Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 8
La noche fue bastante dura para ambos.
La frustración les alteró el sueño, y ambos por igual se sentían furiosos con Edward.
Pero ninguno pensaba actuar en consecuencia.
Bella se había sentido humillada la noche anterior cuando Edward, mirándola como si fuera una niñata, había insinuado no sentir el menor deseo por ella.
Ambos sabían que eso no era cierto, pero Bella decidió que no podía ponerse en el papel de pequeña caprichosa dispuesta a hacer cualquier cosa por obtener lo que quiere, así que decidió cambiar su estrategia.
En vez de bajar a desayunar arriesgándose a encontrarse con Edward, decidió ducharse y salir del hotel.
Su reunión de negocios estaba fijada para primera hora de la tarde, así que después de dejarle un mensaje a Edward en la recepción del hotel, salió para dar un paseo por la ciudad.
Desayunó en una cafetería de la plaza Höchster Schloßplatz y se dedicó a recorrer la ciudad antes de volver al hotel, donde se duchó, pidió su almuerzo al servicio de habitaciones, y se preparó para la reunión con los directivos de la naviera.
Haciendo acopio de dignidad, llamó al teléfono de la habitación de Edward y éste le dijo que pasaría a buscarla diez minutos después.
Cuando abrió la puerta, allí estaba él. Con el cabello húmedo, prueba de que acababa de salir de la ducha, enfundado en un traje gris y con una corbata negra, le excitaba insoportablemente.
Pero Edward no lo tenía mejor.
Después de haberse excitado la noche anterior, teniendo a la chica delante suyo en tejanos y camiseta, volver a ver sus preciosas piernas bajo la falda corta, le había puesto duro.
Bufó pensando que haberse masturbado en la ducha pensando en ella diez minutos antes, no le había ayudado tanto como había pensado que lo haría.
—Así que saliste a recorrer la ciudad —dijo cuando caminaban hacia los ascensores.
—Sí, quise relajarme un poco antes de mi primera reunión de negocios.
—Estarás genial —dijo buscando tranquilizarla —Ya lo verás.
—Eso espero —reconoció cuando la puerta del ascensor se abrió ante ellos.
De él bajaron los jóvenes que el día anterior habían estado magreándose frente a ellos. Les dedicaron una mirada risueña y corrieron por el pasillo rumbo a las habitaciones.
Ni Bella ni Edward se atrevieron a decir palabra, pero cuando las puertas del ascensor se cerraron, Edward se sintió obligado a hablar.
—Bella —le llamó y ella se volteó hacia él —Siento mucho lo que sucedió ayer.
—No tienes que preocuparte.
—Sí me preocupa, porque tú y yo vamos a viajar mucho juntos de aquí en más y no quisiera que nuestra relación laboral se resintiera, por un malentendido.
—No te preocupes. No hay problema.
—¿De verdad?
—Completamente. —sonrió sintiéndose frustrada —Está olvidado.
—Bien. Me alegra que así sea. Ya sabes que sería una tontería pensar en que tú y yo nos pudiéramos involucrar de alguna forma —aseguró aunque muy poco convencido de sus palabras.
—Lo sé. Lo entiendo —aseguró
—Entonces ¿amigos otra vez? —sonrió él estirando la mano hacia ella.
—Amigos —aceptó Bella estrechando su mano.
Los siguientes tres días mantuvieron las distancias, si no era Bella quien acusaba cansancio para no bajar a cenar al restaurante del hotel, era Edward quién se inventaba mucho trabajo para no acompañarla a hacer un recorrido por la ciudad.
Cuando al cabo de tres días se reunieron en el hall del hotel para esperar el coche que les llevaría al aeropuerto, la relación entre ellos, si bien era amable, se había vuelto fría.
—¿Cómo fue? —gritó Alice entusiasmada en cuanto Bella entró a la casa.
—Cuenta, cuenta, cuenta —le secundó Jessica tirando de Bella hasta el sofá.
—Un momento, estoy muerta de sed.
—Siéntate —ordenó Angela corriendo hasta la cocina y volviendo con un vaso y una botella de agua.
Sus tres amigas se sentaron a su alrededor ansiosas.
—¿Te lo tiraste? —soltó Jessica a bocajarro
—Desde luego que no —reconoció apesadumbrada
—Desde luego —reconoció Jessica recostándose en el sofá desilusionada
—¿Pasó algo al menos? —preguntó Alice
—Estuvimos a dos segundos de besarnos —explicó y volvió a ganarse toda la atención perdida de Jessica.
—¿Dos segundos?
—Sí, si el ascensor en el que íbamos hubiera tardado dos segundos en abrir las puertas, nos hubieran encontrado besándonos o tal vez algo más.
Después de esa introducción, sus amigas no acabaron el interrogatorio hasta saber con pelos y señales, cada punto y coma de su conversación, así como su contacto físico.
—Grata camaradería, le llamó —explicó indignada —¿Podéis creerlo? ¡Grata camaradería! ¡Qué coño! Allí había una calentura digna de provocar el calentamiento global, y él lo llamó grata camaradería. Ese tipo es un inmaduro y ridículo capullo arrogante.
—Tienes que hacer lo que él hace. Provócalo, excítalo, caliéntalo y luego déjalo duro como martillo pilón. Y que se tenga que follar con sus propias manitas.
—¿De verdad lo crees, Jessica? —inquirió apenada —Tiene una novia preciosa con la cual, según sus propias palabras, disfruta de un sexo maravilloso. ¿De verdad crees que tendría que autosatisfacerse?
—Sí, tal vez no deberías dejárselo caliente a esa mujer.
—No creo que le haga falta.
—¿Y qué piensas hacer?
—Qué sé yo, no se me ocurre nada —gimió
—Tengo una idea genial —rió Jessica de forma que hizo temblar a sus amigas.
—Miedo me das —gimió Bella ante la risa grotesca de su amiga.
—¿Recuerdas la película aquella con Kate Hudson y Matthew McCounaghey?
—¿La del tesoro de no sé qué?
—No, la de Cómo atrapar un chico en diez días.
—Era perderlo, no atraparlo —le corrigió Angela
—Sí, pero creo que Bella no necesita saber la parte de perderlo, basta con que le enseñe sus bragas de mariquitas y se irá corriendo convencido que es una niña salida del kindegarden.
—Ya no uso bragas de mariquitas —gruñó Bella ofendida —Te recuerdo que me las lanzaste todas a la basura después de obligarme a gastar una fortuna en Victoria's Secret. Fortuna que, dicho sea de paso, aún no ha dado frutos.
—Los dará, confía en mí. Bueno, volviendo al plan, no sé si recordáis que según Andy, la experta, los hombres no se resisten a ver qué hay en el bolso de una mujer.
—Ya, y supongo que creerás que si consigo unas entradas para los Seahawks, lo atraparé.
—No, cariño. Creo que Edward Cullen tiene mejores posibilidades que tú de conseguir entradas para el palco.
—Sí, eso creo yo.
—Pero… deberías dejarle un señuelo dentro del bolso, que demuestre que no eres una niña, sino una mujer adulta.
—¿Qué tipo de señuelo? ¿Un condón para que vea que soy sexualmente activa?
—Eso sería una tontería. Yo llevaba condones en la mochila del instituto, así que eso no le dirá que eres una adulta.
—Tal vez podrías llevar compresas para las pérdidas de orina —se burló Alice —Eso le diría que has empezado a tener incontinencias…
—Vaya, Alice, eso ha sido desagradable…
—O tal vez estrógenos, por la menopausia —rió Alice tumbándose en el sofá mientras reía a carcajadas, contagiando a Angela primero y a Bella después —O también tinte para el cabello, para tapar las canas…
—O una crema anti-edad —secundó Bella risueña
—O pastillas para la osteoporosis… —acotó Angela
—O un fijador para la prótesis dental —agregó Bella y todas rieron descostillándose ante la indignación de Jessica.
—Sí, ya, o también un andador —gruñó Jessica —Ya basta, Alice, estamos hablando en serio.
—¿De verdad estamos hablando en serio?
—Sí, Bella, mi idea es genial, aunque no lo creas.
—Venga, cuéntame.
—Tiene que ser algo adulto, pero sexy.
—Y eso es… un muñeco hinchable…
—¿Qué tienen de sexy los muñecos hinchables? Claro que no, pero la idea va bien encaminada.
—No pretenderás que lleve un consolador al trabajo.
—No un consolador, porque podría pensar que pierdes el tiempo en tu horario de trabajo, pero sí… cha, cha, cha, chan… —dijo Jessica intentando generar expectación —Unas bolas chinas.
—¿Unas bolas chinas?
—Sí, unas bolas chinas. Se supone que son terapéuticas y todas las mujeres las deberían utilizar, para reforzar el suelo pélvico, ya sabes, una cuestión de salud femenina y bla, bla, bla. Pero no hay un solo hombre en el mundo que no vea unas bolas chinas y piense en sexo. No obstante se venden en todos los sex shop pero en muy pocas farmacias.
—Pero, Jess, ¿cómo coño voy a hacer para que Edward vea lo que hay dentro de mi bolso? Sinceramente no lo veo de esos tipos que revisen las pertenencias ajenas, y menos si es mi bolso.
—Estoy segura de que se nos ocurrirá algo —aseguró conspirativa —De momento, vamos a por esas bolas —dijo poniéndose en pie.
Las cuatro amigas, pasaron gran parte de la tarde en un sex shop, y no fue Bella la única en salir de allí con una bolsita de plástico con compras.
Nada como una tarde de compras y cine con las mejores amigas, para levantar el ánimo.
Cuando el lunes siguiente entró al despacho de Edward, nada más llegar, su bolso parecía quemarle colgándole del hombro.
—Buenos días, Edward
—Buenos días, Bella. —saludó extrañado de verla en su despacho tan temprano.
—Sólo necesitaba comentarte que hoy tendré que salir un poco antes, así que si tienes algo pendiente o urgente… —dijo cuando su teléfono móvil comenzó a sonar dentro de su bolso, tal como había previsto —Oh, disculpa un momento —agregó sonrojándose.
Apoyó el bolso sobre el escritorio de Edward y lo abrió para comenzar a revolver en busca del teléfono.
Cuando lo encontró y tiró de él, un delicado cordón negro se había enredado en la funda del teléfono. Tal como estaba previsto.
Al levantarlo, unas bolas chinas plateadas salieron unidas a éste.
Bella se sonrojó, soltó las bolas de la funda y las volvió a meter en el bolso mientras contestaba la llamada.
Era Jessica, tal como estaba previsto.
Se alejó un momento del escritorio para contestar la llamada.
El rostro de Edward continuaba desfigurado.
Ver unas bolas chinas en el bolso de la abogada le había puesto inmediata e irremediablemente duro.
No había podido evitar imaginarse a sí mismo colocando las bolas en la vagina húmeda de la chica, mientras lamía su clítoris palpitante.
Se imaginaba dejándolas en su interior durante toda la jornada laboral.
Bella las mantendría en su interior, y se sentiría húmeda y excitada todo el día.
Sus pezones estarían sensibles de tan excitados. Su vagina estimulada y preparada para él.
Cuando a las cinco llegara el fin de la jornada, la chica se presentaría en su despacho.
Edward cerraría la puerta y la ayudaría a sentarse en su escritorio, para quitarle las bragas. Ella apoyaría sus tacones en el borde de la mesa y le enseñaría su raja inflamada y húmeda.
Le daría un orgasmo con solo quitarle las bolas chinas del interior de su sexo.
Le provocaría otro al penetrarla con su grueso miembro y derramarse en su interior.
Esto se le estaba yendo de las manos.
Ya le costaba no imaginarse a la chica desnuda y jadeante.
Desde el miércoles anterior, cuando había estado a punto de besarla en el ascensor del hotel de Frankfurt, no había podido pensar en nada más que en lo que podría haber resultado si hubiese aceptado su invitación.
Después de ver un juguete sexual tan delicado y erótico en el bolso de la chica, sabía que sería imposible volver a verla como a una niña.
Bella cortó su llamada y sonrojada volvió a acercarse a él.
Edward juraría que los pezones de ella estaban más erguidos bajo la seda de la camisa. Quizás tanto como lo estaba su pene bajo los pantalones.
—Lo siento, Edward.
—No hay problema —dijo con voz estrangulada
—Como te decía…
—No hay problema, puedes irte antes —le cortó
—¿De verdad?
—Completamente —aseguró deseando que saliese de su despacho antes de que no pudiera resistirse a lanzarse sobre ella y follarla sobre la alfombra.
—¿No tienes nada urgente?
—No, en absoluto.
—Oh, bien. Genial, gracias —contestó risueña y se volteó para dirigirse a la puerta bamboleando sus caderas.
Cuando la puerta se cerró tras ella, Edward abrió sus pantalones y liberó su miembro.
Se masturbó casi con violencia, corriéndose sobre su mano en cuestión de segundos, con la imagen de Bella grabada en su retina.
Capi extra para pasar el domingo!
Como ven, Bella sacó la artillería pesada.
Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic. Y sobre todo gracias por leer.
Dejo el adelanto del próximo capítulo:
—Algo se nos tiene que ocurrir. —dijo Jessica pensativa —Ya sé. Celos. Tienes que darle celos.
—¿Celos? ¿Cómo voy a darle celos? Es imposible saber a dónde sale, si es que sale. Tendría que liarme con alguien en la oficina.
—Bien, pues entonces debes liarte con alguien en la oficina.
—No, Jessica, no voy a liarme con nadie en la oficina —negó enérgica.
—No tienes que hacerlo, pero… —dijo Angela —podemos hacerle creer que tienes alguien.
Os recomiendo el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.
Besitos y a leer!
Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO
