He tardado más de lo previsto en actualizar, pero ha sido una semana muuuuy larga y el tiempo libre ha brillado por su ausencia.
De nuevo he tenido que cortar a media un capi porque se me iba a hacer muy largo ¡Es horrible! Y mira que me prometí a mí misma que no iba a hacer capis de más de tres mil palabras para este fic... Qué irresponsable soy (?)
En fin... xD

¡Os adoro!
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.

..

*Eliza: ¡Qué cruel eres, mujer! Te retiraré la palabra por los siglos de los siglos y jamás-... Pfff xD
¿Estás de broma? Me encanta inventarme nombres para Simon. Es como un hobby para mí. Creo que comprendo perfectamente por qué Magnus nunca lo llama por su nombre xDD
¿Alguna sugerencia? Estoy por comprarme uno de esos típicos libros llenos de nombres para poner a los bebés solo para no repetir ninguno jajajaja
Pobre Simon...
En fin: ¡gracias por leeeeer! :D

*Shingryu Inazuma: ¿Estás impaciente porque se resuelva el problema o es que quieres que se acabe de una buena vez el fic y no tener que leer nunca más? ¿Tanto me odias? D:
xD
Gracias por pasarte a leer y por decir que adoras el fic ¡Él también te adora a ti! (?)
Un abrazo enoooorme ^^


Sus extraños ojos son lo primero que veo nada más despertar y no puedo creer que hubiese un tiempo en el que no me gustaba despertarme de este modo.

—Buenos días. —Ronroneó mientras frotaba su mejilla contra la mía.

Ayer por la noche me había quedado dormido sobre él y al parecer no me había movido en toda la noche, ya que seguía sobre su pecho.

Magnus me dio un casto beso de buenos días y volvió a dejar caer su cabeza sobre la almohada. Sus ojos me miraron con dulzura mientras su mano acariciaba la zona baja de mi espalda.

—¿Por qué me miras así? —Pregunté tras unos cuantos minutos de seguir del mismo modo.

—Quiero grabar en mi mente este perfecto momento para poder recordarlo la próxima vez que decidas enfadarte conmigo y te pases días sin mirarme.

Me gustaba su mirada llena de ternura cuando me observaba, me gustaba saber que a él le agradan tanto como a mí estos momentos a solas… Pero lo que va implícito en esa frase no me gusta nada.

—¿Lo ves? —Comentó mientras su expresión se volvía sería. Magnus se incorporó lentamente al tiempo que alargaba su mano y comenzaba a acariciar mi mejilla. —Ya has vuelto a poner esa expresión.

—¿Qué expresión? —Pregunté enfurruñado. No puedo enojarme con él; ya no.

—La que pones siempre que estás a punto de tirarme algo a la cabeza y/o gritarme algún insulto antes de salir corriendo.

—Yo no hago esas cosas. —Me quejé. No soy tan infantil…Espero.

Él soltó una risita antes de enredar sus dedos en mi cabello y tirar de mí hasta que ambos estuvimos acostados de nuevo, mi cabeza ahora reposando sobre su pecho. Su corazón latía de forma regular, tranquila. Cuando él se marchaba durante días me era más sencillo recordar que en realidad es un demonio que me ha arrebatado mi vida. Estando junto a él, sin embargo, me resulta imposible pensar que no es un humano como yo.

—Eres consciente de que cuando me enfado no es precisamente por culpa mía, ¿verdad?

—Estoy intentando arreglar todos mis errores, criatura.

Lo sé. Lamentablemente hay cosas que ya no puedes revertir.

..

Miré a Magnus con diversión mientras él seguía peleándose con el contenido de la sartén. Desde que le dije que no me gustaba que utilizase su magia para hacer aparecer la comida, él se había estado esforzando para aprender a preparar los más diversos y estrafalarios platos. Al menos sus comidas no eran tóxicas como las de mi hermana. La mayoría de las veces, por lo menos.

—Para el desayuno me conformo con un simple café con-

Magnus me lanzó una mirada envenenada y decidí callarme para conservar mi vida. No le suele gustar que le digan qué hacer o cómo debe hacerlo. Qué curiosa es la hipocresía.

Lo que supuestamente debía ser una crepe normal y corriente había acabado pareciendo un amasijo de masa churruscada en el techo de la cocina. El íncubo lanzó de forma cansina la sartén al fregadero antes de agitar su mano y hacer desaparecer los restos de su desastroso intento culinario. Me hubiese sido de mucha utilidad tenerle en mi casa para poder limpiar con facilidad el caos que Isabelle montaba siempre en la cocina.

Isabelle. Mi hermana.

Un nudo enorme se formó en mi garganta, impidiéndome respirar con normalidad.

Izzy.

—¿Criatura?

Max.

—¿Criatura?

Jace.

—Alexander. —Magnus tomó mi cara entre sus manos, acunándola. —¿Qué ocurre? ¿Estás enfermo?

Sus brillantes ojos me miraban con una preocupación desgarradora. Quise decirle que estaba bien, que no se preocupara. Quise decirle que necesitaba a mi familia. Quise decirle que lo necesitaba a él.

—Voy a llamar a Catarina, criatura. Te pondrás bien. —Magnus me apretó contra su pecho con firmeza pero sin dejar de ser delicado. —No voy a permitir que te ocurra nada malo.

..

—¿Qué opinas? —Escuché la ansiosa voz del demonio a mis espaldas.

No me gusta cuando me observan fijamente, y menos cuando estoy semidesnudo.

Catarina me lanzó una última mirada desaprobatoria antes de dirigirse hacia Magnus.

—Ha sido un pequeño ataque de ansiedad. Es algo normal cuando se está sometido a la presión que tú ejerces sobre él.

La expresión de Magnus, que se había relajado cuando Catarina mencionó que yo no corría peligro, pasó a la incertidumbre e, inmediatamente después, a la ira. No me gusta ver esa expresión en su siempre despreocupado rostro.

—¿Él te trata bien, Alec? —Me preguntó Catarina mientras me tendía mi camisa.

Me coloqué la prenda y comencé a abotonarla mientras miraba a Magnus. Sus ojos me miraban fijamente. No de forma desafiante, como cabría esperar, sino realmente ansioso, como si su vida dependiese de mi respuesta.

—Sí. —Respondí.

Una enorme sonrisa se extendió por su rostro, haciendo que sus extraordinarios ojos brillasen con fuerza. Catarina me miró con lástima, ¿quizá creyendo que yo lo decía solo por miedo a la reacción de Magnus?

—¿Puedes salir un momento de aquí, Alec? Quiero hablar con Magnus a solas.

Me levanté de la cama donde Catarina me había estado atendiendo y me dirigí a Magnus, que me dio un dulce beso en los labios mientras acariciaba mi rostro.

—No tardaré. —Me susurró antes de dejarme marchar.

Salí de la consulta cerrando la puerta a mis espaldas y me dispuse a recorrer el largo pasillo blanco y brillante hasta encontrar un lugar donde sentarme. Sé que él se ha arriesgado mucho trayéndome a un hospital. El Consejo no está contento con que decidiera por su cuenta qué hacer conmigo y si se llegasen a enterar de que sigue infringiendo sus normas podría ponerse en peligro. Tendré que darle las gracias apropiadamente por ello. Sentí mis mejillas calentarse cuando pensé en lo que querría Magnus como agradecimiento. ¿Qué demonios le pasa a mi lívido últimamente?

Acababa de sentarme en un pequeño asiento blanco acorde con todo lo demás en este claustrofóbico sitio cuando lo vi aparecer. Venía hacia mí a toda prisa y su rostro era una extra mezcla entre horror y rabia contenida. Definitivamente no me gusta cuando él sufre.

—Criatura, volvamos a casa. —Me dijo cuando estuvo lo suficientemente cerca.

Asentí con la cabeza mientras me ponía en pie. Magnus no tardó demasiado en atraerme hacia él y de inmediato sentí el peculiar cosquilleo que recorría mi cuerpo cada vez que él hacía esto ¿Acaso ninguna de las enfermeras o celadores que había a nuestro alrededor va a percatarse de que nos hemos esfumado en el aire?

—¿Qué ocurre? —Pregunté.

Ahora estábamos en nuestra habitación. Dios. "Nuestra". ¿Desde cuándo considero que ahora este también es mi hogar?

—Al final no has desayunado nada y ya casi es hora de la comida. Voy a prepararte algo. —Dijo con la voz monótona.

Magnus desapareció por la puerta sin siquiera mirarme, dejándome perplejo.

¿Qué ocurre aquí?

..

Cuando yo estoy enfadado lo único que realmente necesito es que me dejen a solas para poder pensar y aclarar mis pensamientos. Pensé que Magnus podría ser parecido a mí, así que me tomé mi tiempo para ducharme, vestirme y leer algo con total tranquilidad. No obstante, cuando el reloj anunció que ya eran las dos de la tarde y él no había aparecido, no pude aguantarme más.

Me lo encontré sentado sobre la encimera de la cocina mientras miraba ensimismado el contenido de la copa que sostenía.

—Criatura. —Dijo. No me estaba llamando, ni tampoco parecía estar sorprendido por mi aparición. Ahora mismo me siento un egocéntrico, pero me resulta realmente inquietante que no haya mostrado ningún tipo de emoción al verme.

—¿Estás borracho? —Pregunté solo para cerciorarme de que no se le iría la cabeza y comenzaría a atacarme sin motivo. Sigo sin comprender por dónde va la línea de razonamiento de los de su raza.

—Yo no puedo emborracharme, criatura. Ventajas de ser un monstruo. —Una sonrisa triste ocupó su rostro antes de que él llevase su copa hacia sus labios y la vaciase de un trago.

—Tú no eres un monstruo. —No lo es, lo sé. Al principio lo creía, y durante mucho tiempo quise creerlo; pero ahora…

Magnus dejó la copa a un lado antes de extender uno de sus brazos hacia donde yo me encontraba.

—Ven aquí. —Prácticamente rogó.

Definitivamente esto no es normal.

Cuando estuve frente a él Magnus entrelazó nuestras manos y las miró durante un largo rato. Finalmente yo me cansé de su estado vegetativo y me acerqué más a su cuerpo para poder abrazarle. Era incómodo. Ya no solo por la extraña postura que me obligaba a adoptar el hecho de que él estuviese sentado a bastante altura, sino porque no se me da muy bien comenzar yo mismo una muestra de afecto.

Magnus se mantuvo rígido en mis brazos hasta que al fin alzó los suyos y me envolvió con ellos. Sus piernas se abrieron, dejándome espacio para poder acercarme más a su cálido cuerpo.

—¿Catarina te ha dicho algo malo?

Magnus no dijo ni una palabra, así que yo decidí seguir su ejemplo y no preguntar más. He descubierto que las cosas que él calla es porque realmente deben permanecer ocultas.

..

Cuando me desperté a la mañana siguiente y no me encontré con sus ojos devolviéndome la mirada supe que algo iba terriblemente mal. Tan solo me entretuve el tiempo suficiente como para ponerme unos pantalones de chándal que ocultasen mi desnudez y me apresuré a salir a buscarle.

Magnus se encontraba en el piso inferior manteniendo una acalorada discusión con Tessa y Catarina que cesó en cuanto yo entré al salón.

—Criatura, —Me llamó Magnus. — ¿Podemos hablar a solas un momento?

El íncubo me guió hasta la habitación más cercana y cerró la puerta tras nosotros.

—Voy a estar fuera unos días. —Dijo sin más preámbulos.

—¿Cuánto tiempo? —¿Tengo que volver a estar todo el día encerrado y solo?

—No lo sé. —Magnus se pasó sus largos dedos entre su cabello de forma nerviosa. Y era evidente que estaba muy preocupado por lo que tenía que hacer, ya que se despeinó ligeramente y ni se inmutó. Normalmente hubiese salido corriendo al cuarto de baño más cercano.—El Consejo quiere solucionar las cosas y he decidido que ya es hora de arreglar todo esto. No voy a permitir que nos sigan dictando lo que debemos o no debemos hacer.

Ya. Pero volveré a estar todo el día solo.

—No me mires así, Alexander. Tengo que hacer esto ya, por los dos. Vendré a verte cada día, lo prometo.

..

Hacía ya una semana que casi no pasaba por casa. Venía por la noches y se dedicaba a abrazarme como si él fuese un niño pequeño y yo una especie de peluche gigante que necesita para poder quedarse dormido. Ni siquiera trata de tocarme ¿acaso ya no se alimenta? Empiezo a pensar que me ha mentido y no es precisamente a reuniones con su estúpido Consejo a lo que asiste. Quizás ha vuelto a alimentarse de otros y yo solo… No. Él no lo haría. ¿Verdad?

Cuando me despierto a la mañana siguiente él ya no está. No debería sorprenderme tanto, pero lo cierto es que ya me había hecho a la idea de un Magnus vivaracho y excesivamente alocado haciendo tonterías por la casa. Como aquella semana en la que le dio por cambiar por completo el orden de los libros de la biblioteca porque "no conjuntaban y tendrían que estar ordenados por colores y tonalidades". Fue horrible tener que volver a organizarme para saber qué había leído ya y qué no.

Le echo de menos.

Bajo a la cocina y me dispongo a desayunar lo que él ha dejado para mí. Por lo menos sé a ciencia cierta que en lugar de hacer aparecer la comida con sus truquitos de magia él va a comprarla personalmente a algún restaurante humano. Mierda, incluso echo en falta sus comidas. En las últimas semanas había aprendido a preparar un café bastante aceptable y ahora este estúpido café de máquina me sabe a rayos.

Los libros que no he leído sobre los nefilim empiezan a escasear y Magnus se niega a comprarme más porque dice que me llenan la cabeza de cosas innecesarias. Él opina que yo debería de estar utilizando mi tiempo libre para estudiar libros como el Kamasutra para "hacer más divertida nuestra convivencia". Imbécil.

Me siento en mi nuevo sillón favorito (el antiguo había sido desechado por Magnus al no combinar con la nueva y carísima alfombra) y dejo el espantoso café en la mesa de salón que hay junto a mí. Ahora que me sé de memoria la gran mayoría de las runas del Libro Gris creo que ya puedo pasar a retos mayores. Hay algunas runas más complicadas que se crearon hace relativamente poco y aún no están incluidas en el repertorio oficial pero…

Una idea completamente absurda cruza por mi mente cuando fijo mi atención en mi mano derecha, con la que estoy haciendo girar entre mis dedos la vieja estela que encontré hace semanas. Es una locura y estúpidamente estúpido. ¿Pero y sí…?

La estela se convierte en una extensión más de mi cuerpo cuando comienzo a dibujar patrones de símbolos extraños sobre la pared. Incluso cuando el portal se ilumina y soy capaz de ver las calles de Nueva York a través de él sigo sin poder dar crédito. Supongo que aún sigo esperando el momento en el que me despierte de este extraño sueño y me percate de que los demonios no existen y mi familia sigue a mi lado.


Los Candidatos son la única oportunidad de "reproducción" de los demonios sexuales, así que, obviamente, no les hace demasiada gracia perder la oportunidad de unir a sus filas a otro miembro. Los Cazadores de Sombras siguen eliminando demonios de todas clases día tras día y ya ni siquiera se paran a mirar si de verdad son peligrosos para los mundanos. El Consejo ha protegido durante generaciones el equilibrio entre las dimensiones, pero se está llegando a un punto de no retorno y al final acabarán tratando de someter a los humanos.

Quizá por la delicada situación en la que se encuentran es por lo que Magnus ha tenido que estar acudiendo a innumerables e interminables reuniones con ellos. En su momento se perdonó con casi completa inmunidad a Jem por evitar la Conversión de Tessa, pero las cosas ya no son tan sencillas. Ya nada parece ser sencillo. Yo solo espero que Alec no salga más herido de todo esto;solo espero que Magnus piense en lo que le dije y pueda dar marcha atrás antes de que sea demasiado tarde.

—Catarina. —La puerta de la enorme sala que usan como centro de reunión se ha abierto y Magnus ha salido por ella con la primera expresión de auténtica felicidad que he visto en su cara desde hace días.

—¿Buenas noticias?

—Esto aún no ha terminado y voy a tener que continuar viniendo hasta que tomen un veredicto final. No obstante me han permitido dar más libertad a mi criatura para que pueda llevarlo al mundo humano. —Nunca creí ver a Magnus contento por la comodidad de un simple humano. Los demonios, incluso los que no son potencialmente peligrosos como él, no suelen ser precisamente amables con los seres que ellos consideran inferiores. —Van a estar vigilándonos todo el tiempo, pero al menos mi criatura podrá salir y-

Magnus se paró de pronto, rígido como una tabla. Su rostro había perdido gran parte de su color natural y sus ojos y boca estaban abiertos por la sorpresa. Hubiese sido cómico de no ser por la expresión de puro horror que mostró justo antes de lanzar un chillido de dolor completamente desgarrador. Me apresuré a agacharme junto a él cuando cayó al suelo de rodillas y lo sujeté con fuerza de los hombros para que me mirase. Ni siquiera tuve que decirle nada para que él hablase.

—Es Alexander. —Sollozó. ¿Alec? —No noto su presencia en mi casa. Se ha esfumado, Catarina.

Eso es imposible. Yo misma ayudé a Magnus y Tessa a levantar las protecciones necesarias para que Alec no pudiese salir por ninguna de las puertas. Y tampoco podría entrar nadie; no a no ser que el poder de dicho ser superase el de nosotros tres juntos.

..

Magnus no tardó en recomponerse y en llevarnos de inmediato a su hogar. Él se dedicó a llamar a gritos a Alec nada más entrar por la puerta, pero fue en vano. Era raro. Todo estaba en su lugar y las barreras estaban en su sitio. Si alguien las hubiese atravesado yo lo sabría, ¿entonces cómo habían podido llevarse al humano?

Sabía que Alec se pasaba prácticamente todo su tiempo a solas leyendo, así que me dirigí a paso rápido hacia la biblioteca para ver si había algo allí. El grito de Magnus proveniente de esa misma estancia me hizo acelerar el ritmo.

—¡Los voy a matar! —Gritaba entre balbuceos incomprensibles. —¡Voy a destrozar a todos los estúpidos hijos de Raziel y de su ciudad de cristal no quedarán más que las cenizas!

Un portal creado por runas seguía abierto en uno de los pocos espacios vacíos que dejaban las enormes estanterías en las paredes. Miré el remolino de brillante luz con duda. Aquello no era normal.

—Un nefilim nunca hubiese dejado una evidencia tan enorme de que han estado aquí. Hubiese deshecho el portal nada más usarlo.

—¡Son unos jodidos ególatras narcisistas! Como se hayan atrevido a tocar a mi criatura los-

Desconecté por completo de mi alrededor para poder ignorar los gritos e improperios de Magnus y así poder concentrarme y pensar en algo que tuviese lógica. Un nefilim no se arriesgaría a viajar un plano demoníaco y mucho menos a internarse en el hogar de un demonio. Ni siquiera estoy cien por cien segura de que eso les esté permitido.

Unos libros abiertos sobre la mesita de café llaman mi atención. Runas, runas, runas, portales… ¿Cómo abrir un portal? Alec no es un nefilim. Solo los nefilim pueden usar las runas. Es imposible que… Pero de nuevo se trata de Alexander Lightwood. El muchacho ya ha roto todos mis esquemas en más de una ocasión, ¿por qué no debería haberlo hecho de nuevo? Por muy imposible que parezca sigue siendo la única solución factible. Aunque…

—¿Magnus? —Lo llamé. Él dejó de lado su drama durante unos segundos y me miró. —¿Sabes si Alec puede haberse hecho con una estela?

Por su cara de confusión que rápidamente pasó a la compresión y luego a la ira pude saber con toda seguridad que sí, la tenía.


Hacía frío en las calles. Siempre me ha gustado el frío, pero hacía demasiado incluso para la hora que era.

Cuando atravesé el portal y caí de bruces sobre alguna calle desierta, ni siquiera supe que me encontraba de nuevo en Nueva York hasta que anduve durante un rato y me encontré con señales de tráfico con dirección a Brooklyn. Sabía que no debía alejarme demasiado del lugar en el que había aparecido para que Magnus pudiese rastrearme con facilidad, así que me interné en un parque infantil donde no hay ni un alma. Ni siquiera los gatos callejeros parecen querer salir de su escondite. Con este maldito frío voy a acabar congelado antes siquiera de que Magnus pueda encontrarme.

Y esa es otra: Magnus no llegará hasta por la noche a su casa, y de ahí a que se dé cuenta de que no estoy y decida ponerse a buscarme… Porque me buscará, ¿verdad?

Ahora mismo tendría que estar intentado huir o pedir ayuda. Quizá podría contactar con los Cazadores de Sombras para que ellos me proporcionasen protección, ¿pero de qué me serviría? Magnus es lo único que me queda ahora. Es descorazonador pensar así, pero realmente él es lo único real en mi vida de ahora.

..

Ni siquiera llevo media hora aquí sentado y ya tengo las manos heladas y completamente entumecidas. Debería ponerme en movimiento cuanto antes. No me alejaré demasiado, pero si camino un rato podré entrar en calor y evitar que me dé una lipotimia o algo peor.

Me dispongo a levantarme del columpio de hierro en el que había estado balanceándome ligeramente cuando algo me detiene. Tenía la vista fijada en la arena que recubría el suelo a mis pies, por lo que solo soy capaz de ver los pantalones extravagantemente coloridos y ajustados de la persona que está parada frente a mí. Noto cómo mi corazón comienza a latir con fuerza y alzo los ojos para verle. Su cara está extrañamente seria y parece estar conteniéndose para no pegarme una bofetada, pero no me importa.

Me alzo con tanta rapidez que estoy a punto de perder el equilibrio. Y lo hubiese hecho si Magnus no hubiese estirado su brazo hacia mí y me hubiese sujetado con fuerza.

—¿Por qué-? —Comienza. Pero no me importa lo que tiene que decir.

Uno sus labios con los míos con un hambre que incluso a mí me sorprende. Magnus se ha quedado estático y no sé si es por el shock o porque simplemente no quiere responderme. Tampoco me importa. Mis heladas manos se cuelan bajo su delgada camisa y la calidez de su cuerpo enciende el mío hasta que el calor se vuelve insoportable.

—Magnus. —Gimo contra su boca.

Por fin su cuerpo reacciona al mío y comienza a besarme. Demasiado lento, demasiado dulce. Mi excitación desaparece tan rápido como había aparecido y la niebla que nublaba mi mente comienza a disiparse. Estoy en un parque infantil, ¡por el Ángel! ¿Acaso estoy enfermo? Ahora no hay nadie, pero alguna inocente criatura podría haber venido y haber visto mi lamentable espectáculo. No puede ser que a mí esté empezando a gustarme demasiado el sexo, ¿cierto? Simplemente es la presencia de Magnus, que me trastorna.

—Déjalas ahí. —Dice mientras me sujeta de las muñecas cuando intento retirar mis manos de bajo su ropa. —Están heladas.

—Hace frío. —Me quejo mientras dejo que mi cabeza descanse sobre su hombro.

Magnus sigue estando bastante rígido, pero no hace ningún movimiento para apartarme de él y eso me reconforta.

—Si querías huir de casa tendrías que haberte vestido acorde al clima, ¿no crees? —Huir de casa. ¿Huir de casa? —Y tendrías que haber buscado cobijo u ayuda. La última vez lo hiciste mucho mejor pese a que no lo tenías tan bien planeado. Podrías haber ido a ver a James, o haber buscado a-

¿Piensa que yo quería irme?

—Magnus, —Lo interrumpo. Hundo más mi cara en el hueco de su cuello, aspirando su delicioso aroma. — yo no quería irme de casa. Ha sido un accidente.

—¿Has creado un portal por accidente? —Su respiración empieza a sonar entrecortada, pero sus palabras destilan veneno. Me odia por haber vuelto a intentar huir de él. Un demonio no debería ser tan tierno. Él no puede ser un demonio, es imposible.

—Me aburría y me puse a curiosear, —Lo que es completamente cierto. —nunca pensé que funcionaría.

—¿Y cuando comprobaste que sí funcionaba decidiste atravesar el portal por error? No soy imbécil, Alexander.

Beso su cuello delicadamente al tiempo que mis manos se aferran con fuerza a su estrecha cintura. No sé qué decir para no quedar como un idiota. ¿Cómo le digo que me tropecé cuando observaba maravillado el portal y caí a través de él?

—No me he alejado de donde aparecí. No he pedido ayuda ni he tratado de escapar. —Decido decir. —Podría haberme marchado para siempre pero he escogido quedarme sentado en un parque ¿por qué he hecho eso, Magnus?

—¿Porque los humanos sois idiotas?

—Quería que me encontrases. —Noto su mirada clavada en mí, pero me niego a moverme. Se está tan cálido… —Estaba esperando a que vinieras a por mí.

Oigo como él inhala y exhala varias veces antes de que intente separarme de él. Yo ejerzo todavía más fuerza, evitando que me mueva ni un ápice.

—Déjame verte. —Me dice.

A regañadientes muevo mi cabeza lo suficiente como para poder voltearla y mirarle a los ojos sin necesidad de dejar de reposar sobre su hombro.

—¿Me juras que no querías huir de mí?

—Llevo desde que llegué aquí deseando que vengas a buscarme para llevarme a casa.

Es horrible. No debería pensar así. Debería de estar asustado, debería de odiarle a él u odiarme a mí mismo por lo que estoy sintiendo. Debo decirle que es un monstruo y que tiene que dejarme ir.

—Tengo frío. —Dije en su lugar. —¿Vamos a casa?

..

¿Desde cuándo hay una chimenea en la biblioteca? Desde luego no me gusta. Podría ocasionar un incendio y todos estos maravillosos libros se perderían. En cuanto entre en calor pienso hacer que Magnus la saque de aquí.

—Te he traído café.

Magnus se había marchado a acompañar a Catarina, dejándome a mí sentado a solas frente al fuego para que pudiese recuperar una temperatura normal. ¿Por qué todo el fuego que crea Magnus es azul? Un día de estos debo preguntárselo.

—Gracias. —Dije en voz baja, demasiado avergonzado como para decirle cualquier otra cosa.

Nada más llegar a la casa me había arrojado sobre Magnus, mis inhibiciones completamente anuladas al estar en un lugar privado y a solas. Magnus, sin embargo, me había apartado de él y había insistido en que debía tomar una ducha caliente y cambiarme de ropa. Nunca antes él me había apartado sabiendo que yo… Es humillante.

Tomé un sorbo de la taza y comprobé que al sabor amargo del café se le añadía cierto regusto a quemado. Lo ha preparado él.

—Creí que no volvería a ver tu sonrisa. —¿Sonrisa? Evidentemente noté que había estado sonriendo, así que de inmediato dejé de hacerlo y me centré en tomar el café. Necesito comer algo. —Alexander, quiero que me des la estela.

Aparté mi vista del oscuro líquido y miré a Magnus.

—No puedo.

—Sé que te impido hacer demasiadas cosas pero necesito que hagas esto por mí. Criatura, el Consejo parece que por fin va a dejarnos tranquilos y lo último que necesito es que ahora se pongan a estudiar tu supuesta relación con los nefilim. —Su voz parecía cansada. Magnus se sentó en el suelo justo frente a mí y se acurrucó en mi pecho. —Acabo de conseguir que nos dejen vivir en el mundo humano. Sé que no te gusta estar encerrado y a mí tampoco me gusta verte tan apagado así que… Alexander, por favor: dame la estela.

—No puedo. —Repetí. Magnus se separó de mí y me miró con amargura. Cuando se preparó para levantarse yo me apresuré a sujetarle de la muñeca. —La rompí. Caí sobre ella y no acabó muy bien. La había dejado en el columpio que había junto al mío para que tú pudieses arreglarla ,pero se me olvidó cogerla cuando volvimos.

Magnus lanzó un suspiro aliviado y chasqueó sus dedos. Su mano se cubrió momentáneamente de llamas azules y milésimas después la estropeada estela estaba en sus manos.

—Alexander —Ronroneó mientras lanzaba lo que tenía en la mano sobre su cabeza. Bonita forma de deshacerse de lo único interesante que me ha sucedido en-... Ciertamente que yo sea capaz de usar una estela me resulta incluso normal teniendo en cuenta lo que estoy viviendo. —, ¿sigues teniendo frío?

