Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 28

El malestar de Edward ante la intrusión de Chelsea, era patente, pero se negó a permitir que eso contaminara su relación con Bella, por lo que prefirió ocultarle a ella la razón de la visita de su ex.

Aunque no pudo dejar de intuir que para cuando Alec volviese a la ciudad cuatro días después, su reacción no sería nada buena.

Jane debía haberse presentado a trabajar dos días después pero no lo hizo, ni tampoco le dio ningún tipo de explicación a su padre.

Edward, negándose a entrar en su juego, ni siquiera la llamó, sino que simplemente se encargó de cancelar su asignación mensual.

Esa tarde, que Bella le dijera que pasaría la noche en su casa, ya que sus amigas habían organizado una noche de chicas, para celebrar el cumpleaños de Jessica, no mejoró su día en absoluto.

—¿De verdad no vas a venir conmigo? —preguntó con un mohín infantil cuando detuvo el coche frente a la casa de ella.

—Es sólo por esta noche. —sonrió ella inclinándose para besarle.

—Voy a echarte de menos —gimió él intentando convencerla —Puedes llamarme en cuanto acabéis y vendré a buscarte.

—Edward, no tiene sentido que hagas eso. No voy a despertarte a las dos o tres de la mañana para que me recojas. Sería una tontería.

—Yo lo haría. No me molestaría.

—Sé que no y te amo por ello, pero estoy segura de que si me echas de menos esta noche, mañana me desearás más —ronroneó seductora contra sus labios.

—Si te deseo más voy a explotar.

—Seguro que no lo harás —rió ella divertida antes de abrir la puerta del coche.

—Ven aquí, pequeña bruja —ordenó atrayéndola a sus brazos para darle un beso digno de un Oscar —Diviértete, pero no mucho.

—Lo haré. Y también te echaré de menos.

—No tanto como yo a ti.

Jessica había organizado una salida como las de los viejos tiempos. Sólo chicas, aunque acabando en el Twilight, donde siempre había hombres guapos.

—Por conseguirte un novio este año —dijo Alice alzando su copa al brindar al acabar la cena.

—Y que esté tan bueno y tan bien dotado como dicen lo está Cullen Senior —agregó la homenajeada mirando a Bella con una sonrisa socarrona.

—Doy fe —rió Bella

—Yo brindo para que de una vez por todas aceptes que Mike es el tipo con el que quieres estar —acotó Angela con seriedad

—Estás loca —se burló Jessica

—Venga ya, Jess, Angela tiene razón, ya es hora de que reconozcas que te gusta Mike más de lo que dices.

—Claro que me gusta. Echa unos polvos excepcionalmente complacientes y siempre hace lo que yo quiero —comentó petulante la castaña.

—Puedes intentar engañarte diciendo que es todo lo que te interesa, pero llevas cuatro años saliendo con él, aunque solo sea de esa forma eventual.

—No salgo con Mike —discutió —Sólo follamos cuando tenemos la oportunidad.

—Y le llamas cuando necesitas despotricar contra el contable del banco —acotó Alice

—O cuando tu madre te echa la bronca por no visitarla tan a menudo como lo hace tu hermana. —agregó Bella

—Oh, por Dios. No digáis tonterías. Mike siempre está dispuesto a escucharme solo para ser merecedor de un polvo.

—Eso es una tontería y tú lo sabes —discutió Angela enérgica —Está enamorado de ti hasta las cejas.

—¡Qué va! No está enamorado de mí. —debatió la joven melancólica —Venga, vamos. Vayamos al Twilight que mañana hay que madrugar y no podemos irnos a la cama muy tarde —dijo cortando la conversación y poniéndose en pie.

Siendo jueves el Twilight no estaba tan atiborrado como solía estarlo los viernes o sábados, por lo que no les fue difícil conseguir una mesa donde siguieron brindando con champagne y margaritas.

Sobre las dos de la mañana, Angela se había encontrado con Ben, y un amigo de éste, Jasper Whitlock, que le había caído particularmente bien a Alice.

Después de compartir los seis bebidas y risas, Angela y Alice se fueron a bailar con los chicos cuando, luego de una ronda más, Bella y Jessica decidieron retirarse.

Tumbadas en la cama de Bella comían helado de un bote de Ben&Jerry's.

—Estoy enamorada de Mike —reconoció Jessica escondiendo su rostro en la almohada ante la carcajada de Bella.

—Lo sabía —rió la castaña —Sabía que estabas enamorada de él, y es evidente que él está loco por ti.

—Yo no estoy tan segura.

—¿De qué? ¿Que Mike esté enamorado de ti? Sí que lo está. Deberías decirle lo que sientes e intentar tener una relación más formal.

—No me atrevo —confesó Jessica vergonzosa.

—¿Que tú no te atreves? Eso sí es nuevo. ¿Jessica Louise Stanley no se atreve a decirle a un chico lo que siente? Pues deberás hacer algo para que sea él quien se declare.

—Mike no lo hará. Durante tanto tiempo le he dicho que no quería nada más que algo informal, que no dirá nada.

—Pues entonces tendrás que ser tú quien lo haga. No puedes perderte al chico del que estás enamorada por un tonto orgullo, Jess.

—¿Y si él ya no siente lo mismo?

—Oh, por Dios, Jess. ¿Qué ha sido de aquella chica que me aconsejaba colarme en el despacho de Edward y confesarle mis sentimientos?

—Ha perdido toda su valentía —reconoció con pena.

—Pues si quieres yo podría mandarle un mensaje anónimo diciéndole que se lance a por ti —ofreció Bella amablemente.

—Lo pensaré y te lo diré. —aceptó metiendo en su boca una cuchara colmada de crema helada —¿Cómo va todo con Cullen?

—Dios, Jess —suspiró enamorada Bella —Le amo. Es todo lo que podía haber deseado en un hombre y más. Es guapo, inteligente, maduro, serio, responsable... y sin lugar a dudas, un amante excepcional.

—¿Y él? ¿Ha confesado finalmente que te ama?

—No con tantas palabras, o en realidad no con esas palabras literales, pero me ha dicho cosas tan bonitas y profundas que sé que lo hace.

—Vaya, Bells. No sabes cuánto me alegro por ti. Te lo mereces. Eso y más.

—Gracias, Jess —respondió Bella abrazando a su amiga con cariño.

—¿Y cómo se lo ha tomado su hijo?

—Alec no lo sabe aún —reconoció con un mohín nervioso —Está de viaje y vuelve en estos días. Edward se lo dirá entonces, pero su hija ha reaccionado muy mal.

—¿Sí? ¿Por qué?

—El lunes nos la encontramos en el Lodge y montó un berrinche digno de una niña de colegio. Le dijo a Edward que yo era una zorra y una trepadora, que podía ser su hija. Que yo solo estaba con él por ser el dueño de Cullen Holdings.

—Oh, vaya. ¿y qué hizo Edward?

—La puso en su lugar, pero ella debía integrarse a trabajar estos días a Cullen y no lo ha hecho y me temo que lo mío con su padre haya tenido algo que ver en su decisión.

—¿Qué dijo Edward sobre eso?

—No le he querido preguntar. Su hija es una niñita caprichosa e inmadura pero no quiero ser yo quien se lo diga a Edward.

—¿Crees que él no lo sabe?

—Lo sabe. De hecho él acostumbra decirlo, pero que yo lo diga sería remover su herida y estoy segura que no le gustaría que yo atacara a sus hijos, por mucho que esté en lo cierto. —explicó —Son sus hijos después de todo, y yo no quiero meterme en medio de ellos.

—Tienes razón. Mejor que lo arreglen entre ellos, pero tú no te dejes insultar ni agredir por muy hija suya que sea. ¿Cómo crees que reaccione Alec?

—¿Qué crees tú? —inquirió Bella mirando a su amiga con suspicacia.

—Por lo poco que lo conozco, y lo petulante que me pareció el día que lo conocí, diría que mal.

—Yo también, aunque Edward cree que no. Que después de un momentáneo malestar inicial, se lo tomará bien.

—Esperemos que él como padre lo conozca más que nosotras.

—Esperemos que sí —rogó Bella temiendo estar equivocada.

A la mañana siguiente, cuando entró al despacho de Edward, éste le dedicó una sonrisa socarrona que la hizo sonreír nerviosa.

—Buenos días.

—Buenos días, preciosa —le respondió acercándose a ella con andar felino —¿Cómo estás? —preguntó rodeándola con sus brazos y estrechándola contra él para besarla con ansiedad.

—Ahora muy bien —murmuró ella en cuanto sus labios abandonaron su boca para bajar por su cuello dejando suaves besitos y mordiscos.

—Te eché de menos anoche —confesó él —¿Te divertiste?

—Mucho, pero no tanto como me hubiese divertido si hubieses estado allí.

—Eso ni lo dudes, nena —rió —Ven, siéntate —ordenó obligándola a sentarse en la butaca frente al escritorio y poniéndose de rodillas frente a ella.

—Vaya —rió ella al verlo en esa posición —¿Qué haces?

—Tengo algo para ti —dijo excitándose por la anticipación.

La noche anterior, mientras revolvía todos los cajones de su lavabo en busca de alguna pastilla para el malestar estomacal, se había encontrado con una bolsa plástica que contenía una cajita de terciopelo negra.

Se envaró al verla, pero no pudo evitar cogerla y abrirla.

La había olvidado por completo. Esa cajita llevaba guardada en su lavabo más de seis meses sin que nadie la tocara y él la había olvidado por completo.

Dentro de ella, sobre un tejido de seda negra, descansaba un par de bolas chinas plateadas perfectamente limpias y brillantes.

Las había comprado para Tanya después de haber visto en el bolso de Bella unas iguales, pero Tanya se había negado a utilizarlas y le había demostrado su rechazo dejándolas olvidadas sobre la mesa de café de su salón.

No pudo evitar que su pene se sobresaltara al recordar cuánto había fantaseado con Bella y esas bolas en su despacho.

Había pasado toda la noche pensando en quien ya consideraba su mujer, y cómo le haría pagar el haberlo dejado pasar la noche solo en su cama.

Con una sonrisa más que complacida, había salido de su departamento con la cajita en el bolsillo interno de su americana.

Y allí estaba frente a ella, dispuesto a vengarse de una forma más que placentera para los dos.

—¿Tienes algo para mí? —inquirió curiosa.

—Sí —confirmó colando sus manos bajo la falda de ella hasta alcanzar las braguitas de encaje y tironear de ellas para quitarlas por sus piernas.

—Edward, ¿qué estás haciendo? —rió divertida y excitada mientras asía su brazo aunque sin convicción.

—Castigándote por haberme dejado solo ayer por la noche —explicó con una sonrisa astuta.

—¿Castigándome? No sé si me siento muy castigada. —reconoció alzándose un poco sobre el asiento para permitirle quitarle la prenda.

—Te sentirás, nena —prometió mientras bajaba las braguitas por sus piernas.

Las guardó en el bolsillo de su pantalón cuando por fin se las quitó.

—¿Quieres que te ayude a quitarte los pantalones? —ofreció en susurros Bella estirando sus manos hacia él.

—En absoluto —dijo él dándole un suave golpe en las manos.

Llevó sus dedos a la abertura de Bella que ya se encontraba húmeda y palpitante presa de la excitación.

—Estás muy húmeda, nena.

—Tú me pones así.

—Separa las piernas —ordenó mientras colaba dos dedos en su interior y embestía contra ella estirándola.

—Vas a hacer que me corra muy rápido, Edward —gimió ella separando sus piernas y recostando su cabeza en el respaldo de la butaca.

—No, nena, en absoluto. Nada más lejos de mí —dijo risueño.

Con su mano libre sacó la cajita de terciopelo de su americana y la dejó en el regazo de Bella.

—¿Qué es esto?

—Ábrela —ordenó.

Bella tembló cuando la abrió y se sonrojó furiosamente al reconocer las bolas idénticas a aquellas con las que había querido provocar a Edward tanto tiempo atrás.

—Llevo obsesionado con utilizar algo así contigo desde hace mucho tiempo —confesó —Sé que sabes de cuánto tiempo hablo.

—Las compré exclusivamente para provocarte a ti —confesó ella vergonzosa y divertida.

—Bien, cariño. Déjame reconocer que lo lograste —se burló quitándoselas de las manos y acercándolas a su boca —Chúpalas —ordenó y se excitó viéndola obedecerle.

Bella chupó las bolas chinas mientras los dedos de Edward la embestían y dilataban preparándola.

—Ya está bien —gruñó él —O voy a correrme en los pantalones. Separa bien las piernas —ordenó al recuperar el sexy juguete.

Suavemente retiró sus dedos del interior de la chica y acercó las bolas a su sexo.

—Relájate e inspira hondo —sugirió a la vez que empujaba la primera entre los labios íntimos de su novia.

Bella jadeaba removiéndose inquieta y excitada cuando la primera bola estuvo en su interior.

—Sólo un poco más, nena —susurró él empujando la segunda bola y observando como la vagina de Bella se abría y cerraba engullendo las brillantes esferas plateadas. —¿Cómo las sientes? —preguntó cuando sólo sobresalía entre los pliegues de su sexo un fino cordón negro.

—¿Cómo debo sentirlas? —gimió haciéndole reír.

—Supongo que cómodas, que no te hagan daño, pero sobre todo que te exciten. —ronroneó.

—Me siento más que excitada desde que las vi dentro de la caja, ¿eso cuenta?

—Ja ja ja, supongo que sí. —aceptó arreglándole la falda y acercando la boca a sus labios para besarla con ternura, aún de rodillas frente a ella.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —inquirió ella rodeando su cuello con los brazos —¿Cómo continúa mi castigo?

—Ahora tú te irás a tu despacho y revisarás el contrato de Montreal Constructions, que realmente me está volviendo loco.

—No hablas en serio —le retó con los ojos entrecerrados.

—Completamente, señorita —comentó burlón —La abogada de Cullen Holdings, está llegando tarde.

—¿Quieres que vaya a trabajar con las bolas chinas en mi interior y sin bragas?

—Desde luego que sí. Ya te llamaré cuando considere que has sido suficientemente escarmentada —agregó acercándose a ella para besar su nariz.

Fue entonces que la puerta del despacho se abrió intempestivamente.

—¿Entonces es cierto? —la voz de Alec, de pie en el umbral, les sorprendió furibunda.


Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer.

Adelanto del próximo capi:

Edward se volteó hacia ella y la atrajo hacia él.

—Lo lamento, nena. Nunca imaginé que acabaría tomándoselo así.

—En realidad, tampoco yo —gimió ella hundiendo su rostro en el pecho masculino —¿Qué vamos a hacer ahora, Edward? Tus hijos no aceptan esto que tenemos.

—Lo harán, nena —prometió besando su cabeza —Quizás les lleve un par de días o semanas, pero lo aceptarán.

—¿Y si nunca lo hacen?

—No te preocupes —dijo levantando su rostro para mirarla —Les daré unos días para que recapaciten y luego hablaré con ellos. Verás que cuando lo piensen bien verán que no hay razón para que se lo tomen así.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; JUEVES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.

Guest: (No cabe ni aclarar que es un anónimo ya que era evidente que no firmarías tu review. Muy bien. Eso habla de lo madura que tú eres en comparación con lo infantil que crees que yo soy). En realidad creo que tu rr no merece ni respuesta pero también tengo cosas que decir, y aunque preferiría decírtelas a ti personalmente, no me dejas opción. En primer lugar, tengo años suficientes como para haber vivido mucho y visto muchas cosas en la vida además de la típica historia chica conoce chico, se enamoran y viven felices y comen perdices. Lo creas o no, he vivido muy de cerca la historia de una exmujer y una hija de mucho más de quince años y de veinte y más, entrometerse en la relación de una pareja con todas sus fuerzas. Tal vez si uno mirara un poquito más allá de su propio ombligo, se encontraría con estas situaciones. Lo que no entiendo es que una adulta como tú lea veintisiete capítulos de una historia que le parece de relleno y que no da para mucho, yo la hubiera dejado bastante antes. Pero bien, tú misma. En realidad lo que sí me gustaría comentar es tu última frase "la fama se te ha subido a la cabeza" Permite que me ría. ¿La fama? ¿Qué fama? ¿Crees que me considero famosa por escribir historias en fanfiction y que haya chicas que me leen? Creo que eso sería un insulto a García Márquez, Cortázar, Galeano, etc. a quienes les llevó un tiempo ser famosos y reconocidos, siendo los magníficos escritores que son o han sido. No sé qué tengo que hacer para que entiendan que esto yo lo hago porque me divierte, y nada más. He recibido mucho más de lo que esperaba, pero sólo en el sentido de que he conocido gente genial y hecho amistades, pero no creo que vaya a poner en mi epitafio "Escribió Amor de Verano y Rancho Masen". Te recomiendo que no leas más de mis historias, ni las que tengo previstas para el futuro, ya que no creo que te parezcan suficientemente maduras y si quieres puedes comunicarte conmigo por PM o correo o FB donde yo pueda contestarte como adultas sin que se tenga que enterar todo el mundo.