Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 6

—Odio a ese tipo —gruñó Bella al regresar a casa una tarde.

—¿A quién? —preguntó Alice que salía de la cocina mordiendo una manzana, mientras se preparaba para su turno de la noche en el hospital.

Alice estudiaba medicina y estaba cumpliendo la residencia en el Hospital Universitario de Seattle.

—Alec Cullen —rugió guardando su bolso y su maletín en el armario del vestíbulo

Llevaba ya dos meses trabajando para Cullen Holdings, y todo en su trabajo le encantaba, excepto Alec Cullen.

Cada día, sin haberse saltado uno sólo, Alec le había hecho algún tipo de invitación. Primero habían sido cenas, salidas a bailar, idas al cine, luego había intentado acompañarla a correr por las mañanas o llevarla a hacer la compra, y últimamente había estado dispuesto a aceptar al menos un café o, como ese día, a traerle una caja de muffins.

Bella se negaba a todo, pero siempre buscaba algún tipo de excusa, ya que no quería ser desagradable con quien, al fin y al cabo, era el hijo del dueño.

—¿Qué fue esta vez? —preguntó Angela que había escuchado la conversación a la vez que entraba desde la calle junto a Jessica.

—El muy hijo de perra se apareció en mi despacho con una caja de muffins de arándanos.

—Vaya, tus favoritos —rió Jessica antes de dejarse caer sobre el sofá lanzando sus tacones en la alfombra —Ang, tráeme una manzana cuando vuelvas, por favor —gritó a la chica que entraba en la cocina.

—Sí, y no sé cómo lo supo.

—¿Qué cosa? —inquirió Angela volviendo al salón y sentándose frente a Jessica.

—Que eran mis favoritos. Nunca se lo he dicho.

—Eres una chica previsible —rió Jess burlona

—Pues ya podía haber previsto que los rechazaría.

—¿Rechazaste una caja de muffin de arándanos? —preguntó Alice sorprendida.

—Sí, le dije que tenía prohibida el azúcar o algo así.

—Vaya, qué ingeniosa.

—¿Ingeniosa? Yo diría qué tonta. Debiste comértelos o al menos traerlos a casa.

—No quiero darle la más mínima ventaja, Jess.

—¿Comerte tus muffins es darle ventaja? Qué ridiculez. Yo he dejado que Mike me comiera los "muffins" cientos de veces y no creo que él haya avanzado demasiado —rió

—Dios, tía, eres incorregible —se quejó Alice antes de coger su bolso y salir de la casa —Nos vemos mañana, chicas.

—Volviendo al tema de Alec —dijo Bella cuando Alice se hubo marchado —e ignorando tu desagradable aportación, Jess, no quiero ningún tipo de vínculo entre ese chico y yo, ni siquiera aceptar que gastara unos dólares en muffins para mí.

—No le des más vueltas, Bells. —aconsejó Angela, la más sensata de sus amigas.

—No le daría si no fuera porque su tío, mi jefe, Emmett, escuchó mi negativa para verme comer tres donuts de azúcar en la cafetería de la empresa sólo dos horas después.

—Ja ja, ¿qué le dijiste?

—Le pedí disculpas pero le dije que no tenía interés en su sobrino y él se ofreció a hablar con el chico por mí.

—¿Lo hará?

—No, le pedí que no le diera importancia. Pero estoy segura de que esto llegará a oídos de Edward.

—Ese es entonces el verdadero problema.

—No es como si hubiera algo entre Edward y yo —se lamentó —Ya sabéis que lo he visto en contadas ocasiones en los dos meses que llevo trabajando allí, pero si presto atención a la forma en que no deja de mirar mis piernas cuando nos cruzamos, a veces pienso que podría haber alguna esperanza.

—Yo en tu lugar, simplemente me colaría en su despacho y le diría lo que siento —reconoció Jessica dando el último bocado a su manzana.

—Tú seguramente lo harías, pero Bella no es así. —sentenció Angela

—¿Así cómo? ¿Tan zorra?

—Entre otras cosas —rió Angela cuando su amiga le lanzó un cojín —aunque yo pensaba decir desenvuelta, o lanzada si lo prefieres.

—Ya. Por esa razón Bella hace meses que no se come un rosco, y yo me echo un polvo cada fin de semana, y alguno entre semana también.

—Sí, Jess, pero ni siquiera tú te comes los roscos con tus jefes.

—Ya, ¿tú has visto a mis jefes? El más joven debe rondar los setenta y tiene una cintura de dos metros. De diámetro, no de perímetro —aclaró

—Ni siquiera tú te jugarías el trabajo de tu vida por un polvo.

—¿Es el trabajo de tu vida?

—Podría serlo —reconoció

—Tienes razón, Bells —dijo Jessica después de pensarlo un momento.

—Vaya, eso es todo un avance.

—Me conoces. Sabes que la mitad de las veces no hablo en serio. No te le tires a tu jefe, si crees que podrías perder tu trabajo, pero si realmente estás segura que le deslumbran tus maravillosas piernas, tal vez sea momento de subir tus faldas un par de centímetros. —sonrió su amiga

—No puedo ir con minifaldas de discoteca. Soy abogada no bailarina.

—No, claro que no, pero estoy segura de que no podrá resistirse a una falda tubo, que se suba un poco por tus muslos cuando te sientes y cruces las piernas.

—Y si a eso agregas unas medias con liga de encaje, que se vislumbre apenas por la raja de la falda... —aconsejó Angela

—Vaya, Ang, eres diabólica cuando quieres —rió Bella mirándola con rostro sorprendido.

—Sí, ya, ¿sabes todas las tácticas que he tenido que seguir para que Ben finalmente me invitara a salir después de cuatro años?

—Lo sé, te aseguro que lo sé. —rió

—Bueno, ¿qué dices? ¿vamos a por esas medias y esas faldas?

—¿De verdad? ¿Medias en agosto?

—¿Quieres tirártelo o no? —bufó Jessica

—Más que cualquier otra cosa —reconoció suspirando resignada.

—Entonces levanta el culo y vamos al centro comercial.

Emmett entró al despacho de Edward a última hora para entregarle los últimos arreglos que habían hecho al contrato de una empresa naviera alemana con la que estaban negociando.

Después de discutir los cambios, Emmett se despidió.

—¿Qué tal la abogada nueva? —preguntó Edward antes de que su hermano se fuera mientras intentaba no mostrar mucho interés.

—Es buena —aseguró Emmett satisfecho volviendo a sentarse frente a él.

—¿Te atreves a dejar todo en sus manos?

—Completamente. Aunque Rose insiste que no es necesario, prefiero no tener que ausentarme y estoy seguro de que Bella lo hará a la perfección.

—Bien. Por cierto, ¿cómo van las cosas con Alec?

—¿Respecto a qué? —preguntó Emmett curioso.

—Respecto a todo en general y a nuestra nueva abogada en particular.

Emmett se carcajeó.

—Parece que el chico se ha enamorado y ha encontrado la horma de su zapato.

—¿Qué quieres decir?

—Bella le evita por activa y por pasiva, pero el chico no está acostumbrado a que se resistan a sus encantos. Le ha invitado a salir, pero ella siempre dice que no. Le trae cafés, incluso se apareció hoy con una caja de muffins que ella rechazó aduciendo no tener permitida el azúcar.

—¿Tiene diabetes o algo así?

—Eso dio a entender.

—Vaya, tan joven.

—No es diabética. Yo mismo la vi comerse tres donuts esta misma tarde y la pobre se sintió tan incómoda que se disculpó por rechazar a mi sobrino.

—¿Qué le dijiste?

—Me ofrecí a hablar con Alec para que la deje en paz pero me pidió que no lo hiciera.

—Creo que me gusta esa chica —rió Edward más complacido de lo que estaba dispuesto a admitir.

—Y a mí. Creo que fue un acierto contratarle.

—Lo mismo creo yo.

A la mañana siguiente, Bella entró en las oficinas de Cullen Holdings, Inc., luciendo una de sus nuevas faldas.

Negra, ajustada, y entre diez y quince centímetros por arriba de sus rodillas, era bastante más corta que las que había llevado hasta entonces, y tenía una discreta raja al costado.

Por sugerencia de Angela, y aunque la temperatura en Seattle en el mes de agosto rondara los 28 grados, había accedido a llevar unas medias negras ceñidas a mitad de sus muslos con una cinta de encaje negra.

Emmett había vuelto a ausentarse esa mañana, por lo que fue Bella la encargada de acudir a la reunión de directorio semanal.

Cuando ocupó su sitio a la izquierda de Edward en la larga mesa de directorio, éste no pudo evitar ver la corta falda que llevaba trepando por sus muslos.

El encaje que vislumbró separando la piel clara como porcelana, le puso duro como roca, y tuvo que agradecer que su erección quedara oculta bajo la mesa.

Bella sonrió disimuladamente, al ver el rostro de Edward contraerse cuando sus ojos se clavaron en sus piernas.

La reunión duró más de una hora.

Hora que Edward utilizó para intentar hacer remitir su excitación.

Pero no era tarea sencilla con una chica como Bella.

Era inteligente, lista y simpática, y cuando hablaba no se parecía en nada a la chiquilla que era su propia hija y que tenía sólo un año menos que Bella.

Edward no podía evitar sentirse atraído por ella, pero sabía que sería el error más grande que podría cometer si tan sólo se dejara llevar por sus deseos e instintos.

—Me temo que te tocará acompañarme a Frankfurt —explicó cuando sólo ellos dos quedaban en la sala de juntas.

—¿Yo? ¿A Frankfurt?

—Sí. No creo que Emmett esté dispuesto a hacerlo.

—¿Es riesgoso el embarazo de su mujer?

—Algo así. De todos modos le han prescrito reposo absoluto, y con las niñas, es difícil hacerlo si su marido no está con ella tanto como le sea posible.

—Entiendo.

—Espero que no tengas problemas para viajar.

—¿Problemas para viajar? —sonrió —Sería una tonta si pusiera problemas para viajar a Frankfurt con todos los gastos pagos.

—Y tú no eres ninguna tonta —respondió Edward con una sonrisa divertida.

—Intento no serlo. De todos modos, mi amiga Jessica me haría ver la luz si me negara a viajar.

—¿Tu amiga Jessica?

—Sí, es una de las chicas que viven conmigo. Ha viajado bastante y nunca pierde la oportunidad de intentar que nosotras lo hagamos también.

—¿Conoces Frankfurt?

—No. Mi único destino visitado fuera de los límites del territorio nacional, es Isla Margarita y Cancún. Fuimos con mis amigas hace cuatro años cuando Alice acabó pre-med.

—Bueno, espero que te guste Alemania.

—Me encantará —aseguró

—Tengo previsto que nos quedemos no más de cuatro días. Espero que no sea inconveniente para ti.

—No, en absoluto.

—Tal vez a tu novio no le guste la idea... —aventuró intentando disimular su curiosidad.

—Oh, no, no tengo novio. Y estoy segura que a mi novio anterior no le hubiera importado.

—Si yo fuera tu novio, me importaría que te fueras de viaje sola con un hombre.

—Oh, ¿Crees que a tu novia le molestará que viajes a solas con una mujer?

—Es por trabajo, y Tanya sabe bien cómo es eso. Además tienes la edad de mis hijos. No creo que vaya a preocuparse.

—Ah, claro —aseguró apenada por las palabras de él —No tiene por qué.

—Espero que no te sintieras ofendida por eso.

—¿Ofendida, por qué? No tengo razón alguna para estarlo.

—Desde luego que no.

—Desde luego. —repitió convencida de que Edward no pensaba en su diferencia de edad cuando le había estado mirando las piernas descaradamente en la hora anterior.


Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic. Y sobre todo gracias por leer.

Dejo el adelanto del próximo capítulo:

Ante su silencio Bella se volteó a verle y la mirada lasciva en los ojos verdes de su jefe le desestabilizó.

Se giró de frente a él sin dejar de mirarle fijamente.

—No sé qué tendrán los ascensores —susurró él acercándose a ella para dejarla acorralada contra una de las esquinas del ascensor.

Estiró la mano para posarla sobre su cuello y con su pulgar acariciar la suave piel de porcelana.

Bella arqueó su cuello ofreciéndole los labios temblorosos

Os recomiendo pasaros por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO