Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 11
Ese lunes cuando Bella entró a la oficina, no se sentía muy feliz.
Después de que Edward abandonara la discoteca el viernes anterior, ella se había pasado varias horas con James debatiendo sobre la mejor estrategia para conquistar a su jefe.
Pero, aunque nada la había convencido, había aceptado seguir la sugerencia del chico y presentarse en la oficina tan atractiva y sugerente, como su decencia se lo permitió.
Ese día llevaba una falda corta y una camisa ajustada que mantenía sus pechos duramente confinados.
Para mantener la decencia llevaba una chaqueta que cubría la tirantez de su camisa, pero estaba dispuesta a desabrocharla en cuanto viera a su jefe.
Se había calzado sus tacones más altos, ya que le estilizaban increíblemente las piernas y el trasero.
Ese día tenía prevista una reunión con Edward, pero al llegar a la oficina se encontró con que Edward la había cancelado.
No fue sino hasta la última hora de la tarde que le vio, y tampoco fue a solas sino que él había convocado una reunión general.
Cuando se sentó a su izquierda en la sala de juntas, los distintos directores de la empresa estaban allí.
Emmett se había tenido que marchar temprano ese día, así que Bella era la encargada de los temas legales que allí se trataron.
Se sentó junto a Edward y desabrochó los dos botones de su chaqueta.
Su camisa roja se ajustaba sobre sus pechos manteniéndose tirante.
Edward desvió la vista de su escote, para deslizarla por las piernas desnudas de la joven.
Con sus piernas cruzadas, la raja de su falda subía enseñando sus muslos y el reborde de encaje de sus medias.
Iba a acabar enloqueciendo en una de esas reuniones, si seguían así.
Tendría que pedirle a Emmett, que al menos no dejara en manos de Bella las reuniones de la junta, porque temía que acabaría saltando sobre la mesa y violándola frente a sus empleados.
Era increíblemente sexy, y él no olvidaba cómo la había visto el viernes anterior en los brazos de aquel chico que, indudablemente, pegaba más con ella que él.
La reunión duró un par de horas.
Par de horas en las que Edward sentía su mirada irremediablemente atraída hacia el cuerpo de su abogada, mientras su miembro se endurecía con cada movimiento de la chica.
Cuando dio por terminada la reunión, Bella aún tomaba notas.
Todos ya habían salido cuando ella se levantó de su asiento.
Se dirigió a la puerta con Edward a la zaga, pero en el momento que fue a abrir la puerta recordó haber dejado su bolso colgando del respaldo de la silla que había ocupado.
Edward estaba justo detrás de ella, por lo que al voltearse de forma tan repentina chocó con él, perdiendo estabilidad.
Sorprendido, Edward la tomó por la cintura y la apretó contra él.
Bella se estremeció al sentir golpear contra su vientre la dura erección de Edward bajo sus pantalones.
—Edward… —musitó arqueándose contra él.
—Lo siento —dijo él pero sin soltarla ni alejarse.
—Estás excitado —gimió ella poniéndose de puntillas para restregar sus ingles contra el bulto masculino.
Sus palabras sacaron a Edward de su trance y la soltó de inmediato, separándose de ella.
—Lo siento…
—No, Edward —discutió dando un paso hacia él obligándole a dar un paso atrás —No, lo sientas. Estás excitado —dijo con deleite
—No es lo que estás pensando —negó sin saber exactamente qué decir.
—Por favor, Edward. Estás excitado y es por mí.
—No es así —discutió
—Sí, lo es. No puedes negarlo.
—Te equivocas, Bella.
—¡Qué va! Sabes que no. No lo niegues. ¿Vas a decirme que no he sido yo quien te ha puesto así? ¿Acaso no ha sido por mí?
—Claro que ha sido por ti —aceptó por fin con un gruñido —¿Qué esperabas? Soy un hombre, no soy de piedra. Todo el mundo se excitaría viéndote con esa blusa que a duras penas contiene tus pechos, y esa falda que enseña tus muslos.
—Eso no es así. —discutió
—¿De verdad crees que no has excitado a todos y cada uno de los hombres de esta empresa el día de hoy?
—He trabajado toda la mañana con tu hermano y estoy segura de que no se ha sentido así conmigo —aseguró
—Emmett está perdidamente enamorado de su mujer. No vería a otra mujer ni que se la encontrara desnuda en su mesa.
—¿Eso significa que tú no estás perdidamente enamorado de tu novia? —inquirió mirándolo con una sonrisa arrogante.
—No pongas en mi boca palabras que no he dicho.
Bella sonrió y se acercó a él.
—Creo que si por fin reconocieras lo que pasa entre nosotros —susurró poniendo las manos sobre la camisa de él —ambos podríamos pasarlo muy bien juntos.
—No pasa nada entre nosotros —batalló cogiendo sus muñecas para alejarla de él.
—Porque no te lo permites, pero te gusto, te atraigo, te pongo duro como una roca —dijo pegándose a él —y no me vas a decir que es grata camaradería.
—Te equivocas, Bella —discutió
—No entiendo que no quieras reconocerlo. Ambos lo pasaríamos muy bien.
—¿Y no crees que tu novio podría tener algo que objetar?
—¿Mi novio? —preguntó confusa
—Sí. Te vi con él el otro día —Bella le miró sin entender —En el Eclipse —dijo y por fin ató cabos.
—Oh, James…
—Sí. James. ¿Es él quien llenó tu despacho de rosas la semana pasada?
—James es sólo un amigo. Un buen amigo. Ya te he dicho que no tengo novio, aunque veo que te puso celoso —sonrió dichosa —Pero puedes estar tranquilo. No pasó nada entre él y yo.
—Por si no lo recuerdas, Bella, yo sí tengo novia. Tanya. Y sí pasó algo entre ella y yo, el viernes —mintió.
Ese día sólo había dejado a su novia en la puerta de su departamento para conducir hasta su propia casa y meterse en su cama, solo e iracundo.
Bella dio un respingo dolida ante su confesión, pero se recuperó rápidamente.
—Pues no creo que te satisficiera lo suficiente, si te pones así de duro con sólo ver mis piernas. —ronroneó descarada
—Ya te lo he dicho. Es fácil excitarse con una chica guapa y con tus piernas. Soy un hombre, y me gustan las chicas bonitas. Pero el adulto que hay en mí sabe discernir cuándo puedo ir más allá y cuándo sería ridículo hacerlo.
—¿Crees que sería ridículo ir más allá conmigo? —inquirió indignada cuando sonaron dos golpes en la puerta que los hicieron alejarse de un salto.
—Adelante —dijo Edward poniéndose en pie.
Tanya se asomó por la puerta y su sonrisa se congeló cuando vio a Bella en la sala con Edward.
—Edward, cariño —dijo con retintín —Zafrina me dijo que estabas aquí pero que la junta ya había terminado
—Es cierto. —dijo acercándose a su novia para besar sus labios —Bella y yo estábamos terminando algunos temas, pero ya hemos acabado. —aseguró rodeando a la chica con sus brazos atrayéndola a él.
—Vaya, Edward —murmuró la chica complacida al sentir la erección de Edward golpear contra ella —Parece que me echabas de menos… —dijo restregándose contra él
—No imaginas cuánto —aseguró sintiéndose a salvo de la peligrosa atracción que su abogada ejercía sobre él.
Bella se sintió furiosa y por un momento pensó en desvelar la verdadera razón de la excitación de su jefe, pero descartó la idea cuando tuvo que reconocer que se pondría en ridículo cuando Edward asegurara, como seguramente haría, que ella se había confundido.
Carraspeó ganándose una mirada despectiva y cargada de prepotencia de parte de la novia de su jefe.
—Disculpa, Bella —dijo Edward volteándose a verla sin soltar la cintura de Tanya —Ya hemos acabado por hoy.
—Bien. Hasta mañana —dijo intentando calmar su furia.
—Hasta mañana
La chica salió con grandes zancadas. Tanya se apretó contra Edward en cuanto la abogada abandonó la sala.
—Vaya, cariño —ronroneó —Parece que te has alegrado mucho de verme…
—¿Tú qué crees? —susurró bajando sus labios sobre el cuello de la mujer
Apretó sus manos sobre los glúteos de su novia y la alzó para sentarla sobre la mesa de juntas.
Sin dejar de besarla levantó su falda. Riendo divertida Tanya lo alejó de ella.
—Espera, Edward…
—Déjame hacerte el amor —pidió desabrochando sus pantalones —Sobre la mesa de directorio es lo mas sexy que me puedo imaginar…
—Lo siento, mi amor, pero no llevo protección…
—Oh, Tanya —suplicó —No me correré dentro tuyo —prometió
—Sabes que no es seguro hacerlo así, Edward, y ni tú ni yo queremos arriesgarnos a un embarazo…
—Dios, Tanya, voy muy caliente —confesó casi con rudeza
—Lo sé, amor, pero puedo hacer algo por ti —ofreció empujándolo para que se sentara en una de las butacas.
La mujer se puso de rodillas entre sus piernas y él no tuvo fuerzas para negarse.
Lo lamió, chupó y succionó y él se corrió en su boca con un gruñido satisfecho, sin dejar de pensar en su abogada y sus hermosas piernas bajo su falda corta.
—Lo odio —gruñó Bella cuando entró en su casa esa tarde
—¿Qué hizo ahora? —preguntó Angela con tono cansino mientras preparaba la salsa bolognesa en la cocina
—¿Te lo puedes imaginar? Le provoqué una erección más grande y dura que el Big Ben, y tuvo el descaro de decirme que era ridículo liarse conmigo, pero lo que es aún peor, es que le hiciera creer a la zorra de su novia que era por ella.
—Creo que deberías explayarte en tu explicación —aconsejó Angela confusa y se dedicó a escuchar el relato de Bella.
Después de que le explicara con detalle lo sucedido esa tarde en la junta de directorio, se sentía más frustrada que cuando había dejado la sala esa tarde.
—¿Qué vas a hacer, Bella?
—Dejarle en paz.
—¿De verdad?
—Sí. No quiero ser tan patética. Si él prefiere estar frustrado, es su problema. Por mí puede irse al diablo.
—¿De verdad lo dices?
—Completamente. Que sea él quien dé el próximo paso si quiere y si no que se vaya al diablo. Soy joven, tengo un buen trabajo, creo que no estoy tan mal. Estoy segura de que existen hombres a los que puedo gustarle. Será por hombres…
—¿Y que harás la próxima semana en tu viaje a Chicago con Cullen Senior?
—No lo sé. Ignorarlo, supongo —aseguró pensando en lo difícil que sería pasar tres días a solas con el hombre que la obsesionaba.
—¿Podrás hacerlo?
—Lo intentaré.
—Suerte con eso. —le deseó su amiga.
Cuando la semana siguiente vio a Edward en la Terminal del aeropuerto, supo que no tendría fácil cumplir su propósito.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic y gracias por leer.
Dejo un pequeño adelanto ascensor:
—¿Tenías miedo de quedarte a solas conmigo, Edward? —espetó risueña —¿Fue esa la razón para traer a Liam, o es que ya no confías en mí como abogada?
—No te pases conmigo, Bella —rugió acercándose a ella amenazador para acorralarla contra la pared del ascensor.
—¿Crees que yo me paso contigo? —preguntó insolente —Eres tú quien se pasa conmigo. Te excitas conmigo y luego dices que me equivoco; delante de mí finges con tu novia que ella es quién te lo provoca e intentas humillarme, cuando tú y yo sabemos que te mueres por besarme y por mucho más que eso.
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Besitos y a leer!
Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO
