Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 27

Cuando por fin fueron ubicados en su mesa, Edward por fin logró sosegar su malestar.

—Lo siento, nena —se disculpó estirando su mano sobre la mesa para enredarla con la de Bella —Nunca imaginé que Jane pudiese ponerse tan desagradable y agresiva.

—No tienes que disculparte. Yo soy quien lo siente. Lamento que tengas que enfrentarte a tu hija por estar conmigo.

—Tendrá que aceptarlo. Tarde o temprano sé que lo hará —aseguró con un convencimiento que Bella no compartía.

—¿Crees que será más difícil para Alec?

—No. Creo que será más fácil. Ahora olvidémonos de este desagradable momento y disfrutemos la cena —sonrió mirándola seductor.

Compartieron una exquisita cena compuesta por un menú degustación con una decena de platos.

Cuando les sirvieron un plato de ostras con diferentes aliños, ambos se excitaron alimentándose el uno al otro.

Para cuando les sirvieron el postre de fresas con chocolate, Edward no veía el momento de pagar la cuenta y salir de allí para llevar a esa mujer a su casa y a su cama.

Los labios de Bella se separaron para recibir la fresa bañada que Edward le ofrecía.

Él se lanzó sobre sus labios nada más verla degustarla.

—¿Estás lista para salir de aquí? —susurró contra sus labios al separarse.

—¿Vamos a saltarnos el café? —preguntó risueña y seductora.

—Puedo pedírtelo para llevar, o mejor aún prepararé uno en casa. Pero ahora mismo necesito llevarte a casa y meterte conmigo en la cama. Preferiblemente desnuda. —explicó ansioso.

—No puedo resistirme a esa oferta. —rió

Hicieron el viaje de regreso en un ansioso y prometedor silencio.

—No sé cómo no te he desnudado antes —gruñó nada más cerrar la puerta del departamento, tirando de ella hacia él.

—Creo que te lo hubiera permitido —sonrió divertida rodeándolo con sus brazos.

Las manos de Edward levantaron su falda para posarse sobre sus glúteos desnudos, mientras con sus labios recorría su rostro y su mandíbula dejando suaves besos y pequeños mordiscos.

Bella enredó sus piernas en la cintura de él y Edward caminó con ella hasta la habitación.

La tumbó sobre la cama para desnudarla con premura.

Antes de que ella pudiera reaccionar a lo que sucedía, la boca de Edward se había posado sobre su pubis, para lamerla, mordisquearla y penetrarla con su lengua.

Tal vez fueran las ostras o quizás solamente fuera por él, pero el orgasmo le sobrevino en unas pocas embestidas de la lengua de su hombre.

—Dios, Edward —gimió haciéndole sonreír.

—¿Estás bien, nena? —inquirió con petulancia después de sorber sus jugos mientras subía sobre su cuerpo para quedar acostado sobre ella

—No creo que pudiera estar mejor.

—Todavía puedo hacerte sentir mejor —dijo masajeando su pecho con una mano.

—No lo dudo —reconoció satisfecha —Desnúdate —ordenó desabotonando su camisa a la vez que tironeaba el nudo de la corbata.

Edward se separó de ella riendo por su ansiedad y se desnudó dejando sus ropas desperdigadas por el suelo de la habitación.

Volvió a tumbarse sobre ella completamente desnudo, con su poderosa erección golpeando insolente contra el sexo aún inflamado de la chica.

Bajó sus labios sobre los de ella para besarla con lujuria mientras su mano acariciaba los palpitantes labios de su vagina para colarse entre ellos estimulándola y estirándola para su penetración.

—Vamos, Edward —rogó Bella jadeante y ansiosa —Te necesito...

—Yo te necesito, nena —gimió él separando con sus dedos sus labios íntimos para colar entre ellos lentamente su erección.

Bella gimió y suspiró complacida ante la invasión mientras le ceñía de esa forma tan enloquecedora que Edward aún no había aprendido a manejar.

—Hazlo, mi amor —rogó ella ansiosa por su fricción cuando él se detuvo al encontrarse perfectamente acoplado a su cuerpo.

—Nena... dame un momento, si me muevo voy a correrme...

—Quiero que te corras.

—No tan rápido, cielo —gimió intentando calmar un poco su agitación.

Después de unos momentos se retiró para volver a adentrarse en ella haciéndola suspirar.

Comenzó un vaivén muy lento hasta que sintió que podría durar el tiempo suficiente para hacerla alcanzar la cima, y luego muy lentamente fue incrementando la velocidad de sus embestidas.

Cuando sintió que se correría de un momento a otro, Bella se retorcía jadeante bajo su cuerpo, gimiendo y emitiendo los enloquecedores grititos que destruían el autocontrol de Edward.

Bella enredó las piernas en la cintura de Edward para empujarlo hacia ella profundizando la penetración.

—Móntame —ordenó él girándose en la cama para dejarla sentada a horcajadas sobre él.

Bella gritó en cuanto estuvo sobre él y su miembro se enterró completamente en su cuerpo.

—Móntame —repitió él entre dientes, asiendo su cintura para ayudarla a cabalgarle.

Bella apoyó sus manos sobre el fuerte pecho de él y, dándose impulso lo cabalgó con desespero.

Las caderas de Edward se elevaban acompasadas al cuerpo de la joven, mientras el sudor iba empapando sus cuerpos.

En el silencio de la noche, los jadeos de ambos se sumaban al sonido rítmico del chocar de sus cuerpos y sus carnes.

—Edward... —gritó ella al borde del abismo.

Edward se sentó y la aferró fuertemente por la cintura manteniéndola quieta mientras la embestía dándole de lleno en el punto G y haciéndola caer por el abismo del clímax que había vislumbrado.

Gruñendo dio un par de estocadas más mientras volcaba su semilla en lo más profundo de su sexo.

Se quedaron allí, sentados y abrazados sobre la cama intentando recuperar el ritmo normal de sus corazones y respiraciones.

—Mierda, nena —murmuró él cuando por fin se calmó —Eso ha sido...

—Maravilloso —murmuró ella apretada contra él.

—Ya lo creo. Creo que necesitaré horas para recuperarme.

—Lo dudo de ti, superdotado Cullen senior —comentó burlona utilizando el apodo con el que tanto les gustaba bromear desde que Edward lo había escuchado de Jessica hacía ya bastante.

—Pues creo que has exprimido y agotado mi dote —rió Edward dejándose caer en la cama y atrayéndola con él.

—Te quiero, Edward —confesó Bella acostada sobre su pecho.

—Lo sé —reconoció él acariciando su espalda.

Bella inspiró profundamente buscando la mejor forma de decirle lo que le venía carcomiendo desde el enfrentamiento de esa noche entre Edward y su hija.

—Hoy, cuando discutías con Jane... —comenzó sin saber cómo seguir.

Necesitaba saber cuáles eran los sentimientos que Edward tenía por ella en ese momento, pero a la vez sentía terror de ilusionarse y que en realidad los sentimientos de Edward no hubiesen cambiado y de su parte solo hubiese atracción.

—¿Sí?

—Le insinuaste...

—¿Qué cosa, nena?

—Le insinuaste que estabas enamorado de mí —soltó de una vez sin atreverse a mirarle.

Sin decir nada, Edward la movió para salirse de su interior donde continuaba sepultado y la recostó sobre el colchón para levantar su rostro hacia él y enfrentar su mirada.

—Sé que eso fue lo que Jane entendió.

—Pero no fue lo que tú quisiste sugerir... —comentó ella intentando no mostrar su decepción.

—Nunca he estado enamorado, Bella —reconoció —Y estoy seguro de ello porque nunca sentí miedo de que me dejara alguna de las mujeres con las que estaba. Nunca me preocupó especialmente que pudieran herirme porque sabía que no tenían poder para ello. Nunca le entregué ese poder a ninguna de ellas. —explicó —Pero contigo... —exhaló —lo que me pasa contigo es algo completamente desconocido para mí. Lo que siento por ti es totalmente diferente a lo que he sentido nunca. No he creído nunca en el amor porque nunca estuve ni cerca de sentir algo tan profundo. Pero contigo... no sé lo que me pasa. No puedo imaginar que estés con nadie más. Solo imaginarte en los brazos de otro hombre me frustra, me duele, me atormenta. No quiero siquiera pensar en ti viviendo en otro sitio que no sea aquí en mi casa, conmigo. Ver tus braguitas entre mis boxers me calienta el alma, me encanta. Escucharte cantar tan terriblemente mal como lo haces en la ducha —explicó sonriente —me llena de ternura. Creo que ahora mismo no podría dormir una noche si tú no me leyeras algún párrafo de esos libros empalagosamente románticos que tienes. Llegar a casa y encontrarte en el sofá atiborrándote de golosinas, vestida con tu ridículo pijama de Bob Esponja y viendo Mujeres Desesperadas o los capítulos repetidísimos de Sex in the City, me da ganas de cerrar la puerta y hacer desaparecer la llave para que no puedas marcharte. Hacerte el amor me transporta al nirvana. Esta vida que tengo ahora contigo es la que quiero mantener el resto de mi vida. —dijo haciéndola sonreír satisfecha y complacida.

—¿No crees que eso sea que estás enamorado de mí?

—No lo sé, nena. No sé qué nombre debería llevar esto que me pasa, pero eso es lo que siento y no necesito darle una definición tan mediocre como una sola palabra.

—Te amo, Edward —confesó Bella sintiéndose completamente feliz —Y no me importa definir lo que tú sientes. Yo sé lo que es y tú también, aunque no le puedas dar un nombre —reconoció recostándose contra él y apoyando su cabeza sobre el fuerte pecho masculino, donde se quedó dormida.

—Te quiero, Bella —murmuró Edward contra su pelo castaño cuando sintió su respiración acompasarse víctima del sueño y supo que no le escucharía.

Bella y Edward estaban discutiendo un contrato nuevo a la mañana siguiente, cuando Edward recibió en su despacho una visita un tanto inesperada.

—Edward —dijo Zafrina a través del intercomunicador —Chelsea Tucker está aquí para verte.

—¿Chelsea? —inquirió sorprendido mirando a Bella extrañado —Hazla pasar —dijo al intercomunicador antes de dirigirse a Bella —¿Te importa si lo discutimos luego?

—No, está bien —aceptó Bella poniéndose de pie a la vez que la puerta del despacho se abría y a través de ella entraba una hermosa mujer en la que Bella identificó cierto parecido con Jane.

Chelsea era todo lo que Bella podía esperar de una mujer de cuarenta y tres años que hubiera trabajado de modelo su vida entera.

No muy alta, pero esbelta y grácil y con curvas femeninas que acentuaban el elegante vestido negro que llevaba. Su cabello de un color rojo intenso y sus ojos de un color azul profundo resaltaban su piel clara y lisa como porcelana.

La mujer miró a Bella con curiosidad antes de dirigir la vista a su ex marido.

—Buenos días, Edward.

—Buenos días, Chelsea —respondió éste poniéndose en pie y acercándose a ella para besar su mejilla. —¿Cómo estás? Me sorprende un poco tu visita.

—Necesitaba hablar contigo pero si estás muy ocupado puedo volver en otro momento —dijo mirando a Bella con interés.

—Oh, no, no te preocupes. Discutíamos un contrato pero podemos hacerlo luego. —explicó —Déjame presentarte. Ella es Bella Swan, la abogada de Cullen. Bella, ella es Chelsea Tucker. Chelsea es la madre de Alec y Jane.

A Bella no le pasó desapercibida la mirada que le dirigió la mujer y la recorrió de cuerpo entero.

—Encantada —dijo estirando su mano hacia ella.

—Igualmente —respondió Bella acomodando en su brazo las carpetas sobre las que estaban trabajando —Bien, yo les dejo. Edward, ya me dirás cuando podamos continuar con esto.

—Sí. —aceptó él acompañándola a la puerta —Consigue los datos contables de los últimos tres años. Creo que nos harán falta.

Bella salió del despacho sintiéndose confusa ante la visita de la ex mujer de su novio.

—¿Café, Chelsea? ¿Algo para beber? —ofreció Edward en cuanto cerró la puerta.

—No, gracias —rechazó la mujer

—Siéntate —le invitó él yendo a su propio asiento para sentarse frente a ella —Dime, ¿qué te trae por aquí?

—Estoy segura de que podrás imaginártelo.

—En realidad, no. —reconoció él —En absoluto.

—Jane está muy afectada —explicó Chelsea y Edward por fin imaginó la razón de la visita de su ex —Ayer llegó a casa sintiéndose muy herida y confundida.

—Oh, por favor —se quejó molesto recostándose en su butaca.

—¿De verdad estás saliendo con esa chica? —indagó la mujer señalando la puerta por donde había salido Bella hacía solo un momento

—Disculpa, Chelsea, pero eso no es de tu incumbencia. Yo no te digo absolutamente nada sobre los tipos con los que has salido. Tú no eres quién para opinar sobre las mujeres con las que yo salgo.

—Oh, por Dios, Edward. En primer lugar, desde el divorcio yo solo he salido con Aton y me casé con él, no es como que hubiese sido promiscua.

—Pues me alegra que te hayas sentido tan feliz con tu primera opción. De cualquier forma yo nunca opiné sobre tu relación con él.

—Venga ya, Edward. Aton no tiene la edad de Alec. —acotó la mujer con retintín —Yo tampoco he opinado nunca sobre tus relaciones. Nunca he dicho nada respecto a que salieras con Tanya, ni tampoco cuando salías con aquella Gianna hace años. Pero porque esas relaciones nunca afectaron a nuestros hijos.

—¿Y por qué debería afectarles que yo tenga una relación con Bella?

—¡Tiene la edad de Jane!

—En realidad tiene un año y medio más que Jane.

—Oh, por Dios, venga ya. Es lo mismo.

—Ni siquiera se trata de una amiga de Jane. —discutió sintiéndose molesto. —Es una mujer adulta y responsable. Puedes estar segura de que no me estoy aprovechando de una niña. No soy un pederasta.

—No eres un pederasta, pero no puedes negarme que esto es perverso. Sales con una mujer que podría ser tu hija.

—Pero no lo es —gruñó enfadado —No es mi hija. Es una mujer, no una niña. Es una adulta seria, responsable, con la que mantengo una relación seria y no pienso cambiar eso.

—Pues debes saber que Jane se niega a venir a trabajar aquí mientras tú continúes tu relación con tu abogada. Dijo que no quiere ver cómo te conviertes en el hazmerreír de la empresa por salir con una chiquilla.

—Oh, por favor —rió malhumorado —Venga, ya, Chelsea. ¿Y tú la apoyas? Estoy seguro que Jane lleva dos meses buscando una excusa que le valiera para no tener que trabajar y poder continuar viviendo en su burbuja feliz. Lo mío con Bella solo le dio una excusa.

—Yo sólo te digo lo que ella ha dicho.

—Me parece perfecto. Si no quiere venir a trabajar que no lo haga, pero que se olvide de que yo continúe manteniéndola. Puedes decirle que si tanto le molesta trabajar en Cullen, no tiene que hacerlo, pero su asignación mensual se acabó. Si tiene el dinero suficiente como para seguir haciendo frente a sus lujos y caprichos, pues entonces que lo haga. Por mi parte se acabó. Ni un solo centavo más.

—Edward, intenta entenderla. Jane me dijo además que Alec está enamorado de esa chica. ¿Cómo crees que le caerá saber que tú te la estás tirando?

—Mi relación con Bella es algo más que estármela tirando —recalcó —Y no es verdad lo que dices de Alec. Él solo estaba obsesionado con Bella porque ella le rechazó. Nunca ha estado enamorado de ella.

—Entonces no vas a dejarlo, ¿no? —refunfuñó la mujer

—Ahora hablamos el mismo idioma —sonrió petulante intentando ocultar su enfado.

—Pues ya veremos cómo acaba esto con tus hijos y tu relación con ellos —espetó Chelsea con indignación antes de ponerse en pie y abandonar el despacho altanera.


Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer.

Adelanto del próximo capi, que les recomiendo porque es muy HOT:

Su hija es una niñita caprichosa e inmadura pero no quiero ser yo quien se lo diga a Edward.

—¿Crees que él no lo sabe?

—Lo sabe. De hecho él acostumbra decirlo, pero que yo lo diga sería remover su herida y estoy segura que no le gustaría que yo atacara a sus hijos, por mucho que esté en lo cierto. —explicó —Son sus hijos después de todo, y yo no quiero meterme en medio de ellos.

—Tienes razón. Mejor que lo arreglen entre ellos, pero tú no te dejes insultar ni agredir por muy hija suya que sea. ¿Cómo crees que reaccione Alec?

—¿Qué crees tú? —inquirió Bella mirando a su amiga con suspicacia.

—Por lo poco que lo conozco, diría que mal.

—Yo también, aunque Edward cree que no. Que después de un momentáneo malestar inicial, se lo tomará bien.

—Esperemos que él como padre lo conozca más que nosotras.

—Esperemos que sí —rogó Bella temiendo estar equivocada.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; JUEVES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic