Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 15
La forma tosca en la que Edward se dirigía a Bella no pasó desapercibida para nadie en la empresa.
Especialmente para su hermano.
—¿Qué coño pasa con Bella? —le soltó a bocajarro después de una reunión de la junta en cuanto todos habían abandonado la sala
—¿A qué te refieres?
—No te hagas el idiota conmigo. ¿Qué coño te pasa? Últimamente sólo le ladras. Es la mejor abogada que podíamos haber siquiera soñado. Es rápida y perspicaz, y tú no haces más que tratarla como si fuera una escoria. Se largará de la empresa y será sólo tu culpa.
—No la trato diferente que a los demás.
—Venga ya, Edward. ¿Crees que soy tonto? Estás todo el tiempo gruñendo y gritando, pero todo se magnifica cuando Bella está aquí. ¿Qué te pasa? ¿Tienes problemas con Tanya? ¿Con Chelsea? ¿Los chicos?
—No tengo problemas con nadie —gruñó
—Entonces ¿cuál es el problema con Bella?
—No sé. No termina de gustarme.
—¿No termina de gustarte Bella? —inquirió Emmett extrañado —¿Y eso por qué? ¿Estabas encantado con ella?
—¿Crees que coquetea con Alec?
—Oh, por Dios —rió divertido —Alec babea detrás de ella todo el tiempo y ella le corta tajante cada vez. A Bella no le interesa Alec en absoluto.
—Yo la vi coquetear con él, y si lo que tú dices es así y ella no está interesada, entonces está jugando con él.
—Oh, por Dios, Edward, no lo dices en serio.
—Desde luego que lo digo en serio —gruñó indignado —No quiero ver sufrir a mi hijo. Alec está enamorado de ella y ella se burla de él.
—¿En verdad lo piensas?
—Desde luego.
—Oh, por Dios. Voy a explicarte algo, el único interés de tu hijo en Bella es para conseguir tirársela. Si algún día lo lograra, cosa que no hará, dejaría de hablarle y volaría a su próxima conquista.
—¿Insinúas que Alec es un cretino?
—No, pero es un chico de veinticuatro que le gustan las chicas y le gusta divertirse. Sé que ese es un concepto desconocido para ti, porque a su edad ya cargabas con una gran familia a cuestas y toda la responsabilidad inherente, pero no es nada extraño que el chico quiera divertirse. Créeme, Edward, Bella no va a partirle el corazón. Ahora bien, si tu razón para tratar a Bella de esa forma es por Alec, déjame decirte que no vale la pena. No te metas en eso, Edward. Y no maltrates a nuestra abogada, porque si se va y me deja colgado, yo mismo voy a patearte el culo —sentenció su hermano sin que pareciera una broma.
Un par de semanas después de esa charla con Emmett y un mes después de su encontronazo con la chica, Edward aún no olvidaba el perfume de su sexo y lo tibio de su piel.
Pero después de ese tiempo sin volver a encontrarse ni enfrentarse, se sentía más relajado y distendido.
Cuando le dijo a Bella que tenían que viajar a Buenos Aires por cinco días, realmente creía que podrían sobrellevarlo.
—Al fin nos toca viajar a un lugar en el que hace calor —comentó Bella recostándose en el asiento del avión con ánimos de romper el hielo.
Edward la observó sonriendo.
—¿No te gusta el frío?
—Odio el frío —sentenció con rotundidad.
—Tal vez Seattle no sea el mejor lugar para vivir.
Bella sonrió mirándole divertida.
—Yo nací y viví en Forks hasta los dieciséis ¿Conoces Forks?
—No.
—Es el lugar más lluvioso de los Estados Unidos.
Edward se carcajeó.
—Es raro que no hayas querido huir a California o a Hawai en cuanto tuviste la oportunidad.
—Seattle es donde están mis raíces, sin importar que no me quede familia allí —dijo con un leve dejo de tristeza.
—Entiendo. ¿Nunca pensaste en instalarte en otro sitio?
—Mi ex novio era de Nueva York y su intención era instalarse allí al acabar la universidad. Siempre dio por hecho que yo iría con él y en algún momento yo lo creí también.
—¿Qué sucedió?
—Yo no estaba tan segura de que lo correcto fuese seguir sus planes.
—¿Cuáles eran sus planes?
—Mudarnos a Nueva York, entrar a trabajar al bufete de su padre y supongo que casarnos allí y allí instalarnos.
—¿Por qué no te gustaban sus planes?
—No lo sé. No fue una decisión puntual. Simplemente en algún momento me di cuenta que quería algo más, algo diferente. Cuando le planteé a Jacob que me gustaría buscar un trabajo por mi cuenta, se puso furioso. Dijo que si no estaba preparada para formar parte de su bufete familiar, tal vez no estaba preparada para formar parte de una familia con él.
—Vaya. Un poco tajante.
—Bastante, sí —reconoció Bella —Le dije adiós y volví a casa.
—¿Te arrepientes alguna vez?
—Nunca.
—Qué bueno que no te arrepientas de tus decisiones.
—¿Tú te arrepientes de muchas de tus decisiones?
—Algunas —confesó apesadumbrado.
—¿Por ejemplo?
—No haber insistido en ir a comprar condones, aunque Chelsea asegurara que era imposible que quedara embarazada en esos días.
—¿Te arrepientes de haber embarazado a tu novia de instituto?
—Sí, siempre.
—¿De verdad?
—No me malinterpretes. Amo a mis hijos. Más que a nada en el mundo. Aún con sus caprichos y excentricidades, les amo y daría mi vida por ellos, y no les cambiaría por nada. Pero creo que las circunstancias de sus nacimientos no fueron las mejores para ellos. Chelsea y yo ni siquiera éramos novios en esa época.
—¿No era tu novia?
—No. Era sólo una compañera de clase muy guapa con la que teníamos sexo ocasional, pero salvo eso no teníamos nada en común. Vernos de pronto, juntos, casados y con dos niños pequeños, fue un desastre para nosotros y para los niños. Durante años suplimos sus carencias afectivas con bienes materiales, convirtiéndoles en niños materialistas, caprichosos, acostumbrados a tener todo lo que se les antojase por muy ridículo que pudiese ser. Creo que de haber tenido a mis hijos con alguien a quien amara o que me amara a mí, o al menos siendo algo mayor, más maduro o más adulto, les habría hecho más felices.
—¿Por qué lo dices?
—Yo me pasé toda su vida trabajando. El tiempo que no estaba en la empresa, estaba con ellos, pero nunca compartía nada con su madre. Siempre me sentí muy enfadado con Chelsea, aunque sé que no tenía derecho. Yo tenía grandes planes para ir a la universidad y vivir la vida de un chico de veinte años. No quería vivir a los veinte la vida de un hombre de treinta o cuarenta. Estaba tan enfadado que no respetaba a Chelsea. Casi no nos hablábamos, nuestras únicas conversaciones surgían cuando necesitaba dinero para ella o para los chicos. Ella lo pedía, yo se lo daba y se acababa nuestra charla.
—¿Cuánto tiempo estuvisteis casados?
—Diez años.
—Vaya. Mucho tiempo para llevar una vida así.
—Sí, demasiado. Tenías que vernos, era patético. Cubríamos las apariencias en las reuniones y fiestas familiares, pero en cuanto entrábamos en nuestra casa todo se acababa. Incluso el sexo, no había palabras cariñosas. Algunas veces no había palabras de ningún tipo. Nos desnudábamos, me acostaba sobre ella y lo hacíamos. Se corría, me corría y cada uno nos girábamos de espaldas y nos dormíamos. Dios —se quejó —sé que Chelsea se portó muy mal embarazándose a propósito y engañándome como lo hizo, pero yo fui un soberano hijo de puta con ella. Y no creo que fuera bueno para los chicos ver la forma insoportable en la que se trataban sus padres. O tener que ver a su padre siendo un cretino con su madre.
—¿Cómo te llevas con ella ahora?
—Muy bien. —reconoció —Después del divorcio, Chelsea conoció otro tipo con el que se casó cuatro años después. Es un buen hombre. Con el tiempo ella se disculpó, yo me disculpé y ahora nos llevamos bien.
—¿No tuvo más hijos?
—No. Creo que su cuota de niños se vio sobrepasada después de dos gemelos en la adolescencia. Y a ti, ¿te gustaría tener niños?
—No lo sé. Nunca me lo he planteado. Hoy en día no es para mí una necesidad en sí misma, pero supongo que tal vez algún día lo desee. O quizás no, quién sabe.
—Haces bien en tomártelo con calma. Los hijos son una bendición y una delicia, pero todos, padres e hijos, son más felices cuando ellos llegan en el momento correcto. —aseguró
Esa charla amable y agradable fue el preámbulo para cinco días relajados y distendidos.
Las negociaciones fueron arduas pero finalmente los acuerdos se firmaron tal como Cullen Holdings ofrecía.
Esa última noche, los empresarios locales les llevaron a cenar a la zona de Puerto Madero.
Cenaron una exquisita y típica parrillada, degustando la carne más deliciosa que hubiesen probado jamás, acompañada por exquisito vino tinto.
Después de la cena les llevaron a una discoteca, donde Bella, con su diminuto vestido negro, se convirtió en la sensación.
Todos los hombres del local se la disputaban peleando por coquetear con ella.
La chica, algo achispada por el vino de la cena más las bebidas a las que la invitaron, reía sin parar sintiéndose mareada y divertida.
Edward se sintió a punto de estallar cuando vio a un joven apoyar firmemente y con descaro, la mano sobre las nalgas de Bella.
Y supo que tenía que volver al hotel, cuando Bella le dio un suave cachete al chico, riendo con desparpajo.
El gerente anfitrión, les dirigió al hotel, mientras le explicaba a Bella, qué era cada edificio que cruzaban en su trayecto.
Se sentía mareada y relajada.
Cuando el coche se detuvo frente a la puerta del hotel, Edward tuvo que ayudarla a bajar para evitar que se diera de bruces contra el suelo.
Se despidieron manteniendo las formas, pero cuando las puertas del ascensor se cerraron, Bella tuvo que recostarse en la pared.
—Vaya —exclamó divertida —Creo que estoy borracha —confesó haciendo sonreír a su jefe.
—Yo también lo creo.
—¿Que estás borracho?
—Que tú lo estás.
Edward la acompañó hasta la puerta de la habitación y tuvo que encargarse de abrirla.
—¿Crees que estarás bien? —preguntó al verla caminar tambaleante hasta la cama.
—Supongo —dijo levantando las manos para intentar alcanzar la cremallera del vestido que recorría toda su espalda.
—Déjame a mí —Se acercó a ella al verla tironear sin éxito de la cremallera.
No fue una buena idea, pensó en cuanto la cremallera abierta alcanzó el final.
La espalda de Bella estaba completamente desnuda, revelando la ausencia de sujetador, y la abertura que alcanzaba sus caderas, dejaba a la vista una fina tira de encaje gris que separaba sus glúteos desnudos.
Tenía que salir de allí cuanto antes, pero sus pies parecían clavados al suelo de la habitación.
Bella se recostó en su cuerpo con un suspiro y dejó resbalar el vestido por su cuerpo hasta que cayó al suelo.
La erección de Edward golpeaba con insolencia en su espalda.
—Deberías irte a la cama —murmuró intentando que se alejara de él.
—Y tú deberías acompañarme —aseguró ella llevando su mano hasta el firme bulto y dándole un apretón.
—No es una buena idea.
—Es la mejor que se me ha ocurrido jamás —aseguró volteándose de frente a él.
Las manos de Edward fueron raudas hacia sus pechos, mientras Bella bajaba la cremallera de sus pantalones para liberar el miembro grueso y palpitante.
La boca de Edward descendió sobre la de la chica y la besó con pasión mientras sus manos sobaban y apretujaban los pechos inflamados.
Los dedos de Bella se cerraron sobre su falo haciéndole gemir.
La rodeó con sus brazos y la estrechó contra él sin dejar de besarla. Bella se removió nerviosa entre sus brazos acercando su pubis inflamado a la gruesa erección.
Nunca supo qué fue lo que le sacó de su estado, un ruido fuera de la habitación, los gemidos de Bella o sus propios jadeos, pero en sólo un instante toda la realidad le golpeó y se separó de la mujer.
—¿Qué coño estoy haciendo? —gruñó acomodando su ropa.
Antes de que Bella llegara a comprender lo que sucedía, abandonó la habitación, dejándola excitada y necesitada.
Capi especial para las lectoras de Argentina.
La cosa se está poniendo cada vez más calentita, aunque Edward se quiera resistir.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic y gracias por leer.
Dejo un adelanto del próximo capi:
—Eres un cerdo —espetó furiosa levantando sus carpetas.
—No hace falta que cierres al salir —dijo cuando ella se dirigió con grandes zancadas hacia la puerta —Dile a Tanya que puede pasar, por favor.
—Podrás follártela a ella si quieres —rugió con indignación volteándose a verle —Pero tú y yo sabemos que tu erección es mía. He sido yo quien te la ha provocado. Y será en mí en quien pienses cuando estés dentro de ella.
La observó con una mirada cargada de desdén, aunque su conciencia reconocía la verdad en todas y cada una de las palabras de la chica.
En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.
Besitos y a leer!
Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO
