No sé por qué no puedo subir los capítulos a horas normales como todo el mundo, pero es que me da una pereza subirlo antes de las 22h...
Mis manías son casi tan estúpidas como yo (?)
El próximo capi intentaré subirlo para el jueves 5 de febrero, por eso de volver a mi ritmo de actualizar cada semana. Aunque no lo tengo muy claro porque no tengo demasiado tiempo y este ya me ha costado a horrores poder escribirlo. En fin, si me retraso como mucho será unos días. Nunca volveré a dejar una semana sin actualización e.e
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la Suerte esté siempre de vuestra parte.
¡Os adoro!
..
*? : Siempre me resulta curioso responder un review anónimo. Es divertido no saber con quién hablo xD
Yep, ¡gracias por alegrarte de mi regreso! Creí que solo yo me alegraría (?)
Obviamente no va a ser todo perfecto simplemente porque Alec haya admitido lo que siente. Realmente en una pareja nunca se puede considerar que a partir de determinado momento todo vaya a ir bien, así que... Yo que sé, no sé nada. Ni que yo fuese la que escribe toda esta enmarañada historia D:
Te confundes de persona, lalalala
Gracias por pasarte a comentar, Sr./Sra. Anónimo, un placer no-conocerle (?)
xD
*Shingryu Inazuma: Me gusta eso de que llames a la interpol, ¿podrías hacerlo igualmente? Sería divertido xD
Nunca contesté a tu review anterior porque no lo había leído hasta esta semana, así que debo disculparme por eso. Por eso y por haber tardado tanto en actualizar, que se ve que te dio ganas de matarme xD
Seps, no es la primera vez que me dices que adoras mi fic, pero igualmente siempre es bonito que valoren tu trabajo. Quiero decir ¡yo no gano nada pasándome horas delante del ordenador para escribir esto! Así que es muy bonito cuando la gente te da ánimo para continuar ¡Gracias por tus palabras!
Las clases hoy están siendo más duras de lo normal. No sé qué me pasa, pero simplemente no puedo concentrarme en nada de lo que dicen mis profesores. He sido incapaz de tomar apuntes y ahora mismo no sabría ni en qué asignatura estoy si no fuese porque tengo a Sebastian dormitando a mi lado. Los jueves en la única clase en la que coincidimos es en Historia Contemporánea.
El timbre suena incluso antes de que mi cerebro pueda procesar de qué endiablado y retorcido rey europeo nos ha tocado hablar hoy. ¿Qué me pasa?
—Te amo.
Lo ocurrido ayer por la tarde sigue teniéndome aturdido. Hace tiempo que sabía lo que me pasaba, pero ni por asomo esperaba confesárselo a él, y mucho menos de una manera tan sumamente vergonzosa. Aunque quizá lo que me tenga así es que ni siquiera se dignase a contestarme. Sé que él no siente lo mismo por mí, eso está más que claro. No… pensándolo mejor prefiero que esto haya sido así; hubiese sido mucho peor si él me dijese algo que no siente simplemente por complacerme. Su silencio es mucho mejor que una mentira compasiva.
—¿Qué haces esta tarde? —Mi cerebro parece reaccionar por primera vez en la mañana cuando escucho la voz de Sebastian a mi lado. Espera, ¿estamos saliendo de la universidad? ¿Ya se ha acabado el día? —Podríamos ir a ver una película. La semana pasada estrenaron un documental sobre-
—Sebastian: no. —Su mirada se alejó de mí y desvió hacia el frente. No me hizo falta mirar para saber a quién estaba observando, el escalofrío que recorrió mi cuerpo fue completamente esclarecedor. —No es una buena idea.
No se trataba solo de que Magnus seguramente tendría otro ataque que mandaría todo por la borda como el que tuvo el día de mi cita con el pelinegro, sino que también debía ser fiel a mí mismo y a lo que sentía. Nunca lograré tener el tipo de relación que yo ansío con Magnus, pero utilizar a una persona tan amable como Sebastian para tratar de sentirme mejor me resulta asqueroso. Todos nos merecemos algo mucho mejor que esto, y lamentablemente Sebastian es el único que puede huir de esta situación antes de salir verdaderamente herido.
—No es bueno. Él no es suficiente para ti. —Su mirada seguía fija en Magnus, que nos miraba con una sonrisita de prepotencia. Seguramente estaría escuchando todas y cada una de nuestras palabras. —Los de su tipo lo único que quieren es sexo, Alec.
Por un segundo me quedé helado. Obviamente él se refería al tipo "tío atractivo y cabeza hueca que compite con sus amigos para ver quien bate el record de personas con las que se acuesta en una semana" y no al tipo "demonio que literalmente lo único que quiere de los humanos es sexo", pero mi cabeza seguía sin reaccionar a una velocidad apropiada.
—Solo ten cuidado, ¿vale? Prométeme que hablarás conmigo si notas algo raro. —¿Algo raro? ¿Le ha visto a Magnus pintas de narcotraficante o algo así?
—Te lo prometo. —Total: no creo que a estas alturas vaya a notar nada que me parezca "raro".
—Hasta mañana.
El beso que me dio en la mejilla justo antes de marcharse parecía una provocación más que evidente hacia mi demonio particular. Lo que se hizo tremendamente obvio cuando la sonrisa de Magnus desapareció de su rostro mientras me acercaba a él.
Unos pantalones tremendamente ajustados color azul eléctrico (a juego con los brillos que lucía hoy su cabello) y una camiseta negra con unas letras enormes que decían algo en italiano que yo no pude comprender. Bueno, al menos había seguido mi petición de no traer nada excesivamente escandaloso si venía a buscarme a la salida de clases. Comparado con algunas prendas que yo le había visto lucir parecía incluso recatado.
—Hola criatura.
Su rostro parecía tan sereno y pacífico que no me hubiese percatado de lo mosqueado que estaba de no ser porque se pasó todo el viaje de vuelta hasta mi casa restregándome la mejilla con uno de sus delicados pañuelos de seda.
Maniático…
..
Isabelle no hacía más que reír tontamente ante las absurdas bromas sobre los wookie y los ewok que estoy seguro de que ni tan siquiera comprendía. Cuando comenzó a juguetear con su pelo ya fue el colmo.
—Tu hermana y Snape parecen estar haciendo muy buenas migas, ¿verdad? —Su cara de suficiencia me estaba empezando a cabrear de verdad.
Era obvio desde el principio que Simon se sentía atraído por mi hermana. Lo que me ponía de los nervios es que de repente parecía que Isabelle sentía esa misma atracción por él. Jace y Magnus se habían cachondeado de ello en varias ocasiones, pero simplemente yo no quería creerlo.
Izzy siempre ha sido la fuerte, la que posee el corazón de piedra y no se deja embaucar por los hombres. ¿Tener sexo? Sí ¿Tener una relación? No. Ahora tengo miedo de que salga herida.
—Criatura, ¿nos vamos a tu habitación a "jugar" un ratito antes de que llegue el resto de vuestra insoportable pandilla?
Lo cierto es que ahora mismo debería sentir más miedo por mí que por ella. Creo que mi sentido de la autoconservación está defectuoso.
—Hoy estás más distraído de lo normal. —¿Cuándo hemos llegado a mi habitación? ¿Y cómo narices se las ha ingeniado para desvestirme sin que yo me dé cuenta? —¿Qué se te está pasando por esa hermosa cabecita?
¿A parte de mi confesión de amor a un íncubo, el hecho de que estoy completamente perdido en mis clases y que mi hermana parece repentinamente interesada por el amigo friki de la novia de mi hermano?
Ahora que me percato de ello todos parecemos estar liados con todos de una manera para nada sana. Jace, mi hermano adoptivo, sale con Clary, que es la mejor amiga del nuevo ligue extraño de mi hermana. Luego está Cecily, la prima biológica de Jace, que está saliendo con Gabriel, mi primo biológico. Y Will, el hermano de Cecily, está saliendo con James, otro demonio que ha resultado ser un viejo conocido del demonio con el que yo mantengo una especie de relación basada en lo que ni siquiera puede considerarse sexo. Al menos todo queda en familia, supongo.
—Se acabó: como no me digas que te está pasando pienso leerte la mente. —¿Qué demonios hago tumbado en la cama con Magnus sobre mí? ¿Y cuándo exactamente se ha desnudado él? —Me estás asustando, criatura.
—Estoy bien, perdona. —Alcé mis brazos para entrelazarlos tras su nuca y volver a atraer sus labios a los míos. Él me había estado besando sin que yo me diese cuenta. Ahora entiendo por qué me sabía la boca a frambuesa. —Me gusta el nuevo sabor.
—¿Frambuesa? —Asentí suavemente mientras sus labios se presionaban contra mi cuello. —El próximo lubricante que compremos será de frambuesa, entonces.
Nunca he entendido eso de los lubricantes con sabores, tampoco. Se supone que su función es lubricar, ¿no? ¿Para qué quiero yo que mi ano huela a melocotón? A no ser claro que a algunas personas les resulte asqueroso el sabor de su pareja al practicarle sexo oral. Eso podría tener sentido. Aunque a mí me encanta el sabor de Magnus. Quizá si le hubiese practicado sexo oral a alguien más podría comparar y saber si estoy en lo cierto. ¿De qué será el lubricante que usa Isabelle con Simon? No, espera. Mierda. Borrar imagen mental. Borrar, borrar, borrar.
Un suspiro volvió a sacarme de mis ensoñaciones. Sentí cómo todo su peso recaía sobre mí y su cara se enterraba en la curvatura de mi cuello. Mierda.
—¿Me he vuelto a desconcentrar?
—Nunca habías ignorado así mis caricias. Me siento deprimido y sumamente humillado. Pienso denunciarte al comité de humanos estúpidos. —Pese a que trataba de bromear era fácil percatarse de que realmente estaba dolido. Bueno, ¿acaso yo no lo estaría si estuviese intentando excitarle y él se dedicase a mirar la tele? —Es por lo que me dijiste ayer. —Ni siquiera era una pregunta. ¿Tan obvio soy? —O puede que por las palabras de Ragnor.
Genial. De su amigo el estrafalario ni tan siquiera me había acordado.
—¿Crees que lo que dije fue indebido?
Eso era lo que me había estado torturando durante toda la noche y lo que llevábamos de día. Quizá fue muy egoísta por mi parte agobiarle con lo que sentía, ¿y sí él se enfadaba por ello? Quizás ahora no lo pareciese, pero podría echármelo en cara en alguna de nuestras discusiones.
Magnus gruñó antes de incorporarse hasta quedarse sentado con las piernas cruzadas justo a mi lado. Incluso él había perdido la erección por mi culpa. Está visto que no soy capaz de hacer ni una cosa bien ¿ni alimentarle apropiadamente puedo? ¿Cuánto tardará en cansarse de mí y aceptar la propuesta que le hice ayer?
Yo mismo me senté para quedar frente a frente con él y no sentirme tan incómodo.
—¿En algún momento ha parecido que yo estuviese molesto por tus palabras?
—Pero podrí-
—Simplemente contesta a la pregunta, criatura. —Su voz parecía mortalmente seria. No es la primera vez que mantenemos una conversación de este tipo, pero nunca lo había visto tan inflexible.
—No.
—¿Y exactamente qué te hace pensar que fue algo "indebido"? —En esta ocasión ni tan siquiera me dio tiempo a abrir a boca. —Yo también llevo todo el día pensando en ello, criatura. ¿Y sabes en qué es exactamente en lo que pensaba?
Un nudo se formó en mi garganta, impidiéndome contestar. Quería conocer la respuesta, pero al mismo tiempo tenía un miedo irracional a saberlo.
—¿En qué? —Conseguí articular finalmente.
Los dedos de su mano derecha recorrieron mis pómulos con lentitud hasta acabar en mis labios, que acarició suavemente.
—Pensaba en las ganas que tenía de que volvieras de esa estúpida universidad tuya para que pudieses volver a decírmelo. ¿Tan malo es habérmelo dicho, Alec? ¿Por qué quieres tener secretos conmigo?
No lo sé. Lo único que sé es que cuando abrí la boca para decir aquellas dos palabras todo pareció hacerse más serio para mí también. Antes era como un pensamiento secundario en mi cabeza; como una información que guardas en tu cerebro por si acaso algún día te es útil pero que en el fondo sabes que no sirve de nada. Ahora parece algo real, tangible.
Otro suspiro derrotado salió de sus labios mientras se movía ágilmente y bajaba ambos pies al suelo para ponerse en pie.
—Cuando sepas la respuesta me gustaría que me la dijeras.
Yo ya no sé ni cómo me llamo. Tanto "criatura" empieza a pasarme factura.
—Lo único que sé es que te amo, y eso me asusta. —Más claro no puedo ser, lo siento.
—¿Crees que a mí no me asusta? Me aterra, Alec. —Magnus volvió a subirse a la cama, esta vez situándose más cerca de mí. —Ahora que sé lo que sientes… No sé qué haría si el Consejo descubre todo y trata de alejarte de mí.
—Antes también tenías miedo de eso. —Creo que lo mencionaba una media de cuatro veces al día. Como mínimo.
—Ahora es mucho peor. —Su vista se clavó en mis labios al tiempo que su lengua humedecía los suyos. Y luego yo soy el obvio.
—Lo siento. —Apoyé mis manos sobre el colchón justo frente de mí y usé mis brazos para inclinarme hacia delante.
—No lo hagas. —Sus ojos seguían fijos en mis labios, aunque él no hizo movimiento alguno por besarme ¿Un castigo por no haberle hecho caso antes? —Simplemente dímelo otra vez.
—Te amo. —Terminé de inclinar mi cuerpo y me acerqué hasta su rostro, que él giró en el último momento para que mis labios chocasen contra su mejilla y no contra su boca. —Te odio.
Una pícara sonrisa se extendió por su rostro, pero nunca supe qué iba a decirme por culpa de Jace. También odio a Jace. Mi amor se está convirtiendo en odio a pasos agigantados.
—¡Ya estamos aquí! —Gritó mientras seguía aporreando la puerta de mi habitación como si no hubiese un mañana. —Sea lo que sea que estéis haciendo no hagáis ningún tipo de ruido que pueda escandalizar a mi dulce dama.
—¿Con "dulce dama" se refería a Clarissa o a sí mismo? —Gruñó Magnus cuando mi hermano se marchó con sus gilipolleces de vuelta al salón.
—¿Dónde vas? —Le pregunté cuando vi que volvía a ponerse en pie y se dirigía hacia el cuarto de baño. ¿Y mi beso?
—Ayer por la noche dormí fatal. Creo que adopté una mala postura o algo así, porque me duele la espalda como el infierno. —Como buen retrasado que era se rió de su propio juego de palabras. Ay, por el Ángel ¿por qué no pude enamorarme de Sebastian? —Todavía no me acostumbro a eso de dormir.
—¿Vas a darte una ducha para aliviar la tensión de los músculos?
