Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 29
Edward dio un respingo poniéndose en pie rápidamente.
Alec les miraba de uno en uno con sus ojos llameantes.
Cerró la puerta con un portazo adentrándose en el despacho de su padre.
—Alec —dijo Edward sorprendido.
—Jane me dijo que te la estabas tirando —le espetó Alec mirando a su padre iracundo —Pero yo me negaba a creer que fuese cierto.
—Alec, cálmate un momento y baja el tono —ordenó Edward ganándose una mirada cargada de desprecio de parte de su hijo.
—No puedo creer que te estés tirando a esta zorra —dijo con repulsión —Sabías que yo estaba enamorado de ella —le retó.
Bella se puso en pie nerviosa para pararse tras Edward. El tirón que las bolas chinas le hicieron sentir en su vagina la hizo consciente de lo desafortunado del momento.
—Antes que nada —rugió Edward iracundo, entre dientes —voy a exigirte respeto hacia Bella y hacia mí también.
—¿Respeto? ¿Respeto por esta mujer? No es más que una zorra que decidió que para qué conformarse con el heredero si podía quedarse con el dueño de la empresa —gritó mirando a Bella con asco.
Bella rodó los ojos ante lo ridículo del razonamiento de Alec, pero prefirió no intervenir, para no enardecer aún más al chico.
—Oh, por Dios, Alec. No seas ridículo. Ni yo soy el dueño de la empresa ni tú eres el heredero. Y lo mío con Bella no tiene nada que ver con Cullen.
—¿Que no? ¿Crees que siquiera se dignaría a mirarte si no tuvieras la cuenta bancaria que tienes?
—Por favor, Alec. No te pongas en ridículo con esas acusaciones tan fuera de lugar.
—Dios, no sabes acaso que aún debe su préstamo universitario —gritó señalándola despectivo.
—No te voy a permitir que sugieras algo así sobre mí —retó Bella sintiéndose ofendida —Es verdad que estoy pagando mi préstamo universitario, pero lo pago con el sueldo que gano trabajando aquí mucho más duramente de lo que tú has trabajado nunca en tu vida.
—Ya, claro —rió indiferente —¿Y para ti trabajar duramente es poner duro a mi padre para chupársela?
—No te lo voy permitir —gritó ella abalanzándose sobre él.
Los brazos de Edward la detuvieron aunque trabajosamente.
—Tranquila, Bella —le murmuró antes de dirigirse a su hijo con dureza —No te voy a permitir que le faltes el respeto a Bella de esta forma. Discúlpate ahora mismo —exigió con un gruñido.
—¿Que me disculpe? ¿Tú qué te crees? ¿Que tengo cinco años?
—Desde luego que actúas como un niño de cinco años, malcriado y caprichoso.
—¿Y tú? Maldito viejo, sabías que estaba enamorado de ella. Sabías cuánto me estaba esforzando por conquistarla. Te pedí ayuda y tú te reíste de mí, sabiendo que eras tú quien se la estaba clavando en la oficina.
—No seas grosero y desagradable, Alec —pidió Edward sintiéndose asqueado ante la actitud de su hijo.
—Mi padre —gimió el chico —Mi propio padre. ¿Cómo has podido hacerme esto? A nosotros. A mí y a Jane ¿Cómo has podido humillarnos así.
—Esto no tiene nada que ver contigo ni con Jane. Esto es entre Bella y yo. Entre mi novia y yo. Mi mujer y yo —recalcó —La mujer que he elegido para compartir mi vida.
—Por Dios, has elegido para compartir tu vida a la zorra que lleva nueve meses coqueteando con tu hijo.
—Eso no es cierto —discutió Bella.
—Y tú —le cortó Alec sin siquiera escucharla —Te mostrabas tan amable conmigo para mantenerme interesado, por si mi padre te daba la patada, ¿no es cierto?
—No sabes lo que dices. Soy amable contigo porque soy amable con todo el mundo.
—No me extrañaría que lo hubieras intentado con mi tío también, zorra.
—Oh, por Dios —gimió ella rodando los ojos.
—Ya basta, Alec. —cortó Edward furioso —Esto se está saliendo de quicio. Hablemos con calma como adultos.
—¿Hablemos con calma? No tengo nada más que hablar con ninguno de vosotros dos. —soltó dirigiéndose a la puerta con pasos airados.
Abandonó el despacho con un nuevo portazo y sin detenerse abandonó el edificio.
Bella y Edward estuvieron mirando la puerta estupefactos durante unos momentos antes de soltar el aire para intentar asimilar lo ocurrido.
Edward se volteó hacia ella y la atrajo hacia él.
—Lo lamento, nena. Nunca imaginé que acabaría tomándoselo así.
—En realidad, tampoco yo —gimió ella hundiendo su rostro en el pecho masculino —¿Qué vamos a hacer ahora, Edward? Tus hijos no aceptan esto que tenemos.
—Lo harán, nena —prometió besando su cabeza —Quizás les lleve un par de días o semanas, pero lo aceptarán.
—¿Y si nunca lo hacen?
—No te preocupes —dijo levantando su rostro para mirarla —Les daré unos días para que recapaciten y luego hablaré con ellos. Verás que cuando lo piensen bien verán que no hay razón para que se lo tomen así.
—¿De verdad piensas eso?
—Estoy seguro que sí. —aseguró —Son mis hijos, y a pesar de sus desplantes me quieren y desean que yo sea feliz tanto como yo deseo que ellos lo sean.
—Espero que no te equivoques.
—No lo hago —afirmó bajando sobre sus labios para besarla con dulzura.
—¿Crees que podría quitarme las bolas chinas? —le pidió ella sintiendo que el momento sexy había quedado destruido.
Edward sonrió con su sonrisa torcida y la miró conspirador.
—No, definitivamente no. —sonrió —Este momento es nuestro y vamos a disfrutarlo —dijo colando su mano bajo la falda de ella —¿Crees que necesito volver a estimularte un poco? —preguntó acariciando sus labios inflamados.
—No me quejaré si lo haces —admitió Bella sintiéndose sexy.
Mientras su mano acariciaba los labios externos de su sexo, colando de tanto en tanto sus dedos para tantear las esferas que la llenaban, sus labios la besaban y su lengua jugueteaba con la de ella.
—Edward... —murmuró necesitada —Siento que me falta algo...
—Lo sé, nena. Sé que te falta llegar al orgasmo, pero no voy a permitírtelo ahora. —explicó —Te llamaré en un par de horas y te proporcionaré eso que te falta —prometió separándose de ella.
Bella se dirigió a su despacho aún conmocionada por la reacción desproporcionada de Alec, sobre su relación con Edward.
Edward estaba seguro de que sus hijos no tardarían en aceptar su relación, pero ella no lograba estar de acuerdo con él.
Pasó un mes más hasta que Alec decidió volver a su puesto de trabajo en la empresa, y no fue sino hasta confirmar que su sueldo de ese mes no le había sido abonado en su cuenta.
En ese tiempo, ni él ni su hermana aceptaron ningún tipo de reunión con su padre.
Edward se sentía dolido por la actitud de sus hijos, y sus estados de ánimo recorrían distintas emociones, yendo de la pena y el dolor al enfado, la rabia y la frustración.
Bella intentaba no sacar el tema a colación, pero no soportaba verle triste y herido, sabiendo que gran parte de sus problemas se solucionarían con tan solo romper su relación.
Ese pensamiento la mantenía temerosa y preocupada, ya que no podía estar segura de cómo acabaría reaccionando Edward si la relación con sus hijos no mejoraba. Era consciente de que su relación, si bien parecía seria y sólida era muy reciente, con solo cuatro meses de vida.
Toda esa preocupación le estaba pasando factura y llevaba días durmiendo mal y sintiéndose exhausta.
Esa semana, Edward se había visto obligado a viajar a Chicago. Siendo un viaje de sólo tres días, y viendo a Bella agotada y demacrada, le había pedido a Emmett que le acompañara, ya que desde que su pequeña hija había nacido dos meses atrás, podía permitirse algunas pequeñas ausencias.
Bella estaba enfrascada en unas cláusulas nuevas que querían incluir en un nuevo contrato, cuando la puerta de su despacho se abrió sin que hubieran llamado.
Alec estaba allí cuando levanto la vista de los papeles.
No habían vuelto a verse desde que él la encontrara en el despacho de Edward el día que se había enterado de su relación.
Se envaró nerviosa antes de ocultar su malestar tras una sonrisa amable que no fue correspondida.
—Hola, Alec.
—Hola, Bella —gruñó él adentrándose en el despacho para sentarse frente a ella.
—¿Cómo estás?
—¿Cómo estás tú? —replicó sin contestarle mirándola con dureza —¿Aún te sigues tirando al viejo?
—Lo lamento, Alec. —respondió intentando no sentirse ofendida —Lamento que te tomaras tan mal mi relación con tu padre.
—Tu relación con mi padre —dijo mirándola despectivo —¿Cuánto crees que te durará? Estoy seguro que sabes que mi padre querrá más que un coñito joven donde clavarse, ¿no?
—Alec, ya puedes marcharte de mi despacho si vas a ser desagradable.
—Está deslumbrado contigo —continuó él ignorando sus palabras —Es normal y comprensible. Una chica joven y guapa que está dispuesta a meterse en su cama, ¿quién no lo aprovecharía? Eso es lo que eres para él. Mi padre hace mucho tiempo que no se tira una jovencita, y aquí estás tú, con tus falditas y tus largas piernas, más que dispuesta a separarlas para él a cambio de ¿qué? ¿dinero? ¿un ascenso? ¿algunos diamantes de regalo? Dinero es lo que le sobra a mi padre, así que no le importa pagar un poco por unos polvos pervertidos. —le dijo con tono burlón —¿Y qué harás tú cuando se canse de ti? ¿Acaso vas a ofrecerme a mí lo que ahora le estás dando a él?
—Eres un idiota —le respondió entre dientes —Tú, tú y tú. ¿No crees que me habría acostado contigo si lo quisiera? Si me gustaras solo un poco tú y tu forma tan inmadura e infantil de ser, podía haber hecho contigo lo que hubiese querido. No será que no me lo hayas ofrecido.
—Tú eres una puta zorra. —espetó apoyando sus puños sobre el escritorio buscando intimidarla.
—Deja ya de insultarme, cabrón...
—¿O qué? —la cortó —¿Vas a contarle a mi papi lo que te dije? ¿De verdad crees que ganarías algo? ¿De verdad crees que mi padre va a dejar a un lado a sus hijos por ti? Edward Cullen puede tener la mujer que quiera y elegirla de entre cientos de ellas, pero sólo tiene dos hijos. Jane y yo. ¿De verdad crees que va a elegirte a ti por encima de nosotros? —dijo amenazante dedicándole una sonrisa petulante.
Alec se irguió mirándola con desprecio y dejó el despacho caminando con arrogancia, dejando tras él a una Bella sorprendida y acobardada y tan asqueada que se vio obligada a correr al lavabo donde devolvió su almuerzo.
Aunque le doliera reconocerlo, Alec había puesto en palabras todas sus dudas y preocupaciones.
Edward volvió esa noche de Chicago, pero se encontró en su departamento vacío, preguntándose porqué Bella no le esperaba allí.
Después del enfrentamiento de esa tarde con Alec, la chica había decidido dormir en su propia casa, por lo que Edward fue en su busca después de que ella le dijera que era allí donde estaba.
—Nena —la saludó rodeándola con sus brazos en cuanto ella abrió la puerta en pijama y calcetines.
—Hola, Edward —murmuró antes de que él se volcara sobre sus labios para besarla con desesperación.
—Te he echado de menos —reconoció él obligándola a rodear su cintura con las piernas para dirigirse escaleras arriba hasta la habitación de ella.
—Y yo a ti —confesó ella cuando la recostó en su cama y se recostó sobre ella.
—¿Cuánto? —indagó besando su cuello a la vez que bajaba los pantalones de su pijama para quitárselos.
—Mucho —aceptó sintiéndose repentinamente excitada cuando Edward coló sus dedos en la abertura ya húmeda de su sexo.
—Te he necesitado muchísimo estos días —dijo él penetrándola y embistiéndola con sus dedos.
—Y yo a ti —aceptó separando las piernas —Hazme el amor, Edward —suplicó
—Será muy rápido, nena.
—Sí, por favor.
Edward desabrochó sus pantalones y los bajó junto a sus calzoncillos liberando su erección para penetrarla de una estocada arrancándole un jadeo.
—Mierda, nena, ya no recordaba lo estrecha que eres y lo perfectamente que encajamos juntos.
—Házmelo, Edward —rogó moviéndose suplicante con necesidad.
La embistió con apuro y juntos alcanzaron un clímax que los dejó jadeantes y laxos.
—Me sorprendió no encontrarte en el departamento —explicó Edward una vez estuvieron repuestos, tumbados en la cama de Bella.
—Pensé que tú volverías mañana por la mañana, y no quería quedarme sola.
—Acabamos antes y pudimos cambiar el vuelo, así que decidimos volver antes. Además de que mañana será un día largo.
—Me alegra que lo hicieras.
—¿Por qué estás en cama tan temprano? —inquirió preocupado.
—No me he sentido muy bien estos días.
—¿Por qué? ¿Ha sucedido algo?
—No —mintió sin ánimo de explicarle a Edward la tensa discusión con el hijo de éste, que la había dejado agotada.
—Cielo, tal vez deberías ver un médico. No te sentías bien antes de que me marchara.
—Sólo estoy un poco cansada.
—¿Un poco? Llevas un par de semanas yéndote a la cama a las siete.
—Supongo que estaré por coger la gripe.
—¿Quieres que vayamos a casa?
—Las chicas no están. Si quieres puedes quedarte a dormir conmigo. —murmuró sugerente acostándose sobre él.
—Mañana tengo varias reuniones, a pesar de ser sábado. Te despertaré temprano.
—No te lo tendré en cuenta si hoy me dejas suficientemente exhausta como para dormir de un tirón —propuso seductora.
—Ya estás exhausta —sonrió divertido —Pero no tengo problema en colaborar un poquito —agregó antes de volcarse sobre sus labios.
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Adelanto del próximo capi:
—Estos últimos días estoy bastante nerviosa, ya sabes, con todo lo de los hijos de Edward y mi discusión con Alec... Creo que ha acabado afectándome físicamente.
—No es para menos —reconoció su amiga —Esos chicos son unos capullos. No entiendo que no dejen a su padre en paz.
—Lo sé. Pero son sus hijos y de alguna forma tenemos que solucionarlo. Buscar la forma de que lo acepten o al menos que puedan vivir con ello.
—Lo sé, Alice, pero he de reconocer que a veces tengo miedo de opinar o decir algo y que Edward se lo tome a mal. Alec me lo dijo, Edward no me elegiría a mí antes que a sus hijos, y creo que tiene razón.
—Es que no tendría que verse obligado a elegir —discutió Alice molesta.
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Días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; JUEVES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO
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