¡Hola chicas!
Como avisé de que podría tardar, me siento un poco menos culpable por retrasarme nueve días... de todas maneras, tengo que deciros que ha sido ajeno a mis nuevos compromisos en el voluntariado u.u desgraciadamente tengo que hacer frente a algunos imprevistos de última hora y me han quitado mucho más tiempo del que pensaba...
¡Pero volviendo al fic y a cosas más alegres...! Habíamos dejado la hisotira en un empalagoso momento -mentira- entre Zero y Kaname. Después del dolor, el miedo y la soledad, Zero se había atrevido a salir de la habitación y pasó un par de días con los Nobles amigos de Kaname. En la última tarde con ellos, pudo ver el trato entre Shiki y Takuma, un preocupado rubio, constantemente junto al otro y atento a su estado físico y mental. Dándose cuenta del distanciamiento de Kaname y sin notar ya el Vínculo entre ellos, Zero decidió regresar a los dormitorios del Sol, donde Cross volvería a acogerlo bajo su ala sin importarle las obscenidades que Rido hubiera hecho con él.
Al poco de salir, Zero pierde la entereza, asustado del mundo a su alrededor y en mitad de un ataque de pánico busca refugio en el corazón del bosque, donde cree que será más difícil de encontrar. Kaname llega a él al poco tiempo, dejando entrever que está constantemente atento a sus acciones; está enfadado y el Vínculo ruge lleno de ira por el intento de abandono aunque sólo Kaname parece oírlo. Es entonces cuanto...
... a Kaname le faltó un latido.
Lo quería tanto y estaba llorando en el suelo de tierra… Con dos pasos largos llegó junto a él y lo obligó a levantarse hasta encerrarlo en sus brazos con fuerza, dejando que Zero apoyara la frente contra su hombro, aguantando el llanto nervioso e histérico.
— Claro que ibas a irte —le aseguró, la ira olvidada y la calma en su voz—, pero ahora no te irás.
Las manos de Zero se levantaron y agarraron con fuerza la chaqueta de Kaname al rodearlo en un abrazo abierto y distante que significó más de lo que ninguno podía esperar. Kaname cerró los ojos y suspiró, inhalando la menta a la que siempre parecía oler Zero.
En algún momento se separaron y entraron de nuevo juntos en los Dormitorios de la Luna.
Capítulo nueve
Accidente
Zero bebió de Kaname antes de que ambos se acostaran a dormir. Al estar tan cansado y todavía aterrado, apenas pudo decepcionarse por que el vampiro se negara a beber de él. Además, el vínculo tiró por primera vez en días y lo arrastró a dejarse consolar incluso cuando fue de nuevo consciente de sí mismo y se sintió un poco avergonzado por su temor.
Aunque trató de culpar totalmente al vínculo, un resquicio de sinceridad en Zero le hizo aceptar que había extrañado la cercanía sosegada y envolvente de Kaname y su olor a madera seca y a canela fuerte.
Se acostaron pronto, antes del amanecer, cada uno a un lado de la cama y con los pijamas perfectamente colocados: Kaname en el suyo de seda color perla y Zero en el gastado de algodón azul. Era estúpido porque, incluso los días anteriores, Kaname se había cernido sobre él con afán acaparador, cubriendo su espalda y sus hombros con su cuerpo del mismo tamaño, oprimiéndolo contra el colchón y sintiendo cada parte de su cuerpo, y ahora que por fin se habían visto, mantenían casi un metro de distancia.
En aquél momento sí que pudo ser el vínculo el culpable, porque Zero no fue consciente de que había extendido la mano hasta que ésta tocó la de Kaname en la mitad del colchón. Cuando sus dedos se entrelazaron, Zero dio un suspiro involuntario y se durmió. Kaname se colocó de lado, apretó un poco el agarre y el sueño se lo llevó también.
Tal vez por la simpleza de aquél dormir, el despertar fue tan improvisado y brusco. Ninguno de los dos fue capaz de preverlo y los pilló tan de sorpresa como si hubieran sido simples humanos.
El sol estaba en pleno apogeo cuando los ventanales del balcón estallaron. El rosetón de la cúspide gótica salió disparado hacia adelante y se clavó con fuerza en la pared. Desde el piso de abajo y otras habitaciones les llegaron también los sonidos de los cristales y las paredes rotas.
Zero se incorporó y giró sobre la cama, hasta quedar parapetado al otro lado, agachado tras el colchón. Instintivamente, su mano buscó la Bloody Rose, pero ésta descansaba en la mesita de noche, que había salido volando y se había estrellado contra el suelo.
Una mano le tocó el hombro y Zero se tensó. Kaname estaba sentado todavía en la cama, bajo las mantas, y miraba fijamente entre el polvo de los escombros y la luz fuerte del sol, buscando a su atacante.
— Hay demasiados vampiros para ser medio día —le dijo, sin mirarlo—. No te expongas al sol, todavía eres demasiado joven.
Zero no contestó. El instinto de ataque se estaba entremezclando con el miedo y las manos le temblaban, agarradas a la ropa de cama e incapaces de soltarse de su protección; continuaba patéticamente agachado, escuchando los golpes, los gritos y los pasos que se oían en el resto de la mansión, pero no podía moverse. Y no quería que Kaname lo hiciera tampoco. Allí estaba bien, tranquilo y sin mirarlo, pero con una manos sobre su hombro tenso.
— Rido está en la entrada, las defensas no le dejan pasar…
— Rido-sama sólo quiere verte, onii-chan.
El ácido del vómito subió por la garganta de Zero al escuchar aquella voz. Blanco como el papel, elevó la vista y sus ojos fueron heridos por la luz del sol. No obstante, bajo ella, vio la figura recortada de Yuki.
La nueva Yuki de larguísimo cabello.
La Yuki que él creía haber matado.
— Yuki…
El susurro de Kaname fue acompañado por el rozar de las sábanas al ser apartadas y por la pérdida de la mano fuerte en el hombro de Zero. El vampiro se puso en pie y rodeó la cama, dejando a Zero todavía en su lugar.
— Has despertado.
— No gracias a ti —le espetó la chica, que agarraba a Artemis—, aunque mamá te suplicó que me despertaras llegado el momento.
— El momento todavía no había llegado, Yuki, tu inocencia debía ser preservada un tiempo…
— ¡El momento llegó cuando te pusiste tan caliente como para tirarte a Zero! —gruñó. Tratando de no perder la cabeza, Yuki agitó su larga melena y respiró hondo. Cuando volvió a hablar, parecía la chica amistosa que siempre había sido—. No pasa nada, onii-chan… sea como sea, Rido-sama me ha despertado y he entendido lo difícil que ha sido todo este tiempo para ti. Eres muy valiente, onii-chan.
Kaname no dijo nada, simplemente se detuvo a tres metros de ella y la observó con los bazos cruzados, en una pose elegante y atenta con su pijama de seda color perla.
— Ven, onii-chan —dijo Yuki, extendiendo una mano hacia él y sonriéndole con los ojos plácidamente estrechados—. El tío Rido no tomará represalias si aceptamos el trato que nuestros padres rechazaron. Nos casaremos como ellos habían planeado, como siempre quisimos.
— Siempre has sido muy guapa, Yuki, incluso como humana. Estás preciosa ahora —le dijo con voz grabe, pero sin aceptar su mano. —La chica abrió los ojos y se rio, azorada—. Pero no voy a unirme a Rido, Yuki. Nuestro tío mató a padre y a madre, tal vez no lo recuerdes todavía con claridad, pero sólo deseo su muerte.
— ¡Onii-chan! ¡Papá y mamá fueron malos con Rido-sama! Nosotros no tenemos por qué seguir con esa rivalidad y sus problemas. ¿Es que no quieres casarte conmigo y vivir feliz para siempre? Rido-sama se hará cargo del clan y nosotros crearemos una familia y disfrutaremos de sus visitas…
El vínculo empezó a tironear desde la nuca de Zero hacia Kaname, despierto por primera vez en días. Yuki no dejaba de decirle que debían casarse y el vampiro, simplemente, la miraba con cariño. Impulsado por su fuerza, Zero se puso lentamente de pie y se apoyó en el pilar de madera que sostenía el dosel, ocultándose del sol pero apareciendo tras Kaname a la vista de Yuki.
— ¡Oh! —la expresión alegre y cándida de la chica calló de su cara, deslizándose a lo largo de su piel perfecta y amargándole la comisura de los labios—. ¿Por qué sigue éste aquí, onii-chan…? ¿lo mantienes a tu lado? ¿Zero no te ha contado lo que… hizo?
A sus espaldas, Zero sólo pudo percibir que el vampiro inclinaba la cabeza y seguía mirando a su hermana. Su pose no varió.
— Yuki, no vayas por ahí, porque no vas a ganar y yo me voy a poner furioso.
Con asombro en la expresión, Yuki se inclinó hacia adelante y gritó:
— ¿¡Qué no siga por ahí?! ¡Kaname! ¡Intentó matarme!
Sus palabras entonces sí parecieron alterar al vampiro, tal y como Zero había temido. Kaname estaba esperando algún insulto por lo ocurrido con Rido y aquello lo había pillado por sorpresa.
— ¿Matarte?
— ¡Trató de partirme el cuello con una cadena! ¡¿Cómo puedes compartir cama con él?!
— E-ella que-quería…
— ¡Me dejó encerrada en una celda fría y la cadena todavía ahogándome, Kaname!
— Dijo que p-podría salir si…
— ¡Y robó la liga de mis medias cuando estaba inconsciente!
— N-no es…
Zero intentaba explicarse, asustado por las palabras de Yuki y las emociones negativas que sentía a través del vínculo. Dio dos pasos trémulos y de algún modo tuvo el valor suficiente para poner una mano en el brazo de Kaname, buscando una mirada del vampiro que le permitiera explicarse.
Sabía que debería estar mostrándose firme y seguro, pero Zero ya nunca se sentía a salvo.
— ¡Es cierto, monstruo! ¡Ah! ¡Voy a matarte, maldito puto!
Yuki gritó hacia el cielo y se abalanzó sobre Zero, pasando junto a Kaname. El vampiro, no obstante, la agarró del brazo y tiró de ella con su fuerza sobrehumana hasta estamparla contra las puertas del armario, que crujieron y se astillaron.
— No vamos a casarnos, Yuki, jamás. Tengo un vínculo con Zero y no se va a romper y… —Kaname dudó un momento, casi frente con frente a Yuki, pero continuó con voz dura—. Y aunque no fuera así yo nunca traicionaría a nuestros padres haciendo tratos con Rido…
— ¡No es un trato! ¡Es justicia! ¡Padre no lo aceptó porque era un envidioso! Y madre… ¡madre sólo se dejó llevar! Le faltaba carácter…
Apretando con más fuerza los brazos bajo sus manos, Kaname masculló:
— ¿Cómo puedes decir eso de ellos? No sé qué crees recordar, Yuki, pero madre era una mujer dulce y decidida y padre tenía el talante de un caballero.
— Si hubiera sido así, habrían aceptado el acuerdo de Rido-sama.
— ¿Qué acuerdo? —le preguntó su hermano con sospecha.
Yuki bufó y, pese a su posición, levantó la nariz al contestar.
— Rido-sama propuso que madre y padre se casaran como había sido acordado y dieran herederos plenamente Kuran. Él visitaría a madre y yacería con ella cuando lo deseara ¡era su derecho! ¡Padre no le dejó y sabía cuánto la deseaba!
Con un gesto brusco, Kaname la soltó y retrocedió dos pasos. Pudo ser por casualidad, pero Zero fue totalmente cubierto por el cuerpo del vampiro.
— Nuestro tío atemorizaba a madre. Ella nunca habría permitido tal trato.
— ¡Porque padre la había convencido! ¡Tú no lo entiendes, Kaname! ¡Rido-sama es…! —Yuki se puso en pie y sonrió vagamente, como perdida en un buen recuerdo—. Kaname ¡nosotros podemos ser tan felices si aceptamos el trato que les ofreció! Tú y yo estaríamos casados y tendríamos tantos bellos hijos como deseáramos… y Rido-sama se encargaría de todos los problemas de la familia. Cuando el estrés fuera mucho, él vendría a visitarnos, jugaría con los niños, charlaría contigo y ese amanecer él y yo… hasta podríamos estar los tres juntos, Kaname, toda la familia Kuran en una sola cama, unida más que nunca ¿sabes cuanta fuerza daría eso a nuestro clan, cuanta magia se activaría gracias a nuestras noches de placer?
Yuki hablaba mirándolo fijamente, con Artemis arrastrada por el suelo y el vestido de brocado negro revuelto.
Zero la miraba tras la espalda de Kaname y no la reconocía. Estaba lúcida, pero tenía la misma sonrisa depredadora que había tenido en el calabozo. Además, el poder se arremolinaba en torno a ella en girones y el pelo le hondeaba bajo la luz del sol.
Sintió un escalofrío.
Si Kaname iba a contestar algo, no pudieron saberlo. Tras el lapso de silencio que dejaron sus palabras, una fuerte explosión recorrió los cimientos del edificio. Los tres parecían haber olvidado que se encontraban en mitad de un ataque y apartaron a la vez la vista unos de otros, clavándola instintivamente en un punto impreciso del suelo, bajo el cual había sucedido la detonación.
La presencia de Rido se extendió como un terremoto desde aquél punto hasta los rincones más ocultos de los Dormitorios. Zero sintió que se mareaba.
— No vas a aceptar… —murmuró Yuki de pronto.
— No.
— ¡No vas a aceptar!
Kaname no se molestó en contestar y continuó quieto, con su pose tranquila y los brazos cruzados frente a Zero.
— ¡Es por él! ¡Es por él! ¡Tenías que aceptar! ¡Lo harías si no fuera por él! —gritó, agarrando por fin a Artemis con fuerza— ¡Él intentó matarme y no has hecho nada! ¡Nada! ¡Voy a matarlo! ¡Voy a matarlo!
Nuevamente, se abalanzó sobre Zero, pero esta vez con Artemis en lo alto. Kaname tomó el mango del arma, que no trató de electrocutarlo, e impidió que bajara. Yuki tiró con fuerza de él y la soltó, la blandió otra vez y trató de dañar un costado de Zero.
— ¡Yuki! ¡Pajarito! ¡Ven, que estamos jugando aquí!
La voz de Rido llegó a ellos clara, siniestra y sobrenatural y detuvo el ataque de Yuki, igual que congeló a Zero. La vampiresa lo miró un momento con profundo odio y se dio la vuelta sin mirar a Kaname. Cruzó la habitación y saltó por el balcón.
Abajo hubo un alarido y Kaname empezó a moverse.
Por inercia, sintiendo que el umbral de su miedo estaba siendo sobrepasado, Zero lo siguió y los dos se vistieron en menos de un par de segundos. Con manos temblorosas, Zero cogió la Bloody Rose del suelo y apretó los dientes ante su descarga. Se estaba levantando cuando Kaname se colocó junto a él y lo atrajo a un apretadísimo abrazo que mezcló sus cabellos.
— Voy a matar a Rido aunque sea lo último que haga —le dijo, apretando cada palabras—. Necesito que te quedes cerca de mí en todo momento, no podré concentrarme en nada si no sé dónde estás con él tan cerca.
Zero asintió y, en un impulso, con la sien apoyada en la de Kaname, le dijo:
— No intenté matarla… la cadena se enredó y ella saltó hacia atrás, yo est-taba tirando…
Kaname apretó las manos sobre el jersey que Zero se había puesto.
— Si ella estaba en casa de Rido, deberías haber deseado matarla. Por mi habría estado bien.
Zero se rio amargamente.
— ¿Qué hemos hecho al invocar este vínculo, Kuran? ¿En qué nos hemos convertido… en qué hemos convertido a los demás?
El vampiro no le contestó, pero Zero lo sintió suspirar antes de soltarlo y pasar junto a él para salir por la puerta, rumbos a la entrada de la Academia, donde parecía estar dándose la batalla.
— No te alejes de mí.
Atravesaron el camino acompañados de Seiren, que les había aguardado junto a las escaleras, atenta por si las cosas se ponían feas en la habitación, y les había comunicado que la primera ofensiva, la de vampiros tan débiles que habían podido llegar a los Dormitorios sin ser detectados, había sido fulminantemente derrotada en pocos minutos. Después, aquellos nobles más fieles a Kaname habían corrido en tropel a las puertas de la Academia, cuyas defensas estaban siendo atacadas.
— Sólo Rido o Yuki podrán tirarlas —había dicho Kaname—. Son las barreras de un sangre-pura… si no encuentran el error, ni siquiera un grupo de nobles juntos podrá hacerlo.
Zero no dijo nada y echó a correr con ellos, pero las quejas de Aidou y Ruka tuvieron sentido en su cabeza: "trabajando como un peón" había dicho la vampiresa… Kaname había estado creando otras defensas para la Academia.
— ¿Dónde está Shiki? —preguntó, sorprendido por no haberlo pensado antes.
Seiren no le contestó inmediatamente, primero buscó la mirada de Kaname, que asintió.
— Shiki-kun decidió acudir al encuentro de su padre, pese a las advertencias de Toya-kun e Ichijou-kun.
Zero frunció los labios, pero no dijo nada más.
Llegaron a la bifurcación del camino un momento después y seis niveles E se abalanzaron sobre ellos envueltos en una neblina oscura. Zero ni siquiera llegó a tocar a alguno. Cuatro desaparecieron en el aire a un par de metros, Seiren interceptó a uno y Kaname le arrancó el corazón al otro sin miramientos, apenas deteniendo el paso.
— Así es como sobreviven a la luz… —masculló el sangre pura.
Al terminar de girar el recodo, la batalla que escuchaban se presentó ante ellos más encarnizada de lo que Zero estaba esperando.
Los nobles de la academia luchaban contra otros vampiros, algunos también nobles, y los cuerpos se convertían en volutas de polvo esporádicamente. Había sangre y gritos por todas partes y los poderes de los nobles dejaban su huella en forma de grandes bloques de hielo, de llamaradas que no se extinguían y de lluvias de escombros.
Pero lo que llamó inmediatamente la atención de Zero fue el epicentro de todo aquello. Rido Kuran se encontraba luchando contra Cross y su larga katana en el centro de un gran pentagrama dibujado en el suelo.
— Las barreras todavía están activas por eso ellos son más lentos y menos poderosos —le dijo Kaname, tomándolo del brazo justo antes de entrar en la contienda—. Querría que jamás tuvieras que volver a acércate a él, pero… —Kaname le miraba fijamente a los ojos, y Zero volvió a notar que estaba inquieto—. Tienes que venir conmigo, no puedo perderte de vista. No puedo.
Estrechando los ojos, Zero escondió la mirada bajo su flequillo y masculló:
— Estoy recuperado y armado, Kuran, y tengo intención de matar a Rido con mis propias manos si puedo.
Era una mentira. O lo había sido antes de haberla dicho en alto, porque en cuanto lo hizo, Zero supo que sólo había un adversario en aquella batalla para él: Rido Kuran, a quien temía con cada gota de sangre.
Kaname no pareció creerle, pero tampoco dijo mucho más.
— Conseguiré su cabeza —aseguró.
Dieron dos pasos y quedaron a la vista de todos. Fueron inmediatamente atacados.
Seguramente los nobles que combatían junto a Rido tenían instrucciones, porque ninguno abandonó la pelea que mantenía contra los alumnos de la Clase Nocturna para interceptarlos. Sí lo hicieron los Niveles E y los Niveles C, y Zero retomó parte de su confianza cuando atravesó el pecho de un hombre adulto de cara desquiciada con la mano y le extrajo el corazón. Trataba de mantener su talante frío y se preguntaba de dónde estaba sacando la entereza para no huir, porque la mera presencia de Rido -todavía a varios metros- le había puesto el corazón en la boca y adormecido la parte de atrás de la cabeza.
Dos pasos por delante de él, Kaname evaporaba en bolitas brillantes a los vampiros sin apenas mirarlos, casi como si se desvanecieran a su paso.
Estaban tan sólo a siete u ocho metros de Rido cuando la voluntad de Zero flaqueó por primera vez. Se giró para rasgar el cuello de un nivel E y el brillo de la katana de Cross bajo la luz del sol atrajo inevitablemente toda su atención.
— ¡Lucha, lucha, cazador redimido! —se reía Rido— ¿o debería hablarte en plural?
— No puedo perdonarte lo que les has hecho a mis niños, a mis hijos. Eres el peor de los monstruos, una aberración —le dijo el hombre, con su desacostumbrada seriedad, realizando una cinta increíblemente armoniosa con el filo de la hoja y alcanzándolo en un brazo—. Has dañado a Zero y has… has destrozado a Yuki.
Zero gritó y corrió hacia ellos, sintiendo en sus venas el conocido pánico a que Rido desvelara algo de lo ocurrido. Nadie debía saberlo. Nadie lo sabría nunca.
Estaba demasiado lejos.
— ¿Dañado y destrozada? ¡Pero si les hice lo mismo a los dos! Y los dos lo disfrutaron, aunque cada uno a su manera…
— Maldito…
Zero no llegó a oír la maldición del director, porque una vampiresa apareció ante él y, con un chasquido de dedos, hizo aparecer una sombra entre ambos. Al atravesarla, Zero se dio cuenta de que había aparecido casi dos metros más atrás.
Una mano enganchó su brazo.
— Te dije que no te separaras.
— Rido… —protestó.
— Vamos a por él.
Kaname extendió la mano, pero la vampiresa había invocado nuevamente una sombra frente a ellos y fue el hombro de Zero el que estalló. Kaname rugió y se preparó para abalanzarse sobre la mujer y su portal.
— Yo me ocupare, Kaname-Sama.
Seiren recuperó un cuchillo del pecho de un vampiro junto a ellos y se giró. Intercambió una mirada con Kaname y pasó frente a ellos, que tuvieron que girarse para frenar a cuatro vampiros. A pocos metros, Zero vio que Shiki y Rima enfrentaban a cinco con buen tino y se preguntó dónde estaban exactamente el resto de los nobles más cercanos a Kaname y porqué Takuma no estaba junto al moreno.
Dos vampiros saltaron sobre Zero, que los esquivó con una cinta y atrapó a uno por la cabeza. Eran niveles C, así que pudo apretar con fuerza y romperle el cuello de un movimiento brusco a la mujer. El otro, un hombre musculoso, se abalanzó sobre él y le desgarró el hombro con las uñas duras y cristalinas. Giraron sobre el suelo de tierra dos veces antes de que Zero se impusiera y le diera dos puñetazos en la cara que lo atontaran. Iba a darle el golpe de gracia cuando el vampiro se desintegró bajo su cuerpo.
Al levantar la cabeza, vio a Kaname mirándolo de refilón. Zero se levantó de un salto y se le unió, terminando con el último vampiro. Juntos se giraron para unirse a Siren en la pelea con la vampiresa de los portales, pero ninguna de las dos estaba ya en su camino.
— ¿Dónde…? —comenzó Zero a decir.
La risa horripilante de Rido llenó el aire de pronto y la contienda se detuvo en casi todas partes. Se oyó a Takuma gritar un quedo y triste "Cross".
Hombro con hombro a Kaname, Zero se giró y volvió a enfocar la vista en el pentagrama dibujado en el suelo. De pie, en su centro, Rido reía cubierto de sangre. Takuma estaba en una de las puntas de la estrella, pero miraba a congojado el suelo pues allí, sobre el polvo marrón de la tierra, Cross se convulsionaba en espasmos de sangre.
— ¡Director!
Antes de que ni siquiera Zero pudiera reaccionar, una figura salió corriendo desde detrás de las robustas puertas de la tapia. La batalla volvió a darse, de pronto endurecida y con el ánimo levantado en los seguidores de Rido Kuran.
— Rido…
Zero sintió un ramalazo de poder y odio a través del vínculo. Fue tan fuerte que acalló durante unos instantes cualquier dolor o preocupación propia. Después, se detuvo cuando Kaname comenzó a andar hacia su tío con pasos firmes y pesados, y entonces Zero jadeó y corrió a su par, con las manos temblando en anhelo por socorrer a Cross.
El largo pelo del director caía por su espalda y se estaba llenando del barro que la sangre formaba con la tierra. Yacía de bruces fuera del pentagrama, pero todavía convulsionaba.
La única persona amiga lo suficientemente cerca de él era Takuma, pero el vampiro se había vuelto a abalanzar sobre Rido y luchaba con éste sin darle tregua.
— ¡Director! —llamó Zero, sin pensar en las consecuencias de hacerse presente ante Rido, con la esperanza de mantener al hombre cerca del mundo de los vivos hasta poder alcanzarlo. Cruzar aquellos pocos metros parecía la travesía del Sahara Oriental— ¡Director!
Se tiró sobre el cuerpo del hombre, siendo vagamente consciente de que Kaname intercambiaba unas palabras con su tío y de un golpe seco a su izquierda. Con poco cuidado giró el cuerpo, que cayó a plomo, y buscó los ojos del cazador.
— Zero…
Su nombre fue un alivio tal, que creyó que se mareaba. Cerró los ojos y aspiró profundamente.
— Te has hecho un chico muy guapo, Zero…
Y se le heló la sangre.
— Y eres tan responsable… No deberías ser tan responsable. Te tienes que reír. Sí. Debes reír mucho.
— No… —murmuró como una súplica, tomando con cuidado la cara de Cross entre sus manos y elevándola hasta colocarse su cabeza en el regazo—. Por favor, no…
— Es verdad… está bien que seas resp-ponsable. Es m-mejor que ser un viejo loco —le sonrió, con fallos en la voz.
— No…
Los ojos de Zero se llenaron de lágrimas. Sentía a Kaname cerca, a su derecha, pero nada más. La batalla se había convertido en un irreal ruido de fondo y el sol en su nuca había dejado de picar, aunque ahora era un vampiro y llevaba doliéndole desde que abandonó los Dormitorios de la Luna.
— Eres mi orgullo, Z-Zero… la muest-tra de mis ideales, el cu-cumplimiento de mis deseos… el hi-hijo que hubi-biera qu-erido. M-mejor que el que hubier-ra te-tenido…
Los ojos de Corss se cerraron lentamente con las palabras todavía saliendo de sus labios y ya no volvieron a abrirse. El temblor agónico de su cuerpo se detuvo y cayó desmadejado entre los brazos de Zero, sobre sus piernas. No había paz en su rostro.
Zero no supo cuánto tiempo mantuvo aquella posición. A su alrededor ya no había nada más que frío y la presencia de Kaname enfrentándose con Rido.
Rido.
El sol parecía azul, frío y muerto, cuando se levantó y dejó tras de sí el cuerpo del que había sido su padre. Las figuras de los demás vampiros empezaron a formarse otra vez a su alrededor, pero eran lejanas, lentas y borrosas. Sin importancia.
Kaname y Rido estaban a punto de enzarzarse en una pelea. Todo lo gritaba en los cuerpos de ambos, inclinados hacia el otro y con los colmillos siniestros mostrándose bajo la luz del sol.
Sin importarle nada, ajeno a todo, Zero pasó junto a Kaname y sacó la Bloddy Rose.
Disparó.
Él no fue consciente, pero el mundo pareció encogerse alrededor de la bala que había disparado, como si tirase de cada elemento hacia sí, poseedora de su propia órbita gravitatoria. El sonido desapareció. No era silencio. Los colores cambiaron del rojo al azul y del azul al amarillo.
Entonces la bala impactó en el pecho de Rido y todo volvió a la normalidad.
No. No voy a decir nada sobre el capítulo. Ni hablar. Todo ha sido dicho xD
¡Espero todos vuestros comentarios! ¿Quién se lo esperaba? Jujujuju
¡Muchos besos! Nos leeremos en cuanto termine el siguiente capítulo salvo... salvo que lo termine antes del martes -improbable- por que no actualizaré antes xD ¡a ver si vuelvo a reenganchar el ritmo!
