Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 26

Las siguientes semanas, la relación de Edward y Bella se fue afianzando, hasta el punto de tener a Edward algo descolocado.

Lo que al principio había pensado que no era más que una fortísima atracción física por esa chica, poco a poco se iba convirtiendo en algo que le calentaba el alma.

Sabía que no la amaba como ella desearía que lo hiciera, pero aún no tenía un nombre para ese sentimiento que estaba empezando a sentir.

Bella no se había mudado a su departamento oficialmente, pero Edward creía que la diferencia era muy poca.

Dormía con él cada noche y volvía allí cada tarde al salir de la empresa. Viajaban juntos cada mañana, aunque intentaban no entrar juntos ya que aún no habían hecho pública su relación en la empresa.

Se habían cumplido ya tres meses desde que habían comenzado su relación y Edward estaba ansioso por dejar de ocultarse.

Alec y Jane aún no sabían de su relación con la abogada, pero si les había explicado sobre su ruptura con Tanya, además de que había conocido a alguien con quien estaba teniendo una relación.

Por supuesto que a sus hijos no les había supuesto ningún tipo de malestar, ya que nunca se habían sentido especialmente ligados a su anterior novia, y tampoco sentían especial curiosidad por conocer a la nueva novia de su padre.

Jane, finalmente había acabado la universidad y tenía previsto, aunque con gran descontento, incorporarse a trabajar en Cullen después de haberse tomado un par de semanas de vacaciones para visitar París y la costa francesa, y en sólo un par de días se sumaría al equipo del departamento de marketing de la empresa familiar. No es que estuviera muy entusiasmada con la idea pero su padre había sido inflexible, y por primera vez en veinticinco años, Chelsea, su madre, no había intercedido por ella.

Por primera vez en mucho tiempo, Edward se sentía completamente satisfecho con su vida y lo que le estaba sucediendo, y no había nada que disfrutara más que compartir el tiempo con su chica.

Bella estaba ya en la cama una noche cuando Edward entró en la habitación. Se había visto obligado a llevarse trabajo a casa y después de cenar se había sentado frente a su ordenador para intentar cuadrar unos informes.

Bella, preciosa con el cabello castaño cayendo en ondas sobre sus hombros y cubierta por su un tanto ridículo pijama de Bob Esponja, leía el último libro que se había traído de su casa.

Edward se desvistió y se preparó para dormir, antes de colarse bajo las mantas junto a ella.

—¿Qué lees? —preguntó recostando su cabeza sobre el vientre de la chica

Adoraba ese momento, en el que Bella leía mientras enredaba sus dedos en los cabellos de él y masajeaba su cabeza dando suaves tirones a los mechones de su pelo.

—Un libro de fragmentos de John Donne.

—¿Es bueno?

—Mucho —aseguró

—Léeme —pidió sintiéndose somnoliento pero increíblemente cómodo.

Bella pasó algunas páginas y leyó para él.

— Es cierto, es ya de día, ¿y a nosotros qué nos importa?, ¿Piensas levantarte de nuestra cama?, ¿Por qué, porque hay luz? ¿Nos acostamos porque anochecía? Amor, que aquí nos trajo a pesar de la noche, debiera mantenernos juntos pese al día.

Edward sonrió.

—Me gusta ese hombre. —sentenció cogiendo el libro de las manos de Bella.

Su sonrisa se acrecentó cuando vislumbró el siguiente poema que había en esa página.

Cerró el libro y lo dejó sobre la mesita de noche antes de mirar a su novia con solemnidad y picardía y recitar.

—Ven a vivir conmigo, y sé mi amor, y nuevos placeres probaremos.

—Es todo lo que deseo —murmuró ella sonriente poniendo las manos en las mejillas masculinas y tirando de él hacia sus labios.

—¿Probar nuevos placeres?

—Ser tu amor —explicó lanzándose sobre sus labios para besarlo con ansiedad.

Sin necesitar más aliciente, Edward se volcó sobre ella y le hizo el amor con las mismas ganas y necesidad que sentía desde el primer día.

Cuando Bella se durmió entre sus brazos, él siguió dándole vueltas a las palabras de la joven.

En alguna parte de su corazón, empezaba a pensar que tal vez y sin quererlo ni buscarlo, Bella ya se hubiese convertido en su amor.

Nunca había creído en el amor y dudaba de que realmente existiese, pero no lograba definir qué era lo que él estaba empezando a sentir por esa chica, pero tenerla en su casa, en su cama, en su ducha; compartir con ella las mañanas, los desayunos, las cenas por las tardes cuando volvían a casa, y esos momentos de arrumacos en la cama, antes de dormirse, era algo a lo que no se veía dispuesto a perder.

Estaba decidido a blanquear su relación y hacerle saber al mundo que esa chica deliciosa le pertenecía y él a ella.

Seguía pensando que lo primero que debería hacer sería explicárselo a sus hijos pero con Alec de vacaciones, debería esperar su regreso para hablar con ellos.

—Esta noche quiero que vayamos a cenar a algún sitio bonito —dijo Edward en cuanto detuvo el coche en el aparcamiento de Cullen Holdings a la mañana siguiente.

—¿Ah, sí? ¿Y a dónde me vas a llevar?

—Tú solo ponte algo bonito. Yo me encargaré de reservar una mesa.

—De acuerdo. Recógeme en mi casa —dijo inclinándose hacia él para darle un rápido beso en los labios antes de abandonar el coche —Iré a comprar un café.

Edward entró al edificio mientras Bella salía en busca de un café del Starbucks, para evitar entrar juntos en la empresa.

Ya se estaba cansando de esas intrigas pero había decidido hacer las cosas de la forma que Bella se sintiera más cómoda.

Cuando Bella entró a su casa esa tarde, Jessica estaba allí más que dispuesta a ser su estilista y ayudarla a elegir su mejor atuendo.

Finalmente se decidió por un vestido corto negro, con mangas largas y un escote muy cerrado que se abría por detrás y dejaba su espalda completamente desnuda.

Lo había utilizado una sola vez para acudir a una fiesta organizada por el bufete de los Black en Nueva York, y le quedaba realmente estupendo.

Se calzó unos altísimos tacones negros de Jessica, que aunque estaba segura de que torturarían sus pies, estilizaban sus piernas de una forma irresistible.

Supo que su elección era la acertada cuando abrió la puerta para Edward.

La mirada de admiración que él le dedicó la sobrecogió y regocijó al mismo tiempo.

—Estás preciosa, cariño —aseguró besando su mejilla

—Gracias —aceptó complacida.

Edward la ayudó a colocarse su abrigo y la acompañó hasta su coche.

—Tengo una mesa reservada en el Lodge —explicó cuando puso el coche en marcha.

—Nunca he ido al Lodge

—Te encantará —aseguró y Bella no lo dudó.

El Lodge era un restaurante dedicado a la cocina vanguardista que había abierto el año anterior con gran éxito.

Bella no había encontrado la oportunidad para ir allí pero estaba definitivamente, entre sus pendientes.

Cuando el valet se llevó su coche, se dirigieron a la entrada del restaurante.

Se detuvieron frente a la anfitriona esperando que les llevara hasta su mesa. Bella se recostaba contra él mientras los dedos de Edward trazaban suaves círculos en la piel desnuda de su baja espalda.

—¿Papá? —la voz de Jane resonó a sus espaldas.

Las manos de Edward se tensaron en la cintura de su mujer, pero se volteó intentando mantener impasible su rostro.

—Papá —repitió la chica que les observaba sorprendida junto a su novio.

—Hola, cielo —saludó sonriente besando la mejilla de la joven que no despegó la mirada de la chica que estaba con su padre.

—¿Qué significa esto, papá?

Edward inspiró profundamente antes de contestar.

—Ya conoces a Bella.

—Conozco a tu abogada —replicó la chica con retintín —Pero no pensé que tuvieras ese trato tan íntimo con tus empleados. Supongo que dirás que esto no es lo que parece.

—No, no lo diré. Porque me imagino que parece que Bella y yo estamos juntos y eso es justamente la realidad. Bella y yo estamos juntos.

—¿Qué quieres decir con juntos?

—Juntos. Exactamente lo que imaginas.

—¿Me estás diciendo que te estás tirando a esta tía? —replicó mordaz destilando odio en la mirada que le dirigió a Bella.

—Jane —le regañó Edward —te exijo que te comportes con respeto hacia mi novia y hacia mí.

—¿Tu novia? —gritó la chica —¿Tu novia? ¿Estás diciendo que esta furcia es tu novia? Podría ser tu hija.

—Desde luego que no lo es. Mi hija es bastante más maleducada, malcriada e infantil que Bella —respondió mordaz tomando a su hija por el brazo y dirigiéndola hacia la salida del restaurante —No creo que este sea el lugar para hacer un escándalo —gruñó entre dientes.

Bella y Ben se miraron extrañados antes de salir tras ellos, ante la mirada curiosa de la anfitriona.

—¿Cómo puedes estar tirándote a una mujer que podría ser tu hija? —gritó Jane cuando llegaron al vestíbulo vacío.

—Bella no es una niña sino una mujer adulta.

—¡Tiene mi edad! —rugió la chica con indignación.

—Que tú no sepas comportarte como una adulta no te convierte en una infante.

—No lo puedo creer —exclamó la chica nerviosa —¡Dios! ¿Te has convertido en un viejo verde?

—Oh, por Dios, Jane. Madura un poco, ¿quieres? Tengo cuarenta y tres, no soy un viejo decrépito aunque a ti te lo parezca.

—¿Es que no te das cuenta? ¡Es una zorra trepadora!

—Jane —le llamó Ben intentando calmarla.

—Te exijo respeto hacia Bella, Jane —gruñó Edward entre dientes.

—No lo puedo creer. ¿Has dejado a Tanya por esta... mujer? —inquirió dedicándole a Bella una mirada despectiva.

—Jane, sigo siendo tu padre. No te debo ningún tipo de explicaciones sobre con quién salgo o con quién dejo de salir. Tú no me pides autorización cuando eliges a tus parejas o acompañantes; ciertamente, yo no voy a hacerlo.

—¿Y no tendrías nada que decir si saliera con un viejo de cincuenta años?

—Sin importar lo que yo dijera tú harías lo que se te viniera en gana. Y estoy seguro de que nunca dejarías al hombre de quien te enamoraras, por mucho que yo insistiera —aclaró sorprendiendo enormemente a Bella con su insinuación de estar enamorado.

—No puedes estar enamorado de esta mujer —replicó Jane con desprecio —¿Qué crees que dirá Alec cuando lo sepa?

—Espero que esté feliz sabiendo que su padre es feliz y está con la mujer que quiere.

—¿Es que no lo entiendes? —rugió exasperada —Esta mujer está contigo solo porque eres el dueño de Cullen.

—Lamento que tengas tan mala opinión de tu padre, y que no le creas merecedor del amor y el respeto de una mujer preciosa e inteligente —dijo estirando su mano para enredarla con la de Bella —Este no es el lugar ni el momento para tener esta conversación, Jane. Bella y yo tenemos una reserva y vamos a ir a cenar ahora mismo. Imagino que vosotros también tendréis una reserva pero estaríamos encantados de compartir nuestra mesa con vosotros. —agregó mirando a su hija y al novio de ésta alternativamente.

—Yo no pienso sentarme a la misma mesa con esta mujer. Ni siquiera me quedaré en el mismo restaurante que ella.

—Pues lo lamento mucho. Entonces ya nos veremos —sentenció volteándose para dirigirse nuevamente al interior del restaurante ante la mirada furiosa de su hija.


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Adelanto del próximo capi:

—Lo siento, nena —se disculpó estirando su mano sobre la mesa para enredarla con la de Bella —Nunca imaginé que Jane pudiese ponerse tan desagradable y agresiva.

—No tienes que disculparte. Yo soy quien lo siente. Lamento que tengas que enfrentarte a tu hija por estar conmigo.

—Tendrá que aceptarlo. Tarde o temprano sé que lo hará —aseguró con un convencimiento que Bella no compartía.

—¿Crees que será más difícil para Alec?

—No. Creo que será más fácil.

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Besitos y a leer!

Días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; JUEVES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic