Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 24

Bella entró en su casa dispuesta a hacer una pequeña maleta para pasar la noche en el departamento de Edward.

Él le había ofrecido acompañarla pero ella prefirió que le esperase en su casa.

Estaba guardando su neceser cuando el timbre llamó. Sus amigas no estaban en casa, por lo que corrió escaleras abajo.

Cuando abrió la puerta, no esperaba encontrarse allí a la guapa rubia que la observaba con desdén.

—¿Señorita Tanya? —preguntó sorprendida —¿Qué hace usted aquí?

—He venido a hablar contigo —soltó la mujer adentrándose en la casa sin esperar una invitación.

—Disculpe pero, ¿cómo ha sabido mi dirección?

—¿Crees que en Recursos Humanos de Cullen no darían lo que fuera a la novia del director general? —comentó displicente y petulante.

—Creía que usted era la ex novia del director general —acotó con insolencia ganándose una mirada furibunda de la mujer.

—Te crees muy lista, ¿no? —le increpó Tanya —Te crees muy lista pero no eres más que una zorra.

—Le agradeceré que no me falte el respeto en mi propia casa.

—¿Y tú no me has faltado el respeto a mí, pequeña zorra? Has estado provocando a mi novio hasta que has logrado engatusarlo. ¿Crees que no sé que te desharás de él tan pronto como te saques las ganas?

—Lo lamento, señorita. Tal vez yo me haya comportado como una zorra, pero sus reclamos debería hacérselos a él, que es quien tenía un compromiso con usted.

—¡Él está ciego! —gritó la rubia furiosa —Ciego por tu culpa.

—Lo siento, pero nada de lo que usted me diga hará que cambie mi postura. Estoy enamorada de ese hombre y haré todo lo que esté en mi mano para que él desee también estar conmigo.

—¿Cuánto crees que va a durarte? En cuanto se saque las ganas de follarse a una chiquilla, te dejará. Cuando vea que por mucho que quiera no tiene nada en común contigo, se deshará de ti.

—Pues entonces usted puede estar tranquila. —replicó sonriendo engreída recostada en la puerta aún abierta —Tal vez en ese momento decida volver con usted.

—Eres una insolente —gruñó Tanya acercándose a Bella amenazadora.

En ese momento, Jessica entraba por la puerta abierta.

—¿Qué sucede aquí? —preguntó mirando a la furiosa mujer que encaraba a su amiga —¿Bella?

—No es nada, Jess. La señora ya se iba.

Tanya les observó furiosa de una en una y sintiéndose frustrada y furibunda, salió por la puerta a grandes zancadas.

—Te arrepentirás de esto —amenazó mientras salía.

Jessica observó a la mujer claramente confusa.

—¿Y esa quién es? —preguntó mientras se quitaba su abrigo para colgarlo en el armario del vestíbulo

—Tanya Denali. La ex novia de Edward —explicó Bella cerrando por fin la puerta de calle.

—Vaya. ¿Y qué quería?

—No lo sé. Solo me dijo que Edward se cansará de mí y me dejará cuando se de cuenta que no tenemos nada en común. También me dijo que soy una zorra y algún que otro adjetivo.

—Jaja, no sabe ella cuan zorra puedes llegar a ser. No le prestes atención. Está despechada, es normal.

—Lo sé. La entiendo. En realidad la entiendo. Yo me sentiría igual ante cualquiera que viniera a quitarme a mi novio.

—Sí, seguramente. Pero no creo que ella tuviera escrúpulos si quisiera recuperar a Edward.

—Pues quiere recuperarlo, así que supongo que tendré que lidiar con su falta de escrúpulos.

—Me temo que sí —aceptó Jessica de acuerdo con su amiga.

Cuando Edward abrió la puerta, no se pudo resistir a levantar a la chica entre sus brazos y estrecharla contra su pecho.

—Te echaba de menos, nena —confesó antes de colarse en su boca y besarla con adoración. —Llevo más de veinticuatro horas sin besarte.

—Mmm, mucho tiempo —replicó burlona

—Tal vez no sea mucho, pero me había malacostumbrado a pasar el día entero contigo. —explicó regocijándola con sus palabras.

Edward vivía en el ático de un lujoso edificio, en una de las zonas más exclusivas de Seattle.

El departamento era lujoso y muy espacioso. Con una decoración minimalista, escasos muebles y colores oscuros, se veía masculino y elegante y reflejaba la personalidad de Edward.

Cenaron comida china que Edward encargó a su restaurante favorito e hicieron el amor en el enorme sofá de piel del salón, antes de pasar a la habitación de Edward donde volvieron a hacerlo.

La habitación de Edward, decorada en tonos neutros y oscuros al igual que el resto del departamento, era elegante pero impersonal.

En el baño de mármol negro, el neceser de Bella, de color rosa con dibujos de Hello Kitty destacaba como mosca en la leche.

Desnuda, acostada sobre la enorme cama, con el hombre al que amaba acostado entre sus piernas, con la cabeza apoyada en el plano vientre de la chica, observaba la habitación.

—No tienes fotos —comentó enredando sus dedos en los rebeldes cabellos cobrizos de él.

—¿Fotos de qué? —inquirió somnoliento

—No sé. Tuyas, de tu familia, de tus hijos…

—Es verdad —reconoció pensativo

—¿Y por qué?

—¿Por qué no tengo fotos? Qué sé yo. No lo sé, supongo que cuando me entregaron el departamento ya estaba decorado de esta forma.

—¿Y te prohibieron personalizarlo? —inquirió burlona

Edward levantó la cabeza para observarla con sus ojos entrecerrados.

—¿Detecto cierto tono de burla? —gruñó haciéndola reír —Compré una casa cuando me divorcié, porque quería que los chicos tuvieran sus propias habitaciones y un jardín donde jugar. Mi madre lo decoró como si fuese una casa de muñecas. Decía que no quería que los chicos echaran de menos un hogar. Tenía fotos, cuadros, jarrones y todo tipo de adornos y piezas. Estaba obligado a contar con una asistenta que se pasaba el día entero en mi casa, limpiando y poniendo orden. Tenía treinta años y cero de intimidad. Por fin cuando los chicos cumplieron sus veinte, les regalamos un departamento a cada uno de ellos, y mi casa se convirtió en una casa sólo para mí. Era demasiado grande y tenía demasiado atrezo, así que la vendí y compré este piso. Le pagué a un decorador y este es el resultado. Ahora no necesito una asistenta que viva conmigo sino que me basta con que venga tres o cuatro mañanas a la semana. Tengo intimidad para traerme una chica preciosa y hacerle el amor en cualquier rincón de la casa que se me ocurra –dijo sonriendo con descaro

—¿Sueles traer a muchas chicas para hacerles el amor?

—No, no muchas, pero ahora creo que hay una a la que traeré muchas veces —confesó antes de dar dos suaves mordisquitos a su vientre y bajar hasta su sexo, para hacerle el amor una vez más.

Era bastante tarde cuando por fin se dispusieron a dormir.

—Me encanta tenerte aquí —reconoció Edward en susurros, sosteniéndola entre sus brazos.

—Y a mí me encanta estar aquí.

—Hoy fue un día agotador.

—¿Mucho trabajo?

—Más que eso. Tanya y Jane me visitaron hoy y realmente me dejaron exhausto.

—¿Tanya y Jane? —inquirió Bella entre preocupada y sorprendida.

Había decidido no decirle nada a Edward sobre la visita que le había hecho su ex novia pero el sólo imaginar a la mujer hablando con la hija de Edward antes de que ellos decidieran explicarles a los hijos de él sobre la relación que mantenían, le inquietaba.

—Sí.

—¿Ambas? ¿Es que Tanya le explicó a tu hija que tú y yo...?

—No. No lo creo. En realidad primero fue Tanya intentando retomar nuestra charla sobre nuestra ruptura, y luego Jane con una idea disparatada sobre sus planes post universidad.

—¿Sus planes post universidad?

—Sí. Quiere tomarse unas vacaciones antes siquiera de pensar en nada más, como un trabajo o algo así.

—No creo que sea mala idea —acotó recelosa sabiendo que desafiaba el malhumor de Edward

—¿No? ¿Crees que no es mala idea?

—Supongo que querrá unos días para descansar sin preocupaciones antes de ponerse de lleno a trabajar.

Edward se carcajeó imaginando que esos fueran los planes de su hija.

—Ojalá fuera tan simple. En realidad no tiene la más mínima intención de ponerse de lleno a trabajar, y respecto a sus vacaciones, su intención es pasarse seis meses paseando por Europa con su novio.

—Oh, vaya... supongo que no es lo que tú esperabas.

—En absoluto. Esperaba que se incorporase a la empresa tan pronto acabara la universidad. Tal vez tomarse una semana o dos de vacaciones, no digo que no, pero ¿seis meses? Está loca si cree que voy a permitirlo.

—No quiero sonar entrometida —se disculpó por adelantado —pero a veces me parece que no tratas a tus hijos como adultos.

Edward la observó arqueando una ceja y sintiéndose repentinamente a la defensiva.

—¿Por qué lo dices?

—Sí. Tu hija tiene veinticuatro, cumplirá veinticinco años en un par de meses, tú no tendrías que permitirle o dejar de permitirle que se vaya de viaje o no. Ella debería poder decidirlo por sí misma.

—En parte sé que tienes razón pero yo sé cómo acabaría esto si lo hiciera. —explicó —Jane se iría a Europa por su cuenta, obviamente sin que yo me ocupara de financiarle su viaje. Pero desde luego que no trabajaría para costeárselo, por lo que cuando se le acabara el dinero me llamaría a mí o a su madre para que le enviásemos dinero y continuar viajando. No la dejaría tirada en Europa, sin dinero y acabaría saliéndose con la suya.

—Tal vez deberías hacer eso, dejarla tirada para que entienda que las cosas cuestan esfuerzo.

—Sí, tal vez debería, pero no lo haría. Yo o su madre, o incluso mis padres, alguien se ocuparía de solucionarle la vida.

—Nunca madurará si siempre tiene a alguien que le solucione la vida.

Edward suspiró sintiéndose agotado.

—Sé que tienes razón, Bella. Sé que mis hijos son unos consentidos y malcriados, pero no es fácil educar niños, más aún cuando tú mismo eres un crío.

—Puede que fueras un crío cuando nacieron pero fuiste lo suficientemente maduro y responsable como para hacerte cargo de ellos, y hacer lo que tenías que hacer.

—Teníamos diecinueve. Teníamos que madurar nosotros y no es fácil hacerlo al mismo tiempo que intentas educar dos niños.

—Creo que puedo llegar a entenderlo, pero en algún momento deberás poner punto a esa situación. No puedes solucionar los problemas de tus hijos toda la vida, porque no estarás con ellos toda su vida. En algún momento ellos deberán hacerse cargo de sus propias decisiones.

—Eres demasiado madura para tu edad —dijo estrechándola entre sus brazos.

—No lo soy. —discutió —Sólo me comparas con tus hijos, pero te puedo asegurar que ellos no son la norma. Al menos creo que Alec se comporta de forma más adulta que Jane.

Sintiéndose repentinamente celoso la miró susceptible.

—¿Por qué crees eso?

—Qué sé yo. Al menos tiene un trabajo y es responsable de él.

—¿Crees que Alec es responsable de su trabajo? Por Dios, Bella, tiene veinticuatro y aún sirve cafés y reparte el correo. ¿Crees que ese es un gran trabajo? Desearía poder darle un puesto de responsabilidad. ¡Joder, es mi hijo! Quisiera que pudiera desempeñar un trabajo de más responsabilidad, pero no me atrevo a hacerlo porque la única vez que le pedí que se ocupara de redactar algunos acuerdos, perdí la empresa en la que había estado trabajando durante los diez meses anteriores.

—No sé. Tal vez tengas razón, pero yo lo veo más centrado.

—A propósito, ¿qué hacía hoy en tu despacho? —inquirió incómodo

—Nada, sólo pasó a saludarme.

—¿Puedo preguntar si aún sigue queriendo ligar contigo?

—Somos amigos —sonrió divertida por los celos mal disimulados de su novio.

—¿Qué tan amigos? ¿Amigos solo amigos o amigos con beneficios?

—Amigos solo amigos.

—¿Nunca hubo nada entre tú y él? —se envaró al verla sonrojarse —Dime la verdad, por favor.

—Nos estuvimos besando el día que nos conocimos. —confesó por fin —Antes de que yo entrase a trabajar en Cullen. Él intentó algo más pero yo no estaba interesada.

—¿Y desde entonces?

—Nada. Nada en absoluto. Intentó besarme la noche de la fiesta de la empresa pero nada sucedió. Le dije que estaba enamorada de alguien más —sonrió mirándolo con intención —También sabía que ese alguien más no quería nada conmigo, pero hoy le aclaré que estoy en una relación con alguien a quien amo.

—¿Hoy se lo aclaraste?

—Sí.

—Supongo que si tuviste que aclarárselo habrá sido porque se te habrá insinuado...

—¿Estás celoso? —indagó Bella dedicándole una sonrisa burlona y divertida.

—Jodida e insoportablemente —reconoció estrechándola contra él.


Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por leer.

Dejo un pequeño adelanto del próximo capi:

—Y bien, Edward —preguntó Jessica mirándolo con atención —¿Qué intenciones tienes para con Bella?

Edward dio un respingo sorprendido antes de contestar.

—¿Disculpa?

—Me has oído. ¿Qué intenciones tienes?

Sonrió nervioso mirando a las tres chicas sentadas frente a él. ¿Qué coño hacía Bella en su habitación para tardar tanto?

—No sé a qué te refieres.

—Solo nos queremos asegurar que sabes que puede que Bella no tenga padres o hermanos, pero no creas que puedes hacerle daño sin sufrir consecuencias —sentenció la chica con autoridad.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; JUEVES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic