¡Hola, chicas! Ya sabes ¡es martes y toca actualización de Vínculo! Regreso al único lugar feliz será actualizado el jueves como siempre, aunque salgo de viaje xD ¡pero me lo llevo todo conmigo para subirlo!

Muchas, muchas gracias por vuestros comentarios y por agregar la historia a favoritos o ponerle avisos ^^. Este capítulo en concreto es mi favorito hasta el momento y espero que a vosotras también os guste ^^ ¡ya me diréis!

¡A leer!


Capítulo cinco

Encierro

Estaba muy oscuro y hacía frío. Había humedad.

Zero volvió poco a poco al mundo de la consciencia. Primero notó el frío, después la humedad y finalmente el dolor. Lo dolía el cuello en todos los rasgones que Kaname le había hecho. Le dolía la espalda en las rozaduras de la espalda. Le dolía el pómulo que había dado contra el suelo. Le dolían las laceraciones de su interior. Pero también le dolían las muñecas y los tobillos y en al cuello tenía un peso, una marca, que no recordaba.

Entendió que estaba atado y abrió los ojos al fin.

Estaba tumbado contra una fría pared de piedra sobre un suelo húmedo. No había luz, nada más que el sueño de un resplandor lejano a la derecha de un pasillo más allá de la robusta puerta de metal. Era un calabozo.

A sus oídos llegó pronto el murmullo de una respiración suave y acompasada a pocos metros de él. Forzando la vista en la oscuridad creyó descubrir otra silueta tumbada cerca de él.

— Ey, ey… —murmuró. Lo más probable era que se tratara de alguno de los vampiros de la Clase Nocturna. Kaname no, porque el vínculo se sentía pesado y ponzoñoso en su pecho.

El cuerpo, que empezaba a tomar forma, se movió un poco y Zero volvió a apremiarlo.

— ¿Kiryuu-kun?

— ¿Quién eres? —preguntó, sin poder reconocerlo.

— Senri.

— Shiki-kun ¿nos han capturado a todos?

Muy despacio, el otro chico se incorporó entre las sombras y se recostó contra la pared, o eso le pareció a Zero, que cada vez veía un poco mejor. Tardó mucho tiempo en contestar, pero al final lo hizo:

— No lo sé.

Zero se quedó callado un momento.

— Estoy atado ¿tú también?

Como respuesta, el chico hizo tintinear sus propias cadenas. Zero se sentó también y se llevó las manos al cuello, donde un pesado collar lo amarraba también a la pared.

— Tenemos que salir de aquí. No sé qué pirado ha hecho esto pero…

— ¿El vínculo te va a matar, Kiryuu-kun? —le preguntó el chico, interrumpiéndolo.

Zero se giró sorprendido.

— No. Bueno, no creo.

— ¿No tiene restricciones de alejamiento?

— No… sólo es un poco… e… agobiante no saber dónde está Kan… Kuran.

— Ahhh…

El chico volvió a quedarse en silencio.

Zero batalló un poco con las ataduras, pero pronto se dio cuenta de que iba a ser imposible abrirlas sin el conjuro o las llaves.

— Umm… por cierto —le dijo Shiki, un rato después—, estamos en casa de mi padre.

Giró la cabeza tan rápido que creyó que se la había dislocado.

— ¡¿En tu casa?!

— No. En la de mi padre.

— ¿Por qué estamos en casa de tu padre? —le preguntó, exasperado. El chico tardó un momento en contestar.

— Supongo que para chantajear a Kaname. Mi padre es su tío.

— ¿Qué…?

Zero no entendía nada. Frunciendo el ceño trató de acercarse un poco al chico, pero las cadenas no se lo permitieron. Con un suspiro, Shiki pareció tomar fuerzas para comenzar a explicarse.

— Los Kuran son un poderoso clan sangrepura. Mi tío, el padre de Kaname, era el heredero. Cuando fue asesinado, el poder del clan cayó sobre Kaname. Debería haberle correspondido a mi padre su control hasta que Kaname fuera mayor, pero el Consejo piensa que fue el artífice de su muerte, así que… El Consejo gobernó el clan hasta hace un par de años, cuando Kaname lo pidió para sí. Mi padre siempre había tratado de recuperarlo de manos del Consejo y ahora intenta arrebatárselo a Kaname…

Zero parpadeó.

— ¿Y tu padre lo hizo? ¿Mató a su hermano?

El chico se encogió de hombros.

— Seguramente. Y a su hermana también. Mis tíos estaban casados entre ellos, los dos eran hermanos de mi padre.

Zero no dijo nada, sabía suficiente de los vampiros como para conocer sus prácticas de mantenimiento de la sangre, pero un leve escalofrío de desagrado le recorrió el cuerpo.

— ¿Y tú… por qué estás aquí?

— A mi padre no le gusta que sea amigo de Kaname —le dijo, con simpleza.

— Ah…

Estuvieron un rato más en silencio. Zero se mantenía quieto, no era la primera vez que terminaba atado en un calabozo y sabía que la inquietud no hacía que el tiempo pasara más deprisa. Ahora necesitaba esperar a que su captor se revelara y buscar entonces un modo de salir de allí.

— Mi padre… —dijo mucho después Shiki, como si la conversación no se hubiera terminado nunca— es malo. De verdad. Muy, muy malo.

— Umm… si ha matado a sus hermanos… —le dijo Zero, sintiéndose un poco incómodo.

— No, no es sólo por eso. Cuando venga no… esperes nada bueno de él, Kiryuu-kun. Y no trates de buscarle las cosquillas. Te matará. Te matará de la forma más dolorosa que jamás puedas imaginar y disfrutará haciéndolo.

Zero iba a preguntarle a qué clase de cosas tendría que atenerse cuando los pasos lejanos, el primer sonido a parte de ellos dos que podían escuchar, llegaron a ellos rebotando en los muros de piedra.

Shiki se quedó rígido, pero mantuvo su posición contra el muro. Los pasos se acercaron y se detuvieron tras la puerta de metal.

La llave giró dos veces y la mole de hierro giró sobre sus gozones haciendo un ruido escandaloso.

Zero estuvo a punto, pero muy, muy cerca, de sonreír y relajarse porque la figura que se presentó, levemente recortada por la luz lejana del pasillo, era casi idéntica a Kaname. De hecho, cuando se dio cuenta de que no se trataba de él, el vínculo tironeó un poco, diciéndole que era muy similar a lo que él debía desear.

— Buenas noches, caballeros. Espero que hayan disfrutado de una agradable estancia hasta el momento.

— Padre…

— Cállate, Senri —le dijo, con tranquilidad y sin apartar sus ojos de Zero—. Vais a pasar una larga temporada aquí y es mejor que nos llevemos bien. Además… tengo algo ya preparado para ti, no necesito más alicientes.

— ¿Por qué estamos aquí? —le espetó Zero, dispuesto a afrontar con entereza aquél ojo glaciar que le observaba inmisericorde junto a su compañero granate.

El hombre sonrió lentamente.

— Tú apenas por nada. El importante es mi hijo, cazador, ¿qué te crees? Sólo busco pasar tiempo de calidad con él. Ven, Senri —ordenó.

La voz del hombre sonó fría y clara y de repente Zero oyó al muchacho ponerse en pie, las cadenas sueltas de la pared siendo arrastradas por el suelo.

— Umm… ya lo había oído, pero es verdad que te estás haciendo un chico muy guapo —le dijo, chasqueando los dedos y encendiendo tres antorchas en el lúgubre calabozo.

El padre de Shiki se mostró por fin perfectamente nítido en mitad de la sala. Eran tan parecido a Kaname como Zero había intuido, pero apenas reparó en eso. El hombre estaba de pie y había tomado al muchacho por la cintura, acercándolo excesivamente a él y mirándolo con una lascivia inconfundible. Se lamió los labios.

— Sí, muy guapo, es una pena que no vayamos a ver el florecimiento pleno de tu belleza, Senri… En luna nueva, te mataré.

Si Shiki trató de revolverse o se asustó, Zero no pudo saberlo, pues su padre se inclinó sobre él y lo atrajo a un beso húmedo y violento, del que chico sí trató de apartarse entonces. El hombre se rio echando la cabeza hacia atrás y las cadenas de Shiki se elevaron hacia el techo, atándolo en mitad de la sala.

— Para lo guapo que eres había esperado algo más de… —el hombre negó con la cabeza, fingiendo decepción—. Ni siquiera el tabú del hijo mejora mucho ese beso. Eres demasiado complaciente, Senri. Ni un triste mordisco, ni una patada… creo que fui demasiado duro en tu infancia ¡y eso que jamás intenté que jugáramos a nada en tu camita de niño!

Zero jadeó, repugnado. Shiki, atado, se limitó a mirar un punto fijo en la pared con la cabeza levemente inclinada hacia abajo.

— En fin, querido, como te decía, te mataré dentro de tres semanas, en luna nueva. Pero… bueno, sabes cómo es todo esto de ser un sangrepura ¡siempre hay que cumplir con el protocolo! ¡Incluso para matar a un hijo! A un hermano es más fácil… la representación de Caín y Abel es suficiente… —riendo, el hombre dio una vuelta alrededor del muchacho—. Sí, la verdad es que tienes una figura envidiable. Mira el culo… y la cintura tan estrecha… —alargó sus manos blancas y fuertes y sobó con descaro y rudeza las nalgas de Shiki por encima del pantalón del uniforme—. En fin… debes estar muuuuuy cansado para ese día, Senri querido. Agotado. Y por eso te he traído aquí un tiempo antes. Bueno, para eso y para que estrechemos lazos ¿verdad?

Pasó las manos hacia delante y pegó el cuerpo totalmente al de su hijo, fingiendo un vaivén inconfundible. Shiki, a quien Zero veía casi totalmente de espaldas, tiró de las cadenas hacia delante, tratando de soltarse del agarre. Sin poder callarse, pese al miedo que ese hombre inspiraba, Zero le gritó:

— ¡Pero déjalo, maldito enfermo!

El vampiro se rio y soltó a su hijo para acercarse poco a poco a Kaname mientras le decía:

— Tranquilo, tranquilo… no te pongas celoso, también te encuentro a ti muy atractivo —. Se arrodilló frente a él y Zero se pegó totalmente a la pared, alzando el rostro y evitando su toque—. Tremendamente atractivo… —le susurró.

Zero sintió que se le helaba la sangre, porque la locura había abandonado sus ojos desiguales y la voz había sido calmada. Apretó los dientes, negándose a mostrarle miedo.

— Y parece que mi sobrino no ha sido demasiado bueno contigo ¿Eh?... mira tu pómulo… tan alto y… ummm… oscuro… —el hombre hablaba muy despacio y bajo, casi para sí mismo. Miró fijamente el pómulo morado y después pasó a recorrer con la vista la marca de la frente y el rasgón de la mordida desde el cuello hasta el esternón, aunque el jersey de cuello redondo a penas la mostrase—. Si te quito la ropa… ¿Cuántas más habrá? ¿Tienes…? —el hombre inspiró profundamente, rozando a Zero con su pelo caoba— No lo parece pero… ¿tienes todavía su corrida en tu interior?

Aterrado, Zero se dio cuenta de que el hombre se lo estaba preguntando de verdad. No lo estaba intimidando, ni se estaba burlando. Realmente quería saberlo.

Zero boqueó, asustado y sin pretender contestar.

De pronto, el aire socarrón del vampiro volvió a él y se puso en pie sonriéndole.

— Voy a suponer que no. Te has asustado como una virgen. Tal vez hasta lo seas. Senri no lo es, se deja follar por el heredero de los Ichijo. No es un mal partido, pero al chico le falta chispa… —se giró hacia Shiki e, imitando a un padre, le previno— te vas a aburrir con un bonachón así y él no va a aceptar que compartas tu culo con otros. Aunque… en realidad ya da igual. Total, te quedan tres semanas… Bien, empecemos —dijo con alegría— ¡vamos a cansar a mi muchacho para que duerma plácidamente el sueño de los justos! Aunque la sal tal vez no se lo permita…

Mientras se reía, se acercó a Shiki y le desagarró la chaqueta del uniforme y la camisa.

— Umm… sí, que bello regalo para la vista… —susurró para sí antes de estallar en carcajadas—. Ahora vuelvo, niños, portaos bien.

Sin más, el hombre salió de la celda.

Zero no tardó ni un segundo en ponerse de pie, pero las cadenas no le dejaron avanzar más de un paso. La del cuello lo asfixiaba sin piedad.

— ¡Shiki! ¡Tenemos que largarnos!

Con los brazos hacia arriba, encadenado, el vampiro se volvió hacia él. Tenía el rostro blanco como un fantasma y la mirada un poco lejana, como si lo mirara desde una larga distancia.

— No podemos, no se puede salir de aquí.

— ¡Sólo tenemos que soltarnos!

— Para eso necesitamos la llave, Kiryuu-kun, y la tiene él.

— ¡Te ha liberado para ponerte ahí! ¡Responden a la magia!

— No. Ha sido la llave. Es una runa. La lleva con él y así tiene poder sobre las cadenas.

Zero respiró, mirando hacia todas partes. Pensando con celeridad.

— Vale, vale… entonces haremos esto: en cuanto esté desprevenido y de espaldas a mí, tú al otro lado, usarás tu poder y lo tirarás sobre mí. Las cadenas son lo bastante largas como para que lo plaque. Le quitaré la runa y nos soltaré. Sé que es un sangrepura, pero no necesitamos matarlo, sólo huir.

Extrañamente, en la cara de Shiki se dibujó una sonrisa derrotada.

— No funcionará, Kiryuu-kun.

Había tanta pena en sus palabras, que Zero se sintió hasta enfadado ¡no podía rendirse sin más! Pero entonces sus ojos recorrieron el torso desnudo del chico, que tenía cierto parecido a Kaname, y recordó las manos del hombre recorriéndolo y sus ojos dispares observándolo con lascivia. Con voz calmada, le dijo:

— Sé que estás asustado, Shiki, yo también… es normal. Es un vampiro que… me hiela la sangre. Pero debemos huir. Y podemos hacerlo. Evitaremos cualquier mal. Kaname no tardará en encontrarnos, sólo tenemos que darle un poco de tiempo y tú no tendrás que sufrir nada a manos de él.

Pero Shiki volvió a mirarlo con tristeza y negó con la cabeza.

— No se puede usar magia aquí dentro, los poderes vampíricos no funcionan.

Zero sintió que el mundo se le caía encima.

— P-pero… Dios mío… é-él pretende ma…

— Tienen tres semanas para encontrarnos, Kiryuu-kun, y Kaname no va a dejar correr un ataque como el que sufrimos en la Academia y además… estás tú.

— Si me está usando como carnaza, es justo lo que quiere. Que Kaname venga aquí… No me gusta la idea de que su plan se cumpla…

La presencia del vampiro se dejó sentir desde el pasillo. Los chicos se quedaron en silencio y el adulto entró al calabozo con una tenue sonrisa y un maletín en la mano.

— Hola, chicos ¿qué tal? ¿me habéis extrañado? No hace falta que te pongas en pie para saludarme, Zero. Es muy amable de tu parte, pero prefiero verte siempre en el suelo.

Boqueando, Zero se dejó caer otra vez y se pegó a la pared.

— ¡Pero, Senri! ¿De qué habéis estado hablando vosotros dos? —a Zero se le perdió un latido de miedo— ¡gandules! Si los pezones se te han puesto duros, hijo mío… mira, mira, mira como saludan… —el vampiro se inclinó hacia el pecho de Shiki y, desde cerca, tironeó le de los pezones. El chico se removió inquieto, pero no gritó ni se quejó—. Qué bonitos…

Riéndose, se separó de él y dejó el maletín contra una pared. Del bolsillo del pantalón de vestir que llevaba extrajo un mango alargado y negro, de unos treinta centímetros. Zero tardó un momento en entender que se trataba de un látigo enrollado.

— Creo que iré primero a por ellos ¿verdad? Son bonitos, así puntiagudos y con la aureola grande y rosa pero… —se rio entre dientes— siempre son más sugerentes más oscuros. A ver si los podemos poner morados ¿eh?

Cuando alzó el látigo, Zero abrió la boca, pero se quedó sin aire para decir algo.

— ¿Padre? —dijo en un susurro Shiki. Zero no podía verle la cara.

— Tchis, tchis, silencio, Senri, silencio… No debes estar asustado. No voy a hacerte algo que tú no le hayas hecho a alguien antes — rio—. De momento al menos… nos quedan muchos días. Ahora, silencio, silencio, o tendré que ser muy malo.

Con una gran sonrisa, descargó el primer golpe.

Shiki gimió y sobre su hombro, Zero vio la cara de absoluta satisfacción del vampiro. Era terrible. Terrible porque sus rasgos eran hermosos y muy parecidos a los de Kaname y a los del mismo Shiki, pero sus facciones formaban ángulos extraños, bellos y letales, y cada gesto gritaba depravación y prometía horror.

Dio dos golpes más antes de que Zero fuera quien gritara, poniéndose en pie:

— ¡No! ¡Para! ¡¿Qué haces?!

El vampiro inclinó un poco la cabeza, deteniendo un momento el látigo antes de asestar dos golpes más despistadamente.

— Canso a Senri. Tiene que estar agotado para la luna nueva y eso lleva mucho trabajo. Pensaba que os lo acababa de decir.

Zero lo odió en ese momento. Lo odió porque sabía que se estaba haciendo el loco, que aquellas palabras ocultaban una mordida y que sólo había contestado con despiste para frustrarlo.

— ¡Es tú hijo! ¿Qué quieres conseguir?

— ¿Conseguir?

El adulto se rio y volvió a centrarse en los golpes contra el pecho de Shiki, que gemía y cuya sangre ya se podía oler en la sala.

— ¡Déjalo!

El vampiro cambió el ángulo y destinó los cortantes latigazos al abdomen de Shiki a mayor ritmo. El dolor debía de ser distinto, porque el chico dejó de gritar y empezó a moverse con espasmo y gemidos dolorosos.

— ¡Para!

Los latigazos subieron de intensidad, el ritmo aumentó. El calabozo se llenó del sonido cortante del látigo en el aire y de los gritos y jadeos ahogados de Shiki. También se oían las cadenas. Las del chico moreno, que se balanceaban con él, y las de Zero, que gemían bajo sus intentos de liberarlo.

— ¡Basta, monstruo!

Dio dos latigazos más, enfebrecido, y entonces tiró el látigo y se abalanzó sobre Zero, apartando de un empujón a su hijo, que hubiera caído al suelo de no haber sido por las cadenas.

Lo estampó contra la pared y lo sujetó por la cabeza, colando los dedos entre su pelo antes de obligarle a levantar la barbilla y morderle la yugular herida sin piedad. Zero gritó y de repente se encontró tirado en el suelo, con el vampiro a horcajas sobre él, destrozándole el jersey con las uñas.

Zero miró hacia él aterrado.

Le había golpeado la cabeza con tanta fuerza contra la pared que había perdido el conocimiento o la memoria durante un momento. El vampiro murmuraba palabras inconexas, rápidas y bajas, y tenía la sangre de Zero todavía en la barbilla.

— Antes no me contestaste… lo voy a ver ahora.

— ¡No! —gritó Zero, un poco más consciente, arrastrándose hacia atrás— ¡Suéltame! ¡Quítate! ¡Te mataré, monstruo!

El vampiro se rio y de pronto las cadenas se acortaron, inmovilizaron las manos de Zero contra la pared, obligándolo a sentarse y a mantener la cabeza pegada a la roca.

— Hueles tan bien… tan…

La abrió las piernas. Zero forcejeó y le dio una patada, pero él la aguantó bien y al final consiguió agarrarle ambos tobillos. Miro uno y después el otro. Se rio. Las cadenas tintinearon y tiraron de ellos hasta pegárselos a los muslos, dejándole las piernas muy abiertas pero ocultas por el pantalón. Zero rugió.

— Siempre es mucho más bonito cuando hay pasión… —le murmuró el vampiro.

Zero le escupió a la cara. El vampiro pasó su lengua rosa muy lentamente sobre la saliva lanzada y la saboreó.

— Un chico generoso ¿eh? Nos lo vamos a pasa tan bien…

Sonriendo, el padre de Shiki, colocó las dos manos en sus ingles. Ya no había fingida inocencia, sólo codicia y deseo.