—¿Frío? —Magnus clavó en mí sus felinos ojos, mirándome con una lujuria tan palpable que hacía estremecer todas y cada una de las partículas de mi cuerpo.

—Magnus, tengo frío —Gemí contra su oído. —Caliéntame, por favor.

Sentí mis mejillas arder con fuerza.

Mierda. No vuelvo a hacer algo así. Nunca.

—Déjame calentarte. —Siguió provocando mientras hacía presión sobre mi pecho hasta conseguir tumbarme en el suelo.

—Ya estoy caliente. —Intenté apartarle.

Ahora no quiero esto, solo quiero que me hable más sobre lo que ha dicho de llevarme de nuevo al mundo humano. Magnus pareció comprender a la perfección lo que yo trataba de decirle, pero no se inmutó por ello.

—Una lamentable elección de palabras, criatura. Voy a hacerte gritar de placer hasta que te quedes sin voz.

..

—¿Magnus? —Él dejó de juguetear con mi cabello y me miró a los ojos. Por instinto alcé mi cabeza para besarle y sentí cómo él sonreía contra mi boca, feliz. —¿Es cierto que voy-… vamos a poder ir al mundo humano?

—Mañana hablaremos de eso, mi criatura. Ahora descansa si no quieres que vuelva a encenderme y empiece una tercera ronda. —Su mano buscó mi culo desnudo bajo la delgada sábana que nos cubría a ambos y comenzó a acariciarlo. —¿Crees que podría conseguir que tengas un cuarto orgasmo? Me encanta cuando gritas mi nomb-

—Magnus —Lo interrumpí. Él me miró con hastío, pero en lugar de apartar su mano de mi trasero lo que hizo fue comenzar a acariciarme con más fuerza. —Gracias por todo lo que haces por mí.

Por el Ángel, es imposible. Noté cómo mi cuerpo reaccionaba al constante toqueteo de Magnus y pronto empecé a excitarme. Él también pareció notarlo, ya que soltó una risa divertida al tiempo que sus dedos tanteaban mi de sobras dilatada entrada.

—¿Quién es aquí el adicto al sexo, criatura?

Le pegué un manotazo en el pecho y me dispuse a levantarme, pero sus dedos entraron en mi interior y perdí el hilo de mis pensamientos.

—Oh, Dios. —Gemí mientras él reía con deleite. Sus dedos abandonaron mi interior con la misma rapidez con la que habían entrado y pronto algo mucho más grande presionaba contra mi entrada. Hazlo. Solo hazlo. —Hazlo. —Me quejé.

El semen que había dejado en mi interior con sus anteriores orgasmos comenzaba a resbalar entre mis glúteos, desquiciándome.

—No quiero ni pensar en la bestia sedienta de sexo que hubieses sido si te hubiese Convertido, criatura.

Magnus me tomó de la cintura y me elevó con facilidad y rapidez hasta que estuve sentado sobre su regazo. Desesperado por volver a sentirle, me apoyé sobre mis rodillas mientras me alzaba lo suficiente como para alinear su enorme erección con mi entrada. Magnus, sin embargo, me sujetó con fuerza de las caderas para que no pudiese hacer lo que tanto deseaba ¿no se da cuenta de lo mucho que necesito esto ahora mismo?

—No debes agradecerme nada, criatura. —"Le has dado las gracias por protegerte ante el Consejo" trató de recordarme mi mente. Tan pronto como el pensamiento llegó a mi mente se marchó. Magnus había tirado de mí con fuerza hacia abajo, llenándome por completo. Lancé un grito de puro gozo mientras él comenzaba a moverme a su gusto. —Nunca me arrepentiré de hacer todo lo posible para que siempre sigas siendo mío.


¡Casi se me olvidaaaaa!
La semana que viene me tienen que ingresar en el hospital, así que voy a estar algo ausente durante unas semanitas.
Estoy encargándome de dejar preparados los capis correspondientes y ya se encargará de subirlos mi criada personal (jijiji)
Lo único bueno es que voy a pasarme días acostada sin hacer nada y podré... hacer nada. Paaaaaaaaz *-*

¡Os Adooooro!
(Sobre todo a ti, Algodoncito de mis amores. Gracias por lo que has hecho por mí esta semana *-*)