¡Hola, chicas! Siento haber tardado tanto, pero me he mudado y he estado sin Internet ¡pero no sin ordenador! Así que he seguido mi ritmo de escritura para no perder el fuelle y tengo varios capítulo tanto de Vínculo como de Regreso al único lugar feliz listos.
En principio, no obstante, no quiero subirlos y seguiré con actualizaciones semanales, sobre todo para que os de tiempo a ir leyéndolos y eso ^^

No sé si os acordáis, pero la cosa había quedado así: Yuki parece haberse ido de la Academia con muchísimo dinero tras enterarse de la nueva relación de Zero y Kaname. Nervioso y arrepentido por lo que está pasando, Zero culpa al vínculo; Kaname, con el vínculo sacándolo de sus casillas porque Cross está cerca de Zero, se pone agresivo y las cosas terminan en... xD si no os acordáis de eso, será mejor que volváis a leerlo xD.


Capítulo cuatro

Pérdida

No abrió los ojos al despertarse. Mantuvo su posición en la cama como si siguiera durmiendo. Negada su vista, agudizó el oído y el olfato y comprobó que Kaname no estaba allí, aunque las sábanas bajo su nariz olían a él.

Quieto, se permitió auto compadecerse por el dolor en la mejilla derecha, la que había golpeado el suelo cuando lo había girado, por el de la frente aplastada contra la alfombra, por las rozaduras en la espalda, por los arañazos en los omóplatos y por la palpitación dolorosa en su interior.

La rabia lo invadió.

Pero no por lo sucedido. Mucho peor.

Estaba rabioso porque necesitaba beber otra vez de Kaname. Tenía la garganta seca y le dolían los colmillos más que los raspones y las magulladuras. Rugió.

No había bebido el día anterior, era más de media noche y había sangrado durante su pelea. Estaba sediento. Necesitaba a Kaname.

Con dificultad, porque el vínculo lo había agotado la noche anterior, se levantó lentamente de la cama y llegó al baño con pasos cortos y tambaleantes. Fugazmente, al apoyarse en la puerta del baño, vio la sangre seca en su pene y en su estómago y recordó cómo había sido masturbado con ayuda del semen de Kaname. La sed aumentó.

Mareado, llegó bajo la ducha y la abrió sin importarle la temperatura, sólo deseando que se llevara con ella el ardor de las heridas, la sensación pegajosa de su piel y le aliviara un poco la sed.

Tal vez fuera efecto de la sed, tal vez del vínculo, pero Zero se sentía únicamente derrotado. Como si se hubiera liado a golpes con Kaname simplemente, aunque una parte de él gritaba que aquello había sido más que una pelea. No era una parte racional la que lo decía, era una parte que había aprendido, que había sido educada para entender que aquello había sido una violación. El resto de sí mismo sabía que había sido una lucha y que él había perdido. Como muchas otras veces. Nada nuevo. Pero eso no hacía la derrota menos humillante y no apagaba la voz del resquemor que hablaba de otra cosa.

Estaba cansado de verse obligado a ceder. De perder.

Se inclinó bajo el chorro de la ducha, apoyando las manos en las grandes láminas de mármol y sintiendo el agua caer sobre su espalda, entrando en sus heridas y llevándose lentamente el semen y la sangre de sus piernas.

Notó perfectamente cuando Kaname entró en la habitación y cuando se adentró en el baño, pero no se movió, a la espera de las reacciones del otro. Si el vínculo seguía presionándolo, Zero tenía que ser más listo esta vez. Aunque no iba a ceder ni un ápice de su libertad, tampoco era tonto. Podía intentar manejar al vínculo.

— Han traído tu champú y todas tus cosas de aseo —le dijo a sus espaldas mientras se desvestía.

Zero se mantuvo quieto y en silencio. Kaname se acercó a él, entrando bajo los chorros de agua, y le pasó las manos por el pecho, abrazándose a él.

— Yagari no ha encontrado a Yuki, parece que ya no se encuentra en la ciudad o que no se dirigió directamente a ella.

Zero asintió y giró un poco el rostro buscando los labios del vampiro. Le dolía todo el cuerpo y estaba cansado. Y Kaname estaba allí, abrazándolo. Hacía mucho tiempo que nadie lo consolaba tras una derrota, aunque fuera tan parco en palabras.

Se besaron un momento en aquella posición incómoda mientras el calor aumentaba entre ellos. Sabían lo que estaban haciendo y hacia dónde iban y ninguno quiso pensar mucho al respecto. Con suavidad, Kaname le dio la vuelta a Zero dejándolos pecho contra pecho y le pasó el brazo derecho bajo la pierna izquierda, alzándosela y dejando expuesta su entrada para él. Con la otra mano, una vez que Zero se agarró fuertemente a su cuerpo, abrió el bote de gel, que inundó la sala con olor a coco, y se impregnó los dedos.

Lo preparó con inusitada lentitud, haciendo espuma primero en sus ingles para limpiar los rastros de la noche anterior. Zero siseó con cada dedo que entraba y con cada movimiento, pero le regaló besos y miradas mientras la excitación crecía en él.

Kaname entró con una estocada lenta y firme, parecida a la de la noche anterior pero exenta de fiereza. Llevó las manos al trasero de Zero y lo aupó ligeramente, dejándolo de puntillas y cargando parte de su peso, antes de comenzar con el vaivén.

— Ummm… tan estrecho… —le murmuró el vampiro, en secreto.

Zero gimió en respuesta y Kaname aprovechó su cuello expuesto para morderle con delicadeza en el centro del tatuaje, del lado contrario al desgarrón que le había hecho la noche de la discusión de Yuki. Zero bizqueó de placer y su entrada se contrajo intermitentemente, tratando de atraer a Kaname más dentro de él.

El vampiro no bebió mucho, sólo lo necesario, pero no apartó la boca de aquella zona. Lamió y chupo y volvió a morder sin rasgar la piel al ritmo de las embestidas lentas y de la fricción del pene de Zero entre ambos abdómenes, que lentamente les estaba llevando al orgasmo.

Ocurrió a la vez, justo después de que las embestidas se hicieran más rápidas y, al final, confusas, cuando Zero sentía que estaba perdiendo pie y no podía evitar gemir cada vez que alcanzaba su próstata.

Kaname salió lentamente de él y volvieron a besarse.

— Muérdeme, Zero… —le dijo tentadoramente, con los ojos muy fijos en los suyos cansados.

Muerto de sed y sintiéndose extrañamente obediente, Zero le enseñó los colmillos y le mordió con firmeza en la yugular. Bebió hasta quitarse la sed, pero después ya no continuó. Estaba un poco cansado y aturdido y quería sentarse.

El vampiro lo arrastró hasta el largo banco de obra que recorría la ducha y lo sentó allí. Diligente, le ayudó a ducharse sin importarle tener que arrodillarse entre sus piernas. Como un muñeco, Zero se dejó hacer y cerró los ojos cuando le lavó el pelo con cuidado y atención. También le lamió las heridas, esperando que cicatrizaran un poco antes.

El vínculo era cruel. Kaname se sentía más seguro al ver el cuerpo de Zero lleno de sus marcas, por eso éstas tardaban tanto en desaparecer. Casi como si fuera un frágil humano.

— Voy a reunirme con los chicos dentro de un momento —le dijo, hablando por primera vez en mucho tiempo, mientras se lavaba a sí mismo el pelo bajo la atenta mirada de Zero.

Mareado y débil, al chico aquello no le gustó.

— ¿Vas a dejarme aquí solo?

Aunque era poco más que una pregunta, sus palabras lentas y un poco torpes causaron un estremecimiento en todo el cuerpo de Kaname. Zero se sintió con un poco más confiado, con posibilidades de obligarlo a cumplir alguno de sus propios deseos.

— Pensaba que era el momento de empezar a mostrarnos en público… —tanteó.

De repente, Kaname le dio un puñetazo fuerte y directo al mármol y lo agrietó y hundió. Apoyó la cabeza en la pared e inspiró hondo. Zero lo observó, sintiéndose inexplicablemente seguro.

— Sí, sí… hoy es un buen día… —murmuró. Se giró hacia él y le advirtió—: Yo elegiré tu ropa. Y no te alejarás de mí.

Zero se rio.

— No creo que pueda ni siquiera levantarme, Kaname. Ni siquiera sé cómo no me he vuelto a desmayar después de follar…

La risa de Zero debió de ser un poco contagiosa, porque Kaname también sonrió bajo el chorro de agua.

Las voces de los nobles se oían ya desde las escaleras principales. El grupo cercano a Kaname estaba en el salón, compartiendo historias y riendo alrededor de pequeñas exquisiteces dulces y servicios de té.

Zero y Kaname bajaban lentamente. El chico apoyado en el moreno y tratando de no hacer un movimiento brusco que le rompiera alguna postilla. Kaname confiaba plenamente en aquellos chicos, pero se volvería loco si veía si quiera un rasgo de deseo en ellos al oler su sangre.

Cuando entraron en la sala, los nobles les saludaron con cortesía, pero continuaron con sus charlas tranquilamente, como si hubieran estado esperando aquello. Por supuesto, habrían hablado largo y tendido sobre lo que estaba ocurriendo en las habitaciones de Kaname. A fin de cuenta, Zero llevaba encerrado con él una semana y Yuki había huido del edificio tras dos gritos desgarradores.

Y había olido la sangre. Toda la sangre.

Kaname lo guio hasta un diván sin respaldo, que permanecía vacío, y se sentaron en él. De hecho, el vampiro lo instó a recargarse ligeramente sobre su pecho y a extender las piernas a lo largo del tapizado de seda en una cómoda y masculina posición. Negándose a sentirse cohibido, Zero le hizo caso y se apropió marcadamente del lugar y del mismo Kaname, mirando a su alrededor esperando un gesto de desagrado o de celos. Sólo encontró la mirada fija de Aidou y la sonrisa amigable de Takuma, que estaba sirviendo dos tazas de té en la mesita frente a ellos.

— Gracias… —oyó que decía Kaname, apoyado indolentemente en el brazo del diván con Zero recostado en su hombro.

— ¿Té también, Kiryuu-san? —le preguntó con calma.

Antes de que pudiera contestar, Kaname ya había alargado la mano y había dado las gracias, recibiendo el té por él y pasándoselo. Del mismo modo llegó a Zero un plato lleno de pequeños dulces y medios sándwiches.

Débil y mareado, casi sintiéndose borracho, Zero dio cuenta lentamente del té y de la comida, sin escuchar a penas las conversaciones divertidas a su alrededor. Aidou, Rima y Kain hablaban apasionadamente sobre una obra de teatro sentados frente a ellos; la elegante Ruka Souen pintaba en un lienzo de pie a su lado, y Takuma y Shiki ocupaban un exiguo sillón junto a un tablero de ajedrez ya abandonado.

En algún momento, Kaname entró en las conversaciones de los chicos, pero Zero no se dio cuenta realmente de ello hasta que Ruka lavó el pincel con aguarrás y se acercó al grupo para acoplarse a la charla.

—… las tabletas de sangre en su fecha. Si no, Hanabusa podrá encargarse de suministrarnos algunas durante un tiempo ¿verdad?

Orgulloso, el chico sacudió la cabeza en afirmación a las palabras de Kaname.

— ¿Por dónde vamos a empezar la búsqueda? Rima y Shiki tienen una sesión fotográfica en tres semanas en Tokyo. Es un buen lugar para esconderse con tanto dinero.

— No vamos a buscarla, Takuma.

Los chicos de la clase nocturna intercambiaron una mirada rápida y, por primera vez, Zero notó incomodidad y suspicacia en ellos.

— No vamos a buscar a Yuki. Ni ahora ni más tarde —les explicó. Dejó de lado la taza de té y le pasó una mano a Zero por el pelo en un gesto innecesario pero claro—. Yuki no acepta la nueva situación que se da entre Kiryuu y yo, así que no es bienvenida a mí alrededor. Si ella desea volver, podrá hacerlo, pero no haré nada por traerla de vuelta.

— Kaname-sama —dijo con voz dudosa Ruka—, todos hemos ee… sido conscientes de algunas cosas sucedidas pero… —la chica se quedó cayadas y Zero pensó que no diría nada más, de pronto, continuó: — ¿Kiryuu Zero es ahora un sangrepura? Es imposible pero huele a…

— Kiryuu y yo nos hemos vinculado —le cortó.

Un silencio recorrió la sala y entonces Aidou habló, revelando que no todos estaban tan contentos y tranquilos con lo sucedido:

— Pero si no es más que un futuro Nivel E…

— Ahora tiene el estatus de un sangrepura, Aidou, yo me he encargado de ello —le dijo con tranquilidad—, por sus venas corre exclusivamente mi sangre, y seguirá siendo así para siempre.

El chico arrugó el ceño, pero Rima se levantó de un salto y no le permitió seguir hablando.

—Es un chico muy guapo, Kaname-san —se rio ella, acercándose—. El Consejo se pondrá furioso.

— No lo toques, Rima.

La chica se detuvo, pero no perdió la sonrisa, asintió y se sentó junto a Shiki, subida al brazo de sillón que compartía con Takuma, y le robó un mikado del bolsillo de la camisa.

— Kiryuu vivirá y estudiará con nosotros a partir de ahora. Os pido que lo tratéis con cortesía y que olvidéis las antiguas riñas. De momento también os pido que… os comportéis con corrección. El vínculo es muy nuevo y la adaptación no está siendo tan sencilla como esperábamos.

Takuma asintió y Shiki los miró con la cabeza ladeada. Kain se mantuvo callado, pero Ruka y Aidou intercambiaron una mirada de enfado y bufaron por lo bajo.

— ¿Entonces tu compromiso queda anulado? —preguntó con voz perezosa Shiki.

Aidou dio un pequeño grito y Ruka se machó de aceite el cuello del vestido con el pincel.

— Definitivamente. El vínculo que…

Fue un segundo.

Kaname se dio cuenta un segundo antes. El tiempo suficiente para callarse y para tirar a Zero al otro lado del diván, entre el mueble y la chimenea.

El gran ventanal estalló en pedazos.

Zero se puso en pie aturdido.

Dos figuras oscuras se abalanzaron sobre él. Kaname desgarró un cuerpo y cayó hecho un manojo de músculos y tendones sobre la alfombra.

Zero le dio un golpe al otro.

Una ráfaga de frío llegó hasta él desde el bloque de hielo en el que un atacante había sido convertido. Tiró al suelo al vampiro que trató de embestirlo contra la chimenea.

Kaname murmuró algo a su espalda.

Un vampiro saltó sobre él. Takuma gritó. Zero notó el dolor lacerante de unas uñas en su brazo desgarrándole la piel. Hubo una pequeña explosión y un vapor dorado se extendió por el salón.

¿Había explotado frente a él?

Zero no oía nada. Se giró, todavía agarrado por el vampiro y buscó a Kaname con ojos ciegos entre la bruma. Trató de gritar, pero no supo si lo había conseguido porque ya no oía nada.

Las uñas se desclavaron de su brazo.

No supo más.

Nadie se atrevía a acercarse a él. Ni siquiera Takuma. Tampoco Seiren.

Kaname estaba fuera de sí. Iba a destruir el mundo entero. Un ataque estúpido y rápido. Habían ganado sin problema ¿Cuánto podría haber durado la lucha? ¿Tres, cuatro minutos?

Quince vampiros, algunos más audaces que poderosos y otros bastante fuertes, entrando en la Academia Cross directos a las fauces de la bestia… Simple y sencillo deshacerse de ellos.

Pero el humo…

Primero había sido Shiki. Un vampiro distrayéndolo en la lucha y otro por detrás tirando la ampolla frente a él. No se había mantenido en pie más de siete segundos antes de caer dormido o inconsciente. O muerto.

Y después había sido Zero. Agarrado, con el brazo sangrante, la ampolla rota en su propia frente… Kaname no se había dado cuenta a tiempo. El vampiro corría con él al hombro cuando Kaname se percató de que no estaba a su espalda. Corrió tras él pero el vampiro se desvaneció en el aire.

Iba a arrasar la tierra hasta encontrarlo.


¡Espero que os haya gustado mucho! ¡Ya me diréis! Nos leemos el martes ^^