Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 23

Bella entró a su despacho bastante temprano ese día.

El día anterior había encontrado todo el trabajo que se había acumulado mientras ella vivía una magnífica semana romántica en Venecia con el hombre que la volvía loca, por lo que ese día aún estaría bastante ocupada.

Esa mañana se había negado a pasar a ver a Edward nada más llegar.

La noche anterior él había dicho que cenaría con Tanya, y aunque Bella no se atrevía siquiera a imaginarlo, temía que no hubiese finalmente acabado su relación con la otra mujer.

Llevaba varias horas sumergida en un contrato cuando la puerta se abrió después de dos suaves golpes.

—Hola, Bella, preciosa —saludó Alec entrando para dejarse caer en el asiento frente a ella.

—Buenos días, Alec. ¿Cómo estás?

—Yo muy bien, ¿y tú qué tal? Supe que tu estadía en Roma se alargó un poco, y después el magnánimo jefe que es mi padre —dijo con sarcasmo —te permitió dos días de vacaciones en Venecia.

—Oh, sí —sonrió — Lo hizo. Fue muy generoso de su parte. Yo nunca había estado en Venecia.

—Ya. Mi padre no suele ser tan generoso. Seguro que te debe haber estado matando con trabajo los días anteriores —aventuró el chico y Bella se sonrojó pensando en las mil y una formas en que la había "matado".

—No fue así. Tuvimos trabajo, sí, pero nada a lo que no esté acostumbrada.

—Ya. Lo imagino —le respondió condescendiente. —Bien, ¿Qué tal una copa hoy a la tarde? ¿Te recojo cuando salgas?

—Oh, gracias, Alec, pero no lo creo posible.

—¿Por qué no? Estoy seguro de que no tienes planes.

—Lo siento, Alec, ya sabes… tú esperas algo que yo no te puedo dar… —explicó avergonzada

—Ya, por ese tipo que te ha rechazado… —dijo el chico condescendiente —Eres demasiado joven y hermosa como para sentarte a esperar o a llorar por un tipo que te ha rechazado.

—Gracias, Alec —sonrió ruborizándose —Pero él y yo estamos… juntos… —explicó

—¿Qué quieres decir? Creí que habías dicho que te había rechazado.

—Y lo había hecho, pero digamos que lo ha pensado mejor y ha decidido darnos una oportunidad.

—Oh, vaya. ¿En serio?

—Sí. Desde luego que apenas estamos comenzando pero, estamos bien.

—Oh, vaya —exclamó recostándose en su asiento —Bueno, me alegro por ti.

—Gracias, Alec.

—Espero que igual podamos ser amigos tú y yo.

—Desde luego, Alec, me encantaría. Ya te lo he dicho, tú me gustas mucho, aunque no sea de la forma que tú quisieras.

La puerta volvió a abrirse revelando al padre del joven que se sentaba frente a ella.

—Bella —llamó antes de percatarse de la presencia de su hijo —Oh, Alec, hola.

—Hola, papá.

—¿Qué tal, hijo? —preguntó sentándose junto a él.

—Bien. ¿Qué tal tu viaje? Supongo que no muy feliz ya que tuviste que perderte la Nochevieja.

—Oh, sí, bueno. Sabes que no tenía grandes planes.

—Tenía entendido que Tanya te esperaba para una gran fiesta organizada por su hermana.

—Sí, bueno, tampoco es que me entusiasmara mucho esa fiesta —respondió nervioso.

—Tú sabrás. Creía que te encantaba estar con Tanya.

No tuvo respuesta, así que solo se encogió de hombros.

—Bella, ¿tendrás un minuto? —preguntó cambiando de tema.

—Sí, claro.

—Bueno, si van a hablar de trabajo yo debería irme —agregó Alec poniéndose el pie y abandonando el despacho —Te veo luego, Bella. Hasta luego, papá.

—Hasta luego, Alec.

Edward le dirigió una sonrisa socarrona a Bella en cuanto la puerta se cerró tras su hijo.

—¿Puedo preguntar qué hacía Alec aquí?

—Sólo pasó a saludarme y saber qué tal había sido el viaje por Roma.

—¿Y qué tal fue el viaje por Roma? —inquirió burlón

—Bastante bien —reconoció sonriendo atrevida

—Me complace saberlo, espero poder repetirlo. Pensé que pasarías por mi despacho hoy a la mañana.

—¿Por qué debía hacerlo?

—¿Para desearme buenos días, ya que no dormimos juntos? Te estuve esperando.

—Lo siento —respondió sonrojada —No sabía que me esperabas.

—¿Pasarás la noche conmigo hoy? —inquirió seductor

—¿Quieres que lo haga? —preguntó a su vez

—Desde luego que sí. De ahora en más te quiero cada noche en mi cama —reconoció —Y si algún día no estás en mi cama, espero que sea porque yo estoy en la tuya.

Bella sonrió sintiéndose complacida y dichosa.

—Entonces cuenta con ello —concedió

—Y ahora supongo que será mejor que me vaya, antes de verme obligado a saltar por encima de tu mesa para besarte y desnudarte.

La sonrisa de Bella se volvió más profunda.

Aunque sus dudas volvieron cuando Edward tenía la mano en el pomo de la puerta.

—Edward —le detuvo

—Dime, nena —dijo volviéndose hacia ella.

—Ayer… ¿viste a Tanya? —inquirió nerviosa de escuchar su respuesta.

—Bufff —se quejó él pasándose las manos por el cabello desordenado —Sí. Fui a su casa y hablamos.

—¿Le dejaste?

—Sí, pero se molestó bastante y se volvió bastante desagradable.

—¿Sabe lo nuestro?

—Sí. Se lo imaginó y no se lo negué.

—Supongo que debe odiarme.

—Ni tú ni yo somos sus personas favoritas ahora mismo —reconoció sonriendo —Amenazó con decírselo a mis hijos.

—¿Crees que lo hará?

—Espero que no. Quiero que mis hijos lo sepan por mí.

—¿Cuándo se los dirás?

—Si tú quieres hoy mismo.

—Preferiría que no se los dijeras aún. Ya sabes, evitar un poco los cotilleos. Y que ellos puedan ver que esto entre nosotros es serio.

—Lo haremos como tú prefieras, nena. Pero debes saber que no voy a mantenerme alejado.

—Eso espero —sonrió socarrona.

Cuando Edward volvió a su despacho, Zafrina le informó que Tanya le esperaba.

Rodó los ojos suspirando antes de entrar a su despacho y encontrarse a su ex novia sentada frente a su escritorio, esperándole con el rostro enfurruñado.

—Tanya —saludó yendo hasta su asiento para ubicarse frente a ella.

—Tenemos que hablar, Edward.

—¿No hemos dicho suficiente, ya?

—Creo que ayer estábamos demasiado alterados.

Inspiró profundamente soltando el aire lentamente.

—Lo siento, Tanya. Creo que yo fui bastante desagradable ayer, lo sé. Pero no me gustaron tus palabras ni tus insultos, ni para mí ni para Bella. Entiendo que estuvieras molesta y ofuscada, pero aún así, no me gustaron tus insultos.

—Lo siento, Edward. Reconozco que tal vez me extralimitara un poco, pero honestamente no he dicho nada que no pensara. Y estoy seguro que tú también lo pensarás cuando se te pase esta especie de embelesamiento que sientes por esa chica.

—Honestamente ¿qué es lo que crees que siento por ella?

—Es normal, Edward. Lo entiendo, de verdad. Eres un tipo adulto que tiene a una preciosa jovencita dedicándole atención. Es entendible. Cualquier hombre en tu lugar y en tu posición se sentiría halagado y deslumbrado por una chica así… —explicó la mujer haciéndole sonreír con socarronería.

—Más o menos me estás diciendo que soy un viejo verde que está caliente por una Lolita, ¿no? —comentó sonriendo divertido —Y seguramente ella es una pequeña cazafortunas que quiere liarse conmigo por ser el jefe, y lo hace ofreciéndome su carne joven.

La mujer lo observó con rabia sabiendo que estaba burlándose de ella de forma descarada.

—Sabes que es así.

—¿Qué cosa? ¿Que soy un viejo verde? Joder, Tanya, tengo cuarenta y tres, no ochenta y tres. Te puedo asegurar que todavía se me pone dura sin necesidad de tomar viagra. Y puedo echarme una maratón de sexo que dure la noche entera, y eso tú lo sabes bien.

—Estás caliente con ella porque es una chiquilla de la edad de tus hijos —espetó furiosa la mujer —¿Cuándo te la tiras no sientes como si te estuvieras tirando a tu hija?

Entrecerró los ojos furioso.

—Amo a mi hija por sobre todas las cosas, pero te puedo asegurar que nunca he tenido ni tendré ninguna mirada de índole sexual para dedicarle.

—No es lo que quise decir.

—Me importa una mierda lo que quisieras decir, Tanya. No veo porqué estamos teniendo esta conversación tú y yo. Estábamos juntos pero ya no lo estamos. Lo nuestro se acabó. Que ahora yo esté con Bella no tiene nada que ver y no es de tu incumbencia.

—¿Cómo puedes decir algo así, Edward? Tú y yo teníamos planes. Estábamos bien.

—¿No lo has entendido? Yo ya no estaba bien contigo. Los últimos meses no estaba bien. A ver, Tanya, entiendo que es duro y que te cueste aceptarlo, pero es la realidad ahora mismo. Lo siento.

—No entiendo que puedas decir eso con esa frialdad.

—Lo siento, Tanya, no quiero seguir dando vueltas a este tema.

—No puedes dejarlo así, Edward. Llevamos juntos más de un año.

—Lo siento, pero para mí no hay vuelta atrás. No sé cómo quieres que te lo diga para que me comprendas. —gimió exasperado —Pienso en ella. Cuando estoy contigo pienso en ella y deseo que sea ella quien esté conmigo. ¿Deseas eso para ti? ¿Un tipo que piensa en otra mujer cuando está contigo? Por favor, Tanya. Eres una mujer adulta. Sé que ni tú ni yo estamos para estas tonterías de adolescentes. Nosotros estábamos bien, nos divertíamos, lo pasábamos bien, había buen sexo y buena compañía, pero para mí se acabó. Y si ya no lo paso bien, no veo el sentido a continuarlo.

—Sabes que vas a arrepentirte de esto, Edward. Tú lo sabes.

—Pues ya te lo diré si lo hago.

El intercomunicador les interrumpió y nunca se sintió tan agradecido de que le interrumpieran como en ese momento.

—Edward, Jane está aquí —le informó Zafrina

—Gracias, Zafrina. Que me espere un momento, por favor. —dijo al intercomunicador —Tanya, lo siento pero no tengo nada más que decir.

—¿Qué crees que dirán tus hijos cuando lo sepan? —inquirió la mujer perversa.

—No es de tu incumbencia, Tanya. Eso es algo entre mis hijos y yo. —replicó entre dientes.

—No va a salirte tan fácil —soltó la mujer amenazante a la vez que se levantaba y salía del despacho furiosa.

Exasperado hundió el rostro entre sus manos.

—Hola, papi —le saludó su hija acercándose a él.

—Hola, cariño —respondió levantándose para rodearla con sus brazos y besar su mejilla con cariño —¿Cómo estás?

—Muy bien —sentenció la chica tirando de la mano de su padre hasta el sofá que había bajo los ventanales, que daban a la bahía.

—Te veo muy animada —sonrió ante el entusiasmo de la joven.

—Lo estoy —reconoció

—¿Y eso a qué se debe?

—Primero cuéntame tú cómo estaba Roma.

—¿Roma? Helada, como siempre en esta época.

—Lo imagino. ¿Y paseaste por su maravilloso mercadillo de Navidad? —inquirió la joven interesada.

—Tuve bastante trabajo y no tuve mucho tiempo para pasear —explicó pensando en la forma en que había pasado todo el tiempo libre que había tenido.

—¡Qué pena! ¿Eso quiere decir que no pudiste comprar ningún regalo de Navidad?

—Creía que los regalos de Navidad ya los había repartido antes de irme.

—Sí, lo sé —dijo recostándose en él melosa —Pero tú siempre traes algún souvenir para tu hijita favorita.

Edward sonrió divertido ante el descaro de su hija.

—¿Mi hijita favorita quería un souvenir de Roma?

—Sí, si hubieras traído alguno.

—Creo que debo tener algún imán para la nevera o un llavero del Coliseo —explicó viendo el mohín caprichoso de la chica y carcajeándose divertido —Ven aquí, preciosa —dijo rodeándola con su brazo y atrayéndola hacia él.

Metió la mano en el bolsillo de su americana y sacó una delicada cajita de terciopelo.

Los ojos de Jane brillaron entusiastas.

—Toma, princesa. Un regalo para mi hijita favorita. No se lo cuentes a tu hermano.

—Oh, gracias, papi. No tenías porqué traer nada —dijo haciéndole reír mientras abría la caja para encontrar un exquisito par de pendientes de platino con dos delicados diamantes en forma de lágrima.

—Eres una caradura. No tenías que traer nada…

—Son preciosos, papi. Gracias —dijo echándole los brazos al cuello.

—Venga, ahora cuéntame tú tus novedades.

—Es sobre una proposición que me hizo Benjamín —explicó.

—Hey, hey, hey —le cortó —¿No va un poco rápido ese chico? ¿Cuánto tiempo lleváis juntos?

—Tres meses.

—¿Tres meses y te ha hecho la proposición?

—No es lo que tú crees —rió la chica divertida —No es una proposición de matrimonio.

—Ah, bien. ¿Y qué es entonces?

—Ya sabes que dentro de dos meses acaba mi último semestre de la universidad. —Edward asintió escuchándola con atención —Bien, Benjamín me ha propuesto que nos vayamos juntos a Europa por una temporada.

—¿Una temporada?

—Sí, cuatro o cinco meses, tal vez seis.

—¿Para hacer qué?

—¿Cómo hacer qué? Viajar, pasear, conocer Europa.

—¿Y trabajar?

—¿Trabajar? —inquirió la joven confusa.

—Sí, trabajar. Ya sabes, acabar la universidad para comenzar a trabajar. ¿No tienes planes de comenzar a trabajar?

—¿A qué te refieres?

—No sé, Jane. Yo espero que ahora que acabas la universidad busques un trabajo. —explicó —Ya sabes que puedo encontrarte un puesto aquí en la empresa si tú quieres.

—¿Un puesto aquí en la empresa? —preguntó indignada —¿Un puesto haciendo qué? ¿Lo que hace Alec? ¿Repartir correo, papeles y cafés?

—No sé, cariño. Hablaremos con Recursos Humanos, ellos pueden darnos opciones y podrás escoger. Estoy seguro que en Contabilidad o incluso en Recursos Humanos o Marketing tendrán alguna vacante. Puedes decirme qué es lo que te gustaría aprender y podemos buscarte algo para comenzar. De todos modos, aceptaré si prefieres buscar en otro sitio. Seguramente puedo contactarte con algunas personas o empresas que te interesen.

—¿Y no puedes darme uno de esos trabajos para acompañarte en tus viajes?

—Cielo, no llevo un séquito cuando viajo.

—Llevas a esa chica que le gusta a Alec. —contraatacó Jane.

—Esa chica que le gusta a Alec, —recalcó incómodo —es la abogada de la empresa.

—Ya. Esa chica tiene mi edad y le has dado un puesto en el que te la llevas de viaje por el mundo.

—Esa chica es abogada —repitió —Estudió en Yale y se graduó suma cum laude. Se tomó muy en serio la universidad. Algo que tú podrías haber hecho si hubieses querido.

—¡Es que para ti todo el mundo vale más que tu propia hija! —gritó la chica furiosa

—Venga, Jane —intentó calmarla —No digas tonterías. Nada para mí vale más que tú y tu hermano, pero eso no tiene nada que ver. Seguramente entenderás que si mi coche se estropea, prefiero que me lo arreglen en el taller, antes que pedirte a ti o a tu hermano que lo hagan. Lo mismo sucede con mis trámites legales. Si necesito un abogado, recurriré a Bella antes que a ti.

—Claro y simplemente prefieres encerrar a tu hija en un despacho oscuro de sol a sol. Seguramente tu preciosa abogada no se tomó ni unas pequeñas vacaciones al acabar la universidad.

—Cielo, no he dicho que no puedas tomarte unas pequeñas vacaciones, pero irte cinco meses a vagar por Europa, me parece una locura.

—¡Todo lo que yo hago te parece una locura! —gritó poniéndose en pie

—Jane… —le llamó sintiéndose exhausto mientras veía salir a su hija dando un portazo.

Se mesó los cabellos suspirando, mientras imaginaba la reacción de su hija cuando le dijera que la abogada que tanto la irritaba, ahora era su novia.


Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por leer.

Dejo un pequeño adelanto del próximo capi:

Cuando abrió la puerta, no esperaba encontrarse allí a la guapa rubia que la observaba con desdén.

—¿Señorita Tanya? —preguntó sorprendida —¿Qué hace usted aquí?

—He venido a hablar contigo —soltó la mujer adentrándose en la casa sin esperar una invitación.

—Disculpe pero, ¿cómo ha sabido mi dirección?

—¿Crees que en Recursos Humanos de Cullen no darían lo que fuera a la novia del director general? —comentó displicente

—Creía que usted era la ex novia del director general —acotó con insolencia ganándose una mirada furibunda de la mujer.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; JUEVES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic