Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 20
Ese día estuvieron de visita en las instalaciones de Volterra.
Marco Vulturis, prácticamente no se separó de Bella, ante el apenas contenido malhumor de ella.
Para cuando volvieron al hotel al final de la jornada, Edward ya se sentía demasiado celoso, así como ansioso por meterse a la cama con esa mujer.
Cuando las puertas del ascensor se cerraron frente a ellos, Edward se giró de frente a Bella y la acorraló contra la pared.
—Hace seis meses que no puedo entrar en un ascensor sin pensar en ti —murmuró a la vez que recogía su falda para posar sus manos sobre los glúteos desnudos de la joven
—¿Ah, sí? —ronroneó sugerente restregando su cuerpo contra el de él.
—Sí. Desde aquel primer viaje a Frankfurt.
—No pensé que fueras a negar que había algo entre nosotros —aseguró abriendo la cremallera de sus pantalones y colando su mano en ellos para acariciar su erección.
—No sé cómo fui capaz de rechazar tu invitación.
—Nunca entenderé cómo podías rechazarme cada día. A veces estaba segura de que estabas interesado en mí, y cientos de veces estaba segura de que sólo te fastidiaba.
—Me fastidiaba desearte tanto. —aseguró cerniéndose sobre sus labios —Tanto como hoy me ha irritado el idiota de Marco, todo el día flirteando contigo.
—Ni me he dado cuenta.
—Yo sí —aseguró apretándola contra él para besarle con desespero.
El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron, pero tuvieron que volver a cerrarse para que se dieran cuenta que habían llegado a su planta.
—Dios —rió Edward separándose de ella para bajar su falda —Me siento un adolescente contigo —refunfuñó haciéndola reír.
Acomodó su incómoda erección y subió la cremallera de sus pantalones para abandonar el ascensor y tirar de su mano hasta su habitación.
—¿Necesitas algo de tu habitación?
—Nada en absoluto.
—Mejor así —sonrió pasando la tarjeta por la cerradura de su propia habitación.
La acorraló contra la puerta, nada más cerrarla.
Bella enredó sus piernas en la cintura del hombre dejando su falda enrollada en su cintura, mientras sus bocas se devoraban con pasión y violencia.
—Te necesito desnuda —murmuró ávido caminando con la chica enroscada en su cuerpo, para tumbarla sobre la cama.
Se separó de ella para quitarse la americana y la corbata antes de proceder a desnudarse con ansiedad.
Bella hizo lo propio sin poder alejar la vista del cuerpo firme y tonificado del hombre que amaba.
Aún le resultaba difícil de creer que finalmente, después de seis meses, ese hombre hubiera aceptado darles la oportunidad de estar juntos.
—No sé qué he hecho para merecer una chica tan hermosa —murmuró cuando se recostó desnudo sobre ella sin dejar de admirar su cuerpo desnudo.
—Supongo que ser increíblemente guapo e inteligente ha actuado en tu favor —explicó divertida acogiéndolo entre sus brazos y piernas.
—Doy gracias a mis padres y su genética por eso —sonrió antes de bajar sus labios por el cuello y pecho de la joven.
Pasaron varias horas antes de que se dieran por satisfechos y se dejaran vencer por el agotamiento.
Durmieron con sus cuerpos sudorosos en un enredo de brazos y piernas.
Cada pocas horas se despertaban con las caricias del otro y volvían a amarse sintiéndose insaciables.
Cuando finalmente el día comenzaba a clarear, se sentían exhaustos pero completamente satisfechos.
—Le enviaré un correo a Zafrina para que cambie nuestros billetes —le explicó Edward mientras con los pulgares acariciaba sus pezones endurecidos.
Estaba acostado sobre ella, con su miembro perfectamente acoplado a su estrecha vagina, que lo ceñía como un guante.
—¿Cómo explicarás que viajemos desde Venecia y tantos días después?
—¿Crees que le debo explicaciones a mi secretaria? —dijo dedicándole una mirada petulante.
—Tú no, pero yo deberé explicarle a mi jefe por qué no he vuelto el día que tenía previsto.
—El jefe de tu jefe lo decidió así —sonrió.
—¿Qué le dirás a Emmett? —inquirió preocupada.
—Que teniendo la oportunidad de pasar cinco días de vacaciones, a solas con la mujer más hermosa e inteligente que he conocido, y que por alguna razón tiene ganas de estar conmigo, no habría sido muy inteligente dejarlo pasar. —explicó retirándose unos centímetros para volver a empujar en su interior.
—Intento hablar en serio —se quejó arqueándose contra él.
—¿Intentas hablar en serio cuando tienes un hombre clavado dentro tuyo? —preguntó socarrón —No te preocupes por Emmett. Le diré que quería ver mejor la empresa.
—¿Y el viaje a Venecia?
—Mi abogada no lo conocía y pensé que se había ganado un plus por tener que recibir el nuevo año fuera de casa.
