Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 12

Cuando Bella llegó hasta Edward vio que le acompañaba Liam.

—Hola, Bella —la saludó el chico entusiasta

—Hola, Liam. No esperaba verte, no sabía que nos acompañarías a Chicago.

—Decisión de último momento. Edward me lo dijo ayer a última hora. —le informó su compañero haciéndola sonreír socarrona

Era evidente que su jefe tampoco se atrevía a quedarse con ella a solas.

—Es genial —sonrió antes de saludar a Edward —Buenos días, Edward.

—Buenos días, Bella —respondió el hombre con formalidad evitando su mirada

El vuelo fue corto y Bella, sentada junto a Liam, se dedicó a hablar animadamente con él.

Cuando se instalaron en el hotel Park Hyatt de Chicago, tenían bastante tiempo antes de la hora fijada para su reunión con los dueños de Chicago Tools, la empresa manufacturera con la que estaban negociando.

Las reservas de habitación se habían hecho a destiempo por lo que Liam no estaba alojado en la misma planta que Edward y Bella.

Cuando el chico bajó del ascensor en su planta, Bella y Edward quedaron a solas, una vez más, en el pequeño espacio de un ascensor de hotel.

Bella sonrió socarrona sin hablar ganándose una mirada furibunda de parte de su jefe.

—¿Por qué sonríes? —preguntó con rudeza

—¿Disculpa? —le dijo observándole condescendiente

—¿A qué se debe esa sonrisita irónica? —gruñó

—¿Tenías miedo de quedarte a solas conmigo, Edward? —espetó risueña —¿Fue esa la razón para traer a Liam, o es que ya no confías en mí como abogada?

—No te pases conmigo, Bella —rugió acercándose a ella amenazador para acorralarla contra la pared del ascensor.

—¿Crees que yo me paso contigo? —preguntó insolente —Eres tú quien se pasa conmigo. Te excitas conmigo y luego dices que me equivoco; delante de mí finges con tu novia que ella es quién te lo provoca e intentas humillarme, cuando tú y yo sabemos que te mueres por besarme y por mucho más que eso.

—¿Qué pretendes? —dijo entre dientes con su rostro a escasos centímetros del de ella.

—Satisfacción. Satisfacción para ti y para mí.

—¿Crees que puedes satisfacerme? —inquirió petulante

—No seas hipócrita, Edward —comentó presuntuosa —Tú sabes que lo haría. Sabes que esta erección —dijo estirando su mano para apretarla contra el miembro inflamado que se hacía notar contra los pantalones de él —es mía, y sólo yo podría complacerte realmente.

—Pues deberías saber que Tanya se las apañó muy bien con la erección que tú creías haberme causado en la última junta de directorio.

—Que yo creía… —dijo soltando una risotada —¿Por qué te cuesta tanto admitir que te excito y te atraigo? ¿Por qué no aceptas que aunque te niegues a dejarte llevar estás deseando tenerme desnuda y clavarte en mi cuerpo para correrte dentro de mí? ¿Por qué no reconoces que por mucho que folles con Tanya es en mí en quien piensas cuando lo haces?

—Eres demasiado arrogante para tu propio bien —susurró excitado antes de por fin lanzarse sobre sus labios.

Bella llevaba dos meses esperando ese momento. El mismo tiempo que Edward llevaba temiéndolo.

Con su brazo rodeó la cintura de la joven y la apretó contra él. Su erección se presionó contra el vientre femenino.

Los brazos de Bella treparon por los suyos para entrelazarse tras su cuello, mientras sus lenguas furiosas se debatían ansiosas dentro de sus bocas.

La excitación de Edward se volvió más evidente y la creciente humedad entre las piernas de Bella la preparó para continuar.

El beso hambriento y necesitado se vio interrumpido cuando la campanilla del ascensor reveló la llegada a la planta donde se encontraban sus habitaciones.

Bella se sintió despertar de un hermoso sueño en cuanto el hombre se separó de ella. Edward pensó que aquello era una pesadilla.

Sintiéndose excitado como nunca lo había estado y más culpable de lo que se había sentido en su vida, se alejó de la chica.

Cogió su maleta y huyó del ascensor rumbo a la protección de su suite mientras Bella, anonadada, intentaba calmar su respiración y comprender lo que sucedía.

Salió del ascensor tambaleante y se dirigió a su habitación pero ya Edward había desaparecido.

Los tres días que siguieron Edward y Bella no se dirigieron la palabra. Liam atribuía la tensión a lo complicado que estaba resultando llegar a un acuerdo con los dueños de Chicago Tools, por lo que le sorprendió notar que aún después de haber firmado los contratos, la tensión entre el director general y la abogada era evidente.

La semana siguiente Edward evitó a Bella como si esta tuviera la peste.

—Hey, papá —saludó Alec entrando en su despacho para entregarle unos informes que le enviaban desde el departamento financiero.

—Buenos días, Alec —respondió sonriente —¿Cómo estás?

—Bien. ¿Tienes un minuto?

—Desde luego, hijo.

—¿Puedo sentarme? —preguntó el chico a la vez que se dejaba caer en la butaca frente al escritorio de su padre

—Adelante. —sonrió su padre —¿Va todo bien?

—Bueno, sí, más o menos.

—¿Qué sucede? —inquirió preocupado

—He visto que la semana pasada habéis llevado a Liam a Chicago.

—Sí…

—¿Puedo saber por qué?

—¿Por qué? —comentó extrañado —Porque creí que estaría bien que viera de primera mano el trabajo que hacemos con los posibles socios o clientes. ¿Por qué lo preguntas?

—¿Crees que sería posible que me llevaras a mí alguna vez?

Edward observó a su hijo sorprendido. Alec nunca había querido vincularse en el trabajo de la empresa, salvo para mantener a su padre callado y cobrar su sueldo a final de cada mes.

—¿Y eso? ¿A qué se debe este cambio tan repentino?

—Quiero involucrarme más en el trabajo de la empresa.

—¿Y eso a qué se debe?

—Ya sabes —suspiró el chico —Creo que aquí la gente tiene la idea de que yo no soy más que un infantil nene de papá, que no es capaz de trabajar.

—¿Y desde cuándo te preocupa eso? Siempre te has comportado como si no te interesase el trabajo en la empresa y te bastara con cobrar el sueldo.

—Ya, lo sé, pero… bueno, ya sabes…

—No. No sé.

—Vale —gruñó el chico —Me gusta Bella y quiero una oportunidad con ella y no la tendré mientras ella me vea como a un niñato —soltó haciendo estremecer a su padre.

—Vaya. No sabía que te gustase tanto.

—¿No sabías que me gustase? Venga ya, papá. ¿Has visto a esa chica? Me pongo duro sólo de escuchar el ruido de sus tacones.

—Alec…

—Venga, papá, no te me hagas el puritano. Lleva esas faldas y esos tacones… puff —dijo el joven recostándose en su asiento —Cada vez que la veo me la imagino desnuda gritando y jadeando…

—Ya está bien, Alec —le regañó sin encontrar una excusa aceptable para su hijo

Él también se la había imaginado desnuda y jadeando con él entre sus piernas.

—Sí que te has vuelto mojigato —se burló su hijo

—No es mojigatería, pero es mi abogada, una compañera de trabajo. No puedes hablar así de una compañera de trabajo. Si no quieres que Bella te vea como un inmaduro, no te comportes como tal.

—Oh, vaya. Todo porque digo que le echaría un polvo hasta dejarla escocida, si me diese la oportunidad.

—Tengo entendido que te ha dejado claro que no quiere nada contigo

—Se me está resistiendo, es cierto. Pero caerá, ya lo verás. Todas acaban cayendo tarde o temprano.

—Entonces no te hace falta mi ayuda.

—No me vendría mal que me tratases como un adulto.

—Pues deberías comportarte como un adulto, y no creo que sea muy adulto que tu padre tenga que arreglarte las citas.

—No te estoy pidiendo que me arregles una cita, sólo digo que en tu próximo viaje podrías llevarme a mí, en lugar de llevar al idiota de Liam que no hace más que babear con Bella cada vez que la ve.

—¿Liam babea con Bella?

—Todos los hombres de esta empresa, excepto tú y el tío Emmett, babean con Bella —explicó el chico irritado.

Edward tuvo que reconocer que él también lo hacía, lo que dejaba inmune a Emmett exclusivamente.

—Lo siento, Alec. Liam está cursando el último semestre de la carrera de leyes. Creo que es más que razonable que él esté acompañándonos para la firma de los contratos.

—No entiendo por qué te cuesta tanto darle una mano a tu hijo —rugió el chico molesto

—Haré por ti todo cuanto esté en mi mano y lo sabes, pero no me pidas que juegue con la empresa sólo por un tonto capricho tuyo, porque no voy a hacerlo.

—Vete al diablo —gruñó Alec furioso abandonando el despacho de su padre con premura.

Edward se sentía demasiado molesto por su charla con Alec, como para concentrarse en el trabajo.

Dudoso como se sentía fue en busca de su hermano.

—Edward —saludó Emmett en cuanto su hermano entró en su despacho.

—¿Tienes un minuto?

—Sí, tengo unos documentos que ver con Bella, pero puedo esperar un minuto. ¿Qué sucede?

—Sobre Bella quería hablarte.

—¿Sobre Bella? ¿Qué sucede?

—Dice Alec que todos los empleados babean con ella —soltó de una vez sintiéndose ridículo.

Que Emmett se carcajeara frente a él le confirmó lo ridículo que parecía.

—¿Eso dijo?

—Sí.

—Bueno, reconozco que hace bastante que no tenemos una empleada tan encantadora, guapa, simpática e inteligente, pero de ahí a que todos babeen con ella…

—¿Crees que pueda ser una distracción?

—Vamos, Edward. La chica no hace nada más que su trabajo y lo hace perfectamente. No me toques las narices.

—Sólo quiero saber si ha tenido algún tipo de comportamiento impropio.

—Comportamiento impropio —se burló su hermano —Deja ya las gilipolleces y ocúpate de lo que te has de ocupar.

—Me estoy ocupando de lo que me he de ocupar. Me estoy ocupando de un tema relativo a los empleados de esta empresa —espetó molesto.

—De acuerdo, hermanito. No te preocupes. Yo me encargaré de que Bella no viole a nadie de esta empresa.

—Vete al infierno —gruñó abandonando el despacho de su hermano más iracundo que cuando había entrado.


Y por qué no un Capi Extra?

Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic y gracias por leer.

Dejo un nuevo adelanto:

—Trabajas demasiado —afirmó la mujer hojeando el último número de la revista Time.

—Sí, creo que sí —aceptó sonriendo —Pero ahora que Emmett está a tiempo parcial, tengo el doble de trabajo.

—Deberías delegárselo a tu nueva abogaducha—dijo Tanya con cierto retintín que le llamó la atención.

—¿Por qué lo dices así?

—Creía que la habías contratado para que se hiciera cargo del trabajo de Emmett, aunque a veces parece que la hubiesen contratado para contonearse frente a Alec y todos los hombres que se le crucen.

—¿Por qué dices eso? —indagó curioso

—Vamos, Edward. ¿No le has visto las piernas y el trasero acaso? ¿No has visto cómo se mueve y cómo todos la desnudan con la mirada a su paso?

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO