Mis queridas, queridas lectoras...

Estás Navidades... no sé qué deciros, he escrito esta frase siete veces y no sé ni cómo disculparme o explicar lo que ha pasado. Quiero que sepáis que este capítulo estaba escrito antes de Año Nuevo y que, para que os hagáis una idea de cómo todo ha perdido el sentido, estaba segura de haberlo subido. Mi preocupación estos meses ha sido acabar el capítulo undécimo.

De verdad, siento muchísimo la espera, el siguiente capítulo está terminado, sin embargo, no puedo asegurar la fecha de publicación pues quiero hacerlo a la par que actualice XMen: Regreso al único lugar feliz. Puede que no os suene justo, pero necesito volver a la estabilidad de mis rutinas y así poder asegurar que terminaré de tirón este fic, al que le falta tan poquito.

Quiero, antes de dejaros el capítulo, agradeceros profundamente vuestros comentarios y pediros nuevamente disculpas. Haré, por mi misma, todo lo que esté a mi alcance para volver al ritmo estable de las actualizaciones.

Muchas gracias por leer y comentar. Espero que lo disfrutéis :)


Capítulo diez

Nada

La Bloody Rose cayó de la mano de Zero al suelo de tierra. Su brazo, que se convulsionaba con dolor, se mantuvo paralelo al suelo, apuntando al lugar donde antes había estado el cuerpo de Rido, ahora convertido en miles de volutas de polvo. En ceniza.

El fogonazo de la pistola había cegado a su alrededor durante unos instantes y la batalla se había detenido, continuada sólo por los que estaban más lejos. Pero cuando la bala deshizo a Rido los vampiros a su cargo gritaron al unísono y la lucha se volvió encarnizada.

Zero apenas se dio cuenta de nada. Quieto junto al cuerpo inerte de Cross, se agarró el brazo con dolor y los dientes le castañearon mientras miraba al infinito, al lugar donde antes había estado el sangrupura. Fueron las manos de Kaname sobre él, una en su hombro y la otra en su brazo herido, las que por fin le hicieron parpadear y comprender lo que estaba ocurriendo.

El vampiro le miraba fijamente, con la mandíbula muy apretada y una sombra en los ojos totalmente rojos. No dijo nada. Un grito agudo tras ellos hizo que Zero se girara, por fin atento a los embates de la contienda.

— ¡NO! ¡NO, NO, NO! ¡NO!

Yuki pasó ante ellos, pisando sin cuidado una de las manos de Cross con los tacones de sus botas altas. Atravesó el círculo y atrapó llorando algunas cenizas que el viento no había arrastrado.

— Por favor, por favor… p-por favor… —lloró, arrodillada y con las manos en la boca—. Rido-sama, R-Rido… Tío… oh-oh… T-Tío…

Zero la miró, por primera vez, con auténtico asco, con el desprecio en los poros de la piel. Aquél… monstruo que había… había matado a Kaien…

La odió.

La odió de verdad. Más de lo que había odiado a Rido. Más. Por que la había querido.

— Tú… —escupió ella.

Los dos se miraron, ignorando por primera vez en esa situación a Kaname, atentos el uno al otro. Yuki también lo odiaba, ahora Zero se daba cuenta. Y ahora estaban al mismo nivel.

— ¿Cómo has podido, maldito putón? —le dijo todavía desde el suelo—. ¡Lo sedujiste, te lo follaste y… y…!

Elevando la vista al cielo, extendiendo el cuello blanco hacia al sol, Yuki profirió un grito estremecedor, largo y agudo que hizo temblar el suelo bajo toda la Academia. Después se puso en pie y se abalanzó sobre Zero a velocidad sobrehumana y fuerza impensable.

Los dos cayeron al suelo, sobre la espalda de Zero. Las uñas de Yuki se había extendido y sus dientes también. Ansiosa, trató de clavarlos en el cuello del exhumano y gruñó furiosa cuando él se revolvió y la mantuvo lejos. Con otro alarido, volvió a tirarse sobre él, pero una gran fuerza la levantó por el pelo.

Furioso como mil demonios, Kaname la elevó del suelo con un brazo extendido, como un león a su presa.

— Jamás —le dijo, murmurando muy bajo, inaudible con el ruido de la batalla— te perdonaré haberle tocado.

— Onii-chan…

— No hay sangre en todo el mundo que pague la suya…

— Yo-yo…

— ¿Creías que te dejaría beber de él? ¿Tocarlo?

— Ka-kaname, tú y yo…

— Jamás —sentenció.

Con el brazo izquierdo, aquél que no la sujetaba, atravesó el pecho de la chica, rompiendo el bonito vestido de encaje y empapándolo de sangre. Extrajo su corazón, que se convirtió en piedra en el puño del vampiro. El cuerpo de Yuki convulsionó dos, tres veces, y un hilo de sangre escurrió desde su nariz hasta sus labios entreabiertos.

Kaname la miraba a los ojos, y mantuvo la vista en ella mientras la vida la rehuía. Todavía no había dejado de convulsionar cuando la empujó lejos de sí, arrojándola al centro del pentagrama. Apenas tocó el suelo, cayendo con las piernas en una postura impúdica y con el vestido revuelto, se deshizo en polvo sobre las cenizas de Rido.

— Mío.

No había tardado ni un suspiro en volver junto a Zero y tirar de él hasta refugiarlo en sus brazos. Zero se dejó hacer, temblando sin saberlo, por toda la adrenalina en su cuerpo. La batalla seguía dándose a su alrededor, pero si se hubiera fijado, habría comprendido que los vampiros atacantes trataban de huir y eran detenidos por los nobles de la Clase Nocturna.

— Sólo mío. Para mí…

— Has matado a Yuki —le murmuró Zero, casi tratando de entenderlo él mismo.

Liberando la presión sobre su nuca, Kaname asintió pero continuó abrazándolo.

De alguna manera, Takuma se acercó a ellos un rato después para informarles de que todo había terminado y de que el consejo y su abuelo estaban llegando.

Al separarse y abrir los ojos, que habían mantenido cerrados sin saberlo, contemplaron las cenizas a su alrededor y los árboles caídos. A parte de eso, el camino a la Academia parecía el mismo de siempre. Alguien había limpiado el pentagrama. Alguien se había llevado a los heridos. Alguien había retirado los cadáveres humanos.

Todo había terminado.

Zero no recordaba muy bien cómo había llegado hasta los Dormitorios de la Luna. No se había desmayado, había hecho el camino hombro a hombro con Kaname, escuchando las palabras de Takuma y los asentimientos parcos de Shiki y Kain, pero apenas recordaba nada. No había vuelto a ser consciente de sí mismo hasta que se encontró sólo bajo el agua de la ducha.

— Ha dicho… —murmuró para sí, tocando con las yemas de los dedos el mármol de la pared— que va a recibir al Consejo en su Despacho…

Con aquello en voz alta, empezó a entender lo que ocurría a su alrededor. Estaba despertando.

Se había sentido dormido durante mucho tiempo, encerrado y asustado. Después, muy triste y furioso. Ahora sólo estaba desolado.

— Cross…

No supo cómo fue capaz de decirlo en voz alta, pero el nombre salió quebrado, roto como él, y fue engullido por el ruido del agua y el vapor caliente. Sobre la mano que todavía tocaba el frío mármol apoyó la frente. Tenía un nudo en la garganta, la notaba hinchada y opresiva. Las lágrimas no tardaron en acudir.

Lloró en silencio, temblando bajo la ducha hasta que se deslizó por la pared.

Yuki también había muerto. Mucho tiempo atrás, en realidad, en algún punto antes de que ellos cerrasen el Vínculo. Y después Kaname…

Se estremeció recordando la sangre roja, el vestido negro desgarrado, sus piernas abiertas al caer, mostrando la falta de ropa interior y las ligas de puntilla… su corazón, convertido en piedra, que Kaname había sujetado en la mano incluso mientras abrazaba a Zero y le murmuraba que era suyo… Cerrando los ojos, Zero se quedó dormido bajo el agua caliente y contra el frío mármol.

Se despertó en algún momento indeterminado de la tarde, cuando el Sol ya moría, acostado en el sofá de la habitación. Alguien lo había envuelto en su albornoz y estaba tapado por el edredón que debería cubrir la cama destrozada.

— Buenas tardes, Zero-kun.

Con la boca seca y cierto dolor de cabeza, Zero parpadeó y se sentó en el sofá.

— ¿Shiki-kun?

El muchacho moreno estaba sentado frente a él, en el sillón que solían utilizar las visitas. Tenía el pelo todavía mojado y vestía una sudadera informal. Parecía cansado y una venda aparatosa envolvía su brazo izquierdo desde la palma de la mano hasta perderse bajo la ropa.

— Los cocineros están preparando el desayuno… iba a despertarte en diez minutos para que bajases con nosotros.

Zero lo miró largamente, desganado, y no dijo nada.

El vampiro le aguantó la mirada sin vida durante varios minutos en una situación estúpida. Al final, fue Shiki quien volvió a hablar.

— ¿Bajamos?

Zero parpadeó y se encogió de hombros.

— Tengo que vestirme —le informó, con la voz gastada pero firme.

Todavía continuó un rato más sentado, hasta que lentamente se puso en pie y fue hasta el armario, que tenía una puerta descolgada por la pelea entre Yuki y Kaname horas atrás.

Sin ninguna vergüenza, casi sin recordar que Shiki estaba a su espalda, Zero se puso unos gastados pantalones vaqueros, unos calcetines gruesos y una sudadera roja, grande y descolorida que normalmente sólo usaba para limpiar los establos.

Cuando se giró, descubrió que el chico había apartado la mirada todo el tiempo y Zero se preguntó si aquél comportamiento era normal en una persona despistada y desahogada como Shiki. Después se dio cuenta de que le daba igual y se limitó a señalar la puerta para salir.

Por los pasillos correteaban vampiros y humanos que Zero no había visto nunca. Se dio cuenta de que las labores de restauración ya habían comenzado y también de que algún miembro del Consejo seguía allí, porque había seguridad y notaba al menos dos presencias fuertes y desconocidas.

El pequeño comedor privado, que estaba dispuesto a modo de buffet de desayuno y olía maravillosamente bien. Aquello era anacrónico, porque desde los grandes ventanales de caras cortinas se veía el patio, donde los camiones estaban descargando los materiales de construcción. Al menos no estaban allí los cadáveres de los humanos muertos en el ataque.

— ¡Zero-kun! —saludó, en cuanto entraron, Takuma— ¡Has bajado! Me alegro… Kaname-sama no me habría perdonado ir a encontrarme con él sin poder asegurarle que estás bien.

El muchacho rubio le miraba con un respeto nuevo que Zero no logró entender. Lo observó fijamente y cuando sus miradas se encontraron por un rato, asintió con orgullo. Después carraspeó y se acercó a Shiki. Los dos chicos se apartaron un poco e intercambiaron frases en intimidad, pero sin murmullos descorteses:

— Tengo que ir a hablar con mi abuelo. En cuanto sepa algo de tu madre te avisaré.

— No deberías… acercarte mucho a ese hombre.

Con la desidia que lo embargaba, Zero dejó que sus ojos se posaran en ambas figuras y descubrió que Shiki tenía posada una mano en el cuello de Takuma, en una manifestación tranquila y poderosa de cariño.

— ¿Tú estás bien?

Shiki asintió.

— Entonces me voy y vuelvo.

El vampiro rubio se alejó y los dos fueron conscientes de la mirada continua de Zero sobre ellos, pero en lugar de molestarse o sentirse incómodos, parecieron preocupados e intercambiaron una breve mirada antes de que Takuma se despidiera y saliera por la puerta.

Después de eso, Shiki y él se sirvieron el desayuno y se sentaron. Zero no tenía, en absoluto, hambre, pero bebió y comió como si así fuera. Permanecieron en silencio hasta que llegaron Aidou y Rima discutiendo. Zero no les hizo caso, pero no se levantó cuando terminó los huevos revueltos, permaneció sentado en la silla tapizada de seda y escuchó a medias las conversaciones, hasta que Rima se giró directamente hacia él y le habló.

— Zero-kun, tal vez no sea la persona más adecuada pero debes saber que… hay una baja en tu clase. Wakaba Yori fue atravesada por una corriente de alto voltaje en mitad de la pelea. Salió corriendo hacia el Director cuando…

La chica ahogó un grito y detuvo sus palabras. Aidou también exclamó y se alejó un poco de la mesa. Zero tardó un momento en entender que había roto el cuchillo de metal que sujetaba.

— Perdón… —masculló.

— Eh… no pasa nada, Zero-kun. Siento mucho tu… tus pérdidas.

Zero asintió a las palabras de la chica y murmuró otra disculpa más antes de ponerse de pie y abandonar el comedor. Si alguien le dijo algo, no se enteró.

Dirigió sus pasos directamente al Despacho de Kaname, sin saber si lo había por voluntad real y deseo de ser informado o si era el Vínculo lo que le obligaba a reunirse con el sangrepura. Fuera como fuera, llamó a la gruesa puerta de madera en cuando estuvo frente a ella y observó las bajo relieves que la cubrían, imitando un millón de rosas que trepaban por ella.

— Adelante.

Seguramente había sido el Vínculo, aunque estuviera muerto y silencioso, porque un calambre tibio le recorrió la espalda al escuchar la voz de Kaname. Abrió la puerta.

— Buenas tardes… —saludó, tan muerto como se sentía.

De inmediato, Kaname le señaló el sofá desocupado que había contra la pared de la izquierda y Zero no necesitó más. Se sentó allí y dejó que las cosas sucedieran. Estaba cansado. Estaba vacío.

Además de Kaname, de pie tras su escritorio, había cuatro personas más allí dentro. Estaba Takuma junto a un hombre grande y rubio que, posiblemente, era su abuelo y jefe del Consejo de Vampiros, una vampiresa de aspecto occidental sentada en uno de los sillones y la última persona que Zero esperaba ver allí: el ambiguo Presidente de la Asociación de Vampiros. Pese a ello, el exhumano apenas reparó en los invitados, observó a Kaname como una luz lejana y pequeña en la oscuridad y cerró los ojos al apoyar la cabeza en respaldo del sofá.

El ambiente en el Despacho se hizo opresivo durante un momento.

Salvo Takuma, que apartó discretamente la mirada, todos clavaron la vista en la garganta de Zero, que quedó expuesta con su postura. Siguieron atentamente el movimiento, arriba y después abajo, que hizo al tragar, y el ambiente terminó de crisparse. Con los colmillos asomando, Kaname recurrió a cada gramo de su entereza y de su fuerza de voluntad para volver a sentarse tras el escritorio. Aquello llamó la atención de los demás, que lentamente deslizaron la vista de Zero al sangrepura.

Todavía necesitó unos segundos para continuar hablando y tuvo que apartar la vista de los ojos rojos de los demás vampiros. No podía matar al Presidente del Consejo y la mujer de un sangrepura la misma tarde. Eso sólo traería problemas. No debía.

— Asato-san —dijo al fin, recuperando la conversación—, no volveré a discutir sobre mis decisiones. Están tomadas y ahora que el poder total de la Familia Kuran es mío, ni siquiera debo debatirlo con nadie.

— Pero Kuran-sama, no sea inocente —le contestó con una fría sonrisa—, no puede encontrar en él todo lo que necesita por muy atrac…

— ¡Abuelo! —cortó justo a tiempo Takuma.

Kaname inspiró profundamente.

— He encontrado todo lo que he querido en él, Asato-san, y no debería presionar en ese punto. De ninguna manera.

— Señores —interrumpió la vampiresa con acento extranjero—, los problemas de poder entre ustedes no son el tema de debate ahora. Quiero saber qué ha pasado y qué ocurrirá con los tratos de Rido Kuran y la familia Chábarri-Hohenzollern. Nosotros estamos dispuestos a continuar en buenas relaciones con las grandes dinastías japonesas, pero necesitamos seguridad para invertir.

— Continuaré con los tratos que mi tío mantenía con ustedes, Duquesa. Su sobrino y yo ya habíamos planeado un acercamiento a finales del verano pasado, esto sólo mejora nuestros planes.

— ¿Y lo sucedido? ¿Puede mi familia estar segura de que nuestro capital no empezará a circular de unas manos a otras hasta que demasiados inversores tengan poder sobre él?

La vampiresa se mostraba serie y directa, demasiado para la cultura asiática, pero Kaname lo apreciaba en aquellos momentos. Sólo quería deshacerse de todos, apartaros de Zero y conseguir que el Vínculo dejase de aullar en la parte de atrás de su cabeza.

— Ahora que mi tío y mi hermana han muerto, soy el único heredero directo de todos los negocios de la familia… y ya no es necesario que tenga un albacea.

La mujer asintió.

— ¿Los mató usted, Kuran-sama, a su hermana y a su tío?

— No a los dos, pero lo hubiera hecho de haber podido.

Su la vampiresa se impresionó, no lo demostró, se puso en pie y sacudió su brillante cabello rubio. Miró de soslayo a Zero, pero pronto volvió a enfocarse en Kaname.

— Informaré a mi cuñado, pero creo que mantendremos los tratos. Espero que su situación familiar se arregle, Kaname-sama —con un gesto elegante se despidió—. Que tenga una buena noche.

Sin esperar a más y con apariencia apresurada pero firme, la Duquesa abandonó el Despacho.

— Una mujer de armas tomar… una pena por sus hijos —dijo, riendo, el Presidente de la Asociación.

— Hijas, tres —corrigió Kaname, con el ceño fruncido.

— ¿Va a prescindir de nuestra fiduación, Kaname-sama? Pensaba que estaba contento con el desarrollo de sus finanzas a nuestro cargo.

— Pretendo hacerme cargo de todas las responsabilidades de la familia Kuran, Asato-san… también de las económicas.

— Esa idea no satisfará al Consejo.

Y en aquél punto, Kaname se negó a dar una respuesta, sabiendo que su silencio sería más inamovible que una respuesta que abriera un debate.

— Kaname-sama, se ha… vinculado a un Cazador al borde de convertirse en Nivel E, el Consejo no…

— Asato —le cortó Kaname, llevándose una mano a la cabeza, como si tuviera una jaqueca—, convertiré a su nieto en el jefe de la familia Ichijou si usted me causa problemas ¿entiende eso? Y cuando usted no sea más que un veterano, Toya Hiromu pasará a ser el Jefe del Consejo de Ancianos. ¿Algo más? —preguntó al final, casi en un gruñido.

Con los puños apretados, el abuelo de Takuma agarró por la manga la camisa de su nieto y lo arrastró fuera, negándose a decir nada más. Hubo un largo silencio después de que la puerta se cerrara y el Presidente de la Asociación pareció saborearlo, aunque tuvo el buen tino de mantener la vista baja, medio cubierta por el abanico.

— Diría que puedo volver en otro momento, pero no es cierto…

Kaname continuaba con la cabeza apoyada en la mano y fruncía el ceño con los ojos cerrados.

— No es negociable.

— ¡Oh! Pero si no he…

Es mío. Se acabó. Ni siquiera es un humano ya.

El Presidente se puso en pie, abanicándose con fuerza y negando con la cabeza.

— Kaname-sama… la Asociación no puede pasar por alto que convirtiera a uno de los nuestros en un vampiro. No sólo termina con el acuerdo de paz, sino que es un ataque frontal a los Cazadores.

Ya había sido convertido y ha sido la Asociación la que ha impedido que nosotros tomemos las medidas necesarias para castigar a quien lo hizo. Nos habían pedido que contuviéramos las consecuencias y eso he hecho. No habrá un Cazador Nivel E, deberían estar satisfechos.

— ¡Pero ahora es… es un sangrepura!

Un destello peligroso apareció en los ojos de Kaname y el Presidente dio un paso atrás.

— Lo que supone consciencia y conciencia.

— ¡Y un sangrupura más! Ni siquiera sabíamos que podía…

— No se preocupe, Presidente-sama, no habrá más conversiones así. Es un caso… particular.

— ¡¿Y qué nos asegura que es así?! ¡Vamos a tener que regresar al enfrentamiento! ¡A la guerra! Si es que los sueños de cooperación de…

— Silencio.

La palabra cortó el aire y la diatriba del Presidente.

— Zero es mío y mataré a quien no lo acepte. No es negociable, no es debatible, es una relación causa-consecuencia —le dijo, poniéndose en pie y acercándose a la puerta del Despacho—. Sé que Asato Ichijou le proporciona sangre humana para sus hechizos, Presidente-sama, espero que no nos veamos muy a menudo y que nuestra relación se de en paz o presentaré las pruebas que tengo ante el Pleno de la Asociación de Cazadores. Ahora, le invito cortésmente a que se marche.

Con los labios blancos por la impresión, el Presidente asintió y caminó con pasos cortos bajo sus ropas ceremoniales hasta la puerta. Kaname le murmuró una atenta palabra de despedida y cerró justo detrás de él.

— Humanos… —masculló con asco.

Atravesó de nuevo el Despacho, pero en lugar de volver a su lugar tras el escritorio, se dejó caer junto a Zero.

— Te temen por haber terminado con Rido —le murmuró al oído, cerrando los ojos y apoyando la frente en su sien.

Zero se encogió de hombros.

— Dicen que Yori ha muerto.

— ¿Wakaba Yori? Akatsuki mató al vampiro que la electrocutó —le informó—. Seiren no aparece.

Con torpeza, casi sin querer, la mano derecha de Zero se elevó y tanteó a su alrededor, buscando unos dedos en los que entrelazarse. Los encontró y Kaname la asió con fuerza, atrayéndola hacia su regazo y dejando que las dos descansaran allí juntas.

— ¿No puedes notar dónde está?

— Dejé de hacerlo a mitad de la batalla. Desapareció cuando lo hizo la creadora de portales…

Zero asintió.

— ¿Lo saben los demás?

— Lo sospechan. Rima está preparando su funeral.

— ¿Hay algo más que deba saber?

— Creo… creo que no.

— ¿Yagari está bien?

— No he sido informado de lo contrario.

Con un último asentimiento de parte de Zero, los dos dejaron que el silencio los embargara. Permanecieron así hasta que fueron requeridos para revisar las listas de los vampiros desaparecidos.

Aunque la cercanía apaciguó al Vínculo, no dejó de aullar en los oídos de Kaname.


¿Qué? ¿Quién esperaba amor y hojas de laurel después de que Zero matase a Rido? ¡Pues se había equivocado! Esta historia no se llama "Cómo Zero y Kaname se vengaron de Rido" ni "Rido debe morir porque es un pervertido" (aunque tendría mucho gancho un título así ¿verdad?) Se llama Vínculo y sobre él versa cada capítulo.

Espero que os haya gustado y con muchas más ganas aún vuestros comentarios.

Muchos, muchos besos. De verdad.