Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 21

El hotel de Venecia era más de lo que Bella hubiera podido soñar, en sus más ocultos sueños.

Desde que trabajaba para Cullen Holdings, siempre se había alojado en hoteles cinco estrellas, pero el Palazzetto Pisani, era mucho más.

El hotel se ubicaba sobre el Gran Canal, y sólo podía accederse a él a través del mismo.

La suite que Edward había reservado para ellos era espaciosa y magnífica, y Bella no pudo evitar sentirse la protagonista de un cuento de hadas.

Con enormes cortinados y alfombras, decorada en un estilo barroco, excesivamente ornamentada pero con un gusto exquisito.

Los alojamientos decorados al estilo típico veneciano, con detalles de madera en los techos, tapices y frescos originales

La sala principal, con un amplio sofá y dos butacones.

La habitación, con una cama King size, que les llamaba lujuriosa, daba a uno de los lados a un espacioso baño, con ducha de hidromasaje.

Ambas estancias tenían pequeños balcones sobre el Gran Canal.

Bella contemplaba las vistas al canal a través de la ventana de la habitación, mientras Edward despedía al botones.

—¿Te gusta, preciosa? —susurró en su oído abrazándola por detrás.

—Es increíble, Edward. Nunca hubiera soñado estar en un lugar así contigo.

—¿Qué esperabas? —sonrió colando sus manos bajo la blusa de la chica para acariciar su vientre plano —¿Que reduciríamos nuestros encuentros a las oficinas de Cullen? —dijo a la vez que subía sus manos por el cuerpo de la chica para apoyarlas en sus firmes pechos.

—No —susurró ella recostándose contra él y asiendo las manos masculinas a través de la ropa, para apretarlas contra sus pechos —Pero nunca me atreví a soñar tanto…

Edward la giró entre sus brazos para dejarla frente a él y desabotonar la camisa.

—Me gustas, Bella —dijo solemne mientras le quitaba la camisa y la dejaba caer sobre la moqueta —Me vuelves loco, y quiero tener algo más que sexo contigo. No me malinterpretes —agregó con una sonrisa descarada —Quiero tener sexo contigo. Quiero tener mucho sexo contigo, pero quiero más. No sé a dónde nos puede llevar esto, pero quiero llegar hasta el final.

—No tiene porqué haber un final —aventuró Bella en voz muy baja

—No sueño con ello, cielo. Soy demasiado viejo para que me aguantes por mucho tiempo. En algún momento necesitarás alguien más joven que te satisfaga completamente.

—¿De verdad crees que lo que siento por ti es tan efímero?

—Espero que no lo sea, nena, pero no voy a pedirte que me jures amor eterno. Tampoco voy a jurártelo yo. Pero quiero que esto dure tanto tiempo como tú y yo lo sintamos. Y ese tiempo, que espero sea muy largo, quiero hacerlo todo a fondo, quiero disfrutarlo a fondo, por completo, sin restricciones de ningún tipo. Quiero que seas mía y de nadie más —agregó posesivo bajando la cremallera de la falda de Bella, para soltar la misma y dejarla caer a sus pies —Quiero hacer todo contigo y con nadie más que contigo, y quiero que hagas todo conmigo y con nadie más que conmigo. Y no hablo sólo de sexo.

—No tengo intención alguna de estar con nadie más que contigo —aseguró rodeando el cuello masculino con sus brazos

—Mejor así, nena —dijo con sus manos bajo los glúteos femeninos, a la vez que la instaba a enredar las piernas en su cintura —Porque debes saber que soy muy posesivo —confesó caminando con ella hasta la cama para tumbarla sobre ella.

—¿No vas a desnudarte? —preguntó cuando él se acostó completamente vestido sobre su cuerpo cubierto únicamente por un delicado conjunto de encaje negro y unas exquisitas medias negras ajustadas en sus muslos.

—Irá muy rápido si lo hago —dijo bajando sus labios por el níveo cuello de la chica.

—No me importa ir rápido… —gimió arqueando su cuerpo para acercarlo a él

—Te importaría… —le contradijo mientras mordisqueaba su clavícula sin dejar de acariciar los costados de su cuerpo

Bajó sus labios por el torso desnudo de la chica, mientras sus manos arrastraban con ellas el sujetador.

Dejó besos, lametazos y electrizantes caricias a lo largo de todo su cuerpo, quitando sus bragas y llevándola por el borde del clímax.

Deslizó sus medias por sus piernas y lamió y mordisqueó sus pies desnudos, encendiéndola.

Cuando volvió a subir por sus piernas, dio suaves lametazos sobre su vulva inflamada.

No pudo evitar sonreír al ver una vez más a la tierna Kitty que adornaba las ingles de la joven.

—La primera vez que vi tu tatuaje, colapsé —explicó acariciando el pequeño dibujo con sus dedos

—¿Por qué? —inquirió extrañada Bella, intentando focalizar su atención

—Esta gata fue la obsesión de Jane cuando era niña. Ver tu tatuaje fue hacerme ver que eras una niña de la edad de mi hija.

Bella sonrió comprensiva.

—Mi madre tenía un tatuaje igual en su hombro —explicó —Y tenía edad suficiente para ser tu madre.

—Eso me hace sentir mejor —rió antes de abocarse sobre sus labios íntimos y separarlos con sus dedos.

Le hizo el amor con devoción, durmieron para volver a hacerlo al despertar, y una vez más en la ducha que compartieron.

A medida que volvían a hacerlo, Bella cada vez se adaptaba a él más fácil y rápidamente, sin que le hiciera daño.

Era la última noche del año y las calles de la ciudad estaban a rebosar.

Edward consiguió reservar una mesa en un exquisito restaurante, aunque no fue fácil con tan poco tiempo de anticipación, pero Bella, hubiera cenado con él en un McDonald's, sólo por estar sentada a su lado.

El clima era gélido pero al menos no había llovido.

Tras un romántico paseo bajo la luz de la luna llegaron a la Plaza San Marcos donde se reunía la multitud.

La plaza estaba llena de gente, personas de todo el mundo, turistas de toda raza y color, se entrechocaban con el ánimo festivo. Decorada con cientos de adornos navideños y animada por la música en vivo.

Edward y Bella caminaban tomados de la mano, sin despegarse ni un centímetro.

Cuando finalmente dio la medianoche y los fuegos artificiales colorearon el oscuro cielo de Venecia, Edward estrechó a Bella contra él, y la besó con un beso incendiario que hizo explotar pirotecnia en su cuerpo.

—¿Volvemos al hotel? —preguntó apenas alejando sus labios unos milímetros

—Me encantará —aceptó Bella reacia a alejarse de su cuerpo.

Subieron a un taxi acuático que los llevó directamente al hotel.

Se besaron y acariciaron durante todo el trayecto, y para cuando llegaron al hotel corrieron a la habitación.

Hicieron el amor con ansiedad, corriéndose con rapidez.

Ese fue el primero de una serie de días y noches en los que se olvidaron del mundo que les esperaba en Seattle.

Visitaron la plaza y la basílica de San Marcos, el Palacio Ducal, el maravilloso Puente de Rialto.

Visitaron museos e iglesias. Subieron al Campanile de San Marcos para disfrutar de unas fantásticas vistas de la ciudad.

Dieron paseos en góndola, cruzaron por el puente de los suspiros.

Hablaron mucho, se contaron sus vidas y sus experiencias.

E hicieron el amor. Hicieron el amor en cada rincón de su suite, y se entregaron sin reservas, conociéndose y aprehendiéndose mutuamente.

Para cuando seis días después tuvieron que dejar la ciudad, ambos se sentían completamente cómodos con la relación que estaban comenzando.

—Nunca olvidaré estos días —susurró Bella recostada en el pecho de Edward, cuando el avión abandonaba el cielo italiano.

—Ni yo. Sólo pensar en tener que volver, me deprime —reconoció Edward somnoliento

—No será lo mismo en Seattle, ¿verdad?

—No habrá paseos en góndola en Seattle —reconoció burlón —Pero te puedo llevar a pasear en el ferry.

—Sabes a qué me refiero.

La estrechó contra él besando su frente con ternura.

—No será lo mismo, nena, pero no por eso dejará de ser maravilloso.

—Pero tu novia está en Seattle, tus hijos están allí…

—Mis hijos lo aceptarán, Bella —intentó calmarle —Tarde o temprano lo aceptarán. Nunca se han puesto en contra de ninguna de las relaciones que he tenido y esta no será la excepción. No es como si esperasen que su madre y yo volviésemos así que aceptan muy bien a mis parejas.

—Pero Alec…

—Reconozco que Alec se mostrará molesto en un principio, pero luego se le pasará, ya lo verás. —aseguró —Y respecto a Tanya, la dejaré en cuanto llegue, ya te lo he dicho.

—No será fácil. Ibas a casarte con ella.

—Pero ella no lo sabía, así que esto solo será una relación que se acaba, nada más.

—¿Cuánto tiempo lleváis juntos?

—Algo más de un año.

—Será difícil dejarle —comentó volviendo a sentirse atemorizada

—No voy a mantener una relación paralela, Bella. Y no voy a terminar esto contigo. Confía en mí. Será duro pero lo haré, y sé que Tanya lo entenderá. Ya te lo he dicho, tenemos una buena relación pero no hay amor.

—Tal vez de su parte sí lo haya

—No. Ambos sabemos la relación que tenemos. —sentenció con rotundidad

—¿Estás seguro?

—Completamente

—Bueno. Lo prefiero así. Será menos duro para todos.

Cuando por fin aterrizaron en Seattle, ambos estaban agotados después de un viaje demasiado largo.

Edward intentó convencer a Bella de pasar la noche en su departamento, pero ella se negó aduciendo que tenía mucho que preparar para el día siguiente volver al trabajo.

Y sabía que sus amigas la lincharían si no volvía a casa y les explicaba lo sucedido.

En esos días sólo les había enviado unos escuetos mensajes, explicando que estaba pasando unos días con Edward en Venecia. Pero la frase "ya os lo explicaré" con la que acababa cada mensaje, ya estaba enfadando a sus amigas.

Edward insistió en acompañarla a su casa, y el taxi la dejó a ella para luego llevarle a él.

—Te echaré de menos esta noche —susurró contra sus labios en el portal de la chica

—Y yo a ti.

—No llegue tarde mañana, señorita Swan. O podría verme obligado a darle unos azotes.

—No me tiente, señor Cullen —rió sugerente antes de fundir sus labios contra los de él.

Cuando entró a su casa, encontró a sus tres amigas agazapadas junto a la ventana delantera espiando lo que sucedía en el portal.

—¿Qué hacéis allí? —inquirió risueña cerrando la puerta

—¿Tú qué crees? —dijeron a la vez acercándose a ella y tirando de sus manos para sentarse en el sofá.

—Suelta todo —ordenó Jessica con actitud

—¿Puedo al menos comer o beber algo?

—No te muevas de allí —ordenó Alice yendo a la cocina para volver rápidamente con una taza de café y una lata de galletas —Vamos, habla.

—En realidad prefería algún refresco —comentó burlona

—Tómate el maldito café, Bella —gruñó Jessica —O llamaré a Cullen para que nos lo explique.

Rió divertida dejándose caer en el sofá.

—Oh, chicas, estoy completa e irremediablemente enamorada de ese hombre —dijo soñadora

—Lo imaginamos —reconoció Angela encantada —Pero explícanos todo. ¿Cómo es que se te declaró? ¿Por qué os fuisteis a Venecia? ¿Por qué no volvisteis para Noche vieja?

—Fue tan maravilloso.

—Venga, Bella, los detalles —pidió Jessica impaciente —¿Cómo se te declaró?

—En realidad no se me declaró —confesó —Sólo entró a mi habitación, me tumbó sobre la cama y me hizo el amor.

—¿De verdad? —gimió Alice anonadada

—Sí. Tal vez debería decir que me folló, en realidad, pero como sea, fue magnífico.

—No lo puedo creer. Al fin. Un hombre de armas tomar. Y ¿qué tal? —indagó Jessica con una mirada socarrona

—¡Dios! Es todo lo que podéis imaginar y mucho de lo que ni siquiera os imaginaríais.

—¿Bueno en la cama?

—El mejor que he conocido, incluso en mis más oscuras fantasías.

—¿Orgasmos?

—Todos los que pida, y alguno que no llegué a pedir.

—¿Bien dotado? —continuó Jessica con su lista de preguntas.

Todas rieron ante el sonrojo de Bella.

—Demasiado.

—Nunca es demasiado —discutió su amiga —¿Entonces, qué? ¿Qué fue eso de Venecia?

—Unas merecidas mini vacaciones, antes de tener que volver a la realidad.

—¿En qué realidad estáis ahora? —preguntó Angela, poniendo en palabras las dudas que todas tenían —¿Cómo sigue todo?

—Va a dejar a su novia.

—O sea que tenéis una relación.

—Sí —respondió embelesada.

—Bien hecho, Bells —dijo Jessica levantando su mano para chocarla con la de su amiga.

—Estamos felices por ti —aseguró Angela

—Ahora te toca revolver su árbol familiar, porque con los ejemplares vistos, seguro que tendrá primos que nos podrías presentar. —sugirió Alice.

—Ésa, Alice, es una brillante idea —aceptó Jessica levantándose para dirigirse a la cocina —Y ahora brindaremos con ese champagne que tenemos guardado desde… ya no sé desde cuando. —sentenció y todas estuvieron de acuerdo.


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Adelanto del próximo capi:

—¿Qué quieres saber? —preguntó con tono insolente

—¿Por qué dices que pasaste un par de días con Bella en Venecia, cuando en realidad estuvisteis allí una semana?

—No te debo ningún tipo de explicación. Soy mayor de edad y ella también. No es de tu incumbencia.

—Tú no me debes explicaciones, pero ella es mi empleada.

—Yo la autoricé a tomarse unos días. Y tengo suficiente autoridad para hacerlo —gruñó molesto

—No estoy cuestionando tu autoridad para darle días libres a una empleada…

—Ya lo creo que no. No eres mi jefe.

—Te hablo como hermano, gilipollas. —rugió Emmett

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO

NOVEDAD: En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic