Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 19
No había querido dormirse temerosa de que Edward desapareciera mientras dormía, pero después de que la masturbara, haciéndole el amor con sus dedos y su lengua, de forma más tranquila y sosegada, no pudo evitar dormirse entre los brazos del hombre que amaba.
Edward había tardado más en hacerlo, apabullado por los sentimientos que lo invadían, pero finalmente había sucumbido y se había dormido con la mujer que más había deseado en toda su vida, recostada sobre su pecho.
Bella despertó acoplada al cuerpo de Edward pero se negó a alejarse de él.
Las manos de Edward recorrían su espalda acariciantes.
Edward notó el cambio en el ritmo de la respiración de la chica y supo que estaba despierta aunque no se hubiera movido.
—¿Estás bien? —preguntó en un susurro.
—Sí —respondió ella también con voz muy baja.
—¿Qué sucede? ¿En qué piensas?
—Intento comprender si estoy soñando o no —confesó haciéndole reír suavemente.
—Mis sueños nunca son tan buenos —reconoció él.
—Tampoco los míos, aunque siempre que sueño contigo suelen ser sueños bastante buenos.
—¿Sueñas mucho conmigo?
—Un poco —reveló sintiéndose avergonzada.
Edward se quedó en silencio pero la estrechó más contra su pecho.
—Sabes que no será fácil, ¿verdad? —dijo él por fin después de un largo silencio.
—¿Qué quieres decir?
—No importa que nosotros lo aceptemos, no será fácil. Tenemos una larga lucha por delante, lo sabes.
Bella levantó el rostro para clavar su mirada en el ceño fruncido de él.
—¿Qué quieres decir? —repitió
—Dios, Bella. Me gustas. Me gustas mucho y te deseo aún más. No tengo fuerzas para seguir resistiéndome a ti y a esto que siento por ti. Estos seis meses han sido muy largos y no quiero seguir así. Pero eso no cambia que tengo edad suficiente para ser tu padre.
—Dios, Edward, sabes que eso es una tontería.
—Mis hijos tienen tu edad, Bella.
—Pero es porque fuiste padre muy joven.
—Por lo que sea. No digo que no tengas razón, pero sin importar por qué razón, mis hijos tienen tu edad. ¿Crees que nadie tendrá nada que decir sobre el hecho de que esté saliendo con una chica que tiene la edad de mis hijos? Mi hijo te pretende.
—Ya te lo he dicho cientos de veces. Lo hace sólo porque le he dicho que no. No está enamorado de mí.
—Eso no importa, cariño. Conozco a Alec y va a ponerse en contra. Tal vez justamente por eso. Porque le has rechazado en mi favor.
—¿Entonces qué? ¿Qué vamos a hacer? ¿Tengo que resignarme a no estar contigo? —sollozó
—No he dicho eso —le corrigió —He dicho que no será fácil. No sólo tienes sólo un año y medio más que mis hijos, sino que mi propio hijo está interesado en ti y además de eso, trabajas para mí. Tienes que saber que habrá muchos comentarios y cotilleos sobre nosotros. Sobre mí y mi gusto por las jovencitas, y sobre ti y tu interés por el jefe. Sólo quiero que lo tengas en cuenta, cariño, porque tendremos que enfrentarlo tarde o temprano.
—Si tú estás conmigo, no me importa. Pelearé contra el mundo si a cambio de eso tú estás conmigo.
—Quiero estar contigo, Bella. No hay nada que desee más. —aseguró haciéndola sentir satisfecha.
—De todos modos, he pensado en dimitir así que tal vez sea lo mejor para que nadie diga que estoy contigo porque eres mi jefe.
—¿Dimitir? —inquirió Edward mirándola sorprendido.
—Sí, quizás sea lo mejor.
—Tú deliras, cariño —sonrió petulante —Eres la mejor abogada de la ciudad. Summa cum laude en Yale. ¿Crees que voy a dejarte marchar solo para no sentir cada día la tentación de hacerte el amor en mi despacho? Tú estás loca, cielo.
—¿Y qué harás cuando sientas la tentación de hacerme el amor en tu despacho? —ronroneó sugerente acostándose sobre él.
Los labios de Edward se posaron sobre su cuello a la vez que llevaba las manos a los glúteos de la chica y los estrujaba entre ellas.
—Cerraré la puerta y desconectaré el teléfono.
—¿Y luego? —preguntó restregando sus ingles contra el pene erecto que golpeaba contra ella.
—Te levantaré la diminuta falda que lleves ese día, de esas que usas sólo para enloquecerme —dijo sin saber cuánto se acercaba a la realidad.
Movió su pene contra la raja de ella que se inflamaba y humedecía deseosa.
—¿Crees que las uso para enloquecerte?
—Tal vez no, pero me enloqueces de todas formas. —confesó girándose para tumbarla sobre la cama
—¿Qué harás luego? —preguntó ella sonriente.
—Te arrancaré las braguitas —dijo separando las piernas de ella para bajar sus labios por el pecho y el vientre de la chica, hasta alcanzar su Monte de Venus.
—¿Y después? —jadeó excitada a la vez que separaba más las piernas para que él se colocara entre ellas.
—Te comeré tu delicioso coñito —dijo respirando sobre su clítoris palpitante.
—¿Qué más?
—Te lo comeré y haré que te corras varias veces para que estés muy mojada y muy abierta para mí.
—Enséñamelo —rogó
—Ahora mismo —aceptó él a la vez que con sus dedos separaba los labios íntimos que escondían su vagina.
Se dedicó a lamer sus pliegues, dando pequeños toques a su clítoris e introduciendo por momentos su lengua en su interior.
Su técnica la excitó y la enloqueció, y tal como él preveía su sexo se llenó de una espesa crema que él se ocupó de saborear.
Los dedos de Edward la mantenían completamente expuesta.
De tanto en tanto la penetraba con un dedo y daba suaves toques en lo más profundo de su canal haciéndole perder la razón.
Coló un dedo y luego dos y sus músculos lo ciñeron con fuerza, aunque ella dio un respingo.
Se deleitó con lo estrecho de su sexo, pero comprendió que debía ser muy cuidadoso con ella.
Aún debía estar dolorida por lo sucedido la noche anterior, cuando la había penetrado antes de prepararla completamente.
La segunda vez la había hecho correrse masturbándola, aunque ella le hubiera asegurado que podía volver a tomarlo.
Era un tipo grande. Lo sabía.
A lo largo de su vida, más de una vez no había podido concretar la penetración por su tamaño, por lo que no acostumbraba tener encuentros casuales.
Pero no podía resignarse a no hacerlo con Bella. La necesitaba demasiado, así que la prepararía hasta que se acostumbrara a él, y estaba seguro de que sería maravilloso, tanto como lo había sido la noche anterior.
Bella se sentía arder, y cada nuevo lametazo de la lengua de Edward o cada embestida de sus dedos, la encendía un poco más.
Edward no le dio tregua y le dio dos orgasmos en solo unos momentos.
Los dedos de Edward se mantenían en su interior cuando satisfecho acercó sus labios a los de ella y la besó haciéndola degustar su propio sabor.
—¿Estás bien, cielo?
—Mucho, pero necesito que me hagas el amor.
—Tranquila —la calmó —Estoy seguro de que estarás dolorida.
—Por favor, Edward —suplicó —Te necesito dentro de mí.
—Estás muy cerrada, cariño, no podré tomarte sin hacerte daño.
—Por favor —repitió separando más sus piernas —¿No lo deseas?
—En este momento, más que nada en el mundo.
—¿Entonces? Yo te necesito, tú me necesitas...
—Sólo déjame prepararte —pidió comenzando a bombear nuevamente en su interior con sus dos dedos.
Bella jadeó cuando los labios de Edward se cerraron sobre su pezón erguido mientras sus dedos continuaban acometiendo en su interior.
Su vagina volvió a humedecerse y Edward introdujo otro dedo en ella.
Cuando la sintió suficientemente dilatada introdujo un dedo más. Bella dio un respingo con un gemido pero rápidamente se adaptó a la penetración.
Edward se correría antes de penetrarla si no se daba prisa. Verla retorcerse jadeante entre sus brazos lo volvía loco y lo excitaba sobremanera.
—Tengo que hacértelo, Bella —gimió contra su hombro
—Házmelo —rogó ella y decidió obedecerla
Sacó sus dedos del interior de la chica y muy lentamente coló su grueso miembro en su abertura.
Sin tregua comenzó a moverse sobre ella llevándola a la locura. La embistió una y otra vez hasta que la tuvo jadeante retorciéndose entre sus brazos.
Cambió ligeramente el ángulo de su penetración y la enloqueció al golpear su punto G.
Bella se corrió entre gritos y jadeos y él la siguió gruñendo al descargar su semilla en su interior.
Esa mañana tenían que visitar las oficinas de Volterra, pero tenían tiempo suficiente para remolonear en la cama antes de desayunar.
Después de compartir la enorme ducha pidieron el desayuno al servicio de habitaciones y se sentaron a desayunar.
Después de un largo silencio, Bella se decidió a poner sus miedos en palabras.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó sin atreverse a mirarle
—Tengo planes —aseguró petulante
—¿Me los explicarás?
—¿Qué planes tenías para año nuevo?
—Ninguno —confesó —Volver a casa, ver qué me han dejado mis amigas para cocinar y supongo que ver en televisión el descenso de Times Square.
—Bien. Pues entonces tus planes han cambiado —sonrió llamando su atención. —Entre hoy y mañana acabaremos con lo de Volterra y luego, en vez de coger un vuelo a Seattle, nos iremos a Venecia, para pasar la Noche Vieja allí.
Bella le observó sorprendida.
—¿Lo dices en serio?
—Completamente.
—Pero, ¿y tú? ¿no tenías planes?
—Los cancelaré —aseguró pensando en que debería llamar a Tanya y tener una excusa pensada para ese momento.
—¿Estás seguro?
—Completamente. ¿No te gustaría que pasáramos unos días juntos y solos en Venecia antes de volver a Seattle?
—Diablos, Edward, desde luego que sí. No puedo imaginar algo que me pudiese gustar más —aseguró risueña saltando de su asiento para sentarse en el regazo del hombre.
—Pues, entonces, está decidido, cielo. Será maravilloso.
Bella se acurrucó en sus brazos mientras él acababa su taza de café.
—¿Puedo preguntar cómo seguiremos de aquí en más? —indagó con timidez
—¿A qué te refieres?
—El día de la fiesta dijiste que ibas a casarte con Tanya.
—Lo sé —reconoció estrechándola en sus brazos.
—¿Todavía vas a hacerlo?
—Desde luego que no. Pensaba pedírselo al volver de Roma, así que aún no lo he hecho, pero sé que sería una locura casarme con Tanya.
—¿La amas?
—No. Nunca la he amado pero nunca he creído en el amor, así que lo que teníamos con Tanya estaba bien para mí.
—¿No crees en el amor? —inquirió sorprendida
—No.
—¿Y por qué ibas a casarte con ella?
—Ya te lo he dicho. Lo que teníamos con Tanya me servía. Es una buena mujer, inteligente, divertida. Es una grata compañía y teníamos buen sexo —explicó —Pero entonces apareciste tú, y mi buen sexo con Tanya se fue al garete. No puedo estar con ella sin pensar en ti. Sin recordar los besos que nos hemos dado, las veces que te he tocado, las que tú me has tocado a mí. Llevo meses teniendo que imaginarte a ti para poder correrme con Tanya. Y por si fuera poco, ahora su presencia me cansa, me aburre y me irrita.
—Pero ibas a pedirle matrimonio.
—Porque soy un cobarde y sé lo difícil que será que tú y yo estemos juntos. Me resultaba más sencillo alejarme de ti y quedarme con ella.
—¿Y por qué has cambiado de opinión ahora?
—Porque cuando me dijiste que dejarías Cullen y cuando ayer Marco me pidió que te destinara en Roma para tenerte cerca, me di cuenta que no puedo hacerlo. No puedo simplemente dejar de verte y mucho menos puedo imaginar que estás con alguien más. —explicó regocijándola.
Aquí he vuelto de mis cortas vacaciones. Traigo un nuevo capítulo que espero disfruten.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic y gracias por leer.
Dejo un adelanto del próximo capi:
—¿Tu abogada estará allí también?
—Sí. Ella tendrá que quedarse aquí también hasta que firmemos los contratos.
—¿O sea que celebrarás la Nochevieja con tu abogaducha?
—Es trabajo, Tanya.
—Lo que quieras. Es trabajo pero ella está contigo y tu novia a millas de distancia.
—Lo siento, Tanya.
—Yo podría viajar a Roma —ofreció haciéndole temblar preocupado
En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.
Besitos y a leer!
Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO
NOVEDAD: En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic
