¡Hola, chicas! Aunque parece que el capítulo anterior no gustó demasiado... ¡para las que todavía leéis y comentáis, aquí está el siguiente! Espero que os guste ^^
Capítulo tres
Arrebato
Fue un movimiento brusco a su lado en la cama lo que despertó a Zero la tarde siguiente. Tras el suceso de Yuki, Kaname se había abrochado correctamente el yukata y le había ordenado tajantemente que no abandonara la cama. Él se había ido, saliendo por primera vez de la habitación en casi una semana, y se había encerrado en su estudio, o eso creyó oír Zero. Por su parte, Zero había terminado durmiéndose en las sábanas que no podía abandonar, mojándolas con la sangre de sus heridas abiertas que, hechas por Kaname, tardarían un tiempo en cicatrizar.
La figura de Kaname se transparentó al otro lado del dosel, apenas iluminado por los últimos rayos de sol. Había sido el vampiro al levantarse lo que le había despertado.
— Cross se acerca —le dijo con voz su voz aterciopelada—. Tal vez quieras coger algo de ropa de mi armario para recibirlo…
Sorprendido por el ofrecimiento, Zero dudó un poco. Deseaba recuperar ya sus pertenencias, pero volver a vestirse después de tantos días sonaba lo suficientemente bien como para planteárselo, y no había tiempo para discutir antes de que el director llegara.
Con un suspiro discreto, Zero corrió el dosel y se levantó con cuidado de no romper las postillas que cicatrizaban los arañazos de la espalda provocados por Kaname al tratar de que él lo mirara y no perdiera la vista en la puerta que más tarde atravesó Yuki.
— Puedes darte una ducha rápida —le dijo, todavía mirando al otro lado del balcón cerrado—, faltan casi quince minutos para que llegue hasta aquí.
Zero se detuvo mientras se arreglaba el nudo del yukata con el que había dormido y dudó antes de preguntar.
— ¿Estás seguro?
Podría referirse al tiempo que Cross tardaría en llegar, pero ambos sabían que hablaba de la ducha. El vampiro asintió.
— También abriré las ventanas ahora. La habitación huele a sexo y a sangre… y empieza a acercarse el momento de volver a la vida real.
Zero levantó una ceja pero se dirigió al baño. Las heridas de la espalda se estiraron y él volvió a encogerse, temeroso de hacerlas saltar. Tratando de no pensar en la futura charla con Cross ni en la anterior discusión con Yuki, abrió los grifos de agua y dejó que el vapor se extendiera por el baño de mármol negro. Sus pasos hacían eco sobre las superficies pulidas incluso por encima del sonido del agua al caer y un corrientazo eléctrico y caliente le sacudió el bajo vientre y las ingles cuando imaginó que Kaname, al otro lado de la puerta, estaría también atento a sus movimientos, siempre vigilante.
Dejó el yukata revuelto sobre una de las repisas de cristal y cruzó la sala hasta la ducha. Al pasar frente al espejo medio empañado, se detuvo un breve momento para observar la larga herida del mordisco. Mientras Kaname le mordía la noche anterior, él había girado el cuerpo entero hacia la puerta y los dientes se habían deslizado en una diagonal desde su clavícula hasta el hueso del esternón, a la altura de su garganta. Había sido un corte rápido, como un cuchillo afilado en la mantequilla tibia.
Meterse bajo el agua caliente fue casi un error. No pudo evitar un pequeño gruñido disconforme cuando las postillas se reblandecieron y el líquido le quemó la espalda. Pero su piel lo agradeció. El sudor tórrido se fue y sus brazos, su estómago y sus piernas recuperaron poco a poco su textura habitual. Las ingles, su miembro y el culo se libraron de la saliva y de los últimos rastros de semen.
En la repisa de la bañera había una única esponja y Zero dudó al tomarla. Podía utilizar el gel sin ella, pero… usarla en realidad era una idea excelente. Tenía la necesidad de frotarse hasta sentirse limpio, y con aquella esponja se aseguraba de que Kaname siguiera oliendo un rastro tenue de él. Además de usar su gel y su champú, aquello ayudaría a aplacar las ansias del vampiro.
Salió poco después de la ducha, sintiéndose fresco pero cansado. Kaname había respetado su privacidad y la distancia entre ellos lo estaba agotando. Había pasado casi una semana, pero al parecer todavía era demasiado pronto.
Siempre sería demasiado pronto.
Se envolvió con pereza en el albornoz rojo que esperaba por él junto al de Kaname. Frunció el ceño al entender que el vampiro había dejado órdenes de no proveerle de algunos útiles de aseo y se dijo que le partiría la cara si no encontraba un cepillo de dientes para él. Afortunada o desgraciadamente, había uno dentro de una caja de cartón al lado del lavamanos.
Terminó de asearse y tiró al cesto la toalla que había usado para secarse el pelo, por fin limpio y fresco, y salió de nuevo a la habitación.
Kaname estaba pulcramente vestido con unos pantalones oscuros de vestir y una camisa blanca hecha a medida. Llevaba un pañuelo rojo en el bolsillo y el pelo suelto y alborotado pero limpio. Al comprender que él también se había duchado, en algún baño en otra habitación, Zero frunció el ceño y se sintió profundamente enfadado, aunque no pudo entender por qué.
Con pasos fuertes y decididos se dirigió al inmenso armario empotrado que recorría la pared y buscó algo que ponerse antes de que Cross hiciera acto de presencia. Ya estaba lo suficientemente cerca como para que él lo sintiera.
— He pedido la cena para que el Director nos acompañe —le dijo, mientras él descolgaba, sorprendido, un pantalón vaquero de corte moderno. Todavía tenía la etiqueta—. Me gustaría que terminaras tu plato sin necesidad de que te lo pida más tarde.
— No hace falta que lo expreses como un deseo —le dijo, con mirada torva, sobre su hombro—. Ya sé que es una orden y me enfada que trates de engañarme.
El vampiro suspiró y volvió a perder la vista en el periódico que leía.
— No es mi deseo que sea una orden…
— Ya, ya… deseos… —le cortó, impaciente y todavía enfadado sin motivo con él.
Zero se vistió sin contemplaciones junto al armario, con Kaname de espaldas. El pantalón vaquero le quedaba bastante bien, aunque era un poco informal –y caro- para lo que él solía utilizar, y el jersey que había cogido sin mirar era un poco ancho.
El servicio con la comida llegó cuando se estaba colocando los calcetines y por fin algo pareció romper la tranquilidad de Kaname, porque no pudo seguir quieto y sin mirarlo al pensar que las dos vampiresas podrían haber encontrado a Zero a medio vestir. Aunque lo habían visto en situaciones mucho más descaradas aquellos últimos cinco días, por supuesto, pero siempre en su cama, con él encima o cubierto por su semen. Marcado.
Zero sintió el agarre fuerte del vampiro sobre su brazo cuando se colocó junto a él y lo atrajo, casi desesperado.
— Abran la mesa, por favor, y después recojan el baño —les dijo, tirando de Zero hacia el sofá donde había estado leyendo—. El director Cross cenará con nosotros y no quiero interrupciones, dejen todo lo necesario en la mesa.
Diligentes como siempre, ambas montaron a una velocidad vertiginosa la mesa para tres, cambiaron las sábanas de la cama una vez más y recogieron el albornos de Zero antes de desaparecer un momento en el baño y volver a salir de él empujando un carrito con las sábanas sucias y otras prendas. Antes de salir, una de ellas encendió un candelabro de seis velas en mitad de la mesa y trasteó junto a la ventana con un pequeño aparato de latón que llenó el ambiente de un suave olor a limón y menta que se mezcló con el que desprendían las bandejas tapadas.
Cuando cerraron la puerta, Zero esperó volver a ser libre, pero por el contrario, Kaname lo atrajo hacia él en el sofá, levantándole el jersey y colando sus manos posesivas.
— Necesito… necesito un momento —le murmuró.
Zero se dejó hacer, atraído por los dedos fuertes en sus riñones.
— Tengo que mandar que traigan tu champú…
— Pensaba que estarías encantado porque oliera a…
— No, no —le negó el, con los dientes apretados, como si le costara mantenerse quieto—. Tienes que oler a ti y después a mi… no trates de egañarme.
Arrepentido, Zero se dio cuenta de que era justamente eso lo que había intentado hacer.
— Ya viene Cross —le dijo, en cambio.
Con un último apretón en su espalda, Kaname lo dejó libre y se puso en pie, regresando a su habitual estado de calma y suficiencia. Zero se sintió un poco abandonado, pero supo que era a causa del vínculo.
Dos golpes en la puerta. Kaname dio permiso para entrar y un singularmente serio Cross atravesó la puerta.
— Zero… —murmuró, sorprendido al verle allí.
— Buenas noches, director —cortó Kaname porque siempre llevaba él el ritmo de las conversaciones y porque no sabía si podría soportar que Zero le hablara directamente—. Le estábamos esperando para cenar.
Con el ceño fruncido, Cross asintió y cerró la puerta tras él.
— ¿Sabéis entonces donde está Yuki? —les preguntó, casi acusador.
Zero abrió los ojos y se puso en pie.
— ¿Yuki?
El director apartó la mirada.
— Ha desaparecido. La he buscado por toda la Academia, si no está aquí…
— No está aquí —le dijo Kaname—. No puedo sentirla… Tampoco en los dormitorios del sol.
Cross se llevó una mano al pelo, muy preocupado.
— Yagaii no la ha encontrado tampoco.
— Tenemos que sentarnos y cenar —volvió a decir Kaname. Cross lo miró confuso.
— Kaname, Yuki se ha ido pero… pero no ha ido a dar una vuelta. Ha desaparecido y también…
— Podemos hablar de todo esto mientras cenamos.
Tras un parpadeo, el director asintió y se dirigió hacia la mesa.
— Bueno, bueno, si estás tan hambriento… siempre se piensa mejor con el estómago lleno…
La frase, que había intentado ser jocosa, resultó yerma y plana, llena de confusión.
Con pesadez, Zero también se acercó a la mesa y tomó asiento. Kaname, increíblemente, hizo las funciones de camarero y destapó las bandejas de plata, que guardaban bajo sí una suculenta fuente de raviolis con una salsa olorosa y cremosa, y una crostata de mermelada de ciruelas. Sirvió con diligencia los tres platos y abrió el vino. Zero trató de no mostrar nada al ver el líquido oscuro llenando su copa, pero sus mejillas se sonrojaron al recordar el atontonamiento mimoso al que le había terminado arrastrando.
— Comamos y hablemos.
Cross ni siquiera fingió que iba a empezar a comer cuando ya estaba diciendo:
— No sé dónde está Yuki. Se ha llevado algunas de sus cosas y nadie sabe nada de ella desde ayer por la tarde, cuando estaba tan preocupada por ti, Zero.
— Ayer hablamos con ella. Vino aquí y encontró a Zero —sentenció con tranquilidad Kaname. Aunque no quería comer en aquél momento, Zero se forzó a llevarse a la boca algo de pasta, que estaba deliciosa y rellena de setas y queso, y así evitar una escena del vampiro, que seguía un poco tirante por la presencia del director.
— Umm… sí… —afirmó el hombre— ya… yo tampoco esperaba verte… verte aquí, Zero… pensaba que estabas… umm… resolviendo asuntos en la ciudad.
— Ha resuelto aquí todos sus asuntos —cortó Kaname—. Volviendo a Yuki, ayer estaba muy enfadada, es posible que haya decidido fugarse. Supongo que estará a punto de volver.
— Estaba muy enfadada, no va a volver hoy. Debemos convencerla para que vuelva —le increpó Zero, seguro de que la chica tardaría semanas en tranquilizarse ¡él habría necesitado años!
— Ya durmió una noche fuera. Habrá recapacitado y estará…
— Creo que nos ha robado antes de irse.
Las palabras de Cross cayeron como una sentencia sobre la mesa. El director se llevó después un ravioli a la boca y lo saboreó. Con el tenedor suspendido a medio camino hacia su boca, Zero lo miró fijamente y sintió a Kaname dar un pequeño sorbo a la copa de vino.
— ¿Qué falta?
El silencio de Cross le dijo a Zero que no se trataba de sus ahorros o de algún objeto del despacho. Por lo menos no uno meramente simbólico.
— Cuarenta y ocho millones trescientos mil cincuenta yenes.
La copa de Kaname tintineo muy suavemente al tocar el fino mantel de lino sobre la madera.
— ¿Cuarenta y ocho millones de yenes? —preguntó con tranquilidad.
Zero parpadeó.
Cross asintió.
Y Zero tuvo ganas de echarse a reír de puros nervios.
— ¿De dónde ha sacado Yuki cuarenta y ocho millones?
— Es el dinero para las tabletas de sangre del próximo semestre y parte de la reforma de las aulas del pabellón del Sol —explicó el director con semblante serio y preocupado—. Sólo ha podido ser Yuki. Estaba todo en la sala trasera del despacho. Sólo Yuki, Zero, Yagari o uno de los estudiantes de la Luna ha podido ser. Y Yuki ha desaparecido…
Zero se llevó las manos a la cabeza y dejó que los codos aguantaran su peso. Empezaba a entender lo ocurrido.
— Pero aun así no entiendo cómo ha podido hacerlo. No hay marcas en las defensas. Y ella tendría que haberlas dejado. Yagari y Zero también.
— No ha sido ninguno de los míos, Cross, estoy seguro.
El director asintió.
— Lo sé… es sólo…
Zero negó con la cabeza y se tiró hacia atrás en la silla, llamando la atención sobre sí.
— Es culpa nuestra —les dijo, casi sucumbiendo a la risa histérica—. Es culpa nuestra. Nos vio ayer y…
Con una sonrisa sardónica, Zero dejó morir la frase.
— ¡Zero! No digas tonterías. Ella estaba preocupada por tu ausencia y… y supongo que encontrarte aquí y bien fue… impactante —le dijo el director con cierta duda—. Llevaba días nerviosa y no podía consolarla sobre tu desaparición ¡y yo estaba seguro de que no te había pasado nada! —de pronto, el hombre se detuvo y los miró fijamente, primero a uno y después al otro—. Porque no te ha pasado nada ¿verdad, Zero?
Zero, que todavía sonreía, negó con la cabeza y se puso en pie, incapaz de seguir sentado. Consiguió dar tres o cuatro pasos hacia la ventana antes de que el hormigueo impaciente se presentara en sus dedos. Enfadado, se giró hacia Kaname y lo miró con auténtico odio. El vampiro simplemente levantó la barbilla y le señaló el plato con un gesto.
— No me pienso sentar —le dijo, con autentico odio en los ojos.
— Como tú quieras…
— Ese es el problema. Lo haré aunque no quiera… tarde o temprano.
— Señalas mucho los problemas, Zero, pero nunca las soluciones.
Cross los observó atentamente y decidió interrumpirlos cuando la copa de tembló entre sus manos, presa de unos dedos fuertes y enfadados que trataban de mantener la calma.
— ¿Por qué crees que Yuki se ha ido por vuestra culpa, Zero?
— ¿Por qué? —repitió el chico, casi en una imploración al cielo—. Porque nos llamó monstruos antes de largarse por esa misma puerta.
Zero señaló con fuerza la puerta de la habitación antes de gemir y sentarse de nuevo en la silla, para atracarse con los raviolis, pinchando cinco de una vez y después seis, casi sin darse tiempo a tragarlos. Sin masticar.
Kaname dio un golpe en la mesa al dejar la copa de nuevo.
— ¿Por qué lo haces todo tan difícil? —exigió saber.
Zero no se molestó en contestar y volvió a engullir la pasta sin levantar la vista, oculta por su sedoso pelo plateado. Si Kaname no hubiera estado tan cabreado y enceguecido por la actitud beligerante y errática –y por el temor- de Zero, habría notado, al igual que Cross, que el chico parecía no poder dominar demasiado bien lo que estaba haciendo.
— Kaname, tienes que decirme qué está pasando aquí. Todo.
Pero el vampiro no le hizo caso, colocó una mano sobre el brazo de Zero y lo detuvo, impidiendo que volviera a llevarse el tenedor a la boca.
— Para ahora mismo, Zero, vas a vomitar —ordenó.
El chico levantó la vista y volvió a mirarlo con desprecio. Tenía los ojos llorosos y manchas de nata por la barbilla. Tragó con dificultad.
— Explícaselo todo —le susurró, lleno de ira, tirando de su brazo y volviendo a ponerse en pie—. Explícaselo tú.
Furioso, Zero se giró y huyó hasta la otra punta de la habitación, a ocultarse al otro lado del dosel de la cama, contra los grandes ventanales del balcón. El lugar más lejano y privado al que podía ir en ese momento.
— Zero rechaza las pastillas de sangre —dijo el vampiro, un momento después, cuando fue capaz de apartar la vista de la figura del otro chico—. Hace hoy veinte días estaba a punto de convertirse en un nivel E.
Consternado, Cross miró fugazmente al chico.
— Vino a pedir que le matara antes de llegar a eso.
— Zero…
— Durante un momento lo pensé. Un cazador de vampiros, aunque sea novel, es un vampiro nivel E demasiado peligroso. Y Zero tiene… ciertas habilidades que obligarían a desatar un auténtico equipo de caza para atraparlo. Habría muchas víctimas humanas de por medio. Era lo más coherente. Pero Yuki jamás se repondría.
Desde la ventana, Zero se movió imperceptiblemente. Cross y Kaname lo miraron fugazmente.
— Matar a Kiryuu sólo podía ser la última opción. Y en ese momento él necesitaba sangre…
— Le dejaste beber de ti.
— Durante unos días pensamos que funcionaría. Pero no fue así y Zero se había hecho más fuerte e inestable, necesitaba más sangre cada menos tiempo y se sentía "fuera de sí mismo" —citó—. Sólo nos quedaba una opción antes de la muerte. Lo meditamos y lo hicimos hace siete días. Y parece haber funcionado.
Zero resopló.
— Pues has perdido a Yuki igualmente —murmuró sin mirarlos.
Sorprendido, Cross notó que la tensión en los hombros de Kaname se distendía un poco y volvía a toma la copa de vino. Bebió y la balanceó entre sus largos dedos antes de continuar.
— Zero y yo hemos cerrado un vínculo.
Aunque se lo había imaginado, Cross notó que un escalofrío le recorría la columna.
— ¿Qué tipo de vínculo?
— Del que los cazadores no saben nada.
— Y los vampiros tampoco —volvió a apostillar Zero.
Kaname volvió a ignorarlo.
— Extraje de Zero toda la sangre infecta. Lo maté dentro de un círculo de runas y después le devolví la vida dándole casi toda mi sangre. Ahora es mío.
— Oh… Zero… —masculló el director, poniéndose en pie y dirigiéndose al chico de la ventana.
— No se acerque más, director, por favor —le pidió entonces Kaname, con voz tensa pero calma—. Si lo hace no puedo asegurarle que vaya a salir con vida de esta habitación. Lo más probable es que lo mate.
Cross entrecerró los ojos y se giró hacia el vampiro con aire peligroso.
— Es cosa del vínculo —le dijo Zero, con voz cansada, antes de que sucediera una desgracia—. Estamos aprendiendo a controlarlo… por eso llevamos aquí encerrados una semana.
Con un suspiro, Cross volvió a su asiento y vació su copa de vino de un trago.
— ¿Controlarlo?
— Es un vínculo de sangre, no es un hechizo cazavampiros de esclavitud, ni una cadena de runas encantada. Le he dado a Zero más del ochenta por ciento de mi sangre. Lo he convertido en un sangre pura que es mío. Y a la vez he hecho que él tenga demasiado de mí.
— ¿Os pertenecéis mutuamente, quieres decir?
Ahora sí, Zero soltó una carcajada seca y cruel. Kaname apretó los dientes.
— No.
Ante la respuesta concisa del vampiro, Cross levantó las cejas y preguntó:
— Si él es tuyo y tiene mucho de ti… ¿no es… casi lo mismo?
— No. Zero ahora es mío. Está bajo mis deseos. Es mío. Yo por el contrario… —Kaname se detuvo a buscar una explicación correcta— me siento inclinado a asegurarme de que eso siga así, que él siga siendo mío.
Cross levantó todavía más las cejas y algo de su habitual humor inundó sus ojos claros.
— Ajá… ¿Y no tiene límites? ¿Puedes ordenarle a Zero lo que quieras?
El vampiro entrecerró los ojos.
— Como he dicho, el vínculo me indica que Zero es mío… es normal que ahora yo no desee que él quede inútil.
— Inútil —repitió el director, saboreando la palabra—. Ni inútil ni dañado ¿no?
— No suelo dañar mis cosas.
Cross volvió a asentir y sonrió.
— Ya veo… ¿Y Zero simplemente está bajo… la influencia de cumplir tus órdenes?
Kaname inclinó la cabeza, más tranquilo al haber abandonado las preguntas sobre él y el vínculo, y sonrió.
— Poco antes de que llegara me comentó que también se siente forzado a cumplir mis simples deseos. También está pasando por una fase de cierta debilidad, pero es habitual en este vínculo y pronto debería ir desapareciendo. Todos los síntomas desaparecerán en algún momento, de hecho, salvo que deba cumplir mis órdenes.
— Ummm… Y… ¿es habitual este vínculo? ¿Conoces a alguien más que se encuentre bajo sus normas?
— No. Sólo pueden realizarlo vampiros sangre pura. Puede imaginar que no ha habido casos de sangrepuras convirtiendo a humanos o vampiros de clase C en sus iguales en mucho tiempo. Hay literatura al respecto.
— Ah, bien, bien… no hay nada como el saber escrito —les dijo, con cierta burla, como si supiera algo que ellos no— ¿y… ya está? ¿Zero obedece, tú mandas y nada más, su sangre estará bien para siempre?
Kaname agitó un poco la copa otra vez y tardó en contestar.
— No exactamente.
— No, claro que no… os acostáis —les dijo, muy tranquilo—. No es raro, no os preocupéis. Muchos vínculos y pactos de los cazavampiros también terminan llevando a eso. Las emociones son muchas, el vínculo tira del uno al otro…
— Lo exige, de hecho —le interrumpió Kaname, casi sin poder soportar sus palabras ligeras y su mirada comprensiva que vagaba de él a Zero—. Si Zero no hubiera sido virgen el día en que lo drené, no hubiera funcionado.
Desde la ventana, Zero agradeció que no entrara en detalles. Posiblemente Cross acabara de entender que no se había limitado a sacarle sangre y darle de beber, pero no necesitaba que le explicaran que también lo había masturbado y después se había corrido dentro de él.
— Dependeremos para siempre el uno del otro: él necesita beber de mí y yo debo beber de él. Y debemos acostarnos con regularidad. Cada vez la pulsión será menor, pero nunca desaparecerá del todo.
— La pulsión —repitió otra vez el director.
— Sí, la pulsión.
— Ajá… ¿y debes ser siempre tú el activo? —le preguntó a Kaname con curiosidad.
— Largo.
La palabra fue cortante y casi fuera de contexto. Zero notó la ira arrasando a lo largo del vínculo y dio dos pasos hacia la mesa.
— Vuelve a la esquina —le ordenó Kaname, que seguía sentado a la mesa, quieto como una estatua—. Yuki nos vio durante un intercambio. Se sintió traicionada. Por eso se ha ido. Yo devolveré el dinero que se ha llevado, lo tendrá mañana en su despacho. Ahora lárguese, Cross, lárguese.
Desde su posición, Zero no podía ver exactamente el semblante del vampiro, pero el director se puso muy lentamente de pie, como si temiera perturbarlo.
— Está bien. Voy a mandar a Yagari a la ciudad para que siga buscando su pista. Hablaremos en cuanto os encontréis en condiciones… —murmuró.
El director fue retrocediendo y en ningún momento trató de mirar a Zero, que se mantenía quieto en la esquina a la que había sido enviado. Salió de la habitación haciendo una pequeña inclinación de cabeza hacia Kaname y cerró suavemente. En silencio, los dos chicos escucharon sus pasos a lo largo del corredor y no se movieron hasta que el hombre abandonó la casa y se internó en el camino del bosque.
— ¿Se puede saber qué te ha pasado? —le espetó Zero, cruzando la habitación.
— ¿Oíste lo que me preguntó? —le dijo, furioso— ¡¿Sabes en lo que estaba pensando para preguntarme eso?!
Descolocado, pero enfadado por el grito, Zero plantó las manos en la mesa de un golpe y se inclinó para ladrarle:
— ¡Acababas de decirle que nos hemos pasado una semana follando! ¿¡En qué quieres que piense?!
Un ramalazo de ira recorrió al vampiro, que se puso en pie de golpe.
— ¡No puede imaginarte!
— ¿No puede…? ¿¡Pero tú estás loco?! ¿¡Qué mierda crees que estaba haciendo Cross?!
— ¡Sabes perfectamente lo que estaba pensando! ¡Quería saber si pones el culo!
— ¿¡Y no lo pongo?! ¡Porque eso es lo que llevo haciendo los últimos seis días! ¡¿Qué más da si él lo sabe o no?!
Kaname rodeó la mesa y lo cogió de un brazo. Subyugado a él, Zero no consiguió evitarlo.
— ¿A ti no te importa que lo sepa?— le acusó en un susurro furibundo— ¿te gusta que piense en ti así? Claro que sí… he visto lo que haces, tus botones desabrochados y tus miradas…
Zero parpadeó y el enfado casi se desvaneció en él dando paso a la suspicacia. Kaname le apretaba el brazo y lo miraba con profundo odio.
— ¿Es el vínculo lo que…?
— ¡No culpes al vínculo!
— ¿Qué no culpe…? ¡Deja de zarandearme! ¡¿Qué quieres que piense si sólo estás diciendo chorradas?! ¡Es el vínculo que te hace…!
— ¡NO CULPES AL VÍNCULO!
De un golpe en los hombros, Kaname tiró a Zero, que no pudo mantener el equilibrio y cayó sobre la esponjosa alfombra persa. Desde el suelo levantó la vista y le escupió:
— El vínculo tiene la culpa de todo… ¡Yuki se ha ido y yo estoy a merced de un desquiciado incontrolable!
— ¡El vínculo te ha salvado! —le gritó desde su altura, gallardo y firme.
— ¡No vale la pena! ¡Ojala nunca lo hubiéramos…!
Antes de que pudiera terminar, Kaname se tiró sobre él y lo aplastó contra el suelo. Sus ojos estaban rojos y sus uñas se habían alargado y laceraban sus hombros, por donde lo retenía.
— ¡Ni se te ocurra terminar esa frase!
Sin aire por el golpe y el peso del vampiro sobre él, Zero forcejeó para levantarse, pero Kaname apretó con más fuerza sus hombros.
— Ahora eres mío y es gracias al vínculo… se acabaron las camisas desabrochadas y los coqueteos con las humanas… —le advirtió incoherentemente.
— ¡Yo no coqueteo con nadie! ¡Suéltame!
— ¡Yo decidiré cuando te vas! ¡Y no es ahora! —le volvió a gritar, levantando una mano y tirándole del pelo para mantener un mejor agarre.
Zero volvió a forcejear tratando de escurrirse bajo el peso del vampiro. Estaba enfadado y cabreado por el comportamiento errático de Kaname y del maldito vínculo. Pero no estuvo asustado hasta que en sus forcejeos colocó la entrepierna de Kaname sobre su muslo y notó su dureza y su calor.
Un corrientazo de miedo llegó junto con el entendimiento. Y el vampiro, entonces, lo apretó con más fuerza contra el suelo y le desgarró los labios con algo parecido a un beso.
— Quédate quieto, no tienes permiso para moverte. Estás aquí para esto.
— ¡Suéltame! ¡Kaname!
El vampiro volvió a besarle y empezó a restregarse sobre él, arrastrándolo sobre la alfombra, que friccionaba contra la lana del jersey, subiéndolo. Zero se torció y pudo colocar las manos en los hombros del vampiro, tirando de él hacia atrás, pero apenas se movió, demasiado fuerte para Zero en aquél momento. El vampiro volvió a tirarle del pelo y Zero intentó darle una patada, pero Kaname fue más rápido y aprovechó el movimiento para girarlo sobre la alfombra.
Con su antebrazo recargado sobre sus omóplatos lo aplastó contra el suelo casi impidiéndole respirar. El jersey resbaló por la espalda blanca y mostró los raspones rojizos de la alfombra sobre la piel. Con la otra mano le envolvió la cintura y desgarró los botones del pantalón.
— ¡Deja de negarte! ¡Eres mío!
Zero había perdido la voz y arañaba la alfombra intentando escapar del peso del vampiro. Sintió cómo sus caderas eran levantas y trató de patalear, pero Kaname le pisó los gemelos con sus propias pantorrillas y de un tirón hizo descender sus pantalones y su ropa interior. Trató de huir desesperadamente, pero sólo consiguió que el vampiro dejara caer más peso sobre el brazo en su espalda, amoldándose mejor a su postura, con el pecho contra el suelo y el culo levantado: expuesto.
— ¡No! ¡No!
— ¡Eres mío!
Apenas separándole las nalgas, Kaname se colocó en su entrada y empezó a empujar. No fue salvaje, sólo metódico e imparable e indiferente a los músculos cerrados y a las contracciones que buscaban alejarse de él. Entró sin detenerse hasta que sus testículos golpearon los de Zero. Bajo él, Zero había levantado un brazo y trataba de golpearlo. Lo agarró con facilidad cuando no necesitó más guía para su miembro.
— Así. —Le dijo Kaname totalmente pegado a su espalda— Así debe ser.
La tranquilidad en sus palabras y la total quietud del momento hizo que Zero casi sollozase al decir:
— Suéltame…
— Pero eres mío. No puedes negarte a ser mío.
— ¡No!
El nuevo arranque de furia de Zero sólo consiguió un fuerte tirón de pelo y que, sobre él, Kaname perdiera los estribos. Empezó a embestir con furia en él, con golpes secos y muy largos, saliendo casi del todo en busca de hacer daño y de marcar incluso en aquella posición animal en la que apenas debería de haber habido movimiento. Golpeó la cabeza de Zero dos veces contra la alfombra cuando el chico se removió con fuerza desesperada y le clavó las uñas en la cadera cuando lo insultó.
— ¡Estate quieto!
— ¡Suéltame, monstruo!
Con un gruñido gutural, Kaname soltó a Zero un instante, el suficiente para aprisionarlo contra el suelo usando sus dos manos. Se alzó sobre él aumentando el ritmo indiscriminado de las estocadas, sintiendo el breve inflar de los pulmones del chico que seguían buscando aire en aquella posición. El pelo oscuro se movía sin parar alrededor de su cara y sobre sus hombros, saltando al compás de aquél movimiento frenético y dominante, acompañando su poder. Estaba subyugando al indomable Zero, pero el chico continuaba tratando de patalear y de golpearlo hacia atrás con los brazos.
Se corrió sin aviso, en un fogonazo blanco que le hizo raspar los omóplatos de Zero con sus uñas duras y elevar la cabeza mirando al techo de la habitación. Pequeñas estrellas de luz aparecieron tras sus párpados y envistió todavía cinco o seis veces, presa del placer.
En cuanto su fuerza se desvaneció un poco, Zero se arrastró y consiguió estirarse hasta quedar tumbado a lo largo del suelo, arrancando de dentro de sí el miembro erecto y húmedo de Kaname, pero no pudo avanzar más antes de que el vampiro volviera a poner sus manos sobre él, todavía aprisionando sus piernas.
Le dio la vuelta y se colocó a horcajadas en sus muslos. Zero lo miró con odio, pero sus ojos seguían rojos y pronto se inclinó sobre él para darle un beso tórrido y largo que, al final, Zero se encontró correspondiendo.
Kaname deslizó una mano desde su pelo hasta su pene y lo masturbó usando los restos de semen que se habían escurrido entre sus nalgas. No había estado apenas excitado antes, pero no necesitó mucho para correrse en la mano del vampiro mientras le besaba.
Fue un orgasmo breve y poco apasionado que apenas le hizo suspirar dentro del beso, pero lo arrastró a la inconsciencia del sueño.
48.300.000 yenes son alrededor de 350.100€ ó 460.000 dólares estadounidenses.