—¿Quieres unirte? —Preguntó con la lujuria claramente marcada en su expresión.
Me encanta pegarme largas duchas, pero ahora mismo lo último que quiero es tener que cambiarme de ropa. Creo que lo que he llevado hoy es lo único de mi armario que es anterior a la llegada de Magnus. No pienso dejar que mis amigos me vean con la vergonzosamente ajustada ropa que el demonio elige para mí. Ni hablar.
—Puedo darte un masaje. —Su cara repentinamente se quedó seria, mirándome con curiosidad. —¿Qué pasa?
—¿Tú sabes dar masajes?
Como única respuesta yo me moví hacia la derecha, palmeando un hueco a mi lado para que él se tendiese allí. Magnus no tardó en hacerme caso. Su cuerpo desnudo se acomodó bocabajo mientras yo rebuscaba en el cajón algún tipo de crema. Nada. Mira por donde, pero al final voy a poder deshacerme del lubricante de melocotón con una buena excusa.
—¿Es necesario que te sientes sobre mi culo para hacerme el masaje? —No pude evitar sonreír ante aquello mientras esparcía el oloroso menjunje en mis manos y lo frotaba para calentarlo.
—No. —Entre el melocotón y el sándalo Magnus va a oler a macedonia. Quizá le quite a Izzy un poco de esa colonia que huele a fresa y se la eche por encima. Por molestar y eso. —Puedo bajarme si quieres.
—Como lo hagas pienso convertir a tu amigo Sebastino en rana. —¿Sebastino? ¿Se refiere a Sebastian? Creo que tiene un serio problema para recordar los nombres que empiezan por la letra "S".
Su espalda no parecía tensa en un principio, pero conforme fui recorriendo su piel con mis manos pude notar varios nudos que debían ser bastante molestos. Cuando era pequeño me gustaba eso de hacer masajes a mis hermanos o a mi madre, ya que no solo los relajaba a ellos, sino que a mí me hacía sentir bien. Supongo que todo cambió con la llegada de la pubertad y esa incomodidad de ver cuerpos ajenos semidesnudos. O puede que temiese escuchar lo que estaba escuchando ahora.
—Es un masaje, Magnus ¡deja de gemir de una vez! —No es que no me encanten sus gemidos, pero que ambos estemos desnudos y yo esté sentado sobre su trasero no es precisamente cómodo cuando mi erección no para de crecer por culpa de sus soniditos.
—Eres tan bueno en esto, criatura. —Gimió. Vale: esto también lo está haciendo adrede. O eso quiero creer. —Sigue, bebé, no te pares.
Intenté volver a concentrarme en lo que estaba haciendo, pero mi mente se fue definitivamente al limbo cuando la extraña unión psíquica que había entre ambos y que me permitía saber si él tenía o no necesidad de alimentarse me indicó que su cuerpo estaba recuperando parte de su energía. Inaudito ¿Me estás diciendo de verdad que mis masajes le excitan hasta ese punto?
—Más rápido, criatura. —A la mierda.
Me incliné sobre él hasta quedar a ras con su cuerpo, presionándole con fuerza sobre el colchón. Magnus gimió con más fuerza de la habitual cuando mordí con saña su cuello. Solo espero que el aislamiento acústico que Jem puso en mi habitación el pasado fin de semana funcione de verdad. No más sesiones de vergüenza con Jace, por favor.
Aparté mi rostro unos centímetros para poder admirar la marca de mis dientes en su piel, justo a la derecha del chupetón que le hice ayer. No pude evitar sentirme orgulloso al saber que con el tipo de ropa que llevaba Magnus las marcas serían más que visibles durante los próximos días.
—Mío. —Gimió él, arrebatándome las palabras de la boca.
—Sí. —Le concedí mientras lamía la enrojecida piel para disipar un poco el escozor que de todas formas él parecía no estar sintiendo. —Soy todo tuyo.
Otro fuerte gemido. Esa extraña palabra suspirada entre sus labios.
Descendí mi boca por su espalda, lamiendo, besando y mordisqueando los lugares donde mis manos se habían dedicado a deshacer los nudos minutos atrás. Su cuerpo se retorcía bajo el mío, suplicante. Ahora entiendo por qué se enfada cuando yo trato de disimular mis gemidos; es insoportablemente sexy escucharle tan desesperado por mis caricias.
Cuando llegué al final de su espalda estuve tentado de detenerme durante ¿una milésima de segundo? antes de dejar que mi boca siguiese su camino. Besar la suave y tersa piel de sus nalgas era incluso mejor que hacerlo en su cuello. Magnus parecía incapaz de controlar sus gemidos, sumido hasta el borde en las sensaciones que le estaba provocando. Que yo le estaba provocando.
—Mío. —Volvió a decir.
A veces creo que nuestra conexión rara-demoníaca hace que pueda leer mis pensamientos.
Mordí con delicadeza su nalga izquierda, concentrándome en ella mientras amasaba la derecha con mi mano. Joder, ahora entiendo también por qué le gusta tanto toquetearme el culo a la mínima ocasión.
—Alec. —Me llamó. Los gemidos parecieron ahogar sus palabras, por lo que volvió a intentarlo. —Alec.
Cesé todo movimiento por mi parte para darle tregua, sabiendo lo incómodo que es que tu mente esté tan nublada que seas incapaz de pedir lo que de verdad ansías. Magnus sin embargo sonó enfadado cuando mi boca se alejó de su piel.
—Dentro. —Pidió.
—¿Eh? —Espera: ¿qué? Eso no… Él nunca me ha indicado que…
—Dentro. —Volvió a pedir mientras alzaba sus caderas levemente, como queriendo hacer hincapié en sus palabras.
—Dentro. —Me tocó el turno de gemir a mí.
Volví a descender mi rostro, esta vez haciendo que mis manos separasen sus glúteos para dejar a la vista mi objetivo. ¿Pero y si no lo hacía bien? Magnus había estado con miles de personas antes que conmigo, y yo no tenía ninguna experiencia en hacer esto. Lo único que podría hacer era tratar de imitar sus movimientos, tal y como hice la primera vez que intenté hacerle sexo oral. Lamentablemente sus manos, fuertemente aferradas a la almohada, no podrán guiarme esta vez para indicarme el ritmo.
—Criatura. —Pidió.
Cerré los ojos antes de lamer superficialmente los pliegues de su expuesta entrada. Siempre creí que llegado el momento de hacer algo así yo me echaría para atrás o estaría tan asqueado que vomitaría. Nunca pensé que mi cuerpo podría excitarse tanto simplemente por un simple lametón.
Llegados a este punto ya ni siquiera era capaz de escuchar sus gemidos, que supuse que se habían hecho más ruidosos al notar cómo el temblor de su cuerpo también aumentaba. Pero por primera vez no me centré en dar placer a Magnus, sino en darme placer a mí mismo; de hacerlo a mi manera. No sabía si lo que hacía era correcto o si tendría que hacerlo más fuerte, más lento o más suave. Sentía cómo sus músculos se contraían contra mi lengua cuando ésta entraba en su cuerpo y durante unos gloriosos minutos me imaginé a mí mismo penetrando el glorioso cuerpo que tenía debajo de mí.
Cuando mi cerebro volvió a conectarse al mundo real pude apreciar por primera vez la reacción de Magnus. Era incapaz de ver su cara desde esta posición y, por mucho que me hubiese gustado verla, me negaba a alejar mi boca del lugar donde estaba. Lo que sí pude apreciar fue el sudor que bañaba toda su piel, intensificando el olor a sándalo en el aire.
Mi erección dolía intensamente. Necesitaba masturbarme, pero por algún motivo eso me pareció asqueroso en aquel momento. Tenía que tocarle a él. Mis manos ahora solo podían tocarle a él.
Sin abandonar la tarea de mi lengua en ningún momento usé una de mis manos para alzar sus caderas lo suficiente como para que su erección quedase al alcance de mi mano libre. Ni siquiera pude bombear ese caliente trozo de carne una tercera vez antes de que él llegase a su orgasmo.
Magnus no gritó como yo solía hacer, sino que dejó que su cuerpo se quedase laxo sobre el colchón. Finalmente di una última lamida a mi precioso manjar antes de volver a recorrer a la inversa el camino que había hecho anteriormente, volviendo a detenerme a lamer las marcas de mordedura en su cuello.
—Cintaku. —Dijo él. Era la primera vez que Magnus pronunciaba esa palabra sin que yo estuviese todavía inmerso en la neblina del sexo, por lo que en el fondo era la primera vez que podía escucharla claramente.
—¿Qué significa? —Le pregunté antes de depositar un suave beso en su frente.
Él cerró sus ojos, ignorando mi pregunta ya fuera voluntaria o involuntariamente. Su respiración finalmente se acompasó, dejándome claro que se había quedado completamente agotado. Lamentablemente, y por mucha satisfacción que mi mente sintiese por haberle dejado en aquel estado, mi cuerpo seguía necesitando atención.
Me alejé de la calidez de su cuerpo y bajé de la cama, dirigiéndome al baño y cerrando la puerta tras de mí para no molestarle.
Dejé que el agua de la ducha comenzase a caer para que fuese adoptando la temperatura idónea mientras yo me acercaba hasta el armarito a coger toallas limpias. Mierda: al final sí tendré que usar la maldita ropa nueva.
..
Magnus parecía un corderito degollado cuando volví a entrar en la habitación. Seguía desnudo, y estaba sentado al borde de la cama mirándome con expresión de arrepentimiento.
—Te he escuchado desde aquí. —Me dijo mientras yo me acercaba hasta el armario, donde escogí la camisa más simple que pude encontrar. Valga decir que incluso así era demasiado para mí. —Estabas gimiendo.
Sentí mi rostro calentarse ante aquello. Lo cual es una tremenda idiotez teniendo en cuenta que la gran mayoría de mis gemidos (el noventa y nueve por ciento, básicamente) los provocaba él.
—Siento haberte despertado. —Le dije mientras me acercaba y le daba un beso en la mejilla. —¿Te has alimentado bien?
Otra pregunta idiota por mi parte cuando yo podía sentir que estaba mucho más fuerte de lo que había estado desde hacía tiempo. Su gesto, sin embargo, se volvió incluso más grave, mirándome casi con dolor.
—Eso no es lo que yo-… Yo debería haber-… Tú no-… —Magnus parecía incapaz de terminar una sola frase. Eso no era algo típico suyo, sino mío ¿Hoy era el día del cambio de roles y nadie me había avisado de ello?
Un grito proveniente del salón llegó a nuestros oídos en ese momento. Supongo que Will ya ha venido y está teniendo una de sus maravillosas disputas con Jace. Genial.
—Dúchate y vístete tranquilo. —No me gustaba dejarle en este estado tan anormal en él, pero tampoco quería que echaran abajo mi casa. Y si esos dos estaban discutiendo no tardarían en venir a molestar, por lo que no podríamos conversar tranquilos igualmente. —Te amo.
Besé sus labios una última vez antes de abandonar la habitación con una extraña sensación en el cuerpo.
..
Magnus no salió a comer, lo que me llevó a pensar que finalmente se había acostado a dormir ahora que su hambre estaba saciada.
—¿Vamos? —Me preguntó Jem.
Miré con desconfianza a Will y Jace, sentados uno a cada lado de Isabelle en el nuevo sofá. Ya no sé ni cuántos sofás distintos han pasado por aquí en el último mes.
—Vale. —Le contesté mientras asentía. Jem abrió la puerta de casa para mí y esperó a que yo saliese primero. No, en serio: ¿qué ha visto un caballero como él en Will?
—Volveremos dentro de un rato. —Avisó Jem.
Ni siquiera estoy seguro de que alguno de ellos notase que nos habíamos ido hasta horas más tarde.
..
Se nos había hecho más tarde que otras veces. Cuando llegamos de nuevo al ático Isabelle se había ido a dormir y Jace ya se había marchado hace rato. Will nos miraba con el mismo rostro enfurruñado que yo supuse tendría Magnus cuando me viera llegar.
Ambos ser marcharon tras una escueta despedida y quedamos para reunirnos de nuevo el domingo, cuando mis padres habían acordado dejarnos a Max y Cecily también podría venir (para el disgusto de Will).
Todo estaba demasiado tranquilo mientras me internaba en el pasillo. O bien Magnus estaba realmente enfadado… o estaba dormido. No pude evitar que la ternura me embargara cuando lo vi acurrucado en mi cama, abrazando con fuerza uno de los horteras almohadones con volantes que había comprado la semana pasada.
Dejé la chaqueta sobre una silla muy ornamentada de la que no me había percatado hasta ahora y me acerqué hasta donde él se encontraba. Su respiración escapaba pos sus labios entreabiertos, haciendo un sonido muy parecido al que hacía Iglesia, el gato de Jem, cuando dormía.
Tuve que contener mis ganas de acariciar su rostro para evitar la posibilidad de despertarle. ¿Siquiera se habría despertado desde que me fui?
—¿A qué hora llegaste anoche? —Me preguntó nada más entrar yo en la cocina a la mañana siguiente.
Pues mira, va a resultar que sí se había despertado cuando no estuve.
—Buenos días a ti también. —Me serví una taza de café (comprobando antes que el olor fuese el correcto, lo que me indicaría que se trataba del mismo café que yo había preparado la tarde anterior y no algo hecho por mi hermana) y estiré mi brazo para hacerme con un croissant. Magnus me pegó un manotazo antes de que yo pudiese acceder al dulce. —¡Ey!
—¿A qué hora llegaste?
—A las once, papá. —Besé sus labios mimosamente.
No sé qué demonios me pasaba hoy, pero me había levantado con ganas de ser extremadamente empalagoso. Si Magnus hubiese estado en la cama cuando desperté seguramente hubiese decidido no ir a la universidad y quedarme todo el día acostado abrazándole. Me avergüenzo de mí mismo. Mucho.
—No vuelvas a alejarte de mí durante tanto tiempo a no ser que sea por la universidad. —Asentí con mi cabeza efusivamente, obviamente burlándome de sus palabras. —¡Alec! —Me llamó él la atención. Me fijé en la expresión dolida de su rostro; la misma que ayer. —¡Esto es serio! Creí que tú te habías… Creí que…
El tartamudeo otra vez. Esto no es normal.
—¿Qué te ocurre? —No tenía necesidad de alimentarse, lo sabía. ¿Entonces qu-?
—Tú no eres solo un simple alimento para mí. —Su rostro parecía al borde de la histeria. —No eres solo sexo, Alec. Eres mi criatura. Eres… Eres… ¡joder! —Gritó pegándole un fuerte puñetazo a la encimera.
Un grito escapó de mis labios sin poder evitarlo cuando escuché el chasquido y segundos después vi cómo el mármol cedía bajo su puño, resquebrajado.
Magnus me miró con horror.
—No voy a hacerte daño. —Aseguró. —No te asustes de mí.
¿Asustarme?
—Magnus, —Me acerqué a él con cautela, temiendo que pudiese volver a hacerse daño a sí mismo. — ¿estás bien? ¿Por qué estás tan nervioso?
Mi ansia de mimos volvió a mí cuando me abrazó. Suspiré contra su pecho mientras él me acunaba entre sus brazos como si yo fuese un bebé llorón. Si no me equivoco el que está teniendo berrinches, por una vez, es él.
—Ayer gocé tanto contigo… —Su nariz se enterró en mi pelo, aspirando mi aroma. Gracias al Ángel mi rostro estaba fuera de su vista, ya que no tenía ni idea del tono de granate que habría adquirido mientras recordaba lo sucedido. —Estabas tan suelto y tan… Mi criatura, estuviste perfecto.
Eso es bueno. La primera vez que le hice un oral fue un auténtico desastre, así que supongo que esto compensa un poco la balanza a mi favor.
—¿Entonces cuál es el problema? —La respuesta llegó a mi mente en ese momento y cayó sobre mí como un jarro de agua fría. —¿Estás molesto porque yo fui quien…? —Fui incapaz de terminar la frase, tremendamente avergonzado por la situación. —Lo siento.
Mi disculpa sonó como un sollozo. La cursilería podía transformarse en sensiblería, al parecer. Genial.
Magnus me separó de él y me miró a los ojos.
—¿Por qué, Alec? —Escuché el ruido de una puerta al abrirse. Isabelle, supongo. Debe haberla despertado el ruido de a encimera al romperse. Su escuela de moda tiene más días de fiesta que días laborales. —¿Por qué siempre tan bajo concepto sobre ti mismo? ¿Por qué no te das cuenta de lo mucho que vales?
El ruido de otra puerta al cerrarse me indicó que Isabelle sabía perfectamente que estábamos teniendo una conversación importante y que como buena hermana menor había fingido encerrarse en su cuarto para poder escucharnos sin ser descubierta. Quizás en otro momento me habría importado.
—Eso no es cierto. —Soy una persona realista, simplemente.
—¿Por qué no te quejaste ayer? Me diste placer a mí, hiciste que tuviese el mejor orgasmo que recuerdo haber tenido en mucho tiempo y yo en lugar de hacer algo por aliviarte a ti dejé que te fueses al baño a desfogarte tú solito. —¿Era por eso? ¿Toda esta conversación absurda por eso? No tiene sentido. —Te traté como si no fueses más que un trozo de carne.
Por primera vez yo no me había sentido así. Después de nuestra conversación sobre mis sentimientos me había sentido seguro y creí que estaba haciendo lo correcto. Que él pareciese tan absolutamente preocupado porque yo hubiese podido sentirme mal era absolutamente dulce.
—No lo hiciste. También fue perfecto para mí.
Nunca pensé que un sonrojo pudiese ser tan evidente en una piel oscura como la suya. Bueno, sinceramente nunca había pensado que lo vería sonrojarse.
—¿De verdad? —Preguntó esperanzado. —¿Te…gustó?
—¿Cómo podría no haberme gustado? Me encanta tu sabor y la sensación de tenerte bajo mi cuerpo temblando de placer. —Dos gemidos ahogados llegaron a mis oídos por unas palabras que ni yo mismo podía creerme que acabase de pronunciar. —Te amo.
Otros dos sonidos de satisfacción. Como mi hermana no se calle la encierro en su cuarto bajo llave. Una cosa es espiar a tu hermano y otra muy distinta es dejar que sepa que le estás espiando. Esa mocosa tiene una mente diabólica y enfermiza ¿cómo puede ser que no sea ella la Candidata?
Al fin su arrebatadora sonrisa volvió a su rostro mientras esta vez era Magnus quien parecía necesitar mimos. Volví a besar sus labios con dulzura mientras sentía cómo él me correspondía gustosamente.
Otro suspiro.
—Espérame. —Le dije mientras me separaba de él con mucha dificultad. —Voy a matar a mi hermana y vuelvo.
..
Cuando Magnus me besó de repente como si fuese la última vez que nos veríamos supe al instante a qué se debía. Al menos me gusta comprobar de vez en cuando que yo no soy el único celoso inmaduro de la relación. Sea cual sea esta "relación".
Sebastian detuvo en seco su camino hacia nosotros y lanzó una mirada envenenada a Magnus. Creo que a estas alturas está bastante claro que Sebastian no está enfadado con mi íncubo por mí, sino porque Magnus le pone de los nervios. Con el carácter tan infantil que muestra frente a mi compañero tampoco es que eso me extrañe.
—Te recogeré a la salida.
—No tienes por qué. —Su ceja se alzó de esa forma teatral que hasta que le conocí pensé que solo Jace efectuaba a la perfección. Debe de ser cosa de los egocéntricos narcisistas. Ahora que me doy cuenta a Will también se le da bastante bien.
—Te recogeré a la salida. —Repitió antes de darme un último beso.
—Te amo.
Su hermosa sonrisa me acompañó durante todo el día. Ale, otro día de clases perdidas.
..
¿Dónde está Magnus? Sebastian me ha dejado un paraguas y gracias a eso la tromba de agua que está cayendo no me ha calado hasta los huesos, pero igualmente el frío está haciendo mella en mí.
Cuando finalmente se cumple la hora y media esperando me decido a volver a casa, preocupado porque algo malo haya podido pasarle.
..
Y como no podía ser de otro modo el paraguas se rompió nada más bajar del metro. Si eres tan torpe como yo tres manzanas corriendo bajo la lluvia se convierte en un infierno.
Entro en casa lo más aprisa posible temiendo que finalmente mis suposiciones sobre su estado hubiesen fallado y Magnus esté tan débil que no pueda ni moverse. O algo peor.
El alivio que me recorre cuando lo veo sentado en el sofá riéndose como un idiota de unos gritos provenientes de la cocina es enorme.
—Gracias al Ángel. —Magnus por fin parece percatarse de mi presencia y mira con horror el reloj antes de mirarme a mí. El horror pasa a la preocupación cuando me mira de arriba abajo. Debo de estar hecho un asco. —Creí que te había pasado algo.
Magnus se pone en pie en un segundo y se dirige hacia mí a toda prisa.
—Quieto. —Lo detuve antes de que pudiese tocarme. Parecía dolido por mi reacción, pero de inmediato se recompuso e intentó volver a abrazarme. —Estate quieto. —Volví a repetirle mientras lo esquivaba por los pelos. —No quiero mojarte, podrías enfermar y no necesitas eso.
Los gritos de la cocina parecen haberse detenido y ahora otros tres pares de ojos me miran a conciencia. Genial.
—Hola. —Saludo al anormal trío de bichos raros. Hasta ahora no me había percatado que cada uno de ellos es de una especie distinta, qué cosas.
—Hola. —Respondieron al unísono Jem y Tessa.
—Pareces un pollo mojado. —Yo también te quiero, Will. —¿No llevabas paraguas?
Alcé el paraguas de Sebastian para que pudiese verlo.
—Se me ha roto viniendo de camino.
Una carcajada tremendamente parecida a la de Jace escapó de sus labios.
—Qué idiota. —Se carcajeó.
—¿Hay alguien que no le resulte idiota a usted, señor Herondale?
—Yo mismo. —Rezongó él. —Y Jem, de vez en cuando.
Una discusión mucho más calmada pero igualmente irritante volvió a comenzar. Le lancé a Jem mi mirada de más sentido pésame mientras él se apoyaba contra la pared con abatimiento. Mira que es complicado hacer que Jem se harte de una cosa…
—Perdóname. —Me había olvidado por completo de Magnus hasta que sentí su calidez rodeándome.
Tuve que luchar contra mis ganas de dejar que me abrazara y quedarme a salvo entre sus brazos. No sé si los íncubos pueden enfermarse, pero prefiero no correr el riesgo con Magnus. Bastante débil está ya por culpa de querer protegerme y que siga siendo humano.
—No estoy enfadado, tranquilo. Espera a que me seque, ¿vale? —Me alejé de sus brazos y le lancé una sonrisa tranquilizadora antes de marcharme lo más aprisa posible hacia mi habitación para poder quitarme de una vez el maldito helor del cuerpo.
..
—Siento mucho haberte dejado tirado.
—Como vuelvas a pedirme perdón una vez más te juro que te mando a dormir al sillón.
—Sabes que yo no necesito dormir.
—No, pero lo haces igualmente.
Magnus se echó incluso más hacia atrás, apretujando más su espalda contra mi pecho. Mi brazo se apretó con más fuerza en su cintura al tiempo que depositaba un beso en su nuca.
—Te amo.
Es curioso cómo en un único día había pasado de estar asustado de esas dos palabras a repetirlas hasta la saciedad. Quizá dentro de un tiempo Magnus se acostumbrase a ellas y carecerían de importancia, pero de momento parecía tremendamente feliz cada vez que se lo decía.
Magnus se removió entre mis brazos hasta conseguir darse la vuelta y quedar cara a cara. Parece que finalmente haber conseguido una cama más grande no ha servido de nada, ya que sigue apretujándose contra mí todo el rato.
—Repítelo. —Pidió. —Quiero verte mientras lo dices.
—Te amo. —Repetí mientras volvía a pasar mi brazo por su cintura.
Él emitió un pequeño ronroneo adorable antes besarme.
—Eres una preciosidad. —Todo mi cuerpo se tensó ante aquellas palabras. Lo miré con el ceño fruncido. —¿Qué? ¿Si te digo que eres un monstruo mutante completamente horrendo dejarás de mirarme mal?
—Puede…
—Pues lo siento, pero no puedo.
Otro beso, mucho más largo y dulce que el anterior.
—Eres precioso, mi dulce criatura. —Su cuerpo desnudo se colocó sobre mí, sacándome un gemido encantado cuando noté su erección contra mi muslo. —Mío.
Estoy tan hambrienta que ahora mismo no puedo pensar en ninguna de las estúpidas tonterías que suelo poner por aquí.
Como siempre, contestaré a los reviews del capi anterior dentro de un ratito
¡gracias de nuevo por seguir leyéndome ! n.n
