Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 16
Después de ese viaje, Edward evitó a Bella tanto como le fue posible.
No volvió a reunirse con ella a solas, ni volvieron a viajar.
Dedicó los dos meses siguientes a intentar afianzar aún más su relación con Tanya, y una vez cada quince días, la invitaba a cenar con él y sus hijos.
Pero, nunca, ni una sola vez, pudo irse a la cama con ella sin recordar los besos de Bella, sus pechos pequeños y femeninos entre sus manos, y la pequeña y suave mano de la chica acariciando su pene inflamado.
Antes de acabar el año le quedaba una última prueba de fuego que sortear, pero ya tenía todos sus planes decididos.
Ese fin de semana era la fiesta de la empresa, a la que iría acompañado de Tanya.
Dos días después partiría en el último viaje del año que haría con su abogada a Roma.
Todo estaba decidido.
Volvería a casa el último día del año, y esa misma noche, le propondría matrimonio a su novia.
Sabía que no amaba a Tanya, pero también sabía que no encontraría una pareja más adecuada.
Era lo que tenía que hacer y era lo que iba a hacer.
Ese día Emmett no había ido a trabajar, por eso, cuando la abogada necesitó el visto bueno para unos contratos que tenía que finiquitar, se vio obligado a ser él quien se reuniese con ella.
—Necesito que te mires estos contratos —dijo entregándole los dossiers y sentándose frente a él.
Sin contestar se dedicó a revisar los documentos.
No podía mirarla. Ese día estaba particularmente hermosa. Llevaba el cabello semirecogido y un maquillaje suave que le daba luz a su rostro.
La camisa blanca se veía suave y apenas dejaba translucir el sujetador oscuro que llevaba debajo.
—Me parecen perfectos —dijo pasando los dossiers por encima de la mesa hacia ella. La sonrisa sarcástica en el rostro de la joven le irritó —¿Qué?
—Nada —sonrió ella divertida
—¿Qué pasa? —insistió
—Me pregunto si ya te sientes más tranquilo.
—¿A qué te refieres?
—Ya has comprobado que puedes reunirte conmigo sin que salte sobre ti.
—No sé qué quieres decir.
—Aunque tal vez lo que sientes es miedo a ser tú quien no pueda resistirse.
—¿Resistirme a qué?
—A tirarte sobre mí —sonrió petulante.
—Por Dios, Bella, eres una niña.
—Tal vez, pero te pongo más duro que cualquier cuarentona.
—Tienes la edad de mi hijo.
—Físicamente, Edward. Sólo físicamente. Tu hijo es un crío. Un niñito malcriado.
—Y supongo que a ti no te van los niños —arguyó
—A mí me van los hombres, Edward. No me importa el año en que nacieran, ni la edad que refleje su documento de identidad. Me da igual si tienen veinticinco, cuarenta y tres o dieciocho. Me importa que sean maduros, adultos y sepan lo que quieren.
—¿Y crees que yo sé lo que quiero? —indagó con voz ronca a la vez que se acercaba a ella amenazador.
—Diría que sí —murmuró sintiéndose levemente preocupada pero terriblemente excitada.
La tomó por la cintura en un movimiento rápido levantándola de su asiento y la estrechó contra él para hacerle sentir su erección contra su vientre.
—¿Qué dirías que es eso que crees que quiero? —preguntó seductor
—Lo que yo también deseo. Tumbarme sobre la superficie horizontal más próxima y hacerme el amor.
—Yo no hago el amor, Bella. Sólo follo. —rugió hosco.
—Entonces, fóllame, Edward
La voz de Zafrina resonó a través del intercomunicador.
—Edward, Tanya Denali está aquí.
LE miró con atención antes que Edward la soltara alejándose de ella con rapidez.
—Un momento, Zafrina. —pidió mientras presionaba el botón del aparato.
Apretó su erección a través de la tela del pantalón e inspiró profundamente buscando calmarse.
Bella, aún desconcertada, buscaba ralentizar su respiración.
—Adelante con los contratos, Bella —dijo sin voltearse a verla mientras se dirigía a su asiento tras el escritorio.
—¿Disculpa? ¿Qué has dicho?
—Que tienes el visto bueno para los contratos. Puedes pasárselos a Emmett por correo, pero dile que yo ya te he dado el visto bueno.
—¿Eso es todo lo que vas a decir después de lo que acaba de suceder? —preguntó incrédula y rabiosa.
—Nada sucedió y mi novia está esperando, Bella —respondió con acritud —Así que ya hemos terminado por hoy.
—No hemos terminado —gruñó furiosa.
—Sin berrinches, por favor.
—¿Sin berrinches? ¿Qué coño quieres decir con eso? ¿Me estás tratando de niñata?
—Estoy acostumbrado a los berrinches, Bella. Jane se comporta de la misma forma cuando le bloqueo la tarjeta de crédito.
—Eres un cerdo —espetó furiosa levantando sus carpetas.
—No hace falta que cierres al salir —dijo cuando ella se dirigió con grandes zancadas hacia la puerta —Dile a Tanya que puede pasar, por favor.
—Podrás follártela a ella si quieres —rugió con indignación volteándose a verle —Pero tú y yo sabemos que tu erección es mía. He sido yo quien te la ha provocado. Y será en mí en quien pienses cuando estés dentro de ella. Este jueguecito se acabó para mí, Edward. Espero que nunca te arrepientas.
La observó con una mirada cargada de desdén, aunque su conciencia reconocía la verdad en todas y cada una de las palabras de la chica.
Esa noche cenó en casa de Tanya, y todo parecía ir bien, hasta que llegó la hora de irse a la cama.
Se desnudaron, se besaron y acariciaron y Edward le provocó un orgasmo con su boca y sus manos.
Finalmente, necesitado, la penetró.
La embestía con vaivén furioso, pero no lograba encontrar su desahogo.
Tanya le esperaba y le recibía jadeante y entregada.
Un nuevo orgasmo se gestó en el cuerpo de la mujer y estalló con intensos espasmos, pero el clímax de Edward le era esquivo.
Finalmente, agotado física y emocionalmente; y sobre todo frustrado y resignado, abandonó el cuerpo de su novia para tumbarse en la cama a su lado.
Por mucho que lo intentara no podía borrar de su mente y sus pensamientos, el encuentro que había tenido esa tarde con Bella.
Ella había tenido razón. Era como una maldición.
Podría follarse a Tanya pero era en Bella en quién pensaba, y la frustración de saber que cualquier tipo de relación personal con la abogada era imposible, le impedía relajarse y alcanzar el clímax.
Tanya se puso de lado para observarle sin ocultar su preocupación.
Su antebrazo sobre sus ojos le impedía mirarla y enseñarle en su mirada, lo confuso de sus sentimientos.
—¿Estás bien, cariño? —preguntó la mujer
—Sí, estoy bien.
—¿Qué sucede, Edward? Esto nunca te había sucedido.
—Lo sé. Lo siento, Tanya, creo que tengo demasiadas cosas en la cabeza y no logro relajarme.
—No, querido, soy yo quien lo siente. Déjame ayudarte —pidió llevando su mano al miembro erecto del hombre.
—No, Tanya —le detuvo asiendo su mano —No hace falta.
—¿Por qué no? Déjame hacerlo.
—No, de verdad. Estoy bien.
—¿No quieres contarme al menos qué es lo que te atormenta? ¿Problemas en el trabajo? ¿Con los chicos?
La observó pensativo y esbozó una pequeña sonrisa. Sus problemas eran justamente eso. Problemas en el trabajo y con los chicos.
Su problema era Bella. Su nueva abogada, a la cual pretendía su hijo. Todo en uno.
—Un poco de todo, supongo —sonrió con tristeza antes de sentarse en la cama —Hoy no soy una buena compañía, Tan. Creo que me iré a casa.
—No, Edward, no tienes que irte…
—Lo siento, Tan, creo que será lo mejor. Te llamaré mañana. —prometió mientras se vestía.
—¿Estás seguro?
—Sí. Hasta mañana, querida —se despidió besando suavemente a la mujer que lo acompañó a la puerta.
—Edward —le llamó ella antes de que saliera.
—Dime.
—El sábado es la cena de la empresa…
—Sí.
—¿Sigues queriendo que te acompañe? —preguntó recelosa cuando le abrió la puerta
—Desde luego que sí. ¿Tú no quieres acompañarme?
—No, claro que sí. Es sólo que no sabía…
—Tan, no te preocupes por lo de hoy. Está todo bien, de verdad.
—Bueno, me alegro que así sea.
—Y yo. Te llamaré mañana. —se despidió y abandonó el departamento.
.
—Creo que debes presentarte en la cena de navidad con su hijo —sugirió Alice a su amiga esa noche mientras cenaban en el salón —Eso debes hacer.
—Sería un golpe bajo —se quejó Bella.
—Es lo que se merece ese cabrón —apoyó Jessica —Y si puedes tirártelo delante de él, mejor aún.
—No puedo, ni quiero, tirarme a Alec…
—Venga ya, ¿por qué no? Al fin y al cabo el chico está bueno.
—Quizás porque tiene dos dedos de frente, pero además ¿cómo podría luego volver a la oficina y tener que seguir viéndole después de tirármelo?
—Simple, le dices que no es bueno en la cama y que no quieres perder el tiempo con él
—No puede hacer eso, Jess —discutió Angela
—No puedo hacerlo —concordó Bella
—Tal vez no tengas que tirártelo. Dile a Alec que aceptas su invitación pero sólo como amigos.
—Pensará que puede obtener más.
—Alice tiene razón —reconoció Angela —Tal vez piense que puede obtener más pero tú no lo habrás ofrecido, así que será fácil negarte.
—No sé en qué podría beneficiarme eso.
—Estoy segura de que Edward Cullen no se quedará tan tranquilo de verte coqueteando con su hijo.
—No puedo coquetear con Alec —gimoteó
—Claro que puedes y lo harás —ordenó Jessica —O yo misma le diré a la novia de ese tipo que su novio te está metiendo mano.
—Ojalá me estuviera metiendo mano —suspiró soñadora
—Tienes que darle a probar un poco de su propia medicina —aconsejó Jess
—Lo que tengo que hacer es dejar de humillarme por un tipo que no se lo merece. Ya m he prometido cientos de veces que esperaría que él diese el siguiente paso, pues bien, si no lo hace, que se vaya al diablo, él y su doble moral.
—Estoy de acuerdo contigo, pero hacerle hervir de celos también está bien.
Suspiró pensativa sopesando sus opciones, pero no fue hasta la mañana siguiente que finalmente se decidió a seguir las sugerencias de sus amigas.
—Hola, muñeca —La voz melosa de Alec la sacó de su ensimismamiento cuando se le acercó por detrás para hablarle al oído.
—Buenos días, Alec —saludó con voz cansina alejándose de él.
—¿Cómo has dormido, muñeca? —dijo el chico sentándose sobre el escritorio de Bella
—Muy bien —mintió —¿Qué tal tú?
—Muy mal —dijo llorón.
—¿Sí? —Se preocupó —¿Por qué?
—Mi cama estaba muy vacía —gimoteó el joven.
Bella rodó los ojos sintiéndose ridícula por haber caído en un juego tan tonto.
—Tal vez podrías ayudarme con eso.
—Siempre puedo regalarte un osito de peluche —ofreció y le hizo carcajear.
—No era en lo que estaba pensando exactamente, pero si al menos le pusieras tu perfume...
—Eso es demasiado cursi para un dandi como tú, Alec —se burló levantándose de su lugar para dirigirse a la fotocopiadora que había fuera de su despacho en la zona común del departamento jurídico.
—¿Da resultado? —preguntó Alec que la había seguido.
—No lo creo.
—Ok, seguiré intentándolo —prometió.
Edward entró en el departamento en busca de Emmett y la mirada letal que les dirigió la ayudó a decidirse.
—Alec, ¿sigue en pie tu invitación para que te acompañe a la cena de navidad? —preguntó ganándose una mirada sorprendida del chico.
—Desde luego, muñeca. ¿Me harías el honor?
—Me encantaría ir contigo —aseguró terminando de hacer las fotocopias a los documentos que llevaba consigo.
—Entonces está hecho. Al fin las cenas de navidad dejarán de ser un coñazo —rió Alec — Y ahora volveré a mi sitio antes que mi papi me regañe —dijo conspirador y salió del departamento.
Escuchar las palabras de Bella para su hijo, le enfureció. Así que cuando la vio salir del departamento rumbo al archivo, terminó su conversación con Emmett y salió tras ella.
La alcanzó a mitad del pasillo y la retuvo tirando de su brazo para obligarla a entrar en la sala de juntas vacía.
—¿Qué coño haces? —se quejó Bella sacudiendo su brazo para soltarse de su mano.
—¿Qué coño haces tú? ¿Qué crees que estás haciendo coqueteando con Alec? —indagó furioso acorralándola contra la puerta cerrada.
—No es de tu incumbencia. ¿No has dicho acaso que debería salir con un chico como Alec?
—No juegues conmigo, Bella —gruñó amenazador cogiendo su mentón con rudeza.
—Me haces daño —gimió Bella ante su duro agarre.
—Podría hacértelo si juegas conmigo.
—¿Qué diablos quieres de mí, Edward? Me has dicho que soy una chiquilla.
—Lo eres y ahora mismo te estás comportando como tal.
—Pude haberte demostrado cuán mujer soy —susurró —Si sólo me hubieras dado la oportunidad.
La soltó furioso e incómodo y se alejó de ella.
—No estoy interesado, gracias —replicó iracundo —No me gusta acostarme con niñas —agregó con desdén.
—Porque sabes que no te bastaría con una vez y tienes miedo de perder tu adorado control.
—Te crees irresistible.
—No, pero sé que lo soy para ti. Pero si estás tan seguro de no estar interesado, entonces déjame en paz.
—No te atrevas a involucrarte con mi hijo —ordenó
—O si no, ¿qué harás?
—No me presiones, Bella. No me presiones —aconsejó y salió de la sala con un portazo.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic y gracias por leer.
Dejo un adelanto del próximo capi:
—Bella —dijo él, recostado indolente contra la pared con una copa de champagne en la mano.
—Edward —respondió bajando su mirada nerviosa.
—¿Te diviertes?
—Mucho. Es una fiesta magnífica —aseguró mirándolo nuevamente —¿Tú te diviertes?
—Me divertiría más si no estuvieses aquí —afirmó con rudeza haciéndola sonrojar.
En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.
Besitos y a leer!
Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO
NOVEDAD: En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic
