Y otro martes más... Los martes son un días muy, muy duro para mi. Entro a clase a las nueve de la mañana y salgo a los ocho de la tarde ¡y sólo tengo una hora escasa para comer! Pero ¿sabéis qué? cuando llego a casa, por mucho trabajo que tanga -como ahora, que debería estar terminan la práctica que tengo que entregar antes de las doce-, me pongo delante del ordena y subo el nuevo capítulo de Vínculo.

PD. Leyendo la nota me he dado cuenta de que suena a queja... ¡es justo al revés! Subir el cap es lo mejor del día xD quería decir que lo hago con muchísima ilusión. Aish... y pensar que aquí debajo hay cientos de palabras más... ¡espero que sean más claras que esta nota! xD

¡Y como veis, aquí esta! Os dejo con Zero recién rescatado de un infierno de tres semanas con Rido...

Capítulo siete

Pánico

Apenas llegaba a notar el calor que desprendía Zero a través del grueso abrigo negro que le había puesto. Seiren iba con ellos en la limusina, callada y distraída dejándoles intimidad. Kaname lo agradecía, porque no podría haber soportado que nadie mirase siquiera a Zero en aquellos momentos.

La ira todavía lo devoraba por dentro. El miedo que había sentido las semanas anteriores no había desaparecido, sólo había mutado, pero seguía dentro de él, susurrándole al oído que volverían a quitarle al chico.

Jamás había sufrido tanto como en aquellas tres semanas. Ni tras el asesinato de su padre ni al dejar a Yuki. El vínculo había punzado, doloroso y desgarrador, cada segundo. Y sus propios sentimientos, revueltos, extraños, nuevos, no le había dado un momento de descanso.

Iba a matar a Rido.

De verdad.

Iba a matarlo por haberlo alejado de Zero.

No sabía cómo, todavía, pero encontraría el modo de darle muerte aunque tuviera que vender su alma condenada.

La limusina se detuvo frente a las puertas del pabellón de la Clase Nocturna. Seiren abrió la puerta y bajó, manteniéndola abierta para que Kaname pudiera salir. Delicadamente, atrajo más hacia sí a Zero, que dormía inquieto, y descendió del coche. Era sólo unos centímetros más alto que el chico, pero lo cargó con facilidad en sus brazos. Era un vampiro, después de todo, y Zero había adelgazado al menos veinte kilos de un cuerpo ya delgado. Estaba esquelético.

Frente a la puerta y junto al anciano guardián, Cross y Yagari, el cazador de vampiros, los esperaban impacientes. Kaname pasó junto a ellos y gruñó al director cuando trató de acercarse. El hombre pareció entender y sujetó también a Yagari.

— ¿Necesita curas? ¿Está bien? —le dijo con auténtica preocupación.

— Yo me encargaré —gruñó como respuesta.

Tras él, oyó a los demás chicos bajar de sus limusinas y el grito preocupado de Cross al ver a Shiki, pero él continuó su camino, impasible y preocupado, aplastando a Zero contra él.

No soñaba con nada en concreto, pero estar dormido le daba miedo. Cuando recobró totalmente la consciencia, Zero se vio a sí mismo siendo tumbado en el sofá de la habitación de Kaname. No recordaba cómo había llegado hasta allí, pero seguía teniendo puesto el fuerte abrigo negro. Agradecido por tener una pieza de ropa que lo cubriera tras tantos días de desnudez, se abrazó a ella y se dejó hundir entre los cojines suaves de terciopelo.

La mano de Kaname buscó su frente y sus ojos se encontraron.

— Tienes fiebre. Te haré algunas curas mientras preparan el baño —le dijo—, y después cenarás un poco y dormirás.

Zero no encontró fuerzas para protestar, simplemente se encogió un poco y se giró para quedar más hundido entre las telas. No quería quitarse nunca aquél abrigo, que olía a Kaname, ni volver a quedarse desnudo. No quería sentir el frío de la piedra contra su piel ni las argollas de metal en sus brazos, tobillos y cuello.

Pero eso era una tontería, porque Kaname no iba a atarlo y a encerrarlo. Parpadeó. Necesitaba dormir desesperadamente.

Kaname volvió a acercarse tras llamar al servicio. Se acuclilló junto a él en el sofá y dirigió sus manos a los botones del abrigo. Zero protestó.

— No…

— Sólo voy a limpiar los arañazos. Mañana no estarán ahí. Y después te ducharás y te pondrás tu propio pijama —le dijo con suavidad.

— No… —volvió a decir, pero se dejó hacer.

Kaname le abrió lentamente el abrigo y observó los arañazos que Yuki le había hecho. Zero pensó que era una suerte que la chica le hubiera quitado el semen de la cara, porque habría sido horrible chocarse con Kaname y con los nobles cubierto de semen de Rido. Incluso aunque pudieran olerlo, verlo siempre era una muestra más fehaciente de lo que había estado ocurriendo.

Con una delicadeza que Zero sólo recordaba haberle visto con Yuki, Kaname le limpió cuidadosamente las heridas con una gasa empapada en desinfectante, uno eficaz para los venenos más comunes utilizados entre los vampiros.

— Intenté irme… —le dijo impulsado por el vínculo, cuando las chicas del servicio entraron y, discretamente y sin mirarlos, se ocuparon del baño y dejaron lista la cena—. Lo intenté pero todavía no tengo… ningún poder. Las runas no funcionaron… pero lo intenté de verdad.

— Shhh…

— No, Kaname —le dijo, un poco violento, recargándose en sus codos. Necesitaba que lo entendiera y que le creyera—. Quería volver aquí. Pero no podía. Las cadenas no me dejaban. No quería estar allí.

Era inconexo, pero ferviente al hablar. Kaname volvió a pedirle tranquilidad y lo instó a volver a acostarse.

— Te creo, Zero, sé que lo intentaste hasta que lo conseguiste. Pero ahora no es momento de hablar de todo esto. Tú estás muy cansado y febril y yo estoy… estoy tan enfadado —le confesó con tono oscuro— que podría abrir la tierra y dejar que el magma la fundiera.

El vampiro levantó por primera vez la vista del cuerpo de Zero para perderla al otro lado de la ventana abierta, en busca de calma. Desde el jardín llegaba el aroma de los rosales en flor del colegio y de los árboles en primavera.

— ¿Estás herido en otro lugar? —le preguntó cuándo las chicas abandonaron la habitación y él pareció más recobrado.

Zero negó, aunque no estaba seguro. Las heridas que Rido le hacía cicatrizaban rápido, al ritmo normal de los vampiros, pero la desnutrición y la falta de sangre ralentizaban el proceso. Además, durante su pelea con Yuki tal vez se había dado algún golpe, pero no sentía nada. Sólo un hormigueo en todo el cuerpo y pesadez en los brazos y en las piernas.

— ¿Shiki está bien? —le preguntó.

Kaname se levantó y tomó asiento en el bode del sofá, junto a él. Le acarició el pelo con cuidado y Zero, con la luz finalmente a su favor, pudo ver el destello sediento en los ojos del vampiro.

— Lo estará. Llegamos a tiempo.

— Rido fue horrible con él —le confesó Zero, que pese a todo, se sentía profundamente impactado por la lascivia con la que había visto que se comportaba el vampiro con Shiki—. Nos separó la primera noche, pero antes…

Zero se estremeció y se quedó callado. Iba a contarle que casi se había sobrepasado con su propio hijo, pero eso llevaría a otras cuestiones. Y jamás le contaría a Kaname las violaciones de Rido. Nunca. Él lo supondría, lo sabría por las cosas que Rido le había dicho y porque lo había visto desnudo, pero de su boca nunca saldría una palabra. No iba a hacer real aquél horror. Había sido una pesadilla. Nunca volvería a ocurrir y no había sido real.

— Vamos a la bañera.

Las palabras de Kaname rompieron la cadena de pensamientos de Zero y el chico se sentó en el sofá. Fue un gesto tonto, pero abrazó ambos lados del abrigo para que se cerraran y no mostraran su pecho. Con dificultad se puso en pie y Kaname rápidamente lo tomó por la cintura. Juntos entraron en el baño, cuya bañera estaba llena de espuma y burbujas y soltaba vapor.

Kaname fue brusco al hacerle deshacerse del abrigo y a Zero le costó un poco recordar que el vínculo estaba tirando de él y que se sentía furioso cuando la pareja negaba su cuerpo al otro. Con un suspiro de lamento, Zero volvió a dejarse guiar hasta la ducha, donde Kaname le permitió sentarse mientras, como había hecho el último atardecer que pasaron juntos, lo enjabonó meticulosamente, aunque mucho más parco en los muslos, las ingles y los pezones de lo que había sido entonces.

El vampiro también se enjabonó y aclaró y le tendió la mano para entrar en la bañera.

A Zero le costó mucho aceptar los dedos largos de Kaname, como si estuviera siendo digno de un honor que no le correspondía, pero al final lo hizo y se dejó introducir en la cálida y reconfortante agua, llena de espuma y bombas de baño funcionando aquí y allá llenando el baño de olor a canela.

— Mmm… recuéstate un poco… —murmuró el vampiro para sí cuando atrajo a Zero y éste apoyó la cabeza en su hombro, como habían hecho el camino en limusina.

Zero no supo cuánto tiempo estuvieron allí, pero la espuma se deshizo y el agua llegó a enfriarse un poco antes de que Kaname diera por terminado el baño. Apenas se habían movido, el vampiro buscando su contacto continuamente, y al final Zero creía haberse dormido.

Salieron envueltos en los espesos albornoces, Kaname sacudiéndose el pelo moreno con una toalla, y se sentaron en la mesa. Zero, curiosamente y pese al cansancio, tenía hambre y casi se sintió reconfortado al notas las rodillas de Kaname chocar contra las suyas bajo la mesa.

— Itadakimatsu —murmuró antes de coger los palillos y tomar una de las piezas de Sushi que habían ocultado las tapas de plata. Por primera vez, la mesa estaba dispuesta al estilo tradicional y Zero agradeció sentirse en un ambiente más seguro.

Kaname no lo acompañó. Se limitó a observarlo comer desde el otro lado de la mesa, bebiendo lentamente el té verde de su baso de arcilla. Zero, que estaba tan cansado que a veces no estaba seguro de si seguía despierto, comió sin importarle; dio cuenta de los nigiris de tortilla y de los uramaki y picoteó los makis de atún y de pepino hasta sentirse satisfecho.

Cuando dejó los palillos en su lugar, levantó la vista y se encontró con los ojos del vampiro. Tenía una expresión seria y, pese al sueño, Zero supo que a Kaname le había parecido poca comida. Ese pensamiento le hizo gracia, porque tal vez quería que se pusiera gordo, tal vez era lo que le gustaba a Kaname, tal vez Zero necesitaba dormir, porque cada vez era más idiota.

Bufó una risa, preguntándose dónde había quedado el cazador astuto y soberbio que solía ser y de dónde había salido aquél malhumorado loco que había tomado su cuerpo.

— ¿Hace cuánto que no duermes?

Zero se encogió de hombros, porque era una pregunta especialmente estúpida.

— Tres semanas.

Los ojos de Kaname se estrecharon y finalmente se levantó de la silla con un movimiento fluido. Se acercó a él con lentitud, mientras Zero seguía mirando al frente, fingiendo despreocupación por los pasos del vampiro.

Sintió sus dedos pasar entre las hebras de su pelo húmedo y deslizarse hasta su barbilla, apenas deteniéndose en los pómulos golpeados por Rido y por Yuki. Le obligó a levantar la vista, girándolo hasta que sus ojos se encontraron.

— Ahora dormirás, y mañana por la noche no quedará ni una sola marca en tu cuerpo que no haya hecho yo —le murmuró.

— ¿Tú crees? —le preguntó, arrogante.

Kaname le sonrió fríamente.

— Estoy seguro.

De un movimiento rápido, Kaname se llevó la otra mano al cuello y se rasgó la piel.

Los ojos de Zero se volvieron rojos casi al instante y el vínculo dio un alarido fuerte y silencioso que los estremeció a ambos. Los colmillos se mostraron inmediatamente y pulsaron con dolor y ansiedad, pero Zero fue capaz de controlarse, descontento y un poco ofendido por las acciones toscas de Kaname.

Él necesitaba sangre, pero no era un perro esperando su premio, podía morder él mismo al vampiro, lo había hecho innumerables veces la semana de la invocación.

Había tanta desidia en una herida abierta para atraerle que Zero se sintió asqueado.

La sangre de Kaname ya mojaba su negro albornoz cuando Zero comenzó a sentir las punzadas de deseo en una parte de sí que llevaba dormida tres semanas. Horrorizado, cedió a sus impulsos y se puso torpemente en pie, junto al vampiro, que había permanecido en silencio todo el tiempo.

Se negó a abrazarse a él y esquivó su mirada, con semblante duro. Giró el rostro, evitando tocarlo y disfrutó del momento previo a morder el cuello blanco y perfecto, mojado por la sangre que lo llamaba y cegaba sus sentidos.

Mordió.

Por fin, después de todo el frío que había estado sintiendo, el calor entró en el cuerpo de Zero. No supo cómo, pero terminó aferrado desesperadamente al vampiro, como ya hiciera la primera vez que lo mordió, en aquél calabozo oscuro atado a un sello. Bebió con desesperación, lamentándose de cada hilo rojo que se le escurría, marcando con los dientes aquél cuerpo que debía ser suyo e inhalando la reconfortante canela de los cabellos oscuros.

Se apartó cuando estuvo saciado, ayudado por el vínculo, y cualquier gesto reprobable de Kaname desapareció de su mente. Todo estaba bien y él se sentía calmado y en paz. Dejó que el vínculo lo guiara y se mantuvo abrazado al vampiro incluso después de haber lamido su herida hasta sanarla, con la nariz todavía perdida en su pelo.

Respiró en paz.

— Muérdeme…

Fue sugerente. Un gemido ronco y esperado, espeso y turbio de deseo. Pero en lugar de unos dientes en su cuello, Zero sólo consiguió un suave tirón de pelo y la pérdida del cuerpo de Kaname contra él, que se echó hacia atrás y consiguió librarse de los brazos de Zero.

— Ve a dormir, Zero —le indicó.

El frío volvió a él como una puñalada helada en el centro del estómago que se extendió en oleadas a lo largo de su cuerpo.

No protestó, no dijo nada. Asintió con la cabeza y obedeció. Se metió en la inmensa cama todavía con el albornoz húmedo y el pelo mojado. Congelado por dentro. Solo.

Tardó mucho tiempo en darse cuenta de que apenas estaba respirando, pero mantuvo su posición encogida de todas maneras. Temblaba como una hoja al viento, sacudido constantemente por espasmos de frío y miedo, pero mantuvo la entereza de no dejarse llevar por el llanto que pugnaba por salir.

Había evitado llorar con Rido, no iba a llorar por Kaname.

Y menos por un comportamiento lógico del vampiro.

Kaname, aunque Zero jamás se lo iba a decir, sabía lo que había pasado una y otra vez en aquella mazmorra lejana. Y, porque lo sabía, no iba a beber de Zero y de su sangre contaminada por la de Rido.

Haber dejado que le mordiera, haberse bañado con él, ya demostraban la increíble fuerza de las pulsiones del vínculo. Pero Kaname no iba a infectarse de Zero, era natural.

Estaba tan tenso sobre la cama que los músculos del cuello le dolían y lo mareaban. Las sábanas se estaban humedeciendo y la cama, tan cómoda como el dinero podía comprar, le parecía poco mejor que el catre en el que había estado durmiendo.

El movimiento al otro lado de la cama le pilló tan de improviso que volvió a quedarse sin aire. Las sabanas se levantaron un momento y, entonces, el cuerpo de Kaname cayó sobre él, obligándolo a terminar de girar, enterrando el rostro en la almohada.

El vampiro no le dijo nada, no hizo nada. Se limitó a aprisionarlo debajo de su cuerpo, cubriéndolo con su pelo oscuro y todavía húmedo.

Zero se durmió.

Fue un sobresalto en el sueño lo que lo despertó. Un corrientazo de pavor que le gritaba que no debía estar dormido. Que jamás debía dormir.

Saltó sin darse cuenta.

No sabía dónde estaba.

Un brazo lo frenó.

Desde el suelo, a donde había caído y por donde pensaba gatear histéricamente hacia la nada, Zero fue atrapado por Kaname, que lo agarró del brazo y tiró de él.

Jadeando, Zero se dio cuenta de dónde estaba. Vio los ojos estrechos de Kaname y la luz del sol regada por la habitación, entrando incluso en la cama, cuyo dosel Zero había descorrido al saltar.

— ¿A dónde ibas? —le preguntó el vampiro con acritud.

Zero tembló y jadeó. Miró hacia atrás y sólo pudo encontrar los ventanales que daban al jardín y la esquina de la pared.

— No-no sé…

Su respuesta no pareció convencer a Kaname, pero tiró de él hasta que volvió a la cama, a la sombra, y liberó su brazo.

— Vístete —le increpó, levantándose él mismo y cruzando en albornoz la habitación llena de luz. De su armario sacó un pijama de seda negro y se lo tiró al regazo antes de entrar en el baño y cerrar con un portazo.

Zero recorrió la habitación con la vista, todavía asustado de su propio miedo y se cercioró de que no había nadie allí, aunque las chicas del servicio se habían llevado los restos de la cena y habían corrido el dosel de la cama, como todas las mañanas.

Se llevó una mano al tatuaje, que pulsaba impaciente, aunque no estaba enfadado con Zero, y descubrió que el albornoz se había escurrido por sus hombros y mostraba todo su pecho. Se vistió rápidamente con aquél pijama que olía al vampiro, aunque él nunca lo había visto con ninguno, y esperó pacientemente a que saliera del baño. No se atrevió a levantarse para dejar el albornoz en otro lugar. Le daba miedo pisar el suelo junto a la cama, aunque nada podía esconderse bajo ella.

Kaname salió un largo rato después del baño, menos enfadado pero sin intención de dejarlo dormir. Seguía llevando el albornoz y Zero se dio cuenta de que dormir con el pelo húmedo había creado rizos en él. Aquél medio día, bajo la luz fuerte, se parecía más a Rido que nunca. Pero no era Rido. Era Kaname.

— Sé lo que ha ocurrido durante estas tres semanas, Zero —le espetó a bocajarro mientras se servía un vaso bajo de algún licor dorado en el mueble junto al escritorio.

— Vale— asintió Zero. No iba a decirle nada.

— No sé cuánto recuerdas de tu huida y de nuestro encuentro con Rido, pero estabas desnudo y olías a él, y él hizo algunos comentarios que confirmaron lo obvio.

— Me acuerdo.

— Voy a traerte su cabeza— le dijo con tranquilidad—. Es cuestión de tiempo.

— Vale —repitió, todavía con voz clara, firme e inexpresiva.

— No debes temer a nada.

— De acuerdo.

— Bien… aclarado esto… —el vampiro bebió el final de su copa y se mantuvo apoyado contra el mueble con gesto indolente—. El vínculo no se está tomando esta situación con demasiada calma. No sé cómo está actuando en ti, pero mi lado está loco de ira y necesita saber qué ha estado pasando contigo este tiempo de ausencia.

Tenso, pero tranquilo, Zero contestó:

— Lo que sabes.

— Lo que sé… —repitió despacio— eso no es suficiente información.

— Si fuera por mí ni siquiera sabrías que pasó algo.

El vaso estalló en la mano de Kaname, pero las esquirlas de cristal se desintegraron antes de tocarle la piel y hacerla sangrar.

— No digas eso —siseó cabreado—. No digas que pretendías ocultarme…

— Aparecí desnudo corriendo por un pasillo. No hay nada que ocultar.

— No corrías, te tambaleabas.

— Me da igual.

— ¿Cómo huiste?

De pronto, Zero entendió por qué se estaba mostrando tan agresivo con Kaname. No podía hablarle de Yuki.

De Yuki.

Yuki.

Había matado a Yuki.

Ni siquiera se había acordado.

Yuki…

— Me folle a Rido y aproveché su orgasmo para robarle las runas y salir cuando se fue.

Las tres lámparas de araña estallaron a la vez. El dosel protegió a Zero, pero no de la mirada de furia de Kaname.

— No te lo follaste. Te violó y huiste —le dijo, hablando muy despacio y recorriendo lentamente el camino hasta él por encima de los cristales rotos. El aire estaba denso alrededor del vampiro y nada pareció herirle la piel mientras se acercaba—. Y eso a mí me parece bien. Tuviste una oportunidad y la aprovechaste. Así llegaste a mí de nuevo.

Las palabras eran aceradas y Zero llegó a pensar que lo estaba consolando y no recitándoselas a sí mismo. Ágilmente, se subió a la cama y gateó hasta él.

— No va a tocarte nunca más —le murmuró—. Nadie va a tocarte jamás…

Zero estrechó un poco los ojos, sabiendo que ahora llegaba el momento de la explosión. Kaname lo agarraría por el pelo y lo envolvería bruscamente en un abrazo posesivo y codicioso del que no lo dejaría salir durante horas.

Pero no lo hizo.

El vampiro lo observó durante unos segundos más y empujó fuera de la cama el albornoz. Le colocó suavemente una mano en el pecho y lo instó a tumbarse de espaldas sobre las almohadas. Se cernió sobre él… y corrió el dosel. Se tumbó a su lado, apenas tocándolo salvo por el brazo que seguía sobre su pecho y cerró los ojos para dormir.

Tardó más de media hora, pero Zero terminó durmiéndose también. Seguía sintiéndose frío.

Para cuando volvió a despertarse, Kaname ya se había levantado y trasteaba en silencio con unos papeles en el escritorio. Estaba concentrado y ni siquiera hizo un gesto de saludo.

Avergonzado por la charla nocturna y carcomido por el secreto y la pena de la muerte de Yuki, Zero se dirigió al cuarto de baño, deseoso de salir del ambiente opresivo y relajarse en la bañera. Y tal vez lavarse mejor. Kaname había sido cuidadoso la noche anterior pero no demasiado diligente, apenas había enjuagado las zonas más importantes. Apenas lo había tocado.

— Ni se te ocurra —le dijo tajante el vampiro cuando estaba empujando ya la puerta del baño.

Zero frunció el ceño.

— Quiero bañarme.

— No sin mí.

— ¿No sin…?

Pero la discusión no llegó a darse, interrumpida por unos golpes suaves pero directos en la puerta. Al otro lado, ambos pudieron oler a Ichijou. Kaname se levantó de un tirón y agarró a Zero del brazo. En apenas dos movimientos, lo hizo girar y lo sentó en el sofá.

— Adelante, Takuma —dijo al aire, mientras tiraba con gracia de la manta doblada a los pies de la cama y la extendía alrededor de Zero.

El chico rubio miró desde la puerta la escena con cierta curiosidad, pero no dijo nada. Tenía el semblante duro y cansado y su pelo había perdido brillo. Sólo sus ojos estaban llenos de vida, pero había odio y resentimiento en ellos y una firmeza decidida que no era habitual en ellos.

— Cross está abajo hablando con Seiren y con Hanabusa —les dijo—, subirá en un momento. Dice que verá a Zero quieras o no, Kaname-sama.

Kaname asintió y se sentó junto a Zero, muy, muy pegado a él, pero con el cuerpo relajado y echado hacia atrás en el sofá. Pese a todo, guardaba el aura de erotismo y descuidada elegancia que había ganado miradas de Zero mucho antes de que el vínculo existiera.

Le hizo un gesto a Takuma y el chico se sentó también, delante de ellos.

— ¿Shiki…? —empezó a preguntar Zero, pero Kaname lo calló con un gesto brusco. De nuevo, Takuma evitó una pelea entre ellos al contestar inmediatamente.

— Está bien. Ha preguntado también por ti, Kiryuu-kun. Él… lamenta profundamente que su padre haya sido…

— Fue más cruel con él —le interrumpió Zero, mirando directamente a Kaname para mitigar los celos del vínculo.

Nervioso, el sangrepura terminó pasando un brazo por los hombros de Zero y anclando fuertemente sus dedos en su hombro adelgazado. Respiró profundamente y tomó una actitud pasiva en la que casi parecía estar ajeno a ellos.

— De todas maneras… —Takuma se encogió de hombro—, se volverá a disculpar contigo. Se siente culpable, pero está bien. Han curado y limpiado todas sus heridas y parece que mañana no le quedará ninguna marca. Tal vez las de las muñecas… pero desaparecerán pronto.

Zero asintió, satisfecho, y por un momento se preguntó si Shiki también había llegado a ver a Yuki en aquél lugar. Decidió no preguntar. No quería hablar nunca de ella.

Los pasos de Cross se oyeron en el pasillo durante el silencio incómodo que siguió a la conversación. Sin llamar, el director entró con semblante serio pero muy decidido y se quedó estático en la puerta al verlos a los tres allí.

Perdiendo la seriedad, sonrió y chilló mientras corría hacia Zero. Kaname lo detuvo con una mano, poniéndose en pie entre la carrera del hombre y Zero, y le indicó con la cabeza que se sentara junto a Takuma.

— ¡Zero! ¡Saluda a tu padre que tanto te quiere!

Con el ceño fruncido por el ridículo comportamiento, Zero gruñó un saludo y notó otra vez la presión de Kaname en el hombro cuando volvió a sentarse.

— ¡Tan parco! ¡Con lo que yo te quiero! ¿¡Qué hice mal, hijo mío?! ¡¿Dónde está el niño dulce que llegó a mí?!

— Nunca he sido dulce contigo.

Fingiendo el llanto, el director lo miró un momento. Después, volvió a quedar serio y lo siguió analizando.

— Tienes mejor aspecto que ayer, pero estás más desnutrido que Senri-san ¿es por el vínculo?

Zero se encogió de hombros.

— Puede ser… pero seguramente Shiki recibió mejor alimentación que yo. Él tenía que estar vivo hasta la luna llena…

— Rido necesita la sangre de otro Kuran para abrir los sellos completos de su magia y poder optar al control de la familia —le explicó escuetamente Takuma a Cross—. Estamos investigando cómo es exactamente el ritual y otras formas de que lo consiga, pero mataremos a Rido antes de la próxima luna nueva… nunca podrá llevarlo a cabo.

Había tanta convicción en las palabras del chico que hasta Zero creyó que eran ciertas, pero la sombra en su interior, negra y devoradora, se comía toda la esperanza que pudiera llegar a fraguar en él.

— ¿Y para qué quería a Zero? —les preguntó, muy calmado y frío el director.

— Por codicia —terminó diciendo Zero, cuando ninguno de los dos vampiros dijo nada.

— ¿Codicia?

— Quiere todo lo que Kaname haya tocado. Lo envidia y lo desea. Sabía que Kaname se había estado acostando conmigo y por eso me llevó. No era para atraerlo, no era para hacerlo sufrir… era por él, por el propio Rido que me quería allí —les dijo, sin expresión—. Necesito que me traigas la Bloody Rose, padre, volverá a por mí y yo no tengo poder para ahuyentarlo.

— Pero no dejará que la tomes ahora…

— No necesitas ninguna estúpida arma mientras yo esté…

Las quejas de Kaname y de Cross se cruzaron en el aire, pero Zero se mantuvo en sus trece.

— Si no la necesito, no la usaré, y si me hace daño, no la cogeré. Pero es mi pistola, el legado de mis ancestros y la cosa más segura que tengo en el mundo. Quien tenerla conmigo.

No lo esperaba, pero debió de ser bastante conciso con sus palabras, porque ningunos de los dos hombres protestó otra vez y Cross le prometió que se la traería esa misma madrugada o la noche siguiente.

Un rato después, Takuma se despidió impaciente por volver con Shiki y el director se marchó con él. En un acto de total locura, el hombre se acercó a Zero y lo abrazó como solía hacer, pero esta vez el chico no se revolvió ni trató de pegarle en la cara: no iba a rechazar un abrazo cuando se sentía tan frío y los demás tan cálidos.

— Pensé que ibas a destripar a Cross cuando me tocó… —murmuró Zero, una vez que estuvieron solos.

El vampiro lo miró fijamente con el rostro inexpresivo que había mantenido hasta entonces, el que había sido común en él para Zero los años anteriores, y volvió a sentarse en la mesa para centrarse en sus papales.

El frío dentro de Zero se extendió otra vez. Se giró asustado ¿algo había pasado corriendo a lo largo de la pared, entre las sombras de la habitación?

No. Sólo su miedo.


Aish... es que el love es difícil cuando ha surgido de golpe y por la magia ¿eh?
Pero decidme ¿qué opináis? ¿Se quieren o es todo cosa del vínculo? Me lo habéis preguntado en los mensajes, pero sois muchos lectores silenciosos xD y ahora es a mi a quien pica la curiosidad jajajaja
Bueno, espero que os haya gustado ^^
¡Muchos besos y muchas gracias por leer!

¡Oh! Por cierto, es verdad, algunos me mandáis los mensajes por privado. Me gusta leerlos tanto como a los reviews, pero entonces el contador no sube y mi ego no se hincha... xD no, es que me los mandan a otra carpeta que, una vez que leo, deja de darme aviso y siempre temo olvidarme de contestar alguno, así que si queréis escribirme -y sabéis que me encanta leer vuestras opiniones xD y que contesto como la charlatana que soy- casi prefiero que lo hagáis por review, porque me aparecen por capítulo y van desapareciendo a medida que contesto ¡así no se me puede olvidar ninguno!