Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 3
Edward había regresado de su viaje el día anterior.
Odiaba los hoteles, odiaba los vuelos y había odiado sus reuniones, así que realmente se sentía de mal humor ese lunes.
Por ello, cuando su secretaria le explicó que Emmett había tenido que salir de viaje urgente y era él el encargado de recibir a la nueva abogada, su humor no mejoró.
Por si fuera poco, el primer correo electrónico que abrió era de Recursos Humanos, y contenía el detalle de las horas de entrada y salida de Alec, de las dos semanas anteriores, así como también detalle de sus ausencias.
Le hizo llamar y le irritó ver su sonrisa arrogante al dejarse caer en el asiento frente a él.
—Buenos días —saludó el chico estirándose en la silla y bostezando.
La mirada dura que Edward le dirigió no le amilanó en lo más mínimo.
—Alec, —dijo sin saludarle —como bien sabes acabo de llegar de viaje.
—Lo sé, ¿qué tal ha ido?
—Bien, pero lo primero que he encontrado en mi bandeja de entrada es esto —explicó entregándole el correo que acababa de imprimir —¿Me lo puedes explicar, por favor?
—¿Esto? —sonrió divertido el chico.
—No lo encuentro gracioso, la verdad.
—Lo siento, papá, he tenido unas semanas complicadas...
—¿Ah, sí? ¿Por qué no me cuentas? —pidió cruzando los brazos sobre el pecho y recostándose en su asiento.
—No hay mucho que contar.
—¿No? Bien, ya que no tienes una explicación para tus ausencias ni para tus cambios de horario, te serán descontados de tu nómina.
—¿Vas a descontarme los minutos de mi paga?
—Lo que recibes a final de mes no es la paga que recibías cuando ibas al colegio, Alec, es tu sueldo, tu salario, tu nómina. Y ésta se te entrega como parte del trabajo que haces aquí. Pues, bien, si no trabajas y cumples con tu horario y tus obligaciones laborales, entonces la empresa no tiene obligaciones para contigo.
—La empresa, la empresa —gruñó el chico petulante —Pues es una mierda, esta empresa me paga un sueldo miserable.
—No realizas trabajo cualificado.
—Tengo veinticuatro años, papá. —gritó el chico ante la mirada impasible de su padre —Tengo gastos. No puedo vivir con ese sueldo miserable que me pagas.
—No pagas alquiler, ni hipoteca. Tu coche está pagado. Cargas combustible con la tarjeta de la empresa. Haces todas tus comidas en casa de tu madre. Es su asistenta quien hace tu colada. Ilumíname, por favor, ¿cuáles son tus gastos?
—Oh, por Dios, ya sabes, gastos. ¿Acaso nunca tuviste veinticuatro? ¿Nunca fuiste joven?
—Desde luego que lo fui. A los veinticuatro, trabajaba catorce horas al día para pagar la hipoteca, alimentar dos hijos de cinco años y su madre, pagaros el colegio a ti y a tu hermana...
—Sí, sí, sí —replicó el chico desdeñoso —Ya sé todo lo que te has sacrificado por haber embarazado a mi madre en el instituto, ya lo he escuchado muchas veces...
—Bien, entonces no hace falta que vuelvas a traer a colación ese tema. Como director general de la empresa, voy a hacer algo que deberían hacer en Recursos Humanos, aunque supongo que por ser tú no se atreven. Te descontaremos todos y cada uno de los minutos de ausencia o retraso. El próximo día que llegues tarde no te molestes en venir porque no te dejaremos entrar. Y cuando reúnas tres ausencias al trabajo, podrás tomarte libre el resto del mes.
—¿Qué quieres decir?
—Lo diré para que lo entiendas incluso tú. La tercera falta o llegada tarde, estarás suspendido de funciones y sueldo por el resto del mes. El segundo mes que estés suspendido, pasarás de inmediato a ser despedido y deberás buscarte otro trabajo que pague tus enormes gastos.
—No puedes hacer eso.
—No sólo puedo sino que lo haré.
—Eres un maldito hijo de puta. ¿Por qué no le haces algo así a Jane? No, claro, ella es la niñita de papá.
—Jane no trabaja para mí.
—Desde luego que no lo hace, porque Jane no trabaja para nadie. Pero yo estoy obligado a trabajar.
—Tuviste tu opción, Alec. ¿Trabajar o la Universidad? Tú elegiste.
—Sí, claro, pero ¿para qué quiero ir a la Universidad? Tú eres estúpidamente rico y nunca fuiste a la universidad.
—No, pero he trabajado desde que dejé el instituto.
—¿Para qué quiero hacerlo? Esta empresa será mía de todos modos.
—No estés tan seguro. Si veo que mis hijos no están interesados podría venderle mis acciones a Emmett antes de retirarme, y dedicarme a viajar por el mundo con el dinero que obtenga.
—Ni siquiera tú serías tan ruin.
—No me subestimes.
La voz de su secretaria en el intercomunicador le interrumpió.
"Edward, tengo a Jane"
—Pásamela —suspiró hastiado
"No en el teléfono. Está aquí"
—¿Aquí? —preguntó resignado —De acuerdo, que pase. Hemos terminado, Alec —despidió al chico que sonrió divertido al ver el rostro de su padre.
—Hola, papi —saludó la chica acercándose a él para besar su mejilla después de dedicarle a su hermano una mirada asqueada.
—Hola, cielo —respondió con cariño.
La chica giró su silla y se sentó en su regazo como si tuviera diez años.
Amaba a sus hijos aunque a veces le sacaran de sus casillas.
Amaba a su niña, pero se parecía demasiado a su madre y él lo sabía con certeza.
Sabía exactamente cuándo iba a pedirle algo, tal como lo había sabido siempre de Chelsea.
—¿Cómo estás, cariño? ¿Cómo va la universidad?
—Un asco, ya lo sabes. Pero, ¿qué tal tú? ¿qué tal tu viaje?
—Bien, un poco agotador.
—Pobre mi papi, se está haciendo mayor —rió burlona —Te estuve llamando y Zafrina me dijo que volvías hoy —explicó recostándose en su pecho.
—Así es.
—Papi —gimió la chica con un mohín infantil.
—Dime, cielo...
—Tengo que pedirte una cosa —dijo acurrucándose contra él.
Lo sabía, y lo peor era que sabía exactamente lo que iba a pedirle, de la misma forma que sabía con exactitud la respuesta que iba a darle.
Y no iba a gustarle.
—Dime, cielo, ¿qué sucede?
—Tengo que cambiar el coche...
—¿Ah, sí? ¿Y por qué?
—Porque ese coche es un asco —se quejó
—Pensaba que era el coche con el que habías soñado toda la vida —dijo repitiendo las palabras que Jane había utilizado hasta el hartazgo tres años antes cuando había querido que le compraran su VW Beetle Cabrio.
—Ya, sí, lo era —reconoció la chica —Pero es muy pequeño.
—Creía que era lo que buscabas, sencillo de conducir en la ciudad.
—Sí, sí, pero ni siquiera puedo guardar una maleta. Incluso su maletero es pequeño.
—Tal vez tengas razón, cielo —accedió por fin y la chica se revolvió en su regazo sonriendo satisfecha —Te diré lo que haremos.
—¿Qué?
—Pondremos tu coche a la venta. Sólo tiene tres años y es un coche caro, así que supongo que podremos obtener un buen precio. Con lo que obtengas podrás comprar un coche más a tu medida. Sin dudas será algunos años más antiguo, pero aún así, estoy seguro de que existen coches de segunda mano en muy buen estado.
—¿De segunda mano? —inquirió indignada levantándose del regazo de su padre.
—Sí.
—No puedo tener un coche de segunda mano.
—Lo siento, cielo, si crees que con el dinero que obtengas de la venta de tu coche, puedes conseguir un coche nuevo que te satisfaga, entonces adelante.
—Necesitaré dinero.
—¿Para comprar un coche nuevo?
—Sí.
—Pues, no lo obtendrás de mí. Tendrás que buscarte un trabajo y pagarlo de tu bolsillo.
—¿Trabajar? —rugió furiosa —No puedo trabajar. Estoy en la universidad, tú dijiste que no tenía que trabajar si iba a la universidad.
—Jane, ¿eres conciente de que acabarás la universidad en sólo un semestre más?
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó la chica recelosa.
—Tu cuenta corriente sólo recibirá ingresos mensuales hasta que te gradúes.
—¿De qué estás hablando?
—Tendrás que conseguir un trabajo cuando acabes la universidad.
—No puedo trabajar.
—Sí puedes y lo harás, o tal vez tengas que concertar un matrimonio con un hombre dispuesto a mantenerte. —ofreció burlón
—Eso es una idiotez...
Edward fue a contestar pero se vio nuevamente interrumpido por su secretaria, quien le informaba que la nueva abogada estaba esperándole.
La chica salió furiosa a grandes zancadas y de esa forma abandonó el despacho, ante la mirada sorprendida de las dos mujeres que había allí.
Zafrina fue la primera en recuperarse y le sonrió a Bella.
—El señor Cullen la recibirá ahora, señorita Swan.
—Gracias.
Se levantó de su asiento y pasó las manos por su falda quitando las pocas arrugas que se habían formado en ella, para dirigirse al despacho del director general.
Inspiró profundamente antes de abrir la puerta y entrar.
El hombre que estaba sentado detrás del escritorio, se levantó de su lugar y se acercó a ella estirando su mano.
—Buenos días.
—Señorita Swan, adelante —contestó el hombre con una sonrisa que la estremeció.
Bella estrechó su mano y su tacto la desestabilizó.
¡D-I-O-S! gimió para sí. Era el tipo más hermoso que había tenido el placer de cruzarse.
Los Cullen debían haber sido modificados genéticamente, porque no podían existir dos hermanos tan diferentes entre sí y a la vez tan guapos, atractivos e infinitamente calientes.
Edward Cullen. Rondaría los cuarenta o algo más, aunque parecía algo menor que su hermano.
Tendría que googlearlo en cuanto llegara a casa.
Su cabello cobrizo y rebelde, parecía destinado a despeinarse por mucho que él hiciera lo contrario.
Sus ojos verdes quitaban el aliento.
Y su cuerpo. Tenía un cuerpo de infarto. Se imaginó que debía pasar mucho tiempo en el gimnasio, porque ni Jacob, con sus veintiséis años, se mantenía tan en forma.
—Por favor, siéntese. Bueno, señorita Swan, lamento que mi hermano Emmett no haya podido estar presente hoy.
—Me han informado que ha tenido que viajar.
—Sí, una urgencia, pero esperamos que esté de regreso en un par de días.
—Entiendo.
—Quiero creer que le explicó cuáles serían sus funciones en la empresa.
—Oh, sí. Totalmente.
—Bien, antes que nada quisiera darle la bienvenida a Cullen Holdings, Inc. Esperamos que encuentre en esta empresa el desarrollo profesional que está buscando y que cumpla con sus expectativas.
—No dudo que así será.
—Esperamos que sí, y quisiera recordarle que no se abstenga de comentar con nosotros cualquier inquietud. Nosotros a la vez, también esperamos obtener de usted todos los conocimientos y la dedicación que se ha visto reflejada tanto en su currículum como en sus entrevistas personales.
—Espero no defraudarles. Tengo muchas ganas de comenzar a trabajar, y poder aprender todo lo que la empresa tenga para enseñarme, así como yo misma brindar todos los conocimientos con los que cuento.
—Estoy seguro que ambas partes quedaremos muy satisfechos. —aseguró Edward —Ahora si me permite, le presentaré a sus compañeros del departamento jurídico. Aunque debido a que Emmett no está, usted y yo trabajaremos juntos estos días. —le informó y se sorprendió a sí mismo con su oferta.
Su intención había sido dejar a la abogada en manos de Liam, el principal ayudante de Emmett, y desentenderse de ella hasta que Emmett regresara al día siguiente.
Pero al verla, algo se había movido en su interior.
Era preciosa. Demasiado. Vestía un formal traje de falda y chaqueta negro, con una blusa blanca.
Llevaba el cabello recogido en un moño serio, del cual se habían escapado varios mechones que enmarcaban su rostro.
El tono caoba de su cabello, el marrón profundo de sus ojos, y el sonrojo de sus mejillas, convertían su pálida piel en fina porcelana.
Sintió que se empalmaba cuando estrechó su mano, y estuvo a punto de correrse al escuchar su voz suave.
Pero había visto su currículum.
Tenía veinticinco.
Un año más que sus hijos. Podría fácilmente ser su hija. No podía siquiera imaginársela. No debía siquiera imaginársela.
Debía ser ilegal, inmoral, o al menos perversamente prohibido.
Qué tal un capi extra de este nuevo fic para ver el esperado encuentro?
Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic. Y sobre todo gracias por leer.
Les dejo un adelanto del próximo capítulo:
—Bueno, señorita Swan —dijo por fin entrelazando sus dedos sobre el escritorio —Esto sí que es una sorpresa. ¿Puedo preguntarle cómo es eso de que conozca a mi hijo, Alec?
—No diría que le conozco —confesó sonrojándose —Hace poco más de una semana mis amigas y yo coincidimos en un restaurante con su hijo y unos amigos de él.
—¿Y...?
—Y nada, sólo eso. Comimos juntos siete personas y fuimos a una discoteca, nada más.
—De acuerdo. Confieso que tal vez voy a entrometerme en su vida personal pero espero que lo entienda —explicó sabiendo a ciencia cierta que se estaba extralimitando —¿Qué relación tiene o espera tener con Alec Cullen?
Les esperamos en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.
Besitos y a leer!
