Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 10

Esa semana, rosas y bombones llegaron al despacho a nombre de Bella cada día.

—Alguien parece tener un admirador —comentó Emmett risueño el jueves cuando, estando con Bella, Liam y Edward, en el despacho de ella, la recepcionista entró con un ramo de rosas rojas.

Bella se sonrojó nerviosa y avergonzada, pensando que tendría que decirles a sus amigas que ya era hora de dejar de enriquecer a la florería.

—Eso o algún novio se ha portado muy mal y necesita que le perdonen —acotó Liam.

El rostro de Edward estaba serio y no emitió palabra.

—Tendré que decirle que deje de hacerlo —murmuró poniendo las rosas en un jarrón junto al ramo que había recibido el día anterior.

—O podrías decirle que envíe algo que podamos comer —aconsejó Emmett divertido.

—Sí, esa es una mejor opción —concordó Liam.

—¿Os parece que sigamos con la reunión? —dijo Edward sin levantar la vista de los papeles que tenía en las manos.

—Basta de regalos —gruñó Bella cuando entró en la casa esa tarde.

Alice acababa de vestirse preparándose para su turno de la noche en el hospital.

—¿Qué sucedió?

—Mierda, Alice. ¿Crees que me estoy obsesionando con esto de Edward?

—Mmm, un poco tal vez ¿Por qué lo dices?

—No sé. Pienso que me he dejado convencer por Jess, y ahora me creo que Edward está interesado en mí aunque se resista y tal vez me equivoco. Es posible que esté perdidamente enamorado de su novia y yo acabaré haciendo el ridículo.

—Es probable —reconoció su amiga.

—Mierda. Soy patética —gimió dejándose caer en el sofá.

—¿Te gusta?

—Muchísimo, pero tampoco puedo perseguir a un tipo que ni me ve.

—¿De verdad crees que no te ve?

—Qué sé yo. A veces creo que sí. En Frankfurt quiso besarme, aunque él diga lo contrario. No me quita los ojos de encima, siempre está mirándome las piernas, casi se cae de su asiento el día de las bolas chinas. Hoy creo que estaba celoso por lo de las flores, pero tal vez celoso es mucho decir. Tal vez cree que su hijo está enamorado de mí y está cuidando los intereses de su hijo. ¡Qué sé yo!

—¿Te gusta, Bella?

—Más que ningún otro hombre en mi vida. Al principio creía que era sólo atracción física, porque está como un tren, pero no es eso. Escucharlo hablar me vuelve loca. Es inteligente y listo. Escucharlo hablar de su trabajo, de su familia. Se apasiona con lo que hace y me vuelve loca. No sé qué hacer para que me vea como a una mujer. Pero no sé qué más puedo hacer que no sea esperarle desnuda sobre el escritorio —sollozó.

—No estoy segura de que eso funcionase.

—Ni yo. Temo estarme convirtiendo en la zorra destruye parejas —confesó Bella apenada

—No te confundas, Bella —le corrigió su amiga —Nadie destruye una pareja, si al menos uno de sus integrantes no desea y permite que la destruyan. Él es el tipo que estuvo a punto de besarte en Frankfurt, él es el tipo que te mira las piernas, y él es el tipo que se excitó al ver unas bolas chinas en tu bolso. Tú lo provocas, sí, pero él se deja provocar. Si ama a su novia, y desea serle fiel, y no desea permitir que su pareja se destruya, entonces no te acariciaría e intentaría besarte, no te desnudaría con la mirada, y no se excitaría por ver tus juguetes.

—¿De verdad lo crees?

—Completamente. Él le debe fidelidad a su novia, no tú. Él debe ser el tipo que pueda enfrentarse a cientos de mujeres deseosas y jadeantes y decirles que no porque ama a su novia. Es fácil ser fiel cuando a nadie le interesa acostarse contigo, y eso no dice nada sobre tu lealtad. Lo realmente valioso es ser fiel a tu pareja, cuando es a ti a quien no le interesa acostarse con nadie más, aún teniendo la oportunidad. Es verdad que podrán decir que eres una zorra provocadora, pero si él responde, el responsable es él. —sentenció su amiga con seriedad.

—Hey, hey, hey —saludó Jessica entrando en la casa —¿A qué no sabéis dónde celebraremos el cumpleaños de Bella?

—¿Dónde? —preguntó Bella desanimada

—Laurent nos ha conseguido entradas para la discoteca del Eclipse y… he reservado una mesa para cenar allí.

—Jessica comer en Eclipse cuesta un dineral, y ¿quién coño es Laurent?

—Laurent da Revin, el nuevo novio francés de James. Es maître en Eclipse.

James Whiterdale era el primo de Jessica. Era un chico encantador que había prácticamente huido de Grand Forks cuando había decidido dejar de ocultar su homosexualidad.

Hacía tres años había llegado a Seattle, tras su prima, y se había convertido en un gran amigo de las amigas de Jessica.

Al día siguiente Bella cumplía veintiséis, y siendo su primer cumpleaños como abogada, Jessica estaba dispuesta a celebrarlo a lo grande.

Para ello tenía planeado cenar en el restaurante más exclusivo de Seattle y después ir a la discoteca que se ubicaba en el mismo edificio del restaurante.

—No sé, Jess, no creo estar de ánimos…

—¿No crees estar de ánimos para cenar en el mejor restaurante de la ciudad e ir a bailar a la mejor discoteca, exclusiva para mayores de veinticinco?

—No sé.

—¡Qué va! —intervino Alice —Tú irás con tus mejores amigas a celebrar el mejor cumpleaños de tu vida. Celebraremos tu primer cumpleaños como abogada y con un sueldo más que digno.

—Exacto —concordó Jessica —Y ahora iremos a revolver los armarios para decidir si nos hace falta ir al centro comercial.

Bella y sus amigas entraron al restaurante y el anfitrión las guió hasta su mesa.

—Dios, me encanta este lugar —murmuró encantada cuando estuvieron ubicadas.

—Te lo he dicho, es magnífico. —comentó Jessica

—Y no quiero imaginar lo que le costaría a Mike traerte a cenar aquí —acotó Angela

—Tuvo su premio —argumentó la chica displicente —Bueno, Bella —dijo levantando la copa de vino que les acababan de servir —Por tus veintiséis. Que haya más sexo que en tus veinticinco.

—Que haya más sexo que en la suma de los veinticinco anteriores —se burló Alice brindando también.

—Al menos en calidad —suspiró la homenajeada

—Y si puede ser con un hombre maduro... —sonrió Angela chocando su copa con las de sus amigas

—Eso ya sería mucho pedir.

Ese viernes Edward había planeado irse a la cama temprano, pero la hermana de Tanya, Carmen, había llegado de visita desde Alaska con su marido, Eleazar, y Tanya había insistido en salir a cenar.

Así que allí estaban en la puerta del restaurante esperando que les guiaran a su mesa, cuando vio la mesa alejada donde estaba la mujer que se estaba convirtiendo en su tormento personal.

Bella sorbía una ostra cuando le vio.

En la puerta de entrada del restaurante estaba Edward, acompañado por su preciosa novia y otra pareja a la que no reconoció.

—Dios —gimió bajando la vista —Edward acaba de entrar —dijo y todas sus amigas se voltearon a la vez hacia la puerta —Disimulad —gruñó, pero Edward ya les había visto

Entre risitas volvieron su atención a la mesa.

—Dios, Bella, no sé si son las ostras o tu jefe, pero de pronto me siento un poco caliente —rió Jessica.

—Shh, Jessica —pidió

—Buenas noches —La voz profunda de Edward resonó junto a ella.

—Buenas noches —respondieron las chicas a la vez.

—Hola, Bella, ¿cómo estás? —la saludó con Tanya de pie a su lado mirándola con dureza.

—Hola, Edward.

—No pensé que pudiera encontrarte aquí. No sabía que frecuentaras el Eclipse.

—No lo hago, en realidad.

—Estamos celebrando el cumpleaños de Bella —explicó Alice y su amiga se sonrojó.

—¿Ah, sí?

—Sí. Cumple veintiséis. —informó Jessica —Toda una adulta.

—Ya lo creo —sonrió ante el rostro completamente rojo de la abogada —Pues, felicidades, Bella.

—Gracias.

—Les dejaremos cenar, entonces.

Edward y Tanya se alejaron para alcanzar la mesa donde les esperaban las personas que les acompañaban.

—Jessica, eres una idiota —le regañó Bella furiosa —¿Crees que hacía falta ese comentario?

—Creo que ese tío quiere follarte y le importa una mierda cuántos años tienes.

—Ojalá, pero de todos modos estoy segura que me ve como una niña.

—Pues debes demostrarle que no lo eres —sentenció Jessica.

Edward no lograba prestar atención a la conversación que se desarrollaba en su mesa.

Ya bastante le costaba no mirar fijamente la mesa donde Bella estaba con sus amigas.

Estaba preciosa con ese mini vestido azul que resaltaba su piel blanca como porcelana.

Su cabello recogido, dejaba todo su largo y esbelto cuello a la vista y él moría imaginando recorrerlo con sus labios.

No pudo evitar su deseo de tener un pequeño detalle con su abogada y pensando en ello les envió una botella de Dom Perignon, que Bella agradeció levantando su copa hacia él.

—Hay algo en tu abogada que no me termina de gustar —reconoció Tanya cuando comían los postres.

—¿Por qué no? —preguntó Edward realmente sorprendido.

—No lo sé. Siempre que la veo en la empresa me parece… no sé…

—¿Qué te parece? —inquirió interesado

—No lo sé. No sé pero hay algo que no me gusta en ella.

