¡El nuevo capítulo! ^^ Espero que os guste ¡Muchas gracias por leer y comentar!
Capítulo seis
Terror
Zero temblaba acurrucado en el catre. Oía voces agónicas a su alrededor, pera sabía que no eran más que los frutos de sus miedos.
Por la ventana de la mazmorra a la que había sido trasladado podía ver el cielo oscuro, iluminado tan sólo por las estrellas. No había luna.
Tres semanas después de haber sido capturados por Rido, el padre de Shiki y la pesadilla de Zero, los dos muchachos seguían prisioneros. O eso suponía Zero, que no había visto a Shiki desde la primera noche cuando, después de profanarlo frente a él, Rido se encargó de buscarle un nuevo lugar, más cómodo para las torturas a las que estaba destinándolo. No siempre terminaba en violación, pero Rido se recreaba creando esas expectativas en él, en el miedo a no saber si aquella noche se repetiría.
Físicamente, salvo por la fuerte sed y el hambre, Zero se encontraba bien. Las lesiones provocadas por Rido desaparecían a la velocidad a la que lo harían en el cuerpo de un sangrepura, y las que Kaname le dejara, semanas atrás, se habían curado naturalmente. Apenas tenía una marca roja desde la yugular hasta el esternón como último recuerdo de su vínculo.
Pero su ánimo estaba devastado. Cuando fue cambiado de celda, pese al dolor, al odio, al asco y al temor, en Zero había reaparecido la esperanza. Trató de escapar. Escribió runas en el suelo dejándose las uñas en la roca, buscó los vestigios de su poder como sangrepura, que en algún momento deberían surgir -aunque los manuscritos hablaban de cientos de años de espera-, usó la fuerza contra Rido e incluso lo sedujo, a pesar del vínculo y de sí mismo. Todo fracasó. No obstante, una pequeña llama de esperanza se había mantenido viva las dos primeras semanas: Kaname lo estaba buscando. A él y a Shiki. Él vínculo lo impulsaba. Su orgullo también. No podía dejar sin vengar un ataque como el que había sufrido.
Y además, muy, muy en el fondo, en un lugar del que Zero se avergonzaba, en lo más profundo de su cabeza, creía que Kaname, después de todo lo que habían compartido, lo buscaría por sí mismo.
No había sido así. Y ahora era demasiado tarde.
En algún lugar de aquél castillo, Shiki estaba a punto de morir para que Rido terminase su ritual. Se lo había contado muchas veces a Zero. Una de ellas, mientras lo obligaba a mantener posturas obscenas para pintarlo al óleo, le había descrito cómo tendría que sacarle uno a uno todos los tendones del brazo derecho al chico para después trenzarlos y conservarlos para atarlos entorno al corazón de Shiki en un paso posterior.
Unos pasos en el corredor lo sacaron de sus cavilaciones. El sudor frío empezó a recorrer su cuerpo desnudo, pero se irguió y se sentó en la cama con la cabeza en alto. Aquél vampiro se lo había quitado todo, pero Zero se negaba a baja la barbilla.
— Buenas noches, Kiryuu-kun ¿ha dormido bien?
La pregunta, hecha con absoluta elegancia y pleitesía, heló la sangre de Zero, que se negó a responder. Desde que había sido cambiado a aquél calabozo, tenía la sensación de ser observado casi todo el tiempo y se negaba a dormir. En aquellas semanas, había limitado el descanso a tres o cuatro horas intermitentes y asustadas, a las que era arrastrado por su cuerpo pero que no deseaba en absoluto.
— Estás tan guapo como siempre, supongo que sí. Me alegro mucho, porque es importante dejar un bello cadáver tras de sí ¿verdad?
Zero ni siquiera pestañeó.
El vampiro, ajeno a su indiferencia, se acercó a él vistiendo únicamente un pantalón rojo y un largo abrigo de cuero negro abierto. Tenía pequeñas gotas de sangre en el torso y a Zero casi le horrorizó más oler que eran del propio Rido que haber averiguado que eran de una pobre víctima.
— Tengo que confesarte algo, Zero… —le susurró, subiéndose al catre y gateando sobre Zero, cuyas cadenas rugieron al tumbarlo para que se dejara hacer— se me ha hecho un poco tarde. Quería jugar mucho, mucho contigo, pero hoy Senri tiene prioridad ¿lo entiendes, verdad? Él es mi hijo y algunos días lo he descuidado un poco por estar contigo y con tu delicioso olor, con tu piel de crema… —le dijo, lamiéndose los labios y repasándolos con las manos. Zero se revolvió asqueado bajo su toque, pero las cadenas no cedieron—. No me extraña que mi sobrino te usara sin parar durante una semana ¡yo te he tenido aquí tres y podría disfrutar otras seis de ti! Aunque yo no soy tan afortunado… mis marcas desaparecen tan rápido… —suspiró y después le lamió un pezón, en el que alguna vez había tenido los dientes de Kaname impresos— Y no será por falta de intentos ¿eh?
El vampiro se quedó callado un momento jugando con el pezón de Zero, erecto por el frío y continuo toque. Cuando se cansó, se levantó y se colocó a ahorcajas en su pecho. Sabiendo más o menos lo que el vampiro quería, Zero se removió otra vez:
— Lo sé, lo sé, te gustaría que hoy jugásemos más al sur. Lo sé. Hace cinco días desde la última vez, pero he estado muy ocupado y nos hemos divertido de otras maneras ¿verdad? —mientras hablaba con su grabe voz, llevó las manos a su pantalón y bajó la cremallera para liberar su pene inhiesto—. Hoy tampoco va a poder ser, porque tengo prisa y los dos sabemos que no puedo follarte sólo una vez. No… porque si no tu culo hambriento se queda con ganas y palpita pidiendo más y yo no tengo fuerza de voluntad para negarme…
— ¡Mentiroso! ¡Bájate! ¡Mátame y déjame en paz!
El vampiro le cruzó la caza con dos bofetadas, pero siguió hablando con aquella calma horrible:
— ¡Qué impaciente! No me digas que ya sabes que lo que no podemos hacer hoy, lo voy a hacer después con tu cuerpo ¡cómo me conoces! — rio—. Bueno, nosotros a lo nuestro. Pon cara de putita, que voy a pajearme y a correrme sobre ti. Después vendrá alguien a darte el golpe de gracia.
Furioso, Zero trató de liberarse o de tirarlo del catre, pero el vampiro se mantuvo impasible, masturbándose con ambas manos y mirándolo fijamente a la cara con sus ojos bicolor. Incapaz de correrse sólo así, cuando estaba alcanzando el clímax, Rido se arañó una mejilla, clavándole las uñas y creando cuatro hilos de sangre. Permitió que su semen saliera contra el rostro de Zero y lo observó durante interminables minutos, en los que el chico fue forzado a mantenerle la mirada y se negó a dejar caer una sola lágrima.
Sin decirle nada, el vampiro se bajó de su pecho y salió por la puerta abrochándose el pantalón.
Zero quedó, allí, tumbado y ultrajado, con el semen del vampiro sobre su cara, escurriendo entre sus labios, y las heridas en la cara. Las cadenas permanecían fijas y tirantes, obligándolo a continuar acostado a lo largo del catre.
¿Así iba a ser? ¿Un esbirro de Rido iba a entrar en algún momento y a matarlo sin más o sólo sería abandonado allí hasta que sucumbiera al hambre y a la locura?
No podía ser.
El tatuaje en su cuello palpitaba recordándole el vínculo y las obligaciones que tenía para con él. Los colmillos le dolían y tenía sed. Y estaba sucio y derrotado allí. Tenía hambre, tenía sed.
Otros pasos en el pasillo, más livianos y rápidos, le indicaron que su verdugo llegaba hacia él. Zero deseó que fuera rápido y eficiente. Trató de levantar la cabeza para verlo, pero el grillete en el cuello se lo impidió. De todas maneras, la larga guadaña se elevaba lo suficientemente alto como para que él pudiera verla sin moverse.
— ¿Yuki? —preguntó confundido.
— Hijo de puta… —fue la contestación que consiguió, cargada de odio—. Pedazo de mierda…
Los pasos de la chica se acercaron poco a poco a él y Zero luchó contra las cadenas otra vez para verla, para mirarle a los ojos y asegurarse de que era ella. Pero fue la chica la que se inclinó buscando también su mirada. Llevaba el pelo mucho más largo que antes, demasiado como para que le hubiera crecido sólo y, aunque su olor no había cambiado, había algo en él y en sus ojos que…
— ¿… vampiro? —le preguntó, asustado y sin creerlo— ¡Yuki! ¿Qué has hecho?
La chica se agitó la melena y le sonrió.
— ¿Qué he hecho? ¡Nada! ¡¿Sorprendido?! ¿Kaname no te lo ha contado? ¡¿Mi hermano no te ha dicho nada?!
— ¿Tu her…?
— ¡Cállate, puta! —le cortó ella—. Claro que no te ha dicho nada ¡tú boca le era útil para correrse, no para preguntar!
Llena de furia, con los ojos grandes y granates, tan parecidos a los de Kaname y a los de Rido que Zero se preguntó cómo no había sido capaz de verlo antes, le abofeteó con fuerza sobre humana, llenándose la mano con el semen de Rido, que empezaba a secarse.
Al ver aquello, la chica gimió y lo lamió, para después inclinarse sobre él y lamer los restos con codicia, sin importarle pasar por los labios secos del chico.
— Me lo has quitado todo, Zero —le murmuró cuando terminó, sin alejarse—. Me quitaste a Kaname, que estaba prometido conmigo desde mucho antes de que tú nacieras, y me has quitado a Rido, que yació conmigo cuando todavía era humana… Los dos me amaban, Zero, y tú… tú… ¿cómo lo has hecho, puta? ¡¿Cómo lo has hecho?! —le gritó, arañándole el pecho, desesperada.
— ¡Yuki! ¡No lo sabíamos! ¡Lo hicimos por ti! —le aseguró, aturdido.
— ¿¡Por mí!? ¡¿POR MI?! ¡¿Te acostaste con mi prometido por mí?!
— ¡Estabas devastada por que me iba a convertir en un Nivel E! ¡Era la única solución para hacerte feliz!
De un golpe, las cadenas dejaron libre a Zero y la chica se echó hacia atrás, riendo a grandes carcajadas.
— ¡Eras mi amigo, Zero, pero a él lo amaba! ¡Era mío! — se carcajeó otra vez y Zero se incorporó en el catre—. Voy a matarte, Zero, te juro que sí, pero… bueno — rio—, tú hiciste algo por mi ¿verdad? Me quitaste a Kaname por mi… así que yo haré algo por ti. Voy a permitirte jugar por tu vida.
»Tú estás desnudo y desarmado, yo no. Pero cuando tú me quitaste a Kaname, yo no sabía nada. Yo sé dónde está la salida, tu no. Pero tú hiciste algo imborrable con él. Como, en realidad, estamos en las mismas condiciones que antes, el juego es muy justo: yo voy a apartarme un metro más y entonces, te voy a atacar. Tú no vas a estar atado. Ya está. Ese es el juego. A ver si sobrevives. Buena suerte, Zero.
Y sin más, la chica así lo hizo, retrocedió dos pasos y le sonrió antes de tirarse hacia él con Artemisa.
Fue puro instinto, porque Zero no estaba muy seguro de querer luchar por su vida, pero se apartó justo a tiempo y la afilada hoja cortó el aire a su lado. Yuki gruñó y volvió a llamarlo puta. Zero miró la puerta y miró la ventana y se dio cuenta de que las dos estaban demasiado lejos y cerradas. Le dio una patada a Yuki y esquivó otro golpe, pero Artemisa era demasiado grande y Yuki demasiado hábil. No tenía una oportunidad real de salir victorioso.
Se preguntó, mientras trataba de golpear a Yuki, girando y girando, dónde estaba la chica dulce que él tanto había querido. Hacía meses que había desaparecido. Antes de que él y Kaname hablaran por primera vez sobre la inminente conversión de Zero en Nivel E, mucho antes, Yuki había empezado a cambiar hasta que se había convertido en eso. En una vampiresa sedienta de sangre y llena de venganza. Un monstruo deformado de sí misma.
Su pie dio con una de las cadenas caídas y lo hizo resbalar. Sin dudarlo, la chica se abalanzó sobre él y Zero sólo fue capaz de agarrar las argollas y golpear con el metal hacia ella.
Con fuerza e inesperadamente, el extremo de la cadena voló libre y se enredó alrededor del cuello de Yuki, que chilló y saltó hacia atrás. Zero, que tenía bien sujeto el otro extremo, tiró sorprendido.
Crac.
Yuki cayó desplomada al suelo. Artemisa zozobró y se clavó en la argamasa de las piedras de la pared.
— Dios mío…
Zero se abalanzó sobre la chica, gateando todavía por el suelo y con la cadena en la mano. El pelo oscuro caía alrededor de ella como un manto y tapaba su cara. O eso creía Zero hasta que lo apartó para tomarle el pulso y comprobó que era su nuca lo que miraba al techo.
Espantado, porque el cuello estaba roto, retrocedió hasta pegarse contra la pared.
— Yuki… —murmuró.
No supo muy bien lo que hacía, sólo sentía la fuerza de la adrenalina en los oídos. Se levantó al cabo de unos segundos y rodeó el cuerpo de la chica sin poder apartar la mirada hasta que llegó a la puerta. Estaba cerrada, como él había pensado, pero Yuki tenía que tener en algún lugar el amuleto con la runa que lo habría.
Temblando, volvió a acercarse a ella y buscó algún bolsillo en el vestido de encajes blancos que llevaba. No lo encontró, pero un golpe de suerte le hizo percatarse de la liga roja que llevaba en el muslo derecho. De ella, diminutos, pendían dos dijes de plata con runas talladas.
Sin querer pensar en ello, Zero deslizó la liga por las piernas blancas de la chica y se la envolvió en la muñeca. Al acercarse a la puerta, esta se abrió.
Fue incapaz de mirar atrás al salir del calabozo.
Recorrió el pasillo sin dudar, pero antes de girar la primera esquina comenzó a notar la debilidad en las piernas. Llevaba más de una semana sin comer y, aunque Rido le había obligado a beber de él, el vínculo le hacía rechazar la sangre de cualquiera que no fuera Kaname.
Se tambaleó y cayó contra una de las paredes, pero no había llegado tan lejos para rendirse en aquél momento.
Giró hacia la derecha, desde donde siempre venían los pasos, y continuó por el pasillo apoyado en la pared. Bajó unas escaleras, porque era el único camino, y después dudó en la encrucijada. Respiró hondo, lleno de miedo y con el corazón a mil por la posible huida, y tomó el pasillo de la derecha. Sabía que tenía que subir, porque la ventana de su celda había estado al ras del suelo afuera, pero ese pasillo sólo le llevó a otras escaleras que bajaban y él las recorrió antes de darse cuenta.
No oía nada, no veía nada. Se limitaba a seguir, apoyando en la pared, tomando direcciones que desconocía y entrando cada vez más en una especie de letargo en el que sólo podía continuar andando, como si estuviera tan agotado que supiera que si se detenía nunca podría volver a ponerse en marcha.
Creyó oír voces a la derecha y continuó de frente. Después giró a la izquierda y evitó darse con una antorcha de la pared, que alumbraba su siniestro camino. Bajó otro otros escalones, giró de nuevo y se chocó contra algo.
Histérico, porque sabía que toda aquella huida había sido una tontería, no pudo evitar un pequeño sollozo mezclado con una risa nerviosa. No había llegado a caerse, porque al chocar contra su pecho, Rido lo había sujetado.
— Zero…
Fue un murmullo. Un murmullo grave y tenue que erizó hasta el último vello de su cuerpo. Después hubo un rugido que hizo estremecer a las paredes de piedra y Zero se encontró siendo fuertemente aferrado contra la dureza reconfortante del pecho de Kaname.
Las manos del vampiro le hacían daño en la espalda y podía notar su ira bullendo bajo la piel. Se tranquilizó de golpe y toda la tensión que tenía acumulada de la caminata sin rumbo se deshizo bajo el olor de la canela y la madera seca del pelo de Kaname.
Cuando Kaname lo separó un poco de él, Zero se aferró otra vez a su cuerpo, pero el vampiro fue implacable y lo estampó con brusquedad contra la pared. Por encima del hombro del moreno, vislumbro las figuras de Seiren, Takuma y Kain.
— Nos vamos —dijo Kaname a nadie en concreto, quitándose con brusquedad el pesado abrigo negro. Se lo colocó, reticente a dejar de tocarlo, y lo abrochó de arriba abajo, perdiendo el tiempo en los múltiples botones del cuello alto.
— Kaname… ¿y Shiki?
Había miedo en la voz de Takuma, porque la orden de Kaname había sido dura y directa.
— Nos vamos. Zero no va a pasar un momento más aquí.
Sin preguntar y ardiendo de furia contenida, el vampiro tiró de Zero para ayudarlo a andar. Pero no se movió. Lentamente, temeroso y todavía sin creer que aquello fuerza verdad por mucho el vínculo gritase que sí, Zero elevó un brazo y rodeó el cuello de Kaname, juntando ambas frentes y mirándolo profundamente a los ojos.
— Tenemos que rescatar a Shiki.
Kaname entrecerró los ojos, iracundo.
— No. Está con Rido, es demasiado tarde y menos importante.
Zero no cedió. Era el último que quería volver a estar cerca de ese monstruo, pero…
— También tenemos que matar a Rido.
— Ahora no. Cuando tú estés a salvo. No voy a…
Zero negó muy suavemente con la cabeza, sin apartar la mirada de aquellos ojos.
— No podré vivir si él sigue vivo.
Posiblemente fue la tristeza que empañó los ojos amatista de Zero lo que hizo que Kaname volviera a atraerlo a un duro abrazo. Nunca lo supo. Lo siguiente de lo que tuvo conciencia, fue de que estaba atravesando los pasillos hacia el exterior apoyado en Kaname y que Takuma llevaba su katana desenvainada unos pasos por delante de todos ellos.
Los corredores superiores estaban llenos de cadáveres humanos y de prendas y Zero se percató, por primera vez, de las manchas de sangre en las ropas de los nobles. El abrigo que él llevaba y la camisa negra que ahora lucía Kaname estaban totalmente limpios.
— Quiere hacer un ritual con él… —les dijo de pronto, recordando que ellos no sabían nada—. Lo necesita para conseguir más poder de la familia Kuran pero yo no sé…
— En el patio entonces, en la mesa de ceremonias —le cortó Kaname, girando a la derecha en el hall de la entrada.
Atravesaron todavía dos salones y sintieron la presencia del resto de nobles a poca distancia, dirigiéndose hacia ellos. Era difícil sentir a Rido allí, porque parecía estar en todas partes y Shiki, igual que Zero, eran imposibles de sentir después de haber estado tanto tiempo encerrados bajo los sellos de prohibición mágica.
De lo que ocurrió en el jardín, Zero apenas pudo recordar algo.
Shiki estaba atado a una mesa de piedra, como Kaname había predicho, y Rido, vestido con el mismo pantalón rojo, sin camisa y con el abrigo de cuero con lo que había visitado a Zero horas antes, se inclinaba sobre él, rodeado de docenas de vampiros.
Después, Zero tuvo la sensación de que el aire se hacía pesado. Kaname no lo soltó y juntos avanzaron por el jardín. En su confusión cansada, Zero creyó que los vampiros estaban desapareciendo en cientos de motas de luz al paso del vampiro y que la tierra temblaba bajo cada paso.
— ¡Sobrino! Pero qué inoportuno… con la de veces que te has negado a hablar conmigo y decides acercarte justo ahora ¡cuando intento reforzar lazos con mi hijo!
— Voy a matarte —le dijo Kaname sin ninguna aspereza en la voz, como si estuviera recitando.
— ¡Oh! No me digas que Zero te ha contado su desliz… bueno, no te preocupes, nos parecemos bastante tú y yo ¿verdad? Es normal que el chico se confundiera y me ofreciera el culo. Sobre todo estando tan solito aquí y con un culo tan hambriento como el suyo…
El hombro del vampiro explotó, pero él sólo se rio como un desquiciado y pronto las venas y el tejido de la piel volvieron a recubrir la zona dolorosamente.
— No te pongas tan celoso, sobrino. Mira el lado, positivo, ahora sabe alguna cosa más…
De nuevo, el hombro y también su costado derecho explotaron, pero además de un gesto de dolor, Rido no hizo otra cosa.
— Bueno, bueno, lo aclararemos después, ahora tengo que seguir con Senri-chan.
La intención de Rido era volver a girarse e ignorarlos, pero Takuma apareció de la nada, habiendo matado a un último vampiro, e interpuso su katana entre el padre y el hijo.
— ¡Oh! Takuma Ichijo, ya veo… —dijo, poniéndose finalmente serio—. Sabes lo que significa esto ¿verdad? Vas a conseguir el culo de Senri uno o dos meses más, antes de que vuelva a por él para terminar todo esto. Y él tendrá que pasar por ello de nuevo. Estoy seguro de que le encantará.
Sin mediar palabra, Takuma se abalanzó sobre él con la espada y Kaname hizo estallar otra vez distintas partes de su cuerpo, pero el vampiro se echó hacia atrás con un elegante salto y se desvaneció en el aire, sonriéndoles con auténtica maldad.
— ¡Mierda! —gritó Takuma, cortando el aire donde había desaparecido. Un movimiento en la mesa de piedra llamó su atención y estuvo junto a Shiki un momento después—. Se ha ido, se ha ido, venga, nos vamos… —le murmuró, ayudándolo a ponerse en pie.
A diferencia de Zero, Shiki estaba vestido con unos pantalones oscuros, pero llevaba el pecho descubierto y estaba cosido a cicatrices. Por un momento, Zero se preguntó si él estaba tan delgado como el chico, pero Kaname tiró insistentemente de él y lo encaminó hacia el interior de la casa.
Poco tiempo después, tres limusinas negras les esperaban en la puerta y los vampiros se subían a ellas de regreso a la Academia Cross.
¿Qué os ha parecido? ¿Pensabais que Kaname llegaría antes? ¿Sorprendidos por lo ocurrido con Yuki?
¡Ya me diréis!
