Al final he tardado un día más de lo que pretendía.
Definitivamente no he tenido tiempo para nada esta semana, pero al menos he podido acabar el capi para hoy y he sido de capaz de incluir todo lo que pretendía. Eso me hizo feliz (?)
Dada mi extraordinaria falta de tiempo disponible me temo que no tengo muy claro cuándo actualizaré. Seguiré intentando hacerlo cada semana, pero no puedo saber si esto se mantendrá. Igualmente intentaré seguir actualizando los jueves o viernes. Ya queda poquito, al fin y al cabo n.n
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
¡Os adoro!
..
*Rumiko No Haru: ¡Yep! No te preocupes, es bueno leerte de nuevo n.n
Espero que todo en la escuela te haya ido bien y que estés feliiiiiz por las vacaciones (ahora hay vacaciones, ¿no? Ando un pelín desconectada del mundo académico T_T)
Gracias por haber seguido leyendo la historia, eres un amor n.n
¡Un abrazo de pato patosoooo!
*Shingryu Inazuma: Pues claaaaro que Magnus fue pasivo, mujer. En tatísimos años el "muchacho" tuvo tiempo de hacer de todo xD
Aunque como nunca lo había mencionado puede dar pie a equivocaciones jajaja Pero sí: yo veo tanto a Alec como a Magnus en ambas posiciones. Son tan lindos siempre *-*
D:
¡Malditos de la interpol! ¡Yo soy mucho más importante que esos delincuentes! Cuando domine el mundo te pondré a ti de líder de mi servicio secreto, que está claro que sí tienes una idea correcta de lo que es realmente importante, jums.
Como siempre gracias por pasarte a leer y tus lindas palabras ^^
¡Abrazos!
.
Mi criatura no estaba en la cama cuando me desperté. Durante unos segundos permanecí tranquilo mientras me desperezaba y dejaba que la bruma del sueño desapareciese por completo de mi mente. Después recordé lo sucedido hacía menos de cuarenta y ocho horas.
Ayer Alec había tenido un buen día. No podía estar demasiado tiempo en pie y desde luego no tenía casi fuerzas, pero estar sentado no parecía molestarle y estuvo más feliz de lo normal mientras nos pasábamos el día acurrucados hablando de tonterías. Definitivamente fue el mejor día que recuerdo haber tenido. Y eso, teniendo en cuenta mi edad, es decir mucho.
Cuando salí de la habitación escuché ruidos procedentes de la planta baja. En mi ansia de encontrar a mi frágil criatura pasé por alto incluso el hecho de que mis pies se paseaban descalzos en contacto con una moqueta que parecía no haberse limpiado a fondo hacía mucho. Tendré que sermonear a Ragnor sobre esto. Cuando vuelva de Nueva York, claro está.
Mi hermoso humano parecía tan consciente como yo de que el brujo no se atrevería a volver por aquí en unos días. Hoy hacía un día más soleado de lo normal en Londres, lo que agradecí silenciosamente cuando me percaté de cómo la luz que entraba a raudales por la ventana iluminaba su pálido cuerpo semidesnudo. Mi criatura estaba tan concentrado tratando de alcanzar las tazas colocadas en un estante a bastante altura que ni tan siquiera percibió mi magnífica presencia. Su brazo derecho estaba apoyado sobre la encimera para proporcionarle equilibrio, pero temblaba de tal forma que estaba claro que de un momento a otro acabaría pegándose un buen golpe.
—Buenos días. —Susurré contra su oído. Mi abrazo alrededor de su cintura me permitió sentir con deleite cómo su cuerpo era recorrido por un escalofrío.
—Buenos días. —Su rostro se ladeó ligeramente para darme un beso en la mejilla, provocándome un cálido sentimiento de ternura.
—No deberías haber bajado tú solo. —Fui capaz de ver su mueca de disgusto durante tan solo unos segundos antes de que él volviese a girar su rostro. —Me he asustado cuando me he despertado y no estabas a mi lado.
—No tengo cinco añitos, ¿sabes? Creo que puedo bajar unas escaleras sin matarme en el proceso.
—¿En el estado en el que estás? —Tras observar sus fútiles intentos durante unos segundos más finalmente me decidí a alargar yo mismo el brazo y alcanzarle una taza. —Lo dudo.
Alexander me arrebató el recipiente de las manos de mala manera y se dirigió a la cafetera para verter café en ella. Acto seguido se llevó la taza a la boca y bebió. Café puro. Puaj. No pienso volver a besarle hasta que se lave los dientes a conciencia.
—Ya estoy mucho mejor, papá. —Me contestó burlonamente mientras seguía bebiendo pequeños sorbitos del amargo líquido. —Gracias por preocuparte.
He conocido a millones de humanos y me he alimentado de miles de ellos. ¿Y entonces por qué me siento tan indefenso cuando estoy frente a él? Pelo negro, ojos azules y piel pálida. Es una combinación extraña, pero incluso así me he encontrado con cientos de humanos así. Ragnor tenía razón cuando me dijo que Alexander no tiene nada de especial, y sin embargo es el único ser que me ha hecho sentir tan absolutamente completo.
—Fue todo por mi culpa. —Arrepentirse no sirve para nada, eso es algo que aprendí hace mucho tiempo. Si cometes un error puedes tratar de resolverlo, intentar no volver a cometerlo o simplemente dejarlo pasar y seguir con tu vida. Poner su vida en peligro es uno de los errores más grandes que he cometido nunca, y me desquicia sentirme mal por ello. — Nunca debí permitir que sucediese algo así.
Su mirada sigue fija en mí, observándome por encima de la humeante taza de café. No parece enfadado por lo que sucedió aquella noche, y ayer tampoco estaba enojado por cómo traté de sustraerle información de una manera tan poco ortodoxa. Normalmente mi criatura suele enfadarse por tonterías que cualquier otro pasaría por alto, pero al parecer a él eso de que casi lo maten y le extorsionen no le parece motivo de disgusto.
—Lo cierto es que sí fue culpa tuya. Debiste contarme lo que sucedía hace mucho tiempo. Si yo hubiese conocido todos los riesgos o hubiese estado preparado quizá hubiese podido evitar que las cosas llegasen tan lejos. —Alexander apuró lo que quedaba del oscuro líquido y se movió hasta mi lado para dejar la taza en el fregadero. No me tomó por sorpresa, pero siguió siendo sumamente agradable cuando sus brazos rodearon mi nuca y tiró de mí para unir nuestros labios. —Me prometiste que no me ocultarías nada más.
Curiosamente el sabor amargo del café sabía a gloria si provenía de su boca. Acaricié su mejilla con ternura, a lo que él respondió ladeando su cabeza para rozar su perfecta piel contra mis dedos. Sus ojos permanecieron cerrados mientras él suspiraba con deleite. Precioso.
—No volveré a hacerlo.
—Eso me dijiste la última vez.
Lo que también es cierto. Antes sentía que cualquier mínima presión por mi parte podría hacer que mi criatura acabase rompiéndose. Su mente, sin embargo, parece poder procesar con mucha facilidad los cambios y adaptarse a ellos. He escuchado en más de una ocasión de situaciones en las que nuestro Consejo ha tenido que resetear la memoria de algún humano porque a alguno de los nuestros se le acabó yendo de las manos. Los nefilim cada vez parecen vigilarnos con más ahínco, y eso no ha hecho más que empeorar desde que saben a quien tengo yo ahora entre mis brazos.
—No más secretos. —Su rostro se iluminó cuando sonrió; sus ojos pareciendo dos hermosas joyas resplandecientes. Qué endiabladamente cursi es esto de tener sentimientos, ya ni lo recordaba. —Eso va por los dos, ¿entendido? Tú tampoco podrás esconderme nada.
Su sonrisa se volvió irónica, como queriendo decir «¿en serio?».
—Prometido.
Noté cómo poco a poco su sonrisa fue desapareciendo conforme la mía se iba ampliando. Mi criatura trató de romper su abrazo sobre mi cuello, pero yo no se lo permití. Empujé con delicadeza su cuerpo contra la encimera, acorralándolo ente ésta y mi cuerpo. Tenerlo acorralado es algo que me excita sobremanera. Sus ojos se amplían con anticipación mientras todo su cuerpo se tensa. Sus sonrosados labios se abren tratando de emitir pequeñas quejas pero el sonrojo que muestra su pálida piel me evidencia que no soy el único que disfruta de la situación.
Mi dulce criatura era virgen antes de que yo lo tomase, pero parece que he hecho que se vuelva un gran partidario de mantener relaciones sexuales a todas horas. Es increíble lo satisfecho que me siento por éste hecho. Mi criatura desea el sexo; mi Alexander me desea a mí, sin que el hecho de ser un maldito demonio sexual influya en absoluto.
—Toda la verdad, ¿no es así? —Confundir sus sentidos es una buena forma de salir del paso. Acabo de prometerle que le contaré todo, pero no he dicho nada de cuándo lo haré. —Responderás a todo sinceramente y sin dejar que tu esplendido y maravilloso sentido común intervenga.
Noté cómo tragaba con fuerza mientras desviaba su mirada hacia cualquier cosa que estuviera lejos de mí.
—Sí. —Respondió, todavía evitando mi mirada.
Mi cuerpo se apretó más contra el suyo, logrando sacar un gruñido necesitado de mis labios y un pequeño gemido de los suyos. Alexander volvió a tratar de desenredar sus brazos, y esta vez lo dejé, quedándome gratamente complacido cuando él apoyó ambas manos sobre mi pecho desnudo. Ni tan siquiera me hizo falta decirle qué era lo que no me había gustado de su respuesta para que él volviera a dármela, en esta ocasión de forma adecuada.
—Sí. —Dijo mirándome a los ojos.
Tuve que contener mis ansias de comenzar a acariciar su delicioso cuerpo, por lo que apreté con fuerza mis manos, que se aferraban a la encimera de mármol para evitar que mi criatura tratase de escapar. Bueno, realmente yo sabía que lo último en lo que pensaba él ahora mismo era en huir de mí, pero igualmente era una medida de seguridad. Por si acaso hoy estaba rebelde.
Aunque obviamente no era el caso.
—¿Quieres que te lo haga aquí mismo, sobre la cocina de Ragnor? —Alexander gimió mientras sus ojos se entrecerraban con placer.
—¿Tienes alguna especie de fetiche extraño con hacer el amor en la cocina? —"Hacer el amor". Esas tres simples palabras no deberían haberme encendido como lo hicieron, pero así fue. Tuve que usar todo mi autocontrol para no tomarlo en ese mismo instante,
Y yo no tengo ningún fetiche con las cocinas. Tengo un fetiche con poder disfrutar de su cuerpo en cualquier sitio, en general.
—¿Quieres que te haga el amor —Paladeé esas tres palabras en mi boca con gusto mientras proseguía con mi plan sin hacer caso alguno a su comentario anterior. — aquí, donde Ragnor podría entrar en cualquier momento y pillarnos? Nada de mentiras, criatura.
Su rostro se volvió incluso más rojo de lo que ya estaba, aunque en esta ocasión dominó sus instintos y no desvió la mirada. Sus ojos, que parecían más grandes y brillantes de lo normal, me miraban fijamente cuando me contestó.
—Sí.
—Mi pequeño gatito en celo… —Ronroneé contra sus labios antes de unirlos con los míos. Como queriendo hacer honor a mis palabras mi criatura curvó las manos y dejó que sus uñas arañaran superficialmente la piel expuesta de mi pecho. —¿Siempre has sido así de- ?
El horroroso tono del teléfono fijo de Ragnor sonó en aquel momento. Miré a mi maravillosa y estimulada criatura todavía temblando de excitación entre mis brazos y estuve a punto de dejarlo pasar. Luego recordé que Catarina debía llamarme para concretar cuándo volver a revisar a Alexander y mi mente volvió a centrarse. Su salud mucho más importante que mi deseo. Aunque no parece ser más importante que el suyo, ya que mi criatura me dedicó un tierno puchero cuando me alejé de la calidez de su cuerpo para ir a responder la llamada.
Cuando coloqué el teléfono en mi oreja y escuché a quien pertenecía la voz quise pegarme un tiro por imbécil. Y lo hubiese hecho de no ser porque sabía que un arma de fuego humana no podría hacerme ningún tipo de daño significativo.
—Te juro que como no sea importante nadie va a impedir que te deje encadenado a un árbol mientras el sol se alza sobre el cielo. —Malditos chupasangres… De entre todos los seres mágicos que conviven en este mundo los vampiros siempre han sido los que menos me gustan. Quizá porque muchas veces los humanos incultos se han atrevido a compararme con uno de esos seres inferiores.
—Te echarías a la Clave encima si eso sucediese.
—¿Crees que a la clave le importaría una mierda la desaparición de uno de los tuyos? Estarían contentos de poder librarse de algunos de vosotros sin verse ellos mismo involucrados y faltar a vuestros ridículos Acuerdos. —Toda criatura mágica sabe que los Acuerdos son un simple formalismo barato y que la rivalidad entre los nefilim y los submundos sigue desarrollándose en las sombras.
—Ragnor se enfadaría contigo si algo me sucediese por tu culpa.
—Ragnor tampoco me tiene precisamente contento en estos momentos. Puede que con tu muerte pudiésemos estar en paz. —Necesito volver con mi criatura. AHORA. —Como no me digas para qué cojones has llamado te juro que-
Un sonoro gemido me desconcentró por completo y me hizo olvidar la conversación.
—Ragnor se está quedando en mi casa, pero quiere que sepas que ambos iremos allí mañana por la tarde. No quiere que luego le recrimines nada ni que te enfurezcas cuando nos veas aparecer. —Sus palabras llegaban como murmullos a mis oídos. Como quien escucha ladrar a un perro y sabe que algo dice aunque no comprenda el qué. —Dice que tu mundano quedó bastante traumatizado por cierta escena comprometedora en la que os encontró, y ciertamente: creo que a él también le ha afectado bastante aunque trate de ocultarlo. Hace unos minutos me ha preguntado que si-
El murmullo siguió sonando a través del teléfono cuando dejé el auricular sobre la mesita auxiliar y me dirigí hacia la perfección hecha carne. El pecho de mi criatura se encontraba apoyado sobre la fría superficie de la encimera mientras su parte inferior, completamente despojada de cualquier estorbosa prenda, se ofrecía a mí como un suculento manjar. Delicioso.
—Realmente debes estar en celo como para hacerme esto, criatura.
Alexander movió la cabeza para tratar de hacer contacto visual conmigo, pero su posición le impidió conseguirlo hasta que prácticamente estuve tras él. Su desgastado suéter seguía en su sitio, pero su ropa interior habían desaparecido por completo de mi vista, ofreciéndome algo mucho más apetecible de contemplar. Igualmente a mí me seguía pareciendo que portaba demasiada ropa.
—Si supieses lo que estás provocando en mí ahora mismo…
—¿Me deseas a mí o necesitas alimentarte? —Preguntó mientras yo me deshacía de la única y molesta prenda que me cubría en esos momentos.
—Mi tierna criatura… —Finalmente pude hacer lo que había estado ansiando y mis manos acariciaron su piel. Su cuerpo enteró tembló cuando usé mis manos para colocarlo en una mejor posición, logrando que sus caderas quedasen a ras del borde de la superficie, tomando una postura perfecta para lo que no tardaría demasiado en llegar. —Te deseo como nunca he deseado a ningún otro humano.
Como si de un animal se tratase, mi criatura me dio un obsequio cuando recibió la respuesta correcta: sus caderas se sacudieron, moviéndose de la forma precisa para frotarse contra mi erección. Sentí cómo mi excitación superaba los límites de lo imaginable cuando él volvió a hacer el mismo movimiento y pude notar lo resbaladizo que se encontraba el interior de sus glúteos. Mi vista se desvió hasta sus manos, donde me fijé con más atención ahora que sabía lo que estaba buscando. Los dedos de su mano izquierda estaban húmedos, cubierto de ese líquido viscoso que, literalmente, me ayudaba a entrar al paraíso.
—Eres perfecto, Cintaku. —Sus labios se abrieron en un grito mudo cuando lo penetré hasta el fondo de una sola estocada.
Sus caderas no tardaron en moverse buscando más contacto, pero yo en ese momento lo primero que necesitaba era poder tener acceso a más de su piel. La tela de su raído suéter cedió con facilidad bajo la fuerza de mis manos, rajándose por la mitad para dejar al descubierto la piel desnuda de su espalda. Joder, incluso su espalda es sexy.
Alexander abrió sus zafiros, que habían permanecido cerrados desde que mis manos rozaron su piel, y supe al instante que alguna queja sobre haber roto su ropa iba a salir de sus labios. Roté mis caderas perezosamente, rozando su próstata en el proceso. Mi criatura pareció olvidar cualquier otra cosa mientras sus ojos volvían a cerrarse y sus labios dejaban escapar excitantes gemidos.
Posicioné mis manos solo unos centímetros más abajo que las suyas para hacerme de apoyo mientras comenzaba a embestirle con lentitud. Cuando me incliné todo lo que esta posición me permitía para no dejar de penetrarle besé su espalda a la altura de su columna vertebral. Su respiración se hizo más pesada mientras mi erección seguía entrando y saliendo de su cuerpo al tiempo que mis labios mimaban toda la piel que eran capaces de alcanzar.
—Magnus. —Rogó, pronunciando mi nombre a duras penas, esforzándose para pronunciar las palabras entre medias de sus gemidos.
—¿Lo quieres más rápido, criatura? —Como única repuesta sus caderas se movieron hacia atrás ansiosamente.
Recosté mi pecho sobre su espalda, repartiendo pequeños besos por su nuca mientras comenzaba a moverme con dureza. Mi humano arañaba el frío mármol, quizás intentando calmar las sensaciones que recorrían su cuerpo.
Mis manos descendieron hasta sus caderas, apoyándome en ellas mientras tiraba de mi cuerpo hacia atrás. De su boca escapó el mismo sonido de protesta que amenazaba con salir de la mía propia al sentirme privado de esa caliente y estrecha cavidad. Incapaz de seguir alejado de su cuerpo, lo hice ponerse en pie para volver a recostarlo sobre la encimera una vez que lo hube hecho girar. Sus manos viajaron hasta mi nuca, tirando de mi cabello hasta que nuestras bocas se unieron.
—Gracias. —Gimió contra mi boca. Lo sabía: él echaba tanto de menos mis labios como yo echaba en falta los suyos.
Enganché una de sus piernas en mi cadera y volví de nuevo a enterrarme en él. Los músculos de su interior parecían estar dándome la bienvenida, succionándome hacia dentro. Coloqué mis manos a cada lado de su cabeza, manteniéndome erguido mientras seguía embistiéndole. Alec, por su parte, había vuelto a colocar sus manos en mi pecho mientras me arañaba suavemente con sus pequeñas garras de gatito bebé, mandando corrientes eléctricas por todo mi cuerpo que no hacían más que aumentar el ritmo de mis envestidas.
Eché de menos los rasguños una de sus manos cuando ésta abandonó mi pecho para dirigirse a su propia erección. A veces me siento egoísta al no ser yo quien le estimule, pero ver cómo él se toca a sí mismo es como una droga para mí. Saber que se masturba para desfogarse de lo que yo le provoco es excitante a la par que encantador. Sólo él podría provocarme de semejante manera.
..
—¿Los humanos entráis también en celo? —O puede que sea cosa de los Candidatos. Aunque yo no recuerdo haber estado nunca tan fogoso como lo estaba mi criatura.
Alexander ignoró mi comentario mientras acariciaba suavemente las marcas que sus arañazos había dejado en mi piel. Podría haber hecho que desaparecieran al instante, o simplemente que ni siquiera aparecieran. Lamentablemente he desarrollado cierta satisfacción por estar marcado por él.
—Tienes que volver a descansar. Yo me encargaré de hacerte la comida y todo lo qu-…Criatura, ¿me estás escuchando?
Sus labios depositaron un último beso en mi mejilla antes de que él se retirase unos centímetros de mi cuerpo.
—No realmente. ¿Tengo la fuerza suficiente como para tener sexo contigo en la cocina pero no para salir a ver casas? —Su rostro trataba de mostrarse enfadado, pero había una luz en sus ojos que era incapaz de esconder. —Quiero que tú y yo podamos tener nuestro propio hogar.
Tener un hogar, uno verdadero, debe ser precioso. Y más aún si es con mi criatura quien lo compartiré.
—Tienes que descansar. —Nuestra futura casa no va a moverse de dondequiera que esté.
Su rostro no cambió ni un ápice. No parecía enfadado ni decepcionado, sino que seguía pareciendo simplemente feliz. ¿Es por lo de ayer? ¿Su felicidad repentina se debe a que hemos aclarado en gran medida la relación entre nosotros? ¿Por qué demonios no lo hice antes?
—Por favor.
—No, criatura.
—Estaré contigo. Si empiezo a sentirme débil tú podrás traerme aquí con tus truquitos de demonio súper poderoso. —Una risita escapó de mis labios. ¿"Demonio súper poderoso"? Nunca le he mostrado a mi criatura ni tan siquiera una décima parte de lo que puedo hacer. Aunque claro: comparado con la nula capacidad mágica de los humanos, lo poco que ha visto debe haber sido espléndido. —No tendremos que preocuparnos de teléfonos molestos ni de que Ragnor nos interrumpa.
Aquello sonaba increíblemente bien. Todavía sigo enfadado con Ragnor por su interrupción. Sé que no fue malintencionada y que mi amigo no comparte mis gustos bisexuales, pero me resultó extremadamente molesto que él viese a mi criatura desnudo, aunque fuese parcialmente. Por no hablar de la parte egoísta de mi cerebro, que insiste en meterme en la cabeza que si yo esa mañana hubiese podido terminar de saciar mi apetito con Alexander no hubiese perdido el control cuando estábamos en la cocina.
—He dicho que no. —Su seguridad seguirá siendo lo más importante. Incluso más que el sexo, por mucho que me duela.
Alexander me dedicó una mirada implorante que claramente había sido ensayada. ¿Quizás esta mañana antes de que yo me levantase? Porque nunca antes le había visto hacer tal cosa.
Me negué a dar mi brazo a torcer, por lo que mi criatura finalmente soltó un suspiro de resignación. Otro suave beso fue depositado en mi mejilla antes de que su cuerpo definitivamente se separase del mío. Alexander comenzó a recoger las prendas de ropa que había esparcidas por el suelo y a colocárselas de nuevo. Tuve que desviar la vista para no ver semejante sacrilegio; un cuerpo así no debería cubrirse con nada. En ese momento él se desvió la vista, atrapándome con la mirada llena de animadversión por el crimen que acababa de cometer.
—Últimamente la ropa me parece incómoda. —Dejó caer como si tal cosa. Alexander tomó entre sus manos lo que quedaba del maltrecho suéter para mirarlo durante unos segundos antes de tirarlo al cubo de la basura que había bajo el fregadero.
—¿Y entonces por qué te has vestido? —Mi voz sonó más grave de lo normal, sobresaltándome.
—No quiero que Ragnor vuelva a verme desnudo. —Sus mejillas se sonrojaron con fuerza al decir aquello y noté la incomodidad en los ojos. Cierto; yo no fui a único al que afectó la interrupción del guisante verde. —No me gustó que él me viera.
No pude hacer otra cosa más que acercarme a él en dos grandes zancadas y abrazarlo contra mí. Alexander permaneció con las manos en mi pecho, de nuevo acariciando sus arañazos con mimo.
—Nadie que no sea yo volverá a verte desnudo. —Y aquello era una promesa. No permitiré que nadie disfrute de una vista que solo me pertenece a mí. Arrancaré los ojos de quien se atreva a-
—Yo tampoco quiero que nadie que no sea yo te vea a ti. —Su rostro se alzó hacia mí, con sus húmedos y suculentos labios pidiendo a gritos ser profanados por mi lengua.
—Nadie más que tú, mi criatura. —Le aseguré.
Alexander soltó un suspiro de satisfacción mientras se alzaba ligeramente, quedando a escasos milímetros de mis labios. Podía sentir su roce, su textura. Las ansias de devorar aquella boca parecían querer consumirme. Pero él tenía algo en mente, lo sabía.
—¿No te gustaría que yo estuviese siempre desnudo? —Claro. Seré imbécil, ¡se trataba de eso! Hay veces en las que la retorcida mente de los humanos resulta más diabólica incluso que las nuestras. —Podríamos hacer lo que quisiéramos, donde y cuando nos diera la gana.
Sabía que no debía dejarme guiar por sus palabras, pero mi imaginación se dejó embelesar rápidamente. Mi criatura siempre ligero de ropa y disponible para mí, complaciente a mis deseos. Yo me encargaría de dejar lubricante en todas y cada una de las habitaciones para poder tomarlo en cualquier momento y lugar, en cualquier postura. Tal y como había sucedido en mi propia casa, en mi dimensión. Necesito volver a tener eso.
Mi entrepierna dio un tirón cuando me lo imaginé de nuevo abriendo las piernas para mí sobre la alfombra del salón, su pálida piel iluminada por las llamas de la chimenea.
—Tú no te pasearías siempre desnudo. —Él ya había ganado, y ambos lo sabíamos; pero igualmente debía prestar batalla hasta el último momento. —Te conozco y sé que no lo harías.
Alexander deslizó su boca hacia la derecha, donde se presionó, besando mi mejilla de forma húmeda, pasando su rosada lengua por ella.
—Puede que tengas razón… —Poco a poco se fue deslizando por mi cuerpo. Primero mi oído, mi cuello, mi clavícula, mis pezones… Definitivamente mi pequeño humano está en celo, y yo no pienso restringir sus deseos. — pero podría hacer cosas como esta más a menudo.
Sus labios se detuvieron en las marcas de sus arañazos, donde los dedos que las habían estado acariciando fueron sustituidos por su lengua. Ese maravilloso y húmedo apéndice lamiendo con deleite mi piel me hizo enloquecer por completo.
—¿Te duele? —Preguntó refiriéndose a las marcas ¿Dolerme? Dejaría que mutilasen mi cuerpo entero si de esa forma consiguiese que él lamiese mis heridas como ahora.
—Puede… —Contesté en lugar del evidente y rotundo «no» que debería haber soltado.
La risa divertida que escapó de sus labios vibró contra mi piel, provocando escalofríos.
—No parece que esta parte de tu cuerpo sienta dolor alguno… —Una de sus manos descendió hacia mi miembro, acariciando la cabeza delicadamente con uno de sus dedos. Un gruñido de mi parte lo hizo alzar la vista. —¿Quieres que te toque?
Otro gruñido fue mi única respuesta.
¿Cómo puede volverme completamente loco solo con unas caricias? ¡Vivo del sexo, por los cuatro infiernos! He tenido a más personas en la cama de las que puedo recordar ¿y una pequeña lengua lamiendo mi piel y una cálida mano masajeando mis testículos pueden hacer esto en mí? Definitivamente soy un desastre como demonio.
Lo que estaba deseando desde el principio por fin sucedió y sus manos fueron sustituidas por su boca al tiempo que éstas comenzaba a masturbarme expertamente.
—Ve más desp-…¡Oh joder, criatura! —Tuve que apoyarme una vez más en la encimera porque mis piernas amenazaban con hacerme caer ¿Mis piernas temblando por algo tan simple como el sexo oral? ¿Qué está haciendo esta criatura conmigo? —Ve más lento, criatura. —Una fuerte sacudida, sus ojos fijos en mi rostro. —Quiero durar todo el tiempo posible.
No pude verla, pero estoy seguro de que una sonrisa se formó en su llena boquita.
Mocoso desobediente…
Su boca dejó libre mis genitales para inmediatamente después engullir mi erección. Incluso él pareció sorprendido durante unos minutos mientras trataba de acostumbrarse a sentirme en el fondo de su garganta, pero no tardó demasiado en acostumbrarse y comenzar a hacer maravillas con su boca.
Criatura desobediente…
Mi semen no tardó demasiado en llenar su boca. Mi criatura libero mi flácido miembro y se echó hacia atrás, sentándose sobre sus piernas flexionadas como un manso gatito. Sus ojos me miraron fijamente mientras tragaba el espeso líquido que tenía en su boca.
—Magnus, por favor. —Pidió.
Maldito humano manipulador…
—Vale: tú ganas. Vete a vestirte antes de que me arrepienta.
De entre todos los humanos he tenido que toparme con el único que puede dominarme a su antojo. Lo dicho: soy un fracaso como demonio.
..
—El tamaño de la parcela es de 2.627 m2, mientras que el de la vivienda es de 875. Como pueden apreciar está decorada con grandes firmas internacionalmente conocidas como... —Esta me gustaba incluso más que la anterior. Cuatro plantas, dos de ellas con todas las paredes completamente acristaladas. Las imágenes de mi criatura caminando desnudo por estos modernos pasillos vienen a mi mente y no puedo dejar de sonreír. —… la suite principal consta de 132 m2, incluyendo una sala de estar y un enorme vestidor que… —Mi criatura miraba hacia todas partes pareciendo algo perdido e incómodo ¿Quizá porque no he dejado que camine ni un solo segundo sin que mi brazo esté rodeando su cintura? No, sé que no es por eso. Él mismo accedió a dejar que yo fuese su apoyo con tal de poder salir a mirar viviendas. — … con el gimnasio, la sala de cine y el spa en el sótano.
—No hace falta que hable más, señor Blackthorn: ya estoy completamente convencido. —Dos pequeños hoyuelos se formaron en sus mejillas cuando sonrió alegremente. La heterocromía de sus ojos es fascinante, y la forma de sus orejas indica claramente su procedencia. No sabía que ahora las hadas se dedicaran a los negocios inmobiliarios. —Iremos a ver la última casa, pero creo que esta será la definitiva.
—Eso es estupendo. Síganme con el coche, entonces; —Cuando comenzó a caminar frente a nosotros para guiarnos hacia la salida no pude evitar fijarme en su espectacular figura. Una belleza digna de las hadas, ciertamente. —La otra casa no está demasiado lejos.
Noté cómo mi criatura se removía levemente y mis ojos se desviaron al instante del culo de Mark a mi hermoso humano. Alec mantenía la mirada perdida en algún punto delante de nosotros, sumido en algún pensamiento que yo sabía que era autodestructivo por la manera en que sus zafiros carecían de calidez.
—Yo te obligué a no estar con otros. Te supliqué que no buscaras a otros humanos. ¿Crees que no me he dado cuenta de cómo mirabas hoy a la gente en la calle? Crees que tienes una obligación hacia mí y por eso cumples mis estúpidos caprichos infantiles.
Mierda.
..
El viaje en coche no duró más de diez minutos, pero el silencio contemplativo en el que se había sumido Alexander y del cual yo era incapaz de sacarlo pese a mis múltiples intentos, hizo que me pareciese eterno. Ni siquiera dos días. No he sido capaz de mantenerle feliz durante dos días antes de que volviese a estar tan escondido en sí mismo como antes.
—Criatura, —Pedí. Rogué. Supliqué. Alexander no me miró, pero pareció reaccionar ante el tono necesitado de mi voz. — dime lo que sientes por mí, por favor.
Esta vez sí pareció reanimarse por completo. Sus ojos estaban más abiertos de lo normal mientras me miraba con sorpresa.
—¿Eh? —Los coches se habían detenido delante de una gran verja dorada y vi cómo Mark bajaba del suyo para dirigirse a nosotros. Él no importa. Es solo otro ser con una apariencia hermosa, nada más ¿Por qué Alexander no es capaz de comprenderlo?
—Por favor. —Los demonios no suplican. Yo no debería de estar suplicando por unas simples palabras salidas de un necio humano. Pero esas palabras no eran simples, y este humano no es como el resto.
Alexander alzó sus manos y acunó mi rostro con ellas. La preocupación marcaba sus facciones como siempre ocurría cuando sabía que algo iba mal conmigo. Él es el que está triste pero soy yo a quien consuelan. Horrible.
—Magnus: te amo. —Las emociones de los humanos son frágiles, y sus sentimientos son fácilmente volubles. No sé qué hubiese hecho si de repente él me hubiese dicho que ya no me amaba. —¿Qué te ocurre?
Que yo siento lo mismo por ti. Ocurre que incluso sabiendo lo que siento sigo siendo incapaz de decírtelo o demostrártelo. Ocurre que poco a poco sé que voy a ir perdiéndote.
—Nada. —Giré mi rostro hasta colocar mis labios bajo una de sus manos, depositando allí un beso. —Simplemente necesitaba oírlo.
Una tímida sonrisa surgió en sus labios, devolviendo la luz a todo su rostro.
—Puedo decírtelo siempre que quieras, —Se mordía la comisura de los labios con nerviosismo, avergonzado. —no es algo que tengas que suplicarme.
Mis dedos hicieron presión sobre sus labios para que dejase de morderlos. Mi deseo por besarle era enorme, pero sabía que si lo hacía no podría detenerme y acabaría llevándolo todo demasiado lejos.
—Vamos a ver la última, ¿vale? —Pude notar la decepción en su mirada mientras asentía y abría la puerta para salir. Demasiado tarde me di cuenta de que no era por no haberle besado, sino porque había pasado por alto sus hermosas palabras. ¿De verdad puedo siquiera pensar que él no se cansará de mí y se marchará? Y más cuando sepa toda la verdad sobre el hechizo que nos une. Mierda.
Mientras nos acercábamos pude vislumbrar cierta expresión de disconformidad en el rostro de Mark, aunque esta desapareció tan pronto como estuvimos a su lado y fui incapaz de reconocerla. Curioso.
—¿Vamos? —Dijo con su mejor sonrisa de vendedor.
Sigo sin comprender cómo Alexander puede siquiera pensar que una sonrisa así puede competir con una tan hermosa como la suya.
..
—…Y por supuesto el estanque que rodea la estructura de la casa a modo de foso no es su única parte acuática. Su antiguo propietario era un nadador profesional amante de su trabajo, lo que se demuestra con las cinco piscinas diferentes y el enorme estanque que están situadas en el terreno. Y eso sin contar la sexta piscina, que se encuentra en el interior y que visitaremos en seguida.
Con mi criatura solo he podido tener sexo bajo el agua en las bañeras que tenía mi casa que, pese a ser bastante amplias, no eran ni mucho menos lo mismo que una piscina. Mi criatura podría nadar desnudo mientras yo lo contemplo durante un rato hasta acabar perdiendo el control y tirarme al agua para penetrar con dureza ese hermoso-
—…finaliza con estas magníficas vistas del bosque desde el despacho principal.
Estuve a punto de darle al rubito un cheque con el importe completo en ese mismo instante. Y lo hubiese hecho si él no hubiese mirado fijamente a mi criatura mientras le dedicaba una sonrisa. Una genuinamente auténtica, encantadora y dulce sonrisa.
—Esto no es lo tuyo, ¿verdad?
Miré a Alexander, que se había sonrojado con fuerza mientras alternaba su mirada entre Mark y yo, indeciso.
—¿Recuerdas lo que ambos prometimos esta mañana? —Intenté ayudarle yo.
Mi criatura asintió levemente, todavía poco convencido.
—No me gusta ninguna.
¿Qué? ¡Pero si las cuatro han sido magníficas!
—Lo supe desde el mismo momento en que te vi. —Esa mirada apreciativa seguía impresa en su rostro, y a mí estaba consiguiendo ponerme histérico.
Cuando durante nuestra primera visita lo descubrí lanzando miradas furtivas hacia nosotros asumí rápidamente que me miraba a mí. Saber que no es en mi persona en quien está interesado no ataca a mi ego, sino a mis nervios. Como se le ocurra siquiera acercarse a más de cinco metros de mi criatura pienso aplastar al maldito orejas picudas.
—Sé de algo que podría gustarte más.
—Pues entonces vamos. —Le contesté secamente antes de que Alexander pudiese abrir la boca.
Noté la mirada curiosa de mi criatura clavada en mí durante el camino hasta el coche, pero fue lo suficientemente discreto como para no preguntar nada hasta que ambos estuvimos a solas y de nuevo en la carretera.
—¿Te ha molestado que no me gustase ninguna? Sé que a ti te encantaban. —No desvié la vista de la carretera por precaución, pero podía adivinar con casi total exactitud qué tipo de expresión culpable estaba mostrando ahora mismo. —Lo siento.
Lo que me molesta no es que no te gusten esas estúpidas mansiones, sino que un estúpido híbrido humanoide lo haya descubierto con tan solo mirarte y yo no haya podido darme cuenta pese a que te has convertido en mi vida entera.
—No estoy molesto contigo, criatura.
—Estás muy serio. —En realidad lo que estoy es conteniendo mis ganas de chocar mis coche contra el que va delante para echarlo fuera de la carretera. Es más: lo hubiese hecho de no ser porque Alec estaba conmigo y me negaba a causarle cualquier otro daño físico.
Justo a tiempo mi cerebro pareció recordar que yo le debía una buena respuesta a sus tiernas palabras anteriores.
—Simplemente quiero darme prisa en encontrar una casa en la que poder estar contigo para que podamos volver acurrucarnos en nuestra propia biblioteca, como hacíamos antes.
Esta vez me arriesgué a desviar la vista durante unas milésimas, logrando ver cómo una tierna sonrisa surcaba sus labios.
..
El barrio en el que nos habíamos detenido en esta ocasión estaba lleno de casas particulares que gozaban de pequeños jardines separados por pequeños muros llenos de hiedra o vallas de madera circundadas por pinos. Cuando nos acercamos a la vivienda que visitaríamos pude percatarme de que básicamente se trataba de la casa de Ragnor, solo que cuidada y mantenida, dándole cierta calidez.
Durante la corta (en comparación con las anteriores) visita me dediqué a mirar de reojo las expresiones que mi criatura hacía. La hadita repipi seguía pareciéndome insufrible, pero no había duda alguna de que había acertado de lleno con esto.
—¿Esta, entonces? —Preguntó Mark.
Alexander me miró con esperanza mezclada con incertidumbre.
Una cocina, un salón lo suficientemente amplio como para hacer las veces de sala de estar, dos habitaciones, un pequeño despacho, un diminuto baño de invitados más otro mucho mejor equipado adosado a la habitación principal y un vestidor medianamente amplio. No es precisamente lo que tenía en mente. Aunque pensándolo mejor menos espacio significaba que Alexander no podría alejarse demasiado de mí. Y el jardín aunque pequeño es muy hermoso y está muy bien cuidado.
¿Para qué engañarme? Lo único que realmente me importa ahora mismo es que él esté lo más a gusto posible.
—Nos la quedamos.
Para lo reservado que él suele ser respecto a mostrar muestras de afecto en público, el beso que me dio en la mejilla fue tremendamente dulce. Y lo fue incluso más cuando yo giré mi rostro y nuestros labios se encontraron.
—Desgraciadamente hay otras tres ofertas de distintos compradores para esta casa y-
—Cincuenta millones. —A regañadientes dejé ir la boca de mi sonrojada criatura.
—¿Perdón? —Vamos a ver, pelele: he estado a punto de comprar una mansión ¿de verdad crees que superar las pujas de simples humanos con sueldos mediocres supone algo para mí? Santo infierno, qué idiotas son las hadas.
—Diles a los actuales propietarios que les ofrezco cincuenta millones más de los que les ofrece la oferta más alta siempre y cuando todo el papeleo esté solucionado hoy mismo.
El señor Legolas sin estilo se marchó a toda velocidad para poder hablar con los propietarios tranquilamente, disculpándose con nosotros. Como si a mí me importase perderle de vista.
—¿Estás seguro de esto? Sé que preferías las otras casas.
—Lo que prefiero es que tú seas feliz, no me importa el lugar, criatura.
Alexander parecía querer añadir algo más (un "gracias" tal vez), pero Mark volvió en ese momento y nos cortó todo el ambiente romántico. Lamentablemente las hadas son muy vengativas y sé que alguien le echaría de menos, si no puedo jurar por mi criatura que ahora mismo estaría enterrado bajo el roble que hay en el jardín de nuestra diminuta y acogedora nueva morada.
—¡Todo listo! El señor Starkweather ha accedido a ausentarse de su trabajo durante media hora para poder encontrarse con nosotros en una cafetería cercana.
Ya. Seguro que ganar cincuenta millones por firmar un papelito no ha tenido nada que ver con sus prisas y todo lo ha hecho por ser buena persona. Qué humano taaaaaaan considerado…
..
La charla y posterior firma del contrato se me hacen eternos mientras trato de prestar atención a la palabrería del hombre con cara severa. Tarea harto complicada cuando estoy sentado en la misma mesa que un agente inmobiliario para nada profesional que está tratando de embelesar a mi criatura.
Me gustaría poder decir que me encuentro celoso, pero sé por la cara de Alexander que él no está interesado de ese modoen Mark. El problema es que parecen estar manteniendo una conversación fluida y entretenida para ambos sin ningún tipo de problema. Hay veces en las que me quedo en blanco pensando en qué puedo decir para hacerle feliz y sin embargo… Joder, no es que no sepa relacionarme con humanos o entretener a la gente; es solo que cuando estoy con mi criatura tengo tanto miedo de meter la pata que las palabras no fluyen. A no ser que sea sobre sexo, claro. Ahí me vuelvo muy elocuente. Doble punto negativo para mí.
Finalmente el contrato queda firmado y le entrego el cheque al señor Starkweather esperando no volver a verlos ni a él ni a Mark en lo que les queda de vida. Desgraciadamente el señor Blackthorn parece empeñado en meterse en mi lista negra, ya que besa a Alexander en la mejilla como despedida.
Inmediatamente mi cuerpo entero se tensa y siento algo similar a una fuerte corriente eléctrica sacudir mi organismo. La sensación me deja absolutamente confuso durante unos segundos, pero se vuelve incluso peor cuando logro aclarar mi mente.
—¿Magnus? —Me llama mi criatura con preocupación. Aunque ciertamente yo casi no soy capaz de oírlo.
Lo único en lo que puedo pensar es en tenerlo bajo mi cuerpo gimiendo y gritando de placer por mí.
Ni siquiera trato de parecer simpático y despedirme de los dos hombres que ahora nos miran con miradas de estupefacción. ¿Y por qué debería ser simpático? Gracias a mí uno ha ganado cincuenta millones más de lo que esperaba y el otro se va a llevar una comisión muy jugosa. Que les den.
Mierda. Cuando leí sobre esto no me esperaba que fuera tan intenso. Lo único que espero es que este deseo que me está enloqueciendo por momentos no me obligue a alimentarme de su cuerpo. A estas alturas no podría detenerme ni aunque lo intentase con todas mis fuerzas y sé que Alexander no podría volver a soportar algo así estando todavía tan débil.
..
Todo mi cuerpo está exhausto tras lo que acaba de suceder, pero al menos esa molesta sensación ha desaparecido por completo ¿y qué demonios? Ni que tener tres horas de sexo desenfrenado con mi criatura fuera algo malo.
Alexander está descansando sobre mí, aun tratando de normalizar su respiración pese a que hemos parado hace más de diez minutos. Los humanos no tienen ni de lejos el aguante que nosotros tenemos en la cama, pero mi criatura me ha sorprendido gratamente aguantando todas y cada una de mis rondas. Y no solo eso, sino que él parecía más que gustoso de colaborar.
—Creo que esta vez sí que no vas a poder levantarte en una buena temporada. —Dije contra su cabello mientras acariciaba su culo con delicadeza, sin nada sexual implícito en mis caricias.
Tener sexo con un hombre es muy diferente de tenerlo con una mujer. Obviamente si tratas con dureza a una mujer durante el sexo su cuerpo quedará resentido; pero con los hombres habrá consecuencias casi con toda seguridad. Si la lubricación es buena y la preparación ha sido la adecuada no pasará de una simple molestia, ¿pero tener sexo salvaje durante horas? Mi pequeño va a estar adolorido durante unos cuantos días. Curiosamente no me molesta haberle provocado este tipo de dolor.
—Habrá merecido la pena. —Susurra, todavía sin poder moverse por el agotamiento.
—¿Sabes? Durante todo el día de hoy he estado pensando en dejar de lado eso de "criatura" y comenzar a llamarte "gatito en celo". Me parece más apropiado para ti.
Su rostro se alzó, mostrándome esos preciosos ojos que son el objeto de mi adoración.
—Me gusta más cuando me llamas "criatura", gracias. Lo otro parece sacado de una peli porno barata. —Una mueca apareció en su rostro adormilado, haciendo que se viese sumamente adorable. —Aunque también podrías probar a llamarme "Alec" de vez en cuando. Un día de estos creo que me olvidaré de mi nombre.
—"Gatito en celo" sigue siendo mejor.
—Sabes que los gatos en celo se dejan montar por quien sea, ¿verdad? —No tengo muy claro si mi rostro reflejó la furia que yo sentí antes su comentario, pues en lugar de asustarse mi criatura lo que hizo fue comenzar a reír. —Yo no soy un "gatito en celo", —Dijo recalcando el apodo mientras hacía muecas, como si fuese horroroso simplemente pronunciarlo. — solamente te deseo a ti.
Si mi cuerpo no hubiese estado tan absolutamente agotado sé que hubiese saltado sobre él para hacérselo una vez más. En su lugar lo que hice fue empujar su cuerpo hacia arriba hasta que lo tuve a la altura necesaria para poder besarle. No fue un beso largo ni apasionado, pues ambos estábamos sin fuerzas para nada, pero sí que fue dulce. Muy dulce.
—Cintaku… —Susurré contra sus labios mientras acariciaba su rostro. —Eres mi vida, Alexander.
Su adormilado rostro me dedicó una hermosa sonrisa antes de que mi criatura se acurrucase de nuevo contra mí y se quedase dormido. O eso creo. De un momento a otro dormir se me había vuelto tan necesario como cuando era humano.
—¿Qué fue todo eso de ayer? Lo de tu repentino ataque de macho cavernícola que secuestra a su mujercita y se la lleva a rastras a la cueva para tener sexo. —Ambos nos encontrábamos desayunando. Mi criatura se había levantado con un dolor en la zona baja de su espalda que lo hacía soltar gruñidos la mar de graciosos cuando caminaba, pero extrañamente su humor parecía estar más animado que nunca.
—¡Oh! ¡Esa es nueva! ¿Ahora tú eres mi mujercita? —La caja de cereales se estrelló con fuerza contra la pared que había tras de mí. Menos mal. Los afinados reflejos que poseemos los demonios me han salvado de estar media hora desenredado bolitas de colores de mi cabello.
Alexander miró su brazo extendido con la misma sorpresa que yo antes de echarse a reír. Interesante. Cuando está feliz se dedica a lanzar objetos a las personas. Bueno: ya sé algo más de él.
—¿Me vas a contestas? ¿O tengo que lanzarte la leche? —¿Y estar oliendo a soja una semana entera? No, gracias.
—Esa es alguna de las cosas que no te había contado. —Como era de esperar su rostro se quedó serio de repente. —Verás, criatura: el día que decidí que quería mantenerte a mi lado y no dejar que te volvieses un íncubo como yo tuve que tomar muchas decisiones muy rápidamente.
»Sabía que si el Consejo se enteraba de lo que trataba de hacer me lo impedirían, por eso jugué la carta más arriesgada que había sobre la mesa, que al mismo tiempo era la única que me ofrecía al menos una mínima posibilidad de conservarte junto a mí. ¿Nunca te has preguntado a qué se debe el bonito "tatuaje" que tienes sobre el corazón? Es un Sello, Alexander. Tú has estado estudiando a los nefilim, así que básicamente comprendes cómo funcionan las runas. Esto es prácticamente lo mismo.
»Los demonios de nuestra clase no están libres de los encaprichamientos. De vez en cuando surge algún íncubo o algún súcubo que se obsesiona más de lo debido con un humano. Alimentarse más de una vez de un mismo humano está prohibido, pero la Clave no podía hacer nada para evitar estos ataques de posesividad pasajeros. Tenían que hacer algo para conservar el mundo, ¿comprendes? "Legalmente" tú me perteneces y solo yo puedo tocarte.
»Por eso reaccioné así ayer. Cuando él te tocó mi cuerpo reaccionó de la forma más primitiva posible, queriendo mostrar quien es tu dueño.
Su cara estaba completamente en blanco mientras seguía mirándome con expresión contemplativa.
—¿"Dueño"? —Preguntó con la ceja alzada y el ceño fruncido. —Y una mierda.
—Sabía que te enfadarías ¡lo sabía! Pero claro, quise creer que de verdad podíamos ser sinceros el uno con el otro y toda esa palabrería de mierda que solo sirve en las co-
—¡Ey! —Me interrumpió su grito. —Alto ahí, reina del drama. Yo en ningún momento he dicho que esté enfadado. Vale, sí: esto no me hace precisamente feliz. Y el hecho de que tu especie tenga tantas reglas y todas ellas sean tan idiotas me desquicia. —Lo cierto es que a mí también me molesta bastante este tema. Alguien debería revisar las leyes que nos rigen de vez en cuando. Los demonios como yo a la par que inmortales somos vagos. — ¿Pero sabes que es lo que realmente me molesta? Que no me comentases nada de esto. Y de muchas otras cosas en general, porque es obvio que a tu historia le faltan partes importantes que tú no me has mencionado.
—¿Entonces…?
—Hoy teníamos que ir a tomar las medidas de nuestra casa para poder ir a elegir muebles, ¿verdad? Pues vamos, ya sabes de qué quiero hablar por el camino.
Parecía cierto que no estaba enfadado.
Mientras salíamos de casa de Ragnor y subíamos al coche de alquiler volví a preguntarme mentalmente cómo podía haber sido tan idiota de no abrirme antes con él. No es que mi criatura de la noche a la mañana se hubiese convertido en el rey de la diversión, pero todo su cuerpo parecía más relajado y ahora era fácil ver una sonrisa en su normalmente descontento rostro.
Puede que nuestras leyes sean una idiotez y que nuestros modales estén muy anticuados. Si lo pienso detenidamente a mí también me molesta que a los ojos de mi gente yo sea considerado como el dueño y señor de mi criatura, como si él fuese "un gatito en celo" que solo debe vivir para satisfacerme.
Sí… Nuestras leyes definitivamente tienen que cambiarse y yo a partir de hoy pienso negarme a que me llamen su dueño. Pero nadie podrá negarme nunca que él es mío.
Definitivamente la semana que viene revisaré todos los capítulos a conciencia y a partir de entonces no volveré a subir un capi sin corregir apropiadamente. Perdonad de nuevo por los innumerables errores e.e