—Gracias por eso —musitó acariciando su rostro y su mandíbula cubierta por la suave barba.
—No lo agradezcas, nena. Me lo estoy cobrando y seguiré haciéndolo —aclaró y comenzó un rítmico vaivén hundiéndose en su vagina, un poco más cada vez.
Después de un nuevo orgasmo, Bella se durmió sobre su pecho.
Edward la acariciaba somnoliento, sin poder dejar de darle vueltas a todo lo que cambiaría a partir de ese viaje.
Finalmente había reconocido que esa chica le gustaba más de lo que estaba dispuesto a resignar.
Era hermosa y sexy, pero además era inteligente, madura y sabia a pesar de su juventud.
Le provocaba sentimientos hasta entonces desconocidos para él, y si hasta el día antes de viajar, se había sentido irresistiblemente atraído por ella, después de compartir esas noches de sexo hasta la más ínfima de sus dudas había desaparecido.
La entrega de Bella en el sexo le había enloquecido. Era suave, seductora, sexy y atrevida, a la que vez que era tímida y pasiva.
Se entregaba a él sin reparos y, tenía que reconocerlo, encajaban juntos como piezas de un rompecabezas.
Su cuerpo encajaba en el de ella a la perfección y ella le ceñía y apretaba con la suavidad del terciopelo.
Sabía que no se había equivocado al decirle que no sería fácil encarar su relación de allí en más, pero sabía también que sería incapaz de dejarla marchar después de haberla tenido entre sus brazos, y haberla poseído de la forma que lo había hecho.
La había marcado y reclamado como suya y estaba dispuesto a entregarle a ella idéntico poder.
Sumido en sus pensamientos acariciaba su cuerpo desnudo y su piel fina y suave como la seda, cuando su teléfono repicó en la mesita de noche.
Sin siquiera separar sus párpados pesados se estiró para coger el aparato y responder la llamada.
—¿Diga? —respondió somnoliento.
—Buenos días, cariño —la voz de Tanya lo despertó como si fuese un jarro de agua fría.
Dio un respingo que hizo a Bella removerse entre sus brazos.
—Espera un momento —susurró separándose del cuerpo desnudo de su abogada para abandonar la cama y esconderse en el baño —¿Cómo estás? —preguntó cerrando la puerta del baño tras de sí.
—¿Te he despertado?
—No. Aún seguía en la cama pero estaba despierto —reconoció —Pero ¿qué hora es allí?
—Pasada la medianoche. Es tarde para mí pero pensé que podría llamarte antes de irme a la cama. ¿Cómo estás, mi amor?
—Eh, yo, bien —respondió dubitativo —Un poco agotado, en realidad… ya sabes cómo son estas cosas.
—¿Te están dando muchos problemas esos Vulturis?
—Algunos —mintió con descaro sabiendo que era la excusa que pensaba utilizar para alargar su estadía.
—Diles que dejen las tonterías y no te fatiguen demasiado que te necesitaré en forma para la Nochevieja —murmuró la mujer seductora.
—Oh, Tanya, respecto a eso… lo siento, pero no estaré en casa para la Nochevieja.
—¿Qué quieres decir? —indagó recelosa
—Lo siento. No creo que acabemos antes, aunque lo intentaré, lo prometo.
—No, Edward —se quejó Tanya y con toda razón —Tenía todo previsto para nosotros. Las niñas no estarán en casa, Carmen y Eleazar han organizado esta fiesta. Tú tenías que estar aquí. —gimoteó —Creí que habías dicho que sería especial…
—Lo sé. Lo siento, Tanya. Te aseguro que quisiera que fuera diferente, pero no es posible —mintió con una desfachatez que le hizo sentir culpable.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Recibir el nuevo año con desconocidos?
—No me apetece especialmente. Simplemente me iré a la cama temprano.
—¿Tu abogada estará allí también?
—Sí. Ella tendrá que quedarse aquí también hasta que firmemos los contratos.
—¿O sea que celebrarás la Nochevieja con tu abogaducha?
—Es trabajo, Tanya.
—Lo que quieras. Es trabajo pero ella está contigo y tu novia a millas de distancia.
—Lo siento, Tanya.
—Yo podría viajar a Roma —ofreció haciéndole temblar preocupado
—No, Tanya. Hasta el último momento intentaré volver a casa.
—De acuerdo, pero debes saber que no me gusta la idea de que lo pasemos separados.
—Lo siento.
—Está bien. Te llamaré de todas formas.
—Hazlo.
—¿Me estás echando de menos? —inquirió seductora
—No te imaginas —respondió eludiendo dar una respuesta más directa.
—No sabes cuánto te echo de menos yo a ti. Y eso pensando que volverías en dos días. Pero haré que me compenses, Edward Cullen —le amenazó divertida, haciéndolo sentir culpable.
—Espero poder hacerlo.
—De momento… —replicó sugerente —estoy en mi cama… completamente desnuda…
—Mierda —gimió él —Lo siento, Tanya, acaban de llamar a la puerta.
—¿A la puerta de tu habitación? ¿Quién llama a tu habitación?
—Supongo que será Bella. Tenemos que reunirnos con los directivos de Volterra y me temo que voy con retraso.
—Diablos, Edward. Esto sí tendrás que compensármelo.
—Lo haré, Tan, pero ahora tengo que dejarte.
—De acuerdo. Hablamos luego.
—Hablamos.
—Un beso. Te quiero, Edward.
—Un beso, Tan —se despidió cortando la comunicación.
Sintiéndose un traidor y un cretino, dejó el teléfono sobre el lavabo, intentando decidir cómo seguir.
Se negaba a dejar de estar con Bella, ahora que por fin se había atrevido a estar con ella.
Había intentado evitarlo, y tal vez podría continuar haciéndolo si no hubiera dado el paso final y se hubiera acostado con ella.
Ahora, después de haber tenido su cuerpo desnudo entre sus brazos, después de haber enterrado su miembro en su más profundo interior, se sentía incapaz de dejarla marchar.
Por muy egoísta que fuera, y por mucho que tuviera la certeza de que heriría a Tanya y que Alec se pondría en su contra, sabía que era incapaz de dejar de verla.
Esta vez sería egoísta y se ocuparía sólo de sus propios deseos, y sus deseos eran estar con Bella.
Inspiró profundamente, antes de volver a la habitación.
Cuando abrió la puerta vio a Bella. Sentada en la cama, sosteniendo sobre su pecho desnudo las mantas, le observaba curiosa y recelosa.
—Hola —musitó la chica preocupada.
—Hola, cielo —respondió él dirigiéndose con premura hacia la cama para tumbarse junto a ella.
—¿Hablabas por teléfono? —preguntó cuando él la abrazó atrayéndola hacia su cuerpo.
—Lo siento, no quería despertarte.
—No lo has hecho, pero desperté y te escuché hablar en el baño…
—Lo siento.
—¿Puedo preguntarte con quién hablabas? —inquirió temerosa.
—Con Tanya —confesó con sinceridad después de un largo suspiro.
—¿Pasó algo?
—Solo quería saber cuándo volvería.
—¿Le dijiste que no volverías para Nochevieja?
—Sí. No le gustó la idea.
—Lo siento, Edward.
—No tienes por qué.
—Lo siento. Ella es tu novia y entiendo que tuvieras planes con ella.
—Sé que tal vez estoy siendo un cerdo, Bella, pero Tanya dejó de ocupar ese lugar en el momento que estuve contigo íntimamente. Sé que no la he dejado aún, pero lo haré nada más llegar a Seattle.
—¿De verdad?
—Claro que sí. Te repito, sé que soy un cretino, pero nunca mantuve ni mantendré relaciones paralelas. Quiero estar contigo ahora mismo, o sea que no hay lugar para Tanya en mi vida.
—Temo que te arrepientas cuando la veas, y decidas pedirle matrimonio. —gimió apretujándose contra él —Temo que ahora que te has quitado las ganas conmigo, esto ya no te atraiga.
Edward rió despreocupado.
—¿Y quién te ha dicho a ti que me he quitado las ganas contigo? —dijo burlón cerniéndose sobre ella —Sé que nada de lo que pueda decir te hará sentir más segura, cielo, pero si me das la oportunidad, te demostraré que esto puede llegar a convertirse en algo grande.
—Te quiero, Edward —reconoció mirándolo con vehemencia —Sé que has dicho que no crees en el amor y tal vez por eso pienses que no soy sincera o no sé lo que digo, pero puedes estar seguro de que lo que yo siento es amor, y si me das la oportunidad te lo demostraré, y te demostraré cuán grande puede llegar a ser.
—Confío en que lo hagas, preciosa —murmuró abocándose sobre sus labios para besarla con desespero.
Aquí he vuelto de mis cortas vacaciones. Traigo un nuevo capítulo que espero disfruten.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic y gracias por leer.
Dejo un adelanto del próximo capi:
—¿Te gusta, preciosa? —susurró en su oído abrazándola por detrás
—Es increíble, Edward. Nunca hubiera soñado estar en un lugar así contigo.
—¿Qué esperabas? —sonrió colando sus manos bajo la blusa de la chica para acariciar su vientre plano —¿Que reduciríamos nuestros encuentros a las oficinas de Cullen? —dijo a la vez que subía sus manos por el cuerpo de la chica para apoyarlas en sus firmes pechos.
—No —susurró ella recostándose contra él y asiendo las manos masculinas a través de la ropa, para apretarlas contra sus pechos —Pero nunca me atreví a soñar tanto…
En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.
Besitos y a leer!
Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO
NOVEDAD: En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic
