Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 13
Ya habían pasado dos semanas desde la discusión entre Edward y su hijo.
Bella ya llevaba más de tres meses trabajando en Cullen Holdings, y las últimas semanas, después de volver de Chicago, había dejado de insinuarse a su jefe, buscando que él diese el siguiente paso, si quería hacerlo.
La situación entre ellos se había vuelto tensa, pero Edward no dejaba de notar y lamentar el leve distanciamiento de su abogada.
No podía evitar observarla receloso y estar pendiente de la relación entre la joven y su hijo.
Alec le seguía como un perrito faldero y ella le desalentaba constantemente.
Edward se recriminaba la satisfacción que sentía al ver el desinterés que Bella demostraba por el chico, pero no podía dejar de sentirla.
Su relación con Tanya había comenzado a sufrir cierto deterioro ya que Edward no podía dejar de pensar en su abogada, aún cuando compartía su cama con su novia.
—Este fin de semana las niñas estarán con Vasilii —explicó la rubia sentada frente a él, mientras Edward terminaba de revisar las cuentas que había recibido de una de sus empresas en Buenos Aires —Pensé que tú y yo podríamos tomarnos unos días e irnos a la playa, ¿qué te parece?
—Supongo que sí, aunque seguramente me tendré que llevar trabajo. —dijo sin levantar la vista del dossier que tenía en las manos.
—Trabajas demasiado —afirmó la mujer hojeando el último número de la revista Time.
—Sí, creo que sí —aceptó sonriendo —Pero ahora que Emmett está a tiempo parcial, tengo el doble de trabajo.
—Deberías delegárselo a tu nueva abogaducha—dijo Tanya con cierto retintín que le llamó la atención.
—¿Por qué lo dices así?
—Creía que la habías contratado para que se hiciera cargo del trabajo de Emmett, aunque a veces parece que la hubiesen contratado para contonearse frente a Alec y todos los hombres que se le crucen.
—¿Por qué dices eso? —indagó curioso
—Vamos, Edward. ¿No le has visto las piernas y el trasero acaso? ¿No has visto cómo se mueve y cómo todos la desnudan con la mirada a su paso?
Desde luego que lo había visto, pensó él. Y lo peor era que lo veía a cada momento, incluso cuando estaba a solas en su casa, y en su cama, y en su ducha.
Lo veía incluso cuando le hacía el amor a su novia.
Pero desde luego que esa no era la respuesta que Tanya estaba esperando.
—No me lo parece. ¿Crees que Bella coquetea con el personal?
—¿Tú no?
—Espero que no, porque es una excelente abogada y me apenaría mucho tener que despedirla.
—Oh, ya. Y si es una excelente abogada, ¿cómo es que tú tienes tanto trabajo?
—Ella sólo está para llevar la parte legal. No tiene que hacer todo el trabajo de Emmett.
—Tal vez si dejara de estar flirteando por ahí, podría hacer algo más.
Dos golpes en la puerta resonaron antes de que Edward pudiera contestar.
—Adelante —dijo y Bella apareció tras la puerta.
—Edward —dijo ella sin levantar la vista del dossier que llevaba en las manos y sin percatarse de la presencia de Tanya —Tienes que ver esto —agregó bajando por fin la carpeta sobre la mesa —Ah, oh, disculpa, no sabía que estabas ocupado. Buenas tardes —saludó a la rubia que la miró con dureza.
—Buenas tardes.
—Podemos verlo en otro momento, si estás ocupado —indicó volviendo a dirigirse a su jefe.
—No hay problema ¿qué es?
—Son unos acuerdos laborales que han firmado en Volterra —explicó entregándole el dossier
—Explícame, ¿qué tienen de extraño? —preguntó él obligándola a acercarse a él.
Bella se inclinó junto a Edward para enseñarle algunos párrafos que le resultaban problemáticos, y sintió la mirada desdeñosa que le dirigió la otra mujer desde su lugar.
El cabello de Bella cayó entre ellos formando una cortina, y el aroma a fresas que emanaba de él le provocó a Edward una erección.
Su mente abandonó el despacho y los contratos y ya no logró prestar la debida atención a las palabras de la mujer.
—Han establecido unas indemnizaciones que no son las que teníamos previstas —expuso la chica pero él no estuvo seguro de estar entendiéndole embriagado como estaba con su perfume.
—Explícate —pidió removiéndose nervioso en su asiento ante la mirada molesta de su novia.
—Sí. Las obligaciones en concepto de indemnización que nosotros habíamos previsto que deberíamos hacer frente al absorber la empresa, son mucho menores que las que deberemos afrontar con los nuevos acuerdos que han firmado. —explicaba Bella mientras iba señalando los párrafos conflictivos en el texto impreso.
—Discúlpame, creo que no te estoy entendiendo —replicó nervioso
—¿Me tomas el pelo? —sonrió Bella divertida y se volteó a mirarle con un movimiento que hizo sacudir su cabello.
Tanya estaba a punto de explotar, y se levantó de su lugar furiosa llamando la atención de los otros dos.
—Me voy, Edward.
—¿Eh? ¿Por qué? ¿Qué sucede?
—Se me hace tarde para recoger a Irina. —explicó, mentirosa —Ya me dirás algo sobre el fin de semana —agregó dirigiéndose decidida hacia la puerta.
—Espera, Tanya —Intentó detenerla saliendo tras ella pero sólo llegó a despedirse con un suave beso en la puerta.
—Llámame —fue todo lo que dijo la mujer antes de abandonar el despacho.
Cuando se volteó, Bella le observaba atenta recostada contra la pared junto a su asiento.
—¿Fue por algo que yo hice? —preguntó curiosa con una sonrisa socarrona
—¿Qué crees que podrías haber hecho? —inquirió, acercándose a ella con andar felino.
—No lo sé. Tal vez percibió entre nosotros eso que tú te niegas a aceptar.
—¿Y qué sería eso? —murmuró deteniéndose frente a ella a escasos centímetros de su cuerpo.
—Lo sabes bien —susurró Bella, estirando sus manos hacia la corbata de él para ajustar el nudo que la ceñía en el cuello masculino —Tal vez eso que provoca la erección bajo tus pantalones y la humedad en mis bragas.
—¿Tienes las bragas húmedas? —dijo él colando su mano bajo la falda de ella hasta alcanzar su pubis y acariciarlo a través del encaje de la ropa interior.
—Tanto como duro estás tú —aseguró con voz ronca, arqueándose para apretar su pubis contra las fuertes manos masculinas.
Sin pensarlo más, Edward bajó su cabeza y atacó sus labios con violenta pasión.
Con las manos bajo los glúteos femeninos, la alzó y la giró para sentarla sobre su escritorio y pararse entre sus piernas.
Sin dejar de besarla le desabotonó la blusa y con la boca recorrió su cuello y su pecho hasta alcanzar un pezón erguido que se debatía bajo el encaje blanco del sujetador.
Le levantó la falda y la estremeció el frío de la mesa contra sus nalgas desnudas.
Las manos ansiosas de Bella le desabotonaron la camisa para recorrer su pecho y su espalda lujuriosas.
Los labios de Edward bajaron por el cuerpo de la chica hasta alcanzar su pubis y mordisquearlo a través de la tela de las braguitas.
Bella jadeaba y gemía contra él, con los labios de su vulva palpitantes y necesitados.
Edward levantó con desespero la falda que estaba recogida en la cintura de la chica, buscando deshacerse del estorbo que le suponía.
Fue entonces que vio el pequeño tatuaje que decoraba las ingles de la joven.
Una pequeña gatita Kitty le observaba con ternura.
La pequeña Kitty que su hija había idolatrado durante su infancia, y que poblaba su habitación de niña en forma de muñecos, mantas y todo tipo de juguetes.
Ver ese pequeño tatuaje le desestabilizó.
Esa mujer era una chiquilla. Era la chiquilla que él siempre había estado seguro de que era, y no podía hacer la vista gorda a esa evidencia.
—Edward... —gimió Bella excitada en cuanto le sintió alejarse de ella, recostada sobre el escritorio.
—Vístete, Bella —ordenó alejándose de ella, ganándose una mirada anonadada y sorprendida.
—Edward... —le llamó estirando su mano para tocarle.
Él se separó de su tacto sintiéndose asqueado consigo mismo, a la vez que abotonaba su camisa.
—Vístete, Bella, y sal de mi despacho —conminó
—¿Qué sucede, Edward?
—Que esto es lo más estúpido que he hecho en los últimos veinticinco años. Dios —gimió llevándose las manos al cabello ralo —¿No te das cuenta? Eres una niña.
—¿Una niña? ¿De qué hablas? No soy una niña —discutió enérgica —Claro que no lo soy. Tengo veintiséis.
—Dios. Y mis hijos cumplirán veinticinco en cinco meses.
—Oh, por Dios, eso es una idiotez. Tienes hijos de mi edad pero sólo porque fuiste padre muy joven.
—¿No te das cuenta? Podrías ser mi hija. Yo tenía sexo cuando tú aún no habías nacido.
—¿Y eso por qué es importante? No eres un pederasta. No estás iniciándome en el sexo. No soy una niña. Puede que sea más joven que tú pero tengo edad suficiente para disfrutar del sexo y tener orgasmos, y no sólo auto-infligidos.
—Yo disfrutaba follando con tantas mujeres como pudiera cuando tú aún no sabías que había diferencias entre el cuerpo del hombre y el de la mujer.
—¿Y qué hay con eso? Soy lo suficientemente adulta como para conocer las diferencias entre tu cuerpo y el mío. Sé con certeza lo que significa que tú tengas una erección y que yo esté mojada. Y la humedad de mi vagina está allí para facilitar la entrada de tu erección. Mi vagina se moja y se estira preparándose para tu penetración. Y eso lo sé no sólo por las clases de educación sexual del colegio, sino porque soy sexualmente activa. No estás haciendo nada depravado o inmoral.
—No lo entiendes, Bella. Y eso es una prueba más de que eres una niña. Una chiquilla. Esto no está bien. No está bien que yo me acueste con una chica que tiene la edad de mi hija. Esto es perverso y debería estar prohibido. Esto es perversamente prohibido. Vístete y sal de mi despacho, por favor —ordenó mientras acomodaba su camisa y su corbata para volver a su asiento.
—Venga ya, Edward —gruñó la chica con la camisa aún abierta que enseñaba su vientre plano y sus pechos inflamados —Esto es ridículo. Te deseo y me deseas. No puedes dejarnos así sólo por unas estúpidas convenciones sociales.
—Que tengas la edad de mi hija es una realidad, no una estúpida convención social. Puedes estar segura de que yo le partiría la cara al tipo de mi edad que osase tocar a mi hija de la forma que yo te he tocado a ti.
—Eso es una idiotez y lo sabes bien. A tu hija le importará un pimiento si tú estás de acuerdo con su decisión respecto a quién llevarse a la cama.
—Ella podrá hacer lo que quiera pero yo no dejaré de ver que es una perversión.
—Dios, —gimió llevándose por fin las manos a los botones de la blusa para abrocharla —eres un idiota. Prefieres quedarte con tu polla dura como una roca y una frustración infernal sólo por dejarte regir por esos estúpidos convencionalismos.
—Mi ética y mi moral son mi problema —gruñó furioso sentándose tras el escritorio.
—Tu problema me afecta directamente.
—Estoy seguro de que encontrarás la forma de desahogarte —espetó molesto
Se volteó furiosa y apoyó los puños sobre el escritorio para acercarse a él.
—No soy como tú, Edward. Yo sí tengo una ética y moral coherentes y mi ética y mi moral me impiden desahogar con cualquiera la excitación y necesidad que tú me has provocado. —sentenció colérica antes de abandonar el despacho.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic y gracias por leer.
Dejo un adelanto del próximo capi:
—¿Estás bien? —inquirió preocupado adentrándose en el despacho y cerrando la puerta tras él.
—Perfectamente —respondió nuevamente sin dirigirle una mirada.
—Hey, Bella —indagó preocupado sentándose frente a ella —¿Va todo bien?
Bella levantó la vista y le dirigió una mirada completamente carente de sentimientos.
—Perfectamente —repitió.
—¿No has tenido una buena noche? —dijo con la vista recayendo en sus enormes ojeras.
—He tenido una noche maravillosamente buena, pero he dormido poco —sonrió desdeñosa
En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.
Besitos y a leer!
Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO
