Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 5

Su primer día de trabajo la ponía bastante nerviosa.

Pero su nerviosismo no se debía a ningún tipo de inseguridad profesional, sino a que dudaba de ser capaz de no dejar en evidencia la opinión que tenía de su jefe.

Por suerte para ella, cuando llegó le comunicaron que Emmett Cullen había regresado, por lo que ese día no trabajaría con Edward sino con su hermano.

Un alivio y una pena, todo a la vez.

Edward por su parte se sintió agradecido de que su hermano hubiese regresado a la oficina ese día.

No se sentía capaz de pasar varias horas sentado junto a la abogada de preciosas piernas, sin tener una erección.

¡Dios! Se excitaba de sólo recordar las piernas de la joven cruzándose frente a él y haciendo que su falda de tubo trepase unos centímetros sobre sus muslos.

Esa chica podría ser su hija, se repitió una y otra vez, durante la tarde y la noche anterior, pero ni aún así logró evitar recordar su cuerpo exquisito bajo su traje profesional, su cabello castaño, sus ojos oscuros y profundos y su exquisito rubor.

Bella y Emmett estaban encerrados en el despacho de este último, al final de la tarde.

Emmett le había estado enseñando los distintos contratos que estaban negociando, así como también los que ya tenían firmados anteriormente.

Allí les encontró Edward, cuando pasó a verles antes de marchar.

—Buenas tardes —saludó asomándose por la puerta del despacho de Emmett.

—Ah, Edward —respondió su hermano —Ven, entra —le invitó.

No pudo evitar fijarse en el rubor que cubrió las mejillas de la chica cuando desvió la vista de él.

—Estaba a punto de marchar y quería ver cómo había ido todo, qué le había parecido todo a Bella hasta ahora —sonrió mirando a la joven.

—Creo que ha estado bastante bien —respondió Emmett en su lugar —Aunque tal vez la estoy apabullando con tantas cosas —rió el hombre.

Edward se sentó junto a Bella, en una de las butacas que había frente al escritorio de su hermano.

—Oh, no —discutió Bella —Creo que es mucho trabajo, pero es tan variado e interesante que creo que estaré cómoda trabajando aquí.

—Es verdad que tenemos contratos de lo más variados —reconoció Edward —ya que abarcamos empresas de muy diversos tipos. Ya sabes, comprar y vender. Requiere mucho trabajo, y ahora que este hombre va a convertirse en padre por tercera vez, necesitará mucha ayuda. Ya no tiene treinta aunque él quiera aparentarlos —comentó burlón

—¿Qué significa eso? —inquirió Emmett con fingida indignación

—Cambiar pañales a los cuarenta y cinco no será igual que lo que era a los treinta y cuatro.

—Cambiar pañales es lo que menos me preocupa, el problema es no poder dormir por las noches —reconoció el moreno.

—No quiero ni pensarlo —rió Edward.

—Hay que hacer como hizo mi hermano —explicó Emmett dirigiéndose a Bella —Tener niños a los diecinueve cuando aún eres capaz de sobrevivir durmiendo tres horas por noche.

Bella sonrió mirando de Emmett a Edward.

—No, no te confundas, Bella. No hay que hacerlo.

—¿Por qué no? —preguntó curiosa

—Porque los diecinueve es una edad para salir con amigos por los bares, emborracharse, conocer chicas, ir a la universidad y no perderte una fiesta. Dormir tres horas, pero por haber estado en el bar hasta las cuatro de la mañana. No para tener una familia de cuatro que mantener.

—Venga ya —rió Emmett —Todos sabemos que amas a tus hijos por sobre todas las cosas.

—Desde luego que lo hago, pero habría sido genial si hubieran nacido cuando yo tenía treinta, hubiese sido más adulto y maduro para educarles.

—Sí, pero todos sabemos que no hubieses continuado con Chelsea por once años más si no hubiese sido por los chicos.

—Sabe Dios que no —suspiró poniéndose de pie —Bueno, ya basta de mi vida personal. Espero que no apabulles a nuestra nueva abogada tanto como para que desee dejarnos.

—Confío que no, pero ya le he dicho que si soporta el día de hoy, todos los demás serán pan comido.

—No me he asustado aún —reconoció ella

—Espero que no lo hagas —aseguró Edward poniendo una mano sobre su hombro y el calor de su mano a través de su camisa la estremeció haciéndola sonrojar —Estamos encantados de que te unieras a nosotros, Bella.

—Gracias —musitó nerviosa

—Bien, chicos, me marcho —agregó girándose rumbo a la puerta

—¿Cenas con Tanya? —indagó Emmett cuando se disponía a salir

—Y con sus niñas —respondió con un mohín.

—Suerte con ello.

—Gracias. Hasta mañana. Salúdame a Rose y a las niñas.

Cuando Edward cerró la puerta tras él, Bella se volteó hacia su jefe directo.

—Ya ves. —le explicó el moreno —No importa el tamaño que tenga esta empresa, en el fondo no deja de ser una empresa familiar.

—¿La fundó vuestro padre?

—Sí, pero fue Edward quien la hizo grande. Entró a trabajar con mi padre cuando se casó y nacieron sus hijos.

—Se casó muy joven —aventuró ella

—Sí, bastante más de lo que todos hubiesen querido.

—Excepto él, supongo.

—Qué va. Él era el menos interesado en hacerlo, pero siempre fue un tipo responsable y esa fue la única opción que vio para hacerse cargo de los hijos que esperaba la chica con la que salía por ese entonces.

—Novia de instituto —sonrió ella y le sorprendió la mirada de Emmett que se volvió pensativa.

—Sí, digámoslo así —respondió éste enigmático antes de volver a los contratos sobre los que estaban trabajando.

.

—Creo que fue atrapado por un embarazo —comentó Bella esa noche a sus amigas.

Estaban acomodadas en los dos enormes sofás que había en el salón, cenando comida china y con el televisor encendido y sin volumen, esperando que comenzara el capítulo de Grey's Anathomy.

—Para casarse antes de los veinte debía haber alguna razón así —reconoció Jessica siempre un poco cínica

—Pudo haber sido amor —retrucó Angela

—Sí, claro. ¿Te habrías casado con Tyler a los veinte?

—No, y gracias a Dios que no lo hice. Hubiera tenido más trámites que hacer para dejarlo en cuanto lo vi follándose a la zorra de Lauren en el aparcamiento del Walmart.

—Sí, y él podría haberse quedado con la mitad de tu Ford —se burló Alice

—Habría sido más sencillo que tener que continuar con ese coche durante dos años, recordando cómo se tiraba a esa... arrastrada, en el asiento trasero.

—Eso fue de muy mal gusto —aceptó Jessica —El cabrón podría haberlo hecho en su propio coche o en el de ella.

—Sí, si alguno de los dos hubiese tenido un coche espacioso —aceptó la morena resignada —Bien, pero dejemos de hablar de Tyler y volvamos a Cullen senior.

—¿Podéis dejar de llamarle Cullen senior? —pidió Bella —Emmett es mayor que Edward.

—Pero no tiene un hijo que tuvo sus dedos donde tú querrías que los tuviera su progenitor.

—Dios, no puedo ni recordarlo.

—Bueno, no es tan grave —reconoció Alice —Al fin y al cabo sólo te rozó un poco, no llegasteis a más.

—Buff. Y pensar que tengo que trabajar con ese idiota.

—Pero no está en tu departamento, ¿o sí?

—No. En realidad es algo así como el chico de los recados, creo.

—A su edad y en la empresa de su familia podría aspirar a más.

—No te equivoques, Ang, por aspirar a más, creo que aspira a convertirse en el dueño, pero parece que es un inútil.

—Vaya, con ese apellido, esa cara y ese cuerpo, ese chico debería poder hacer maravillas, si sólo lo utilizara con inteligencia. Haces bien en ir a por el padre.

—No voy a por el padre —discutió enérgica y consiguió que sus tres amigas la miraran arqueando sus cejas —¿Me veis posibilidades? —indagó sonrojándose y todas carcajearon antes de ponerse a hacer planes conspirativos a favor de la causa de Bella.

Los cuales por supuesto incluían una tarde de compras en Victoria's Secret.

Mientras tanto Edward cenaba con su novia y las hijas de ésta.

—Mi papá nos llevará a París este verano —le contó Kate con entusiasmo

—Eso es genial.

—¿Tú a donde llevarás a tus hijos en las vacaciones?

—Mis hijos ya no van de vacaciones conmigo —explicó fingiéndose herido

—¿Por qué no?

—Porque dicen ser demasiado mayores para salir con su padre.

—Oh, vaya, qué pena. Deberías tener más hijos —comentó la niña —Así serían pequeños y podrías llevarlos de vacaciones.

—Calla ya, Kate —se quejó su hermana —Nosotras no queremos tener más hermanos —replicó con dureza mirando a Edward con toda intención.

—Entiendo. Yo tampoco he pensado en tener más hijos —confesó viendo la sonrisa divertida que Tanya le dirigió.

Tanya se encontró con él en el sofá del salón, después de dejar a sus hijas en cama.

—O sea que no quieres más hijos —susurró burlona sentándose a horcajadas sobre él.

—La verdad es que no —reconoció asiéndola por la cintura y llevando sus labios al cuello de la mujer.

—Es bueno, entonces, que me acabe de colocar mi diafragma. —susurró bajando las manos a los pantalones de él.

Lo hicieron en el sofá y Tanya tuvo que morderle el hombro para poder sofocar los gritos que las embestidas de su enorme pene le provocaban.

—¿Cómo lo está llevando Rosalie? —preguntó la mujer con interés bastante tiempo después.

—Sigue con reposo, pero está bien.

—¿Y Emmett?

—Bastante más tranquilo ahora que ya casi no tendrá que viajar.

—¿Cómo es la nueva abogada? —inquirió curiosa

"Preciosa. Y sexy.", pensó pero no lo dijo.

—Es joven, pero tiene un buen currículum.

—¿Muy joven?

—Tiene veinticinco. Recién graduada. Pero se graduó summa cum laude en Yale, no creo que consiguiéramos nada mejor.

—Veinticinco —murmuró Tanya —¿Es guapa?

—¿Por qué lo preguntas? —preguntó receloso

—Sólo pregunto.

—No sé, supongo que sí lo es.

—¿Supones que es guapa?

—Lo es. Pero no estarás celosa, ¿o sí?

—¿Celosa? —rió —Por Dios, Edward. Es una niña. ¿Cómo podría sentir celos de una niña? Sólo lo digo por Alec. Al fin y al cabo tiene su edad y tú siempre dices que tu hijo no deja títere con cabeza, en lo que a mujeres guapas se refiere.

—Sí, supongo que tienes razón. De hecho ya se conocían, aunque ella no sabía que Alec trabajaba con nosotros y Alec tampoco sabía que habíamos entrevistado a Bella.

—Pues, veamos si al fin tu hijo se enamora y sienta la cabeza. —aventuró Tanya incomodándolo al imaginar a su hijo con su abogada.

—Preferiría que no lo hicieran. Sabes que no me gustan esos líos en la empresa. Esas cosas nunca acaban bien cuando empiezan a traer las riñas de pareja al trabajo.

—Mucha gente trabaja con su pareja y funciona.

—Alec no sabe tener pareja. —aseguró aunque sospechaba que su verdadero motivo para no desear esa relación era que no se imaginaba sintiéndose atraído y excitado por la novia de su hijo.

Y no sabía cómo no sentir eso por su abogada.


Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic. Y sobre todo gracias por leer.

Dejo el adelanto del próximo capítulo:

—Bien. Por cierto, ¿cómo van las cosas con Alec?

—¿Respecto a qué? —preguntó Emmett curioso.

—Respecto a todo en general y a nuestra nueva abogada en particular.

Emmett se carcajeó.

—Parece que el chico se ha enamorado y ha encontrado la horma de su zapato.

—¿Qué quieres decir?

Os recomiendo pasaros por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO