alexander se levantó con la intención de ir a preparar café. Al momento James y yo nos miramos mutuamente. Esto no es bueno. Sea quien sea, quien está al otro lado de la puerta no es humano.
El Consejo no puede haberse enterado. Mierda, ¡ahora no! Si intentan quitarme a mi criatura o intentan obligarme a Convertirlo no sé qué demonios haría. La única opción válida que se me ocurre es matarlos a todos, pero no tengo el poder necesario para ello, ni tan siquiera con la ayuda de James.
Mi criatura comenzó a dirigirse hacia la puerta con la intención de ir a abrir, pero tanto mi peliblanco congénere como yo lo sujetamos con fuerza. Jace y su primo nos miraron con curiosidad, pero el pelinegro pareció comprender lo que ocurría solo unos segundos después.
—¿Quieres sacar a Alec de aquí? —Le preguntó a James. —Yo puedo servir de distracción mientras tanto.
Comprendí a la perfección los sentimientos contradictorios que se formaron en el rostro del íncubo cuando su humano se marchó hacia la puerta; aunque no fui capaz de entender por qué motivo dejaba que una criatura tan débil fuese a enfrentarse solo ante el peligro. Si fuese Alexander yo jamás lo permitiría.
—Si ellos saben que Alec está aquí no nos servirá de nada tratar de esconderlo, Magnus. —Respondió a la pregunta que le formulaba con la mirada al ver que no hacía nada por llevar a mi criatura a un lugar seguro. —Lo único que hará es que el castigo impuesto sea más severo.
Los mataré. Como cualquiera de ellos trate de ponerle un dedo encima a mi criatura juro que me bañaré en su sangre.
—¿Qué es lo que ocurre? —Me preguntó él mirándome con sus hermosos ojos llenos de desconfianza. Jace, mientras tanto, había adoptado una pose tensa en el sofá mientras nos miraba a todos de forma calculadora. Si alguien me dijese que ese mocoso es uno de los estúpidos nefilim no me hubiese extrañado en absoluto. —Magnus, si ocurre algo quiero que me lo dig-
—¡Jem! —Apareció en aquel instante el otro ojiazul. Su cara estaba completamente tensa y se notaba a la legua que estaba tratando de contener sus ganas de pegarle un puñetazo a algo… o alguien. Probablemente a quien venía tras él. —¡Adivina quién ha venido a hacernos una visita!
—¿Tessa? —Preguntamos James y yo al mismo tiempo mientras la castaña entraba en el salón.
—¡Vaya hombre! ¿Y por una mujer tanto jaleo? —Se quejó Jonathan mientras se levantaba de su asiento y se acercaba al minibar para servirse algo bajo la descontenta mirada de mi criatura. —Y yo que pensaba que aparecería algún demonio de verdad. Ya sabéis: algo que de verdad pareciese un monstruo molón y no unos tíos metrosexuales sedientos de sexo. Qué decepción.
¿De verdad Alexander y él se criaron bajo el mismo techo?
..
—No entiendo qué os resulta tan divertido. —Refunfuñó mi criatura mientras nos miraba a ambos desaprobatoriamente.
Jace sonrió de forma burlesca mientras metía la mano en el bol de palomitas que mi criatura, sentado entre nosotros dos en el sofá, sujetaba.
—Eso es porque eres una vieja cascarrabias metida en el cuerpo de un joven aburrido. —Acto seguido se quedó pensativo mientras se metía un puñado entero de palomitas en la boca. En seguida continuó hablando con la boca llena. —Supongo que también existen los fantasmas y esas cosas, ¿verdad, brillitos?
Mi criatura gruñó mientras quitaba el bol de su regazo y lo empujaba sobre la mesita de café.
—Ver a dos personas que se aman discutiendo no es divertido. —Volvió a quejarse él mientras se ponía en pie y amenazaba con macharse.
James y su humano estaban manteniendo una acalorada discusión en la que Tessa, el antiguo amor del íncubo, se ha visto involucrada por el celoso y malhumorado ojiazul. Es muy divertido verles discutir, pero no lo es tanto pensar en la relación de James y Tessa. Si no consigo solucionarlo, si no encuentro una solución ¿preferiré que Alexander se transforme en un Puro o convertirlo en uno de los míos? Debió ser una decisión muy dolorosa para él. Yo ni siquiera quiero imaginar que le pierdo.
—¿Dónde vas, preciosidad? —Le pregunté mientras tiraba de él hasta que cayó sentado sobre mí.
Alexander soltó un gritito cuando lo acomodé en mi regazo, haciendo que "sin querer" el trasero de mi criatura se frotase deliciosamente contra mi entrepierna. Alexander miró a Jace con miedo de que él se hubiese dado cuenta, pero éste seguía mirando la discusión del singular trío con una sonrisita prepotente en el rostro. Algo me dice que el rubito va a estar metiéndose con su primo por esto durante una larga temporada.
—¡Magnus! —Me reprendió en voz baja mientras trataba de levantarse.
Evité que siguiese moviéndose sujetándolo con fuerza de las caderas con una mano mientras giraba su rostro para poder unir nuestros labios.
—¡Magnus! —Me gritó James mientras venía hacia nosotros.
Mierda. Excitarme es demasiado fácil cuando él está conmigo.
Alexander se separó de mí con brusquedad al tiempo que su cara se coloreaba del sonrojo más notorio que yo había visto jamás en un ser humano. Mi criatura estaba tan roja como un farolillo chino. Adorable.
—¡Magnus! —Volvió a llamarme James. No pienso volver a soportar otra de estas malditas reuniones. —Tessa ha venido porque le hablé sobre Alec y se preocupa por vosotros.
Ya, claro. Éste lo que quiere es desviar la conversación para evitarse problemas con su ¿novio? ¿mascota? Y pensado en eso: ¿qué se supone que somos Alexander y yo?
—Hacía mucho que no sabía de ti. —Dijo ella mientras se dirigía a mí. —Rafael me dijo que ya hacía tiempo que no se encontraba contigo en alguna fiesta y os tocaba discutir sobre qué territorio ocuparía cada uno para alimentaros.
—¿Es amiga tuya? —Me preguntó mi criatura. Ni siquiera me había percatado de que seguía sujetándolo con fuerza, evitando que se moviese por mucho que él lo intentaba.
—¿Es él? ¿El Lightwood? —Preguntó Tessa. —Cuando el señor Herondale me ha abierto la puerta supuse que sería él, pero ahora lo entiendo todo. Pelo negro y ojos azules siempre ha sido tu debilidad.
Tessa no pretendía ofender de ningún modo. No la conocí como humana, pero sé que no es algo que ella hubiese hecho y ahora, sin poder tener ningún sentimiento, mucho menos. Tampoco es que ella hubiese dicho nada del otro mundo ¿no? Lo único que había hecho era saludarme. No entiendo por qué mi criatura me apartó con brusquedad y se marchó a encerrarse en su cuarto.
He pasado mucho tiempo en el mundo de los humanos e incluso yo fui uno de ellos ¿Y entonces por qué no soy capaz de entender a mi criatura por más que lo intento?
..
—Tú no has venido únicamente a saludar. ¿Qué ocurre, Tessa?
—Sabía que Jem no te diría nada para tratar de proteger al humano, pero tú… Creí que tú necesitarías tener todo en cuenta. Algo en mí me decía que era lo correcto.
—¿Hay algo mal con Alexander? ¿Él está en peligro de algún modo?
¿Hay algo más que pueda salir mal a nuestro alrededor?
A mi criatura no le gusta que venga a buscarle a la universidad. Sé que James nos recomendó no estar juntos en lugares públicos para que Alexander no llamase la atención más de lo debido por la posible (aunque improbable) aparición de otros de nuestra raza; pero estar todo el día encerrado en su casa me resulta demasiado aburrido y asfixiante, y más teniendo en cuenta que no fui capaz de arreglar las cosas con él ayer por la tarde.
Necesito estar cerca de él. Es una necesidad estúpida, ya que sé que el vendrá a mí en cuanto le sea humanamente posible; pero pasar una hora más al día junto a él me emociona y me ayuda a afrontar mejor nuestra maldita situación. He encontrado algunas posibles soluciones al tema de su Cambio, pero todas ellas son muy imprecisas y resultan peligrosas para él. Mientras sigo intentando encontrar algo tendré que ingeniármelas para mantenerlo lo más cerca posible. Es increíble que él no accediese a dejar sus estudios, tal y como yo le exigí. Sigue sin gustarle que le exija cosas.
—¿Otra vez aquí? —Gruñe cuando me ve. Es increíble lo cariñoso que es cuando estamos a solas y lo estúpido que se vuelve cuando está rodeado de gente. Sus cambios de humor me fascinan. —Llamas demasiado la atención.
Lógico, ¿qué se esperaba? Por eso los de mi especie no podemos estar demasiado tiempo en ningún lugar. Los íncubos somos tan absolutamente atrayentes para los débiles instintos sexuales de los humanos que ellos son incapaces de resistirse a nosotros. Incluso el humano más frígido y asexual se acabaría sintiendo excitado si nosotros lo deseamos y él se encuentra en nuestra presencia durante el tiempo suficiente. Mi criatura, en cambio, parecía haber desarrollado una resistencia que hacía que yo no le atrajese en absoluto por mucho que lo intentase. Solo puedo conseguir que él deseé estar conmigo cuando sabe que yo lo necesito, ¿y qué mejor forma de tener hambre que estar rodeado de humanos que me miran con lujuria?
El metro es ideal para lo que necesito. Los últimos días he conseguido a atraer a una gran cantidad de jóvenes universitarias y a algún que otro bombón que sí ha salido del armario, al contrario que mi criatura, que sigue negándose a mostrar cualquier tipo de contacto cariñoso en público.
—¿Sabes? Los muchachos de pelo negro y ojos azules siempre han sido mi perdición. —Le comento coquetamente a mi admirador de hoy.
El chico sonríe y me devuelve un piropo que yo ni siquiera alcanzo a escuchar. Mi criatura tiene una expresión rara en el rostro. Parece triste, o abatido, no lo sé. Lo único que sé es que ni siquiera me mira cuando se pone en pie y, sin que yo pueda reaccionar a tiempo, se escabulle entre la multitud y baja del transporte. ¿Qué se supone que hace? Todavía quedan varias paradas para llegar a nuestra estación.
..
Hace frío en las calles. No me gusta demasiado el frío. Yo soy más de lugares con clima cálido, por donde la gente se pasea más ligera de ropa.
Entre que no pude bajar hasta una parada más tarde y que la cantidad de gente presente no me permitía usar mi magia a no ser que quisiese ser descubierto, he tardado unos cuarenta minutos en conseguir encontrarle.
—Criatura. —Lo llamo sin mucha convicción.
Mi hermoso humano está sentado sobre uno de los columpios de un parque infantil por lo demás desierto, seguramente a causa del lacerante frío. Tiene la cabeza gacha, ocultando sus facciones, y con su pie izquierdo juguetea con la arena bajo él.
—Criatura. —Lo vuelvo a intentar mientras le tiendo una mano. Él alza ligeramente la vista y me mira durante unos segundos antes de bajar la mirada.
El columpio vacío a su lado no hace más que moverse impulsado por el viento y su chirrido es insoportable. Alexander alarga su mano hasta tomar la mía y deja que yo lo ayude a levantarse. Esto no es normal, él nunca muestra su debilidad de una manera tan evidente. No me gusta.
—Vamos a casa. —Susurró contra su pelo mientras deposito un suave beso en su cabeza. —Necesitas descansar un poco.
Mi criatura comienza a caminar mientras yo, a su lado, lo rodeo con mi brazo. Habitualmente él no me dejaría hacer algo así. ¿Qué ocurre aquí?
Tanto sus mejillas como su nariz están sonrojadas, proporcionándole un aspecto adorable que normalmente haría que yo quisiese empujarlo contras cualquier superficie y hacer que comenzase a gemir mi nombre. Normalmente.
Mi criatura se queda sin aliento durante unos segundos cuando lo abrazo con fuerza contra mí y segundos después aparecemos en su habitación. Él parpadea mientras mira a su alrededor, completamente desorientado. Yo, por mi parte, estoy completamente agotado. Mierda. Incluso algo tan simple como esto me cuesta a horrores.
—¿Cómo has-? —Pregunta mientras se gira hacia mí, que me he sentado sobre la cama para tratar de serenar mi estado. Su cara, que había recuperado algo de color, de pronto volvió a convertirse en una máscara imperturbable. —¿Necesitas comer?
Por supuesto que necesito alimentarme. No debería haber hecho un esfuerzo tan grande cuando sé que estoy al mínimo de mis fuerzas. Pero él…
Lo miré durante unos segundos antes de tenderme en la cama y moverme para dejarle espacio. Mi criatura me miró de forma inquisitiva antes de tenderse a mi lado, todavía con la duda en su rostro.
—Vamos a descansar, mi preciosidad. —Susurré por miedo a hacer demasiado ruido y que su revoltosa hermana se asomase por la puerta.
—¿No tienes hambre? —Preguntó mientras enredaba los flecos de mi chaqueta entre sus dedos de forma distraída.
—Ahora mismo desearía estar haciéndote gritar de placer, criatura. —Su cuerpo se estremeció a causa de mis palabras, pero siguió mirándome con esos ojos tan perdidos. —Pero prefiero que descanses un rato.
—Pero-
—Duerme.
No sé cómo voy a poder seguir manteniéndole a mi lado, pero lo que más me aterra es que, para cuando finalmente haya encontrado una solución, él ya ni siquiera me soporte. ¿Qué puedo hacer para no desagradarle? Ni siquiera quiero barajar la posibilidad de que él siga a mi lado únicamente por su hermano pequeño.
—¿Perdón? —Mi criatura me miraba con la expresión en blanco, como un muerto.
—No es seguro. Ni siquiera tendría que haberte dicho nada. —Alexander seguía sin reaccionar, y eso no es muy normal en un humano; y mucho menos en un humano que siempre se deja guiar por lo que siente, como lo es él. —Criatura, olvida lo que te he dicho, ¿vale? Seguramente tu hermano sea un humano normal. Solo puede existir un Candidato a la vez en todo el mundo y él, ¿cuántos años tiene?
—Trece. —Murmuró.
—Mierda. —Gemí mientras me sentaba junto a él sobre la cama. ¿Trece años? Por su aspecto creí que era bastante menor. —Esto no es para nada normal.
Los Candidatos comenzaban a "madurar" a los quince años. A Max le quedaban cerca de dos años para llegar a la edad, exactamente el tiempo que le quedaba a Alexander para llegar a los veinticinco, la edad límite. Los Candidatos suelen estar repartidos por todo el mundo y son complicadísimos de encontrar a no ser que estés lo suficientemente cerca como para captar su fragancia, ¿por qué entonces les tocaba a dos miembros de la misma generación de una familia? Nunca había escuchado algo así.
—Tienes que encontrar la manera de parar esto, por favor. Ahora más que nunca. —Me rogó mientras tomaba una de mis manos entre las suyas. —Haré lo que sea por mi hermano.
Si Alexander no fuese tan importante para mí ni siquiera me estaría planteando ayudar al pequeño. Hace un mes estaría eufórico por las noticias ¡podría seguir intentando evitar el destino de mi criatura para que se quedase siempre conmigo y luego Convertir a su hermano para poder hacerme más fuerte! Sería perfecto.
—No permitiré que os suceda nada, ¿de acuerdo? —Lo abracé con suavidad, tratando de aliviar las preocupaciones que yo sabía que ahora mismo estarían ocupando su hermosa cabecita. —Confía en mí.
Alexander sonrió tristemente antes de devolverme el abrazo.
—Nunca pensé que escucharía eso salir de los labios de un demonio. —Murmuró contra mi pecho.
Yo nunca pensé que podría llegar a atesorar algo tanto como lo hago con él.
Cuando sus estúpidos amigos me Invocaron pensé que esto sería divertido y podría hacer sufrir un rato a los humanos por su irresponsabilidad, ¿cuándo se había decidido que debía ser yo el que sufriera por culpa de mi propia idiotez? Nunca debí haberme encariñado con un ser que desde el principio estaba destinado a acabar mal.
..
—No debes seguir durmiendo, —Dije contra su oído mientras pasaba mis dedos por entre su suave cabello. —mañana tienes que madrugar para ir a la universidad y al final esta noche no podrás dormirte.
Mi criatura entreabrió los ojos durante un breve lapso de tiempo antes de volver a cerrarlos y acurrucarse más contra mí.
—Mañana no iré a la universidad, —¿Otro día de fiesta? Los humanos son tan perezosos que se inventan festividades cada dos por tres para poder faltar a sus obligaciones. —quiero pasar el día contigo sin que nadie nos moleste.
Miré con adoración al frágil ser que tenía junto a mí.
Ahora no puedo rendirme y dejar que lo aparten de mi lado. Reduciré todos y cada uno de los infiernos a simples cenizas si así consigo salvarle.
..
—¿Por qué estabas tan raro hace un rato? —Alexander paró de refunfuñar y dejó a un lado el trapo con el que estaba limpiando el desastre creado por Isabelle en la cocina. Esa chica sí que es un demonio.
—¿Cuándo? —Preguntó mientras me miraba con enfado. —Te he dicho que limpies la mesa, no que mires cómo yo hago cosas.
No estaría mirándote si no fueras tan insoportablemente sexy, humano estúpido.
—Cuando te has bajado a toda prisa del metro como si estuvieses huyendo de mí. —Alexander agachó la vista y siguió con la limpieza, ignorándome. —No me gusta cuando tus hermosos ojos parecen tristes.
Mi criatura cesó de nuevo lo que estaba haciendo y me miró.
—¿Mis ojos? —Preguntó con un extraño tono de voz que no pude reconocer.
—Me encantan tus ojos, ¿no te lo había dicho ya? Son los ojos azules más hermosos que he visto nunca. —Alexander se puso tenso mientras yo continuaba a lo mío. —Si me quedé fue porque tus ojos me hechizaron. De otro modo yo te hubiese Convertido el primer día que t- … ¿Qué te pasa?
Mi criatura lanzó con una precisión asombrosa lo que tenía entre las manos. Conseguí esquivar sin mayor problema el estropajo, pero el bote de desinfectante me pegó de lleno en la frente ¿Cómo supo hacia dónde iba a moverme para esquivar?
—¡Vete a la mierda! ¿Por qué no te vas a buscar a otro moreno de ojos azules para tirártelo? —Me gritó mientras se marchaba hecho una furia.
Segundos después escuché la puerta de su habitación cerrarse de un portazo.
Sus cambios de humor pueden resultar divertidos de vez en cuando, pero a este ritmo va a volverme loco. Ahora comprendo por qué los humanos se han quedado abajo del todo de la cadena alimenticia: ¡son seres desquiciantes con la cabeza llena de serrín!
—Lo tuyo no es el tacto, ¿eh? —Pegué un salto y me volteé para mirar a Isabelle, que me miraba con diversión.
—¿De dónde sales tú?
Su hermano la había buscado por toda la casa hecho una furia cuando vio el estropicio que la pelinegra había realizado, y, obviamente, ella no estaba por ninguna parte.
—Llegué hace unos minutos, pero escuché que Alec y tú estabais aquí y decidí no hacer ruido para que no me echase la bronca por esto. —Dijo señalando con la cabeza hacia el desastre a medio recoger. —¿Te apetece un café?
La miré con desconfianza hasta que recordé que la cafetera estaba llena de café preparado por Alexander, de modo que no correría peligro si lo ingería. Ni siquiera en los reinos demoníacos hay algo más letal que lo que ella cocina.
—Claro.
Isabelle esquivó las manchas del suelo con una precisión asombrosa teniendo en cuenta que no parecía estar prestando atención a los sitios por los que se movía, y nos sirvió a ambos sendas tazas de café negro ¿En esta familia tienen algún problema con la leche, la nata o el azúcar?
—No vuelvas a mencionar sus ojos si quieres alabarle. —Me dijo tras unos minutos de silencio. —Y mucho menos digas nada de "pelo negro y ojos azules".
—Pero tiene unos ojos magníficos. —Me quejé. —¿Qué problema hay?
—El problema es que parece que es lo único que te gusta de él. No sé, ¿no hay ninguna otra cosa de mi hermano que te atraiga? —¡Por supuesto que sí! ¿De verdad mi criatura se cree que me he quedado en el espantoso mundo humano y he soportado a sus idiotas amigos simplemente por sus ojos? Menuda gilipollez. —Sé que no es precisamente simpático y agradable y-
—¿Qué puedo hacer para que no se enfade tanto conmigo?
Isabelle me miró con enfado cuando la interrumpí, pero al menos se dignó a contestarme y no se marchó indignada como me había hecho en otras ocasiones.
—Fácil: deja de ocultarle las cosas que piensas. Mi hermano es una persona absurdamente sincera que no soporta que el resto de personas oculten cosas.
—Todos ocultamos cosas. —Incluso los demonios tenemos secretos oscuros que es mejor no sacar a la luz, por contradictorio que pueda parecer.
La pelinegra se encogió de hombros.
—Intenta explicarle eso a mi hermano. Te juro que llevo media vida tratando de que se le meta en la cabeza que no toda la gente es buena y es mejor no saber toda la verdad para no sufrir. Es incluso más cabezota que yo.
»Mi hermano para ti no es solo otra cara bonita, ¿verdad? No quiero tener que arrepentirme de haber confiado en ti. —Esta humana… —Como mi hermano salga mal parado de todo esto me importará una mierda lo demonio que seas; no habrá lugar en el que puedas esconderte de mí.
No querría provocar su ira por nada del mundo.
..
—Lo siento. —Dijo mientras dejaba a un lado el cuaderno sobre el que había estado escribiendo. —A veces me comporto como un crío.
Un crío insoportablemente adorable.
—No me gusta que estemos todos los días así, criatura. Te enfadas, te disculpas, estás cariñoso, te vuelves a enfadar… ¿Es algo que haces siempre? Me estoy comenzando a desesperar con todo esto.
Me acerqué hasta donde él estaba estudiando y me apoyé contra el escritorio mientras lo miraba fijamente a la espera de una respuesta.
—No se me da muy bien comunicarme con los demás.
—¿Y crees que a mí se me da bien? Yo sé seducir a las personas, criatura; pero no tengo ni la menor idea de cómo hacer amigos entre los humanos.
—Si buscabas a un humano para ser su amigo me temo que has dado con el menos indicado. —Sonrió tristemente.
Alexander alargó su mano con algo de indecisión y comenzó a acariciar la que yo tenía sobre la mesa. Adorable.
—Yo no buscaba nada, criatura. Simplemente te encontré. —Giré mi mano y logré entrelazarla con la suya. —¿Te arrepientes de que yo apareciese en tu vida?
Mi criatura bajó la mirada y la clavó en nuestras manos.
—A veces.
—¿Y ahora? —Con mi mano libre acaricié su mejilla. Mi criatura cerró los ojos y soltó un pequeño suspiro de satisfacción.
—Sabes que no.
Por supuesto que lo sé, pero es hermoso escucharlo salir de sus labios. Quizás lo que le dije a Isabelle hace unos minutos era una auténtica gilipollez y Alexander es el que lleva razón. Pensándolo detenidamente yo también quiero saber todas y cada una de las cosas que se le pasan por la cabeza.
—¿Y tú? —Me preguntó. Lo miré sin comprender. —¿Te arrepientes de seguir aquí y de no haber hecho lo que debías?
Qué idiotez.
—Creo que es de las pocas cosas que he hecho que sé que nunca me harán arrepentirme.
Sus ojos brillaron con fuerza, trasmitiéndome todo aquello que él trataba de ocultar.
No pienso perderte, Alexander. Nunca me arrepentiré de hacer todo lo posible para que siempre sigas siendo mío.
¿Tengo que volver a disculparme por no poder corregir esto apropiadamente? No, ¿verdad? Perfecto :D
Y tampoco creo que tenga que volver a declarar mi eterno odio hacia el formato (o mejor dicho: a la falta de él) de esta página.
Me pone de un mal humor no poder subir un fic estructurado en condiciones...