—¿Cuál es tu abogada? —preguntó Carmen mirando la mesa de las chicas.

—La del vestido azul —contestó Tanya con voz ruda.

—¿Qué es lo que no te gusta? —indagó Eleazar curioso

—No sé. Tiene algo que no me termina de gustar. ¿Tú no lo ves, Edward?

—No creo que Edward esté de acuerdo contigo —intervino Eleazar risueño

—¿Por qué lo dices?

—Porque es un hombre y esa chica es preciosa, así que dudo que Edward le encuentre algo que no le guste —rió el hombre mirando a Edward conspirador.

—¿Cómo puedes decir eso? —comentó Tanya indignada —Es una chiquilla.

—¿Una chiquilla? ¡Qué va! ¿Cuántos años tiene?

—Veintiséis —contestó Edward aprensivo.

—Veintiséis no es una chiquilla —dijo el hombre displicente —Mi primo decía que si cruzaban la calle solas, ya eran suficientemente adultas —rió divertido

—Tu primo era un salido —acotó su esposa

—Es probable, pero esa chica es una mujer, y una mujer preciosa. Yo si no estuviera tan felizmente casado —dijo abrazando a su mujer —y con una esposa tan encantadora, no dudaría en tirarle los trastos. Deberías pensártelo —le aconsejó a Edward burlón ganándose una queja de parte de su cuñada.

Edward sonrió sin responder volviendo la atención a su taza de café.

Bella y sus amigas dejaron el restaurante para dirigirse a la discoteca donde se encontraron con James.

Cuando Edward y sus acompañantes se ubicaron en uno de los reservados de la discoteca, la vio.

En la barra charlaba animada con a una de sus amigas y un joven rubio.

—Bien, —comentó Jessica —estamos perfectamente ubicadas dentro de su campo visual.

—¿Y ahora qué?

—Ahora a hacerlo hervir de celos.

—¿Cómo? —gimió

—¿Quieres ponerlo a mil? —sugirió risueña la castaña

—Si es posible…

—Entonces deberíamos liarnos tú y yo…

—¿Qué? —casi gritó Bella, haciendo carcajear a su amiga

—Tonta. Soy demasiado heterosexual como para liarme contigo, ni siquiera para tener un trío con tu jefe.

—No tendría un trío contigo y mi jefe.

—¿Cuál es? —inquirió James

—El de traje oscuro que está sentado junto a la rubia guapa —le explicó Bella de espaldas a Edward.

—Es un bombón.

—Sí, lo es —reconoció con tristeza —Pero no sabe que existo.

—¿Que ese tío no sabe que existes? Tú deliras, niña. No te ha quitado la vista de encima desde que entró.

—No es verdad.

—¿Que no? Ya verás —dijo a la vez que la rodeaba con un brazo y la atraía hacia él para bajar sus labios sobre el cuello de Bella

Bella se tensó nerviosa pero se dejó hacer.

Edward se tensó a su vez, sintiéndose furioso sin razón.

—Os dejo solos, chicos —comentó Jessica alejándose de ellos.

—Ven, cielo —sugirió James divertido —Démosle celos a ese bombón tuyo, hasta que llegue mi novio —agregó tirando de su mano para guiarla a un sofá que, aunque alejado, quedaba frente a Edward.

La mirada de Edward les siguió y les vio sentarse muy juntos.

El brazo de James rodeaba los hombros de Bella mientras su otra mano se apoyaba posesiva en el muslo desnudo de la chica.

Los labios del chico bajaron sobre el cuello desnudo de la abogada que se estremeció con el contacto.

—Tanya, si no te importa creo que algo no me cayó bien en la cena —dijo incómodo dispuesto a marcharse de inmediato

—¿De verdad? —preguntó Tanya intrigada

—Sí. Si no te molesta, yo marcharé, pero seguro que Eleazar te podrá llevar a casa.

—Oh, no, Edward, no hay problema. Voy contigo.

—¿No te importa?

—Claro que no, cariño —aseguró explicándole la situación a su hermana.

Edward se resistió a la necesidad de observar a Bella y su acompañante, y rápidamente abandonó el local.

—Y tú dices que no le importas —rió James en el oído de Bella cuando vio al jefe de la joven abandonar rápidamente la discoteca —Ese tipo está coladito por ti, Bella —aseguró —y yo sé de lo que hablo —sentenció colmando a la chica de esperanzas.


Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic y gracias por leer.

Adelanto del próximo capítulo:

Edward la tomó por la cintura y la apretó contra él.

Bella se estremeció al sentir golpear contra su vientre la dura erección de Edward bajo sus pantalones.

—Edward… —musitó arqueándose contra él.

—Lo siento —dijo él pero sin soltarla ni alejarse.

—Estás excitado —gimió ella poniéndose de puntillas para restregar sus ingles contra el bulto masculino.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, encontrarán adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO