Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 4

Bella caminó junto a Edward mientras éste le iba enseñando los despachos y presentándole a las personas que los ocupaban.

Sabía que al final del día no recordaría ni a la mitad de ellos pero esperaba que no se lo tuvieran en cuenta.

Era normal que estuviera nerviosa, aunque lo normal no era que la mayor parte de su nerviosismo se debiera al hombre que caminaba a su lado.

Edward era un hombre en toda regla. Además de increíblemente atractivo, se le veía maduro y responsable.

Las pequeñas arrugas que rodeaban sus enormes ojos verdes, sumado a los cabellos plateados que salpicaban su cabello desordenado, le conferían un aire adulto que la volvía loca.

Era todo lo que buscaba en un hombre, aunque seguramente era todo lo que todas las mujeres buscaban en un hombre, por lo que difícilmente estuviera libre. Aunque aún no hubiera anillo en su dedo, seguro que habría por ahí alguna mujer que llevaría un diamante que él le hubiese regalado.

Quizás incluso la preciosa joven rubia, que había abandonado su despacho minutos antes.

Cuando llegaron al departamento jurídico, Edward le presentó a quienes serían sus compañeros más directos junto con Emmett Cullen, el director del mismo.

Pero mientras Edward, Bella y Liam, el ayudante de Emmett, hablaban sobre los contratos que tenían entre manos, una voz arrogante les interrumpió.

Vaya, vaya, vaya. Mirad quién está aquí.

Los tres se voltearon hacia el joven que acababa de entrar, y Bella sintió el suelo moverse bajo sus pies.

Alec, el chico que había conocido una semana antes estaba allí mirándola y dedicándole una sonrisa petulante.

Edward frunció el ceño al ver entrar a su hijo con su habitual desparpajo.

—Alec, ella es Isabella Swan, es abogada y acaba de incorporarse a nuestro departamento jurídico.

Bella le observó pálida y el chico le dedicó una mirada de arriba abajo.

—Vaya, Bella —dijo con familiaridad y eso sorprendió a los otros dos hombres —¿Cómo estás, preciosa?

—Hola, Alec —respondió ella con timidez incómoda ante el trato familiar del chico.

—¿Os conocéis? —indagó Edward mirando de uno a otro confundido.

—Sí.

—No.

Ambos respondieron a la vez contradiciéndose.

—Nos conocimos hace unas semanas —explicó Alec sin dejar de mirarla.

—En realidad no nos conocemos —le refutó ella —No tenía idea que trabajaras aquí.

—Te lo dije. Te dije que trabajaba en la empresa de mi padre.

—¿La empresa de tu padre...?

—Sí, este hombre que ves aquí es mi padre —explicó Alec señalando a Edward y esa nueva información realmente la desestabilizó.

—¿Tu... padre...? —musitó

—Sí. ¿No le has dicho que tu maravilloso primogénito trabaja aquí? —le comentó a su padre

—Diría que más que trabajar, pierdes el tiempo. ¿Crees que puedes volver al trabajo?

—Sí, claro, papá —respondió condescendiente —Te veo luego, preciosa. Bienvenida a Cullen, tal vez podamos luego salir a tomar algo para celebrar tu incorporación.

Bella se sonrojó furiosamente ante la mirada dura que le dirigió su nuevo jefe.

—Vuelve al trabajo, Alec —dijo Edward entre dientes —Señorita Swan, si me acompaña, por favor —ordenó señalándole el camino de regreso a su despacho.

Entraron al despacho de Edward y en silencio la observó durante unos instantes sentado frente a ella.

—Bueno, señorita Swan —dijo por fin entrelazando sus dedos sobre el escritorio —Esto sí que es una sorpresa. ¿Puedo preguntarle cómo es eso de que conozca a mi hijo, Alec?

—No diría que le conozco —confesó sonrojándose —Hace poco más de una semana mis amigas y yo coincidimos en un restaurante con su hijo y unos amigos de él.

—¿Y...?

—Y nada, sólo eso. Comimos juntos siete personas y fuimos a una discoteca, nada más.

—De acuerdo. Confieso que tal vez voy a entrometerme en su vida personal pero espero que lo entienda —explicó sabiendo a ciencia cierta que se estaba extralimitando —¿Qué relación tiene o espera tener con Alec Cullen?

—Hasta el día de hoy, ninguna en absoluto, no creía que volviéramos a encontrarnos.

—¿Y ahora que le ha vuelto a ver?

—Espero que podamos ser buenos compañeros de trabajo y absolutamente nada más.

—Seré directo. ¿Tiene algún interés romántico en mi hijo?

Bella se sorprendió por la pregunta y su sorpresa se reflejó en su cara, aunque no hizo que Edward retirara la pregunta.

—Ninguno. Discúlpeme, señor Cullen, no quisiera excederme pero creo que su hijo es inmaduro, arrogante e infantil, y no me interesan en absoluto ese tipo de personas.

Su respuesta sin dudas sorprendió a Edward gratamente, aunque no fuera lo que uno quisiera escuchar decir sobre su hijo.

—Vaya, veo que es sincera.

—En realidad no quisiera que alguna sospecha sin fundamento pudiera entorpecer mi trabajo en su empresa. Esta es una excelente oportunidad para mí y no quiero desaprovecharla.

—Entiendo. Confío entonces, señorita Swan, en que no me encontraré con ningún tipo de comportamiento escandaloso dentro de los límites de este edificio.

—Délo por hecho, señor Cullen.

—Perfecto. Entonces tal vez usted y yo podríamos ponernos a trabajar. —sentenció por fin calmándola. —Llámame Edward.

—Bella —pidió ella con una sonrisa que él devolvió.

Bella entró corriendo a su departamento para encontrarse a sus tres amigas en el salón.

Angela leía tumbada en el sofá, mientras Alice y Jessica se hacían la manicura.

—Chicas, necesitamos alcohol —gritó deshaciéndose de su chaqueta y sus zapatos en medio del salón.

Sus tres amigas la observaron expectantes mientras abandonaba el salón para dirigirse a la cocina en busca de cervezas.

Al volver, les entregó un botellín a cada una y se dejó caer en el sofá después de deshacerse de su ropa y quedarse cubierta por su sencillo conjunto de ropa interior de algodón blanco.

—Hace un calor insoportable afuera —comentó Angela al ver a su amiga con poca ropa.

—Lo hace, pero lo que voy a contaros no puede esperar.

—Supongo que es algo relacionado con tu nuevo trabajo —aventuró Alice —¿Cómo te fue?

—Bien, muy bien, pero no os imagináis lo enfermizo que resultó el día de hoy.

—Venga ya —dijo Jessica realmente intrigada —¿Te tiraste a tu jefe, ese que estaba buenísimo y casado?

—No, ojalá.

—Eso digo yo. Aunque espero que el día que lo hagas lleves algo mejor que ropa interior de algodón vieja, estirada y desgastada.

—En realidad no quiero decir ojalá me lo hubiese tirado, sino ojalá fuese algo tan simple.

—No veo nada simple en tirarte a tu jefe casado el primer día de trabajo. —acotó Angela

—No, lo sé. Pero cuando os cuente lo que sucedió os caeréis de espaldas.

—Venga, déjate de intrigas —la instó Jessica —¿Qué sucedió?

—Emmett, mi jefe directo, el director jurídico, no estaba hoy, así que quien me recibió fue el director general, su hermano.

—¿Quién es su hermano?

—Edward Cullen. El tipo más increíblemente hermoso y caliente que he conocido en mi vida —explicó soñadora dejándose caer en el sofá.

—¿Más que tu otro jefe?

—Más, mucho más, infinitamente más.

—Vaya, eso sí que es tener suerte. ¿No necesitan alguien para el departamento financiero en esa empresa? —indagó Jess con interés.

—No tengo idea.

—¿Y éste también está casado? —preguntó Alice

—No lo sé. No consta anillo en su mano, pero con lo bueno que está, dudo que esté solo. Pero… sé que tiene un hijo… o tal vez dos en realidad —explicó recordando que Alec había hablado sobre una hermana.

—Bueno, puede estar casado, viudo o divorciado.

—O soltero con hijos —acotó Angela

—Sí, vamos, que eso no quiere decir nada…

—Ya, ya lo sé —cortó Bella sus divagaciones —Lo que no os imaginaréis nunca jamás es quién es el hijo de mi jefe.

—¿Quién? —preguntó Alice curiosa —No creo conocer a nadie de apellido Cullen.

—Ni idea. —agregó Angela

—Alec.

—¿Qué Alec?

—Alec. El chico del Twilight.

—¿El amigo de Demetri? —inquirió Jessica sorprendida

—El mismo.

—¿De verdad? —inquirió Alice anonadada

—Sí.

—Dios —gimió Angela —Sí que es raro. Casi te tiras al hijo de tu jefe.

—No es mi jefe directo pero es mi jefe al fin y al cabo.

—Vaya, pero ¿cuántos años tiene tu jefe? —comentó Jess sin esperar realmente una respuesta.

Bella la miró pensativa.

—Ni idea. —confesó

Angela soltó su libro y se fue a su habitación en silencio para volver momentos después con su ordenador.

—Nuestro amigo Google nos lo dirá —sentenció mientras conectaba su equipo y abría la página web del buscador.

Tal como esperaban, siendo quién era, la red estaba llena de información sobre Edward Cullen.

Era guapo como el demonio, tal como las chicas pudieron constatar en las fotos que encontraron de él.

De cuarenta y tres años, divorciado de Chelsea Cullen desde hacía diez, y padre de dos hijos gemelos de veinticuatro, Alec y Jane.

Actualmente estaba soltero pero se le vinculaba sentimentalmente a Tanya Denali, una relacionista pública de treinta y nueve, divorciada y madre de Irina y Kate, de trece y diez años, respectivamente.

—¿Y qué dijo el jefe cuando se dio cuenta que habías estado con su hijo? —preguntó Alice con interés

—No le cayó muy bien.

—¿No? ¿Cómo lo sabes? ¿Dijo algo?

—Sí, me preguntó qué había entre su hijo y yo, y me preguntó qué interés tenía yo en él.

—¿De verdad? Creo que se extralimitó un poco, ¿no? ¿Qué le contestaste? —se sorprendió Jessica

—Le dije que creía que su hijo era el típico tres i. Idiota, inmaduro e infantil. —explicó haciéndolas reír.

—¿Y cómo se lo tomó?

—No dijo estar de acuerdo conmigo, pero su mirada y su sonrisa me hicieron ver que lo estaba.

—Bueno, está bien que sepa que no te interesa Cullen junior si pretendes tirarte a Cullen senior.

—No pretendo tirarme a Cullen senior, Jess —corrigió

—¿Por qué no?

—Tal vez porque es mi jefe, tiene cuarenta y tres y una novia preciosa de treinta y nueve, que seguro tiene mucho más en común con él, que yo.

—Si su mente ha evolucionado al mismo ritmo que evoluciona la de su hijo, debe estar sólo dos años bajo tu nivel. Podrías bajar tu nivel de conversación para alcanzar el de él.

—No creo que Edward se pareciera a Alec nunca en su vida.

—Mejor, entonces. —aseveró Jessica dejando en claro su opinión.


Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic. Y sobre todo gracias por leer.

Dejo el adelanto del próximo capítulo:

—¿Cómo es la nueva abogada? — inquirió curiosa

"Preciosa. Y sexy.", pensó pero no lo dijo.

—Es joven, pero tiene un buen currículum.

—¿Muy joven?

—Tiene veinticinco. Recién graduada. Pero se graduó summa cum laude en Yale, no creo que consiguiéramos nada mejor.

—Veinticinco —murmuró Tanya —¿Es guapa?

—¿Por qué lo preguntas? —preguntó receloso

—Sólo pregunto.

—No sé, supongo que sí lo es.

Os recomiendo pasaros por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO